Disclaimer: Aún no soy Meyer, so, sus personajes no son míos, tralará xD

Viñeta 4: Mientras duerme

Aquello era una estupidez.

Debía de estar loco, o quizás tuviera alguna vena masoquista que nunca antes había salido a la luz. Sí, quizás debía de pedirle a Emmett que me usara como saco de boxeo, a ver si me despejaba, aunque sólo fuera un poco, y así, dejar de pensar en ella.

Definitivamente, era gran estupidez.

Mis músculos se prepararon para correr sobre la fachada de su casa y saltar por su ventana. E iba a hacerlo. Tenía que hacerlo.

Porque las voces en mi cabeza no eran nada comparado con su cara, que está delante de mí las veinticuatro horas del día, como si estuviera tatuada a fuego en mis párpados, mientras la veo sonrojarse adorablemente y hacerse la valiente, la fuerte, cuando en verdad se desmadejaba en pedazos estando en un lugar en el que nunca había querido estar, sólo para hacerle la vida más fácil a su madre.

Aunque ni siquiera sabía qué era lo que pensaba de mí y de mis groserías. La verdad es que no sé nada de nada en lo que a sus pensamientos se refiere. Debe de tener una mente demasiado celosa de su privacidad como para que alguien como yo pueda leerlos. Era tan frustrante intentar desmigajar todo lo que Bella le decía a Jessica, a Mike, o a los demás, sin saber si lo estaba pensando en realidad o no, que no pensaba si podría mucho tiempo sin hablarle, intentando ignorarla.

Y no iba a resistir, lo sabía.

Además, si el aroma que desprendió su cuerpo la primera vez que la vi me golpeó como la bola de una grúa, verla durmiendo totalmente despreocupada mientras su pecho subía y baja lentamente y su respiración calmada inundaba la pequeña habitación me…traspasó.

"Mantén la mente ocupada"

Tenía dos opciones:

Seguir haciendo como si ella no existiera, y dejar que pasasen los años hasta que se fuera y así, provocar que le dijera que sí a alguien como el vil de Mike Newton o a cualquiera como él.

Hablarle. Intentar…intentar hacer algo. Yo no soy lo que debería de ser, sino lo que me han ayudado a ser. He jugado cartas que tenía y que pocos como yo han decidido usar. ¿No podía seguir variando un poco y salirme de la línea corriente?

-Edward.

Por un momento pensé que me había descubierto. Me quedé parado, preguntándome qué hacer. Estuve a punto de soltarle un: "Buenas noches, Bella. Creo que ya te has dado cuenta de que te evito en el instituto, ¿no?, bueno, sólo quería ver si seguías viva, hasta mañana, cuando vuelva a intentar ignorarte".

Me preparé para el grito que iba a dar, pero no dijo nada. Me giré hacia ella, expectante, y vi que seguía dormida. Estaba soñando. Soñando conmigo.

-Edward…

En ese momento suspiró y cambió de posición, quedando su rostro frente a mí, y entonces, justo entonces, fue cuando mi corazón -que había muerto desde el momento en el que resurgí como vampiro y que desde ese momento dejé de sentir- se hinchó y reclamó su lugar en mi anatomía. Su suspiro me estremeció y tuve que sentarme en la mecedora que había cerca de su cama.

Luego, jirones de una sensación, minúsculas descargas eléctricas, surcaron mi cuerpo de abajo hacia arriba, instalándose en mi estómago. Una llamarada que no quemaba se abrió paso como un rayo desde mi estómago y se instaló en aquel corazón que no era ningún músculo innecesario, sino algo que acababa de reconocer de habérselo oído a Alice.

Aquello no era ni un libro, ni una obra de teatro, ni una película. Y yo acababa de aprender de golpe y porrazo la lección que Carlisle me comentó la noche en la Alice vaticinó que Bella sería uno más de nosotros.

Creo que en ese momento me di cuenta de tres cosas: primero, no podía seguir ignorándola como llevaba haciendo durante seis semanas. Segundo, estaba sediento de su sangre y de su atención. Y tercero, estaba inequivocada e irrevocablemente enamorado de Isabella Swan.