CAPÍTULO 4

Danielle POV

Supongo que puedo ser más considerada que mis compañeros dragonalistas.

Así que les daré algunos consejos por si alguna vez se les ocurre la terrible idea de entrenar a unos jóvenes Hocicortos Suecos inquietos.

En primer lugar, NUNCA los mires fijamente a sus maravillosos ojos como una estúpida, pues pensarán que quieres jugar y te perseguirán con sus bocas amenazando con lanzarte fuego.

En segundo lugar, que no se te ocurra creerle ni una sola palabra a Charlie Weasley cuando te diga que es fácil entrenar dragones jóvenes que tienen tu cara como meta a alcanzar con sus llamas.

Y por último, y no menos importante, si fallaste en alguna de las anteriores, recuerda: nunca, NUNCA DEJES DE CORRER.

–¡AUXILIO! —Mi garganta iba a terminar desgarrada si seguía gritando así.

Sin embargo, desde fuera parecía ser un gran espectáculo ya que ninguno de los idiotas ahí presentes movió algún músculo para ayudarme.

–Muy bien, Jones, ya casi lo tienes dominado —Sonreía el pelirrojo desde su posición juntos a otros entrenadores.

Probablemente si no estuviese corriendo para salvar mi vida lo hubiese abofeteado en su precioso rostro.

Ya me estaba cansando de la situación, no era muy agradable correr por todo el campo al rayo del sol. Podía sentir las gotas de sudor cayendo por mi frente.

–¡Hey, Elle! —La voz de mi único compañero sensato me llamó y volteé fugazmente en su dirección. Erik tenía en sus manos una Barredora. Gracias Merlín.

Conseguí desviar mi camino con mi varita en mano sin que el dragón juguetón me prendiera fuego, y me dirigí hacia Erik quien me lanzó la escoba para evitar que lleve al dragón hasta donde él estaba. La tomé en el aire y en menos de un segundo ya me encontraba volando, con el Hocicorto bufando por debajo mío al pensar que habíamos dejado de jugar.

–Ahora sí, pequeñín —Dije sonriendo aliviada, en la escoba me sentía más segura. El "pequeñín" se emocionó nuevamente al escucharme chiflar.

El dragón debía medir unos 2 metros y medio, era muy joven y hermoso. Abrió sus alas y trate de no distraerme con lo magnifica que era la vista. Se alzó en vuelo y en menos de lo que pensé lo tuve persiguiéndome por los aires.

Pero el espacio era otro, y confiaba lo suficiente en mis capacidades de bateadora como para poder controlar al dragón en el aire.

–Quieto, chico, —Me lanzó una bola de fuego, que esquivé con facilidad— de acuerdo, chica.

Observé el campo en busca de algún elemento que me sirviese, cubriéndome con mano del sol.

En cuanto lo encontré, extendí mi brazo y las bolas de lo que parecía ser hierro volaron con furia hacia mi.

Conseguí tomarlas tambaleándome un poco, eran un poco más pesadas que las Bludgers. Observé al dragón que me observaba como esperando una señal para prenderme fuego.

–¿Quieres jugar? —Sus ojos brillaron— Pues hagámoslo, chica, vamos a jugar.

Lancé con toda mi fuerza la pelota de hierro y rápidamente con mi varita la desvié, antes de que de contra el hocico del pobre dragón confundido.

Comencé a manejar la bola con el hechizo Wingardium Leviosa, haciéndola girar al rededor de la cabeza de la dragona, molestándola en el acto.

Cuando pareció hartarse, reaccionó tal como yo esperaba. Abrió su boca dejando escapar una bola de fuego que convirtió la pelota en pura ceniza. Con una sonrisa la llamé, y en cuanto obtuve su atención lancé otra.

Ahora pareció captar el juego. Empezamos a volar por todo el campo, bajo la mirada de todo nuestro público. Luego pagaría las consecuencias de quemar todas las bolas de hierro del lugar. Pf, detalles.

En cuanto la noté exhausta supe que había hecho bien mi trabajo. Según lo que me había informado Charlie, esa dragoncita junto a muchos otros más no hacían más que dormir o intentar incendiar todo, lo cual debía cambiar para mejorar su estado físico en desarrollo y su salud.

Aterricé satisfecha con la dragona siguiéndome por detrás. Observé las caras de mis compañeros con suficiencia y luego les enseñé mi dedo del medio. Ellos soltaron una carcajada.

–No sabía que supieras volar tan bien, novata —Me dijo Charlie con una sonrisa ladeada.

–Hay muchas cosas que no sabes de mi, Weasley —Se escucharon unos "Ohh" de parte del resto, lo que me hizo sonrojar. Charlie sonrió más ampliamente, avergonzándome aún más.

–Ya lo creo, Jones —Yo rodé los ojos y me dirigí hacia mi mochila, sintiendo muchos pares de ojos en mi figura, lo cual no sabía si era bueno o malo.

Tomé mi mochila y me fui de allí, moría por comer algo. Mi estómago pedía a gritos por comida.

No podía ser que dentro de ese enorme lugar no existiera algún comedor. Cansada, me dirigía hasta mi cabaña. Luego de unos largos minutos llegué, entré sin cerrar y fui directo hacia la cocina. Rebusqué en mi heladera hasta que di con unas milanesas. Las saqué y me serví un poco de cerveza de mantequilla.

Me apoyé en la mesada y comencé a comer las frías milanesas, cerré mis ojos sintiendo como mi estómago gruñía de placer.

Un sonido a unos metros de mi me hizo saltar en el lugar, y al abrir los ojos me topé con mi guía.

–¿Está rico? —Me preguntó señalando mi mano.

–¿Sabes que entrar a la casa de alguien sin su permiso cuenta como violación a su privacidad? —Lo ignoré tomando otro trago a mi cerveza.

Charlie rodó los ojos— Dudo que en serio te moleste. —Dijo caminando hasta mi para arrebatarme mi vaso. Lo miré indignada— Mhm, está buena.

Como tú, pensé.

Era tan masculino de esa forma, con su cabello pelirrojo alborotado, sus musculosos brazos descubiertos y su sonrisa ladeada. Lo observé sin pudor de arriba abajo, ese día se veía más caliente que de costumbre. Sus pantalones cortos oscuros, junto con su sudadera blanca sucia por la tierra del campo le quedaban bastante bien. Observé sus grandes manos haciendo un esfuerzo por no morderme el labio. Todo eso junto a que me llevaba una cabeza de altura, lo hacían verse irresistible.

Cuando terminé de observarlo pude notar que él también estaba ocupado observándome a mi, lo cual me hizo sonrojar levemente.

Unos segundos después nuestras miradas se conectaron y él sonrió de tal forma que casi me temblaron las piernas. Correspondí desviando la mirada hacia mi milanesa fría.

–Bueno, te tenías guardada esa faceta de bateadora profesional —Bromeó y yo rodé los ojos.

–Entré al equipo el año en que tú te fuiste —Dije y él asintió en respuesta.

–Lo imaginé —Dijo y siguió bebiendo de mi vaso.

Yo bufé divertida y cogí otro. Él soltó una carcajada al verme.

–¿Y, jefe? —Bromeé, cortando con el silencio que se había creado— ¿Qué sigue? —Él alzó una ceja.

–Bueno, ahora deberás ir al cuarto de deporte a buscar y reemplazar cada una de las pelotas de hierro que destruiste allá afuera, lo cual te llevará, contando con que deben ser unas 50 o tal vez 100, una horas —Yo enrojecí—, y eso me recuerda, me han pedido que lo hagas sin tu varita, ya que lo que hiciste, si bien sirvió y te felicito por ello, no se estaba permitido —Abrí la boca para replicar pero él no me dejó—, así que, señorita Jones, ¿su varita? —Extendió su mano burlón, y yo se la di de mala gana.

–Nadie me advirtió sobre esto. —Dije molesta y él se encogió de hombros. Observé el reloj de madera en la pared, eran las tres de la tarde— Bueno, debería empezar, ¿algo más, Weasley? —Dije alzando una ceja, ya me había puesto de mal humor. Él fingió pensar un poco.

–Ah, sí. Debes terminar a las 8 sí o sí.

–¿Por qué? —Lo miré confundida. Él dejó el vaso vacío en la mesa y se encaminó hacia la puerta de la cocina.

–A esa hora comienza a oscurecer, y conozco un lugar perfecto para cenar y ver las estrellas, —Me le quedé viendo pasmada. Él me guiñó un ojo— estate tranquila, novata, se cocinar muy bien.

Mis brazos exigían un descanso, en total tuve que reemplazar 80 pelotas de hierro. Mataría a Charlie en cuanto lo vea.

Ya había empezado a oscurecer, por lo que caminé el largo trayecto hacia mi cabaña, entré fui a lavarme la cara. Si cenaría con Charlie Weasley no podía verme tan desastrosa.

Corriendo fui hasta mi habitación y me cambié fugazmente con un vestido suelto blanco, era cómodo y fresco, aunque era consciente del viento que había en ese lugar por la noche. Así que recogí un abrigo y solté un suspiro de alivio al escuchar un golpe en la puerta.

Al abrir me lo encontré con una sonrisa. Se veía tan bien con esa ropa informal, que me hizo sentir mal al no haber tenido más tiempo para arreglarme.

–Te ves hermosa —Dijo y yo alcé una ceja con una sonrisa.

–Gracias, Weasley, tú igual te ves muy bien.

Él me sonrió, marcando sus hoyuelos– Vámonos, se enfriará la comida.

Realmente moría por probar la comida de Charlie Weasley.


Hola, hola!

Acá les traigo el cuarto capítulo 7u7

¿Soy la única que ama a Charlie?

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