Prometí que iba a continuar con esta historia y lo hare, a los que me han dejado review un enorme abrazo, y por ustedes sigo esta historia, espero que este capítulo les agrade. Gracias, por todo. Y perdón por el retraso.
Hetalia no me pertenece
Advertencia: Mi fallo de escribir romance…están más que advertido…ya que al español no ser mi idioma…como que no me sale bien la traducción, así que perdonen esa parte mía.
Tanto que desee que no estuvieras…y ahora cariño yo voy por ti...
Le hizo caso al canadiense y ahora el estaba sentado cenando junto a él. Tenía que admitir que estaba cansado por todos los libros que había leído durante el día pero, sabía que no podía detenerse porque por cada hora que pasaba Alfred estaba en peligro. Aunque también sabía que debía descansar porque como dijo Matthew así no iba ayudar a nadie.
Se sentía algo raro, ya que Matthew se ofreció a preparar la comida y servirla, lo cual él no se opuso. El canadiense estaba más amable con el que nunca, aunque él no recuerda bien si en algún tiempo Matthew fue así con el ya que lo ignoraba o simplemente no sabía que estaba ahí presente.
—Matthew… ¿Crees que Alfred este bien? — pregunto sin levantar su vista porque sabía que desde que salió de la habitación el canadiense no le había despegado los ojos de encima. Eso era otra cosa más que lo tenía pensativo, tener esos ojos violetas posados en el todo el tiempo. Arthur se preguntaba si era porque estaba preocupado por Alfred o era por él, no podía sacarse ese pensamiento de la cabeza.
—Ummm conoces a Alfred…estará bien— contesto tímidamente, sin levantar el tono de voz, Arthur no pudo evitar que sus mejillas se sonrojaran, simplemente esa voz era tan dulce y difícil de ignorar. No era para nada parecida a la de Alfred, la cual es desesperada y algo incomoda, no para nada era así.
Arthur levanto su mirada para chocar con la de Matthew como lo había previsto anteriormente pero, el joven canadiense la bajo y empezó a hablar en voz más baja de lo normal, palabras que para el oído de el británico eran imposibles de escuchar.
— ¿Dijiste algo Matthew? — Arthur pregunto algo tímido, algo que no es común en su personalidad. No sabía porque estaba actuando algo nervioso frente al canadiense si durante toda su vida lo ha tenido cerca de él. ¿Por qué ahora es diferente? ¿Por qué ahora se siente…atraído a él? Sí, eso era, no lo podía negar. Matthew tiene una cara angelical y una mirada inocente que aunque es la misma cara de Alfred es demasiado diferente. Quizás seria porque Alfred siempre opacaba la presencia de Matthew sin importar cuánto luchara el joven canadiense para darse a relucir. Sí, eso era, Arthur esta más que seguro.
— ¿Yo? N-no n-nada— Más que ligero el canadiense se levanto de la silla al ver que el británico se le acercaba. Arthur sonrió ante esta reacción. Matthew estaba nervioso al igual que él —Y-yo re-recojo l-los platos Arthur—
Y eso hizo, Matthew con la paciencia que lo identifica comenzó a limpiar la mesa, Arthur no podía quitarle la vista de encima. Ahora era él en vez de Matthew. Todo lo hacía con pura delicadeza y sin quitar o añadir detalles. Cuanto quisiera que Alfred hubiera sido así, tan calmado y pasivo, responsable y…adictivo. Cuanto hubiera deseado que el estadounidense fuera tranquilo, callado, tímido…
— ¿Ar-Arthur? — El británico se sobresalto al escuchar la voz pasiva de Matthew pero, ni en un instante despego su mirada del. El canadiense lo veía con una cara de confusión, no lo juzga, Arthur sabe que él se perdió dentro de sus pensamientos. — ¿Ar-Arthur…por-porque m-me miras a-así? —
— ¿Cómo Matthew? — dijo Arthur sonriendo mientras se acercaba mas a Matthew, el cual se alejaba nerviosamente. Ambos siguieron su marcha, Arthur acercándose y Matthew alejándose. Pero, en la posición que tenía Arthur sabia que el canadiense se iba a quedar sin espacio para seguir huyendo. Y eso mismo fue lo que sucedió, Matthew quedo pillado entre la pared y el británico.
— ¿Ar-Arthur? — Matthew dejo salir un pequeño chillido cuando el británico le agarro ambos brazos y los apretó suavemente. Matthew fijo su mirada en la cara de Arthur, un toque de alegría brillo en los ojos esmeraldas de el británico, algo a que el canadiense no podía despegar la mirada. Y antes de que Matthew pudiera decir algo, Arthur lo beso. Al principio Matthew se encontró con los ojos bien abiertos, sorprendido y forcejeando pero, al pasar lo segundos, lentamente se rindió al beso. Un beso que desde hace tiempo lo estaba esperando y nunca encontró la manera de decírselo. Y Matthew sabia porque, Alfred estaba ahí presente, opacando cada intento que él hacía para al menos acercarse aunque fuera solo un poco. Lentamente, aun inseguro de sí mismo, Matthew enrollo sus brazos al cuello del británico al mismo tiempo que sintió unas manos apretar su cintura.
—Mejor había venido en otro momento, da— más rápido que ligero Arthur soltó a Matthew y se volteo a ver a Rusia sonriendo mientras Matthew sentía que su cara iba a estallar de lo roja que estaba. Era un momento que deseaba ser invisible, irónico que le quedo ya que son muchas las veces que desea que noten su presencia.
— ¿Qu-que carajo haces aquí Rusia? — Arthur dijo, su cara igual a la del canadiense.
—Mmmm… ¿Sabes donde esta comrade América? Lo he buscado pero, nada— dijo el ruso, la misma sonrisa marcada en sus labios. Arthur aclaro la garganta y se volteo a mirar a Matthew, el otro solo dijo 'si' con su cabeza. El británico miro a los ojos violetas de Iván, su sonrisa ahora había cambiado a una cara de confusión. Arthur solo se preguntaba si era una buena decisión decírselo o inventar excusas. — ¿Está todo bien, da? —
Arthur volvió a aclarar la garganta y tomo una a dos bocanadas de aire, su cara volviendo a la normalidad, para luego mirar fijamente al ruso frente a él. —Alfred…Alfred esta…en un mundo paralelo…por un hechizo que hice…—
— ¿Qué? — arqueo la ceja el ruso, haciendo lo posible por entender lo que acababa de decir el británico. — ¿Y cuando volverá? —
—…no se…quizás nunca…— murmuro el británico, su voz casi quebrantada. Matthew no pudo evitar voltear su cabeza a un lado cuando el alto ruso lo miro, posiblemente buscando alguna señal de que fuera una broma o algo parecido pero, el frio silencio era evidente que no era un juego sino la verdad. —Pero, estoy haciendo lo posible—
— ¿Nunca? — Ambos, tanto Arthur como Matthew juraron por lo más sagrado que la temperatura de la cocina bajo drásticamente porque empezaron a temblar incontrolablemente, y eso que el canadiense esta mas que acostumbrado al frio.
—Pero, pero…no te preocupes…y-yo es-estoy haciendo l-lo posible por tr-traerlo— tartamudeo el británico a ver la cara que tenía el ruso. Era evidente que estaba algo disgustado por escuchar la noticia. Para Arthur era claro de que esa iba a ser la reacción de Iván al escuchar la noticia. Alfred es como la razón de existir de Iván por decirlo así. Ambos tenían una competencia evidente, en todo ámbito, y uno de ellos faltar es como si el balance del mundo se quebrara, la balanza a favor del ruso.
—Pero, no es suficiente, por decirlo así, da— musito el ruso haciendo que el británico sobresaltara de la silla y callera al lado del canadiense, el cual ya tenía una mano en la cerradura de la puerta, por seguridad. —necesito verlo ahora… ¿Me entiendes, da? —
—L-lo en-entiendo muy bien Iván pero, l-la u-única forma de que lo veas es si t-te envió jun-junto a él— Al parecer un milagro ocurrió porque el ruso sonrió para luego aplaudir. Arthur no entendió nada pero, mejor así que tenerlo respirando bajo el cuello, preguntándote y haciéndolo sentir más culpable aun.
—Pues, quiero ir donde está el, da— Arthur suspiro rendido, no quería decirle a Iván que no era un maldito juego que era verdad, por no hacer que él se molestara ahora que esta calmado pero, tampoco quería arriesgar perder otra nación por sus errores.
—I-Iván n-no s-sé si s-sea un…
—No me importa, quiero verlo ahora— ordeno el ruso, sus manos apretando el tubo de metal que hasta ahora se dieron cuenta que tenia. Arthur miro a Matthew y el canadiense regreso la misma mirada de preocupación. No había más opción, era enviar al ruso o morir tratando de ayudarlo.
—E-está bien Iván, tú ganas. Vamos arriba— suspiro el británico dándose por vencido finalmente. Matthew decidió quedarse abajo, no quería ver lo que hizo que su hermano despareciera. Arthur solo le sonrió y subió las escaleras junto al ruso.
Ya adentro de la habitación, Iván se encontró en el medio de un circulo mirando curiosamente a su alrededor, no era la primera vez que había estado ahí desde el incidente de la silla, pero, eso es otra cosa aparte. El británico se puso al frente del ruso, abriendo el libro en el mismo hechizo que utilizo antes.
— ¿Iván, estas seguro? — pregunto por última vez el británico, Iván dejo rápidamente de ojear la habitación para fijar sus ojos amatistas al los ojos verdes del británico.
—Estoy seguro de mi decisión— dijo amablemente el ruso para luego sonreír. —Comrade Arthur, además si desaparezco al igual que Alfred…el mundo estará mejor, también estoy seguro de eso, da—
Después de un silencio, Arthur empezó a repetir las mismas palabras y en un abrir de ojos y destello de luz el ruso había desaparecido. Arthur solo espera que no sea otro error. El cruza los dedos para que no lo sea.
Lentamente abrió sus ojos azules a la poca luz que había. No podía moverse porque aun sentía que la energía de su cuerpo estaba drenada pero, poco a poco se sentó recostándose al espaldar de la pequeña cama. Miro a su alrededor, estaba en una habitación pequeña y parecía un edificio muy antiguo ya que la mayor parte de la pintura se había salido, viéndose los rastros de los ladrillos. También al parecer se veían agujeros de balas por todas partes hasta en el techo esto le trajo la agria verdad que leyó en el periódico.
— ¿Estas despierto? Toma, bebe algo. Te ayudara a recuperar las fuerzas— Alfred agarro el vaso plástico sin mirar y comenzó a tomar. No había tomado nada desde que sus pies cayeron en ese lugar y se sentía tan bien volver a saborear algo después de su pesadilla. Juzgando por el sabor, olor y la temperatura del contenido dedujo que era café. —Perdón, pero, es lo único que puedo ofrecerte por ahora—
— ¿Qué pasa? — Fue lo único que salió de la boca del americano. Tenía tantas preguntas que esa fue la única sencilla que encontró para ese momento. No miro ni por segundo a la persona que estaba al lado, no era porque no le importaba su presencia, solo era que se sentía tan derrotado y sin fuerzas para seguir. Si, el es los Estados Unidos de América, el nunca se rinde pese a la adversidad pero, ahora se sentía nada más que Alfred F. Jones…su identidad humana, y hasta peor que esa identidad.
—Alfred…todos te dan por muerto…pero, aquí estas…y vivo. ¿Cómo lo hiciste?— Alfred sintió un toque de felicidad a cada palabra que escuchaba salir del joven que simplemente no encontraba la manera de decirle o quizás explicarle lo que él siente. — ¿Alfred que pasa? —
—…no sé quién eres…no sé donde estoy…ni siquiera sé si este es mi mundo. No entiendo nada— en eso Alfred volteo su mirada al sentir que el joven se levanto, se quito el casco negro que tenia puesto. Unos cabellos rubios se dieron a relucir junto a unos ojos violetas llenos de esperanza. Alfred no pudo evitar sonreír y sentirse asombrado al mismo tiempo. — ¿Me podrías decir que paso Tino? —
— ¿Sabes de los misiles que tenia Cuba? — Alfred solo movió su cabeza en un 'si' firme, como olvidar la crisis de los misiles. Si no hubiera sido por esa llamada, el mundo no estuviera existiendo ahora mismo. Hay veces que olvida lo dichoso que es de seguir viviendo. —Era todo parte de un plan más grande—
— ¿Qué? — Alfred sintió atragantarse con la bebida al escuchar esas palabras. No entendía nada, el estaba más que seguro que Cuba recibió esa llamada y fue el fin de la Guerra Fría. Fin a la paranoia del mundo entero. Todavía recuerda que cada vez que salía afuera siempre miraba al cielo azul sin importar donde estuviera.
—…después que Cuba recibió la llamada y la guerra estaba a punto de acabar…un misil salió de la nada y… ¡Nadie sabía, te lo juro! Inclusive Iván estaba sorprendido…hubieras visto su cara...— Alfred cerró los ojos, una lagrima humedeciendo su mejilla para luego morir en sus labios. ¿Cómo que Iván estaba sorprendido? Él era el primero que lo quería ver muerto en ese momento. Y le dolía porque en secreto, y estaba en total negación, sentía algo por él.
— ¿Mis ciudadanos? — pregunto, su voz salió algo áspera mientras el joven, ahora identificado como Tino se sentó al final de la cama.
—Los sobrevivientes y los que no fueron perjudicados por las bombas huyeron a Canadá, donde se unieron al ejército canadiense para vengar tu muerte, al igual que otros huyeron a México donde también se unieron al ejercito— respondió el joven finlandés. Alfred solo se puso ambas manos en la cara, todo parecía tan irreal, no entendía nada. Estaba más que seguro que esto no era su mundo, no, el había ganado esa maldita guerra, según él, y se había llevado más o menos con Iván después de eso pero, todo era tan falso.
—Dime que esto es una maldita broma…o que es un sueño… — repetía el americano una y otra vez sin parar, estaba en total negación. —No, Tino, yo no soy de aquí, yo no recibí ninguna bomba, yo gane la Guerra Fría…yo la gane. La Unión Soviética se desbarato, ahora es solo Iván y nada mas—
— ¿Qué? ¿Iván…solamente…y los demás?— Tino se sobresalto al escuchar todo eso, era tanta información que la dejo de procesar desde el momento que Alfred dijo que no era de aquí.
—Obtuvieron su independencia…todos dejaron esa era fría atrás…dejaron a Iván solo…arrepentido— murmuro el americano fijándose en la cara de confusión del finlandés, el cual ahora estaba contando los detalles con sus dedos, por supuesto, encontrándose ante la duda de creer o no pero, de algo estaba seguro y era que ese Alfred no era de este mundo.
Bueno, espero que les haya gustado este capítulo. Perdonen el fallo en el romance entre UK x Can...
Hasta el próximo
Review
