HOLA CHICAS! Hacia muchísimo no actualizaba este fic, quiero pedir disculpas por ello, eh estado bastante mal últimamente y no me apetecía escribir, y más que nada no sabía que escribir, me alegro de que TU! Estés leyendo esto y quiero darte las gracias por ello.
Ya saben, MARVEL no me pertenece, todos los derechos reservados a Stan Lee y derivados
Habían pasado casi tres agotadoras semanas desde la operación de Bucky, la herida ya no dolía casi nada, quizá alguno que otro tirón le hacía dar un respingo pero nada grabe, resultó que el brazo le proporcionaba más fuerza de la que se tenía provista y el control sobre esta era bastante más eficaz y fácil de lo que se esperaba, era una fabulosa noticia.
Paso por días bastante difíciles, era muy duro controlar sus dedos dirigir a todos y cada uno, era como si su mente se acostumbrara a ellos, girar la muñeca no era tan facil y elevar el brazo demasiado aun le producía cierta molestia, sin embargo pese a que estaba realmente cómodo con su prótesis no le dejaron salir hasta que Bruce dio la orden
Bucky se encontraba terriblemente preocupado por Steve, no lo había visto en semanas y tenía miedo de que al llegar a su habitación está se encontrara vacía sin sus cosas o peor aún con alguien nuevo ocupando su cama desde hace tiempo, el solo pensamiento le hacia estremecer, no sabia por que, pero lo hacia.
Era imposible no morderse el labio al pensar en él, porque no era sólo incomodidad, era desespero... El estómago me daba vuelcos al recordarlo, sus manos sudaban frío y la respiración se le agitaba, estaba preocupado por el, y le extrañaba... Le extrañaba muchísimo, se había acostumbrado a la cercanía con el pequeño, hacía años que no mantenía un trato estrecho con nadie ni siquiera con sus pocos amigos frecuentaba tanto las visitas, algo le hacía volver ahí cada día a la misma hora, no sabía que era, pero Bucky sabía bien que es porque era diferente, Steve era un chico diferente.
Tres semanas largas de recuperación y estaba listo para ir a casa, estar a cargo del hombre más rico de la ciudad no era malo en lo absoluto, y se sentía raro, más por el hecho de poder mover su mano y brazo que por estar recién operado y podría jurar que toda esa tecnología implementada en él no era en lo absoluto lo que se encontraba en los hospitales, se le hacía muy injusto, porque de pronto su mente ya no viajó a las personas en dichos lugares, si no que sus pensamientos rondaron en Steve, estaba enfermo... Estaba esperando lo y él nunca llegó. Jamás se perdonaría estar lejos de él sin siquiera avisarle, maldición Bucky, eres un idiota.
La única persona con la que has entablado amistad después de años y tú vas y lo arruinas todo, al menos avisar no hubiera estado tan mal, era una jodida operación, ¿qué esperabas? No saldrás al siguiente día.
La orden de salida no llegó sino hasta después de las 5 de la tarde, después de una larga sesión de exhaustiva revisión y chequeo a fondo, todo iba de maravilla, era una verdadera pena que no pudiera disfrutar con tanta alegría como lo esperaba, estaba preocupado por Steve, la molestia en su estómago no le dejaba ni respirar con tranquilidad, su piel se erizaba y de vez en cuando pequeños pensamientos fugaces le hacían sudar frío.
Para las seis en punto Bucky ha se encontraba cruzando la quinta Avenida en camino al hospital, benditas esas células madre y el montón de medicamento que le hizo salir tan rápido de ahí.
De camino al hospital se detuvo en un restaurante de comida italiana, algo le decía que a Steve le gustaría, claro... Si es que le perdonaba tan fácil, ordenó y de fue, no sabía hasta que hora podía entrar a visitar a los pacientes pero no se quería arriesgar, recogió la comida y cruzó la última calle frente al hospital, el olor a cloro y desinfectante lleno sus pulmones, las mismas enfermeras cruzaban frenéticas los pasillos auxiliando a todos a su paso, se dirigió hasta el final del corredor y tocó el botón del ascensor hasta piso de Steve, estaba nervioso y maldición, estaba triste ante lo que se venía.
"295" se leía en la puerta color gris, cerro los ojos y dudo sobre tocar o no la puerta, cuando su puño ya estaba frente a la misma encogió la mano evitando tocarla, dio un profundo respiro y abrio con lentitud, la escena frente a él le encogió el corazón de sobre manera.
Steve estaba profundamente dormido aferrado a aquel libro que hace más de un mes se habían puesto a leer juntos, tenía el cabello alborotado y los huesos más visibles y, sin duda adelgazó mucho. Sin hacer ruido camino con lentitud por el cuarto, dejo la bolsa de papel con la comida para ambos y se acercó a la cama para observarle mejor, era todo un jovencito, no era un niño pero tampoco un adulto, sus rasgos afloraban cada día más con una masculinidad tremenda, tenía una barbilla cuadrada y bastante ancha, labios increíblemente carnosos y de un color carmín precioso, el cabello rubio y algo largo sólo le hacían ver más joven aún..
Agitó su cabeza liberándose del pequeño trance, camino hasta uno de los sillones, lo arrastró en silencio hasta el lado derecho de la cama del chico y se sentó, esperaría a que despertara sólo, quizá así no despertaba enfadado con él.
Entre sueños nada agradables la pesadez del mismo se fue evaporando haciendo que despertara de éste. Sentía los ojos arenosos y el hombro entumecido, seguramente llevaba horas dormido sobre él, se estiró un poco y al bostezar fue cuando lo sintió, ese aroma lo conocía... ¡Era de él!
Abriendo los ojos por la sorpresa dio una escaneada a la habitación y ahí estaba, dormido a su lado contrario, llevaba esa gorra de béisbol azul y su chaqueta de cuero negra, no sabía cuánto tiempo tendría él ahí pero mentira si dijera que no quería gritar de felicidad al verlo de nuevo, era increíble el cómo te puedes encariñar con una persona tan rápido y tan fuerte, lo había extrañado de sobre manera pero por fin había vuelto.
Se bajó con cuidado de la cama y caminó hasta los pies del castaño, el suelo estaba helado igual que él, no podía decir que era por estar descalzo, quizá simplemente era el nerviosismo del momento.
Frunció sus labios y dudó por un segundo antes de alzar su mano y tocar la mejilla de Bucky, los dedos fríos contra la piel caliente se sentía bien y el cosquilleo de aquella barba de algunos días era agradable, Bucky murmuraba en sueños, hasta que por fin despertó, respiro profundamente y parpadeó algunas veces para enfocar su vista.
Dio un respingo en el sillón y se levantó de golpe con un gran sonrojo antes de hablar
-Hola Steve
-Regresaste por tu libro supongo, no te preocupes no lo eh ojeado en tu ausencia, está intacto, puedes tomarlo
-En realidad no es a lo que he venido, había olvidado por completo el libro... Vine a verte y a pedir una disculpa por mi ausencia estas semanas.
El estómago de Steve dio un vuelco y se mordió el labio con nerviosismo, el había regresado por voluntad propia, no por su libro.
-No tienes por qué pedirme disculpas, tienes una vida hecha y cosas que hacer, es justo que regresarás a tu vida, me la pasé bien durante la "ayuda al enfermo solitario" pero no tienes por qué preocuparte o por que regresar... Ya hiciste suficiente, no tienes ningún compromiso conmigo y yo lo entiendo así que quédate tranquilo.
-Oye basta, si, fue un proyecto para el hospital, pero que esté aquí no significa que lo haga por remordimiento a dejarte o sólo por compromiso, si estoy aquí es porque quiero ¿bien? Ahora... ¿Puedes escucharme?
-Está bien, te escucho.
-¿Sabes? Mejor te muestro.
Con una sonrisa alegre y coqueta Bucky estrecho sus brazos y manos alrededor de Steve y con un apretón lo elevó en el aire dándole un giro para después bajarlo en la camilla
-Bucky, pero ¿que fue eso? ¡Tú brazo!
-¡Lo sé! ¿No es fantástico?
-¿Pero qué pasó?
-Antes de conocerte me había inscrito en una especie de experimento, ya sabes, medicina experimental, me sometí a una operación para recuperar parte del tejido vivo e implementarlo en una prótesis biónica que sea totalmente funcional, no tengo idea de cómo funcione, Stark... El de industrias Stark fue quien corrió con los gastos, supongo ve la posibilidad de hacer más y venderlos, así que aquí me tienes, soy casi una persona completa de nuevo
Steve escuchaba maravillado la historia de Bucky, era sorprendente el entusiasmo con el que el castaño se expresaba, había estado muy triste, enojado y frustrado por la repentina partida de su amigo pero ahora lo entendía y valió la pena, verlo tan contento era una enorme recompensa. Y no era sólo eso, él tendría una vida normal de ahora en adelante, y eso le llenaba se gozo.
James pasó la siguiente hora explicando con absoluto detalle su operación, las complicaciones y su recuperación, parecía incluso falsa, pero sólo por el hecho de ser tan increíble y asombrosa. Le enseñó su nuevo brazo, movió sus dedos cargo cosas y lo más importante... Bucky se levantó la manga de la camisa y salió a relucir una bonita y muy bien hecha estrella roja, tal como la anterior, un gesto bastante bueno de parte de Stark, aquí no podía reclamarle.
El rubio pasó cuidadosamente los dedos por la misma, el metal estaba algo frío pero más arriba, llegando casi a la Unión entre piel y metal estaba cálido, oh... A eso se refería Bucky con recuperar tejidos, seguro estaban unidos se alguna forma en la parte interna del brazo, que complicado, le alegraba que salieran las cosas bien y pese a tener no más de 3 semanas de recuperación, estaba casi sano del todo, no entendía cómo pero seguro era porque estaba con uno de los hombres más ricos del país.
Se había oscurecido el cielo sin siquiera notarlo, pero la plática seguía tan tranquila que fue imposible despegar su mirada de los resplandeciente ojos del castaño, de alguna forma Steve sentía que estaba grabando todas y cada una de sus expresiones, cada línea, cada imperfección y el pequeño hoyuelo en la mejilla que surgía sólo cuando sonreía de más, tenis un rostro tan dulce y a veces tan duro y frío que resultaba doloroso verle sin que el estómago se contrajera.
Un sordo sonido en la puerta llamó la atención de ambos, Lisa, la guapa enfermera a su cargo abrió la puerta y sonrio ante la agradable atmosfera del lugar, ella siempre fue buena con Steve, algo tosca y a veces estaba cansada pero sonriendo debía admitir que era una chica muy hermosa, Lisa carraspeo y les dedico una sonrisa de disculpas.
-Lamento a interrupción señor Rogers pero el horario de visitas llego a su fin, su amigo tiene que irse.
Frunció los labios en modo lastimero y retrocedió sus pasos para cerrar la puerta.-¡Lisa!- Steve grito su nombre y cuando la enfermera regreso su rostro Bucky fue quien ahora respondió. -Espera, puedo quedarme esta noche, ¿no es así?
-Sabes cuales son las reglas, solo familiares cercanos pueden quedarse.- Lisa sabía perfectamente la situación agobiante por la que el chico pasaba, aunque a decir verdad le agradaba ese hombre, y muy en el fondo esperaba una respuesta positiva por parte de alguno, hacia tanto tiempo que Steve no tenía visitas, la doctora Carter solía decir que las visitas frecuentes ayudaban el estado de ánimo, mejoraban la salud considerablemente, pobre chico, había quedado solo.
-Por supuesto cariño, no debe haber problema, soy su primo lejano, no había tenido la oportunidad de venir, humm un accidente, ya sabes, la desgracia viene con el nombre.- la sonrisa coqueta de Bucky y su confianza agregaban verdad a sus palabras, Lisa ni siquiera se molestó en preguntar de más.
-Oh… perfecto, entonces no les molesto más, Steve mi turno acabo, recuerda tomar las medicinas que traerá Mary a las once, será solo esta semana, nos vemos mañana, un placer conocerlo.
Y salió despidiéndose con la mano de ambos, la sorpresa en el rostro de Steve aún no se iba, y Lisa si lo noto al instante más sin embargo lo ignoró, ahora, solos en la habitación, Bucky soltó una suave carcajada y le guiño el ojo con diversión.
-¿Te quieres quedar esta noche? ¿Lo dices en serio?¿o solo lo has dicho para molestar a mi enfermera?
-Con que TU enfermera, ¿ eh? claro que quiero, si realmente no lo quisiera créeme que no hubiera vuelto siquiera a una cuadra del hospital, eh preguntado por qué quería la respuesta y mira, ahora soy tu padrino, puedo quedarme cuanto me plazca.
Steve entronecer los ojos de manera cuidadosa pero acepto su respuesta, era lo suficientemente convincente para el.
-Gracias… es solo que siento como si hubieran sido siglos desde que alguien pasara la noche conmigo.
-No tienes por qué agradecer, lo eh dicho de la forma más directa posible, estoy aquí porque quiero y puedo, además, de todas maneras no podemos desvelarnos, ya escuchaste, vendrá Mary a las once, no más, no menos, tienes que dormir a tus horas.
-Eres peor que una madre ¿lo sabes? Tengo casi dieciocho, tampoco soy un niño.
-Vale abuelo, y ¿cuál es tu plan?
-No arruinare la sorpresa, no tardaras mucho en averiguarlo pero… tendremos que esperar el turno de Mary, después de eso no hay rondas hasta las 5 de la mañana.
La mirada de Bucky indicaba cierta desconfianza, algo en el tono de Steve no le gustaba y presentía que no solo darían una vuelta por el lugar. Steve se levantó de la cama, se puso sus pantuflas y fue directo al baño casi corriendo cerrando la puerta de golpe, Bucky arrugo la frente observando a la dirección donde el otro escapó, estiró un poco su espalda y se levantó a paso lento para tocar con cuidado la puerta.
-¿Eh soldado, esta todo en orden?
Bueno… viejas costumbres de ejército, salió casi sin querer, pero a falta de respuesta volvió a llamar a la puerta, Steve no abría, ¿porque ni siquiera contestaba? Y faltando al código de privacidad de cualquier ser humano abrió la puerta, Steve se encontraba de rodillas frente al retrete, estaba vomitando y sus manos temblaban. En un rápido movimiento Bucky atravesó el cuarto hasta llegar del otro lado del rubio, se agacho con él y recogió su cabello liberándole el rostro, su mano izquierda sujetaba el cabello mientras que con la derecha daba unas suaves palmadas a la espalda de modo tranquilizador, Bucky podía sentir la suave piel bajo su mano, eran apenas unos centímetros que la bata entre abierta dejaba a la vista. Cuando los espasmos de Steve cesaron, dio un largo suspiro y se levantó con cuidado del retrete y jalo la palanca, se acercó al lavabo y cepillo sus dientes.
Caminaron en silencio hasta regresar a la cama y Steve se tumbó de lado respirando agitadamente, tenía los ojos cerrados y la cara sumida en la almohada.
-¿Estas mejor?
-Mejor que nunca amigo, lamento que tuvieras que ver eso, quizá algo de la comida no me cayó bien, me cansa mucho vomitar y quema la gargan…
-¡Comida! Lo había olvidado, cuando venía en camino hice una parada en el restaurante de enfrente y traje comida italiana para ambos, seguro ahora esta fría, lastima se veía bastante bien.
-¿Comida italiana? Hace años no pruebo algo que no sea de aquí, Tienes que ir a la cafetería, tienen un microondas, la puedes calentar ahí y luego volver a acá.
-¿Estás seguro que Mary no se enfadara?
-¡Olvida a Mary! ¡Vamos, vamos!
Steve se había olvidado por completo de su malestar estomacal, e increíblemente su estómago estaba rugiendo por el hambre, eran las nueve en punto, tendrían un par de horas para cenar a gusto y eliminar la evidencia de la comida clandestina. Bucky ya había salido de la habitación, y Steve aprovecho para hacer una cama improvisada al castaño, su habitación era bastante amplia, tenía dos ventanas amplias, un sillón individual y un diván bastante cómodo justo al lado de la cama, en el armario de la esquina tenia cobertores, almohadas y sabanas que se suponía cada semana debía usar pero le era suficiente solo con un cobertor lo suficientemente grueso.
Poniéndose de puntillas saco primero una almohada, después dos enormes cobijas suaves y por ultimo una sábana, la habitación era bastante fría por el clima del hospital así que estaba seguro que por la noche tendría frio. Colocó uno de los cobertores en la parte de abajo, después la sabana, sobre estos la almohada y otro cobertor para cubrirse, al dirigirse al armario a cerrar las puertas escucho la puerta abrirse, y ahí estaba, el rostro emocionado de un hombre de 24 años por haber hecho una travesura, llevar comida escondida.
Bucky vio el lugar cómodamente adaptado para dormir y al pasar al lado de Steve le tomo de los hombros y lo abrazo de nuevo, esta vez sin cargarlo, solo un suave abrazo y susurró ''lo siento por irme'' cosa que Steve respondió con una negación de cabeza y una sonrisa sincera, le dio un codazo juguetón y brinco a la cama sentado con las piernas en mariposa acerco su mesa para la comida y coloco ahí la bandeja que el castaño había traído. Comieron a gusto la deliciosa lasaña y pasta, se mantuvieron en charlas sin parar, era extraño pero jamás se quedaban sin cosas que contar, y eso lo había pensado ya más de una vez.
Mary llego puntual a las once en punto, le suministro a Steve unas enormes pastillas que el juraba ni un caballo podría tomarlas y a duras penas y con casi medio litro de agua por fin se las pasó. Ambos estaban cansados pero Steve no dejaría que el sueño le venciera, no sin antes mostrar a Bucky lo que quería.
Las luces de los pasillos eran bajadas de tonalidad a partir de medianoche, así no se molestaba mucho a los enfermos que tenían revisiones cada dos horas, con cuidado y con mucha emoción le contó a Bucky lo que tenía que hacer para que el plan fuera un éxito.
1.- No corras a menos que yo lo diga, y será mejor que te quites los zapatos.
2.- No cuentes a nadie sobre esto.
3.- Si algún guardia te ve tienes que decir que acabas de salir de una revisión y te has perdido entre los pasillos y por ultimo…
4.-Espero que lo que veras te agrade tanto como a mí.
El castaño repasaba cuidadosamente las reglas en su cabeza sin siquiera saber a qué rendirle cuentas pero acepto, y ¡rayos! El suelo sí que estaba helado. Salieron de la habitación sigilosamente y siguieron derecho hasta el final del pasillo, viraron hacia la derecha y siguieron por el pasillo hasta llegar a una gran puerta verde de metal con las palabras ''SOLO PERSONAL AUTORIZADO'' en grande, Bucky se sentía nervioso, era mayor, se suponía debería ser más maduro pero no, aquí estaba a mitad de la noche con un chico de 17 haciendo dios sabrá que cosa.
Steve en lugar de jalar la palanca hacia arriba, la empujo suave y después con fuerza y la cerradura cedió sin problema, viendo hacia ambos lados del pasillo y asegurándose que no había nadie prosiguieron, eran unas escaleras oscuras y que causaban desconfianza, la vista era casi nula y tuvo que tomarse de la bata de Steve para asegurarse que seguía ahí, el parecía conocer sus pasos de memoria.
Llegaron a una segunda puerta, y esta se abrió con facilidad, al pasar por la misma James se dio cuenta de que estaban en la azotea, el viento soplaba con fuerza y la vista era fenomenal, se vieron cara a cara y ambos sonrieron abiertamente, duraron unos minutos en silencio observando la ciudad que caía a sus pies, era muy hermoso y el cielo, ese día estaba tan despejado que no había necesidad de telescopio para ver claramente las estrellas.
Se sentaron en el rígido suelo y Steve sonrió con aire alegre – ¿Y bien? ¿Te ha gustado?
-Es maravilloso Steve, ¿subes aquí siempre?
-No, no lo hago, solo cuando estoy harto del oxígeno en tubo o demasiado fastidiado de todo, me da paz, es genial ver a la ciudad tan viva, y pese a que es de noche… míralos a todos, la ciudad esta despierta.
Bucky fijo sus ojos en el rostro del contrario, el aire revoloteaba su cabello y sus mejillas pálidas relucían con las múltiples luces que llegaban hasta ellos, recordó su sueño y se mordió el labio con desesperación, ¿Por qué se sentía tan extraño? ¿Por qué solo lo sentía con él? Con titubeo movió lentamente su mano derecha hasta rosar la piel del chico, Steve dio un pequeño respingo casi invisible pero no retiró su mano. Bucky se dio cuenta del frio que hacia ahí arriba y le puso su chaqueta sin siquiera preguntar, en piel contraria, la tela interna era demasiado cálida y el olor dulce tan intenso que le mareaba, aun sentía el cosquilleo en sus dedos por el contacto de Bucky, quizá solo había corrido la mano por accidente, no pudo ser a propósito.
-Tenemos que bajar, este helado y eso te hará empeorar, no será por mi culpa que enfermes por traerme aquí, es maravilloso pero debemos regresar.
Steve asintió sin chistar, no se hacía dado cuenta que estaba temblando, sus dientes castañeaban y tenía los labios de un azul bastante notorio, James estaba preocupado, lo veía en sus ojos y en la forma tan apresurada de caminar, quizá fue mala idea.
Alentar a la habitación el mayor le empujo para sentarse en el diván, cogió una de las mantas gruesas y se sentó junto a él, envolviéndolos a ambos con la tela y de paso a Steve con el brazo del castaño, Bucky era muy cálido y la sensación que producía estar como estaban era intensamente agradable. Sin previo aviso bajo su brazo hasta las piernas del rubio, estas seguían heladas y sin esperar comenzó a frotarlas, de arriba debajo de una forma continua, desde la rodilla hasta los pies, el rubor inundo la cara de Steve, claramente ya no tenía frio, al menos no por ahora.
El castaño estaba demasiado concentrado en lo que hacía, no notaba la intensa mirada que Steve le dirigía en ese momento, no hasta que se giró a verle, ninguno había cruzado palabra hasta el momento, pero en realidad no hacía falta, se miraron a los ojos largamente sin saber que decirse y de manera casi imperceptible la distancia se fue acortando. De pronto se encontraban a no más de quince centímetros, el movimiento de las manos de Bucky se había detenido un poco más arriba de sus rodillas y sus manos se habían estancado ahí, se dedicaban profundas miradas y ni que decir de sus pensamientos, revoloteaban en una infinidad de posibilidades alternas, algunas positivas y otras negativas.
-Gracias… - el susurro de Steve fue casi inaudible pero fue suficiente para que Bucky se fijara en sus labios, ya no podía resistirse, ver su pecho subir y bajar por la agitación, sus tiernas y rosadas mejillas y su fino cuello pasando saliva. Ladeo con gentileza el rostro y se acercó unos centímetros más, levantó su mano derecha y roso su manzana de adán. – ¿Me tienes miedo Steve?
-En lo absoluto…
-Me alegra, eso me basta.
Y lo besó, tomando su rostro entre las manos lo besó, tan suave y tan tierno que se sintió como plumas sobre la piel, jamás le habían besado, ni de esta y de ninguna otra forma, y en su interior se alegraba que el fuera su primer beso.
