Arthur apagó las luces, se colocó su abrigo y su bufanda, y salió a la fría calle. Cuando terminó de cerrar la tienda, se encontró con un ojiazul que vestía una chaqueta de cuero, pantalones rasgados y botas de cuero, ambos de color negro. En una de sus manos tenía un cigarro, ya casi terminado. Esto sorprendió a Arthur.
- No, tenía ni idea de que fumabas.
- Es algo que muy pocas personas saben de mi - dijo dándole una última pitada a su cigarro - Cada uno tiene sus secretos, ¿No? - Alfred río mientras Arthur bajaba la mirada al sentirse algo culpable de lo último que dijo - Dime no te molesta que lo haga.
Arthur negó - Descuida.
- Perfecto - le dijo arrojando al suelo el cigarro ya terminado - ¿Quieres ir a cenar a algún lado?
Arthur negó nuevamente mirando aun para el suelo, Alfred lo miró extrañado - Sólo quiero ir a mi casa, no quiero ser más una molestia para ti - esto último lo dijo casi en un susurro, pero Alfred logró escucharlo.
El ojiazul con el ceño fruncido le dijo - Arthur, no eres una molestia para mi ¿Por qué piensas eso?
- Sé que soy una molestia para todos, no tienes que hacer todo esto porque me tienes lastima y... - sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que no tardaron en salir. Alfred al darse cuenta de esto rápidamente le abrazo, Arthur quedó sorprendido ante la acción del mayor, pero a los pocos segundos le correspondió el abrazo.
- ¿Por qué piensas así? - un par de lágrimas se deslizaron por las mejillas de Arthur, cayendo en unas de las mangas de Alfred.
- Es, complicado de explicar... - dijo entre sollozos - ...no sé si lo entenderías.
Alfred se separó un poco de él para mirarlo directo a los ojos, con uno de sus pulgares limpio sus lágrimas.
- Unos ojos tan bonitos no deberían derramar lágrimas - Arthur tuvo una leve punzada en su interior al escuchar eso ¿Pero que era? Nunca había tenido ese sentimiento antes ¿Acaso se estaba enamorando? ¿Así es como se siente las personas enamoradas? Esa y unas mil preguntas más estaban es su cabeza en ese momento - Entonces te llevo a tu casa si te sientes así, lo puedo entender - Arthur volvió a la realidad y asintió sin haber comprendido lo que había dicho mientras él estaba en su trance.
Ambos, ya en el auto de Alfred, no pronunciaba ni una palabra y ni un sonido. Para el ojiazul no era un silencio incomodo, ya que al estar en la situación que se encontraban, decidió quedarse en silencio.
Alfred manejaba mientras oía la radio, que había puesto al azar, y Arthur al apoyar su cabeza contra la ventana que estaba de su lado, había caído en un profundo sueño. Desde que era un pequeño los viajes de noche le daban sueño.
- Arthur... - le dijo mirándolo melancólicamente.
- Mamá, vuelve de enserio te extraño.
- Lo sé... - Arthur corrió a abrazarla - Lo se cariño, lo sé muy bien.
- ¿Pero por qué tenía que terminar así? - le pregunto mirándola directo a los ojos.
- Sabes, siempre dicen que las personas más buenas son las que más sufren, ¿No? - Arthur la miro extrañada sin comprender lo que estaba diciendo - Espero que no te pase a ti también.
Luego de escuchar eso su vista se nublo.
- Arthur - frunció el ceño removiéndose de su asiento - Arthur despierta.
Arthur parpadeo un par de veces, mirando para varios lados, hasta encontrarse con la mirada de Alfred sobre él.
- ¿Has tenido alguna pesadilla? - le pregunto.
- Algo así ¿Por qué preguntas?
- Tienes tus ojos llorosos, otra vez.
Arthur rápidamente las limpio y miro por la ventana - Ya llegamos - Alfred asintió - ¿Quieres pasar? Puedo cocinar algo ya que "rechace" tu invitación.
- Claro - contestó riendo - Pero te voy a ayudar, y no me puedes decir que no.
- Por supuesto que no, tú eres mi invitado y yo te tengo que atender.
- Pero yo fui el primero que invitó, así que te voy a ayudar quieras o no - Arthur suspiró y rodó los ojos, odiaba que le ayudaran cuando se trataba de cocina.
Entraron a la casa y Alfred examinó toda la sala - ¿Vives sólo? - Arthur asintió - Parece una casa algo grande para un chico de 19.
Arthur se detuvo en medio de la sala mientras se quitaba su abrigo - Yo antes vivía con alguien.
- ¡Oh! Amigos de la Universidad ¿Cierto? Lo entiendo, yo estuve viviendo así por un año. Y éramos un desastre, hasta que nos terminaron echando.
Arthur negó sonriendo - Yo hace unos meses vivía... - dijo con un nudo en su garganta - ...vivía con mi madre.
- ¿Y qué le pasó? - se atrevió a preguntarle.
- Ella se suicidó - mordió su labio inferior para poder contener el llanto, pero una de las lágrimas logró deslizarse por su mejilla, para su suerte estaba de espaldas a Alfred. Este quedo algo en shock por lo que había escuchado por parte de Arthur, algo le decía que no debía haber preguntado eso, pero su boca nunca se podía mantener cerrada.
- Lo siento no tuve que haber preguntado eso - dijo avergonzado sobándose el cuello - No creía que había sido algo tan fuerte realmente lo siento.
- Descuida no importa - dijo dirigiéndose hacia las escaleras - ¿Me esperas aquí? Tengo que ir al baño.
Alfred lo miró algo extrañado - Claro.
Subió rápidamente las escaleras y entró al baño, de una de las mesadas sacó una de sus tantas navajas que tenía escondidas en uno de los cajones, muchas de ellas ya estaban algo gastada por su uso y otras estaban intactas al ser las últimas que había comprado. Tomó una de ellas y decidió hacerse 3 cortes más en cada muñeca, además de abrir algo las que ya tenía hechas para que no cicatrizan. La sangre de estas caía por el lavamanos mezclándose con el agua que corría por el grifo, su cuerpo temblaba al ver lo que estaba haciendo por tercera vez en la semana. Trago en seco y agarro una gasa del botiquín para frenar el sangrado.
Respiro hondo por unos segundos, limpió el desastre que había dejado, acomodo su suéter y salió tranquilamente del baño.
Bajo a la sala encontrándose con Alfred recostado sobre uno de los sofás.
- Alfred - le llamó sin obtener alguna respuesta. Se acercó a él y lo encontró durmiendo, le pareció demasiado tierna esa imagen de Alfred durmiendo plácidamente como un bebe, y se odiaría mucho si lo despertaba y lo dejaba que se fuera. Pero tenía que hacerlo, todavía era un extraño para él y no sabía cuáles eran las intenciones del ojiazul.
- Alfred despierta - lo sacudió un poco - Alfred - se removió pero por un mal movimiento, Alfred cayó sobre él, Arthur se sonrojo ante esto - Alfred no estoy para juegos, es tarde despiértate - le golpeó con cuidado la cabeza , pero uno de esos golpes hizo que Alfred cayera al suelo - Que sueño pesado - Arthur suspiró y trató de levantarlo con las pocas fuerzas que tenía - No te puedo dejar dormir en el sillón y menos en el piso - no quiso ni pensar en la otra idea que tenía pero era su última opción.
Intentar de subirlo por las escaleras en ese estado para Arthur fue una de las peores cosas que pudo haber pensado.
- Que grandes ideas tienes Arthur - se dijo con sarcasmo - Idiota.
Arthur estaba sentado en la orilla de su cama mientras Alfred dormía plácidamente - ¿Cómo puedes seguir durmiendo después de eso? - se acercó al otro lado de la cama, para ver a Alfred más de cerca, miro todas sus facciones: su frente, sus cejas, sus párpados y pestañas, sus mejillas y sus labios, mordió su labio inferior al verlo, quería hacer eso, pero su timidez le estaba jugando en contra. Cerró sus ojos decidido y fue acercándose a Alfred lentamente, estaba a escasos centímetros de él que ya podía sentir su cálida respiración.
De pronto el sonido de un trueno hizo despertar a Alfred, golpeándose con la frente de Arthur. Este mareado por eso cayó al suelo.
- ¿¡Eso fue un trueno!? - dijo Alfred temblando.
- Eso creo - le contestó Arthur intentando levantarse.
- ¿Arthur? - le miró extrañado - ¿Qué haces en el suelo?
- El estruendo del rayo me asustó - dijo con una mueca de dolor.
Alfred miró el lugar donde estaba dormido - Espera ¿Dónde estoy?
- En mi cama, te quedaste dormido en el sillón y no iba a dejarte en ese incómodo lugar.
Alfred le miro sorprendido ¿De veras había el hecho eso por él? - ¿Me subiste sólo por las escaleras? - Arthur asintió - ¿Cómo?
- No fue la mejor decisión que tuve, pero lo logré - dijo riendo - Aun no entiendo cómo es que no te despertaste con todo ese movimiento.
- Es que, tengo el sueño demasiado profundo - dijo avergonzado.
- Si, lo note.
Ambos rieron al usono y otro estruendo les llamó la atención asustándolos, Alfred inmediatamente abrazó a Arthur, este se sonrojo por tal acto y miró al ojiazul divertido - ¿Alfred que haces?
- Le tengo terror a las tormentas - dijo con un tono infantil.
- Alfred, sólo es una pequeña lluvia - dijo Arthur riéndose. Pero otro estruendo más fuerte sonó haciendo que Alfred se aferrara más a Arthur - Me estas lastimando.
Alfred ante esto lo soltó avergonzado - Lo siento, soy como un niño lo sé.
- Esta bien, no me molesta, es más me gusta abrazar a la gente, pero si necesitabas uno me lo hubieras pedido, no me iba a negar - dijo esto sonriendo ocultando su rostro con las mantas.
Alfred sonrió y se las quito mirándolo - ¿Está mal si te lo pido ahora? - Arthur negó con su cabeza y acercándose a él. De repente una de sus recaídas apareció en ese momento haciéndolo sollozar en silencio.
- Gracias.
- ¿Por qué me agradeces?
- Por llegar en uno de los momentos más horrible de mi vida - Arthur no sabía cómo, pero tuvo el valor de decirle eso.
- Arthur - lo soltó por un momento para mirarlo de frente. Removió las lágrimas que caían por sus ojos - Deja de llorar, me destroza verte así.
- Lo siento, no puedo evitarlo - puso sus dos manos en los ojos - Es que la extraño tanto.
Alfred lo volvió a abrazar odiaba que no pudiera hacer nada para aliviar el dolor que sentía Arthur en ese momento - Tranquilo todo va a estar bien.
- Dime que lo prometes.
- ¿Qué cosa? - lo miro extraño.
- Que no te iras de mi lado.
Esto lastimó internamente a Alfred ¿Tanto estaba sufriendo como para hacerlo prometer eso? Tenía que hacer algo y ya, sin importar lo que sea, no iba a permitir Arthur terminara de la misma forma que de su madre.
- Lo prometo.
