Capitulo 3: Historias Paralelas - Agua/Hielo - Naturaleza - Miscelanea

Sección III: Una Orden Predeterminada - 2 / La Determinación de "M"

~ Locación: Digimundo...Área Desconocida...

...Punto de Entrada Reconocido...Acceso Válido...

...Punto de Entrada Secundario Reconocido...Acceso Válido...

...

...

..."M" ha Ingresado...

..."Iz" ha Ingresado...

"M": Fueron enviados dos Emisarios en confianza de uno de los guerreros que inició el plan de recuperación para el Digimundo.

"Iz": A todos nos sorprendió que la tarea haya sido encomendada a ellos dos. Pero Él se encuentra desaparecido. Solo uno de los originales pudo hacer la entrega.

"M": Se que debo confiar, pero los designios de nuestro Señor no pueden ser interrumpidos. ¡El tiempo corre!. ¿Puedo encomendarte esta tarea?

"Iz": Ya nos encontramos involucrados todos. Prometo hacer todo lo que este a mi alcance.

"M": Tú serás mi Emisario. Para ello, te confiaré el secreto de la guardia real . Has que lo que te estoy brindando llegué a su destino, cueste lo que cueste.

"Iz": No permitiré que nada me detenga. Considera que ya ha sido entregado.

"M": Es la clase de determinación que posees la adecuada para descubrir misterios y rarezas. Sin embargo, debo decirte que lo que te entregarás ostenta una esencia distinta

"Iz": Tranquilo, puedo entregar lo que sea...

"M": ¡Ha sido encomendado entonces! ¡Cuento contigo para preservar los designios de nuestro Señor!

...

...ACCESO OCULTO ACTIVADO...MODO SIGILO ACTIVADO...COPIA EN PROCESO...

...Jiji..JIAJAJAJAJAJAJAJA..JA...~


Sección IV - Evolución en la Naturaleza

~ Franja Amazónica - Brasil ~

El trópico recibía con un generoso de dote de calor a todo aquel que se aventurara al espesor de la Jungla Amazónica.

La franja amazónica al sur del territorio Brasileño representaba en sí misma un reto para cualquier explorador amante de la aventura o...la investigación. En ese sentido, para Joao Émeraude, el sector amazónico más grande de América del Sur representaba de por sí un paseo por la pradera, puesto que en muchos años de recorrido por dichas áreas, pocos habían sido los encuentros con animales fieros y terrenos sumamente accidentados de difícil exploración. Aquel hombre de cabello relativamente largo color marrón y lentes de enmarcado redondo, caminaba por los espacios compactos de la jungla como si de un trote por la ciudad o una calle tranquila se tratase. Su indumentaria era fidedigna evidencia de ello, pues en vez de ocupar el traje necesario para una exploración precavida, el varón hacía uso de un traje colorido de turista: camisa holgada de color entero en verde brillante y unas bermudas de tonalidad crema. Cada paso que daba develaba la presencia de unos sneakers ocupados en pies descalzos.

- Ahhh...que relajante paseo por la naturaleza...- suspiró con evidente sosiego - Los rayos del sol colándose a través de las hojas de los árboles; la sombra refrescante y húmeda debajo de nosotros. Y lo más importante: tanta diversidad de criaturas por ver. Es maravilloso ¿No lo crees? -

- Mmm...eso para ti, Pai (Papá) - con un cansancio sobre acogedor una voz fina se escuchó en respuesta - Eso solo para ti...- argumentó, cuando comenzaron a escucharse después de aquella aclaración, los sonidos de ramas quebrándose y hojas siendo apartadas.

-O, minha filha (hija mía) - replicó el hombre quien distraído parecía por el paraje frondoso que se expandía delante de ellos - Es solo el cansancio hablando, sabes bien que explorar conmigo te encanta, Adriana -

- ¡Estos son tus paseos acostumbrados! ¡NO estamos explorando absolutamente NADA! - reclamó la niña, conforme iba siguiendo los pasos de su padre lo más cerca posible a través del húmedo terreno de la amazonia.

Adriana Émeraude tenía la suerte de ser hija de un explorador nato. Aún cuando ambos eran residentes de nacimiento de la tierra de los carnavales, habían tenido la fortuna de viajar alrededor del mundo con la intención de visitar y recorrer los vastos territorios silvestres a lo largo y ancho del planeta. Sus aventuras eran usualmente en la modalidad de mochileros, aún que de vez en cuando adoptaban un ritmo y faceta más profesionales. En esta ocasión en particular, la chiquilla de 13 años tenía absoluta razón. En aquella jungla llena de humedad en el aíre y corredores cada vez más estrechos, lo único que se dedicaban a hacer era caminar y ver uno que otro paraje ya conocido; era el sitio de relajación de su padre. Ello no tenía ninguna influencia con respecto a su gusto natural por la aventura y la exploración. De hecho, aquella chiquilla tenía una afición por estudiar las distintas clases de insectos que había en cada región de calor. Su sueño era especializarse en la etimología y tener el placer de descubrir, en un futuro no muy lejano, una especie incógnita y completamente nueva de invertebrado.

La muchacha, para su edad, parecía un poco más alta que el promedio. Eso tal vez era resultado del reiterado ejercicio y el hábito forzosamente adquirido, aunque divertido en su opinión, de saltar de lugares considerablemente peligrosos. Una radiante piel morena le otorgaba un toque exótico a la niña, que para complementar poseía cabellera azabache prolija y unos brillantes ojos de iris esmeralda. Curiosamente para esta ocasión, el traje de la muchacha era un traje de explorador a su medida, de un color tan verde como el de la vegetación del lugar por el que se encontraba transitando con su padre. Su playera blanca era recubierta por un chaleco sin mangas. Por otro lado, cargaba sobre la espalda una mochila color arena ya bastante desgastada, y para recorrer el humectado piso amazónico, portaba botines impermeables de plataforma ancha al igual que calcetines algo delgados de color blanco puro.

- Suenas molesta, minha querida - dijo el padre de Adriana, quien giró el rostro para verla detrás de él - ¿Qué sucede? -

- ¡Me dijiste que exploraríamos el día de hoy! ¡Por eso vine con todo mi traje completo! ¡Hace calor y tengo sed y no hemos explorado absolutamente nada! - reclamó con intensidad al momento que llevo la mano derecha para quitarse el sombrero de exploradora que tenía puesto. Los cabellos los tenía amarrados, formando un moño perfectamente redondo detrás de la cabeza, algo elevado.

- Querida, siempre existe algo que explorar en todos los lugares que se visitan - contestó Joao - ¡Ese es el espíritu de un explorador! -

- ... -

- ¡La intención de verlo todo y conocer todo tu entorno! ¡La emoción por la adrenalina y el interés del conocimiento! - prosiguió con ahínco

- ... -

- Todas esas emociones y sentires combinados y canalizados por uno mismo, eso es el instinto de un explorador natural - es que siguió, dotando de un énfasis sumamente inspirador cada vocablo que salía de su boca.

- ... -

- ¿Adriana?...¿Adriana, me estas escuchando? - al ver que ya no había ninguna clase de respuesta, inquirió con preocupación - ¿¡Adriana!? - volvió a insistir, ahora dándose la vuelta de forma fugaz.

- Wa...-

La chiquilla se encontraba agachada, apoyándose perfectamente en sus pies mientras contemplaba de cerca un tronco roído que se expandía a través de la zona aledaña al camino que recorrían. Los ojos le brillaban con total admiración y curiosidad, y sus manos, de igual forma imbuidas de dichas emociones, se aproximaron prontamente a lo que parecía una masa algo viscosa - Una Oruga...- mencionó Adriana.

- Espera, Adriana. ¿De qué color es esa oruga? - preguntó el padre una vez se aproximó a ella.

- Es de un color verde intenso. A lo largo de la parte superior de todo el cuerpo parece tener pequeños mechones de vello amarillo, algo puntiagudos - contestó la pequeña morena.

- No la toques Adriana, es venenosa, tienes que tener cuidado. ¿Traes un frasco en tu mochila? -

- ¡Claro que sí! Un investigador siempre esta listo para conseguir especímenes nuevos -

- Entonces deja que yo me haga cargo -

Joao rápidamente se colocó detrás de su hija. Una vez se acomodó, se agacho momentáneamente y abrió el primer compartimento de la mochila, tomando de su interior un frasco de cristal templado y tapa de rosca redonda. Abrió dicho contenedor traslucido y prontamente se aproximó a la integridad del tronco por el cual se desplazaba el espécimen. Una vez su padre estuvo a su lado, la pequeña puso una cara petición peculiar; el padre simplemente sonrío con nerviosismo, pues ya sabía lo que quería su hija. Del suelo cercano tomo una ramilla lo suficientemente resistente como para ser usada de anzuelo y la coloco frente a la oruga.

El animal, atento a sus alrededores, se retrajo al contacto con el filo de dicha ramilla. Después, estiro el cuerpo y comenzó a palparla reiteradas veces, dejando que los filamentos localizados a lo largo del cuerpo funcionen de detectores para cualquier amenaza. Al sentirse en confianza fue subiéndose en dicha planta hasta ocupar la superficie de la misma por completo. La oruga resultó ser algo rechoncha, por lo que se escurrió ligeramente por los costados de la rama. Lo único que resulto de ello fue que fácilmente se deslice hacía el área lateral más amplia del frasco.

- Listo, hijita, aquí tienes tu oruga venenosa - dijo el padre quien le obsequió a su vez una amplia sonrisa a su niña.

- O gracias Pai, ¡Muchas muchas gracias! - exclamó Adriana, cuando contemplo de cerca a aquella Oruga. Dicho insecto era largo y parecía tener unas cuantas franjas negras que cruzaban a lo largo del lateral de su rugoso cuerpo.

- ¡Ahora sí! ¡Sigamos por que debemos llegar pronto al aeroplano! - mencionó el padre de la pequeña exploradora.

-¡Esta bien Pai! - respondió Adriana, quien más tranquila, comenzó a caminar con su nueva adquisición en sus manos.

La caminata se prolongó por un buen periodo. Entre giros inesperados y vegetación que arrimar fueron pasando las horas hasta que se hizo horario de media mañana, momento en que el calor golpeaba con mayor fuerza y la sombra propia del trópico no bastaba para combatir la onda de calor tan prolongada. Adriana observó a su padre con clara fatiga, a lo cual el padre también giro y la contemplo. Con resignación los dos se dieron ánimos cortos e impulsaron su caminar conjuntamente. Parecía que ya faltaba poco para llegar al medio de transporte localizado en un pasaje de aterrizaje relativamente clandestino.

Así al menos parecía, pero la realidad demostraba un camino completamente distinto. La jungla comenzó a volverse tan frondosa que ni los rayos del sol podían penetrar el espesor de las coronas de los árboles. De los troncos de los árboles comenzaban a caer lianas algo gruesas, algunas con espinas y otras lisas, pero todas de un intenso verde.

- ¿Pai? - masculló la pequeña - Ya estamos muy cansados Pai - soltó Adriana, a lo cual su oruga pareció concordar, pues se movió con la intención que le vieran a través del frasco.

- Ya falta muy poco, minha filha - le animo Joao, quien daba paso tras paso arrimando por adelantado cualquier clase de obstáculo vegetal que pudiera presentarse.

- ¿Estás seguro que estamos camino a nuestro aeroplano? - no le quedo más opción que inquirir pues los pies ya le mataban.

- ¿Bromeas? Un explorador nunca se pierde, solo encuentra nuevos lugares que explorar - indicó con una confianza inspiradora.

- Me haces pensar que nos perdimos - en contraposición, con pesimismo y escepticismo declaro la pequeña niña.

- Créeme...no es así...-

- ¡Entonces lleguemos ya! -

Un último parche de hojas fue cruzado por el par de aventureros. Una vez hecho eso, llegaron al destino que en realidad tenía trazado Joao. Un esplendoroso valle en donde el sol tenía acceso directo. Los rayos iluminaron con majestuosidad la amplitud del área en cuyo centro yacía un fornido y añejo árbol de hojas verde perenne. Joao contemplo dicha maravilla de la naturaleza, representativa de la sabiduría que se adquiere a través de los años con cierta reverencia. La especie de árbol resultaba completamente desconocida, pero era de los más resistentes. Ellos se notaba debido al gran número de magulladuras retorcidas pero reparadas que la superficie rugosa del gran verde mostraba.

- ¿D-Dónde estamos Pai? - inquirió la pequeña pues sus ojos nunca habían visto algo así en su vida. Un escenario donde una sola planta pareciera monarca entre muchas.

- Venha (Venga) aquí, minha filha, venha - pidió el explorador con pinta de turista primerizo, mientras se aproximaba al grandioso árbol en cuestión y llamaba con señales de la mano a la pequeña.

Adriana no dudo ni un solo segundo y fue corriendo al lado de su padre. Aún no podía creer el detalle que aquella presencia de la naturaleza brindaba. No solo era el tamaño, sino la perfección en la corona de verde vivaz la que despertaba esa sensación de respeto inmediato y reverencia profunda. Sus ojos refulgían con la impresión infantil que todo evento de esa clase, junto a su padre, podía crear. Por su parte, Joao contempló por unos momentos más aquel gigantesco árbol y cuando tuvo una visión suficiente, giró y se agacho a su hija.

- Adrianita, este árbol da una gran enseñanza de vida. Además no es lo único que quería que vieras. Si te aproximas a él podrás poner tus ojos en algo aún más increíble - comentó Joao.

La pequeña niña con traje de explorador no dubitó; la curiosidad fue combustible suficiente para activar sus piernas y alejarla de todo cansancio. Junto a su oruga recién conseguida se aproximó al enorme y grueso tronco del árbol, hasta casi rosar con su rugosa y casi pietra contextura. Una vez hubo acomodado su posición tal cual quería, elevó el rostro y vio algo que le pareció asombroso: monos de colorido pelaje rojizo brillante bailaban entre las gruesas ramas del añejo dueño de aquel valle localizados a su izquierda; hacía la derecha, un nido mullido hecho a base de rastros de ramillas, y demás elementos de la tierra albergaban unos cuantos huevos de tamaño algo grandes, siendo cuidados por un par de aves que volaban alrededor de ellos; finalmente en el centro, justo en la parte más maciza del tronco, una inmensa colmena de abejas de tipo desconocido sobresalía como punto más atractivo de aquel pequeño ecosistema, pues el orden que los insectos imprimían para cuidar de su hogar resultaba un espectáculo por si mismo.

El mayor en ese momento consiguió alcanzar a la pequeña y empezó a hablar - Este fue un descubrimiento mió hace un tiempo atrás, durante una de las visitas que hice solo mientras estabas con tu madre en Italia. Es el sitio perfecto para describir por que me encanta tanto la naturaleza. En primer lugar, tienes a este gigantesco árbol, que quien sabe cuanto tiempo ha estado de pie en estas tierras. Definitivamente desde tiempos mucho más remotos a la llegada nuestra a este territorio, incluso antes de que le apodáramos "Brasil". Resulta evidente, pues, que es un regalo de la tierra, y como tal debe preservarse y cuidarse. Ello me lleva al segundo punto, al igual como se cuida a este añejo amigo, nuestro compañero trae de por si un refugio para todas aquellas especies que alcancen a estar con él. Como ves, mamíferos, aves e incluso insectos coexisten en armonía, sin causar ningún disturbio el uno con el otro. ¿Por qué en el mundo civilizado no puede ser así? -

La niña escuchó atentamente a su padre.

- Y eso me lleva a la tercera razón. Aquellos monos de la izquierda danzan felices a lo largo de las ramas más altas del árbol. Su baile provoca agitación en la corona y eso causa que algunas cuantas orugas e insectos de otra naturaleza caigan a la rama en donde el nido de aves se encuentra construido. Esos padres que vuelan consiguen su propia ración y guardan el resto de aquellos insectos como la primera comida que sus pequeños tendrán al eclosionar de su respectivo huevo. Finalmente, pero no por ello menos importante, los pájaros alimentados polinizan las flores que ves en todo este cuenco y ello sirve de materia prima y alimento para la especie de abeja que alberga en este lugar. Toda una linea de colaboración, aunque sea indirecta, entre todas estas especies distintas. Es algo maravilloso -

Adriana guardó a su Oruga para mantenerla segura, dado que el alimento de esas aves parecía ser dichos insectos, sin embargo abrazo a su papá al breve rato y asintió muchas veces con la cabeza mientras le observaba fijamente - Tienes razón, Pai - cotejó - Tienes mucha razón, es completamente maravilloso. Nunca pensé que encontraría ver a aquellas abejas y todo el ecosistema que se ha creado en solo un árbol de esta vasta jungla -

- El árbol se nota que ha sufrido algunas lastimaduras, pero aún así sigue en pie. Eso demuestra que nunca debes rendirte sin importar cuan lastimado estés. Los sueños se forjan de esfuerzo. Recuerda aquello, hijita - el padre abrazo a su hija en ese momento con mucho cariño y acto seguido busco cargarla - ¡Ahora si! Vamos al aeroplano por que se hace tarde -

- ¡Yeee! ¡Si, vamos! -

El camino a la capital de Brasil, Brasília, fue muy relajante. La longitud y tiempo de vuelo que se requirió para llegar resultó ser imperceptible para la pequeña Adriana, pues su mente, después de la enseñanza tan preciada que le obsequió su padre, estaba centrada en otra cosa completamente distinta. La diestra de la pequeña fue a ocupar el bolsillo accesorio de la mochila en su lado derecho. Una vez introdujo su mano en dicho lugar, saco inmediatamente un estuche cuadrado de metal, envuelto en decoraciones de mariposas y colores rosados. Acto seguido, quitó el seguro de dicho estuche y lo que salio a relucir fue el brillo metalizado de un mazo de Cartas Digimon. Un bordeado verde sobresalía de la parte frontal de la tarjeta que hacía de cabeza de la baraja de Adriana. Ello quería decir que la especie de baraja que la niña manejaba es la de clase Natura. Por otra parte, la primera carta de aquel mazo resultaba ser muy acorde a las preferencias de la morena. De gran tamaño y fiereza neta, el Digimon que encabezaba dicho conjunto de naturaleza era un amenazante Kabuterimon.

Kabuterimon, Un Digimon Insecto de Nivel C- Champion, caracterizado por hacer justicia a la poderosa linea de insectos más recios que la naturaleza puede brindar: los escarabajos. La evolución del principiante Tentomon, suele ser reconocida por atributos más desarrollados en el aspecto ofensivo que defensivo. Así, el escarabajo azul posee un considerable tamaño y un cuerpo relativamente fino, completamente protegido por un exoesqueleto de extrema dureza, cromado en color azul. El área del abdomen presenta un exoesqueleto que enmarca de por si la forma de músculos formados a detalle, lo cual demuestra que bien puede ser una protección más resistente que la del restante del cuerpo, con la intención de proteger órganos vitales. Por otro lado, la presencia de cuatro brazos esqueléticos pero feroces, demuestran que el insecto campeón esta equipado para sostener e inmovilizar por completo al adversario. Sin que eso sea todo, una enorme cabeza carente de cualquier especie de órgano de visión expuesto solo acentúa el carácter agresivo del insectoide, dado que esta compuesta de una aleación de metal rígido cuya forma resulta de compleja descripción. Dicho acorazado se ve rematado con un inmenso cuerno que sobresale justo delante de la sección que traza la linea a la que siguen un par de fauces compactas, cuya estructura muscular es completamente visible y yacen posicionadas cual si fueran mejillas letales justo debajo de una mandíbula de inmensos dientes filosos sobresalientes. El toque final de este terrorífico Digimon son las cuatro alas de insecto que gruesas y potentes le ayudan a surcar los aires a gran velocidad.

Adriana comenzó a revisar una y otra vez sus cartas. Por alguna razón, aquel mazo le encantaba en sobre manera, tanto o más como su amor por los insectos. Ella sabía que su pasión residía en las cartas de tipo Natura por todo lo que significaban.

Las cartas de tipo Natura son reconocidas por conocer el punto intermedio entre factores ofensivos y factores defensivos. Son cartas de valores transversalmente nivelados: poseen buenos puntos de ataque al igual que puntos vitales lo suficientemente considerables como para aguantar una pelea prolongada. Pero ello no es su punto más significativo. Lo que las haces sumamente útiles y más bien codiciadas es su adaptabilidad. La gran mayoría de Digimon de tipo Natura poseen Puntos de Evolución elevados, lo que los hace un complemento perfecto si lo que se busca es perfeccionar a los Digimon del campo y fortalecerlos vía cambio constante. Al igual que en el mundo de los insectos, un rápido cambio en los recursos disponibles de un ser vivo lo hace más proclive a sobrevivir los embates del entorno. Ello también aplica en los Combates Digitales cuando se utiliza esta clase de cartas.

- Parece que estas muy emocionada, Adrianita - dando leves giros de la cabeza para no distraerse, comentó el padre de la pequeña.

- Claro que sí, Pai - respondió ella, cuando, habiendo revisado todas sus cartas, dejo bien protegida la baraja en el estuche de metal.

- ¿A qué se debe? -

- El torneo regional de Brasil, Pai. No falta mucho para dicha confrontación. Sinceramente me encuentro emocionada. Simplemente no puedo esperar más; necesito que el torneo sea ya -

- ¡Jajajaja! Tan impaciente como siempre. ¿Qué tiene de especial el torneo? -

- ¿¡Acaso no sabes, Pai!? Las regionales de esta época darán lugar al ganador a batirse para competir por un puesto en el ACTS -

- ¿ACTS? -

- Absolute Champions Tournament Showdown o ACTS - esclareció Adriana - Usualmente es un torneo reservado para los campeones de campeones. Por lo mismo, es un ambiente de extrema competición, donde solo el mejor de todos saldrá victorioso -

- ¿El Ganador de la Regional de Brasil tendrá la posibilidad de entrar en un torneo de tal prestigio? -

- No...llegar a ser Ganador de Brasil dará acceso a competir por ser campeón Sur Americano. Lo mismo sucede con los demás continentes. Sale un campeón de cada Continente. En pocas palabras, habrá una Campeona Sur Americana, Un Campeón Norte Americano, un Campeón Europeo y un Campeón Asiático. Esos cuatro campeones conforman a los nuevos retadores que tendrán asiento en el ACTS -

- Vaya...nunca pensé que ese juego de cartas llegaría tan lejos en tan poco tiempo...-

- Y no solo eso. También la expansión fue gigantesca. Al inicio solo existían las cartas de tipo Fuego, después se agregaron las tipo Agua. Durante un tiempo se mantuvo así, hasta que aparecieron las cartas de tipo Natura y finalmente aparecieron las cartas de tipo Miscelanea. ¿Tienes idea de cuantos campeones han salido a lo largo del tiempo? ¡Es increíble! -

-¿Qué hay de las Cartas de Opción? -

- Las cartas de Opción siempre han estado. Lo que ha cambiado con respecto a ellas es la variedad y los usos. En pocas palabras, la versatilidad -

- Wow...si que sabes mucho de este tema. En Brasil apenas e inicio hace muy poco -

- Si, pero en las zonas de Europa ya se conocía desde hace más tiempo, por eso conozco los detalles, Pai -

La larga linea de conversación que sostuvieron padre e hija fue suficiente como para dejar que el viaje pasará de largo sin ninguna clase de aburrimiento. Prontamente, el aeroplano de los Émeraude tuvo su descenso exitoso en una pista de aterrizaje para aeroplanos de turismo. Dicha pista era de propiedad de Joao, junto con los hangares que se expandían a lo largo de aquella propiedad localizada a las afueras de Brasília en la zona costera. Salidos de ahí, padre e hija emprendieron rumbo en dirección al centro de la animosa capital brasileña, donde los suburbios los esperaban con ansias y por ende su hogar.

El Jeep de los Émeraude prontamente giro en la esquina que daba entrada a los amplios suburbios de Bahía Hermosa. Unas cuadras más adentro, al final de la calle los esperaba un inmenso portón de rejas prolijas en negro. Cuando hubieron llegado a la entrada de su hogar, Joao salió del auto y abrió los portones. Así, volviendo a manejar, ingresó con su hija a través de un camino pavimentado que hacía de intrigante patio interior. A los pocos minutos se encontraban en una casa, cuyo tamaño bien hacía en remembrar las casonas de épocas antiguas, gracias a los grabados tan arcaicos en los portones de madera que hacían de entrada principal a ese lugar, al igual que los toca puertas de oro que hacían a la mitad de dichas entradas.

Adriana tocó reiteradas veces la puerta. No hubo respuesta. Por ello mismo, volvió a insistir, aprovechando que su padre se encontraba sacando algunas cosas del maletero del coche. Esta vez, se animo a tocar con fuerza la puerta. Ello al parecer funcionó, puesto que al momento que la pequeña exploradora iba a rematar la entrada, esta se abrió con fuerza. Adriana se vio impulsada hacía adentro y hubiese tocado el suelo de no haber sido por la presencia que yacía frente a ella. El choque la aturdió, pero de forma veloz se reincorporó y levanto un poco la mirada.

- ¡Raimundo! - exclamó la chiquilla.

- ¡Eso fue un impacto, chiquita! - se escucho la voz juvenil del muchacho de nombre Raimundo, mismo que frotaba con la diestra su pecho - Sabes bien que no debes tocar tantas veces la puerta -

- Jiji...pero es que nadie respondía - se excusó Adriana, mientras sobaba su propia cabeza.

- Sabes bien que es así, chiquita - prosiguió el alto Raimundo - Esta casa no es solo ancha, sino también larga. No tienes idea de cuanto toma llegar del jardín trasero hacía la puerta principal. Por lo tanto, ¡tienes que tener consideración! -

- Esta bien...Rai...esta bien...-

- ¿La niña apenas regresa esta causando problemas? - en medio de sus pasos, preguntó Joao

- ¡Joao! ¡Jajaja! No para nada, solo se emocionó de más es todo - contestó el muchacho

- ¡Si, Si! Eso es verdad jijiji - rió Adriana, quien entonces se lanzo en pos del inmenso camino de escaleras que la conducirían a su habitación en el segundo piso.

Raimundo, un muchacho esbelto y alto de 16 años, de por sí algo fornido, comenzó a llevar junto con Joao las cajas que traía en el Jeep. Prontamente las acomodaron a lo largo de la sala de estar, muy próximas al juego de muebles de espera.

- ¿Estarán aquí por unas semanas? - inquirió el muchacho de piel morena, quien a manera de relajo apoyo el contorno de las manos a la altura del abdomen.

- Nos quedaremos un breve periodo, si no es mucha molestia claro, jajaja - respondió el explorador quien llevo sus manos hacía adelante a manera de poder frotarlas palma contra palma.

- No hay absolutamente ninguna molestia. Sabes que nuestra casa es su casa - prosiguió Raimundo a la hora de obsequiarle al viejo Joao una amplia sonrisa.

Después de una breve conversación entre los dos, Raimundo se animó por ir hacía las escaleras. Fue subiendo pacientemente hacía el pasillo que daba inicio al segundo piso. Una vez ahi, el muchacho giró el rostro hacía la derecha y exclamó - ¡Chiquita! -

- ¿¡Si!? - pudo oirse la voz de Adriana traspasar una puerta que se encontraba al fondo del camino.

- Apura el paso o se nos hará tarde para llegar al centro. ¡Ya van a ser las 3! - recalcó Raimundo

- ¡No demoraré mucho más! -

Una vez adentro del dormitorio, se pudo ver lo amplio de la habitación cuyo sector derecho daba visión hacía el patio interino de la fachada de la casona. Múltiples ventanas daban amplia luz al cuarto temporal de Adriana. Ella y su padre tenían la costumbre de detenerse en la casa de su primo Raimundo por unos cuantos días, siempre que algún gran viaje se aproximaba, por lo que ya se encontraba acondicionada a los cambios. Por lo mismo, a parte de las prendas de ropa que dejó en aquel lugar, también se había encargado de condicionar el cuarto a su entero gusto. Así, postrada sobre parte frontal del cuarto, con visión de las ventanas que daban hacía el exterior, se encontraba una extensa repisa donde varios libros ordenados por tema ocupaban toda la longitud de la misma. Por otra parte, la esquina izquierda cerca a la puerta servía de puesto para un compacto escritorio de estudio, mismo que tenía a su costado una práctica lámpara de escritorio con la cual iluminar la superficie del mueble de ser necesario. Al otro extremo, encarando dicho mueble, había una cómoda en donde habían utensilios de higiene básicos, así como que alguno que otro perfume.

Adriana, por su parte, se encontraba en el closet que se encontraba en medio de la pared del fondo de la habitación, viendo que otra ropa poder ponerse. Su traje de exploradora se encontraba en la cama tirado y ella se encontraba en sandalias y blusa de color blanco, además de las prendas indispensables. Después de un corto periodo de búsqueda, hallo una minifalda ceñida de color morado, misma que se puso con relativa facilidad. Su siguiente paso fue ir hacía su cama, pues la mochila la había dejando descansando frente a la parte inferior de su lado predilecto del mueble. Abrió el bolsillo derecho y saco de ahí el estuche de sus cartas. Acto seguido, avanzó unos cuantos pasos al frente donde una mesa de noche pequeña sostenía en su superficie unos lentes de enmarcado redondo y fino. Se los puso prontamente y tomo la pequeña cartera rosa que tenía a la mano. Finalmente, puso el estuche con su baraja en el interior de aquel bolso chico y salio de la habitación.

Se encaminó rápidamente a bajar las escaleras. Su primo Raimundo la esperaba en el primer piso cerca a las puertas que daban salida al patio interino de la casona. De camisa florida abierta, bermudas y sandalias iba el muchacho, mismo que a su vez abría la puerta del asiento de co-piloto del Jeep.

- ¡Rápido, Rápido! - gritó Raimundo, quien por momento se inclino hacía el costado para enfatizar su pedido con movimientos reiterados de la mano derecha - ¡Corre, Chiquita! -

-¡Ya voy, Rai, Ya voy! - respondió con fuerza la morena, quien en ese momento, en medio de su carrera, llevo la siniestra hacía su cabello atado en moño y lo soltó, develando una larga cabellera que le llegaba hasta la base de los hombros.

La niña Émeraude se subió de un salto al asiento que le esperaba y de un portazo cerro el acceso al área del copiloto. Lo siguiente a avizorarse fue el auto corriendo a salir de las inmediaciones de la casa, para después salir en carrera apresurada en dirección al centro tras salir de los suburbios de Bahía Hermosa. Por varios minutos, el joven Raimundo se concentró en el camino, puesto que el apuro con el que habían salido podría causar algún estrago de no ser cuidadosos.

- ¡Más Rápido, Rai! ¡Más Rápido! - exclamó Adriana, cuya cabeza yacía parcialmente fuera de la ventana de la puerta, por lo que sus cabellos bailaban con la fuerte brisa del aire.

- ¿Estás loca acaso, chiquita? Ya estamos a 100 - contestó Raimundo, conforme aminoraba la velocidad para dar un giro a la derecha

- Pero estas ya bajándole - replicó como puchero la niña de ojos esmeralda

- ¡Evidentemente! Me toca girar o no llegaremos jamás - exclamó el mayor.

- Todo por que tienes tu cita con no se quien -

- E-Eso no tiene nada que ver. Además ¿No querías llegar a jugar cartas? -

- ¡Claro que sí! Pero a diferencia de tu cita, las cartas no se cansan, no aburren ni nada de ese estilo -

- Jajajaja, tranquila, chiquita. Verás que al breve rato estaré contigo -

- ¡Pues eso espero, Rai! Sabes que los chicos gustan de jugar con los dos -

- Por supuesto, por supuesto -

La conversación se hizo extensiva, en medio de risas repentinas y discusiones. Finalmente, después de haber recorrido la ciudad por un largo tramo, el paraje de ciudad moderna comenzó a cambiar por uno de apariencia más roída. Ya no habían tantos edificios, sino más bien zonas con hogares constuidos de los elementos básicos del material noble. Paredes sin tarrajeo, en ladrillo aún por resanar era la mayor parte del escenario que se avizoraba a lo largo del camino que habían adoptado los dos muchachos en el Jeep. Solo algunas tiendas de abarrotes y bodegas de puerta amplia presentaban fachadas terminadas; de igual forma uno que otro mercado oculto por ahí.

La Jeep estacionó frente a un complejo deportivo de carácter público. Ambos, Raimundo y Adriana salieron y comenzaron a ver los alrededores. Todo parecía en orden en aquel lugar, lo único que captaba la atención de los chicos era el estado real de aquella zona de la capital brasileña. Las brechas sociales podían agigantarse literalmente con tomar un paso entre la ciudad y Cabo Verde, que era donde se encontraban. Pronto los despabilo del trance el correr de unos chicos que traían consigo una pelota de fútbol. El deporte era parte primordial de la rutina de los niños y adolescentes de Cabo Verde, y Brasil, como país reconocido por su manejo del balón, no podía tener algún lugar, sin importar riqueza o avance social, que no apreciará las bondades del balón pie. La mirada de Adriana siguió a los chiquillos a lo largo de la acera y por las gradas que trazaban el camino hacía el fondo del complejo. En aquel sector se presenciaba la cancha pública. Pronto vio que al fondo, sentados algunos en cajas y otros en las mismas gradas, habían ciertos muchachos que no se dedicaban a jugar con la pelota, sino que veían algo más.

- ¡Chicos, chicos! - gritó Adriana mientras movía la diestra a manera de saludo y comenzaba a ir en dirección a ellos - ¡Ya estoy aquí! -

La reacción de los niños fue voltear y comenzar a saludar a Adriana en lo que la animaban a aproximarse pronto. Al ver que eso ocurría, la aventurera exploradora sonrió brevemente, pero rápidamente giro para dar un último vistazo a Raimundo. En su mirada podía notarse la demanda por que se apresurase con su encomienda o lo que sea que tenía que hacer.

Por su parte, Raimundo sonrió con nerviosismo en lo que colocaba a manera de relajo temporal, los brazos a la altura del pecho. Una vez vio que su prima había llegado con bien al extremo de la cancha donde estaban los mencionados muchachos, saludó con rápidez a los mismos desde su posición y se subió al Jeep para retomar camino al centro de la ciudad.

Nada de lo ocurrido había pasado desapercibido. Los detalles de los saludos, la locación, y la retirada de Raimundo eran cuidadosamente estudiados por un personaje, que envuelto completamente por una túnica algo roída, estaba apoyado sobre una de las paredes que daban vuelta a la esquina cercana al inicio del campo público de fútbol.

- Así que ella es...estoy seguro, no me equivoco, ella tiene que ser - articuló para sí el hombre - No veo que haya otra persona más adecuada para el cuidado de esta encomienda - siguió hablando.

Dicho personaje misterioso no parecía causar ninguna clase de impacto en la gente que cruzaba por la calle. Tal vez el motivo de ello era el hecho que cualquiera podía padecer de un delirio o simplemente la visión de gente ataviada de forma tan extravagante dejaba de ser impresionante ante la presencia de uno que otro indigente. Así, camuflado al parecer de forma sumamente adecuada, comenzó a desplazarse por la acera en lo que pensaba rápidamente.

"Debo entregar esto, nadie más lo puede hacer, me lo encomendaron a mi. Lo mejor será formular un plan para conseguir que la niña no rechace lo que tengo para ella" maquinaba continuamente.

En medio de sus pensamientos aislados, una vez más tuvo la iniciativa de revisar aquello que le habían dado. Por lo mismo, elevo la mano diestra, lo que provoco que la cobertura de la túnica vieja que le encubría baje y revele la mano del muchacho. En dicha mano se encontraba sujeta una carta que al contacto con el sol refulgió en verde intenso, en especial por la zona posterior y por los bordes frontales. Lo que más le extrañaba a este sujeto es por que era tan especial dicha tarjeta. " La guardia real " retumbaba en la mente del emisario misterioso, quien parecía algo incomodo ante el hecho que el aditamento que tenía parecía una carta común, a excepción por algunos detalles como la denominación "Partner Digimon - R" que tenía inscrita en la parte superior izquierda al igual que el folio traslucido y luminiscente que otorgaba rareza y atractivo a la tarjeta. El Digimon en ella ni siquiera había dirigido la palabra ni una sola vez, aún cuando quien le envió dijo que sería lo contrario.

No había tiempo para pensar en esos detalles, la empresa adquirida era de crítico cumplimiento, así que los detalles vendrían después. De momento, la idea del encapuchado fue la de empezar a caminar en dirección a los muchachos, sin embargo, tomaría la ruta larga, circundando el área de las gradas hasta encaminarse a través de la zona en la que Adriana y ellos se localizaban. Tal vez vería algún detalle que le hiciese cambiar de parecer en cuanto a la elección o solo ayudará a reafirmar su ya determinada convicción. Pero mientras ello era así...

- ¡Muy bien! ¡Muy bien muchachos! - se escuchó por parte de Adriana, misma que se las había ingeniado para sentarse comodamente sobre una de las cajas que los chicos habían traído.

- ¿Así es como se hace, Adri? - un niño pequeño, de alrededor de 10 años, preguntó mientras la miraba fijamente.

- ¡Si! - exclamó con alegría Adriana, misma que en ese momento guió la mirada a otra caja más amplia y pesada cuya función era actuar de improvisada mesa de juegos. Lo que reviso fue que las cartas estuvieran correctamente colocadas - ¡Y ahora comienza la batalla!

Lo que hacía la muchacha con aquellos niños era irles enseñando las bases del juego de Cartas Digimon. Aquel se había convertido en un hobby muy satisfactorio para ella, pues podía divertirse con el juego que tanto le gustaba e ir dando un motivo a los demás para dibujar sonrisa en su rostro. Aún con la situación humilde que se afrontaba en aquellos barrios, la aceptación a una nueva actividad, una nueva recreación, siempre era bien recibida. Los niños que competían entre si apenas y poseían cartas de Nivel R - Rookie y una que otra carta de Opción, pero se divertían con cada jugada y disfrutaban de saber que lo hacían bien.

El emisario, cuyos pasos iban guiándolo cada vez más cerca de Adriana y los pequeños, veía con cierto grado de admiración la obra de la pequeña exploradora. Aún cuando por las sombras que cubrían su rostro no pudiese verse, esbozo una amplia sonrisa de satisfacción, pues al ver aquello, supo que no se había equivocado. Una vez más vio la carta que tenía en sus manos, aún cuando el Digimon en ella no se comunicará con él, tal vez y con la niña sería distinto. Sin embargo, no tenía ni una sola idea de que hacer para comunicarse con la niña. Cada idea le parecía o muy arriesgada o muy extraña. Se estaba quedando sin muchas opciones dado que ya iba acortando la distancia un buen tramo y dentro de poco sería imposible ocultar su presencia de aquellos niños. Aún no se le ocurría absolutamente nada. Al final, tuvo que optar por lo extremo.

- ¡Cuidado! ¡Abran paso! - exclamó el enviado, quien súbitamente corrió en la dirección de todos los niños

Los chiquillos voltearon a la vez a ver quien causaba el alboroto y se vieron completamente sorprendidos al ver a la túnica andante dirigirse hacía ellos con gran velocidad. La sorpresa dio lugar al instinto y ello a que todos buscarán tomar sus cartas y se apartaran inmediatamente. Adriana era la más sorprendida, pero a su vez la más fastidiada con lo sucedido, por lo que una vez el extraño se las arreglo para salta por sobre la mesa que hacía de centro de juegos para los pequeños, salió en rauda persecución.

- ¡OYE TÚ, ESPERA AHÍ! ¡DETENTE! - exigió con cólera la morena, quien molesta le empezó a pisar los talones

- ¡Lo siento, lo siento, lo siento! - replicó el emisario quien apresuró el paso - ¡Tengo demasiada prisa! -

- ¡NO ME IMPORTA! ¡VEN AQUÍ! - continuó Adriana, misma que ya se aproximaba peligrosamente a la túnica móvil.

En ese momento, el encapuchado bajo una de las manos y la agito con fuerza en medio de un giro inesperado. Ello provocó que por acto reflejo, Adriana se detuviese en seco y se agachase de inmediato, evitando cualquier contacto con el forajido aquel. Ello dio tiempo a que el emisario dejará caer sobre una de las gradas, la carta que tenía el deber de cuidar. La proeza de movimiento culmino con su huida por una de las esquinas al finalizar la extensión del complejo.

La muchacha miró con frustración como aquel personaje extraño se alejó. Por lo mismo, casi se propone a levantarse con la intención de perseguirlo sin importar lo que tome, sin embargo, ello cambio cuando vio la carta. Dicha tarjeta se encontraba contra el suelo por la parte frontal, por lo que la sección posterior, metalizada y brillante en verde intenso fue lo que más capto su atención. De pronto, lo que había iniciado como una persecución en furia, tergiversó a una persecución con preocupación cuando la levanto del suelo.

- ¡Oiga, oiga, se le callo esta carta! ¡Señor, vuelva aquí! - expuso conforme sus pasos la conducían hacía la esquina en donde se había extraviado el fugitivo.

No hubo éxito; el extraño personaje se había esfumado. Adriana, reticente a creer que había perdido de vista a alguien, camino solo un poco más allá para encontrarse con la túnica desgastada en la que se encontraba envuelto dicho hombre.

"Mmm...se la habrá quitado para hacer más difícil saber por donde se fue..." pensó la maestra de cartas Natura

De pronto, un zumbido agudo y evidente pasmó a Adriana y la quito de sus pensamientos. Su primera reacción fue la de buscar taparse con los palmas ambos oídos, pero al hacer eso, el sonido se volvió estridente e insoportable. Alejo las manos y pronto miró con asombro al causante de dicho sonido. Era...¡La carta Digimon!. Con prontitud la giró y vio que se trataba de una carta de un Digimon R - Rookie del tipo Natura: Una gran abeja infantil: FanBeemon.

FanBeemon, Un Digimon Abeja de Nivel R- Rookie, bastante pintoresco, pues su figura distaba de lejos de la de una abeja común y corriente. Más bien parecía el disfraz de matiné de una abeja. De cabeza grande que posee dos largas atenas de color azul y unos ojos saltones de iris prominente en tonalidad esmeraldina. Todo el cuerpo de un insecto, exagerado por lo redondo de cada componente del torso. De igual forma todas sus patas completamente felpudas, aún cuando de insecto, le daban un toque tierno, aún cuando en la postura en la que se encontraba, parecía estar saludando con el extremo derecho de una de ellas. Lo único que podía causar otra impresión era el par de picos metálicos que sobresalían del área del abdomen y el grueso aguijón de base serrada en el que aparentemente se estaba apoyando en la figura de la tarjeta.

- ¿Qué es esto..? - se preguntó Adriana, pues sus ojos no podían creerlo y sus oídos tampoco.

- ¡Mi Reina! - entonces se escuchó una aguda y reverencial voz de niño

- ¿Q-Qué? ¿Quien? - cuestionó Adriana

- ¡Aqui, Aqui, mi Reina! - volvió a oírse con un ahínco inspirador y una emoción de infante

Adriana giró el rostro en todas las direcciones posibles, pero no encontró al autor de dichas palabras en ninguna parte en las que veía. A ese punto, jugó con lo improbable y contempló la tarjeta. El Digimon ahí representado estaba volando a través de los alrededores del bosque obscuro en el que se encontraba situado.

Adriana pegó un grito. La carta Digimon había hablado. Eso era algo que no podía estar imaginando de repente; la carta volvió a emitir palabra.

- ¡Mi Reina, Mi Reina! Permita que le explique - solicitó FanBeemon.

- ¿Q-Q-Q-Qué hay por explicar? - tartamudeó con miedo Adriana...

En las tierras del trópico, fue entregado otro de los Digimon que tendría repercusión en el destino que se jugaría tanto el Digimundo como el Mundo Real. Un nuevo actor había entrado en escena, un nuevo Maestro adquiría lo que muchos jugadores hubieran deseado tener. ¿Cómo afectará esto a la aventura?...


Continuara...

¡Partes finales del Capitulo 3 serán puestas en breve! Espero que les agrade esta segunda parte. Es un gusto escribir para ustedes. Al final, habrá una explicación de por qué la demora.