Capítulo 3

Antes de cumplir seis años mi vida era como un cuento de hadas. Vivía sin preocupaciones junto a mi madre y mi nana en una villa. Por otra parte no conocía a mi padre ya que vivíamos en una villa y no en el castillo de Winblemdome; cuando le preguntaba a mi madre sobre él, ella tensaba los puños y me respondía que no lo debía tener en cuenta; que lo verdaderamente importante era que ella y Shizuru estaban con migo; y que las tres éramos una familia. En definitiva era feliz.

Cuando la muerte de la Reina Natsuki se pronunció en la villa, toda mi vida se derrumbó. Estaba tan devastada que lo único que cruzaba mi mente era morir; lo cual intente cuando me escape del carruaje que se dirigía hacia el castillo. En ese momento no quería ver a mi padre, ya que era obvio que me odiaba o algo parecido, porque mamá lo aborrecía; jamás lo dijo pero era notable en su mirada.

Al escapar de los guardias termine en un bosque vagando por largo tiempo. Finalmente encontré un risco por el cual terminaría todo mi sufrimiento, al posarme en la orilla pensé en los ojos verdes de mi madre, como si me estuviesen observando. Ese pensamiento hizo que dudase un segundo, pero la idea de estar con el hombre que infligía tanto dolor a mi madre hizo que tomara la decisión de dar un paso al vacío.

Pude sentir el viento que acariciaba mi rostro, lo cual hizo darme cuenta que estaba suspendida en el cielo, ¿estaba volando?, al abrir mis ojos mire hacia arriba solo para quedar anonadada de lo que estaba pasando, una misteriosa niña de cabellos cobaltos y ojos oliva sostenía mi mano, estaba llorando y diciendo algo que no alcance a escuchar. Con una fuerza extraordinaria logro subirme nuevamente a tierra; mientras yo pensaba como alguien podría salvarme en ese lugar.

– "¿Por qué hiciste eso?... ¿No ves que podías morir?" –Dijo la niña con tono preocupado.

– "A nadie le importaría"–Le respondí en mi desesperación.

Ella me respondió diciendo que si moría alguien estaría triste; lo que ella no sabía era que ya no tenía a nadie en mi vida. Toda mi felicidad se desvaneció en un instante. Así que le dije que había perdido a la persona que más me importaba y que la única que me quedaba era mi odiado padre.

–"Hace cuatro años que también perdí a mis padres, pero los abuelos me encontraron y me cuidaron; a pesar de que no son mis verdaderos abuelos estoy feliz con ellos". ¿Verdaderos padres?

–"Pero yo…"Shizuru"…Ya no tengo a nadie que me cuide"ya que ella está intentando tomar el lugar de mi madre como reina.

–"¡ENTONCES, YO TE CUIDARE!".

No comprendía como en ese momento esa frase me devolvió el aliento, sus palabras golpearon en mi corazón haciendo que latiera de nuevo; ¿Acaso era su sonrisa o su confianza la que me devolvió la vida? y no solo eso, la felicidad que creí perdida regresó. La mire con una expresión que no podía disimular lo que sentía. Tuve un fuerte impulso por abrazarla pero al mirarla detenidamente observe que estaba muy magullada y enlodada.

–"¿Porque estas tan golpeada?" – Pregunte ante mi preocupación.

–"Los niños del poblado siempre me golpean porque siempre estoy protegiendo a las niñas"

–"¿Y por qué no dejas de parecer uno para que ya no te molesten? – Pegunte a lo que era obvio –"… además los hombres siempre lastimaran a las mujeres…Los odio tanto "– Le dije al recordar a mi padre.

–"Porque los abuelos me dicen que está bien ser uno mismo y que uno debe proteger a quien lo necesite." – Su mano está sangrando; esta niña de verdad protege a quien lo necesite antes que a ella misma, me hace sentir que estoy a salvo. –"¿Qué pasa?"

–"Tu mano está sangrando" – Ni siquiera se dio cuenta.

–"No es nada, la herida debió abrirse cuando te sostuve" – ¡Ya veo!; es mi culpa.

Tome el pañuelo que le pertenecía a mi madre, con él limpie su rostro y vende su mano. En ese momento note que la chica estaba extrañada y algo avergonzada, lo que me causo algo de risa que tuve que contener.

–"¡Eto!... ¿Cuál es tu nombre?" Pensé que nunca lo preguntaría.

En cuanto decidí contestarle pasó lo que temía, los guardias me encontraron y me raptaron, alejándome de mi salvadora, alejándome de la persona que me había devuelto mi alma con sus palabras tan inocentes.

Todas las mañanas me levanto pensando en esa niña que me llena de fe y me recuerda que le preocupo a alguien en este mundo, que alguien piensa en mí y yo pienso en ella. Mi deseo de morir desapareció ese día al pensar que ella estaría triste por mí. Sé que suena infantil y que en la realidad ella debió olvidarse de mí, pero creer en esa persona hacia que mis días fueran soportables.

Todos los días tenía que lidiar con pretendientes a los cuales no les importaba ni un poco; si no trataban de propasarse; me veían como una forma de tener dinero y un buen título; además de las fiestas que realizaba mi padre en donde solo habían animales comiendo, bebiendo y tomando a las sirvientas como juguetes; cada día mi odio por los hombres crecía más y más.

Quien desea tener una familia en la que tu padre te ve como un objeto, tu madre está muerta y tu madrastra no es otra sino quien fuese tu niñera, la que aprovecho la muerte de la persona a la que ella dice haber amado, para tomar su lugar sin chistar; y aparte de eso disfrutar de los placeres que el reino y mis supuestos pretendientes le dan.

Ante mi repudio a los hombres que mi padre escoge, él decidió que cuando cumpliera dieciséis años formaría un torneo para encontrar al mejor partido que fuese digno que llevar el nombre de la familia. Esto quiere decir que no importa si es un cerdo, lo que importa es que sea un buen guerrero. Al final no importa, ya que al siguiente al trono es mi hermanastro Reito-sama, quien era hijo de Mashiro, la reina anterior a mi madre.

El día que tanto odie llegó, a mis dieciséis años mi padre anuncio en todas las tierras que se buscaba un príncipe o caballero digno de desposarme. Con forme llegaban los participantes más pensamientos oscuros llegaban a mi mente nuevamente. En la fiesta de bienvenida tenía que presentarme y estar con ellos; pero en cuanto mire todo ese aquelarre no lo soporte más y salí corriendo de la habitación, directo al único lugar que podía estar en calma; el jardín.

Ante Tsuki sentía cierta tranquilidad aun cuando no podía montarla. Me senté a la orilla de la fuente, esperando que la oscuridad me desapareciera de una buena vez. Fue cuando pasó lo que nunca imaginaria, uno de los pretendientes se acercó a mi corcel y empezó a acariciarla, cuando esta solo aceptaba mi presencia. Al verlo quede impactada, tenía una figura algo delicada y un rostro hermoso, que si te fijabas bien era delicado, pero lo que me petrifico era su cabellera azulada y ojos verdes, iguales a los de mi madre y a los de aquella niña de mi infancia. Recordé que las personas con esas características venían de un reino llamado Garderobe, ellos eran únicos por tener eso colores en el cabello y en sus ojos; pero ese reino lo destruyo mi padre hace catorce años.

Quede cautivada por su apariencia, trasmitía un aura tan relajado que desee formar parte de ese momento con los dos. Pero mi vida me ha hecho desconfiar de todo y mi mente me decía que él no era diferente a los demás, aunque mi corazón decía lo contrario. Tome coraje para poder dirigirme a él, solo para notar que desataba el nudo que ate a Tsuki y le hacia otro.

–"¿Que le haces a mi Corcel plebeyo" – Tratare de menospreciarlo para que no se sintiera confiado y me tratara como siempre lo hacen.

–"Permítame presentarme soy el príncipe Ferdinando y yo…"– Tratara de acercarse a mí para tomarme desapercibida, ya conozco todos los trucos.

–"No me interesa; ¡contesta! ¿Qué le haces a mi Corcel?"

–"Pues obviamente dándole los cuidados que su descuidada dueña no le da" – Como se atreve.

Jamás pensé que alguien me hablase así, siempre me han menospreciado pero nunca me ofendieron de esa manera sarcástica. Con todo mi coraje tome las riendas y lo amenace.

–"Sal de mi jardín o llamare a los guardias."

–"¿Por qué me hablas así? "– No me apuntes con el dedo irrespetuoso –"Le he hecho un favor a tu caballo, en vez de amenazarme deberías pedirme que te enseñe a atarlo"

Me sentí indignada al ver que tenía el valor de reclamarme he insinuado que era yo la que estaba mal, y aunque así era, no iba a aceptarlo. Le insinué que yo jamás le pediría un favor al alguien como él. A lo que me respondió de la misma forma y aclarándome que era una persona egoísta. Era inevitable el estar enfadada por lo que me había dicho, lo miraba fijamente preguntándole como él se atrevía a ofenderme solo para defender un caballo. A lo que el susodicho me respondió, explicándome lo que para él significaban los corceles; lo único que podía hacer era contemplarlo y notar como su expresión cambiaba de una cara molesta a una más tranquila. No podía dejar de ver sus hermosos ojos, que reflejaban cariño y admiración hacia el animal, de cierta forma sentí celos de que él no me viera de la misma forma.

–"Yo nunca pensaría en ellos de esa manera, ya que jamás he montado uno, se me está prohibido"– Ya ves porque no podía entender lo que me decías aunque deseo sentirlo.

–"Que remedio" – ¿Que hace con la capa?

En ese momento no entendía lo que pretendía, hasta que se acercó a mí y coloco su manto sobre mí. Pregunte qué era lo que estaba haciendo.

–"Que no es obvio, saldremos a cabalgar"– Me respondió mientras montaba al caballo y me extendió su mano –"Confía en mí".

Mi corazón no dejaba de latir fuertemente al verlo montado con su mano extendida hacia mí, con el brillo de la luna iluminando su figura detrás de él. Como si estuviese hechizada tome el gorro y oculte mi rostro para que los guardias no me reconocieran, tome su mano y subí al corcel.

Sus brazos me rodearon para tomar las riendas, nunca en mis últimos diez años me había sentido tan segura como en ese momento. Al llegar a una planicie hizo correr al animal todo lo que daba, jamás me había sentido tan libre, el viento en mi cabellera me hacía sentir que volaba, al fin comprendía lo que me había explicado anteriormente. No dejaba de reír, me sentía tan emocionada que me aferre a su cuerpo sin darme cuenta. Al llegar al bosque me sentía tan tranquila que cerré mis ojos y apoye mi rostro contra su pecho, arrullándome con el palpitar de su corazón. Después de un tiempo de pasear por eso parajes nos detuvimos en un hermoso lago donde la luna se reflejaba; nos acercamos a contemplar el paisaje y charlamos por horas; no podía creer que podía pasar un rato tan ameno con alguien y en especial con un hombre, que aunque afeminado en apariencia, en carácter demostraba ser fuerte y seguro, además de noble y amable.

Toda la velada iba bien hasta que él menciono algo muy insólito; indico como le gustaba la lluvia en especial cuando relampaguea, eso sería un gusto normal, sino lo hubiese pronunciado con las palabras de mi madre exactamente como ella lo decía. En cuanto se lo dije él se disculpó por haberme recordado a mi madre, además dijo que él podía entenderlo. Ese comentario me extraño ya que sus padres estaban vivos; pero al comentarlo note nuevamente su cabellera y de donde provenía ese color; al analizarlo un poco se me ocurrió que tal vez él fuese adoptado o algo parecido ya que el reino de donde el venia no tenía nada que ver con Fuuka. Al verlo tartamudear tratando de explicarme me sentí mal, probablemente le había recordado algo triste, así que calle y le planteé regresar.

Al llegar le agradecí y le propuse vernos nuevamente de manera disimulada, a lo me respondió con agrado. Trató de preguntarme algo pero en ese momento sucedió lo que menos me pensaba; Nagi apareció.

Entre frases educadas discutimos, estaba esperando a que se marchara, hasta que el príncipe interrumpió a Nagi y con cortesía le pidió que se fuera, a lo que mi malcriado primo respondió con insinuaciones inapropiadas. Al escucharlo el ojiverde enfureció y arremetió con un golpe, pero no se dio cuenta que los guardaespaldas del peliblanco estaban detrás, los cuales le detuvieron y le propiciaron una fuerte golpiza, logrando que perdiera el conocimiento o eso es lo que pensamos.

Lo único que podía hacer en ese momento era reprocharle su horrenda actitud, y le suplicaba que lo dejara en paz, a lo que él propuso.

–"Tendrás que venir con migo si no quieres que tu amado muera en manos de mis lacayos" – Como odio ese tono tan burlón. No puedo contestarle, no sé qué hacer. –"¿Y bien?"

–"…Bien" – Es todo lo que puedo decir, no quiero que lo lastimen.

–"Oi… Quita tus asquerosas manos de ella"– ¿De dónde vino esa siniestra voz?

No podía creer que después de esa paliza no estuviera desmayado. Los esclavos de Nagi al darse cuenta trataron de neutralizarlo, pero con habilidades que no había demostrado antes, esquivo los ataques y los golpeo, dejándolos tendidos en el suelo. Al ver esto mi despreciable acosador soltó mi mano y trato de correr, siendo atrapado por mi salvador.

–"Ara… ¿Te vas tan pronto?" – Que malévola voz–"¿Que no te querías divertir?"

Fue ahí que note algo extraño, la persona que conocía antes ya no estaba, la que sostenía a Nagi era totalmente diferente, incluso sus ojos verdes se tornaron rojos como la sangre.

–"¿Q-qué vas a ha-cer?" – ¿Miedo? Lo puedo escuchar en su voz.

–"¿Qué no lo sabes? Pues divertirnos" – Lo está arrastrando al rio, creo que está pensando en tirarlo al lago. –"¿Sabes nadar?" – ¡Los sabia!

–"Nnnooo"

–"Mejor… ¿No lo crees?"

–"¡Suéltame!... ¡suéltame!" – Que patético, tengo que intervenir por lastima.

–"Suéltalo Ferdinando-san, es suficiente"

–"¿Are? ¿Qué no lo estas disfrutando? – Me esta mirando con sus ojos indiferentes. –"Que remedio" – Se devolvió arrastrando a Nagi quien pataleaba como un niño.

–"Bien enano; pídele disculpas" – Coloco a Nagi a mis pies.

–"Lo-lo siento…"– Está a punto de llorar.

–"Ya basta Ferdinando-san, esto es exagerado" – Aunque una parte de mi decía que se lo merecía.

–"Are…Are" – Refunfuño mientras volvía a arrastrar a pobre hacia el lago –"Si serás"

Murmuro y acto seguido lanzo a peliblanco a la orilla del lago, logrando solo que este ensuciara su vestimenta. No creí que poseyera tal fuerza.

Lo que paso seguidamente me dejo simplemente impactada; supongo que eso pasa por generar una expectativa de una persona al poco tiempo de conocerla. Ferdinando se acercaba a mí sin quitarme la fría vista de encima; y aunque quería retarlo esa mirada me aterro, por lo que a medida que él se acercaba yo retrocedía, hasta llegar a ser detenida por un árbol. No le quitaba la mirada de encima, así como él no me la quito tampoco; se acercó y apoyo su mano en el árbol, juntando lentamente nuestros rostros.

–"¿Por qué me pediste que lo dejara en paz después de lo que nos hizo?... Mira como me dejo el rostro." – Mire su labio partido y me hizo sentir mal –"Se lo que quieres, puedo leerte, y sé que te hubiera gustado que le hiciera pagar."

–"¿Sabes lo que quiero? Si eso fuera cierto no te acercarías tanto."

–"¿Tu lo crees?" – Se acerca más a mí.

–"¡ALÉJATE!" – Le ordene.

–"Vez que eres solo una niña malcriada" – Se acercó tanto que podía sentir su respiración en mis labios–"Te gusta cuando la gente hace lo que ordenas, pero te enojas cuando te desobedecen ¿No?"

–"Así que ese es tu juego, llevarme la contraria. Pues te ordeno que te acerques tanto como puedas." – Le respondí, aun sabiendo que solo le faltaba poco para besarme.

–"¿Quién dijo que estaba jugando?" – ¿QUÉ? –"Todo este tiempo he hecho lo que tú quieres; lo que tu corazón me ha ordenado"

Lo dijo con una enorme sonrisa y sus ojos me miraban tan profundo que de verdad sentí que podía ver mi alma. Me sentía tan nerviosa, mi corazón latía tan fuerte que pensé que lo que decía era cierto; nuestros labios estaban tan cerca y su mirada era tan penetrante que solo pude reaccionar impulsivamente. Le propicie una cachetada tan fuerte que volteo su cara. Quedo en silencio por unos segundos, luego se rio y giro nuevamente su rostro a la misma posición y distancia; lo único que hice fue cerrar los ojos, ya que mi cuerpo estaba petrificado por la impresión.

–"Me gustas…"– Susurro en mi oído.

Al abrir los ojos note que el príncipe había desaparecido, lo único que podía hacer era preguntarme qué había sucedido, el joven impulsivo y tierno se había convertido en un demonio por ira o celos; lo cual no me disgustaba en lo absoluto que fuese por celos. Lo que más me intrigo fue que a pesar de que su presencia me estremecía, nunca vi en su mirada intenciones de lastimarme, tuvo la oportunidad de hacerlo, pero a diferencia de cualquier hombre, no me puso una mano encima. Esa noche me acosté con una pregunta en mi mente ¿Quién es en realidad?

La mañana siguiente solo podía pensar en lo que él me diría ¿Acaso se disculparía? o ¿Me volvería a decir que le gusto? Las cosas que me dijo anoche no podían ser ciertas, como podíamos sentir algo el uno por el otro en una sola noche, y aunque mi corazón palpite velozmente cada vez que lo recuerdo, solo puedo explicarlo como nerviosismo por como él actuó.

Mientras caminaba con unas sirvientas hacia la mesa para desayunar, escuche una voz que me llamaba.

–"Oi, princesa, que bueno que la encuentro"–Así que vas a explicar lo que paso anoche. –"Me gustaría hablar de lo que paso anoche."– Me lo imagine –"La cosa es que no recuerdo…" – ¿Qué no recuerda? Esa es tu escusa a lo que paso –"…nada después de que me desmaye así que me gustaría saber si usted está bien…"– ¿Cómo puedes olvidar que me dijiste que te gustaba? –"…y si me contaría lo que yo hice para salvar…"

–"¡IDIOTA!" – Lo abofetee y corrí a mi habitación, tratando que no me viera llorar.

Varias veces me han dicho que les gusto pero es la primera vez que mi corazón casi sale de mi pecho al escucharlo, lo peor es que la persona que me hizo sentirme así, dijo padecer demencia y no recordar lo que hizo. ¿Porque me siento traicionada por esta persona? Si tan solo lo conocía una noche, pero mi alma parece conocerlo desde hace mucho tiempo. Para poder quitarme esta inquietud debía saber quién es esta persona y como hace para que yo este con el alma en un hilo tan solo con su mirada. Para poder obtener esa información le pedí a mi espía que lo siguiera todo este día.

–"Akira"

–"Que desea mi ama" – dijo el joven que pareció de una puerta secreta.

–"Quiero que vigiles a Ferdinando-san y me informes de lo que hizo en el día." –Así sabré quien eres en realidad.

–"Como ordene ama." – Desapareció de la misma manera en la que entro.

En la tarde, poco antes de amanecer el ninja regreso. Deteniendo la desesperación que sentí durante el día.

–"¿Y bien?"

–"Comenzare con el informe, después de acatar sus órdenes encontré a Ferdinando-sama en el patio golpeando una roca con el pie preguntándose a sí mismo que fue lo que había hecho." –Así que era verdad que lo había olvidado–"Luego de la rabieta se dirigió de mal humor hacia la feria en las afueras del castillo. Recibió proposiciones por parte de hermosas jóvenes pero él ni se dio cuenta o las ignoro." – Que alivio–"Luego habló con algunos mercaderes pero no compro nada. Después de caminar por unos minutos se acercó a un niño que lloraba, parecía estar perdido por lo que el príncipe lo subió a sus hombros y ambos caminaron hasta que el niño reconoció a sus padres en la multitud y lo entrego, seguidamente se despidió de la agradecida familia y camino sin rumbo fijo." – ¿Ayudo a un plebeyo? ¿Desde cuándo los príncipes hacen acciones caritativas? –"Cuando paso donde el herrero; Ferdinando-sama se detuvo y lo saludo como si ambos se conocieran, luego saludo a una chica, quién lo abrazo con mucha confianza y los tres conversaron el resto de la tarde." – ¿Una CHICA?

–"¿Quién era esa chica y que hacía con el príncipe?"

–"Parecía ser la hija del herrero y ella no se despegó de él en todo el tiempo en que estuvieron juntos." – Que descarada.

En ese momento Akira continuaría con el informe pero ocurrió algo que nunca me imaginé. La puerta de mi habitación se abrió y cerró de golpe, la persona que estaba con una mano apoyada en la puerta y la otra sostenía un raño de flores, no es otro que mi príncipe. Estaba agitado y asustado, tanto que no se dio cuenta que Akira y yo estábamos en la habitación. En cuanto volteó su rostro estaba lleno de terror, luego al vernos se sorprendió.

–"Aah...eto...he…yo…"

No podía formular ninguna palabra de lo alterado que estaba. Luego una voz sonó en el pasillo, lo que puso en alerta al príncipe, quién corrió hacia la cama y se escondió debajo de ella como cachorro asustado. Luego la puerta sonó. Los tres nos quedamos en silencio hasta que mi curiosidad no pudo y di la orden para que pasara. Al abrirse la puerta pude entender de porque huía.

–"¿Qué quieres?" – Pregunte lo más seria que podía.

–"Ara, temo que se me ha perdido un bello príncipe. – Me respondió Shizuru.

–"Sabes que jamás dejaría entrar a ninguna de tus conquistar."

–"Si eso lo sé perfectamente." – Dijo mientras me daba esa sonrisa tan falsa, y una mirada que parecía saber lo que estaba pasando. –"Entonces seguiré buscando"

Luego salió de la habitación. Al mismo tiempo que lo hacia el espantado joven de la cama.

–"Gracias estoy... ¡TUUUUUU!" – ¿Por qué señala tan molesto a Akira.

–"¿Acaso lo conoces?" – Tengo que preguntar al ver su expresión.

–"¡NO!… pero era el enano que me ha estado siguiendo todo el día." – Pudo darse cuenta de la presencia de Akira–"Pensé que era un lacayo de Nagi, pero veo que eras tú la que me espiaba." – ¡Me descubrió! –"Primero me abofeteas por hacer algo que no recuerdo, luego Sakomizu me regaña y me dice que me disculpe con tigo, me dificulto encontrar las flores y por último la loca de la reina me acosa y me persigue por todo el castillo. Ahora resulta que la que me espiaba en la tarde eras Tú.

Refunfuñaba mientras no se percataba que estaba atónita escuchando todo lo que decía

–"Así que fingías ser una buena persona solo porque sabias que te espiaba"

–"¿De qué estás hablando?"

–"Del niño que ayudaste"

–"Que tonterías dices, yo pensé que era Tu estúpido primo, así que lo único que tenía que hacer era para mantener un bajo perfil. Y lo que hice por el niño se llama amabilidad, algo que tú no sabes aparentemente."

–"Como te atreves a decirme eso"

–"Como te atreves a espiarme, es tu culpa que me sucediera todo lo malo el día de hoy"

–"En primer lugar es tu culpa que te abofetee, en segundo no sé quién es Sakomizu, y tercero ¿para qué compras flores? "

–"Eto…yo…estas flores era para… bueno es que…" – No dejaba de balbucear nervioso, incluso su cara estaba algo roja; me producía un sentimiento de ternura al verlo así. –"…yo quería disculparme por lo que hice anoche"

–"Así que recuerdas lo que paso"

–"¡Para nada!" – Seguía sonrojado–"Es que yo… supongo que por la cachetada hice algo tonto" – Agacho la cabeza.

–"Tienes razón, fue muy tonto de tu parte" – Aunque no estoy tan enojada como debiera, de hecho siento algo de euforia.

–"Lo siento" – Hizo una reverencia y puso las flores frente a mí.

–"Ya olvídalo"– Tome las flores y las coloque en un jarrón que tenía en la habitación. –"Así que estas son las flores que te dificulto encontrar"

–"Si, son las mismas que tienes en el jardín, parecen que son difíciles de cultivar por eso me costó encontrarlas." – Su cara volvió a sonrojarse; no puedo creer que se esforzó tanto.

–"Ya veo, son muy hermosas" – Me acerque y olí el aroma que expedían las flores. –"Pero de que te estás quejando, según Akira estuviste muy contento charlando con el herrero y la chica; congenias muy bien con los plebeyos y en especial con sus hijas."

–"¡Shi!...no digas tonterías; y no son plebeyos, los conozco desde que tengo memoria, ellos son los que hacen las herraduras de los caballos de olli…. del castillo."

–"¿Amigos? Así les dices a las chicas que te abrazan todo el tiempo que están con tigo"

–"¿Chica? Te refieres a Akane, la hija de Sakomizu…¡OH!" – Mostro una sonrisa burlona que no me gusto para nada –"¿Es posible que la princesa este celosa de mi amiga?" – ¿Celosa?

–"¡Para nada! Solo que me parece inapropiado que un príncipe ande abrazando a las mujeres del reino" – Se reía mientras yo me excusaba.

–"Si tu sirviente fuese un buen espía sabrías que Akane solo tiene once años"

Señaló hacia el lugar donde se encontraba Akira, pero en ese momento nos dimos cuenta que el ninja se había retirado durante nuestra discusión. Estábamos tan concentrados el uno por el otro que no nos dimos cuenta de su retirada.

–"¿Quieres decir que te gustan las mujer mayores, tal vez como la reina? "– Ahora soy yo la que me burlo de ti.

–"¡Cállate!" – Volteó el rostro nuevamente avergonzado, como me encanta verlo así –"Es ella quién me persigue. ¿No entiendo porque no deja de fastidiarme? ¿Que no hay otro príncipes en el castillo?"

–"Cobalto"– Murmuré al ver su cabello iluminado por la luz del candelabro.

–"¿Cobalto?" – Volteo a verme con una expresión muy inocente.

–"Tu cabello es del mismo color que el mi madre, supongo que le recuerdas a ella." – Y a mí también.

–"De todos modos no es mi tipo." – Que divertido ver que se moleste de esa forma.

–"Entonces ¿cuál es Tu tipo?" – Se volvió a sonrojar

–"¿Mi...mi...tipo?"

–"Acaso hermosas, o inteligentes" – ¡Ara! Te alejas mientras yo me acerco –"Delicadas o seductoras"– Ya no puedes retroceder con la pared en tu espalda, ahora me acercare todo lo que pueda. Me voy a cobrar lo que me hiciste la noche pasada

–"Con que ame a esa persona será suficiente para mí."

Volteó su rostro hacia un lado y ruborizado me contesto.Al escucharlo retrocedí impresionada, cualquiera me respondería que fuese hermosa o rica, es la primera vez que un hombre me responde de esa manera tan romántica. Además la noche anterior me dijo que le gustaba. ¿Acaso lo olvido también?

–"Y ¿amas a alguien?"

–"¿A...am...amar? No... Nadie" – Supongo que se olvidó de la confesión de anoche.

–"¿Así que estas aquí por mí?" –Jamás vi un rojo tan intenso como el de su rostro.

–"Yo... Yo... Yo..." – Volteó viendo asía la ventana –"Tal vez fui enviado a protegerte."

Al escuchar eso recordé a la pequeña de mi infancia y note como ambos se perecían ¿acaso...

–"¿Fuiste enviado por alguien?" – Una hermana.

–"Tal vez por los dioses o el destino ¿no crees?" – Lo dijo mientras me sonreía.

Ahora era yo quién estaba apenada. Luego un silencio abarco toda la habitación.

–"¿Quieres té?" – Intente desvanecer el silencio

–"Si"

Serví un poco para ambos, luego conversamos amenamente por mucho tiempo, hasta que sin darnos cuenta caímos dormidos juntos en la cama de mi habitación.


Esta es la perspectiva de la princesa... Se que algunos me odiaran por haber matado a Natzuki :P Pero si buscaban un final feliz de ShizNat pues busquen otra historia, ya que ellas son personajes secundarios en esta.