.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Yo estoy cansado de mi vida anterior en la que sólo sabia comer. Yo sólo quiero a mi joven amo. Yo no quiero más aparte de él.

Él le había respondido aquello a Angela, "Yo sólo quiero a mi joven amo. Yo no quiero más aparte de él.", se había negado a devorar millones de almas por estar a lado de Ciel. Acaso eso significaba…

No, eso era imposible. ¿Cierto?

-¡Sebastian!- la voz de su amo lo sacó de sus cavilaciones para traerlo de inmediato a la realidad.

- Discúlpeme joven amo, creo que me distraje por un momento- se excusó el demonio-

- Eso no es normal en ti- comentó con un tanto molesto el joven conde- como sea, nos vamos, perece que el clima en Londres va a empeorar, y si es así, prefiero estar en la mansión principal a la de Londres- concluyó el ojiazul mientras se dirigía al carruaje, seguido muy de cerca por el señor Wiltshite. Sebastian frunció el seño en signo de reprobación.

- Joven amo- dijo al estar lo suficientemente cerca del conde, sin que los dos hombres que los seguían pudieran escuchar su conversación- podría decirme ¿Por qué el señor Wiltshire y su protegido nos vienen siguiendo?

- Enserio que estás distraído Sebastian- decía Ciel como avanzaba por la calle sin mirar a su mayordomo- el señor Wiltshire me ha propuesto unos negocios muy interesantes, para eso quería que yo estuviera libre hoy, para poder hablar de negocios, el plan original era ir a algún lugar en Londres como él lo sugirió, pero dado los últimos acontecimientos (el supuesto atentado contra mi persona, claro está), decidí que era mejor ir a la mansión de Londres, pero el clima es pésimo- dijo dando un largo suspiro, como Sebastian miraba al cielo, aquel día había empezado soleado, pero por cuestiones del destino, en esos momentos, las nubes estaban tan negras como su humor y el clima amenazaba con tormenta.

- No quiero quedar atrapado en Londres por el mal clima, prefiero ir a la mansión principal, además, si nos ausentamos demasiado, quien sabe si cuando regresemos aún quede algo de mi mansión con esos atolondrados cuidando de ella- recodando a su atolondrada sirvienta y al cocinero pirómano que tenía por sirvientes.

-Bocchan, no cree que sería más conveniente terminar sus negocios en Londres y luego volver a la mansión- dijo Sebastian, tratando de persuadir a su joven amo de llevar a los otros dos a la mansión.

- Ya te lo dije, el clima se pondrá peor y prefiero estar en la mansión principal, además, ve esto como un avance, la temporada aún ni siquiera empieza y yo podría tener un buen negocio entre mis manos antes de las fiestas- dando a entender que no tenía ni el más mínimo interés por asistir a las mismas, aunque fuera su obligación.

Sebastian puso una imperceptible mueca de desacuerdo, mientras que Ciel disimulaba una sonrisa. Las circunstancias no podían estar más a su favor. Tomando en cuenta el atrevimiento de su mayordomo para con él esa mañana, le estaba muy en claro que Sebastian quería algo con él a la de ya; no es que fuera tonto, desde hacía un tiempo que venía mirando como Sebastian lo veía de forma diferente, deseándolo, para ser más preciso. Y es que él mismo también se había dado cuenta de algunos cambios muy favorables para su persona, como que a donde fuera que iba, levantaba suspiros y miradas por parte de las damas, y por qué no admitirlo, de hombres también, lo cual en muchas ocasiones le había dado ventaja a la hora de cerrar importantes tratos, haciendo uso de encantadoras sonrisas y una que otra seductora mirada. Pero el caso de su demonio era muy diferente, tenía su orgullo, y como la cabeza de la familia Phantomhive no se lo iba a dejar tan fácil. Si quería algo más, que batallara, de eso se iba a encargar él. Por eso había invitado a Adam Wiltshire a su mansión, se había percatado que Sebastian lo miraba de mala manera cada vez que se acercaba a él, y si acaso eso podía significar celos por parte del demonio, no iba a dejar pasar la oportunidad.

Además, el demonio podía considerar ello como un pago por su deuda, en primer lugar, por la resaca de en la mañana y sus recuerdos perdidos de la noche anterior (aunque Ciel realmente esperaba que se las cobrara de otra forma).

Finny los esperaba con el carruaje, quedando un poco sorprendido de que su joven amo decidiera regresar tan pronto al campo, y aún más, acompañado de esos sujetos. Aunque no dijo nada, Sebastian notó un pequeño sonrojo en las mejillas del rubio jardinero, seguramente recordando algo que el demonio rubio dijo o hizo con él.

-El joven amo quiere discutir algunos negocios con el señor Wiltshire, así que los llevaremos con nosotros de regreso a la mansión- dijo dirigiéndose a Finny, quien sintió escalofríos al ver pasar al rubio frente a él- le he dado indicaciones a su cochero para que los recoja en la noche, así que ponte en marcha- concluyó, subiendo al carruaje y dejando que el jardinero condujera de regreso a casa. Ese iba a ser un viaje muy largo, el más largo de su demoniaca existencia.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Y odiaba siempre tener la maldita razón. No sólo el viaje había sido insoportable y eterno (incluso para alguien como él, aquel viaje parecía haber durado siglos), si no que el resto de la tarde y noche iban por el mismo rumbo. Durante el camino no sólo tuvo que aguantar las miradas lascivas y los comentarios sugerentes que el peliplata le hacía a su amo, no, también había tenido que soportar los discretos coqueteos que su amo le enviaba a aquel odioso sujeto, haciendo como si él no existiera.

Y la cosa iba empeorando. Sí, era posible empeorar.

Por alguna extraña razón, prueba de que Dios lo odiaba por ser un demonio y ser como era, en cuanto llegaron a la mansión principal de los Phantomhive, negras nubes que anunciaban tormenta se dejaron ver en el horizonte. En un principio pensó que sería algo pasajero, incluso llegó a pensar que ni siquiera llovería, o al menos no antes de que aquellos dos se fueran, o mejor aún, que lloviera en el camino de regreso y que murieran ahogados.

Pero como ya lo había mencionado, Dios lo odiaba. La prueba más ferviente de todo eso era que justo una hora después de haber llegado, la lluvia comenzó a caer. En un principio una simple e inocente llovizna, pero que en pocos minutos se convirtió en algo parecido al diluvio universal, bloqueando así la salida de la mansión, y por tanto, la de Adam Wiltshire y su demonio.

En esos momentos, su joven amo se encontraba discutiendo con Wiltshire acerca del negocio que el peliplata le había propuesto al conde horas atrás. Ambos se encontraban en el despacho de su joven amo. Llevaban conversando acerca de ese negocio cerca de cuarenta minutos mientras él hacía los preparativos para lo que iba a ser la inevitable estadía de esos dos en la mansión. Sin embargo, su tarea se vio interrumpida por el sigiloso sonido de pasos, a decir de él, muy cercanos al cuarto dónde él se encontraba.

Con cautela, Sebastian se acercó a la salida del cuarto que daba a un pasillo, el cual comunicaba a media docena de habitaciones en ese lado de la mansión. De manera fugaz vio la sombra de alguien desaparecer hacia uno de esos cuartos. Tomando en cuenta a las personas que se encontraban en la mansión, aquella figura no podía ser sino de Gressil (de haber sido cualquiera de los otros sirvientes habrían hecho un escándalo y no se habrían tomado la molestia de ser tan cautelosos para ser casi indetectables).

En menos de un segundo, Sebastian ya se encontraba en el cuarto donde debería estar Gressil, y debería, porque en el instante en que él llegó, la habitación estaba vacía. De haber sido humano, Sebastian no habría sospechado nada y le habría atribuido todo a la imaginación o al cansancio, peroél era un demonio, y sabía que en esos momentos, en esa misma casa, había otro demonio, tal vez no tan poderoso como él, pero un demonio al fin, el cual, si no era cuidadoso, podría traerle muchos problemas. Con eso en mente echó un rápido vistazo a toda la habitación, y entonces pudo advertir un detalle casi insignificante: una de las ventanas de esa habitación estaba mal cerrada; Gressil seguramente la había usado para salir de la mansión, eso no era un misterio, la pregunta era por qué había salido de la mansión.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Mientras tanto, dentro del estudio del joven Phantomhive, Ciel fingía poner atención a la conversación que sostenía con Adam Wiltshire, pero por más que se esforzara, la taza de té frente a él era más interesante que esa charla. Además, su mente terminaba por ocuparse con cierto demonio de ojos rojos quien lo había dejado con ganas de algo más esa mañana, y al decir que su mente se ocupaba con el demonio, significaba imágenes que los incluían a él y a Sebastian en una cama, sudorosas y desnudos de ser posible. Sin embargo, sus esfuerzos por aparentar interés en la plática parecieron no ser suficientes, ya que en determinado momento, Wiltshire detuvo su monólogo para mirar fijamente a Ciel.

-Disculpe mi indiscreción conde Phantomhive, pero desde hace más de media hora que lo noto distraído, ¿Acaso hay algo que le moleste?

-No, al contrario -dijo al verse descubierto-, le ofrezco una disculpa por mi poca delicadeza al no prestarle la atención que se merece como mi invitado- tratando de controlar el calor que subía gradualmente por sus mejillas a causa de la vergüenza de haber sido evidenciado, además del hecho de que había estado fantaseando con cierto tipo de pensamientos muy poco castos que, poco a poco, había logrado despertar cierta parte de su anatomía, por lo que discretamente se acercó más a su escritorio.

Adam pudo notar ese leve y casi imperceptible sonrojo en las mejillas de Ciel, mas no su incipiente erección. Hubiera pensado que el joven conde lucía adorable de esa forma, sonrojado e indefenso, sin embargo, en esos momentos lo último en lo que estaba pensando era en lo lindo que era Ciel; sus pensamientos más bien iban por un camino más oscuro y erótico donde el joven de ojos zafiros estaba incluido, quisiera o no. Por eso, en esos momentos decidió molestarle un poco y ver las reacciones de Ciel.

-¿Es usted virgen?- soltó de repente Wiltshire mientras sonreía de manera insinuante.

Ciel, quien se encontraba dándole un sorbo a su taza de té, casi se ahoga al oír tal pregunta.

-¿Disculpe?- preguntó Ciel con la cara más roja que una manzana madura.

-Le he preguntado si es usted virgen- repitió sin quitar esa expresión de su cara y poniéndose de pie de manera silenciosa.

-No entiendo a que viene esa pregunta, se supone que usted y yo estamos aquí para hablar de negocios- dijo el conde tratando de guardar un poco de compostura y de controlar el escandaloso sonrojo que, estaba seguro, se había adueñado de su rostro.

Por tal motivo, Ciel no se había dado cuenta que el de cabellos plata, se acercaba con paso lento pero seguro hacia él. Hizo amago de levantarse para ponerle fin a aquella ridícula situación, pero para cuando lo hizo, Adam Wiltshire se encontraba de pie a menos de un metro de distancia de él.

-Eso ya lo sé- dijo mientras acortaba la distancia entre ambos, acorralando a Ciel contra su propio escritorio- eso no impide que hablemos de otras cosas- añadió mientras colaba una de sus piernas entre las de Ciel.

-¿Qué demo…

La réplica de Ciel se vio interrumpida. En un movimiento atrevido, Wiltshire había rozado su rodilla con la entrepierna de Ciel, quien al sentir el contacto, soltó un leve pero sensual gemido. No era que la situación le agradara o le fuera placentera, el punto era que hasta hace unos segundos, él se encontraba pensando en cómo sería el sexo con Sebastian, por lo que su entrepierna aún se encontraba un tanto despierta, y aquel roce no había hecho más que complicar su situación; si antes Wiltshire no se había dado cuenta de lo que pasaba en sus pantalones, con ese contacto estaba seguro que lo había notado.

-Vaya, al parecer el conde se encuentra muy excitado, ¿Acaso tenía pensamientos sucios mientras no me prestaba atención?-preguntó el peliplata para luego pasar su lengua por el cuello de Ciel. Aquello había sido suficiente para él.

Estaba a punto de llamar a Sebastian cuando una voz detrás de Wilshire lo interrumpió.

-No creo que llamar a tu mayordomo sirva de mucho, después de todo, Ciel Phantomhive es demasiado orgulloso como para permitir que su sirviente lo vea en tal estado.

Gerard Gress, el sirviente de Wiltshire se encontraba detrás de su amo, sosteniendo una enorme caja entre sus brazos. Fuera lo que fuera que trajeran en esa caja (y a juzgar por las miradas y sonrisas de ambos) aquello no le traería nada bueno, y lo peor de todo era que tenían razón, en ese estado jamás llamaría a Sebastian.

Maldito orgullo Phantomhive.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Lo sé, no tengo perdón de Dios, merezco morir por incumplida, pero mi tardanza tiene razones, mi compu murió y el fic con ella, así que traté de escribirlo lo más pronto posible y con las ideas originales, además de que mi mamá estuvo rondándome, y yo tenía que esconder lo que escribía cada 5 minutos. Frustrante.

Además, no crean que no he estado haciendo nada, para el lemon creo q aún faltará un rato, tal vez si, tal vez no pero lo he comenzado a escribir ya, para mejorar y que no sea un desastre como creo que puede quedar T^T. Prometo esforzarme mucho para cumplir con sus expectativas *w*

Ohh sus reviews me han hecho tan feliz, como no tiene idea, me inspiran a continuar, eso y la segunda temporada de Kuroshitsuji, el manga de Kuroshitsuji y la salida de Sekaiichi Hastsukoi :)

Matta Ne