Super Smash es propiedad de Nintendo.
La ciudad de Nueva York, siempre ruidosa y siempre bella, para los turistas claro está. Entre sus calles llenas de gente que pensaban en sus asuntos ignorando el problema ajeno. Concretamente en un pequeño gimnasio perdido entre las calles menos concurridas, era raro tener un gimnasio tan desolado como lo era ese, sin embargo no podía estar mejor para Louis y Mac. No había combates nuevos, menos un campeonato, pero como campeón invicto Mac no podía darse el lujo de descuidarse y holgazanear o eso le decía Louis y el boxeador no veía problemas en seguir con su entrenamiento.
Mientras Mac golpeaba el saco de arena del lugar, Louis revisaba el horario que tenían programado para ver si cambiaba algo cuando escuchó pasos. Levantó el rostro del cuaderno que tenía en su mano izquierda y miró hacía la entrada. La puerta se cerró sin crear ruido debido a las gomas que tenían en la parte inferior. El entrenador observó a los recién llegados, era muy extraño que gente ingresara al gimnasio, no es como si fuera privado, pero muy pocas personas entraban al lugar.
Eran dos personas, los examinó; uno era una mujer, alta, rubia y de mirada bastante estricta y seria, además de que su pose mostraba que era fuerte de carácter. Detrás de ella… ¿esa cosa era siquiera humana? Llevaba una sudadera que le cubría desde las muñecas hasta el cuello, además de que la capucha impedía ver el rostro. En pantalón deportivo le cubría hasta los pies, además, esos brazos tan largos y esa corpulencia era anormal. Parecía un gorila. La mujer examinó el lugar con la mirada.
Su mirada se detuvo en el ring, al cual caminó seguida de la otra persona. Una vez ahí se subió y abriendo espacio entre las cuerdas, entró. Caminó un rato dentro del ring, observando, examinando, como si criticara el ring. Al final se detuvo en el centro. Fuera del ring el otro estaba concentrado observando el cinturón de campeón de Mac, ¿acaso eran retadores? La mujer también observaba el cinturón.
Louis no comprendía a ese par, así que llamó a Mac, el joven dejó de golpear el saco y se giró a verlo. Con un gesto el hombre mayor le indicó que viera a la curiosa pareja. Para sorpresa de ambos la mujer también los miraba, estaba recargada en las cuerdas, observándolos.
-Hey, ¿qué tal una pelea?-. Habló la mujer. Señaló el cinturón con el pulgar y sin girarse. –Campeón-.
Mac quedó sorprendido por el tono tan altanero y seguro de la mujer, su entrenador lo observó. El joven campeón sonrió, hacía ya un tiempo que no tenía algún encuentro y eso de estar siempre con el saco o con Louis no se comparaba con la adrenalina de un encuentro verdadero. Sin esperar, o pedir permiso, levantó los puños y sonrió abiertamente.
-¡Claro!-. Gritó.
Caminó con júbilo hasta el ring, Louis le siguió de cerca y fue quien le ayudó a abrir las cuerdas, ya que Mac aún traía los guantes y no podía sostener muy bien la cuerda. Dentro del ring, la mujer caminó hasta su compañero y se retiró la sudadera de color azul marino que la cubría, se la arrojó a su compañero, quien la atrapó con una mano. El boxeador observó a la mujer con gesto sorprendido y algo incrédulo.
-¿Usted peleara?-.
-¿Algún problema con eso?-. Preguntó ella con voz fuerte y hasta agresiva.
-Eh, no, no, claro que no-. Se apresuró a contestar. Observó las manos de la dama. –¿No desea usar guantes?-.
-Estoy bien así-. Apretó los puños y se colocó en pose de batalla. –Cuando quieras-.
Mac subió sus puños y los colocó frente a su rostro, Louis caminó hasta la campana y la hizo sonar una sola vez. No se necesitaba ser un genio para saber que eso indicaba el comienzo del combate, Samus acortó la distancia entre ambos y comenzó a lanzar puñetazos a diestra y siniestra. Mac se llevó las manos al rostro, evitando todo golpe que fuera a su rostro.
Louis observaba como aquella mujer peleaba totalmente diferente a las reglas del boxeo, sus movimientos eran definitivamente extraños, esa mujer en su vida había luchado bajo reglas del boxeo, sin embargo la manera en la que se paraba y en la que lanzaba sus puños demostraban que sabía luchar, a su manera, pero sabía. Además, por la manera de Mac de defenderse mostraba que ella no daba cabida a ningún movimiento.
La repentina distancia que tomó la mujer le dio tiempo a Mac para acercarse y lanzar un golpe directo al rostro de la mujer. Samus desvió el golpe del boxeador tomándolo de la muñeca, creando una abertura en el joven. A Mac le duro poco la sorpresa, ya que el golpe que le asestaron en el rostro lo hizo retroceder con los ojos cerrados. Su mandíbula palpitaba de dolor. Se plantó de nuevo en la madera y levantó los puños de nueva cuenta, frunció el ceño.
Samus bajó el brazo y lo dejo a su costado, observando al joven que le miraba fijamente. Volvió a apretar los puños y a ir en contra del joven campeón. De nueva cuenta Mac solo podía cubrirse de los golpes de la mujer, que cabe decir golpeaba muy fuerte para la complexión tan menuda que tenía. Después de unos cuantos golpes amortiguados por los guantes, Samus levantó su pierna derecha y sin dudarlo dos veces pateó en el abdomen a Mac. El boxeador aguantó un quejido de dolor pero su entrenador no se quedó callado.
-¡Hey! ¡Eso va contra las reglas!-. Vociferó con molestia y acercándose al ring.
Samus le miró con gesto indiferente. –No me importan las reglas-.
Louis miró enfurecido a la mujer que le ignoró y fue de nuevo contra el joven. Se suponía que el encuentro había acabado con esa patada fuera de lugar, pero sin duda a la mujer no le podía importar menos. Samus volvió la vista al chico, y Mac continuaba inmóvil, ¿por qué no utilizó esa pequeña distracción para atacarla? Al parecer sí que seguía eso de las reglas. Volvió a levantar las manos y de nueva cuenta fue a arremeter a golpes al chico. De nueva cuenta los guantes al frente. No es que fuera quisquillosa, pero un poco de flexibilidad al muchacho no le caería mal.
Conforme chocaban sus puños, Samus logró ver una abertura más y no dudo en volver a asestar una patada, patada que para su sorpresa fue detenida. Una vez tocó el costado del boxeador él tomó la pierna de Samus y la sujetó con fuerza, inmovilizándola. Con su mano libre no esperó invitación y lanzó un puñetazo al rostro de la fémina, aunque Samus tampoco se quedó quieta. Con la palma de su mano derecha detuvo el puño y con la izquierda golpeó la mejilla del boxeador. Mac soltó a la mujer debido al fuerte golpe que recibió.
Pero esa mujer no era normal, en definitiva había conocido a una fémina capaz de dar tremendos golpes, aunque no es como si fuera conocedor de mujeres. Pero esa mujer golpeaba, incluso, más fuerte de lo que golpeaba un boxeador entrenado. Sin detenerse a pensar en el tremendo dolor volvió a levantar los puños, esa batalla no se regía bajo las reglas del box, pero eso no quitaba lo interesante, además de que era emocionante pelear contra una mujer tan fuerte.
Queriendo ya no ser el defensivo, Mac atacó primero, lanzando puñetazos y siempre protegiéndose el rostro, aunque eso le servía de poco porque la mujer siempre le encontraba abertura. Caminando hacia atrás y desviando los puños de Mac con movimientos rápidos, Samus se mostraba impasible, admitía que el chico era rápido. Cuando el puño de Mac quedó a su alcance, Samus lo tomó de la muñeca y lo jaló hacía ella, le asestó un buen golpe en la nariz.
Aquel golpe no hizo retroceder a Mac como los anteriores, en su lugar el siguió en su posición y con su brazo libre intentó golpear a Samus. Quien no se lo permitió porque le sostuvo el puño con la mano. Duraron un rato así, debatiendo sus fuerzas, viendo quien empujaba más al otro. Samus bajó sus manos de un rápido movimiento, bajando las de Mac también, dejándolo descubierto. Y le iba a dar otro golpe en la cara pero el boxeador se las arregló para moverse y solo ver el puño de la mujer pasar a su lado.
Aprovechando que la abertura que creó Samus por el repentino movimiento, Mac extendió su brazo izquierdo y no hubo necesidad de que se moviera, la distancia era tan corta que el golpe dio de lleno en la mejilla izquierda de Samus, obligándola a retroceder dos pasos. Mac también retrocedió, cansado pero sin bajar la guardia. La mejilla de Samus estaba enrojecida.
La mujer se llevó la mano a su mejilla y palmeó con delicadeza, le dolía, si que golpeaba fuerte el muchacho, seguramente se le inflamaría, tal vez menos que las marcas que ella le dejo al chico, pero sin duda dejaría una pequeña marca. Levantó la mirada y observó al joven, un silencio pesado los inundó. Mac no evitó sentir algo de remordimiento por haber golpeado a la mujer, a pesar de su fuerza ella seguía siendo una dama.
Iba a pedirle disculpas cuando la mujer sonrió y dio media vuelta. Caminó hasta las cuerdas y colocando un pie en la última cuerda, saltó las otras dos, quedando fuera se giró y señaló a su compañero con el pulgar, aún con una sonrisa reservada y la mejilla inflamada.
-Cambio-.
Fue lo único que dijo y su compañero apretó los puños y chocó sus nudillos. Sin esperar invitación saltó, pasando las cuerdas y quedando dentro del ring, si ya de por si la diferencia de alturas con la mujer era bastante, ahora con Mac se duplicaba la diferencia. Louis abría y cerraba la boca como pez fuera del agua, había visto tantas veces a Mac pelear contra contrincantes más altos, ¡pero eso era ridículo!
Mac no estaba tampoco en las mejores condiciones, estaba tan sorprendido que no lograba ponerse en posición, debía estar bromeando esa mujer. A penas y había logrado darle un solo golpe a la mujer, ¿en verdad pelearía con ese mastodonte? No quería ni imaginarse un solo golpe de ese sujeto. Samus caminó hasta donde estaba Louis y golpeó la campana de metal que estaba ahí, dando comienzo al combate.
Donkey Kong, que seguía bajó ese disfraz, no esperó nada más que el sonido de la campana para levantar un brazo y arrojar el puño contra su oponente. Mac ahogó un grito en el momento en el que se agachó para evitar el golpe, retrocedió sin esperar algún golpe más. El gorila comenzó a avanzar, arrojando sus puños, uno tras otro, sin dar respiro. Y gracias a su lentitud Mac lograba evitarlos, pero debía ser realmente cuidadoso, un descuido y esos puños lo noquearían.
Siguieron haciendo eso alrededor de todo el ring hasta que Mac se acostumbró, y fue cuando ya veía sin miedo los movimientos de su contrincante. Contrario a la mujer, era realmente lento y dejaba más aberturas, sería más fácil darle un golpe, el problema era acercarse, era demasiado peligroso, pero debía arriesgarse, no quería seguir con ese juego de escape.
Cuando el gorila retrocedió el brazo derecho, Mac lo siguió de cerca y una vez destrozada la distancia, el boxeador le propinó un buen golpe en la quijada y, aunque le dolió, esperó que el contrincante se doblegara o retrocediera, pero no fue así. En su lugar su desconocido contrincante le golpeó en el costado derecho del abdomen, golpe que lo mandó hasta las cuerdas.
Louis entró en pánico, eso no era un combate, vamos que esa cosa ni era humana. Iba a detener el combate en ese momento, cuando iba a acercarse al ring la mujer lo sostuvo del brazo y lo obligó a detenerse. Se giró a verla indignado y furioso, pero ella le miraba de manera analítica y silenciosa, ¿pero que pretendía esa endemoniada mujer? La presión que sentía en su muñeca le indicaba que ella no lo soltaría.
Apoyado en las cuerdas, Mac sentía que devolvería todo su desayuno, el golpe le había hecho estragos en el estomago y qué decir de su cabeza, todo daba vueltas. Apenas y se estaba recuperando cuando lo tomaron de la cintura y lo levantaban como su fuera un juguete de plástico y lo arrojaban contra las cuerdas del otro extremo. El golpe de las cuerdas contra su espalda no fue tan doloroso como el puñetazo.
Apenas y quedo recargado en las cuerdas observó a su contrincante, este le sonrió con superioridad y con una seña le indicó que se acercara, se estaba burlando de él. Mac apretó los dientes y se irguió, levantó los puños y el otro golpeó sus dos puños. Sin esperar nada más, el boxeador fue primero, aprovechándose de que su enemigo era más grande y lento para atacar.
Una corriente consecutiva de golpes en el pecho, sin detenerse. Sentía fatigación, además de que el otro retrocedía poco a poco, hasta dejarlo contra una esquina del ring. Mac seguía golpeando sin descanso, los brazos le dolían y sin duda se estaba cansando más rápido pero no se detendría hasta ver a ese sujeto en la lona.
Lo que comenzó como pequeños golpes se convierto en un gran dolor, el gorila hacía sido acorralado y los golpes del chico le estaban haciendo daño real. Donkey apretó los dientes, ya se estaba fastidiando de eso, sabía que no debía ser tan rudo, pero ya no podía más. Bajó el rostro y mostró los dientes para lucir más intimidante.
Y lo que pasó después dejó bastante asombrado a Louis, Samus sonrió de manera discreta y Donkey Kong juraba ver estrellas flotando alrededor de su cabeza. Las piernas del gorila le fallaron, y cayó de sentón en la lona. Mac le había dado un golpe directo a la barbilla y vaya que le había dado bien. Una vez Donkey estaba en el suelo, Mac se alejó y no evitó bajar los brazos, sentía los músculos tensos y le dolía mantenerlos arriba.
El joven campeón usaba la boca para inhalar y exhalar, le quemaban los pulmones y la adrenalina seguía corriendo con velocidad por su organismo. Después de unos segundos, que parecieron horas, la campana del ring sonó, giró a ver. Había sido la mujer, la cual aún tenía la mejilla enrojecida y algo inflamada. La rubia caminó hasta el ring y sin subirse al mismo, le dio unas palmadas en el brazo a su compañero caído.
El gorila, ya más consciente de lo que le había pasado, contestó con un gruñido suave al gesto de Samus. Se levantó y bajó del ring. Louis ayudó a Mac a bajar también de ahí. Samus tomó su chaqueta, la cual había dejado el gorila en el suelo cuando le tocó subir al ring y caminó hacía el boxeador y su entrenador, Mac ya se había retirado los guantes y estaba sentado en un banco cercano.
Sin decir nada, ni esperar alguna queja por parte del entrenador, Samus rebuscó en uno de los bolsillos de su chaqueta y sacó una carta, la cual le entregó al campeón. Mac tomó el papel y la mujer se giró y caminó hacia la salida, seguida de su compañero. Los observaron hasta desaparecer por la salida. El gimnasio quedó en silencio, Mac observó la carta que le fue entregada; sin remitente, ni estampilla. Contaba solo con un sello de cera rojo.
El resto del día, Mac se la paso en el hospital observando cómo Louis discutía con los doctores. El joven lanzó un suspiro largo y agotado, se encontraba bien, estaba terriblemente agotado y adolorido, pero estaba seguro que no tenía nada roto, o sangrante. Metió las manos a las bolsas de su chaqueta y encontró la carta que le fue dada. La sacó y la colocó contra luz, logrando ver el otro papel, doblado a la mitad así que no leía nada.
Frunció los labios, ¿qué significaba esa carta? Era demasiado extraña, además de que los otros dos sujetos se habían esfumado en el aire, recordaba que cuando salieron del gimnasio no había rastros de llantas de auto en el concreto, además de que para irse caminando a la avenida era demasiado largo el trayecto y tampoco los vieron. Cuando escuchó el portazo que dio Louis, guardó rápidamente la carta en su bolsillo. Al parecer el doctor solo le daría un chequeó general.
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Al día siguiente la rutina había sido la misma, hasta que llegó el momento del descanso. Mac sacó la carta y Louis al instante frunció el ceño, recordaba haberle dicho a Mac que se deshiciera de ella, el joven había pasado de él olímpicamente. Sentados en un banco, descansando y comiendo barras de chocolate se dispusieron a leer la carta. Junto a Mac se encontraban sus guantes.
-Te apuesto que no tiene nada escrito-. Comentó el hombre mayor. –Una broma de mal gusto es-. Dijo, señalando con cierto despreció el pedazo de papel.
Mac rió con incomodidad. –No se pierde nada en abrirla-.
Louis refunfuñó molesto, pero Mac no le prestó atención. El joven dejó a un lado su aperitivo para evitar manchar el papel, retiró el sello y sacó la carta, abrió la hoja. El entrenador, aún molesto, se acercó un poco para leer el contenido. Ambos procedieron a leerla en silencio.
"Estimado Mac.
Felicidades, has sido aceptado como nuevo participante del Super Smash. Has logrado hacerle frente a expertos peleadores y en esta carta te explicaré algunas interrogante que puede tengas, o no.
El Super Smash es un torneo, el cual tiene participantes que no puedes si quiera imaginar; desde humanos con habilidades innatas para la pelea, hasta seres capaces de usar la magia. El cómo emplean sus habilidades es algo que no debe importarnos.
Cada torneo se invitan nuevos luchadores, y has sido seleccionado. Este evento tiene el propósito de que expertos combatientes se enfrente entre sí, para poner a prueba sus habilidades contra seres completamente diferentes y comparar su fuerza.
Si algo de lo que he dicho ha captado tu atención y creado más preguntas que antes, no dudare en darte las respuestas, personalmente.
Debido al calibre de los participantes, el torneo no se llevara a cabo en un lugar que conozcas. He tomado las medidas necesarias para ello y por lo mismo el acceso es limitado.
Te pido de manera explícita, que medites tu respuesta con cuidado. Este torneo no puede ser tomado a la ligera.
Para acceder, toma el sello de cera, rómpelo y la puerta se abrirá ante ti. Sin más, me despido.
Atentamente.
Master Hand"
Louis resopló con burla, golpeó con dos dedos la carta, captando la atención del joven. –¡Una broma! ¡Cómo te dije!-.
Dijo y se levantó, dejando al boxeador, aún ensimismado en lo que había leído. Louis se giró y llamó a Mac, sacándolo de sus pensamientos, el chico no tenía tiempo para dejarse llevar con esas bromas sin sentido. Mac asintió y dejó la carta a un lado, tomó sus guantes y caminó hasta alcanzar a su entrenador. La carta quedo en el banco, junto al sello de cera.
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Abrió con extremo cuidado la puerta, se asomó primero para asegurarse que no hubiera nadie; aunque era obvio, eran las tres de la mañana. Una vez estuvo seguro, tomó sus mochilas e ingresó al gimnasio. Una vez dentro, dejó su equipaje en el suelo con cuidado y del bolsillo de su sudadera sacó el sello de cera. Se mordió el labio inferior.
Las luces del gimnasio se encendieron, asustando a Mac, quien dio un ligero saltó y observó a todos lados, buscando al intruso que antes no había visto. Una voz conocida lo llamó desde el segundo piso del gimnasio, levantó el rostro y vio a Louis, recargado en el barandal, observándolo; con esa mirada que da un padre a su hijo que acaba de hacer algo mal.
Mac suspiró derrotado y se retiró la capucha de su sudadera, Louis bajó y se acercó hasta quedar frente a frente. El entrenador se cruzó de brazos, imponente, y examinó al chico; mochilas reventar de ropa, la manera de escabullirse de Mac, que el chico cargara sus guantes en su hombro derecho y ese condenado sello de cera. El hombre mayor lanzó un suspiro largo y pesado. Mac no sabía bien que significaba ese suspiro.
-Mac, ¿en verdad te crees todo eso?-. Preguntó, sin ver al chico realmente.
-Bueno… probar no cuesta nada-. Respondió y Louis volvió a suspirar.
-Bien-. Accedió el mayor, aún con los brazos cruzados, caminó hasta ponerse juntó al chico y levantó los hombros. –Anda, hazlo-.
Aún con todo y el mal genio de Louis, Mac volvió la vista al sello, se mordió el labio inferior con inseguridad. Rompió con rapidez el sello y como si quemara, lo arrojó lejos. Al caer, los restos se rompieron aún más. Louis estaba listo para regañar a Mac de tomarse en serio esas tonterías cuando un extraño, y bastante terrorífico circulo de colores neón apareció frente a ellos. Ni a la defensiva se pusieron cuando una silueta salió del extraño portal.
-Es bueno saber que has aceptado-. Dijo una guapa mujer que salió del portal. –Soy la princesa Zelda, y te guiare-.
Ambos hombres se quedaron anonadados, y por la cabeza de ambos solo pasó una sola pregunta; "¿Cómo?"
Descubrí que no hay mucha información de Mac DD:
