Chapter IV: Rumores
China salió mojado y casi desnudo de la ducha. Sólo llevaba puesta su ropa interior que casi se le bajaba a las rodillas de no ser porque la sostenía con una de sus manos. Corea en cambio se hallaba totalmente exenta de sus vestimentas y veía con una sonrisa pícara la marca en forma de panda que tenía el mayor en una de sus nalgas.
—¡Aiyah! ¡Eso no fue divertido, Corea! —exclamó el chino ruborizado y con la respiración agitada al salir del baño.
—Yo disfruté mucho —sonrió Corea complacida y también con sus mejillas rosadas—. Deberíamos meternos a la ducha más seguido, ¿no cree así, oppa?
—¡Calla, aru! ¡No quiero seguir escuchando más de tus locuras! —le reprochó Yao, molesto, sin dejar de estar sonrojado.
—Oppa debería ser más desinhibido y seguir el modo de vida coreano —dijo la muchacha con orgullo—. Ya verá que eso lo ayudará a ahuyentar los miles de años que tiene, da-ze.
—¡Ni lo pienses! ¡Lo último que querría sería terminar siendo un niño imprudente como tú, aru!
—¡Otra vez me llama niño! ¿Por qué oppa sigue con ese cuento de que no soy chica? —espetó la menor algo molesta.
Justo entonces el timbre del celular de China resonó en toda la casa, evitando así que éste pudiera responderle.
—Lo que me faltaba, aru —suspiró—. Iré a atender, tú mientras tanto vístete. No quiero ni pensar en el escándalo que habría si alguien nos ve así.
Corea sólo tuvo tiempo para hacer un puchero antes que el mayor la dejara sola en el baño. Una vez que Yao llegó al living, atendió el llamado.
—¿Sí, aru?
—China-san, hola, habla Japón.
—¡Japón! ¡Al fin llamas, aru! —se alegró el chino, sólo un minuto, pues debía recriminarle el haber huido cuando Yong Soo fue transformado—. Pensé que no sabría más de ti después de la forma que huiste. Fuiste muy desconsiderado al dejarme solo.
—S-Sí… lo siento en verdad, China-san, pero usted vio cómo resultó ser… ella —se excusó el japonés con un leve tono de nerviosismo—. Y… ¿cómo va todo en su casa con Corea-san?
—¡Ah! Yo… —el rostro de Yao volvió a sonrojarse y a ponerse nervioso—. Es algo inquieta, ya sabes, su forma de ser no cambió mucho, pero… ¡Espera! ¿Cómo sabes que estoy con ella, aru?
Hubo un silencio al otro lado de la línea antes de que Kiku se atreviera a dar una respuesta, sin prever cómo el mayor podría llegar a reaccionar.
—Bueno… Hong Kong fue a verlo hace poco y… vio algo un poco extraño tras las cortinas de su baño.
—¡Aiyah! ¡Eso…! ¡Eso no fue nada, sólo es una confusión, aru! ¡Me tomó por sorpresa y me hizo entrar a…! —hizo una pausa, reflexionando lo dicho por su hermano—. Aguarda… ¿sólo me llamas para eso? ¿Pensaste que iba aprovecharme de la condición de Corea, aru?
—¡No! Bueno… —el silencio se extendió en la otra línea—. Ah… ya tengo que irme, China-san, fue un placer hablar con usted ¡Sayonara!
—¡Japón, espera! ¡Déjame explicarte…! —La llamada ya había sido cortada, dejándolo con el sonido intermitente de la otra línea. Fastidiado, dejó caer su teléfono al piso—. Lo que me faltaba, aru, Japón y Hong Kong creyendo que soy un pervertido —soltó un suspiro—. ¿Qué más podría pasar?
Tan pronto terminó de decir eso la puerta se abrió, entrando Taiwan a su casa y encontrándose con que él sólo llevaba puesta su ropa interior. China se quedó en blanco al ver el modo tan embarazoso en que su hermana menor le había pillado.
—Maestro…—se detuvo la joven, impactada, sin saber qué decir.
—Oppa, ¿qué es todo ese ruido? —preguntó la coreana, asomándose desnuda desde la puerta del baño.
Todos quedaron mirándose el uno al otro como si no encontraran lo adecuado qué decir. China miraba a ambas, inquieto, tanto que parecía un marido descubierto por su esposa en una aventura.
—¿Maestro? —pronunció Taiwan esperando por alguna respuesta.
—¿Oppa? —dijo Corea mirándolo y esperando lo mismo.
—¡Aiyah! ¡¿Ya nadie toca primero, aru?!
Taiwan todavía no podía creer lo que acababa de ver; su maestro estaba junto a una desconocida, quien no traía nada puesto. Cuando Hong Kong le avisó sobre lo que había visto pensó que se trataba de una broma, pero al verlo con sus propios ojos comprobó que era cierto. Pero nunca esperó encontrar a su maestro en una posición como ésa.
—¿Maestro… qu-quién es esta chica? ¿y por qué está usted en ropa interior…?
—¡Taiwan, espera! ¡Déjame explicar esto primero! —exclamó inquieto el chino. Luego volteó furioso hacia la coreana—. ¡¿Por qué todavía no te has vestido?! ¡¿No ves que estás empeorando todo, aru?!
Corea sólo infló sus mejillas, expresando molestia. Su hermano parecía muy alterado por su causa y eso la ponía de mal humor, pues todo lo que hacía era con el fin de gustarle. No obstante, decidió irse al baño y encerrarse hasta estar lista para presentarse ante él y Taiwan.
Mei, después de permanecer tanto tiempo sorprendida, se mostró confusa ante el asunto.
—Maestro, ¿acaso usted…? Entonces… lo que nos dijo Hong Kong era verdad.
—¡No, esto no es lo que parece, aru! —volvió a decir Yao, alterado—. ¡Por favor, deja que te explique, Taiwan!
Una vez que China volvió a vestirse al igual que Corea del Sur, ambos se sentaron en la mesa junto a Taiwan, quien veía de forma sospechosa la historia que su hermano terminaba de contar.
—¿Ella es Corea? —preguntó Mei sin poderlo creer—. ¿Está hablando en serio, maestro?
—¿Cómo podría bromear con algo así? —le reprochó el mayor—. El bastardo de Inglaterra ocupó su magia y transformó a Corea en… —volteó a verla y entonces se sonrojó—. …esto.
—Oppa sigue con esa historia, pero yo no recuerdo nada, Taiwan —contestó la coreana, echándose para atrás con una postura relajada.
—¡Pero es así, aru! ¡Y aunque te moleste tarde o temprano tendrás que aceptarlo!
—Bueno… no me molestaré… ¡si oppa me deja tocar su pecho! —exclamó lanzándose a abrazarlo.
—¡Aiyah! ¡No me toques, aru! —gritó el chino tratando de apartarla.
—Está bien, ya estoy convencida —sonrió incómoda la taiwanesa, con una gotita que aparecía sobre su cabeza—. Ella es Corea.
—Ahora tengo que hacerme cargo de él en ese estado —suspiró Yao con cansancio—. La suerte no me ha favorecido, aru.
—Maestro… si me permite… yo podría pasar tiempo con ella —dijo de repente Mei.
—¿Ah? —volteó éste sorprendido—. ¿Estás segura? ¿No tendrás problema, aru?
—¿Bromea? ¡Siempre quise una hermana! —exclamó entusiasmada la taiwanesa—. Vietnam es muy seria y no comparte mis gustos, pero ahora… ¡tengo la posibilidad de tener la hermana que siempre quise!
China veía como Mei se levantaba y pegaba ligeros saltitos de emoción, mientras Corea miraba extrañada sin saber porqué la alegría de la taiwanesa.
—D-De acuerdo, aru —respondió el chino no muy convencido—. Pero… vayan con cuidado.
—¡Genial! ¡Vamos, Corea! —exclamó Taiwan tomando el brazo de ésta y apartándola del mayor—. ¡Iremos de compras!
—Ah, pero… oppa… —pronunció la coreana alzando su mano para tocar a su hermano, pero era alejada por Taiwan hasta salir de su casa.
Yao sintió algo extraño al ver a Corea salir junto a Mei. Su mirada le decía que no quería apartarse de su lado. Pero para él, eso significaba un respiro dentro de la agotadora jornada que había sido cuidar de ella. Sin embargo, todavía era muy pronto para alegrarse. Aún le quedaba hacer unas cuantas llamadas para dispersar aquellos rumores que Hong Kong había difundido al resto de sus hermanos.
Continuará…
N.A: Actualizando en el acto :3 Siguen las actualizaciones y nuevas historias durante esta semana xD Adoro poner a China nerviosito por FemCorea, que no lo deja tranquilo x3 Hasta ahora todo va muy bien, pero digamos que pronto las cosas van a ponerse un poco más… complicadas. Espero les guste y si es posible dejen sus opiniones :3
