CAPÍTULO 4: EL DÍA SE EMPIEZA CON UN BUEN DESAYUNO
La luz del Sol pegándole en la cara la despertó. Ignoraba la hora que era pero por la intensidad de aquellos rayos se atrevería a jurar que era mediodía, aproximadamente la hora a la que solía comer. Elena se estiró como buenamente pudo entre tanta sábana, notando cómo cada hueso y músculo de su cuerpo se quejaban ante tal acto. La vista se le nubló pasando a un fundido negro y le dio la impresión de que le habían pasado por encima una manada de ñus enloquecidos. Siendo sincera no percibía ningún daño en su piel, tan solo una sensación de incomodidad que se acrecentaba cuanto más lo pensaba. Le dolía el alma pero no el cuerpo puesto que sus condiciones vampíricas la prevenían de cualquier daño físico que recibiese y en cierto modo se alegró de ello. Estaba convencida de que si hubiese seguido siendo humana, no podría levantarse en semanas e incluso, poniéndonos en situación, lo más probable es que estuviese enchufada a una de esas horribles máquinas del hospital para ayudar a reanimarla. Un escalofrío le recorrió la espalda de solo imaginarse la escena y la apartó de su mente lo más rápido posible.
Se restregó los ojos con ambas manos, aún molesta por la cegadora luz del Sol, y soltó un quejido en reprimenda. Fue en ese momento cuando sintió una presión sobre su estómago: un brazo la rodeaba pegándola al cuerpo al que pertenecía, impidiendo que se pudiese mover casi en su totalidad. Damon la abrazaba por la espalda mientas dormitaba tranquilamente reposando su cabeza en la curva de su cuello, de manera que cada vez que respiraba, el aire que soltaba acariciaba su nuca erizándole el vello de cada parte de su cuerpo.
Elena sonrió y posó su mano sobre la del pelinegro, apretándosela suavemente contra su vientre. Volvió a cerrar los ojos permitiendo que un torbellino de imágenes difusas sobre lo sucedido la noche anterior inundase su mente.
-Buenos días-murmuró Damon mientras depositaba un húmedo beso en su cuello que le cortaba la respiración a Elena, provocando que arquease la espalda pidiéndole más.
-¿Te he despertado?- Notó su sonrisa curvándose sobre su piel antes de volver a besarla con la misma intensidad.
-Que va…-comentó con voz ronca mientras seguía concentrado en su misión de besar cada centímetro de su piel que fuese desde el hombro hasta el inicio del cuello-. Llevo tres horas despierto.
-¿Y por qué no me has levantado? Es tardísimo Damon, casi hemos perdido toda la mañana – se quejó retorciéndose para intentar apartar su cuello de las garras del vampiro, pero lo único que consiguió fue que tuviese mejor acceso a él.
-Hmm…-gruñó mientras profundizaba los besos, dando pequeños mordiscos y siendo cada vez más húmedos-. Me gusta verte dormir entre mis brazos.
Elena cerró fuertemente los ojos y se mordió el labio inferior en un intento desesperado por calmar las crecientes ganas de gemir que le producían tales caricias. Quiso mantener la compostura y pensar en otra cosa que no fuesen los dedos de Damon ascendiendo por su cuerpo lenta y tortuosamente, llevándose consigo la camiseta que él mismo le había prestado a modo de pijama.
-¿No… no tienes… hambre? Deberíamos… tomar algo… para… eh… para desayunar – la voz se le entrecortaba por el agobiante calor que iba apoderándose de ella y se maldijo internamente por no poder controlarse.
-Ya lo creo que sí –susurró con voz grave mientras tiraba del lóbulo de la oreja de Elena con sus dientes-. Tengo hambre y mucha.
-Pues… ¿Q-qué… te apetece? Podríamos tomar… eh… tortitas… por ejemplo, ¿qué te… parece unas…tortitas?
La mano izquierda de Damon alcanzó uno de sus pechos y acarició casi sin tocarlo con las yemas de los dedos, un roce efímero pero efectivo, del que la chica no pudo reprimir un suspiro al notar sus pezones endurecerse por el leve contacto.
-Se me ocurre un desayuno mejor que las tortitas- rió volviendo a acariciar su pecho de nuevo para recibir otro largo suspiro como respuesta-. Uno mucho, mucho mejor –susurró atrapando su pezón al que comenzó a pellizcar y tirar de él con suavidad, la suficiente como para que Elena pudiese controlar los, cada vez más frecuentes, suspiros que empezaban a inundar la habitación.
-¿Cuál…?- preguntó Elena perdiéndose en la lujuria y mandando todo a la mierda. Le daba igual todo, lo único que quería era a él, sentirlo dentro de ella, abrasándose con el roce de sus pieles. Volvió a arquear la espalda incitándole a que siguiese con aquel juego que la volvía loca y sintió la dureza del miembro de Damon en la parte baja de su espalda. Sin poder aguantar ni un segundo más, gimió con voz estrangulada, encendiendo más aún los cuerpos de ambos.
-A ti- susurró y acto seguido la giró para poder besarla con desesperación, como siempre hacían cada vez que unían sus labios.
Elena enredó sus manos en la mata de pelo azabache que cubría su cabeza y tiró de él para pegarle más a ella, recibiendo un leve quejido por la fuerza que empleó en el tirón. Por su parte, Damon cogió una de las piernas de la chica y la colocó de manera que le rodease la cintura. Elena gimió sobre su boca ante el roce de ambos sexos, aún cubiertos por ropa, y en ese momento, Damon aprovechó para juntar sus lenguas. Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de Elena de pies a cabeza y deslizó sus uñas por su cuello recibiendo un ronco gruñido por parte de él.
Damon se acomodó sobre el pequeño cuerpo de Elena aplastándola intencionadamente pues no quería despegarse ni un milímetro de ella. La chica lanzó un reproche cuando percibió la tela de los vaqueros sobre su piel y se apartó levemente de sus labios para poder mirarlo. El color azul de sus ojos se había vuelto más oscuro por el deseo que le cegaba, sentía cómo su mirada la desnudaba por la forma tan intensa en la que sus ojos la recorrían de arriba abajo, ruborizándola hasta tal punto en el que cualquiera la confundiría con un tomate.
Se percató de que tan solo llevaba puesta la camiseta de Damon y unas braguitas, mientras que él estaba completamente vestido con sus vaqueros oscuros y su camisa lisa negra.
-No es justo…-inquirió mientras volvía a atrapar sus labios y empezaba a desabrocharle la camisa con torpeza pues sus manos no lograban quitarle ni un mísero botón. Con un bufido, le abrió la camisa a la fuerza, haciendo que todos los botones saliesen disparados en miles de direcciones para acabar rebotando en el suelo.
-Me gustaba esa camisa –le reprochó mientras besaba su cuello.
-Si no la tuvieses puesta, no la habría roto- le recriminó mientras deslizaba las manos por sus hombros para quitarle la condenada camisa y tirarla al suelo.
Haciendo uso de su velocidad y fuerza vampírica, Elena se giró dejando a un sorprendido Damon bajo su cuerpo. Estaba a ahorcajadas sobre él, con las manos sobre sus abdominales, rozando la parte saliente del vello púbico con sus dedos. Sonrió y se mordió el labio al notar el miembro de Damon amenazando con salir del pantalón que lo mantenía prisionero.
Él mantenía la vista fija en ella, analizando cada movimiento, estiró sus brazos para poder tocarla pero no pudo ya que Elena le había sujetado firmemente las muñecas y se las había colocado detrás de la cabeza. Esbozó una sonrisa pues él mismo le había hecho eso la primera vez que se acostaron. Desde siempre le había gustado ser quien mandase en la cama pero con Elena era diferente, todo era diferente. Se sentía un novato cada vez que la tocaba y temblaba con cada roce que ella le proporcionaba. Nunca antes se había sentido así, todo le parecía nuevo y esa sensación le encantaba a la vez que le volvía loco. Relajó sus músculos y dejó que las manos inquietas de Elena le recorrieran todo el torso, haciendo que su piel se erizase al más mínimo contacto, sintiendo un calor abrasador allá donde las yemas de sus dedos le tocasen. Cerró los ojos intentando regular su propia respiración y notó el peso del cuerpo de Elena al inclinarse sobre él para levantarle la barbilla y besarlo con la misma ansiedad con la que él solía besarla. Apartó las manos de debajo de la cabeza para quitarle la camiseta que llevaba como pijama y soltó un ronco gemido cuando sintió los pechos de ella sobre su torso.
Por su parte, Elena no podía sentirse más eufórica por tener el control de la situación. Inconscientemente, sus caderas empezaron a moverse lentamente en círculos, pidiéndole cada vez más de aquella indescriptible sensación que la hacía temblar cada vez que rozaba la entrepierna del vampiro aún cubierta por los vaqueros y que les arrancaba involuntarios suspiros a los dos. Nunca antes había probado ser la dominante en la cama por vergüenza a no saber qué hacer, pero el tener a Damon Salvatore delirando bajo ella la hacía sentir terriblemente poderosa. Notó cómo las uñas de él se clavaban en sus muslos para apretarla contra su miembro y de nuevo un cosquilleo recorrió su columna, haciendo que el vaivén de sus caderas cesase unos instantes. Cerró los ojos y pudo sentir la sangre de su organismo bajar rápidamente para concentrarse en un único punto, exhaló todo el aire que sus pulmones retenían e inclinó la cabeza hacia atrás, gozando de aquella maravillosa sensación.
-Elena…-suspiró Damon, quien aprovechó ese momento para sacarse de un movimiento el cinturón que ya empezaba a apretarle más de la cuenta. Se desabrochó el botón del pantalón casi arrancándolo de cuajo, y antes de que Elena pudiese hacer nada, volteó sus cuerpos para situarse encima de ella.
Se deleitó contemplándola casi desnuda de no ser por las braguitas que aún cubrían su parte más íntima, con las mejillas sonrosadas de la excitación, los labios entreabiertos ante la dificultad de respirar, el pecho subiendo y bajando incansablemente, los brazos a ambos lados de la cabeza, y las pupilas ligeramente dilatadas, además de nublas por el deseo que la corroía por dentro.
-Eres preciosa – musitó antes de atrapar un pecho con la boca mientras que con el otro lo masajeaba proporcionándole leves pellizcos que hacían gritar a Elena arqueando su espalda en respuesta a sus caricias que no hacían más que avivar el fuego que ellos dos se habían encargado de encender.
Sin dejar su tarea de estimular al máximo sus pechos, deslizó una de sus manos por su obligo hasta acabar en el inicio de la única prenda que le quedaba a Elena. En un rápido movimiento, se deshizo de ella e introdujo dos de sus dedos haciendo que la chica se retorciese de placer cada vez que los sacaba y metía de nuevo.
-Damon… ¡ah!-le cogió la cara ante la necesidad de perderse de nuevo sus labios. Dios, ese hombre la hacía sentirse de una manera que jamás pensó que lo haría y lo quería dentro de ella ya, fundirse con él hasta que no quede más de ella que él.
Antes de que Elena pudiese darse cuenta, Damon se había despojado de la ropa restante y le había abierto de piernas para acomodarse sobre ella. La miró a la espera de su reacción, pidiéndola permiso antes de comenzar, a lo que se limitó a elevar sus caderas para encontrarse con las de él, incitándole e implorándole a que siguiese. Al ver esto, el vampiro no pudo reprimir una risa y se acercó a su rostro para besarla por enésima vez, sediento de aquellos labios que no parecían calmarle la sed de ella que lo consumía.
Elena le atrapó la cara con ambas manos para impedir que se escapara de su agarre y apretó sus dedos en las mejillas cuando la penetró de golpe. Se separó unos milímetros y abrió sus labios formando una 'O' sin emitir ningún sonido hasta pasados unos segundos. Comprobó que Damon se encontraba igual de extasiado que ella por la unión de sus cuerpos y se permitió el lujo de tirar de su labio inferior con los dientes mientras le rodeaba las caderas con las piernas. El vampiro no se hizo esperar y comenzó a moverse de arriba abajo, una y otra vez, a una velocidad demencial que los llevaba al borde de la locura. Los gemidos de ambos se mezclaban y se perdían entre las diferentes paredes de la casa de los Salvatore. Elena inclinó la cabeza hacia atrás para perderse en esa sensación tan increíble, próxima al orgasmo y para dejar constancia de ello, le clavó las uñas en la espalda, abriendo la piel del chico a medida que las deslizaba hasta acabar en el inicio de su cintura. Ambos alcanzaron el éxtasis casi a la vez, gritando hasta que ya no les quedó aliento para mantenerse serenos.
Agotado, Damon se desplomó sobre el cuerpo de Elena y sintió sus brazos acariciándole la espalda malherida, cerró los ojos e inspiró con fuerza sobre su cuello. Lo volvía completamente loco y le encantaba.
-Tenías razón…-confesó Elena.
-¿Hmmm?
-Sobre el desayuno – comentó mientras depositaba cortos besos sobre su hombro-. Es mucho mejor que las tortitas que tenía en mente.
-Pues a partir de ahora me encargaré yo del desayuno, señorita Gilbert- farfulló mientras intentaba besar a una Elena que no paraba de reir.
¡Hola a todos!
Traigo buenas y "malas" noticias. La buena: ya volví de vacaciones y como prometí aquí traigo el capítulo con sexo incluido jeje… La mala: me vuelvo a ir de viaje y no sé cuándo volveré ^^u, pero en cuanto esté de vuelta subiré la continuación.
Bueno, es la primera vez que escribo escenas tan súbitas de tono y no tengo ni idea de si me ha salido un churro o si al final ha quedado decente el capítulo.
Por supuesto, el que sea mi primera vez escribiendo escenas de sexo no significa que ésta sea la única de la historia, al contrario, habrá muchas más porque si hay algo que me gusta de Damon y Elena es que en un momento pueden estar acaramelados en un sofá tranquilamente disfrutando de la tranquilidad que les brinda el momento, y al minuto siguiente están gozando del sexo más alucinante que te puedas imaginar. (Y quién no disfrutaría teniendo a Damon al lado… *cof, cof*)
Esta vez quisiera agradecer especialmente a vampireholic27 por dejar un comentario. De verdad: ¡muchísimas gracias por tu apoyo ^3^! Me alegra saber que te guste esta historia y espero que este capítulo te haya dejado con buen sabor de boca y con ganas de saber más. :)
Gracias a todos por leer, nos vemos pronto,
Uxia.
