Él solo pudo negar con la cabeza… y la verdad fue muy divertido.

Estuvimos en la limosina durante una hora en completo silencio, con Harry y yo lanzándonos de esas miradas que nos hacían sonrojar a ambos, Romilda Vane con una cara de mil demonios y Ron mirándonos a ambos y sonriendo como tonto al darse cuenta de las miradas que nos dábamos ambos.

Al llegar a casa de Luna, nos bajamos rápidamente del auto y no pasaron ni 5 segundos para que un par de rubias cabelleras largas se asomaran por la puerta y salieran corriendo para recibir a mi pelirrojo amigo.

Al llegar junto a nosotros, Luna besó a Ron como si no hubiera mañana, haciéndonos reír a todos y logrando que la pequeña Susan fingiera tener arcadas al ver a sus padres besarse mientras sonreía.

Al ver a Harry, lo abrazo fuertemente y le dio unas pequeñas palmaditas en la mejilla (costumbres de la señora Weasley). Cuando lo soltó y vio a Vane detrás de el dándole una sonrisa amable, la miro de pies a cabeza despectivamente y la fulmino con la mirada, dejándola impactada y a mí con una gran sonrisa en los labios.

Al entrar en la casa, Luna trajo unas bebidas y varios aperitivos, los cuales Ronald recibió encantado… ¡típico!

Así estuvimos hasta la madrugada, bebiendo y charlando sobre lo que nos habíamos perdido estos años que no habíamos estado juntos.

La verdad yo no estaba demasiado… contenta, con que ELLA estuviera aquí.

Romilda estaba pegada como lapa al pelinegro, mirándome con suficiencia y besando a Harry, provocando que la sangre comenzara a hervir en mi sistema.

-Cariño… ¿Por qué no les cuentas a tus amigos como fue que nos conocimos?- dijo la muy… zorra

Harry perdió un poco el color y me miro directamente a los ojos. Yo no pude más que poner una expresión de ira.

-Si, Harry- respondí con ironía- ¿porque no nos cuentas como conociste a tu querida novia?

Ron y Luna me miraron con una expresión entre asustada y compadeciente, eso provoco que me sintiera peor. ¡Maldita sea Romilda Vane!

Y así pasaron las horas, con esa maldita zorra abriendo la boca cuando no debe y con mi varita ardiendo en mi bolsillo mientras pensaba un par de buenos maleficios que me había aprendido en el colegio.

Cuando el reloj de Luna marco las 23:30, Romilda se fue. Sabía que no volvería hasta pasados tres o cuatro días; ese pensamiento me subió bastante el ánimo, provocando que por fin pudiera sonreír.

Pero la cosa no se quedo allí, sino que seguimos bebiendo hasta pasadas las cuatro de la mañana.

Y el ambiente se comenzó a caldear.

Como Harry y yo nos quedaríamos en casa de Luna, y todos estábamos muy ebrios, ella y Ron fueron a su habitación a reencontrarse "como dios manda", mientras que yo me quede con Harry abajo para seguir embriagándonos (mas de lo que ya estábamos).

Seguimos hablando, de trivialidades y estupideces sin sentido, pero cuando ya íbamos por la copa numero… ¿27?, comenzamos a acortar el espacio que había entre nosotros. Se me encogió el estomago del solo hecho de tenerlo tan cerca de mi.

A esa distancia podía sentir su calida respiración…

Alce una de mis manos y comencé a acariciar suavemente su mejilla. Harry cerró los ojos, disfrutando de la leve caricia que estaba recibiendo.

Deje de acariciar su mejilla y lleve mi mano hacia su nuca, y de un solo movimiento de mi mano, nuestros labios hicieron contacto.

Fue solo un leve roce, pero suficiente para que la revoltosa snich de mi estomago comenzara a revolotear enloquecida dentro de mi y que mis mejillas se tornaran de un lindo color carmín.

Después de medio minuto de suave contacto comenzamos a besarnos, obligando a nuestras lenguas a encontrase y bailar un bals lento, disfrutando de las emociones que estábamos sintiendo con algo tan simple como un beso.

Pero al parecer el pelinegro quería más. Rompió el beso, para bajar suavemente por mi cuello y probar su sabor, provocando que de mis labios escapara un suave gemido, que al parecer lo motivó mucho más.

Con suavidad comenzó a soltar los botones de mi blusa, encontrándose con la suave piel de mi torso, comenzando a besar mis hombros y quitándome por completo la prenda, mientras yo le sacaba con rapidez la polera de mangas cortas.

Ya comenzaba a tener mucho calor. Me levante rápidamente, no iba a dejar esto a medias, pero tampoco íbamos a hacerlo en la sala, ¿Qué pasaría si Susan se levantara y nos viera?, es que Luna simplemente me asesina, y a Harry junto conmigo.

Tome al pelinegro de la mano y subimos rápidamente a mi habitación, para terminar allí nuestros propósitos.

Al entrar, Harry me tiró directamente a la cama, mientras sacaba su varita de los bolsillos traseros de su pantalón.

-¡Ferma Portus!- susurro agitado en dirección a la puerta- ¡Silencius!

Luego de haber insonorizado y cerrado la habitación con magia se lanzo suavemente sobre mí, para terminar lo que empezamos en la sala.

-Mi amor, no sabes cuanto te he echado de menos- decía Harry mientras me besaba con pasión, con sus manos recorriendo cada rincón de mi cuerpo- Jamás deje de pensar en ti…

Yo estaba en shock, escuchando sus palabras mientras terminaba de quitarle las molestas prendas de ropa.

Desde la puerta, un camino de ropa se podía divisar hasta la cama, donde arrastrados por la pasión presente disfrutamos el uno del otro hasta el amanecer.

-Te amo, Hermione Granger- suspiro en un último beso, recostándose a mi lado, después de tantas sensaciones vividas.

-Yo también, amor- le devolví el beso- no sabes cuanto…

Y una vez terminamos el beso, me acurruque junto a él y caímos ambos en un profundo sueño, abrazados, después de experimentar sensaciones que estábamos esperando desde hace cinco años…