Detention
Tras pasar el resto del día ignorándose, ambos grupos se reencontraron a la entrada del despacho de la profesora McGonagall.
—Buenas tardes, me alegra que hayan llegado puntuales, así tendrán más tiempo. Bien, antes de nada los separaré por parejas…
—¡Si hay que ir por parejas yo me pido con Jimmy!—dijo Sirius
—Pues si tú vas con Potter yo voy con Lily. Lo siento Rosie, te ha tocado—contestó Val
—¿Por qué me odia el mundo?—preguntó esta, melodramática.
—Alégrate, querida, así tendremos tiempo para nosotros—sonrió Remus
—Vete con la fresca de tu amiga y déjame en paz…—terció esta, molesta.
—¡Bueno, ya está bien! Ni con castigos entienden. Irán al bosque prohibido a buscar pelos de unicornio y algunas Coclearias. Vuelvan antes de que anochezca—ordenó la profesora.
Salieron del despacho y se dirigieron a los terrenos. Al llegar se separaron como la profesora había mandado y se internaron.
—¿Tío, que es una coclearia?—preguntó Sirius confuso tras unos minutos.
—Una planta que se usa para hacer pociones… Tú céntrate en los pelos de unicornio y yo busco la coclearia.
—Bueno, bueno no…—pero su frase quedó interrumpida por el grito de dos chicas—mierda, vamos—dijo serio justo antes de convertirse y empezar a correr hacia donde había oído los gritos. James hizo lo propio y lo siguió.
Al llegar a donde estaban las chicas vieron un enorme Erumpent apunto de atacarlas.
Saltaron hacia él y tras unos minutos de confusión por parte de las chicas, el enorme animal salió y los dejó en aquel claro. Lily y Val deshicieron su abrazo para acercarse a sus salvadores, un perro y un ciervo. Se quedaron a unos metros aún alucinadas.
Los animales se giraron y se marcharon. Ellas se quedaron mirando el sitio por donde se habían marchado, el perro había recibido un fuerte golpe y sangraba por la pierna derecha.
A los pocos segundos aparecieron por donde habían desaparecido el ciervo y el perro, James y Sirius.
—¿Qué paso, Valley, mi amor? ¿Visteis un mosquito?—se mofó Sirius.
—No te pases, Canuto… a lo mejor era una enorme y peligrosa mariposa—añadió James.
—¡Merlín! Cuántos más tíos conozco, más quiero a los perros…—gritó Val saliendo del claro seguida por Lily.
—La tengo loquita—sonrió Sirius. Se dio la vuelta para volver a su trabajo pero un fuerte dolor en la pierna derecha se lo impidió— ¡Ah!—miró el sitio donde le dolía y vio que tenía una profunda herida.
—¿Estás bien?—preguntó James preocupado.
—Sí, tranquilo, solo es un rasguño… algo molesto, pero un rasguño al fin y al cabo—contestó el moreno escondiendo una mueca de dolor. James lo miró preocupado—Venga, Jimmy, que no queremos quedarnos castigados más tiempo…—sonrió.
—¿Has oído ese grito? Creo que fueron Lils y Val… Remus, tenemos que irnos de aquí… Esto es horrible… ¡Aquí hay animales peligrosísimos!—decía una preocupada Rose.
—No te preocupes, yo te protegeré.
—Remus, no estoy de broma, ¿Y si les pasó algo?
—Si te quedas más tranquila vamos a mirar qué pasa—contestó él serio. Ella asintió y se dirigieron al sitio donde habían escuchado los gritos. Pero cuando llegaron solo vieron a James mirando preocupado a Sirius, que sangraba por la pierna.
—¿Qué te pasó, Sirius?—dijo Rose preocupada.
—Nada, parece más de lo que es. Solo me rasguñé con una rama.
—No me lo creo, parece más que eso.
—Bueno, vale, nada. Había un Erumpent y me hizo esto con la pata pero no es para tanto.
—¿Que no es para tanto? Sirius, tienes que ir a la enfermería—advirtió preocupada,
—Ya iré luego, Rosie.
—No, vete ahora o…
—¡Que no, Rose!—ella lo miró significativamente—Escucha, si te quedas más tranquila voy después de que acabe el castigo—lo volvió a mirar preocupada pero al final asintió—Bueno, vámonos Jimmy, ¡hay muchos pelos de unicornios que encontrar!—James puso los ojos en blanco y lo siguió.
—Venga, Rosie, vamos. No te preocupes por él. Se recupera rápido—Rose suspiró resignada y ambos siguieron su trabajo.
Cuando empezaba a anochecer, los seis jóvenes salieron del bosque. Los primeros en salir fueron James y Sirius, seguidos por Lily y Val y por último Rose y Remus.
Las segundas miraron extrañadas a Sirius puesto que tenía una profunda herida en la pierna derecha y cojeaba. Vieron que Rose se acercaba a él, preocupada, y que él le sonreía, asentía y le susurraba algo. Ella puso cara de no entender y él dijo algo más que sí lograron oír.
—Sólo prométemelo—Ella lo miró extrañada y asintió—Gracias.
—No hay de que—y se giró hacia sus amigas.
—¿Qué le paso al imbécil de Black?—preguntó Val.
—No sé. ¿Conseguisteis mucho pelo?—preguntó ella esquivando el tema.
—Rosie, sabes que no sabes mentir… ¿Por qué lo intentas?—Rose la miró mal y contestó:
—¿Desde cuándo te importa lo que le pase a Black?
—No me importa si no me puede meter en problemas.
—Bueno, pues esto no te puede meter en problemas. Ya está—comentó esta malhumorada. No soportaba los secretos y que Sirius le hubiera pedido que no se lo contara a ellas la molestaba un poco. Pero una promesa era una promesa.
Después de entregarle lo solicitado a la profesora McGonagall, James acompañó a Sirius a la enfermería mientras los otros cuatro se dirigían hacia el Gran Comedor.
Más por curiosidad que por otra cosa, Val estuvo preocupada toda la noche. A ella no se le ocultaba nada. ¿Quién se creía ese arrogante y estúpido de Black para atreverse a esconderle algo a ella?
Se giró hacia Lily, que estaba sentada a su lado y le susurró:
—¿A ti no te pica la curiosidad por saber que le pasó?—Lily sonrió y asintió. —Perfecto, tengo un plan. Necesito que finjas estar enferma— Lily la miró sorprendida—Venga, no tenemos tiempo, di que te encuentras mal.
En una perfecta actuación, el semblante de Lily cambió y se transformó en la cara que tendría una persona que estaba sufriendo mucho.
—No me encuentro nada bien…Creo que me cogió el frío—murmuró.
—¡Oh! Debería acompañarte a la enfermería. Vamos—dijo Val. Lily asintió débilmente y se levanto despacio. Rose las miró preocupada:
—¿Os acompaño?
—No hace falta, ya sabes que a Madame Pomfrey no le gusta que vayamos muchos—contestó rápidamente Val. Rose asintió y sus dos amigas se marcharon.
—¿Por qué no vino Rose?—preguntó extrañada Lily una vez salieron del Gran Comedor.
—¿Bromeas? Ella ya lo sabe. Es evidente que nos oculta algo y que no me dejaría llevar a cabo el plan.
—¿Y me vas a explicar el plan?
—Tú concéntrate en parecer enferma. Del resto me encargo yo.
—Como quieras—El rostro de Lily volvió a parecer enfermo. Mientras se dirigían a la enfermería vieron salir a Sirius, cojeando y a James a su lado.
—Qué asco de poción, tío…—musitó molesto.
—Bueno, si te sirve de consuelo, eres un héroe.
—Ya, tú también y no tienes la pierna rajada—James se rió y contestó algo que ya no lograron oír. Se miraron extrañadas. ¿Héroes? ¿Esos dos? A lo mucho Superlópez.
Lily volvió a fingir y entraron en la enfermería.
Minutos después, Pomfrey entraba a su despacho buscando una poción para Lily, y Val decidió llevar a cabo el plan. Cuando la señora hubo entrado en su despacho, se dirigió en silencio a los archivos y empezó a rebuscar. Lo que encontró la sorprendió más de lo que esperaba. Las carpetas de los merodeadores eran especialmente gruesas. Cogió la de Sirius y se puso a ojearla… Miró la última visita. "Motivo: herida provocada por Erumpent" Val se quedó boquiabierta, pero antes de poder revisar las de los otros merodeadores oyó pasos que indicaban que la enfermera volvía. Dejó rápidamente la carpeta y volvió al lado de Lily.
Minutos después salían de la enfermería. Lily tenía una cara de asco impresionante.
—Es la última vez que te hago caso. Esa mujer no sabe preparar pociones sabrosas… la que me acaba de dar es… Agg… Por lo menos dime que encontraste algo…
—No me dio tiempo—susurró su amiga medio ida. No sabía por qué le había mentido pero simplemente sentía que nadie debía enterarse.
—Aún por encima…—musitó molesta. Val le sonrió y siguieron su camino a la Sala Común.
Una vez allí tomaron asiento a los dos lados de Rose. Esta miró a Lily.
—¿Qué? ¿Ya te encuentras mejor?
—Sí, no era nada—contestó la pelirroja sonriendo.
—Perfecto, porque tenemos que pensar en una venganza…Y se me ocurre algo…—dijo la castaña con una sonrisa malvada susurrando. Sus amigas la imitaron, juntaron las cabezas y empezaron a tramar un plan.
A pocos metros de su sofá Sirius las miraba divertido.
—¿Qué estarán preparando para nosotros?
—¿A ti qué te parece? Conociéndolas algo diabólico seguro—contestó Remus sonriendo.
—Por favor… Somos los merodeadores… Cualquier cosa que nos hagan, sabremos superarla…—dijo James con superioridad. Sus amigos rieron. —Solo queda esperar a ver que hacen…
