Capítulo 4: Llámame Naruto

Naruto.

— Sus radiografías no muestran contusiones severas. — Dejó caer una de las placas en el escritorio. — Ni huesos rotos o fuera de lugar. Mandaré hacer un encefalograma para buscar daños en su cerebro, pero no creo que sea necesario.

Nos encontrábamos en el despacho de Sakura dentro de la enfermería, aislados de la zona de pacientes por una pequeña puerta de metal que conducía a esa habitación minúscula; aunque era suficientemente espaciosa como para que Shikamaru y yo estiráramos las piernas en nuestros asientos sin rozar el mobiliario.

— Podría tratarle las heridas que tiene en el torso, pero en su condición es preferible que se quede quieto. Perdió mucha sangre. — Sakura dejó las placas y tomó un folder con el recién abierto expediente médico de Sasuke. — El toxicológico no reveló anormalidades, sus signos vitales están ligeramente reducidos debido a su condición... — Exhaló. — No hay nada.

— Entonces — Dijo Shikamaru luego de una corta pausa. —, es lo que pensamos desde el principio.

— Así es. — Sakura suspiró. — A menos que tenga algún daño cerebral evidente, no hay otra cosa que explique su actitud.

— Sasuke no está loco. — Comenté, hablando por primera vez durante la media hora que llevábamos encerrados ahí.

— Nunca dije eso — Reprochó Sakura. —, las alucinaciones pueden ser causadas por muchos factores: demasiada tensión o traumas severos en el pasado. Es muy probable que ese sea su caso.

No la contrariamos. Las palabras dichas por Gaara aún resonaban en mis oídos con una claridad indeseada. No sólo a mí; hasta los movimientos relajados de Shikamaru estaban marcados por la tensión en el ambiente de una realidad difícil de asimilar. No estábamos del todo seguros de que el nuevo descubrimiento no afectara a la misión.

— Si hubiera sabido lo que era, no le habría prejuzgado así. — Comentó la pelirrosa en un murmullo. — Todos los híbridos han pasado por traumas, pero alguien como él…

—No tiene caso arrepentirnos ahora. — Interrumpió Shikamaru. — Lo mejor será aferrarnos al plan inicial. No hay nada que nos lo impida, en teoría.

—Sí.— Respondió ella, guardando de nuevo las radiografías en un gran sobre amarillo.— Sasuke es un híbrido, su recuperación es más rápida, pero recomendaría que permitieran dos días antes de empezar el operativo. Uno de descanso, y otro de visita al centro.

Se levantó de la silla de su escritorio para colocar los sobres en un librero a unos pocos pasos; sólo entonces aparté la vista de ella y me levanté de la silla.

— ¿Dónde está Gaara? ¿Se quedó en la enfermería?

—Cuando vio lo que hizo, pidió que lo regresáramos a su celda; solo nos dio tiempo para curarlo. — Me contestó ella y avancé a la puerta. — ¿A dónde vas?

—Tengo que hablar con él. — Respondí con una mano sobre el pomo.

— ¿Después de cómo lo dejaste?— Preguntó Shikamaru.

—Por eso mismo quiero hacerlo. — Tenía que hacerlo. Le contesté entre dientes, apretando mis manos hasta formar puños.

—Dale un tiempo para asimilar que- ¡Naruto!

Pero la puerta ya se había cerrado tras de mí.

OoOoOoO

La segunda vez que nos encontramos, estaba listo.

Al menos, eso creía. Pensé que era una suerte que el encuentro se diera a las afueras del distrito, en la base de trenes que llevan al exterior del mismo. En aquel momento terminamos en medio de las vías, ambos jadeantes por la agotadora carrera desde una tienda de comestibles baratos a unos kilómetros de ahí. Se había metido a ella a robar y consiguieron lanzar una alerta antes de que escapara, pero no llegamos a tiempo.

Se limpió el sudor de la frente sin quitar la sonrisa de la cara y mis cejas se alzaron por lo despreciable del gesto.

¿A dónde vamos ahora?— Preguntó enderezándose. Había apoyado sus manos sobre sus rodillas para recuperar el aliento. Ya derecho, era tan alto como yo.

Y parecía divertirse conmigo.

Solo hay un lugar a donde vas a ir esta noche, Uchiha. — Hice sonar mi arma al cargarla, lo que le causó una pequeña risa que me provocó una profunda confusión.

Entonces, ¿tu arma ha estado descargada desde que comenzó la carrera? ¿Me perseguiste prácticamente desarmado?

Sí… Supongo que no había sido mi mejor idea. Mi rostro enrojeció levemente a causa del bochorno y agradecí que estuviera lo suficientemente oscuro para que no se notara.

Tsk, no soy de los que dispara a lo idiota. — Fue mi única defensa; su sonrisa no se quitó. — Además, es evidente que no la necesité. Esta vez sí que te tengo, Uchiha.

La distancia entre nosotros esta vez era menos. Sentí la expectación encender cada parte de mí como siempre que lograba mi objetivo de capturar híbridos difíciles.

La situación era simple: cualquiera de los caminos laterales entre las vías lo conduciría a zonas de alto comercio donde seguramente mis hombres ya se encontraban. Ir hacia adelante implicaba enfrentarse conmigo y tras él únicamente había una vía antes de dar con el límite del distrito, un muro de cinco metros detrás del cual no había absolutamente nada.

Además, mi arma estaba cargada; y si no quería sufrir el dolor de un disparo, más le valía hacer lo que yo le dijera a partir de ahora.

Pero él no pensaba como yo.

Creí que no eras tan inútil como todos los demás, pero ya veo que estás igual de oxidado, y eso que eres joven.

Ya deja de hacerte el idiota, Uchiha. — Exclamé cerrando la distancia entre nosotros; pero en ese momento, el sonido de un motor me obligó a voltear.

La velocidad de los trenes del distrito era impresionante, y como la estación aún estaba algo lejos, no había motivo para que alentara su marcha. Aún quedarse en los rieles contrarios era peligroso, por lo que automáticamente retrocedí.

Sasuke también lo hizo, quedando sobre la vía por la que pasaría el convoy.

¡¿Q-qué diablos estás haciendo?!— Le grité, demasiado sorprendido. — ¡No cometas una estupidez!

Una risa burlona escapó de su boca y sus ojos se clavaron a los míos. Los rieles ya temblaban por la cercanía del tren y las luces delanteras de este iluminaron su rostro por completo.

Nos vemos, idiota.

¡Sasuke!

Se movió ligeramente y no pude ver más cuando el tren pasó sobre su lugar. El sonido de la máquina ensordeció mis oídos y por instinto retrocedí tambaleante, cubriendo estos con mis manos, sin creer en lo que acababa de pasar.

Sólo hasta que el último vagón pasó frente a mí y se alejó con rapidez, pude alzar la mirada. Automáticamente busqué lo que debían ser sus restos en los rieles, solo que estos no estaban ahí.

Fui un estúpido; lo supe al ver su silueta saltando a la distancia desde el techo del convoy. ¿Cómo lo hizo? No tenía idea.

La mezcla de alivio y a la vez furia dentro de mí, junto con los restos de un miedo irracional, hizo que mi boca se llenará de un grito frustrado.

¡Maldita sea, Sasuke!

Aunque después, cuando las rodillas me fallaron, mi voz se convirtió en una risa incontrolable y enferma por la que terminé sosteniendo mi estómago.

Después de ello, solo podía murmurar.

Estúpido Uchiha.

OoOoOoO

Era difícil para mí admitir que esa rivalidad producto de nuestros encuentros me había cegado lo suficiente como para olvidar lo más importante: Sasuke y yo no éramos iguales.

El maldito bastardo se había ganado esos adjetivos con creces, pero los motivos que le orillaron a esas acciones eran perfectamente válidos.

De alguna manera, creí que si no me temía a mí, no le temía a nadie. Cuando le vi saltar del tren, creí que estaba completamente desquiciado, que había llegado a un punto en que no le importaba nada.

Pero cuando vi su reacción a las palabras de Gaara, supe lo equivocado que estaba.

La sala de detención, el lugar donde se encontraban las celdas, estaba en penumbra. Las lámparas no se encendían en la tarde y el cielo estaba muy nublado como para que el sol iluminara las grises paredes.

Avancé con precaución, ya que no quería alterarlo si estaba dormido; pero resultó estar tan despierto como yo, recargado en la pared de concreto al fondo de la celda, viéndome a través de una venda que le cubría la herida sobre la ceja.

El arrepentimiento me hizo su presa por unos momentos, hasta que su voz me hizo saber que realmente no era por ÉL que me sentía culpable.

—Volviste. — Sonrió de lado.

—Tengo preguntas que hacerte.

— ¿Qué te hace pensar que voy a responderlas?

—Te conozco lo suficiente, sé que mueres por repetirlo.

Una media sonrisa asomó en su rostro maltrecho.

—Bien, no te equivocas. — Se separó de la pared para acercarse a donde me encontraba, arrastrándose en el suelo. En otras circunstancias habría retrocedido, ya que sabía lo impredecible de sus ataques de furia. Esta vez, hice un esfuerzo por acercarme e incluso me senté en el suelo para quedar a su altura. Recibí una sonrisa complacida de su parte. — ¿Qué quieres saber?

Muchas cosas no quedaban claras en mi cabeza. De hecho, no tenía siquiera una idea concreta de lo que iba a preguntarle; el único motivo que me había llevado ahí era saber más de Sasuke.

— ¿Qué es un Error Genético?— Pregunté al cabo de unos momentos. Gaara soltó una corta risa.

—Algo que nunca debió existir. — Parecía complacido, pero mi mueca de desprecio le hizo saber que no estaba para juegos. — Un Error Genético es un híbrido al que algún químico causó un daño en la cadena de ADN antes de que naciera. — Dijo después.

— ¿Qué clase de efectos? — Aquella información no era nueva para mí, pero necesitaba su versión de las cosas.

—Dependen del químico, no hay Errores Genéticos idénticos.

— ¿Y Sasuke qué tipo es?

Sus ojos aguamarina se clavaron en los míos entonces. Gaara, en ese estado, llegaba a ser excesivamente macabro, pero hice un esfuerzo por aparentar estoicismo.

—Es una zorra. — Contestó.

—No estoy para juegos.

—Es una respuesta corta.

—Sabes que no me sirve para nada.

—Joder, te ves tan cómico cuando te enojas.

— ¡Maldita sea-!

—Cálmate, te lo diré.

Se acercó más a mí, quedando su rostro casi pegado a los barrotes de la celda. Con un gesto de su dedo índice pidió que me acercara un poco más.

— ¿Sabes que Sasuke tiene un hermano?— Preguntó en voz baja.

—Tenía — Corregí. —, ¿qué pasa con él?

—Vaya, es una lástima. En fin; Sasuke e Itachi fueron los únicos híbridos de gato que se dieron en esa generación, según entendí. Así que durante el embarazo jugaron un poco con Mikoto.

Arquee una ceja.

— ¿Qué tipo de juego?

—Inyectaron sustancias dentro del segundo hijo, para que cambiara su sexo y años después se reprodujera con su hermano. — Dejó de hablar y yo tardé unos momentos en procesar lo que acababa de decir. No sabía que era más repugnante, si sus palabras o su expresión de satisfacción. Sabía que no debía dejarme llevar por su actitud, pero me era difícil soportarlo.

Mis manos se cerraron en puños, hice un esfuerzo por no apartar la mirada. No era ajeno a ese tipo de cosas, y sin embargo...

—Claro que no salió bien, Sasuke nació como un varón y durante años no pareció haber nada malo con él. Pero...— Otra pausa; me insinuaba con su mirada que le hiciera la pregunta, para satisfacer sus propias ganas de agregar algo de drama al asunto.

— ¿Pero qué?— Con mi tono de voz tan duro hizo una mueca de molestia, pero continuó.

—Cuando cumplió los quince, empezó a tener periodos de celo. — Sus manos se apretaron en los barrotes y relamió sus labios con lentitud. — Olía igual que una gata, y todos los varones del lugar enloquecíamos. Moríamos de ganas de saltarle encima.

Dejé de respirar.

—Los hombres con bata creyeron que tal vez había una mínima posibilidad de que pudiera engendrar, a pesar de su exterior. Pero ¿cómo lo intentaban?

La aguamarina desapareció cuando cerró sus ojos; dejó la reja y cruzó los brazos. Yo ya sabía la respuesta, pero escucharlo no era nada grato.

—Primero fueron un par, luego un grupo selecto. Cuando quedó claro que era imposible, lo utilizaban para calmar nuestros deseos. Algunas veces al mes, otras durante días seguidos; siempre era un buen momento para follarse a Sasuke Uchiha.

Una risa sádica abandonó sus labios y se sentó de piernas cruzadas. No perdía mi mirada y mi voluntad dejó de ser suficiente para apartarla, para moverme siquiera.

—Recuerdo que las primeras veces chillaba como poseso. Lo habían apartado de Itachi y este gritaba desde el otro lado que aguantara. Luego, apenas se resistía, sabía que no tenía caso.

Gaara parecía perdido en sus memorias. Tiempos que, al menos para quien era ahora, debían parecerle más gratos que su incierto presente. Su mirada brillaba, sus uñas se enterraban levemente en la piel descubierta de sus antebrazos.

Todo híbrido tenía un rasgo característico. Sasuke sus garras, Itachi, sus ojos, y Gaara aquellas extrañas ojeras que le daban la apariencia, precisamente, de un mapache. Pero también le otorgaban una presencia desconcertante, que infundía miedo sin importar lo valiente que fueras.

—Era divertido, ¿sabes? Los demás no podíamos evitar gritar obscenidades cada vez que estaba con otro. Las jaulas nunca estuvieron separadas, tuvimos siempre ese gran espectáculo al alcance de nuestros ojos. Era delicioso, verlo y escucharlo, pero cuando eras el elegido…

—Basta…— Mis manos ahora se apretaban en los barrotes. — B-basta, Gaara.

— ¿Qué? ¿No querías información?

—Tengo suficiente.

—Puedo contarte más, hay tanto que saber que tardaríamos horas.

—He dicho que no.

— ¿Y si te cuento cuando le tocó conmig-?

—¡Basta, Gaara!

No reconocí mi voz, se había perdido en algún lado junto a mi fachada de policía. Sus ojos se abrieron por la sorpresa, luego se mostraron inquisidores.

—Ya entiendo… Él te importa.

—Tsk, no tiene nada que ver con eso.

— ¿Entonces es otra cosa? ¿Algún secreto oculto de Naruto Uzumaki?

Me levanté del suelo.

—Nos vemos luego, Gaara.

— ¡No he terminado de hablar contigo!

—Pero yo contigo sí. — Es más, sentía que cada momento que dejaba pasar dificultaba más mi respiración. Tuve la imperiosa necesidad de salir de ahí.

—No te dejes engañar, Naruto. — Dijo cuando estuve a unos metros. — Sasuke es un grandísimo cabrón, sin importar la fachada que tenga ahora. Catorce años se aprovechó de la protección de su hermano. Si hay alguien que ha sufrido menos entre nosotros, es él.

— ¿Dos años de violación no te parecen suficientes?

—A él no le obligaron a correr hasta desmayarse del cansancio, él nunca tuvo que pelear; nunca tuvo la necesidad de matar a alguien. — Sonaba enfurecido.

—Tienes razón — Contesté con voz fría. —, solo tuvo que ver cómo su hermano lo hacía, una y otra vez. Cómo se caía sin que nadie, ni siquiera él, le ayudara a levantarse.

—Tsk, qué idiotez. — Fue lo último que escuché de él antes de alejarme.

Había voces del pasado aún más apremiantes.

OoOoOoO

Sasuke.

Era ya de noche cuando desperté; lo supe porque mi vista daba a la ventana y el azul claro había desaparecido, dando paso a una noche sin estrellas, como siempre.

Cuando quise moverme, me percaté de la aguja que atravesaba la piel de mi brazo, así como la escasa respuesta de mis músculos a mis órdenes y la ausencia de mi camisa.

—Estás sedado. — Dijo una voz sobre mí: era la enfermera pelirrosa. — Sé que no te permitirá moverte, pero necesitaba eso para curar las heridas de tu espalda.

Bajé la mirada de nuevo a mi brazo y a pesar de estar aún deslumbrado por las luces en el techo, distinguí vendas cubriéndolo.

— ¿Qué pasó? — Moví mis dedos con cautela; por fortuna, respondían.

— ¿No lo recuerdas? — Parecía acongojada.

—No realmente.

—Bueno, no es necesario que lo recuerdes justo ahora. — Se apresuró a decir. — Basta decir que lesionaste tus antebrazos y perdiste algo de sangre.

—Estás nerviosa.

— ¿Eh?

Ladeé un poco mi rostro para observarla.

—Solo dime qué es lo que pasó.

Me miró largamente sin decir palabra, como toda una cobarde. Probablemente así era, por mucha valentía que hubiera demostrado en el momento en que pasé a su lado en mi huida, a punto de arrancarle la mitad de la cara con mis garras. Tal vez su cuerpo apenas le había respondido para apartarse y luego no se derrumbó por mera coincidencia.

De cualquier forma, me frustraba la imagen suya que me mostraba ahora. Distinguí lástima y aumentó mi frustración. ¿Qué había ocurrido para que me viera de esa manera? Sin embargo, cuando estuvo a punto de abrir la boca, la puerta de la enfermería a mis espaldas se abrió. Apartó la vista.

— ¿Naru-?

—Sakura. —Le interrumpió la voz del policía. — Hablé con Shikamaru y llegamos a un acuerdo.

En esa posición me sentí vulnerable, por lo que me dispuse a acomodar mi espalda de nuevo en la cama por mucho que me costara moverme. Al hacerlo, el apoyo brusco provocó un dolor que hizo que mis dientes se apretaran unos segundos, no más de lo que tardó la voz escandalizada de la enfermera en escucharse.

— ¡No he terminado! ¡Debo ponerles una pomada antes de vendarlas por completo!

—Colócale las vendas, se pondrá la pomada después.

— ¿De qué estás hablando?

—Se va de aquí.

—No puedes llevarlo al centro aún, debe descansar un poco para-.

—Se va conmigo.

— ¿Qué?

Sí, coincidía con ella. ¿Qué?

—Iremos a mi departamento.

— ¿A qué viene eso? ¡Naruto! — Se levantó de la silla a mi lado y lo encaró. — ¡Tú no puedes decidir tal cosa!

Naru-¿qué? ¿Ese era su nombre?

—No lo he decidido yo, Shikamaru lo ha autorizado.

— ¿Por qué haría tal cosa? ¿Y la vigilancia? ¿El intento de fuga? Apenas termine el efecto del sedante, sus piernas servirán de nuevo, ¿sabes?

—Sakura. — Su voz fue diferente. Había tomado a la pelirrosa de la muñeca con firmeza, pero también un toque delicado acorde con su mirada, ahora empática. — Confía en mí, ¿sí?

Se miraron unos segundos, demasiados para mi gusto. Luego ella, sin decir nada, se soltó de su agarre y avanzó de nuevo hacia mí. Ladeó mi cuerpo hasta que quedé de costado y me sorprendí por lo fácil que le resultó.

—No soy un estúpido muñeco de trapo. —No me contestó. El rubio apareció entonces en mi campo de visión, sin apartar su mirada confundida de mi persona. — ¿Qué miras, idiota?

—Tiene parálisis parcial a causa del sedante, un defecto de nacimiento. — Contestó Sakura a su pregunta sin formular. Él frunció el ceño. — No tiene problemas para hablar, pero sus brazos y piernas tardarán en recuperarse.

—Tsk, además me saliste delicado. — Dijo con burla; desvié mi vista a la ventana.

Pasó un rato antes de que la enfermera terminara de colocar las vendas y consiguiera ponerme una camisa. No aceptó ayuda del rubio y cuando terminó, acercó una silla de ruedas que miré con desprecio.

Pero, cuando me di cuenta, uno de mis brazos descansaba en mi pecho y el otro colgaba inerte a mi lado. El policía anormal me tenía entre sus brazos como si de una pluma se tratara.

— ¡¿Qué mierda estás haciendo?! — Quise removerme, cosa imposible; apenas y controlaba vagamente los movimientos de mi cabeza.

— ¿Qué se supone que…?— Preguntó la enfermera.

—No voy a esperar a que se desentuma, tenemos que irnos ya. ¡Nos vemos, Sakura!

— ¡Pero-!— Sus palabras se perdieron en el chirrido de la puerta al ser cerrada.

Yo… No tenía idea de qué hacer. Lo único que procesaba era mi interior lleno de rabia. Si hubiera podido moverme, seguramente ese rubio imbécil ya no tendría dientes.

—No sé qué intentan ustedes, pero esto que haces es muy estúpido. — Me ponía de nervios el simple hecho de que me tuviera en brazos. Era algo tan fuera de lugar que no podía tener otra explicación que las estúpidas ideas de su equipo.

—No intento nada, solo vamos a mi casa para que tengas tu "día de descanso", luego te llevaremos al Centro de Híbridos.

—Prefiero suicidarme antes que quedarme en ese lugar.

—No te quedarás — Contestó. —, es una simple visita.

— ¿Con qué objeto?

—Es muy pronto para decirte.

Atravesábamos ya el pasillo rumbo a la salida, pero no había nadie cerca, solo sonidos lejanos de gente trabajando en la oficina, algunos vigilantes en la entrada y otros en la calle, por lo que alcancé a divisar.

— ¿Serás mi vigilante personal entonces?— La idea de picarlo era ahora bastante tentadora. — ¿Tendremos que jugar un rato a "la casita"?

Su ceño se frunció y me sentí complacido, hasta que escuché sus palabras siguientes.

—Vivirás en mi casa por una temporada.

¿Eh? ¿Y eso por qué?

—Es lo más estúpido que he escuchado hoy.

—Pues acostúmbrate a mis estupideces, Uchiha.

—Nadie podría, se ve que ni la enfermera te soporta.

— ¡Ups! ¡Me tropiezo!— Fingió caerse, lo que hizo que mi corazón diera un vuelco porque no tenía forma de sostenerme. Pero pronto volvió a su lugar, soltando una carcajada ante mi inevitable expresión de alerta.

— ¡Jodido imbécil!

—Eso suena muy feo…— Dijo cuándo su risa se detuvo. Rodé los ojos, pero luego sentí la presión de su mano en mi nuca, obligándome a alzarla un momento.

— ¿Qué mierda crees que-?

—Naruto.

Mis cejas se arquearon.

—Llámame Naruto. — Una apenas perceptible sonrisa iluminó su rostro y desapareció con la misma rapidez. Mantuvo su mirada en mí unos momentos más antes de recuperar al agarre anterior y soltar mi nuca.

—Llámame Naruto. — Repitió. — Es mejor, ¿no crees?

Su repentina amabilidad era algo que no alcanzaba a comprender.

Así que no le respondí.

.

.

.

.

.

Continuará.