Sentaos todos, que la obra va a empezar! Bueno, acá les traigo el capítulo cuatro. Gracias a los que me dejaron reviews, y ya sé que todos se preguntan si Goku sabe algo, y no se los voy a decir. Tendrán que leer.

Seguro que hoy no podrán dormir tranquilos en la noche, sintiendo que Chi Chi está cerca... y tal vez no vuelvan a comer pensando de la misma forma que lo hacían.

BUENO, ES UN POCO EXAGERADO, pero hay que decirlo. Advertencia: no me hago cargo de traumas mentales y/o físicos que se puedan producir por saber lo que Chi Chi le hace a cada mujer que Piensa en Goku, así que chicas, cuidado... Nahhh, es joda.

Disclaimer: DBZ no me pertenece, y los hechos no son reales, es todo ficción y cualquier semejanza con la realidad es horrible y horrorosa coincidencia.

Ahora sí, disfruten. Queonda.


Una pequeña risa surgió del mismo aire. Pequeña y silenciosa, alegre y aguda. Era una risa corta y parecía cortarse para tomar aire y seguir riendo. Era tímida y suave, lisa. Chi Chi giró en su cama hacia la derecha, abrazando a Goku y sintiendo cómo él se aferraba a la cintura de ella. Entonces, la risa aumentó. Era más fuerte y se tornaba jovial.

Una segunda risa, de un tono un poco más grave, comenzó a resonar. Comenzó siendo igual de baja que la otra, pero a medida que pasaban los minutos, aumentaba más y más. Chi Chi comenzó a removerse en la cama, apretando sus ojos para no abrirlos. Le parecía oír risas, y no quería abrir los ojos por el temor que sentía.

Una tercera risa, sumamente aguda, comenzó a provocar eco en el cuarto. En conjunto con unos pasos arrastrados, se escuchaba una cadena ser llevada por los suelos, sin prisa. A la vez, un goteo continuo perturbaba el sueño de la mujer. Agarró la ropa de Goku y la presionó fuertemente, escondiendo su cara en el pecho del hombre.

Una cuarta risa resonó como si fuese un tambor cerca del oído de Chi Chi. Cada sonido era diferente, iba a distinto ritmo, y tenía distinta profundidad. Pero todas escondían el mismo sentimiento, uno que sólo ella conocía y entendía. Mientras cada voz iba a su ritmo, otras dos voces surgieron del vacío y comenzaron a emitir un sonido que podría describirse como risa. Iban al mismo tiempo, con la misma entonación y ritmo cortado.

El sonido de cadenas siendo arrastrados se encontraba en el pasillo. Luego se escuchó la puerta abrirse. Un paso a la vez, las cadenas se acercaban al lecho matrimonial con precisión. Las risas comenzaron a decir palabras al mismo tiempo, y no se entendía lo que decían. Chi Chi sacudía su cabeza, intentando borrar esas voces de su cabeza. Pero, mientras más lo intentaba, más fuertes eran esas voces que parecían ser femeninas.

Las cadenas dejaron de hacer ruido. Se había detenido justo frente del pie de la cama. Entonces, los ojos de Chi Chi se abrieron perturbadoramente. Sus ojos azabaches brillaban en la semi oscuridad del cuarto, y una sonrisa apareció en sus labios, mostrando los dientes blancos y aterradores. Se sentó en la cama automáticamente, mirando hacia el vacío.

Las risas cesaron, aunque una aún sonaba silenciosamente, y parecía que no iba a detenerse. Un aplauso sonó en los tímpanos de la morena, y las cadenas se sacudieron con ese aplauso. La sonrisa de Chi Chi aumentaba poco a poco, mientras observaba sin mirar cómo los suelos comenzaban a colmarse de sangre y las paredes comenzaron a liberar líquidos rojizos. Una risita rápida se dejó escuchar desde la garganta de la morena.

Sin mirar hacia su izquierda, pudo saber que en el suelo había una joven de cabellos marrones acostada, y que a la derecha de Goku estaban paradas dos mujeres rubias, una sosteniendo un arma. Una de cabellos violetas estaba apoyada contra la pared, y se dejaba cubrir por la sangre que caía y la cubría por completo.

—Tanto tiempo— dijo una mujer alta, de cabellos negros y con cadenas en sus muñecas y tobillos, parada en frente de la cama.

—... Hola— le respondió Chi Chi, sin dejar de mirar un punto perdido en el aire.

—Sabes que falta algo, ¿cierto?

El ama de casa, sin cambiar su semblante, le demostró confusión. Entonces, se acordó. Una sonrisa mayor cubría su cara completamente, y sus dientes se mostraban filosos y brillantes. La mano de la mujer que estaba en el suelo comenzó a acercarse al cuerpo de Chi Chi lentamente.

—Falta ella— le dijo la señora para frente a ella

—Cállate, idiota. No lo recuerdes. No me interesa.

—Sé que en el fondo sí. Si no, no hubieses respondido al llamado que acabo de hacerte. Por algo estoy hablando contigo. Mátala.

Chi Chi presionó sus dientes.— Hago lo que quiero. Aunque... Lo pensaré.

La mano se acercaba cada vez más. Las risas comenzaron a sonar en toda la casa, sacándole desde su interior una risa malévola y terrorífica a Chi Chi. Abría su boca y dejaba escuchar su voz por toda la habitación sin problema, hasta disfrutándolo. Entonces, una mujer comenzó a visualizarse en un rincón. Parecía tratar de ocultarse, y su imagen no se lograba distinguir correctamente, era borrosa y difuminada. Comenzaron a distinguirse unas manos, llenas de una sustancia roja, pegadas a las paredes y tratando de escapar. Unas piernas temblorosas se dibujaron con su torso, siguiendo con la cabeza y unos cabellos... ¿Azules? Esa persona volteó, dirigiendo sus ojos azul mar hacia los negros y asesinos de Chi Chi.

La mano que subía rozó su pierna, y un grito desgarrador fue lanzado desde los labios de la persona de los cabellos azules.

Entonces, Chi Chi abrió los ojos. Sacó desde su interior un grito de temor, sentándose en su cama. Miró hacia todos lados, buscando a alguien. La habitación estaba vacía, los suelos y paredes, sin sangre y, sobre todo, no había ninguna mujer en todo el lugar. Chi Chi dejó escapar un suspiro de tranquilidad relajando su espalda y cuello.

Goku comenzó a buscar con su mano en la cama el cuerpo de su mujer. Tanteaba con los ojos cerrados y quejándose al no sentir a su esposa cerca de él. Chi Chi se acostó y dejó que su marido la estrechase entre sus brazos. Sin recuperarse del susto, Chi Chi comenzó a cerrar los ojos contra su voluntad. Sentía como si una voz la llamara, y le indicara hacer algo que no debía hacer. Su interior gritaba que lo hiciera, y sus sentimientos no le negarían que realmente quería hacerlo. Pero no debía, y con eso intentaba mantenerse enfocada.

Las voces no dejaban de susurrarle, y su corazón no dejaba de gritarle que matara. Pero ella negaba con la cabeza, no lo volvería a hacer nunca, si bien ya lo había hecho, las cosas habían cambiado. Sin embargo, los gritos decían una sola palabra, y le inquirían a cumplir con lo que su corazón le decía. Las voces decían "Bulma".


La mañana resplandecía en el monte Paoz, y a penas los rayos del sol rozaron los párpados de Gohan, sus ojos se abrieron, listos para empezar el día.

Había pasado la noche completa rompiendo su mente para poder saber lo que se le estaba escapando. Intentó unir cabos, buscar un patrón en las formas de asesinato, encontrar alguna palabra que se estuviese repitiendo en cada uno de los testimonios. Claro, la única palabra que se repetía en su mente era "imposible". Todo parecía no tener sentido, y ser un caso imposible de resolver. Pero Gohan bien sabía que nada era imposible, eso era lo que lo mantenía con la cabeza en alto y sus sentidos agudos.

Tenía todo preparado para iniciar un plan. Había algo que pudo rescatar de todos los hechos, y eso era lo que le hacía pensar en la imposibilidad de las cosas. Todo camino parecía llevar a casi una sola persona, y eso era lo imposible del asunto. Esa persona era su padre, Goku. Todo lo relacionaba directamente a él, desde los sucesos en Kame House, hasta el hecho de que un esqueleto —que Gohan había comprobado le pertenecía a una mujer— tenía las marcas de la bañera de SU padre. Todo parecía armarse, pero a la vez piezas faltaban, y no le permitían armar ese rompecabezas tan complicado de terminar.

Y claro, si uno tiene varios rompecabezas, las piezas pueden mezclarse, y uno termina armando algo sin sentido y con piezas separadas y que no tienen unión. Pero, Gohan se había prometido unir cada pieza hasta lograr tener la imagen principal del rompecabezas, y así poder desatar todas las dudas que su mente retenía.

Y para eso era el plan, para obtener más información. Éste constaba de tres fases y un plan B, el cual el joven consideraba que no podía faltar, por si algo salía mal. Cada fase tenía que ver con la anterior, y para cada una de ellas se necesitaba de sumo coraje. El plan B era por si algo no salía como estaba previsto y debía utilizar algún recurso urgentemente. Hasta había hecho un gráfico de su casa en forma de croquis, mostrando el camino que debería seguir por cada fase cumplida. Y todas incluían a Goku. Él era el centro del plan, y así se llamaba. "Plan Goku para saber todo", ese era el título que le había colocado a su estrategia. Todo estaba incluido en su libreta especial para anotar cosas.

Esto comenzaba a las diez de la mañana, no antes ni después. Aunque sólo faltaban cinco minutos, Gohan sólo rogaba que nada en la rutina de su padre cambiase, sino su plan se vería totalmente arruinado. Aunque intentaba no pensar en negativo, para que las malas energías no arruinaran lo que tenía planeado hacer. Todo estaba perfectamente cronometrado junto a la rutina de su padre, que consistía en ir a entrenar, volver para comer, regresar al entrenamiento, y luego llegar a casa para la cena. Por supuesto, existía el temido "margen de error", ya que nada es perfecto y él no controlaba el destino de las actividades de su padre. Pero tenía una mediana certeza de que todo saldría como realmente quería.

Entonces, su reloj marcó las diez con un pitido repetido y agudo. Gohan se levantó de su cama y salió corriendo, diciéndose para sí mismo: —Que empiece el juego.

**FASE UNO DEL PLAN "GOKU PARA SABER TODO". Primero: "casualidad" de temas de charla.

Gohan llegó a la puerta de entrada justo cuando su padre se despedía de la familia. Salió junto a él, mientras pensaba cómo comenzar todo. Entonces, su mente se iluminó.

Interceptó a Goku justo antes de que tomara vuelo, y sugirió seguirle sólo por un momento. No era justamente el que necesitaba, además estaba amarrado a los horarios que su madre le había impuesto, pero haría lo que podía, como los investigadores reales.

Mientras volaban, extrañamente en profundo silencio, Gohan no dejaba de analizar a su padre. Entonces, como si nada hubiese pasado, comenzó a charlar con él.

—Papá, ¿qué desayunaste?

—Deliciosa comida.— Gohan no sabía si eso era una broma pesada, pero parecía estar diciéndolo muy en serio. De todas formas, él debía estar o por lo menos parecer decidido a charlar, así su padre por lo menos le llevaría el hilo al tema.

—Y..., ¿qué opinas de las... donas con relleno de jalea de fresa?

— Son deliciosas— Goku comenzó a babear — y sobre todo cuando tienen chispas, o chocolates, o cuando son varias a la vez...mmm...

"genial, ya se perdió en el planeta de la comida" pensaba resignado Gohan —... papá— le tronó los dedos frente a su cara para que reaccionase— ¿sabes a qué se parece esa jalea? Porque sabes, es media rojiza. Se parece a la sangre, y cuando la muerdes, es como si fuera una herida. ¿Lo habías notado?

Ahora planeaba hacerle entender algo casi subliminalmente. Había leído en un libro que las indirectas suelen servir para recordarle cosas a la gente olvidadiza, y eso estaba seguro que podría revelarle a su padre algunas imágenes del pasado que parecía que todos intentaban ocultar.

Goku puso cara de confundido, y hasta en un momento a Gohan le pareció ver como su sí padre sacudiera rápidamente la cabeza de un lado a otro, como si tratara de olvidar algo. Su semblante pareció al principio algo enojado y hasta furioso, pero luego una sonrisa adornó su rostro iluminado por el sol.

—No lo había notado.

—Bueno, es que así se ve, ¿no lo sabías? Cuando la muerdes, se abre una especie de "herida", y luego la jalea sale resbalando. Es como si uno lastimara a la dona antes de comerla, y luego la "Sangre" fuese tan deliciosa, que no nos importa lamerla. Lo mismo pasa con las fresas, cuando las muerdes a veces salta algo de jugo rojizo, y al comerlas las lastimas con los dientes. ¿No crees que sea una forma diferente de ver las cosas?

—Pues sí. Pero, cada uno las ve como quiere. Yo sólo veo comida que luego entrará a mi boca.

Y luego el silencio. Gohan exhaló frustrado. Era lo más difícil hacerle entender una "indirecta" a su padre. Aunque, por un momento, pareció como si su padre hubiese recordado algo...Definitivamente, había algo más. Su plan no estaba funcionando, debía pasar a la fase 2.

**FASE DOS DEL PLAN "GOKU PARA SABER TODO": Segundo: obviedades directamente absurdas.

Parecía como si su padre volase más rápidamente, tratando de eludir cualquier intento de conversación. A la vez, parecía como si intentara a propósito darse la cara contra las ramas de los árboles.

—¡Papá!— gritaba Gohan, intentando que su padre lo oyera a la lejana distancia en la que se encontraba y a la velocidad que iba.

—¡No-te-oigo!—le respondía mientras se daba la cara contra los árboles.

—¡Oh vamos, en serio!

Sólo le quedaba una opción. Y esa tal vez le dolería un poco, físicamente. Si su padre no le prestaba atención, lo único que podía hacer era golpearlo.

Aceleró el vuelo, casi tocándole los pies a Goku. Estiraba sus manos para alcanzarlo, mientras intentaba esquivar las ramas de los árboles que su padre y él estaban atravesando. De un manotazo rápido, el joven golpeó la suela de la bota, el sayan mayor perdió el control y comenzó a girar entre los árboles hasta caer en algún lugar perdido del bosque. Gohan estaba asustado, sabía que luego de eso— que por Goku sería considerado un reto de batalla— le esperaba la muerte. Miraba los árboles desde arriba, esperando recibir el golpe sorpresa que su padre seguro le daría.

Pero, aún con treinta golpes mortales, no se rendiría. Debía conseguir las pruebas que lo llevarían a la verdad. Sin dudas, todos sabían lo mismo.

Entonces, la respuesta llegó a su mente. Comenzó a unir cabos rápidamente tal como una computadora, sentía la emoción por su cuerpo al estar cerca de la respuesta...

—¡Toma!— gritó Goku dándole un golpe directo en la espalda. Gohan salió disparado, rozando la tierra. Toda idea desapareció de su mente.

Tragó una gran cantidad de tierra al caer con la boca abierta contra un montículo de barro acumulado. Colocó sus manos debajo de su cuerpo y se levantó con cuidado. Si su padre creía que eso le haría bajar la cabeza, estaba muy equivocado. Se puso de pie rápidamente, justo para poder protegerse de un ataque rápido.

La pelea comenzó y Gohan sentía como si su padre estuviese desquitándose de algo que él desconocía. Podía ver en los ojos negros un brillo especial, no el que siempre usaba para cuando sentía esa emoción de luchar contra alguien, sino que esta vez éste era diferente.

—¡Papá!— evitó un golpe— ¡¿Has oído algo sobre algún— evitó una patada— asesinato de alguien que tú conocías?!— "Espero que el único que oiga no sea el mío en cualquier momento" pensaba el joven. Recibió un golpe en la cara que terminó tirándolo de sentón contra el suelo.

Gohan lo miraba asustado. Algo en Goku había cambiado, y eso lo aterraba. Tal vez había sido demasiado directo, pero de otra forma no se podía hablar con su padre. Sólo diciendo las cosas directamente se podía llegar a tener una conversación. A menos que...

—No— se sentó Goku en el suelo— Jamás, que sea de alguien que conozco. Además de Yamcha, Krilin, Ten Shin Han, Picoro, y los demás. Después de eso— se rascó la nuca— no que yo recuerde.

No le creía. Ninguna acción concordaba con lo que decía. Es decir, qué clase de persona, se preguntaba Gohan, te golpea y luego te responde como si nada sobre un tema tan pesado. Sabía y entendía que su padre era "especial" al tratar ciertos asuntos, pero eso que hacía tenía escrito falsedad por dónde se lo viera.

No estaba obteniendo las respuestas que requería, eso significaba que era hora de la tercera fase. Si en ésta no conseguía lo que quería, tendría que aplicar el plan B. Era increíble tener que llegar a tales extremos, aun cuando su padre se jactaba de ser la persona más sincera y abierta del mundo, siempre hablando de más y diciendo las cosas que pasaban por su mente.

Se levantó del suelo y arregló sus vestiduras. Era hora de iniciar la tercera fase.

**FASE TRES DEL PLAN "GOKU PARA SABER TODO": Tercero: Inducir a más.

Éste último objetivo Gohan lo consideraba difícil, ya que necesitaba de rapidez mental y creatividad para poder llevarla a cabo. Ahora, le dolía el cuerpo y le costaba concentrarse en lo que hacía. Pero debía de ocurrírsele algo lo suficientemente entendible como para que su padre lo captara. Esta vez, sería más psicológico, era lo último que le quedaba antes de llegar al límite del plan B, eso sería una locura y esperaba no tener que llegar a eso.

Goku se levantó del suelo y de la nada desapareció, dejando en la soledad del bosque a Gohan.

—Papá— dijo con un tono cansado. Su padre había ocultado su ki, lo que lo hacía más difícil de encontrar.

—¿Qué?— preguntó el otro. Su voz parecía distorsionada, y no se sabía de dónde venía exactamente.

Gohan comenzó a mirar hacia todos lados —Juguemos a un juego. Yo digo una palabra, y tú me dices lo primero que se te pase por la mente.

—Está bien— le susurró su padre en la nuca, erizándole el cabello, para luego desaparecer.

—Em... Mano

—Golpe— se escuchó a lo lejos.

—Armas

—Guerra

—Cuchillo

—¡Comida!

—Mierda— exclamó Gohan, golpeando con la palma de su mano su propia frente

—¿Qué?

—Nada, nada. Bien... veamos... Sangre

—Donas...Gohan, me alteraste la mente— se quejaba el sayan.

—¡Oh, vamos! bueno, asesinato

—Krilin. No, espera, Yamcha.

—Desaparecido

—Encontrado. Hablando de eso, encuéntrame.

—¿Yo? pero papá, no se vale si escondes tu Ki.

—Sino no es divertido. Además, debes de saber buscar sin pistas, por el lado correcto.

—Está bien —se elevó en el aire— sólo terminemos con esto.

Comenzó a volar, moviéndose por entre los árboles lentamente, mirando hacia cada rincón de ese lugar. Se escuchaba que alguien se movía, pero no tenía ganas de buscarlo con mayor rapidez.

No había forma de hacer que su padre entrase en razón, ni siquiera de que entendiera un poco el concepto que trataba de darle. Una de dos: o su padre era más inteligente que lo que él creía y se hacía el idiota, o realmente era un idiota de primera categoría. En ese momento él se inclinaba más por la segunda opción. Nadie podía ser tan buen mentiroso como para no demostrar acciones que marcaran su mentira. Todos los que mentían hacían algo que los delataba, en cambio su padre era genuino, por eso era fácil saber cuándo mentía o decía la verdad.

Y esta vez, parecía decir la verdad.

Comenzó a exclamar, llamando a su padre, una y otra vez, parecía saber esconderse bien. Ni siquiera recordaba ya cómo había llegado hasta esa situación. Estaba cansado, deprimido y enojado por no poder conseguir las respuestas que quería. Mientras buscaba a su padre, se sentía sumergido en su propia búsqueda mental. Comenzó a visualizar todo dentro de su mente, como si fuese su propio laberinto, siguiendo pistas que lo llevaban contra una pared. Tenía que seguir otro camino, pero parecía como si todo lo llevara a la nada.

—Gohan— le gritaba su padre desde algún lugar lejano.— Debes aprender a buscar. Estas siguiendo el camino equivocado, intenta no equivocarte, porque eso te puede llevar a un mal lugar.

—Sí, papá—le respondía con mala gana

—Y no hurgues mucho, porque podría ser peligroso.— Gohan le respondió lo mismo que antes.

Estaba harto de la situación, y el plan B lo estaba tentando, pero él mismo detenía su cuerpo y alma. No quería llegar a eso, pero la desesperación, falta de paciencia, y sobre todo las horas sin dormir lo estaban dejando rendirse. Ese plan era muy arriesgado y podía jugarse la vida de él y la de su padre si aceptaba utilizarlo. Pero se había hartado de la actitud distraída de su padre.

Quería que le prestara atención, y con eso lo lograría. Además, ella podría decirle lo que su padre le ocultaba...

PLAN B

Gohan inhaló y exhaló, tomó una gran altura, llegando a divisar algo del cabello despeinado de su padre. Apretó sus puños y tomó aire para gritarle a su padre, y así no podría evitar oírlo.

—¡Está bien, si no me quieres decir, le diré a mamá que me lo diga!— Exclamó y, seguido de eso, el destello del rastro del vuelo quedó marcado en el aire.

Goku, al escuchar eso, miró el reflejo de su hijo alejarse, y por alguna razón comenzó a sudar frío. —No te lo permitiré— susurró muy seriamente, y si su hijo hubiese estado ahí no hubiese creído que ese era su padre. Levantó vuelo y a la velocidad de la luz comenzó a acercarse a su hijo, con un semblante serio y de matar o morir. Atravesaba los árboles y destrozaba las rocas, haciendo volar la tierra por doquier.

Gohan volaba lentamente y con seguridad. Entonces, sintió un Ki maligno acercase a él. Dejó de volar y volteó, buscando el inicial de esa energía. En el horizonte, pudo visualizar una mancha dorada que se acercaba a su cuerpo poco a poco. Al afinar un poco la vista pudo distinguir los ropajes anaranjados de su padre. Tragó fuertemente saliva, no esperaba que su padre reaccionara de esa forma.

El cabello dorado se sacudía detrás de la cabeza de Goku, y sus ojos marcaban una maldad pocas veces vista. Gohan tomó toda la fuerza que pudo y aceleró rápidamente hacia su casa.

Sentía la fuerza de su padre rozarle los talones y eso lo hacía apurarse más, aunque sabía que no podía ir más rápido. A lo lejos visualizó los montes que indicaban que ya estaba cerca, aunque aún le faltaban algunos kilómetros para poder siquiera divisar la casa. No podía creer que su padre había reaccionado así, y eso le hacía dudar si lograría llegar a su casa vivo. Y además, si llegaba vivo, tendría que darle explicaciones a su madre del por qué no estaba haciendo su tarea o estudiando para algún examen. Todo era como tirarse en la boca del lobo; si seguía, su madre lo mataría y si paraba, su padre lo dejaría hecho polvo.

Primero le hacía buscarlo por todo el bosque, sin siquiera responderle lo que él quería oír. Y ahora lo perseguía a muerte sólo porque le preguntaría a su madre algo que aún no había formulado. La rabia de Goku era inexplicable, y él esperaba más una reacción de terror que de matanza.

—"Debes aprender a buscar"—se burlaba Gohan, con el cansancio de por medio —"Estas siguiendo el camino equivocado". Si por lo menos me hubieses dicho algo bueno...

Abrió sus ojos grandes al darse cuenta el doble sentido. Aprender a buscar... camino equivocado... ¡Por supuesto! Su padre se lo había estado indicando todo el tiempo, pero él sólo quería obtener una respuesta sincera. Pero eso seguía sin explicar el porqué de la reacción tempestiva del sayan. Aunque, si se refería a un mal camino, ¿Cuál demonios era el mal camino? ¿Se estaría refiriendo a sí mismo? ¿O acaso se refería a alguien más?

Apenas salió de sus cavilaciones, notó que estaba sobrevolando su casa. Aterrizó rápidamente en el frente de su casa y comenzó a llamar a su madre desesperadamente. Corrió hasta la puerta, estirando su mano, ya podía ver su objetivo cerca...

Un golpe terminó tirándolo al suelo rápidamente. Volteó hacia arriba y vio a su padre tratando de asestarle un golpe en la cara. Corrió su cabeza y vio cómo un puño atravesaba el suelo a su lado. Comenzó a gritar por su madre mientras rodaba, esquivaba los golpes e intentaba asestar los suyos.


Chi Chi estaba hablando jovialmente con Bulma por teléfono, arreglando un encuentro próximo, cuando ella no estuviese ocupada, y pudiesen estar solas en paz. Escuchó que alguien gritaba repetidamente "Mamá", mientras que alguien gritaba "No vengas, Chi". Los ignoró y simplemente se sentó en un sofá a seguir hablando en paz. Pero los gritos cada vez se volvían más fuertes, y ella no pudo evitar preocuparse. Además, no la dejaban escuchar las palabras de Bulma.

Abrió la puerta de entrada y se encontró con su marido y su hijo peleándose a muerte. Tapó la entrada de voz del tubo y se acercó a los dos dementes que se peleaban por algo que ella desconocía totalmente.

—¡hey! ¡Basta los dos!— ambos dejaron de golpearse — No me dejan escuchar a Bulma

Un extraño brillo en los ojos de la mujer llamó la atención de Goku. Él la miraba y articulaba palabras, sin hablar. "Escuchar... ¿Bulma?" Aunque no parecía, para ella esas palabras tenían más significado de lo que podía creer.

Chi Chi frunció el ceño y volvió a entrar en la casa, dejando a los dos muy desconcertados. Luego se pudo escuchar que la pelea continuaba, y que parecía ser más fuerte.

Ella se sentó en el sofá otra vez, terminó de hablar con su amiga y cortó la llamada. Aún seguía con el teléfono en la mano, aunque con el brazo apoyado en uno de los brazos del sofá. Sus pensamientos comenzaron a llevarla lejos de ese lugar, desconectándola de la realidad.

No sabía si lo que había pasado en la noche era verdad o había sido sólo un sueño, tampoco recordaba bien lo que había pronunciado. Sólo el sonido de unas cadenas y un grito ensordecedor, que le parecía haber oído antes, volvían a su mente como un recuerdo que quizás jamás existió. Sentía la necesidad de hacer algo que seguramente iba en contra de sus principios, pero debía de hacerlo. Se sentía obligada a eso.

Su cabeza la estaba matando, muchos pensamientos se mezclaban y chocaban causando catástrofes dentro del cerebro de ella. Sentía ganas de gritar, golpear cosas, matar algunos animales. Una bestia interior intentaba tomarla presa, pero ella se resistiría. Su fuerza y fe se centraban en Gohan. No haría nada que pudiese influir a su pequeño, y tampoco permitiría que los demás lo hicieran.

El único error que había cometido en el pasado, según su mente propia, era el hecho de haber dejado la puerta abierta, cuando debería haberla cerrado con llave. Sólo de eso se arrepentía.

Estaba seguro que Krilin se quedaría callado por un tiempo, y que si Yamcha abría la boca una pequeña visita le esperaría. Pero, fuera de eso, todo se encontraba pacífico. Dentro de unos pocos días le haría una visita a Bulma, al fin podrían charlar de lo que le pasa, también hablar sobre temas de mujeres... pero, aún y así con todo lo planeado, no recordaba la verdadera razón por la cual iría a visitar a su vieja amiga. De todas formas, ella necesitaba un poco de tiempo para sí misma, y liberarse de esos dos sayajins era el mejor plan.

Aunque, algo le preocupó en la extraña mirada de su Goku. Su confusión la confundía, y no sabía ni siquiera porqué se había retirado tan furiosa, si él no había dicho nada. Pero una imagen valía más que mil palabras, y con el simple mirar de esos ojos azabache pudo descifrar los pensamientos del hombre.

"Escuchar"

Se preguntaba cómo se había enterado. Se suponía que esa vez él no escuchaba nada. Pero no importaba, todo problema tenía una solución...


Los pasos rápidos de unas botas violetas resonaban en todo el establecimiento. Atrás, un hombre intentaba seguirle el paso cargando un pequeño niño de sólo dos años y, al mismo tiempo, bolsa y cajas de ropa. Aunque eso le dificultaba el poder ver, de todas formas seguía el sonido de las botas de su esposa, que iba al frente derribando a cualquiera que se metiera en su camino.

Tropezando hasta con sus propios pies, Goku avanzaba gritándole a Chi Chi que se detuviera aunque sea para descansar. Pero ella estaba decidida, tenía aún muchas cosas que llevar y parecía que el tiempo pasaba más rápido que el movimiento de sus piernas, y eso la desesperaba.

Entraban y salían de las tiendas como un rayo, a veces sin siquiera llevarse algo. El agotamiento se dibujaba lentamente en la cara de la pareja mientras más insatisfacciones pasaban en ese día.

Goku se sentía desfallecer, y celos porque su hijo estaba dormido en sus brazos mientras él hacía todo el esfuerzo.

Había muchos carteles que ofrecían ayuda a las personas que estaban ahí para comprar mucho. Era un servicio especializado que te otorgaba a alguien del personal que ayudaba a conseguir lo que un comprador necesitaba. Goku hubiese estado más que agradecido en pedir uno de esos servicios, pero su esposa era terca y no quería recibir ayuda para nada. Habían pasado varias veces por en frente del lugar que otorgaba ayuda a los compradores, pero no se habían detenido ni un sólo segundo allí.

Él le había rogado de muchas formas el poder tener ayuda para eso, pero ella simplemente le volteaba la cara y seguía con sus asuntos.

Pero, en un momento de distracción por parte de Chi Chi, él se sentó en un asiento frente a uno de esos lugares que otorgaban ayuda. Dejó las cajas y bolsas a un lado y acostó en su regazo a su pequeño. Muchas mujeres con la misma vestimenta se paseaban por la zona de ayuda al cliente. Él las miraba y sentía ganas de levantarse y rogarles ayuda, pero si hacía eso su esposa lo mataría. Tiró su cabeza hacia atrás y echó un suspiro fuerte.

—¡Mira, ahí!— se escuchó el grito de una mujer, seguido de otra persona que, con la misma voz, le contestaba.

Entonces, sintió que alguien le tocaba el hombro. Se levantó rápidamente mirando hacia todos lados con suma rapidez, esperando las cajas y bolsos que su esposa seguramente le daría.

—¡Se ve que usted necesita ayuda!— se escuchó en eco una voz del mismo timbre.

Él volteó y se encontró con una muchacha, mejor dicho dos, vestidas de igual forma, con la misma altura, color de ojos, cabello rubio y sonrisa. Ambas lo miraban, y él confundido no sabía si estaba viendo doble de tanto cansancio o que ya era posible la clonación.

—Ustedes— las señalaba el saiyan—son iguales.

Ambas rieron en coro.

— Es cierto— dijo una de ellas— nosotras estamos aquí para ayudarle en lo que usted desee. Lo que quiera — esa última palabra a Goku le había parecido que había sonado con otro tono, pero al sólo ver intenciones puras, siguió con su sonrisa imperturbable.

La otra lo agarró de la ropa y comenzó a arrastrarlo, mientras que su hermana gemela cargaba las bolsas que ese hombre llevaba y se las traía detrás de él.

—Bueno, comencemos— anunció la chica— primero, creo que necesitarás ropa nueva. Hay varias tiendas allá, ahí, y por allí también. Y también necesitarás ropa y pañales para este pequeño amorcito que llevas— la otra acariciaba el cabello de Gohan con ternura.— Podrías también renovar tu casa, hay electrodomésticos y electrónica en los pasillos 2, 3 y 6. Y puedes conseguir comida a buen precio en ese lugar de allá, y por supuesto...

Y siguió hablando. Goku no escuchaba nada de lo que le decía, ya que hablaba muy rápido. Además, demasiadas palabras le confundían la mente, y estaba preocupado ya que estaba dejando a su querida esposa atrás, y eso significaba la muerte. Hasta creía oír el grito de su esposa al ver que él no estaba dónde lo había dejado.

Sintió una fría mano en su hombro derecho, pero no sabía si era de cuál de las dos chicas. Entonces, escuchó un susurro que decía su nombre. Los vellos de su cuerpo se erizaron y dejó de caminar. Volteó sólo un centímetro su cabeza, lo suficiente como para ver quién estaba detrás. Vio el característico flequillo negro que tapaba los ojos azabaches de su esposa.

Reprimió un grito agudo mientras saltaba en su lugar, alejándose como si fuera fuego. Abrazaba a su hijo, hasta casi ahogarlo, intentando detener sus nervios.

—Goku...—dijo ella. Entonces, una de las gemelas se acercó a ella, la tomó de la ropa y comenzó a darle un paseo guiado por todo el lugar, indicándole en qué tienda debía comprar, cuáles eran los mejores precios, y otras cosas que desconcertaron por completo a Chi Chi.

Atrás, la otra mujer arrastraba al saiyan por todo el lugar. El ama de casa no podía evitar tirarle miradas matadoras a su esposo, y él sólo sonreía y miraba para otro lado.

Entraron a un pasillo largo repleto de personas y de tiendas, una pegada a otra, vendiendo diferentes productos.

—...Y aquí se venden equipos médicos, acá armas filosas, aquí música y equipos musicales... mire, ¡hacen muestra gratis!— y los arrastró al local.

Goku no podía evitar mirar con asombro los aparatos que producían sonido, y los discos que brillaban de diferentes colores. Los parlantes lo habían dejado sordo un par de veces, pero aun así no salía de su incredulidad.

Una de las rubias lo sentó en una silla y le colocó unos auriculares y, a todo volumen, comenzó a reproducirse música. Las dos mujeres se reían al ver las reacciones del joven que no creía lo que escuchaba, y movía la cabeza con el ritmo de la música. Una de ella se sentó en sus piernas, la otra le abrazaba el cuello por detrás y ambas le hablaban sobre lo que ese equipo podía otorgarles, aunque utilizaban a menudo un "doble sentido" que Goku jamás captaba o escuchaba.

Chi Chi miraba las actitudes de las mujeres y se enfadaba, pero intentaba controlarse. "No vale la pena enojarse por un par de perras" pensaba la mujer. Miraba hacia otro lado, intentando concentrarse en la lista de cosas que le faltaba comprar. Pero no podía evitar escuchar las obscenidades que ellas decían y que Goku no entendía. Agradecía haberse casado con un idiota. Pero era su idiota, por eso es que lo quería tanto.

Escuchó que una de ellas mencionaba un nombre que conocía perfectamente, y no pudo evitar prestarle total atención a las palabras.

—...Así que—decía la rubia que se encontraba sobre Goku, acariciando a Gohan (lo cual enfurecía a Chi Chi aún más)—tú eres Goku, ¿cierto? Bulma nos ha hablado de ti. Pero su descripción no se acercaba para nada a la sexy realidad

—¿Qué quieres decir con eso?

—Es obvio, cariño— le dijo la otra en su oído— pero Bulma nos había dicho que tú estabas soltero. Aunque, eso se puede arreglar.

—¡Por supuesto!— respondió la rubia— y aunque Bulma nos había dicho que te tenía reservado sólo para ella, podríamos romper esa promesa de reserva.

Goku las miraba con desconcierto, además de que las únicas palabras que había entendido habían sido "Bulma" y "reserva", y ni siquiera relacionaba esas palabras entre sí.

Se quitó los auriculares para pedirles una mejor explicación, cuando alcanzó a escuchar un pedido de cuidado hacia Gohan en conjunto con unos pasos fuertes. Unas frías, suaves, y pequeñas manos acariciaron sus mejillas y le volvieron a colocar los auriculares con mayor volumen. Las mujeres se alejaron de Goku, al parecer hablando con alguien sobre algo que no podía escuchar.


Chi Chi les había pedido a las mujeres que le fueran a buscar algunas cosas a la tienda de al lado. Un aura maligno y energías oscuras comenzaron a asustar a los clientes de ese lugar, quienes miraban a la joven y huían despavoridos. Gohan la miraba desde el hombro de su padre con extrañeza, sin entender lo que aquejaba a su madre.

Luego de unos minutos, ya ni siquiera el vendedor se encontraba en el lugar, excusándose en ir a inspeccionar el almacén. Chi Chi apagó las luces, dejando sólo los equipos de música encendidos. Rápidamente llegaron las dos joviales mujeres cargando lo que ella les había pedido.

Con las manos extendidas, una exhibía un sable filoso y otro de madera fuerte, y la otra un hacha de la mejor calidad, para cortar los árboles más fuertes. Chi Chi tomó un sable del mango y comenzó a sacárselo a la rubia.

—Así que... ¿Qué dijo esa tal Bulma acerca de Goku?

—Oh, ella dijo que estaba libre y que lo reclamaría en cuánto lo viese —Chi Chi apretó el mango con fuerza mientras la última punta de ese objeto filoso era retirado de las manos de la muchacha.—Pero, eso nos lo dijo hace ya varios a...

No pudo terminar la frase, ya que rápidamente Chi Chi blandió el sable y se lo atravesó a la mujer en medio de estómago. La otra gemela gritó con fuerza y se hizo hacia atrás, dejando caer el hacha.

Retiró sin siquiera moverse el sable del cuerpo de la mujer. Estaba parada sin demostrar emociones, con el sable colgando en su mano derecha. No pudo evitar sonreír.

—¿Así que...—con el sable, le quitó la cabeza a la rubia lastimada— Bulma dijo eso?

El cuerpo cayó de rodillas y luego se desplomó en el suelo. La cabeza cayó al lado del pie de la otra rubia, que comenzó a derramar lágrimas. Se agachó y tomó el hacha, y con rapidez comenzó a correr sacudiendo el arma e intentando lastimar a Chi Chi.

Pero, con sólo una pisada, ella levantó el sable de madera y golpeó la cara de la rubia, tirándola al suelo de un sólo golpe. Miró a su marido, y él estaba distraído escuchando música. "Perfecto..."

—¿Por...por qué? no te hemos hecho Na...

Otro golpe con el sable de madera la calló por completo.

—No soporto a las putas...

La golpeó dos veces más, hasta hacerle escupir sangre brutalmente. La rubia no podía ver y sus piernas estaban congeladas.

Chi Chi la golpeó, haciéndola gritar, y metió el arma de madera por la boca de la mujer hasta que atravesó por completo el hueso del cuello, clavándose en el suelo. La sangre rodeaba las botas de Chi Chi, ella se agachó hasta estar a la altura de la mujer acostada en el suelo.

—... se parecen demasiado. Tú y tú... hermana gemela— tomó la cabeza de la decapitada, le arrancó un mechón de cabello y la arrojó hacia atrás, manchando sus manos de rojo. Agarró el sable de metal y comenzó a quitarle partes de la piel del rostro, como los pómulos y parte de la nariz.

La rubia no podía gritar, y cada vez que lo intentaba la sangre se escurría de su cuerpo, mareándola cada vez más. Sólo mordía la espada de madera hasta comenzar a agujerearla.

—Ni tú ni Bulma se quedarán con mi Goku. Él no es de nadie, sólo a mí me pertenece, espero que aprendas esta vez.

Se levantó y comenzó a alejarse del cuerpo. Aunque estaba lastimada, la otra comenzó a despreocuparse, hasta tomó valor y se quitó el sable de madera de su boca. Intentó levantarse del suelo, y algunos órganos se precipitaron del hoyo que tenía en su estómago.

Pero fue derribada por última vez, cuando Chi Chi clavaba el hacha una y otra vez sobre el cuerpo bien formado de esa chica.

Aún cuando era una rubia la que estaba siendo asesinada, Chi Chi veía a la peliazul, con esos ojos azules que seguramente habían visto a Goku de formas que ella desconocía. No podía evitar ver esa cara de buena chica, y querer matarla más y más, por eso la intensidad del hacha era más fuerte hasta derramar sangre por todas las paredes.

Cuando dejó de moverse, Chi Chi pateó el cuerpo hacia un lado, sin poder evitar reírse a carcajadas. Entonces, Goku dejó de escuchar música y volteó al escuchar la jovial risa de su esposa.

Vio que estaba todo oscuro, pero lo más extraño era la posición de Chi Chi. Ella estaba parada firmemente, con las manos en su espalda. Él no veía nada, pero ella detrás de sí tenía el hacha que había acabado con varias vidas, goteando sangre una gota a la vez, sonando en todo el oscuro lugar.

—Sigue escuchando música, cariño. Yo iré a sacar algunas cosas afuera. Ahora vuelvo.

Goku volteó y volvió a colocarse los auriculares. Gohan miraba sin entender lo que pasaba a su alrededor. Sus pequeñas manos intentaban acercarse a su madre, y sus brillantes y diminutos ojos de bebé brillaban fuertemente.

Desesperadamente ella comenzó a buscar unas bolsas negras, corriendo por todo el sitio. La mirada atenta de su hijo de tan sólo un año y medio la estaba poniendo nerviosa. Tenía miedo de que su esposo viese el desastre que había provocado, pero sobre todo no quería que se enterara, para que tal vez en un futuro se lo contase a Gohan. No le daría una mala imagen a su pequeño.

Había cometido el mismo error dos veces. Se había dejado llevar por sus emociones y había expuesto su pecado al mundo. No se arrepentía de haber matado, pero lo haría si eso repercutía en la imagen que Gohan tendría en su futuro.

Tomó unas bolsas negras y metió los cuerpos dentro. Luego arrastró con todas sus fuerzas las bolsas hasta la puerta del local. Una aún se seguía moviendo, le dio una patada y escuchó el horrible grito de dolor.

Lavó sus manos y volvió a buscar a Goku. Al salir, pisaron los charcos de sangre que había dejado las distintas muertes. Era más sangre que la que alguna vez ella hubiera visto. Por suerte, era casi imposible verlo, y aunque Goku había notado cada pisada que marcaba el líquido, no había intentado saber qué era.


Miraba un punto fijo, como si el sonido del hacha cortando la pálida piel de esa rubia se estuviese dejando escuchar en sus oídos. Entrecerraba sus naos, como si tuviese ese elemento mortal entre sus dedos, y movía su cabeza de un lado a otro, como si tarareara una canción, siguiendo el movimiento fino del cabello que tapaba su frente.

De pronto, la puerta cayó abajo, y ella del impacto se levantó e hizo ademán de mover un objeto en sus manos para clavarlo. Se dio cuenta de la extraña acción que estaba llevando a cabo y simplemente bajó sus manos. Echó un suspiro al ver a sus dos saiyajins peleándose a muerte. Ella jaló a Gohan de la ropa y lo levantó del suelo. Y, con sólo mirar a Goku desde arriba, él se asustó y se levantó rápidamente, ordenando su ropa. Apretó sus puños y cerró sus ojos buscando paciencia. Ambos estaban parados frente a ella, mirando al suelo y el techo.

—¿Qué pasó?— preguntó ella con la paciencia quemada.

Entonces, un sin fin de palabras se dispararon de la boca de cada hombre, al mismo tiempo, sin dejar de entender lo que decía cada uno. Apretó su puño más fuertemente, intentando con eso reprimir las ganas de golpearles la cabezota sayajin a ambos.


Él no dejaba de soltar palabras al unísono de su padre. Lo señalaba y luego levantaba los brazos, exasperado. Goku hacía lo mismo, lo señalaba y luego intentaba explicarse, sin resultado.

Gohan se estaba volviendo loco con toda esa situación. Ni siquiera prestaba atención si es que su madre lo estaba mirando o siquiera prestándole atención.

Solamente trataba de argumentar lo que su padre le había dicho y hecho. No era justo que no le estuviese dando las respuestas que él quería, aunque no le dijo eso a su querida y temida madre. Sin siquiera poder darse a entender, ya que su padre sólo gritaba incoherencias sobre su voz, se alejó fastidiado.

Se sentó en la mesa del comedor, donde su tarea se encontraba, firme y aburrida como siempre. Escuchó el duro golpe del puño de su madre contra la cabezota vacía de su padre y no pudo evitar reírse finamente. Se ocultó entre sus libros de biología avanzada y de química aplicada.

Tomó el lápiz y comenzó a leer, tomando los apuntes de lo que él consideraba importante. Aunque parecía concentrado, su mente estaba en otro lado.

La impotencia asolaba su mente profundamente. La incertidumbre era algo que odia profundamente, ya que el no saber lo volvía loco. Tenía malas experiencias con lo desconocido, y eso siempre le había costado algún golpe o herida grave en alguna batalla. Era por eso que, según su padre, era importante analizar los movimientos del contrincante antes de pelear serio, para así recordar todos sus movimientos y poder encontrar su punto débil, o así tener una buena y justa pelea.

En eso estaba el problema. Los movimientos de su "enemigo" eran impecables, sigilosos y oscuros, tanto que era casi imposible verlos. Parecía como si el autor de esos crímenes hubiese dejado todo a la deriva, pero a la vez había actuado con tanta seguridad que luego las consecuencias eran lo de menos. Era como estar persiguiendo a un fantasma, y esperaba que literalmente no fuera así. Aunque los fantasmas de este pasado escondido tan rigurosamente podrían ayudarlo, había dos posibles cosas que estaba llevando a cabo de forma errónea: o estaba confundiendo las pistas, o no estaba buscando bien.

Era entonces cuando no podía evitar recordar las extrañas palabras que le había dado su padre, con un sentido totalmente subliminal para él en esos momentos. "Debes de aprender a buscar...vas por el camino equivocado...no hurgues demasiado, podría ser peligroso..."

Palabras obvias, pronunciadas por el hombre más extraño que en su vida él había conocido. Aún no creía ser hijo de su padre, aunque había ciertas características que los asimilaban. Bueno, era cierto que debía comenzar buscando por otro lado, todo desde prácticamente cero. Aunque algunas pistas podrían servirle. Pero, temía que el hecho de buscar demasiado terminara mortificándolo.

Pero, la ansiedad de querer encontrar más y más hasta resolver el caso más fuerte de toda su vida hasta el momento le hacía correr la adrenalina en sus venas, y le hacía querer saber mucho más hasta encontrar la respuesta definitiva. Aunque, si al encontrarla se arrepentía, sabría que habría valido la pena buscar bien y encontrar lo correcto. Muchos callejones lo llevaban a la nada, pero sólo uno podía liberar todo ese misterio.

No pudo evitar sentir un cosquilleo en su mano derecha. Al mirarla, vio que su mano temblaba y que los dedos jugaban con el lápiz de una forma extraña y aterradora, hasta partirlo al medio. Sintió un pequeño movimiento en su ojo izquierdo, y notó que era un tic nervioso, además de que no recordaba en qué momento había comenzado a mover sus piernas. Se estaba mordiendo el labio inferior, y al partirse el lápiz reaccionó y lo mordió hasta que se lastimó.

Tapó con su mano su boca y comenzó a mirar hacia todos lados con miedo. ¿Se estaría volviendo...loco?

La puerta se abrió de par en par, siendo arrancada una vez más de su posición original. Su querido abuelo entró dando ese gran saludo familiar y cálido que sólo le otorgaba a su familia. Abrazó a Goku hasta sacarle el aire, y luego se sentó al lado de Gohan, para observar cómo su nieto crecía intelectualmente, sintiéndose orgulloso de eso.

—Hey, pequeño— le puso una mano en la espalda— ¿todo bien?

Gohan sólo asintió

—Papá— dijo Chi Chi, mientras agarraba un par de elementos de cocina para comenzar con el almuerzo— no lo molestes, está estudiando.

—Pero déjame hablar con él, hace mucho que no lo veo. —dirigiéndose al joven— estás muy crecido, ¿te habías dado cuenta?— Gohan negó con su cabeza— Y cuéntame, ¿hay alguna chica por ahí?

Al niño por poco y se le quiebra el libro. Ox Satán se echó a reír con ganas, mientras que Chi Chi aclaraba que no había ninguna mujer que amenazara con llevarse el amor de Gohan. El tono que utilizó fue uno más de satisfacción que de enojo o tristeza, como si le gustara esa situación sentimental en su pequeño.

—Me recuerdas a mi juventud— la risa de la mujer se escuchó desde la cocina— yo era todo un conquistador, ¿sabes? Seguro que tu madre recordará a esa cariñosa mujer que estuvo conmigo hace muchos años. ¡A que era encantadora, Chi Chi!

Un silencio sepulcral se produjo en la sala. Algo de madera se quebró al medio, era la vara que usaba el ama de casa para cocinar. Su vista se oscureció, y su sonrisa se apagó totalmente. Ese aura oscuro volvió a rodearla, y en el preciso momento del quiebre del cucharón, pudo distinguir el grito agudo de una mujer, algo que sentía que ya había escuchado en ese mismo día. El ruido de cadenas resonó en sus oídos. Por alguna razón, sabía que nadie podía escuchar ese sonido que la irritaba.

Gohan lo miraba, confundido. ¿Su abuelo, novia? Le costaba creerlo.

Pero se concentró en otro asunto. Las gemelas que estaban en esa lista, realmente no le interesaban, aunque tal vez podrían traerle indicios, se había decidido en buscar por lo más seguro. Y eso, era la que ocupaba el último puesto de la lista negra, por así llamarla.

Bulma.

Si el tachado en cada fotografía significaba una muerte, eso quería decir que Bulma aún seguía en algo así como "la lista de espera". O tal vez se había salvado del ataque asesino. Ya había comprobado que su padre no entendía ni jota de lo que trataba el asunto, y eso se lo había demostrado con su típica idiotez. Ahora, quedaba la prueba que seguramente sería irrefutable ante cualquier otra que negara lo investigado.

Por su mente, las palabras pasaban confundidas. "Bulma, abuelo, novia. Bulma, abuelo, novia. Bulma muere, abuelo enamorado, novia X. ¡¿En qué estoy pensando?! Estúpida mente confusa"

Apretó sus manos contra las patas de la silla hasta que se quebraron. Tenía que trabajar sobre su ansiedad con urgencia.