¡Y aquí estamos de vuelta con un nuevo capítulo!
Espero que les guste tanto como a mí me gustó escribirlo, sin duda fue el que más disfruté hasta ahora :D
Muchas, muchas gracias por los reviews! En especial a Marula que sigue fielmente el fic desde el minuto cero (¡Genia total!)
Sin más preámbulos, aquí el cap ;)

Capítulo IV- Re-subido-Remasterizado-Recargado.


Disclaimer: One Piece no me pertenece a mí sino a Eiichiro Oda. Yo soy dueña de mis OC (por desgracia).


CAPÍTULO IV [Mushoku-無色]

—¡Qué calor! ¡Odio ir tan profundo! —se quejaba Bepo.

Estaba sentado en el suelo metálico del submarino. Siempre que se sumergían, a medida que se adentraban a lo más profundo del mar, la temperatura aumentaba como si estuviesen en un viaje directo hacia el infierno. Esto, era algo que Bepo sufría en demasía. Él era un oso polar nacido en North Blue, donde reinaban las ventiscas heladas y las tormentas de nieve. Sabía que cuando estuvieran a una menor distancia de la superficie marina, la temperatura iba a normalizarse y podría volver a respirar con naturalidad. Aun así, el calor lo ponía inquieto, molesto y ansioso. Siguió quejándose hasta que vio a Sachi y a Penguin pasar a su lado y los envolvió en un literal «abrazo de oso».

—¡Voy a morir! —continuó Bepo, descargándose.

—¡Pero suéltanos! ¡Tu transpiración de oso es asquerosa! —contestó Sachi.

—¡Compartan mi sufrimiento! —reclamó el oso.

—¡No! —dijeron al unísono.

—Lo siento —dijo Bepo, bajando la cabeza, al tiempo que aflojaba su agarre de sus compañeros.

—¡Qué fácil eres!

El tormento de Bepo continuó hasta que Aki confirmó que se habían alejado lo suficiente de Marineford como para asegurar que estaban fuera de peligro. Bepo se levantó del suelo, como si enterarse de esto hubiese drenado de su cuerpo todo malestar. Corrió hacia las escaleras con Sachi y Penguin siguiéndolo detrás.

Al salir, tomó inspiró profundamente y miró hacia el cielo.

—¡Al fin! ¡Aire!

Su alegría duró poco.

—¡Maldición! ¿Ese barco de dónde salió? ¡Los marines nos han seguido! —advirtió Penguin.

Había un buque de la Marina justo en frente de ellos.

—¡¿Es que no saben hablar de un modo normal?! Me van a sangrar los oídos si siguen gritando —protestó Sayaka mientras salía a la superficie y vio lo que pasaba.

De ninguna forma esto podía ser bueno.

Entonces vieron en lo alto del buque a la Ouka Shichibukai, Boa Hancock, quien bajó hacia la cubierta del submarino junto a una serpiente enorme. Ella estaba usando un atuendo rojo que no dejaba mucho a la imaginación, muy escotado en el pecho y con corte al nivel de la pierna derecha. Tenía el cabello negro y ojos color celeste; y realmente le hacía honor a su fama de ser la mujer más hermosa del mundo, dejó a los mecánicos embobados. De todas formas, seguía representando un gran peligro, era una Shichibukai después de todo. También estaban en la nave, algunas personas vestidas de forma extraña y reconocieron a Ivankov, el Rey Okama, entre ellas.

Hancock, les dijo que se despreocuparan ya que había convertido a todos los marines que estaban a bordo en piedra y no había venido a atacarlos sino a ver a Luffy; de hecho no paraba de preguntar si se iba a recuperar o no.

La puerta de entrada se abrió y salió Law secándose las manos. Se apoyó contra la pared y se dignó a contestar las preguntas de la pirata.

—Hice todo lo que estaba a mi alcance, pero el daño es mayor del que esperaba. Está estable, pero no garantizo que sobreviva —informó.

Ya había recuperado la inexpresividad que lo caracterizaba.

—No imagino el dolor que siente Luffy ahora… ¡Si tan sólo pudiese, cambiaría con él de lugar! —se lamentaba Boa Hancock.

Parecía una viuda, una niña que había perdido a su mascota, o la víctima de una pesadilla recurrente; nada de lo que supuestamente era en realidad. Quien no la conociese, jamás sospecharía que se trataba de una emperatriz, Shichibukai y pirata. Estaba llorando con vehemencia y llevaba sus manos a la cara. Parecía la personificación de la palabra «exageración».

—¡Qué envidia! Debe ser genial que la emperatriz pirata se preocupe por ti —susurraba Sachi, a medida que un pequeño hilo de sangre se le escapaba de la nariz.

Penguin asintió al instante, con el rostro teñido de rojo. No todos los días se encontraban con la mujer más hermosa del mundo. Acto seguido, recibieron un golpe en la cabeza cada uno.

—¡Se controlan, anormales! —gritó Sayaka y sus ojos amarillos parecían incendiarse mientras miraba a sus compañeros.

—¡Das miedo! —gritaron los dos, espontáneamente.

Entonces los ojos de Sayaka se dirigieron hacia otra persona: Jimbei.

—No le dé problemas a médico enano. Vuelva al submarino, usted está herido.

Jinbei parecía haberse escapado de la enfermería. Él la miró, pero luego bajó la vista hacia el suelo, deprimido y excusándose con que no era nada comparado con el dolor de Luffy y se sentiría mal si se pusiese a descansar. Ella intentó hacerle entender que en este momento tenía que preocuparse más por sus heridas que por su amigo, pero Jimbei era demasiado terco para escucharla.

—Vaya a descansar o voy a matarlo aquí mismo. Prefiero que muera por mi mano y no por su estupidez —amenazó Law.

Realmente no tenía obligación alguna de salvarlo y si se volvía una molestia, iba a deshacerse de él, sea un ex Shichibukai o no.

A Sayaka no le caía muy bien toda esta charla innecesaria y, sobre todo, quería evitar que toda esta gente extraña siga subiendo al submarino a molestar«la». Dentro de su razonamiento, rondaba la idea de que mientras más tiempo permanecieran allí, más bichos raros iban a aparecer. Decidió ponerle fin a esto.

—El verdadero problema aquí, es que seguimos cerca de Marineford. Cualquier barco nos puede encontrar por lo que tenemos que partir cuanto antes, capitán-san.

Hancock pidió un Den Den Mushi para localizar a la flota Kuja. Con su ayuda, el submarino podría cruzar el peligroso Calm Belt y llegar a Amazon Lily. La Marina no sabía si Luffy había sobrevivido o no, pero iban a buscarlo, seguramente. Mientras estén en un territorio dominado por una Shichibukai, iban a estar seguros. Después de todo, ningún marine sospecharía que pudiese esconderse allí. Esa isla era la mejor opción sin dudas, así que se dirigieron hacia Amazon Lily.

.

El submarino llegó detrás de la embarcación Kuja a la isla de las mujeres. Prácticamente toda la tripulación de los Piratas Heart obserbaba el lugar como si hubiesen descubierto el paraíso, aunque las guerreras no se veían nada felices con los extraños que se habían atrevido a irrumpir en sus dominios. Comenzaron a apuntarles con flechas. Ante el menor movimiento, iban a disparar.

Sayaka tuvo una extraña sensación, algo no andaba bien. En seguida se dio cuenta de que las Kujas habían impregnado de Haki la punta de sus armas. No le era muy difícil darse cuenta, ella hacía lo mismo con su katana. Sintió una flecha acercarse y se volvió hacia Law, para darse cuenta que él la había esquivado moviendo apenas la cabeza. «¿Acaso puede usarlo también?.» No lo había visto pelear tantas veces como para conocer todas sus habilidades, pero sería una molestia sumarle a ese problemático poder que tenía cualquier tipo de Haki.

—Contrólense o los mato. No somos bienvenidos aquí —dijo Law a sus hombres, fastidiado con la situación.

La única razón por la que seguían vivos, era porque Hancock les dio la orden a las guerreras de no atacar. Podrían quedarse en la parte este de la isla, en una bahía, hasta que se recupere Luffy. Pero tenían terminantemente prohibido salir de allí. Ninguno de los piratas podría adentrarse en el resto de la isla, ni interactuar con ninguna de las nativas.

Una vez instalados en la bahía este, los miembros de la tripulación tuvieron un momento para relajarse después del escape de Marineford; aunque no podían evitar sentirse desilusionados. Estaban en un estado depresivo por permanecer aislados en la costa y Bepo lamentaba que no haya osas en la isla. Jimbei estaba quieto en el césped frente al submarino, esperando que despierte Luffy y Law se había sentado bajo la sombra de un árbol para beber una merecida botella de sake. Esto era lo más parecido a la tranquilidad que había tenido en meses.

Sayaka se había puesto a jugar-pelear con Haru en el mar. Parecían entenderse bien, a pesar de que cada uno afirmaba odiar al otro. Estaban teniendo su pelea diaria y, como siempre, alguien los interrumpió antes de que se maten de verdad. De todas formas, el enano estaba muy cansado, así que encontró la excusa perfecta para dormir una siesta, mientras ella volvió hacia donde estaban los demás.

—¿Se va a tomar todo eso solo, capitán-san? —dijo Sayaka, sentándose también.

Tenía un perturbante buen humor y parecía más simpática que de costumbre.

Law no contestó nada, le dio la botella y esperó a ver qué hacía. Seguramente iba a pedirle algo, tanta sociabilidad no era normal. Sin embargo, Sayaka no dijo ni una palabra. Por su cabeza no pasaba absolutamente nada y realmente estaba disfrutando del día. Se había arremangado los pantalones y estaba descalza, jugando con el césped que se metía entre los dedos de sus pies; el viento se sentía genial en la cara. Nada comparado con la oscuridad y las paredes metálicas en las que había estado encerrada durante semanas. Cuando miró hacia donde estaban los demás, vio que del bosque se acercaba una mujer alta y rubia que llevaba el mismo traje-que-no-deja-nada-a-la-imaginación que las demás. Se paró delante de ellos y se dirigió al hombre que había salvado a Mugiwara.

—¿Luffy se va a recuperar?

—Que Mugiwara-ya despierte, depende de él mismo y su fuerza de voluntad. No puedo hacer nada más.

La guerrera no parecía conforme con la respuesta. Esperaba algo más, parecía muy preocupada. Sayaka metió su mano en el bolsillo y miró a la rubia. «Cara» dijo, y arrojó la moneda hacia arriba para volver a atraparla y mostrar su resultado.

«¿La moneda otra vez? ¿Es que si sale cruz va a decirle que su amigo va a morir?» pensó el capitán, levantando una ceja. Era ridículo creer en el azar pero, al menos, ahora la chica había vuelto a su normal anormal comportamiento.

—Parece que Monkey-san se va aponer mejor —le anunció a la mujer, quien automáticamente cambió su expresión de preocupación por una enorme sonrisa y un brillo de satisfacción que salía de sus ojos marrones.

La Kuja se fue a paso apresurado antes de que la sorprendan hablando con un hombre; se había arriesgado mucho yendo hacia ese lugar, pero después de lo que escuchó, creyó que valió la pena. Law miró a su compañera. Ella se había distraído mirando hacia el mar.

—¿Le parece divertido mentirle a la gente o de verdad esa moneda tiene algún tipo de poder?

—Claro que no. Pero de todas formas, siempre acierta —contestó.

Le dio la respuesta más vaga que podría ocurrírsele. Estaba vengándose por las respuestas complicadas que Trafalgar le daba siempre que ella le hacía una pregunta. Ya no le molestaba tanto a ese juego de adivinanzas que se había inventado el pirata y, mucho menos, ahora que podía usarlo para vengarse. Miró por el rabillo del ojo a Law y notó que la seguía mirando. Frunció el seño. Eso la ponía incómoda.

—¡¿Qué te pasa?!

—¿De dónde es que conoce al Pelirrojo? —lanzó otra pregunta.

A menos que mienta, tenía que darle algo de información. Fue específico.

—Ah, era eso… Solía beber con mi padre. En realidad, no es que lo conozca, simplemente yo estaba ahí.

Ahora, Law sí estaba interesado en saber quién era ese padre que ella nombraba. Primero, le regalaba a una niña una de las doce espadas más poderosas del mundo y ahora parecía poder tomar sake con uno de los cuatro emperadores del Nuevo Mundo como si fuesea alguien que se encuentra en cualquier bar. Estaba casi seguro de que ella no le iba a contestar, pero tenía que preguntar de todas formas. Era su decisión que termine respondiendo por las malas, después de todo.

—¡Hey, sentimos la espera! Trajimos comida —dijo la mujer rubia.

Había vuelto con otras tres guerreras cargando una cantidad ridícula de alimentos.

—¡Por fin! —suspiró Sayaka y corrió hacia donde estaban las guerreras.

Se había salvado sin darse cuenta.

—Por favor, no empuje y esperare su turno —pidió una de las mujeres a Aki, que empujaba a los demás como si fuese una competencia.

—¡Aphelandra! —gruñó otra para llamar su atención— ¡No hables con los hombres! Luffy es la excepción porque así lo dijo Hebihime-sama, ¡no se te olvide!

—Vamos, que no es gran cosa ¿Verdad, Aphelandra-chan? —dijo Aki, sonriéndole.

Eso hizo que la otra mujer se moleste más y destruya la mesa en la que estaba cortando carne. «No voy a repetirlo», era lo que los ojos de la guerrera transmitían. Parecía un demonio que acababa de congelar a los piratas sin siquiera haberles dirigido una palabra. «¡Lo sentimos!» dijeron todos a la vez. Parecían imitar la actitud del oso, como un ejército de Bepos. A Sayaka le divertía la escena. Tomó una bandeja de comida y se dirigió hacia el bosque para comer sola. Nada de mujeres, ni piratas, ni capitanes molestos. Un poco de soledad le iba a venir bien.

El sol comenzó a caer dejando un color naranja radiante en el horizonte. Las Kujas se habían marchado y algunos piratas jugaban con cartas para matar el tiempo. Jimbei estaba junto a Jean Bart frente al submarino. El nuevo hombre de los Piratas Heart le había dicho que descanse al menos un rato, pero a menos que lo golpee hasta desmayarlo, no iba a conseguir que duerma; así que se quedó con él para hacerle compañía. Bepo fue corriendo hacia donde estaba su capitán, que parecía haber hecho de ese árbol su nueva residencia.

—¡Capitán, Capitán! —gritaba mientras sostenía un priódico que le había dado una de las guerreras —Mire las recompensas —dijo con una sonrisa gigante.

Después del ataque al Tenryubito y la fugaz aparición en Marineford, las recompensas de los dos novatos habían subido generosamente: 300.000.000 Berries por el Cirujano de la Muerte y 200.000.000 por Saberlight. Bepo seguía felicitándolo hasta que escuchó un grito y percibió a alguien que venía corriendo desde el interior de la selva.

—¡Esa es Saya-chan! ¡Hey, Saya-chan! Mira lo que…

Bepo tuvo que auto-interrumpirse al ver que estaba siendo perseguida por una enorme cantidad de nativas de la isla.

—¡Quítense del medio, idiotas! —gritó Sayaka a los piratas que estaban jugando con las cartas.

Estaban evidentemente en su camino y los hizo volar por los aires. Se dirigía hacia el submarino y, se vea por donde sea, estaba huyendo.

—¡No escaparás! ¡Tienes que contarnos! ¡Atrápenla! —gritó una de las Kujas.

Antes de entrar al submarino, Sayaka ya tenía a tres guerreras encima. Todos vieron la extraña escena sin entender nada; ni siquiera Sayaka sabía por qué estaba corriendo en primer lugar. No les había prestado atención en el bosque y cuando se dio cuenta, estaba huyendo por su vida, aparentemente. No iba a ponerse a pelear siendo un huésped no deseado en la isla, así que había decidido esconderse en la nave. Pero ya era tarde y la habían atrapado. Se rindió.

—¡Les diré lo que quieran pero suéltenme, no puedo respirar!

Las guerreras le hicieron caso y la soltaron pero… dos segundos más tarde la habían vuelto a rodear y le hacían tantas preguntas a la vez que no llegaba a entender nada.

—¡Hablen de a una, con un demonio! ¡Tú, la rubia de hoy, dime qué pasa! —gritó, molesta.

En este momento, deseaba tener algún tipo de poder parecido al de Kizaru para pulverizar toda la isla. La mujer rubia se acercó y tomó las manos de Sayaka. Le brillaban los ojos, por un momento pensó que estaba chiflada.

—Queremos que nos cuentes cosas de los hombres —dijo y todas asintieron.

—¿Qué? ¿Y por qué yo? Mira todos los ejemplares que tienes aquí, ¡pregúntales a ellos!

No sólo se estaba poniendo colorada con la ridiculez de su petición, sino que sus compañeros no se molestaban en disimular las carcajadas con tanto circo.

—Porque no se nos permite hablar con los hombres y tú viajas con un montón de ellos. Luffy es el único que conocemos —explicó la guerrera.

Esto era muy molesto y por demás incómodo. Si había algo que Sayaka odiaba era ser interrogada y, para peor, se estaba convirtiendo en el foco de atención. La mujer prosiguió su cuestionario antes de que pudiese decir nada más.

—¿Ellos tienen sus propias islas?

—¡¿Y cómo diablos quieres que sepa eso?! El mar es enorme. No conozco todas las islas que hay siquiera en esta parte de Grand Line; ni hablar de que no sabía de la existencia de esta. Sé que hay una isla de okamas, pero no tengo idea si hay una de hombres. Por lo general, las personas viven en un mismo territorio independientemente de su género —contestó.

Sentía que estaba hablando con alienígenas.

—¿A todos les afecta el agua de mar? —preguntó otra.

Esta pregunta hizo que Sayaka se sorprenda. Arqueó una ceja. No entendía a qué iba esto ni tampoco podía creer el nivel de ignorancia de estas personas. Ya la estaban fastidiando demasiado. Entonces, recordó que el único hombre que conocían, era Luffy. Algo de sentido dentro de su extraño y básico razonamiento había: Luffy era un usuario, y algo que todo el mundo sabe es que la debilidad de los que comieran un Akuma no Mi es el mar o el Kairouseki. Estaba bien que piensen así.

—No todos. Hay personas que tienen debilidad hacia el mar por diversas circunstancias, pero no todo el mundo —explicó.

No iba a explicarles lo que evidentemente desconocían. De hecho, Boa Hancock era una usuaria. Sayaka simplemente no podía entender por qué estas mujeres ignoraban la debilidad de su líder.

—¿Y cómo se siente estar cerca de un hombre? —siguió preguntando la rubia.

Realmente parecía en serio y ella no sabía que contestar. La mayor parte del tiempo quería golpearlos, pero eso era normal con cualquiera que se le acerque, así que tampoco era una buena respuesta. La estaban volviendo loca.

—Se siente normal —contestó.

No sabía qué decir a esta altura pero la rubia insistió.

—Pero hoy te vi con el doctor-san, ¿no te enfermaste? Nos dijeron que hay una enfermedad que les afecta a las mujeres cuando están tan cerca de un hombre —insistió la rubia.

Parecía que los piratas iban a morir de un ataque de risa y lo único que pensaba Sayaka en ese momento, era en formas creativas y dolorosas para descargarse con ellos más tarde. Pero ahora, tenía que terminar con esto.

—¿Por qué me enfermaría con sólo sentarme en el mismo lugar? No conozco nada así.

Las guerreras le contaron que ninguna mujer salía jamás de Amazon Lily. Sólo las más fuertes podían hacerlo y cuando llegaban al mar y se encontraban con los hombres, contraían una extraña enfermedad que hacía que cuando volviesen a la isla tengan un hijo, que siempre terminaba siendo mujer.

—¡No me pasa nada así! —gritó, en un sobresalto.

«¡Son retrasadas! ¡Me sorprende que digan que tienen médicas aquí!» Apretó los dientes. Estaba creando un nuevo nivel para el color rojo que tenía en su rostro y parecía que le salía humo de las orejas. Preferiría tragar mil agujas que seguir con esta absurda conversación. Para su suerte, una de las Kujas ordenó que volviesen y dejen en paz a la chica, que se tiró en el pasto y cerró los ojos con un suspiro de alivio. Al fin había terminado la tortura, ahora todo lo que tenía que hacer era asesinar a sus compañeros e ir a dormir.

Pero no hay que cantar victoria antes de ganar.

Una mano se apoyó en su frente y ella abrió los ojos asustada para ver a Law que había aparecido de la nada.

—¡KYAAAAA! —gritó como si hubiese visto un espíritu y se levantó para alejarse tan rápido, que volvió a caer al suelo— ¿¡Qu-qué te pasa!? —preguntó, tartamudeando.

Otra vez estaba roja.

—Por el color de su rostro, creí que tenía fiebre… Parece que me equivoqué —contestó Law con una sonrisa maligna.

Ahora faltaba Bepo y oficialmente toda la tripulación se había burlado de ella. Parecía que los dientes de Sayaka iban a partirse de tanto que los apretaba.

—¡Es el clima de Amazon Lily que me da alergia! —dijo agitadísima y frunciendo el ceño, señalándolo con el dedo como si hubiese rebelado información importante y no otra excusa ridícula.

Si quería conservar un poco de dignidad, lo mejor que podía hacer era encerrarse hasta cruzar al Nuevo Mundo y huir en la primera oportunidad que tenga para no tener que pasar nunca más por algo así. No pensaba dejar que él tenga un segundo para contestar otra vez, así que antes de que diga nada más, ella se metió a una enorme velocidad en el submarino y fue directamente a esconderse debajo de las sábanas. Necesitaba ponerle fin a ese largo y molesto día, lleno de personas, situaciones y conversaciones incómodas. «Cuando sea fuerte, también tendré mi propia isla. Allí no se prohibirán los hombres, se prohibirá todo tipo de ser humano.»


¡Eso es todo por este cap!
Pobre Sayaka, la volvieron loca xD

¡Ya falta poco para que abandone definitivamente la trama de One Piece!
Peeeeeeero vamos a quedarnos un tiempo más con las Kujas ;)
¡Saludos!

-Nami