Respuesta para Ratona, acerca de hacer que Allen vuelva a ser el de siempre:
Allen SIEMPRE cambia.
IV. Destructor.
En la canción de las cigarras hallabas tu tristeza más dócil y estabas un poco más dispuesta a hablar en lugar de atormentarte en la mojada almohada. La delgada mano de Johnny tocó tu hombro, un contacto casi confortante, pero te hacía sentir mucho más vulnerable. Lo que antes solía ser un toque blando y casi infantil ahora se sentía como una presión incómoda contra tu músculo. Sólo recordabas con mayor intensidad la fragilidad del cuerpo que ahora poseías, que eras un completo extraño a ti misma. Todas las palabras hirientes y verdaderas de Neah volvían a ti como un veneno corrosivo y te asfixiaban al punto de no ser capaz de abrir tus ojos; tu cuerpo entero era tieso y frágil como porcelana.
Abriste la boca, seca y trémula, hallando forma en las palabras puestas en la voz de alguien más— Siempre odié la idea de no pertenecerme. Nada me asustaba más que perderme a mí mismo, desaparecer. Pero jamás me detuve a cuestionarme, si es que yo de verdad existía en primer lugar; yo simplemente asumía que yo era un ser completo. Ahora que me han mostrado lo que realmente soy, estoy lleno de miedo. Mi existencia es mucho más frágil de lo que pensé. No soy una persona. Soy sólo una fase. Soy un sentimiento. Soy un instante…—tu voz se fragmentó aún más, abrazándote más fuerte que antes— No quería creerlo. ¿A pesar de todo, no he vivido lo suficiente para ser considerado una persona? ¿Soy sólo una personalidad que adquirió mente propia? Ya ni siquiera soy un hombre con amnesia que construyó recuerdos nuevos. No soy nada.
Casi con brusquedad, la mano adquirió una fuerza que no imaginaste y te obligó a voltear a verle. Te dio tal impresión que quedaste sin protesta que dar.
—¡No! ¡Eres un tonto, Allen! ¿Cómo puedes hablar así? —masculló la voz aguda de Johnny. Sus lentes estaban empañados de lágrimas— ¡Cuando estás diciendo que tú, por estar en otro cuerpo, por adoptar una personalidad diferente… dejas de ser humano es como si dijeras lo mismo acerca de Kanda!
Supo cómo impactarte, en la forma más dolorosa. El recuerdo de haber perdido a Kanda permanecía reciente en su memoria, y era él quien te hubiera puesto en tu lugar a la primera. Kanda era un hombre rudo y valiente, pero tan vulnerable como tú. Él fue un hombre agradecido. Cediste tu libertad por él, y él insistió en pagarte el favor… Sin duda Kanda te hubiera agarrado del cuello y te hubiera gritado por no tener el coraje de superar esto. Él había tenido que pasar por una situación tan horribles como ésta, y ello no logró detenerlo. Johnny sabía lo mucho que significaba él para ti. Ahora Kanda no estaba, y con tu debilidad estabas deshonrando su memoria.
—Dime, Allen, ¿crees que Kanda en algún momento dejó de ser una persona?
—No…
—¡Entonces no hables así de ti mismo ahora! No importa cuánto cambies, tú seguirás siendo mi amigo, y no dejarás de ser humano. Tú eres tú.
Además, Johnny también tuvo que sacrificarse para estar a tu lado, ayudarte hasta el final. Renunció a estar con sus amigos, a su trabajo, a su futuro, todo por ti.
Con tus miembros tensos, te reincorporas sobre la cama, encarando a tu viejo amigo. Has limpiado la suciedad en tu nuevo rostro, y te esfuerzas por hacer una mueca. Quisieras sonreír, pero no sabes cómo— Todos hemos perdido tantas cosas en tan poco tiempo… siento haber sido tan egoísta, Johnny.
—No vuelvas a hacer un berrinche así, Allen. Nos importas demasiado como para dejar que te desvalúes así—su mano tocó su cabeza y revolvió los delgados mechones rubios— . Yo y los demás te queremos porque eres nuestro camarada, y no te daríamos menos por ninguna razón. Pero tampoco deberías de darle la espalda a quienes más te necesitan. Te necesitamos ahora más que nunca.
—Lo sé… Entiendo. Muchas gracias, Johnny.
‹‹Puente Westminster. Lado Lambeth. 12:05. Capucha negra.››
Era un lugar demasiado concurrido, quizás hasta inconveniente, pero sería sospechoso siempre encontrarla en lugares privados y apartados. En multitud la conversación podía fácilmente diluirse y mezclarse con el habla del vulgo, y eso daba cierta protección a lo que pretendías conversar con ella.
No parecías acostumbrarte con facilidad a la apariencia de Lenalee Lee cada vez que la veías de nuevo. Ella había crecido tanto; se había convertido en toda una mujer. Definitivamente creció algunos centímetros más de los que tú mides con tu estatura, su cuerpo había adquirido curvas más notables y su cara se había vuelto más refinada y alargada. Suponías que su cabello había crecido bastante en los últimos diez años, pero en todas las ocasiones que la habías visto, Lenalee recogía toda esa cabellera de seda en un chongo cuidadoso y elegante.
Siempre concebiste a Lenalee como una muchacha atractiva, y sin mentirle a tu consciencia, hubo centenares de veces en las que pensaste en ella. Quizás te hubiera gustado verla como algo más que una amiga… ¿pero qué clase de oportunidad tendrías ahora mismo? La amistad siempre era primero, y aquello garantizaba una fidelidad absoluta hacia tus sentimientos. Era constante y puro.
Al momento de encontrarla, ella cargaba una bufanda de adorable color púrpura sobre un vestido largo color negro que resaltaba sus amplias caderas. No podías evitar dar crédito a esos detalles. Ella era fascinante y perfecta para tus ojos.
Te entregó un pequeño papel sucio el cual ella mencionó que Bak Chang le entregó antes de morir. De cierto modo te impactó sostener en tus dedos algo que el ex Supervisor de la Rama Asiática, también un buen amigo tuyo, ciñó en su mano poco antes de perecer. Con extremo cuidado abriste el papelito e instantáneamente reconociste los signos escritos.
—Definitivamente, este es el mismo lenguaje que yo usé para leer las partituras de Neah. Pero aquí dice algo diferente… No estoy totalmente seguro… Creo que debería de guardarlo para revisarlo con más calma después.
—Si Bak estaba investigando información relacionada con el Decimocuarto, estoy casi segura que su muerte estuvo lejos de ser accidental, me temo —veías el conflicto dentro de la mirada de Lenalee. No la culpabas de sentirse de esa manera— . Esta posibilidad me ha estado atormentando desde que me di cuenta de lo que era.
—Entonces no hay que dejar que su muerte sea en vano, Lenalee. Si esta pista es lo que creo que es… entonces estamos apunto de encontrar la clave para terminar esta guerra para bien.
Tratabas de sonar convincente, como en aquellos tiempos los cuales tu especialidad radicaba en el optimismo. Ahora no estabas del todo seguro si aún tenías aquella chispa, pues solías tener una mente llena de inocencia engañosa en aquellos tiempos.
Lenalee asintió con suavidad— … También me gustaría ver ésta guerra acabar pero... Allen: ¿me podrías explicar cómo fue que el Conde desapareció?
—De modo que ya asumes que yo conozco la razón del silencio del Conde Milenario… —Sonríes con un hueco en tu gracia— Esto es un poco complicado de explicar, pero trataré de ser claro: Sucedió poco antes de que decidieran que yo necesitaba un cuerpo propio, y se trataba de una situación en la que nos encontrábamos rodeados por Apocryphos y simultáneamente por el mismo Conde. Es muy peligroso cuando ambos lados de la moneda quieren capturarte a cualquier costo. Fue un momento en el cual Neah tomó control. Se supone que él no puede utilizar a Crown Clown, pero… logró hacer algo con la Inocencia. De algún modo logró activar al Destructor del Tiempo.
—¿Destructor…? ¿No mató al Conde Milenario? —Lenalee parecía sorprendida. Y en realidad tenía buenas razones para estarlo. A ti mismo te tomó mucho tiempo comprender por completo lo que sucedió años atrás.
—Entiendo que el Destructor del Tiempo no sirve específicamente a ése propósito. Pero es una habilidad única y demasiado peligrosa, y Neah tuvo suerte al usarla aquella vez.
—Entonces el poder de un Noah ha logrado activar una habilidad en tu Inocencia.
—Como dije: es algo complicado. Lo que el Destructor del Tiempo puede hacer es abrir los tejidos del mismo espacio-tiempo y manipularlos a como dé voluntad su usuario. Digamos, es como abrir un cuaderno lleno de texto de lápiz y usar una goma para borrar un poco de texto, y aquello suele terminar cambiando todo el significado del texto… No sé de qué otra manera podría explicártelo.
Podías notar su miedo— Allen, eso es demasiado poder. ¿Te das cuenta que con algo así podrías cambiar las reglas de nuestro mundo, incluso el curso de su historia?
—Lo sé. Pero no es tan simple. Hay cientos de posibilidades, y no se puede cambiar algo sin que una consecuencia irreversible tome lugar posteriormente, lo cual, según entiendo, puede resultar en algo completamente desfavorable para ambos bandos. El Destructor del Tiempo es una carga demasiado grande. Además, sólo he podido utilizarlo un par de veces… no es nada sencillo. Bueno, técnicamente ha sido Neah quien lo ha usado. La primera vez fue para encerrar al Conde.
—¿Dónde lo han encerrado?
Seguía con las preguntas obvias, pero también las más difíciles. Tal vez Johnny hubiera ofrecido respuestas más claras que tú, ya que no eras bueno con las ciencias ni hablando de temas complejos. Te sentías increíblemente estúpido evidenciando tu pobreza de lenguaje.
—A ver, ¿cómo lo explico?… Es un lugar que técnicamente todavía no existe y que nunca ha existido… pongamos como ejemplo las dimensiones de bolsillo de Road Kamelot, ¿las recuerdas? Pero sólo es un encierro temporal, porque hacerlo simplemente desaparecer es imposible, incluso peligroso. Eventualmente el Conde tendrá de regresar a la realidad, y antes que eso suceda hemos de usar el tiempo que compramos para prepararnos lo mejor posible para la batalla final.
—Dijiste que usaron ésa habilidad dos veces… ¿Qué hicieron en la segunda vez?
—… Fue utilizado para proteger a las personas que lo necesitaban.
Lenalee entendía tus razones para guardar silencio. Aunque fue propuesta suya que le dijeras toda la verdad, ella comprendía que ciertos secretos debían permanecer por un bien mayor. Y no era tu intención principal el revelar cosas que dependían mucho de su misterio. Era una de las muchas cargas que aceptaste llevar para aquel bien mayor.
Caminaste al lado de Lenalee por unos minutos más, casualmente mencionando las cosas a las que Johnny se había dedicado últimamente y también las pocas cosas que tú mismo desempeñaste a través de los años, por supuesto, omitiendo ciertos detalles que simplemente no querrías divulgar por nada en el mundo, pero tampoco era tu intención hacer de esta una conversación aburrida. De modo que estabas consciente de que la mujer de clase baja era poco privilegiada en estos rincones del planeta, explicaste con mucha honra tu decisión de seguir disfrazado de hombre para moverte con mayor libertad. Era un mundo asqueroso y cruel, con regulaciones que limitaban a la mujer, pero de cualquier otra manera no hubieras contemplado la idea de cambiar el género con el cual te identificabas. Lenalee respondió que encontraba tu determinación por seguir siendo un caballero fascinante, e incluso parecía olvidar que todavía eras una persona diferente.
Contra tu voluntad, habías cambiado, y bien sabías que no importaba lo que fuera a suceder, tú continuarías cambiando con tu entorno. Esto contradecía una promesa que habías hecho años, mucho antes de haber tenido que transportarte al cuerpo de esta chica, pero por tu propio bien tuviste que liberarte de esos pensamientos infantiles y orgullosos. Te habías dado cuenta que era imposible seguir caminando en la misma dirección para siempre. Nadie podía sobrevivir así.
La gente cambiaba, para bien y para mal. Y lo cierto es que ya nunca volverías a ser el Allen Walker de antes. No sabías si Lenalee ya se había dado cuenta y sólo pretendía verte como el verdadero Allen Walker, no la creías tan ingenua.
Caminaron un poco más. Observabaste el río y su gris superficie perturbada por los botes comerciantes, esparciendo la débil luz del Sol en un espejo sin parcialidad. Te sentías tentado a asomarte y mirar tu deforme reflejo, pero Lenalee preguntó qué ocurría contigo. Era vergonzoso, pero adquiriste un terrible hábito de desviar tu atención a otras cosas con gran facilidad. No era cosa que pudieras evitar, desafortunadamente. Era como si tu cabeza de repente comenzara a flotar lejos de tu persona cuando te sumergías demasiado en tus propios pensamientos.
—Intentaré entrar a la Orden Negra de nuevo.— Revelaste finalmente. Te costó un poco de trabajo en presentar ésa opción a Lenalee, pero te salió de forma tan repentina que no entendías cuál era tu previa dificultad.
Lenalee abrió los ojos como dos focos encendiéndose— ¿Qué... ? ¿Pero por qué?
—Son ciertos asuntos que sólo puedo resolver estando adentro —Explicaste, escondiéndote entre tus hombros— . Entraré ahí de cualquier manera posible, como Buscadora, enfermera, secretaria, incluso cocinera. No importa cómo. Debo de entrar nuevamente y dar a conocer a Komui y a los demás exorcistassobre la existencia de Apocryphos, también del regreso del Conde. Tienen que estar listos.
—Sé que eres la única persona que puede contarlo… pero descubrirte una vez dentro, vas a ponerte a ti mismo en grave peligro. La Orden no ha cerrado la vigilancia a Central.
—Pero han pasado los años, me supongo que la calma ha atenuado algunas restricciones que estaban en la Orden cuando yo aún no me iba, ¿no es así? Es una oportunidad que no puedo desperdiciar. Por eso te necesito, Lenalee.
La mujer china cerró la boca unos segundos, mirándote con desconcierto. No sabías si hiciste o dijiste algo que provocara ésa expresión. Normalmente estaría preocupada, pero esto era diferente.
—Haré lo que sea necesario para hacerte entrar a la Orden Negra, Allen… Pero quiero que me contestes algo primero.
—De acuerdo —sacudiste los hombros.
—Hace una semana, cuando nos reencontramos… ¿me fuiste a buscar sólo por ésta razón? ¿Necesitabas de mí porque era parte de tu plan desde el principio?
Ahora comprendías. La habías herido sin querer, y aparte, de una manera muy poco sensible. Hablaste como un egoísta y eso te podría costar la única persona indicada para este trabajo. Idiota, idiota, grandísimo idiota.
—Sabes que hubiera podido involucrarme con un Buscador de haberlo querido tan fácil. Pero tú eres una persona muy importante para mí, y quería hallar a alguien que me conociera y pudiera confiar en mí —Sin permiso tomaste con ambas manos la izquierda de Lenalee mientras la mirabas directo a los dulces ojos de avellana— . Si por esto te sientes utilizada, lo siento mucho. Lamento que las cosas hayan sido así.
Sus ojos se cerraron suavemente, sosteniendo una expresión de dolor, se llevó tus manos a sí, y besó los nudillos de tu derecha— Yo confío en ti, Allen. Sabes que sí. Por eso quiero ayudarte, pero también quisiera que tú confiaras en mí de igual manera. Todo lo que puedas decirme, dilo.
Te sentiste sobrellevado por la tensión que puso sobre ti, retiraste tu mano izquierda y extendiste tu brazo para rodear sus hombros con fuerza. Sientes una angustiante nostalgia al sostener a Lenalee así. La última ves que la viste, antes de fugarte, la abrazaste también. Pero esta muestra de afecto ya no representaba una separación. Lenalee respondió tu abrazo colocando sus largas manos sobre tus hombros. Era un peso tan tierno y cálido, agradable. No habías recibido un abrazo así por un largo tiempo.
Sin duda te sorprendiste por la notable diferencia en estatura. A estas alturas tú debías de ser más alto que Lenalee, pero como ya no eras tú, este cuerpo era en realidad más pequeño y joven que Lenalee. Era una de las sensaciones más extrañas que habías experimentado en esta vida. Pero trataste de no pensar en ello.
Ella sonrió cuando se separó de ti. Un abrazo nunca estaba de más. Incluso se rió por el rubor que invadió tus pálidas mejillas. Te dio tanto calor que quizás no pudiste contener ésa emoción por el contacto humano brindado. Y no habías planeado esto.
—Tengo que irme ahora. ¿Cuándo crees que te veré de nuevo?
—… Yo supongo que en dos o tres días. Para entonces tendré listo un plan para tu ingreso. No es ahora tan difícil como lo era antes.
—¿Y todavía es reglamentario visitar a Hevlaska?
—Bueno, sólo en algunos casos, pero aun así, ¿tú crees que ella te reconocería?
Hiciste una mueca sin querer— No es eso lo que me preocupa.
No era cosa nueva que sufrieras de un mal sueño, porque desde que fuiste convertida en una servidora de la Orden Negra, parte de tu sufrimiento fue implementado a tu inconsciente. Vivías en constante temor de perderlo todo y eso era suficiente para alimentar las pesadillas más terribles. No es que fueras una chica especial, ni que tampoco tuvieras un poder excepcional aparte de combatir contra los demonios, pero había veces en las que tus sueños te daban un mal augurio del futuro cercano. Había pasado ya antes, y siempre temías que sucediera otra vez, pero afortunadamente mayor parte las pesadillas se quedaban justo donde pertenecían: en tu mundo de pesadillas.
Te levantas de tu cama y enciendes la rosada luz de la lámpara de tu buró. Permaneces sentada abrazando tus rodillas por unos largos minutos mientras observas la apertura de la puerta de tu armario. De pequeña hacías lo mismo cada vez que te daba insomnio. Solías imaginar que dentro de ésa oscura apertura podrías encontrar un pasadizo secreto que te guiaría a tu libertad… por supuesto, ya no tenías el lujo de seguir pensando como una niña.
Tu corazón late inquieto. En la oscuridad de tus sueños nadaste por un mar de aguas oscuras como el infinito. El cielo era un claro color naranja, y eso te había dado la falsa sensación de un sueño placentero. Pero luego observaste a tu alrededor, miles de cuerpos flotando pálidos y sin movimiento, ruinas sagradas que sobrevivían sobre la superficie de agua. Luego unos largos brazos te abrazaron contra un cuerpo rojo como la sangre. Unos ojos fríos y llenos de dolor te contemplaban bajo las negras aguas.
Una mujer, una sirena cubierta de carmesí te miraba con intensidad y su boca descarnada se abría. Desde la garganta de ésa mujer brotaban resplandecientes raíces blancas de mármol, como el acelerado nacimiento de un árbol. Pero las ramas albinas se entrelazaron poco a poco dandole forma a una persona, curvas pequeñas y músculos marcados. Su figura te era familiar y a la vez no. Su rostro era Allen. Pero aún no te acostumbrabas a la forma de Ellen.
Sus ojos se abrieron, grises y brillantes. De sus delgados labios blancos comenzó a derramarse líquido rojo como vino, y justo debajo de su pecho una herida con forma semilla comenzó a abrirse hasta arder y desbordar pus de oro y sangre de aceite, lloviendo en tu rostro perplejo.
Fue justo ahí cuando despertaste. Definitivamente había sido un sueño bizarro en toda la extensión de la palabra. No podías darle significado ni crédito alguno. Y tampoco contabas con nadie para examinar eso. Entre más lo pensabas, más te dolía la cabeza.
Te estabas metiendo en algo realmente serio, profundo. Pero tus demás amigos hacían lo mismo y querías compensar esos sacrificios con tu propia voluntad de participar. Debías asegurarte de que ninguna aterradora profecía se volviera realidad, nunca jamás.
Pero aún así, no podías evitar el preguntarte: ¿qué significado macabro se escondía detrás de ése sueño?
