Increíblemente feliz se encontraba Kuon ese día, pletórico de alegría, con los brazos llenos de bolsas que contenían regalos, ropa, libros, juguetes y muñecos de peluche y cualquier cosa que se le hubiera cruzado por enfrente al futuro papá, para el nuevo miembro de la familia. Yashiro, que iba saliendo de la tienda con otro tanto de paquetes se burlaba de él.
—Sabes que Kyoko-chan apenas tiene un mes de embarazo ¿verdad?, aún no se puede saber el sexo del bebé, Kuon.
—Ya lo sé, por eso precisamente es que compré todo en tonos neutros, además aún no nos hemos decidido si queremos saber su sexo o si será sorpresa —respondió con una tonta sonrisa en el rostro, mientras hacía malabares con los paquetes en los brazos. Se acercó a su camioneta familiar para poner las compras en la parte trasera.
Ninguno de los dos se dio cuenta del niño que se soltó de su madre para atravesarse la avenida. Ni de esta última que corría detrás de su hijo para detenerlo. Ninguno se percató del auto que tuvo que hacer maniobras para evitarlos a los dos, llevándolo directamente hacia Ren hasta que ya fue muy tarde. Yashiro soltó sus paquetes que quedaron regados por toda la banqueta, corrió hasta Ren, a quien encontró prensado entre los dos vehículos, muy malherido.
Un oficial de tránsito, que presenció el accidente, se apresuró para asistir a los heridos. El conductor del carro, se encontraba en shock y con heridas leves, pero pudo salir por su propio pie. El policía lo detiene antes de que pueda mover el carro, sabe que es muy importante dejar a los heridos como están hasta que lleguen los paramédicos.
Cuando las ambulancias llegan, los paramédicos tienen lista la camilla para el traslado. Pero al colocarlo en ella ya no tiene signos vitales. Intentan reanimarlo pero es en vano, las heridas han sido fatales y se le declara muerto en el acto.
En cuanto puede, Yashiro está junto a Ren. Tenía entre sus brazos el cuerpo roto y ensangrentado de su mejor amigo, aquel por el que hubiera dado con gusto su vida. Sus palabras le han quedado grabadas en el alma, como si hubieran sido hechas con fuego, las que Ren, con sus últimas fuerzas le dijo, en cuanto había sabido, porque él lo supo, que no iba a salir de ahí con vida:
—Yuki... cuida... de... ella... y... de... mi... bebé...
Esas palabras que fueron dichas entrecortadamente y con gran dificultad, las últimas que el actor diría, y con las que cerró los ojos para no volverlos a abrir nunca más. Yashiro abrazaba frenético, entre lágrimas y gritos, el cuerpo inerte de Kuon. Mientras un grito desgarrador sale de su garganta y rompe el alma de todo aquel que lo oye. Lágrimas y llanto se escuchan a su alrededor.
—¡Nooooooooooooooooooooooo!, ¡Kuon!
Y luego vendría la culpa del sobreviviente, y los siempre presentes "y si hubiera" y "si tan solo"..., y si hubiera visto el auto, si tan solo le hubiera podido gritar antes, si se hubieran entretenido más en la caja, ¿por qué el cajero no le pidió un autógrafo como siempre lo hacían quienes lo reconocían?, ¿por qué no se detuvo a escoger un juguete más, un libro más, un mameluco más...? Si no se hubiera burlado de él, habría dejado antes los paquetes y regresado ayudarle a él con los suyos y entonces no hubiera estado ahí en ese preciso momento, tan solo unos segundos más... ¿Por qué no había podido ser él a quien atropellara el auto? ¿Por qué Kuon y no él? ¿Por qué...?
¡Por todos los dioses!, iba a ser padre en pocos meses, tenía toda la vida por delante. Daría su vida entera por cambiar de lugar con Kuon, por volver en el tiempo solo unos minutos más, por volverlo a tener a su lado. El cómo se lo va a decir al presidente, a sus padres, pero más que nada cómo se lo dirá a Kyoko, es ahora una pesada carga en su ya maltrecha alma, entonces vuelve a llorar.
Yashiro seguía sin recordar completamente los hechos, eran un borrón de situaciones y sucesiones a los que respondía y actuaba automáticamente. Solo recuerda el momento que hizo la primera llamada, por supuesto que al presidente, necesitaba que alguien le ayudara con Kyoko y con los trámites. No quería que ella se enterara por otros medios. Tenía que ser él quien se lo dijera personalmente, se lo debía, a ella y a Kuon.
Lory, habiéndose recuperado del impacto de la noticia, supo mantener la compostura y la cordura y escondió detrás de su máscara de profesionalidad, su gran pena para no asustar más a Kyoko, pasó por ella a su casa y solo le dijo que Yashiro le había llamado desde el hospital, que Kuon había sufrido un accidente. Al llegar, ella lo supo, tan solo mirar a su amigo deshecho, con los hombros caídos, las manos entre la cabeza y ensangrentado, supo que su esposo estaba muerto, su mejor amigo y el amor de su vida.
Y entonces Kyoko se desmayó, no pudo soportar la pérdida, pero nunca llegó a tocar el suelo, los brazos consoladores de Yashiro estuvieron ahí para sostenerla. La acunó cual bebé mientras él se recargaba en la fría pared. Ante los ojos tristes de Lory. Era lo único que podía hacer por ella, cuidarla, se lo había prometido a él y por su vida que lo cumpliría. Los padres de Kuon llegaron en el momento para recibir la brutal noticia, habían perdido nuevamente a su hijo, pero esta vez para siempre. El llanto desgarrador de Julie fue lo único que rompió el cruel silencio.
