Actualización!

Siento haber tardado, pero deben admitir que fue más rápida que la anterior X3

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Con dificultad se apegaron a las sombras que cada vez parecían ser más escasas y huidizas. Sin embargo, se esforzaron al máximo para llevar su habilidad ninja al límite, ninguno se atrevería a realizar algo que comprometiera el pequeño brillo de esperanza que habían encontrado.

Pronto, llegaron a su objetivo, cada uno repartiéndose en un punto específico en caso de lucha, o evitar el escape de una potencial fuente de información, siendo Splinter el que se arriesgo a aproximarse a la escena que se desarrollaba delante de ellos.

Sus ojos, se posaron en un grupo de personas, que parecían estar atacando a otros dos hombres, no muy lejos de ellos, se encontraba el cuerpo de otro hombre, rodeado de un charco de sangre, sin dar alguna señal de vida. Por la mirada de temor y desesperación que mostraban los dos sujetos restantes, era obvio que, el difunto había formado parte de su grupo, siendo tomado como ejemplo por los otros, para intimidar a los que quedaban.

Sin embargo, no fue aquella sangrienta escena lo que robo el aliento al maestro ninja, sino, el apreciar la ropa del mayor grupo de personas. Todos cubiertos con ropajes negros, ocultando su identidad al resto del mundo, pensando como un solo miembro, representado en el símbolo que portaban con orgullo en su vestimenta. Foot Clan.

De manera distante, podía escuchar como los sujetos lanzaban amenazas a las pobres almas que habían caído presas de su trampa, acompañado de golpes, ya fuera con mano o arma, para dejar bien impreso el mensaje, pero nada de eso era relevante para el viejo ninja, quien de inmediato, busco localizar a sus hijos.

Era obvio por sus miradas, que las jóvenes tortugas sabían la identidad de los atacantes, y podía sentir en sus auras, el deseo de lanzarse al ataque, de exigir saber el paradero del miembro de su familia que faltaba, siendo el mismo deseo que invadía todo el ser de Hamato Yoshi, por lo que, tuvo que conjurar toda su voluntad, para detener a sus hijos en un posible ataque. Tenían un plan, un plan que habían discutido desde hacia semanas. Un plan que había esperado ansioso poder salir a la luz. Y en aquel momento, debían apegarse al plan como nunca antes lo habían hecho.

Fue difícil, sobre todo para Raphael, quien veía en aquel momento, la oportunidad perfecta para encontrar su hermano, por lo que, tuvo que tragar su orgullo e ira, y permitir a Donatello una mayor vista hacia todos los que se encontraban allí.

Donatello, con su experiencia y habilidad analítica, pudo identificar al líder del grupo, mientras Splinter, Raphael y Michelangelo, fungían como vigías, para detectar cualquier amenaza a su operación. Confiando en la habilidad de su familia para cuidarlo, centro toda su atención en aquel sólo miembro del Foot Clan, ya que, gracias a la vestimenta, era fácil de perder de vista, por lo que, no podía arriesgarse a fallar. No debía.

Lentamente, saco de entre su cinturón una pequeña pistola, parte de su proyecto más importante hasta ahora, viéndola de reojo para descartar algún desperfecto. Trago un poco nervioso, sabiendo que su puntería no era la mejor, pero, a esas alturas, arriesgarse a buscar la ayuda de uno de sus hermanos sería más problemático, por lo que, dejando de lado sus emociones, se centro en su respiración, levantado su mano de manera firme y con confianza. Esperando.

El líder se encontraba rodeado de sus hombres, no era un buen momento. Un miembro se acerco para preguntar las siguientes indicaciones, otro informó de los avances de la misión. Continuo esperando.

El nerviosismo se encontraba carcomiendo a Michelangelo, por lo que, el esfuerzo que hacia por mantenerse callado y concentrado, era por demás, titánico. En cualquier otra situación hubiera hecho alarde. Hubiera molestado a Donatello, exigiéndole que jalará del gatillo de una vez. Hubiera hecho un sin numero de cosas, hasta ganar una reprimenda de Leonardo, recordándole por millonésima vez, que los ninjas eran callados, sigilosos.

Una lágrima amenazo por brotar de sus ojos, luchando valientemente contra ellas al recordar a su hermano, y al recordar por que estaban luchando ahora. No podía fallarle a su familia. No podía fallarle a su hermano.

Por su parte, Raphael quería gritar, quería golpear, sencillamente quería explotar, reclamarle a Donatello el porque se tomaba todo el tiempo del mundo, por qué Splinter no hacia algo, ¡por qué Michelangelo no actuaba como siempre, por qué Leonardo no estaba allí con ellos!

"Se irán, los perderemos!", aquel pensamiento no dejaba de rondar en su cabeza, sin embargo, no lo expresaría en voz alta. Se recordaba una y otra vez que debía tener autocontrol, que debía pensar con la mente fría, y no dejar que sus emociones lo cegarán.

Dios, si tan sólo Leonardo estuviera aquí. Estaría tan orgulloso.

Leonardo, la razón y motivo por el que, sus hermanos se encontraban luchando, no sólo contra sus enemigos, sino, contra ellos mismos. La razón por la que, no se permitirían ser débiles, y no mostrarían compasión alguna.

El líder quedo sólo.

Una fracción de segundos.

Donatello jalo el gatillo.

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"¡No! ¡Detente!", sus gritos resonaban en sus oídos, acompañados de otros sonidos; golpes, cadenas retumbando, el colchón cediendo ante los movimientos de quienes lo ocupaban, ropa siendo quitada con prisa, metal contra piel, gruñidos y jadeos, gemidos de placer, sollozos y quejidos adoloridos. Toda una sinfónica del terror que marcaría la vida de Leonardo hasta el día que muriera.

"¡Basta, por favor!"

El olor de Shredder sobre él, mezclado con el hierro de la sangre, su sangre, escurriendo de sus muñecas, laceradas por el metal, de las heridas abiertas por las afiladas garras de Oroku Saki, de sus muslos, que se esforzaban por proteger lo poco que quedaba de lo que ya se había perdido.

Y aun así, aquello no era lo peor. Lo peor siempre era para el final, lo peor estaba por ocurrir.

Shredder moviéndose dentro de él, plantando su semilla corrupta en lo más recóndito de su ser, arrancado y llevándose otra pieza de su alma, destruyendo su valor, acabando con todo a su paso.

Con dolor, un gemido de placer broto de sus labios, mancillados, golpeados, lastimados, no sólo por el líder del Foot Clan, sino por él mismo, en sus vanos intentos de detener aquellos sonidos blasfemos de brotar de sus labios, al alcanzar su pico máximo en aquella danza pagana. No se molesto en ocultar las lágrimas que escapaban de sus ojos, al reconocerse una vez más como causa pérdida, como una deshonra para su familia.

"No más"

Shredder continuo con su lenta tortura, permitiéndose tocar todo lo que había reclamado ya como suyo, posando sus crueles manos sobre el miembro de Leonardo, agobiándolo con dolor, y sólo permitiéndole una pizca de placer.

"Eres mío"

"¡No!", gritó Leonardo, abriendo sus ojos de golpe, jadeando agobiado, observando aterrado sus alrededores, sintiendo el frio calar a sus huesos. Lágrimas de impotencia comenzaron a marcar su rostro, mientras luchaba con desesperación contra las ataduras que lo mantenían limitado a la cama, mientras un nuevo grito de dolor emocional abandono sus labios.

Había despertado, pero en una muy cruel jugarreta de la vida, su realidad era peor que sus pesadillas.

Extrañaba tanto su hogar, sus hermanos, su padre. ¿Cómo podría verlos a los ojos de nuevo, sabiéndose el ser más bajo del planeta? ¿Lo aceptarían de nuevo en su hogar, ya no como líder (sería mucha presunción de su parte el creer que conservaría aquel titulo después de todo lo que había pasado), sino, aunque fuera como un vil refugiado?

Haría lo que fuera por ver la sonrisa de Michelangelo, escuchar sus locas, y en ocasiones, brillantes ideas; Donatello y sus mil y un proyector por hacer, las mejoras que debía realizar; Raphael, siempre cuestionándolo, siempre obligándolo a superarse a si mismo, a mejorar, quizás, no con mucho tacto, pero siempre estando allí para apoyarlo.

"Quiero ir a casa", susurro angustiado, permitiendo a su alma desahogarse a su antojo. Ya no había orgullo que mantener, todas las pretensiones habían caído ya. Shredder había visto tras la mascara del líder del clan Hamato, encontrando al joven lleno de dudas y temores, y explotando aquellos sentimientos, hasta borrar cualquier rastro de amor propio que sintiera la tortuga hacia si mismo alguna vez.

"Por favor"

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Shredder se encontraba en reunión, escuchando cada uno de los informes de los encargados de su grupo de inteligencia y espionaje, junto con sus comandantes. Informes acerca de las pandillas que tenían bajo su control, los mercados que ya habían logrado invadir, tales como drogas, venta de armas, asesinato, y los distritos que poco a poco caía bajo su poder.

El Foot Clan se encontraba invadiendo New York, tal como un cáncer, sin miras a poder ser detenido. Incluso la pequeña zona que se encontraba vigilada por las tortugas había comenzado a caer presa de su poder, gracias al poco interés que mostraban sus enemigos a luchar contra un grupo de pandilleros que se había infiltrado en la zona. La obvia falta de atención a estos asuntos que, antes eran un verdadero dolor de cabeza para el grupo de ninjas, era, gracias a la falta de su líder.

¿Quién diría que sólo necesitaba quitar a uno de ellos, para que el resto cayera, cual castillo de naipes?

Aun así, no podía decir que su sed de venganza estaba saciada. Sólo era una parte de lo que merecían por lo que le había sucedido a Karai.

Pero Oroku Saki era un excelente cazador, y como depredador acechando a su presa, se encontraba esperando el momento oportuno para acabar con el pequeño Clan, y destruir a Hamato Yoshi de una vez por todas.

Todo ello, sólo era un preámbulo. Y presentía que el fin se encontraba cada vez más cerca.

Motivo por el cual, sabía que debía tomar una decisión. Una que incluso, crearía polémica entre sus comandantes.

Se dio la orden, para que todos se retirarán, quedándose solos sus comandantes: Tiger Claw, Bradford y Xever.

"Tiger Claw, prepárate para regresar a Japón el día de mañana. Requiero que organices los ninjas estacionados en Tokyo, y estén preparados para recibir ordenes", la voz de Shredder retumbo por el lugar, no dando derecho a ninguna replica, a pesar de que el tigre se sentía indignado de ser mandado tan lejos de la verdadera acción.

"Te llevaras a la tortuga contigo", concluyo Shredder, después de un momento de silencio, al corroborar que no habría queja alguna de parte de su segundo al mando.

"Pero sensei-", "¿Qué, el niño tortuga?", "¿Maestro Shredder?", sin embargo, su segunda orden no fue tan bien recibida.

Era un movimiento arriesgado. A pesar de que, aun mantenían al chico bajo su poder, tenerlo lejos podría hacer creer a la familia que el muchacho simplemente ya estaba muerto, por lo que, no tendrían motivo para ceder ante alguna exigencia del Foot Clan. Era obvio que ninguno de sus comandantes estaba de acuerdo.

Pero él era Shredder.

"Espero que sepas darle la bienvenida que se merece…¿quedo claro?"

Y su voluntad era absoluta e incuestionable.

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Espero que a alguien le haya gustado! :3