*Capítulo 4: "Una visita muy especial"


Disclaimer: "Hey Arnold!" no me pertenece. Ella y todos sus personajes son propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon, excepto los que inventé para darle sentido a mi historia. Este fic no tiene fines de lucro.


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Como la tranquilidad con la que el silencio de cada mañana fría, así era este domingo en particular. Atípico, pero no menos real, estaba empezando a nevar con mayor antelación, en comparación con otros años. Los chicos del último curso de la P.S 119, acudieron muy puntuales a la cita establecida en la puerta del establecimiento escolar, para abordar el autobús que los llevaría al Hogar Luz y Amor.

Helga seguía sin su teléfono celular, desde el día anterior. Al parecer, este había sido robado. Llamó a Arnold apenas salió del trabajo, pero él no había llegado aún —tuvo que ir a buscar a Stella al centro comercial—, y como ya eran casi las once de la noche, decidió que lo mejor sería hablar personalmente con él, al día siguiente, en el trayecto hacia el hogar. La expresión del rubio fue de sorpresa y curiosidad al verla subir al autobús.

—Buen día, Arnold. —saludó ella, sentándose con él. El chico seguía sin comprender por qué su novia no respondía sus mensajes, ni atendía sus llamados. Aunque anoche él llamó a su casa —y Bob dijo que Helga estaba durmiendo, esta mañana intentó comunicarse a su móvil, y nada.

—Helga, pensé que te había ocurrido algo... ¿Qué sucedió?

—Me robaron el teléfono, lo siento.

—¿Cómo, en la juguetería?

—Lo dejé cargándose, debajo de mi bolso, no sé quién pudo haberlo sacado; allí no pasan los clientes...

—¿Dices que es alguien del trabajo?

—No lo sé, pero me siento terrible, Arnold; dejé plantada a Stella, no era mi intención… —dijo alterándose.

—Tranquila...

—Te llamé cuando me enteré que saldría después de la hora estipulada, desde un teléfono público, pero no me atendió nadie, y también desde otro celular prestado, y no tenía señal el estúpido aparato y yo...

—Helga, está bien...

—Lo siento... De verdad. Odio esto...

—Últimamente estás atada de pies y manos por este empleo, Helga...

—Lo sé, y quise dejarlo.

—¿Ah, sí?

—Sí, pero mi padre cree que es conveniente que siga un tiempo más. Tú sabes, solo lo hace por negocios con este sujeto...

—Las chicas... Bueno, ellas creen que no podrán contar contigo para la feria, y yo les dije que no pensaran así...

–¡Estaré en todo, maldita sea! —se exaltó—, Lo siento. —dijo sentándose nuevamente en el bus.

—Veo que estás muy estresada, ¿por qué no cambiamos de tema?

—No quiero cambiar de tema. ¿Stella está enojada?

—¡No!, Helga, ella te adora, ¿cómo podría estar molesta?

—Pero la dejé varada...

—Eres como la hija que nunca tuvo, calma. Ella comprenderá.

—Gracias, Arnold. Lamento haberte hecho preocupar. Le pediré a Bob un nuevo teléfono.

—Genial.

—¿Sabes que te amo?

—Por supuesto que sí, rubia.

—Oye, tampoco la arrogancia, amiguito... —dijo con falsa molestia.

—¿Y sabes qué más? Yo también te amo. —retrucó, dándole un rápido beso, reprochado a lo lejos por Wartz, quien intentaba que todos cantaran "Wipsy, Wipsy, Araña". Helga lo miró con ternura por unos segundos.

—Cielos... Qué frío hace hoy. ¿Ese Wartz cree que cantaremos esas bobas canciones? No lo hice a los nueve, no lo haré a los diecisiete. —acotó con altanería.

—Vaya niñita madura eras, Helga... Si tienes frío, te presto mis guantes.

—No, no podría quitártelos.

—Entonces guárdalas en tu abrigo...

—Me gusta más el tuyo...

—Ah, tuve un déja vú. —dijo con voz soñadora, él.

—Igual yo. —respondió Helga, riendo—, Oye, ¿recuerdas ese día, verdad?

—¿Cómo olvidarlo? Era víspera de Navidad, y tomé el chocolate caliente más delicioso de todo Hillwood y los cup-cakes más...

—Hey. ¿Y quién te los recomendó?

—Una rubia solitaria, con un gran, gran cuadro...

—Ah... ¿Y era...? ¿Bonita? —dijo fingiendo celos.

—La más hermosa... —aseguró él.

—Y esa rubia... ¿Qué onda?

—¿Qué insinúas?

—¿Ella...? ¿Ya te gustaba?

—No sé, debería haberle preguntado a ella eso mismo... ¿No crees?

—Mmm, no sé... —dijo dubitativa y algo avergonzada.

—¿Helga...?

—¿Sí?

—¿Ese abrazo...?

—¿Qué con el abrazo? —repreguntó ella.

—Nada, es sólo que... Creo que eso me hizo confirmar algunas sospechas...

—¿Qué? —resopló completamente avergonzada.

—Que tú me gustabas, y mucho...

—Ah...

—No te hagas la fuerte, señorita. Finges seriedad, pero sé que no me dices todo.

—Arnold, somos novios hace casi tres años, ¿y ahora quieres que te cuente desde cuándo yo...?

—¡Ya llegamos! —exclamó Simmons.

—Exacto. —dijo él, impidiéndole salir de su asiento, juguetonamente.

—Ya estamos grandes para esto, Arnoldo...

—No lo suficiente, uno siempre lleva a su niño interno...

—¿Qué quieres que te diga realmente?

—No sé...

—Está bien. Me encantó ese abrazo, ¿de acuerdo? No dejé de pensar en eso todo el día, hasta en tu fiesta, incluso. ¿Feliz?

—Mucho. ¿Tan difícil es sacar a la Helga cursi de paseo? —ella le dio un golpe en broma—. ¿Ves? Por estas cosas te amo tanto...

—Sí, lo sé. Yo solo te quiero por tu abrigo...

—Lo sé, jaja. —respondió en broma, bajando del autobús, al hogar finalmente.

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Los chicos arribaron muy alegres al Hogar, junto a Simmons y Wartz. Rhonda veía por encima del hombro de Nadine, a Curly, que conversaba amenamente con Sid y Stinky.

—Nadine...

—¿Sí, Rhonda?

—No quiero entrar.

—¿Por qué dices eso? Sabes que vino Jennifer especialmente para verte...

—Es que ella me interrogará…

—¿No puedes explicarle que ya no están juntos?

—No quiero hacerlo.

—Ella no te juzgará. —le respondió Nadine, con una sonrisa.

—¿Y tú, sí, si te cuento toda la historia?

—Cuéntame cuando salgamos.

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Al tocar el timbre, Ellen fue quien los recibió. La niña de doce años, había crecido bastante, hasta ser medianamente alta; su cabeza 'ligeramente abalonada', en palabras de Helga, ahora llevaba una larga cabellera rubia, y su voz era ciertamente menos infantil, pero aun dulce.

—¡Cuánto me alegro de verlos nuevamente, chicos!

—¡Ellen! —gritó Helga corriendo a su abrazo.

Más atrás, se encontraba sonriente un niño más alto que la jovencita, ansioso por saludar a todos los visitantes, Axel.

—¡Cuánto has crecido en un año!

—Menos de un año, —aclaró la niña—, nos vimos en el verano, ¿recuerdas?

—Sí, ¡tienes razón! —rememoró Helga.

—¡Señor Simmons, y Señor Wartz! —saludó emocionada—. Adelante, gente, son bienvenidos.

—Hola jovencita, permiso. —respondió Wartz, ingresando también.

—¡Axel, Jennifer! —los abrazan Arnold y Rhonda. Curly veía sonriente, pero sin acercarse a la pelinegra.

—¿Cómo han estado, chicos? —preguntó Jennifer—, supongo que Arnold y Helga están por cumplir su tercer aniversario de novios, ¿no? —inquirió la pequeña.

—Sí, vaya memoria prodigiosa tienes, niñita. —comentó Helga.

—¿Dónde están Curly y Rhonda? ¡Vengan! —ordenó. Ambos se aproximaron con cierto resquemor y timidez. Sus miradas de incomodidad eran notorias. Jennifer quedó desconcertada, y por lo tanto, los chicos trataron de disimular la situación, distrayéndola.

—¿La señora Lauren se encuentra? —preguntó Gerald.

—Sí, está en su habitación... —espetó Ellen con otro tono en su voz, más triste.

—¿Qué me cuentas, amiguito? —le dijo Arnold a Axel, mientras los demás eran guiados por Ellen y Bridgit, una de las ayudantes del Hogar.

—Todo ha sido de maravillas, mi nueva vida, me refiero.

—Cuánto me alegra oír eso, Axel. Si lo pensamos, ambos vivimos una vida diferente desde la misma época.

—Sí, es cierto... —respondió sonriendo. ¿Qué tal la escuela?

—Genial, estamos a punto de graduarnos...

—Vaya... Cuánto me falta aún para poder decir eso...

—Sólo seis años, ¿no?

—Sí, algo así.

—¿No te gusta la escuela, Axel?

—Nah, la escuela está bien. Es sólo que tengo una maestra que nos da mucha tarea y yo... Bueno, odio las matemáticas...

—Jaja, es común. Todos odian los números, pero la clave está en practicar mucho. —comentó alegre, el rubio.

—¿Y el amor?

—¿Mi amor? —repreguntó Arnold—, está al lado de Phoebe. —indicó, señalándola. ¿Y por aquí, cómo andamos?

—Hay una niña en la escuela...

—¿Te gusta?

—Yo le gusto.

—Qué bien...

—Pero ella no me gusta-gusta... Es decir, —dijo sonrojado—, odio hablar de estas cosas... —balbuceó.

—Puedes confiar en mí, Axel. No tiene nada de malo que exteriorices tus sentimientos.

—Hay alguien más que me gusta, y creo que ya sabes quién es...

—Mmm… tengo una ligera sospecha. ¿Y qué pasa con ella?

—Ha estado actuando un poco raro últimamente…

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—¿Podemos ver a la señora Lauren? —preguntó Lila—. Le hemos traído un obsequio.

—Sí, Lila… Pero… ella está en cama. —dijo Ellen y la pelirroja se sorprendió—. No ha estado muy bien de salud desde hace un tiempo.

—Oh, no tenía idea… Lo lamento mucho, Ellen.

—De todas formas, sé que le hará bien verlos a todas ustedes. Pasen, —les indicó a ella y a las chicas—, por aquí.

—Abuela…

—¿Sí, cariño?

—Hay unas personas que están ansiosas por verte… No adivinarás quiénes son…

—¿En serio? ¿Quiénes? Diles que pasen. —Ellen las llamó con una seña a las chicas, que esperaban en la puerta de la habitación.

—Hola chicas, ¿cómo están? —dijo sentándose con cierta dificultad en su cama.

— ¡Hola Señora Lauren! —saludaron alegres—. Somos Sheena, Lila, Phoebe, Helga, Rhonda, Nadine, de la Escuela P.S. 119, ¿nos recuerda?

—¡Claro! ¿Cómo no recordarlas, chicas? —sonrió la mujer—. ¿Cómo han estado?

—Muy bien, hemos venido de visita al Hogar, pero muchos de los chicos que conocíamos ya no están… —comentó Phoebe.

—Oh, sí; muchos de ellos ahora tienen una familia… ¿No es maravilloso?

—Absolutamente, es genial. —dijo Sheena.

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Luego de un rato platicando con Lauren, las chicas salieron de la habitación, junto a Ellen.

—Ella no es la misma de hace tres años atrás, chicas…

—¿Qué sucedió, Ellen? Ella está más… triste, creo… —acotó Rhonda.

—Ella está así, porque nuestro hogar ya no recibe una de las contribuciones por parte de un Senador… Él parece haberse olvidado de este lugar, —dijo visiblemente molesta la niña—, y desde entonces, no podemos costear las mismas cosas que antes. Las chicas se entristecieron, a la vez que se llenaron de un sentimiento de impotencia y molestia.

—Pero… ¿no hay algo que podamos hacer?

—¿A qué te refieres, Helga? —preguntó Ellen.

—¿No podríamos organizar algún tipo de colecta solidaria?

—¿Conseguirles ayuda económica?

—Hay muchas cosas que se pueden hacer, chicas… pero no es obligación de ustedes… ¡El gobierno debería ayudarnos y no mirar para el costado! —dijo con más pesar en sus palabras.

—Nosotros teníamos pensado recolectar ropa y juguetes para tráeles… Ya que se acerca Navidad… Tenemos todo casi listo para comenzarla… —dijo Nadine.

—Lo sé, y siempre estaremos agradecidas inmensamente con ustedes y el Señor Simmons…

—Entonces, no te preocupes, tu abuela se recuperará y el Hogar podrá ofrecerles a los niños mejores condiciones de vida…

—Mi abuela está muy triste… Este Hogar solía albergar a poco más de treinta niños, ahora sólo tenemos a veinte… Y tuvimos que reducir personal… Ella está enfermando de tristeza, chicas… Hace un tiempo, ella todavía era una persona vivaz, alegre, tal como la conocieron ustedes…Sin embargo… Ahora es como otra persona, y me preocupa… Me preocupa que ella empeore y me deje sola… —dijo comenzando a llorar. Las chicas la abrazaron e intentaron calmarla un poco.

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—Así que… ¿Tú crees que ella actúa extraño contigo?

—Algo así, Arnold… Nada es lo mismo desde esa época. Yo tengo una familia, no la veo tan seguido como antes… Creo que ella piensa que por eso, pienso que ella es menos que yo, o que por nuestro pasado debemos ser más distantes… No lo sé.

Arnold no podía creer la forma en que Axel se expresaba ahora. Era capaz de exteriorizar todos sus sentimientos sin ningún problema.

—Tal vez esté preocupada por algo, y no lo hace a propósito… Tal vez no es como tú lo ves… Deberíamos averiguar más.

—A mí me gusta mucho, pero creo que para ella ahora somos muy diferentes. Luce nerviosa cuando me ve, trata de alejarse… es muy extraño.

—¿Y qué hay de la chica de tu escuela?

—Sé que le gusto y mucho… —dijo alardeando un poco. Arnold le guiñó un ojo en complicidad.

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Una vez que se fueron del Hogar, los chicos acercaron a Axel a su casa y platicaron brevemente con sus padres. De igual manera, con Jennifer.

Ya en el vecindario…

—Chicos, debemos hacer algo para que el Hogar vuelva a ser el mismo de antes, por la Señora Lauren, por los niños… Me da mucha tristeza verla así… —dijo Lila.

—Es cierto, Lila… —debemos organizar más eventos, hay que recaudar fondos.

—Esta es una época especial, debemos hacer algo especial para ellos, como diría el Señor Simmons… —acotó Gerald.

—Hablemos con él y con Wartz, nos quedan pocos días para Navidad y mucho para hacer…

—Pondré lo mejor de mí y haré que papá mueva sus influencias para ayudarlos… —dijo Rhonda.

—Buena idea… —le dijo Curly. Rhonda se puso nerviosa.

—Chicos, si nos unimos podemos lograr algo grande… ¡Manos a la obra! —los alentó Arnold.

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—Entonces… él y tú, ¿empezaron a llevarse mal?

—Sí, por estupideces… Él es esa persona capaz de volverme completamente loca, en varios sentidos. Él me saca de mis cabales con ciertas actitudes o cosas, pero a la vez… —dijo jugando con la servilleta de la mesa del bar—, no lo sé. No puedo soportar que esté con otra.

—Eso es lo más sincero que has dicho hasta ahora, Rhonda. —le comentó Nadine—, tú tienes sentimientos aún no resueltos por Curly, y no está mal, pero creo que deberías decírselo o continuar con tu vida…

—Creo que en este momento, prefiero continuar con mi vida, Nadine…

—¿Estás segura?

—Sí… Será lo mejor. Él ya tiene una relación y bueno… quizás así son mejor las cosas…

—¿No crees que tendrías que darle una oportunidad a estos sentimientos?

—No creo que tengan futuro…

—No lo sabes, porque él no sabe cómo te sientes…

—Creo que a él ya no le importo como antes, Nadine. La rubia suspiró con tristeza.

—¿Cómo lo tomó Jennifer?

—Sólo le dije que lo nuestro no funcionó, y se puso algo melancólica. Dijo que lo lamentaba, porque hacíamos una pareja genial.

—Bueno, pudo haber sido peor, estabas muy preocupada antes de ir al Hogar…

—Hablar con ella sólo me hizo sentir más culpable… —dijo la pelinegra con un hilo de voz. Nadine la miró sorprendida—. Curly y yo terminamos… Yo fui la culpable, Nadine. Él se hartó de mí…

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CONTINUARÁ…


Hola gente hermosa. ¿Cómo les va? Espero que muy bien. Tenía más de la mitad de este episodio hace un tiempo. Pero no me sentía inspirada para continuarlo. Estuve escribiendo y mucho, otro de mis fics, para avanzarlo; porque odio estancarme. Lo propio voy a hacer con este.

Muchas gracias por leer, por comentar y por agregar a favoritos a: viviigeraldine, coralina y Sweet-sol. Respondo todo por PM. Dudas planteadas para lo siguiente: ¿Por qué Rhonda 'hartó' a Curly? ¿Él la seguirá queriendo? ¿Los chicos lograrán que Lauren se recupere? ¿Helga seguirá en ese empleo? ¿Quién le robó su teléfono y por qué?

Gracias a todos, hasta la próxima.

MarHelga.