Ni Bones ni los personajes me pertenecen.

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Ángela había estado de acuerdo con el plan de Caroline desde el primer momento, pero después de cortar la llamada con la fiscal en la que ésta le decía que podían continuar con la segunda parte del plan, la culpa la asaltó. Ellas estaban haciendo todo eso para que Booth y Brennan por fin se animaran a estar juntos. Ella había aceptado por Brennan, porque quería que fuera feliz. Estaba segura de que estar con Booth sería bueno para ella, pero ¿y si Brennan estaba demasiado lastimada? ¿Y si se cerraba de nuevo y ya no quería volver a correr el riesgo de salir herida y lastimar a Booth? Eso sería una catástrofe.

Ya había dicho que sí. Le había dicho a Caroline que le ayudaría, pero primero hablaría con Brennan y se aseguraría de no empeorar las cosas. Desde su oficina echó un vistazo hacia la plataforma, pero no la vio ahí. Debía de estar en su oficina trabajando.

Al llegar a la puerta, Ángela golpeó el cristal con los nudillos suavemente.

- Hola, Cariño, ¿puedo pasar?

Brennan la miró con el ceño fruncido. Pocas veces Ángela tocaba la puerta o pedía permiso antes de entrar a su oficina.

- ¿Pasa algo? Pareces…. preocupada. ¿Puedo ayudar?

Ángela soltó un suspiro y asintió con la cabeza al mismo tiempo que se encaminaba a sentarse en la silla frente a Brennan.

- Sí, estoy preocupada…. Por ti.

- No entiendo por qué. Yo estoy bien.

Tomando una de las manos de Brennan sobre el escritorio, Ángela se inclinó hacia adelante.

- Es sobre Booth ¿sabes? Ahora que se fue Hannah, ¿Cómo están las cosas entre ustedes? ¿Han vuelto a tocar aquel tema?

- Angie, no me siento bien hablando sobre las cosas de Booth.

- Es que no pregunto por Booth, Nena. Pregunto por ti ¿Crees que ahora que Hannah se fue, Booth y tu puedan darse una oportunidad?

Brennan ladeó la cabeza y suspiró casi de un modo imperceptible. Casi, porque la artista si lo notó.

- No lo sé Ángela. Booth está…. Él está muy dolido, no solo por Hannah, también por mí.

- Bueno, pero eso no es nuevo. — al ver el ceño fruncido de la antropóloga, Ángela se explicó mejor. — El amor duele, Brenn, pero también gratifica. Booth lo sabe, pero tal vez tenga un poco de miedo de que vuelva a doler. ¿Sabes? Mira, según como yo lo veo, este asunto del amor es como saltar al vacío. Hay veces que saltamos solos y el golpe de darte cuenta de que a quien tú quieres no ha saltado junto contigo duele y duele muchísimo; hay veces que dejamos que alguien más salte frente a nosotros porque nos da miedo saltar también y terminamos rompiéndole el corazón. Booth tiene miedo de saltar solo de nuevo, Cariño, o tal vez quiera saltar, pero tiene miedo de que tú no quieras saltar con él. La pregunta es ¿saltarás con él la próxima vez? ¿Lo animarás a que salte contigo?

- Tu metáfora es confusa, Ángela… pero puedo entenderla. —Brennan bajó los ojos apenada ante la escrutadora mirada de su mejor amiga y luego la miró a los ojos con determinación. — Creo que si Booth estuviera listo y quisiera volver a saltar…. Yo…. Yo creo que yo podría estar lista para saltar con él.

Con un nudo en la garganta, Ángela sonrió y apretó suavemente la mano de Brennan. No hacía falta que dijera más. Era todo lo que necesitaba escuchar.

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Nunca un mensajero había causado tanto revuelo en el Instituto Jeffersonian como aquel muchacho que entró esa tarde al laboratorio con un ramo de narcisos amarillos y blancos en una mano y una caja de chocolates en otra. En cuanto el muchacho se asomó por las puertas del laboratorio las miradas se volvieron hacia él. No se veían muchas flores por ahí a menudo.

A medida que el mensajero avanzaba con el guardia de seguridad hacia la plataforma, todos se preguntaban para quien sería tan bonito ramo de flores. Para la Dra. Saroyan, decían algunos. Otros, estaban casi seguros de que eran para Ángela.

Las dudas se disiparon cuando vieron a ambos hombres dirigirse a una oficina en particular: la oficina de la Dra. Temperance Brennan. Ahora la pregunta era ¿Quién le había mandado flores y chocolates a la Dra. Brennan? Nadie lo sabía, pero todo el mundo especulaba desde sus puestos de trabajo sobre el misterioso regalo destinado a la antropóloga. La única cosa segura era que las apuestas no tardarían en empezar.

Cuando el guardia y el mensajero estuvieron frente a la puerta de la oficina de Brennan, el guardia llamó suavemente para atraer la atención de Brennan.

Sin levantar la mirada de sus papeles, Brennan murmuró un "¿Si?"

Al ver que la Dra. Brennan no iba a decir otra cosa ni a volver la mirada hacia ellos, el guardia le informó de la presencia del mensajero.

- Siento molestarla Dra., pero este hombre dice que tiene una entrega para usted.

- ¿Qué clase de entrega? — El guardia solo sacudió la cabeza cuando Brennan en vez de mirarlos levantó una placa de rayos X para mirarla a contra luz.

- Chocolates y flores, señora.

Solo entonces, Brennan dejó la placa sobre la mesa y los miró sorprendida. No salía con nadie en ese momento y no tenía ni idea de quien había podido mandarle un ramo de sus flores favoritas y una caja de los chocolates que más le gustaban.

Al ver que Brennan se había quedado sentada detrás de su escritorio sin moverse, el mensajero volvió a hablar.

- ¿Puede firmar de recibido por favor?

- ¿Quién me envía esto?

- No lo sé, señora. No dijeron quien lo enviaba, solo que tenía que asegurarme de que recibiera la entrega.

El mensajero se encogió de hombros, le entregó las cosas a Brennan y salió dejando a una muy sorprendida Dra. Brennan en medio de la oficina con un ramo de flores y una caja de chocolates en las manos.

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Afuera, en la plataforma, dos mujeres se habían guiñado un ojo la una a la otra y sonreían mientras miraban de reojo como Brennan debatía mentalmente consigo misma tratando de averiguar el origen de los regalos que había recibido.

Después de que Ángela le hubiera dicho el contenido de la tarjeta, Cam había estado luchando por reprimir su sonrisa al imaginar lo confundida que habría dejado a Brennan. Al volverse hacia Ángela, Cam se dio cuenta de que estaba en su misma situación. Se acercó un poco más a ella y le habló al oído cuidando que nadie más pudiera escuchar.

— Ángela, ¿tú de verdad crees que funcione?

Sin dejar de mirar hacia la oficina de Brennan, Ángela respondió en el mismo tono confidencial.

— Claro, que sí. Confía en mí, funcionará

— ¿Por qué lo dices tú?

Levantando las cejas, la artista respondió divertida, — ¿Hay mejor garantía que esa?

Cam sacudió la cabeza y sonrió nuevamente aceptando que no, no había mejor garantía que la palabra de Ángela Montenegro que nunca dejaba nada a medias y que cuando se proponía algo, no había manera de que no lo cumpliera.

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Hola, soy yo de nuevo haciéndome la aparecida por aquí. Siento haberme tardado pero el final de semestre le ganó la carrera a la musa.

Ahora, sobre el fic, ya sé que flores y chocolates es muy común, pero que hago yo si así va el plan. De todos modos, espero les haya gustado y comenten o si hay reclamos, pueden reclamar también.

Gracias por sus comentarios y por seguir leyendo.