Sinopsis: Una por cada historia que debe ser contada, en sus distintos puntos de vista. Larga vida a Digimon, y a sus Digi-Elegidos.
DISCLAIMER: Digimon y sus grandiosos personajes no me pertenecen. Nada me pertenece, todo los derechos son repartidos entre Akiyoshi Hongo, Toei Animation y Bandai. Yo sólo escribo por diversión y sin ánimo de lucro, aunque si pudiese cambiar lo último no estaría nada mal.
Este fic participa en el Reto/Actividad "Las dos caras de una moneda" del Foro Digimon, "Proyecto 1-8"
Moneda: Inocencia/Corrupción (propuesta de Genee).
Notas finales: Escribí este cap de principio a fin en modo comedia, así que ya se imaginarán :) No creo llegar a ofender a alguien con esto y si notan algún OoC fue porque la situación lo ameritaba. En fin, espero que les guste!
IV. Inocencia corrompida
Jamás se había dado cuenta en el transcurso de su infancia, pero a medida que pasaba el tiempo comenzó a guiarse más por su intuición y sus corazonadas. En más de una ocasión, le habían gritado que era una niña tonta, sentimentalista y hasta que pecaba de su ingenuidad; que si seguía así, cualquiera podía fácilmente aprovecharse de ella. Pero no fue luego de pocas experiencias que Mimi, calladamente, les daría la razón.
Hoy en día podía agradecer a sus padres por la sabia (pero precipitada) decisión de mudarse a los Estados Unidos, porque estando allá fue que comprendió finalmente todo lo que desde niña había visto y experimentado, poniendo sus conocimientos y su privilegiada intuición en práctica. Estando allá, fue que tuvo la oportunidad de cambiar radicalmente, ya que el cambio era una de las pocas cosas que los seres humanos podían evitar, a fin de cuentas era algo indispensable.
Sí, Mimi había sido muy inocente, en eso se había caracterizado. Pero decir que a sus dieciséis años aún conservaba su pureza de corazón… sería mentirse a sí misma.
Por lo que con una enigmática sonrisa, jugueteó con su bolígrafo rosa, con cuaderno en mano y vista al frente, dirigiéndose a su callada acompañante:
—Esta será la primera de muchas sesiones, sabes que no es necesario pagarme, tu amistad es uno de los muchos tesoros que tengo, ¿está bien? Si sientes que algo te incomoda, levanta la mano o dime la palabra de seguridad, como habíamos acordado. Esto será estimulante para ambas.
Observó como su compañera resoplaba. —Mimi, no hagas de esto una situación en la que cualquiera pensaría mal. —Pidió Miyako, con cierto tinte de rubor en sus mejillas. Portaba su uniforme de secundaria y su semblante lucía totalmente cansado.
Tachikawa no pudo evitar estallar en risas, —Lo siento, es que el guión era bueno como para dejarlo pasar. Ahora, ¿en qué íbamos? Oh, sí. Me sentaré en tu cama mientras que me cuentas tus inquietudes, prometo de corazón aportar sugerencias y ayudarte en lo que pueda.
Inoue parecía debatirse internamente, sus ojos fijos en los de ella. —¿Estás segura? Nunca he hecho esto con nadie.
La mayor le restó importancia con la mano. —Es lo más natural del mundo pedir ayuda cuando más la necesitas. Ahora, habla. —Pidió, ya con tinte de impaciencia. Miyako sólo pudo suspirar, con aire resignado.
—Es sobre Ken. Siempre se ha tratado sobre Ken. —Confesó en un tímido murmullo, cuando se trataba de él se convertía en un manojo poco profesional de nervios. Mimi enarcó sus finas cejas, instándole a continuar, —dos años han pasado desde que salvamos al Digi-Mundo y aunque sea difícil de creer, no hemos tenido mucho tiempo para los dos. Es más, creo que me evita.
Mimi anotó, o bien, fingió anotar en su libreta los aspectos más importantes de las inquietudes de Miyako. Pero realmente dibujaba el rostro su novio, con la característica melena de león que Taichi tenía. Sonrió para sí, esta noche saldrían nuevamente y ella escogería el lugar; parpadeó un par de veces, al intuir que Miyako quería que le dijera algo.
Empezó por lo principal. —Ohh. Y, ¿son novios?
La menor abrió la boca y luego, desanimada, la cerró. —No, aún no.
—¿Y entonces qué esperas para decírselo? —Le preguntó, como si fuera lo más natural del mundo, con un reproche en su mirada.
Su reacción la hizo tartamudear y exclamar: —¿¡E-estás locas?! ¡N-no puedo pedírselo! ¡Se supone que los chicos hacen eso, jamás pediría una cosa así!
—¡Y por eso es que la sociedad sigue como está! —Replicó, ya un poco malhumorada. —¿Qué no ves que si sigues así, cualquiera podría ganarte y robarte a Ken? —Hizo una pausa dramática, para que su amiga reflexionara.— En América aprendí muchas cosas y al mismo tiempo, Miya. Entre esas, no dejar que las normas y la sociedad te controlen del todo. Si supieras cuantas chicas atrevidas hoy en día tienen el valor de demostrar sin miedo sus sentimientos… y cuando hablo de atrevidas, me refiero en el buen sentido de la palabra, ¿eh? —Aclaró, al ver su cara de espanto.
La menor sopesaba sus palabras. —Nunca lo había visto así…
—Es que eres muy inocente, Miya. —Se mofó, de manera amable, recordándose fugazmente en su pre-adolescencia. —Puedo enseñarte y aconsejarte en todas las áreas posibles. He tenido a un profesor bastante experimentado… —Soltó una risa sardónica, mientras seguía sujetando su libreta. —Pero prosigue con tu historia, ¿intuyes que Ken te evita cuando está contigo, es eso?
—¿Intuición? —Repitió, algo incrédula.— ¡Pero si la intuición no tiene nada que ver!
—Oh, en eso te equivocas totalmente. —Enfatizó, no creyendo que Miyako fuera ingenua en ese aspecto también.— La intuición debe ser tu mejor amiga, tu compañera. Aprende a escucharla, no creerás lo sabio que resulta.
Inoue se preguntó fugazmente por qué no le pidió consejo a Sora, tal vez ella sería más racional en ese aspecto. Luego recordó que ella no ha tenido tanto éxito en las relaciones interpersonales como Mimi, y se le pasó. Mimi era hermosa y asombrosamente, muy lista cuando quería. Que no lo demostrara todo el tiempo parecía ser otro asunto aparte; por lo que optó en prestarle atención.
—Bueno, tal vez intuya que es Ken el que me evita, cuando soy yo la que no le ha hecho nada, así que no habría razón en que me evite.
¨Uh-uhh…¨ —Respondió Mimi, con la vista al techo.— Eso dicen todas. Algo tuviste que hacerle al pobre chico, Miya. Los hombres no son tan locos. Dime, ¿lo has visto hablando con muchas chicas?
—No. —Respondió de inmediato.
—¿Te has asegurado personalmente de eso?
—Sí.
—¿Le has dicho a su club de fans que tú eres la novia?
Miyako dudó, —¿Tengo que responder?
La sonrisa insistente de Mimi le contestaba su innecesaria pregunta. Ella suspiró, rascándose ligeramente la cabeza: —S-sí.
—¿Por qué? —Inquirió. Al ver que su amiga se debatía, se impacientó: —A este ritmo no llegaremos a ningún lado, Miya-chan, tienes que dejar la timidez a un lado para ciertas ocasiones. Quiero ayudarte, así que ayúdame a mí y responde rápido, sin vacilar.
Y esas fueron las palabras para que ella se terminara de desahogar: —Lo hice porque no quiero ver a nadie más coqueteándole a Ken. Ken es mío, aunque no lo sepa.
Mimi asintió, un poco conforme a su respuesta. —Bien. Siguiente pregunta: ¿Tienes a Ken agregado en WhatsApp, Facebook, Twitter, Skype y todas las redes sociales habidas y por haber?
Inoue levantó la barbilla, desafiante. —Por supuesto.
—¿Te sigue en Twitter?
—Al principio le tomó mucho tiempo, pero sí.
—¿Chatean a menudo en Facebook y WhatsApp? ¿Quién escribe a quién primero?
—Sí. Normalmente, soy yo la que siempre le escribe de primero. Una vez inició la conversación, en mi cumpleaños.
—Oh. ¿Y qué, exactamente, te escribió?
—´Feliz cumpleaños.´
Mimi asintió, anotando en su libreta. —¿Tardaste en responderle su mensaje?
—Al principio me hice la dura. Pero no pasaron cinco minutos y ya le estaba respondiendo. —Confesó, algo apenada.
—Oh, muy fácil, —murmuró para sí—, ¿consideras tú, que ustedes dos son los mejores amigos del universo?
—¡Hey! —Protestó, sintiéndose de alguna manera, humillada por su interrogatorio.
—Sólo intento ayudar. —Aclaró, nuevamente.
—Pero eso último lo dijiste con mucho sarcasmo. —Señaló.
Mimi se encogió de hombros. —Es que paso mucho tiempo con Tai, algo se me debe de pegar. —Sacudió su cabeza.— En fin, ¿lo son?
—No.
—Interesante. Entonces, ¿has querido acercarte, compartir más con él y te evita?
—Exactamente. —Asintió enérgica.
Mimi se levantó. —Entonces, amiga mía, estás peleando por una causa perdida.
—¡¿Eh?!
—Sí. Mi análisis no falla, al menos no en cuanto al amor se refiere. Mi consejo es que trates de volver a acercártele, sin presionarlo, ese punto es muy importante. No son nada y Ken me recuerda un poco a Yama, en cuanto al espacio personal y todo eso. Así que evita atosigarlo.
Miyako asintió, deseando en silencio que por esa parte Ken no perdiera el interés en ella.
—Volveremos a tener otra sesión la próxima semana. Si me cuentas que luego de eso, no has tenido ningún progreso con Ken, entonces… —Se calló abruptamente, dudosa de continuar.
—¿¡Entonces?!—Presionó Inoue, odiaba que le dejaran en ascuas.
Había cierta diversión reprimida en los ojos de su mentora. —Hay dos razones: o no le interesas en lo más mínimo al chico, o, en definitiva, él es gay.
