4.

- A ver ¿No creen que es arriesgado que inviertan en algo solo por que a mi me parezca adecuado? Digo, no sería una opinión profesional sino una meramente personal por lo tanto, no seria objetiva – comentó Hermione tratando de disuadirles

Tuvo que interrumpir su monologo pues el camarero había regresado con la orden de los tres, Draco había pedido un Fideuá de mariscos, Harry había optado por una Esqueixada de bacalao y Hermione una Piparrada Zarauztarra, todo esto acompañado de una botella del mejor vino español.

- Yo pienso que es buena tu opinión Hermione, ya te lo dije – dijo Draco luego de beber un sorbo de vino – Ya opiniones profesionales tenemos bastantes gracias a Dios, ahora queremos una sincera de amigos. Ya te dije, serás nuestra asistente, por lo que podremos confiarte la mayor parte de los secretos de la corporación.

- En mejores manos no podría estar – dijo Harry sonriendo – No hay alguien en quien confíe mas que en ustedes dos

- Quien lo diría – comentó Hermione entristecida – Ha sido todo tan extraño desde hace un tiempo acá

- No pienses en el pasado, ese déjalo detrás, piensa solo en el presente que te sonreirá – dijo Draco – Mejor brindemos por este reencuentro y por las buenas noticias

- Brindemos – dijo Harry y Hermione también levantó su copa – Por la amistad que nos une, que a partir de hoy se hará más fuerte, por que este sea solo el principio de una etapa mejor y por el reencuentro

Hermione sonrió tímidamente – que así sea ¡Salud!

Draco sonrió con complicidad - ¡Salud!

- Démonos prisa que esta señora aquí presente tiene que poner en orden ciertas cosas – dijo Draco haciendo que Hermione se pusiese totalmente roja de la vergüenza

- Ya te dije que no lo aceptaré – susurró Hermione para que sólo Draco la oyese

- No pienso decir algo al respecto Hermione – Contestó el rubio de forma tajante - ¿O prefieres seguir allí expuestos tanto tú como el niño a todo? No me parece adecuado

Cuando Draco decía "a todo" se refería a Ronald Weasley y su insoportable manía de controlarlo todo.

Ella no sabía que decisión tomar realmente, en ese instante tuvo que admitir para si misma que estaba completamente desorientada.

Regresó un par de horas después, fue a buscar a Mark y llegaron a casa, preparó la cena y acostó al niño, luego se fue a su habitación, al abrir la puerta notó el frío y el vacío que reinaba, se sintió mal, muy mal, se acercó a la cama matrimonial y se sentó, estaba fría, fría y vacía como todo a su alrededor, tomó la almohada que usaba ella y la abrazó dejando escapar el llanto.

Lloró por su vida desecha, por sus sueños rotos, por su fracaso al creer que seria feliz, por el vacío que reinaba en su hogar, por tantas cosas... se aferró a la almohada mientras las lagrimas se llevaban todo aquello que tenia atragantado desde el día anterior, desde el año anterior, desde que empezó a tener problemas con Ron, desde que se casaron. Tratando de liberarse del dolor y los malos recuerdos que la hacían sentirse mas desgraciada que nunca antes ¿Por que tenia que terminar todo tan mal? Aun sentía algo por Ron pero tantas heridas terminaron por cercenar sus esperanzas de volver a ser la pareja feliz que un día fueron.

Se levantó y se miró al espejo, su mente viajaba a momentos agradables que pasó con él.

La habitación estaba en completo desorden, cual reflejo de su vida y su interior ¿Por qué duelen tantos los recuerdos? ¿Por qué? Sentía una opresión en el pecho, un dolor profundo que venia del mismo corazón.

Salió deprisa de la recamara directo a la cocina, prepararía un té con miel y limón como a ella le gustaba, quizás eso la ayudaría a sentirse mejor, al salir de su habitación oyó los ronquidos de su hijo – Merlín, igual que su padre – Pensó ella con una leve sonrisa, Ron también solía roncar en las noches cuando regresaba muy cansado.

Miró el reloj de pared, las once de la noche, el tiempo pasaba volando y a la vez le daba la sensación de que el sueño no vendría a ella esta vez, la cabeza la tenia llena de pensamientos y recuerdos, no quería entrar en el dormitorio, saber que el no iría a dormir allí hizo que se sintiera sola y no le apeteciera su cama.

¿Leer? No, no le apetecía gracias, podía recordar algo que quería comentarle a Ron o tropezarse con un libro que Ron le había regalado antes, o quizás leer un fragmento de algo que le recordase a el. Y esos no eran sus planes.

No, definitivamente esa noche iba a ser muy larga.

El alba apareció con sus tonos rosa, Hermione estaba sentada en la sala de su casa, en una silla tratando de despejar su mente pero el nuevo día había despuntado y con el, la promesa de un nuevo día.

- ¿Mamá? – Mark se había levantado temprano y la halló allí sentada, sin variar su posición – ¿Mamá estás bien?

Mark podía ser un niño de seis años, pero al mismo tiempo era muy intuitivo como su madre y eso le había llevado a notar la tristeza que se reflejaban en los ojos de ella, las profundas ojeras producto del insomnio, sus parpados rojos e hinchados, sabía en su pequeña mente infantil que algo no andaba bien. Y creía que tendría algo que ver con la partida de su padre.

- Estoy bien cielo, no te preocupes – susurró ella dulcemente, su hijo era lo único bonito que le había quedado y no pensaba herirlo con su depresión, saldría adelante por y para el.

Unos ruidos en la puerta la distrajeron y la cerradura cedió, por la puerta entraba Ron con cara de haber pasado mala noche también, al ver a su padre se le iluminó el rostro al niño y corrió a su encuentro.

- ¡Papá! –

- Mi campeón ¿Como estás? – preguntó alegre tomando a su hijo en brazos

- Muy bien, acabo de levantarme – Mark se volteó a ver a su madre y se mordió el labio inferior, quería decirle a su padre que estaba triste, que había llorado, que las cosas eran diferentes desde el día anterior pero se contuvo, la mirada que le dio Hermione le dijo que era mejor callar.

- ¿Como estás Hermione? – preguntó Ron tratando de parecer casual

- Bien – dijo ella sin expresión - ¿Y tú?

- Igual – contestó y le tendió un pedazo de pergamino – Vine a recoger unas cosas y a traerte el pergamino de ruptura de contrato mágico matrimonial

- Adelante – le dijo ella tomándolo – Toma lo que tengas que llevarte

Ninguno de los dos se digno a mirar al otro, como si desearan ignorarse mutuamente, como si quisieran olvidar que estaban a escasos metros, como si quisieran obviar el hecho de que estaban separándose definitivamente. Que era el momento del adiós.

No era un adiós para no volverse a ver, aun tenían que pensar en el hijo que tenían, que tendrían que seguir educando aunque ambos no volviesen a vivir bajo el mismo techo nunca. Era algo completamente ineludible.

Hermione miró el pergamino que declaraba que desde el momento de su firma, dejaría de estar casada con Ron. Por lo visto fue tan rápido que parecía planificado, tomó la pluma de águila que tenia y se sentó, tintero en mano en la mesa, firmó y dejó el documento allí.

Ron sin decir algo mas enfiló al dormitorio a recoger su ropa y algunos artículos personales, abrió el closet y sacó una maleta grande y empezó a llenarla con sus cosas sin pensar en nada más. Quería dejar la casa lo más rápidamente posible.

Mientras tanto Hermione había ido a la cocina a preparar algo de desayunar, para Mark, no le apetecía comer nada, sabia que no le pasaría por la garganta, lo rechazaba de antemano, estaba casi terminando, el olor de los hot cakes inundaba toda la casa y Mark estaba en el suelo de la sala jugando con sus gobstones sin mucho animo cuando sonó el timbre de la casa, Ronald que seguía empacando en el dormitorio cuando oyó el timbre y salió a ver de quien se trataba. ¿Quien podría ir a su casa a tan tempranas horas?

- Mamá están llamando a la puerta – gritó Mark y se retiró a su habitación

Hermione no había oído nada hasta el grito de su hijo, inmersa en sus pensamientos como estaba, sacó la sartén del fuego y aun con el pijama puesto fue a abrir.

- ¡Hola Hermione! Vine a llevarte para... – Draco Malfoy se calló abruptamente al ver quien estaba en la casa

- Malfoy – dijo Ron con los dientes apretados de furia, si había algo que en esta vida odiaba más que a nadie, era a esa persona que acababa de irrumpir en su casa. Pero su sorpresa no acababa allí.

- Hola – dijo tímidamente un hombre de pelo negro y ojos verdes que alguna vez atrás el había considerado su mejor amigo, casi su hermano

- Draco, Harry – dijo ella saliendo de su estupefacción y armándose de valor – Que bueno es tenerlos aquí, pasen

Ron estaba mas rojo que nunca y solo serian cuestión de segundos para que estallase en gritos a los tres allí reunidos

- ¿QUE SE SUPONE HACEN ELLOS DOS EN MI CASA, HERMIONE? – Gritó Ronald por fin

- Lamento recordarte que a: esta ya NO es tu casa sino mía solamente, b: ellos son y seguirán siendo mis amigos pésele a quien le pese y c: los esperaba ¿Verdad Draco? – dijo ella mintiendo rápidamente, quería tener la satisfacción de llevarle la contraria a Ron después de haber soportado tanto tiempo sus estúpidas decisiones.

- Te había dicho que no quería que te relacionaras con este par, especialmente con el mortífago este y mi traidor ex - mejor amigo ¿Que no lo entendiste? – dijo acercándose peligrosamente a ella

Harry se adelantó a interponerse entre Hermione y Ron - No te atrevas a intentar algo en su contra Ron, o te arrepentirás, ya estás advertido