Genio Embotellado

(Bottled Genius)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 4

La Venganza de Kagome

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El segundo día de escuela fue más fácil que el primero. Principalmente porque no tenía clases de matemática ese día (pero significaba que tenía clases dobles mañana como resultado). Kagome pasó el tiempo en la mesa, aprendiendo nada nuevo y rezando por que el tiempo se apresurara para que pudiera salir de la escuela más rápido.

Ella era una estudiante promedio, no increíblemente inteligente, pero tampoco tonta. Sólo hacía su mejor esfuerzo y usualmente terminaba arriba… pero eso había sido cuando le gustaba la escuela… ahora la odiaba… no encontraba interés en ella y ya estaba consciente de que si no se abofeteaba, se quedaría atrás.

Por supuesto, siempre podría pedirle a Inuyasha hacerla una de las personas más listas. Las que no trabajaban y no iban a revisión y aún obtenían el noventa por ciento en sus exámenes.

Pero de nuevo Inuyasha podría hacer explotar su cerebro como un efecto colateral… mejor no tentar al destino.

Ciencia era su próxima peor materia con matemática… pero afortunadamente la profesora era una mujer decente y no escogía a Kagome por su debilidad. Su materia más fuerte era historia… pero con un profesor tan aburrido, estaba perdiendo el interés en el tema, y en el quiz sorpresa sobre cuándo fue inventada la tubería interna encontró que ya estaba quedándose atrás de nuevo.

La hora de almuerzo no fue de mucho alivio. Normalmente estaría afuera con sus amigas, hablando sobre cosas sin sentido y chicos y las nuevas canciones en las tiendas de música… pero aquí no tenía a nadie. Así que se ocupaba con tarea de química.

Mirando distraída de su tarea ubicó a Souta llevándose muy bien con los otros chicos de su edad… bueno… al menos uno de ellos era feliz en este infierno. Sin embargo… Souta era uno de los afortunados aquí. Movió su mirada hacia la esquina del campo donde un chico de la edad de Souta estaba siendo empujado bajo un árbol por uno de los chicos mayores. Suspiró y bajó su lápiz, preguntándose si debería intentar ponerle un alto al bravucón, o ir con un profesor. Pero muchos de esas personas lo eran… ella ya se había quejado una vez con un profesor sobre un caso de acoso y el profesor sólo se había encogido de hombros y dijo que no había nada que pudiera hacerse.

Kagome estuvo por levantarse y salir a decirle a los bravucones dejarlo cuando alguien se sentó frente a ella, bloqueando su vista del acoso. Reenfocó su mirada rápidamente para ver a la chica que ahora estaba sentada opuesta a ella. Era muy plana con lentes y pecas y cabello tan alborotado que era una maravilla si lo cepillaba. "No te molestes, niña, sólo resultarás golpeada."

"¿Perdón?" Kagome le parpadeó.

La chica levantó su mentón tras ella. "No ayudes al niño, no lo vale."

Kagome abrió su boca para protestar pero cuando miró hacia el árbol, los bravucones habían partido y el chico estaba a salvo de nuevo… por ahora. "¿Cómo pueden los profesores dejarlos hacer…?"

"No sé. No son lo que solían ser para los profesores." La chica haló el libro de Kagome y pasó su mirada por las páginas. "¿Y qué es esta basura?"

"Es física." Kagome recuperó el libro, ya irritada por la actitud de la chica.

"¡Qué gracioso!" exclamó la joven. "¿Un mundo esférico? Qué locura… ¡todos saben que es plano! ¡Te caerías si esto fuera verdad!"

"Cierto." Kagome cerró el libro lentamente, planeando hacer su escape de la loca.

"De cualquier forma, eso no es por lo que vine a hablarte." Ella ondeó sus manos mientras se imponía. "¿No has pensado en nada nuevo todavía?"

"¿Qué?" Kagome dejó de empacar sus libros. "Creo que me has confundido con alguien-"

"No." Dijo la joven sin rodeos, antes de espiar a alguien al otro lado de la cancha. "Oh, es bien parecido… ¿lo quieres? Puedes tenerlo si quieres."

"¿Qué?" Kagome siguió su mirada con un frunce antes de mirar a la chica. "¿Estás bien?"

"Oh, estoy bien." Respondió la joven airosa. "Excepto que esta falda es muy incómoda… no estoy acostumbrada a ellas. Muy corta creo… en fin. En lo que necesites ayuda - tarea extra, bravucones, amores, acosadores - todo lo que tienes que hacer es desear."

Kagome se paralizó y miró duro a la joven. Una pequeña sonrisa se esbozó en los labios de la chica en forma familiar y por un momento esos ojos avellana destellaron con un vibrante ámbar a través de los espejuelos. La respiración de Kagome se atascó en su garganta. "¡Inuyasha!" siseó ella.

"¿Sí?"

"¡¿Qué estás haciendo aquí?!" Ella miró alrededor como si alguien pudiera verlo por lo que realmente era. "¡¿Y qué demonios eres?!"

"La tonta promedio." Él le destelló una pequeña sonrisa que reveló unos frenillos. "Nadie mira dos veces a la chica fea. ¿Qué mejor forma de andar por ahí y ver este lugar que tanto odias?"

"Eres increíble." Dijo Kagome enojada, guardando sus libros en su bolsa. "¿Por qué no puedes dejarme en paz?"

"Porque eres mi ama y no puedo dejarte hasta que completes todos los diez deseos." Respondió Inuyasha.

"Aún tienes el valor de hablarme de esa forma después de engañarme con esos primeros dos deseos." Le espetó Kagome mientras colocaba su bolsa en su hombro y se levantaba de la silla. "Haz lo que quieras aquí - pero no dejes que alguien vea el verdadero tú - o estaré en problemas."

Por alguna razón lo que dijo lo divirtió. "Ya estás en problemas, niña."

Kagome lo observó un momento, intentando imaginar lo que quiso decir antes de darse por vencida y sacudir su cabeza. "Como sea. Sólo déjame en paz a… a… ¡animal!"

"Vaca viscosa." Llamó él burlón tras ella mientras comenzaba a alejarse. "¡Podrías haberme marcado emocionalmente por el resto de mi vida!"

"De cualquier forma creo que sobrevivirás." Dijo ella secamente mientras regresaba al edificio.

Inuyasha esperó un momento, sólo en caso de que asomara su cabeza de nuevo para gritar otro insulto, pero no regresó. Casualmente miró alrededor para revisar que nadie estuviera mirando en su dirección antes de agacharse bajo la mesa como si estuviera intentando recoger un lápiz perdido. Cuando emergió usaba el rostro de Kagome y el cuerpo de Kagome.

Arrogantemente movió su cabello sobre su hombro y practicó batir sus pestañas. "Soy una total tonta. No tengo nada sino aire y tacos de cera entre mis oídos y creo que Inuyasha es el joven más sexy en la faz de esta tierra."

Síp. Sonaba como ella. Miró alrededor discretamente para asegurarse de que nadie hubiese notado el cambio antes de que su mirada cayera en una multitud a una corta distancia, estaban molestando a otro pequeño niño. Sonrió y se alejó de la mesa. Era tiempo de hacer funcionar ese tercer deseo…

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Kagome golpeteaba su lápiz contra sus notas y miraba el graffiti rayado en la superficie de la mesa en la que se inclinaba. Obviamente su golpeteo estaba molestando a los otros habitantes de la biblioteca y levantó la mirada cuando uno de los profesores la calló enojado.

"Lo siento," murmuró ella y regresó a intentar resolver la ecuación de álgebra. Bah… álgebra… era lo peor inventado desde… desde… en realidad no pensaba que hubiese algo inventado que posiblemente pudiera ser peor que el álgebra. Suspiró y retiró sus libros, recostando su mentón en sus manos mientras intentaba pensar en el deseo perfecto que pudiera sacarla de Izu y regresarla al Templo. Algo que no tuviera pretextos… algo que no pudiera ser interpretado de forma diferente, de lo contrario Inuyasha lo concedería de otra forma a la que quería.

Afuera podía escuchar las voces de otros estudiantes elevándose en volumen, hasta que escuchó el distintivo canto de '¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!'. Kagome giró sus ojos e intentó cerrar sus oídos al sonido. ¿Otra pelea? Qué infantil… parecía que las peleas estallaban cada unos cuantos minutos en esta escuela. Y los profesores también se hacían los sordos sobre eso…

Tres chicas quienes estaban sentadas en otra mesa rieron en su camino hacia la ventana para mirar la pelea afuera. Después de unos momentos quedaron boquiabiertas simultáneamente.

"¿Qué está haciendo?"

"Está loca…"

"Todos esos chicos contra ella - está muerta…"

El interés de Kagome se picó y levantó su cabeza para mirar por la ventana. No podía ver sobre el borde así que se levantó y avanzó hacia la ventana donde estaban las chicas y miró.

Aparentemente era una gran pelea, todos los estudiantes afuera se habían reunido en un enorme anillo y en el centro había un desastre de cuerpos en movimiento. "¿Qué está pasando?" preguntó ella.

"Los chicos decidieron molestar a la chica nueva, supongo." Respondió una chica sin mirar a Kagome. "Parece que está peleando…"

"¿La chica nueva?" Kagome se asomó más, intentando distinguir detalles de los furiosos estudiantes. Por un momento pensó que era alguna especie de batalla real… estaban peleando mutuamente… pero en realidad, ahora que veía apropiadamente, todos ellos estaban siguiendo a la chica de cabello negro en el centro que entregaba patadas y puños con la fuerza y el poder de un boxeador de doscientas libras. Miembros de la pandilla prácticamente estaban siendo lanzados en todas direcciones.

"Ella es fuerte." Comentó una de las chicas.

"Esteroides." Otra resopló conspiradora.

"Alguna especie de droga al menos…"

Kagome de repente se alejó de la ventana y salió de la biblioteca tan rápido que se sorprendió. Voló por los corredores a velocidad divina… pasando a otros estudiantes en su prisa por encontrar una salida. Eventualmente encontró una salida de emergencia y bajó una barra para liberar la puerta y apresurarse hacia la pelea en la cancha. Tras ella escuchó el fuerte timbre de la alarma de incendios e hizo una mueca para sí. Las salidas de emergencia de su antigua escuela nunca habían hecho eso…

Alcanzó a los estudiantes reunidos y valientemente intentó abrirse paso entre los chicos. No estaba funcionando… la multitud era muy espesa y no era tan fuerte como la otra Kagome quien actualmente estaba tacleando a dos chicos a la vez.

"¡Inuyasha!" gritó ella, su voz aplacada por los cantos. "Inuyasha - ¡qué demonios crees que estás haciendo! ¡Vas a meterme en problemas!"

Se agachó entre dos estudiantes para acercarse más a la pelea… casi se arrepiente. Esto la puso en el centro de la multitud, entre todos los empujones y los movimientos de los chicos mientras intentaba mantenerse de pie y obtener suficiente oxígeno. "¡Inuyasha!" gritó ella. "¡Basta! ¡Estúpido violento! ¡Inuyasha!"

Milagrosamente, él la escuchó. Ella lo vio esquivar un golpe de un joven fuertemente construido antes de girar para fijar su mirada directo en ella. Kagome notó con espanto que realmente estaba disfrutándolo… sus ojos brillaban con malicia y excitación y estaba sonriendo como un idiota. El joven se abalanzó de nuevo contra él, pero en un parpadeo Inuyasha lo esquivó, le dio un rodillazo en el estómago y lo lanzó hacia ella.

Kagome se tensó sorprendida mientras lo veía aproximarse a la velocidad y la fuerza de una estampida de rinocerontes. Se dio cuenta de lo que estaba por hacer, una fracción de momento después. "NO - no te atrevas-"

Fue interrumpida con un sonoro 'oof' mientras la tacleaba duro en el suelo y aterrizaba sobre ella. En el breve segundo que siguió él simplemente le sonrió con su propio rostro y desapareció con una pequeña nube de humo escarlata. Kagome yacía sobre su espada, respirando duro y mirando hacia el cielo.

Los estudiantes a su alrededor estaban alejándose… pero Kagome sólo se dio cuenta de esto cuando el rostro de su profesor de matemáticas se asomó en su campo visual hacia cielo azul. No se veía muy feliz.

"Higurashi. A la oficina de la directora… ahora." Él agarró su brazo no muy gentilmente y la levantó.

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"¿Te importa explicar qué te poseyó para involucrar a dos docenas de chicos en una pelea?"

Kagome jugueteó nerviosa en la incómoda silla ante el escritorio de la directora. Tras ella estaba su tutor y a su derecha estaba su profesor de matemática. Kagome había perdido su voz… ¿qué más podría decir? ¿Su malvada gemela había comenzado la pelea, no ella? No creería eso… nadie lo haría… lo dudaba ella misma. Pero estarían menos dispuestos a creer que la chica peleando con esos mocosos realmente era un chico y un chico Cumplidor de Deseos quien tendría quinientos años si Oda Nobunaga no tuviese algo que ver.

La mujer que estaba sentada detrás del escritorio ante ella era pequeña y con apariencia de musaraña o gorrión. A Kagome ya le disgustaba… viendo cómo la mujer ya la había llevado a detención ayer.

"¿Y bien?" presionó la directora.

"Yo… yo no sé qué decir…" Realmente no lo sabía. "No quise lastimar a nadie…"

Excepto Inuyasha. Ella había visto la mirada en sus ojos cuando había estado golpeando a esos chicos, disfrutó lanzar esos puños… vivía para pelear. La mirada de Kagome cayó en las manos que mantenía juntas en su regazo. Sus nudillos se habían tornado blancos. Pero no podía entender por qué Inuyasha había hecho tal cosa… no se había dado cuenta que estaba fuera de su control así. A donde quiera que pareciera ir el caos y la disrupción parecía seguir. A quienquiera que conocía, todo parecía encontrar su propio fin. ¿Tal vez realmente era malo?

"Seis chicos tienen las narices rotas." Dijo el profesor de matemática a su derecha, haciendo a Kagome moverse nerviosa. "Dos tienen brazos rotos y siete tienen costillas rotas. Los otros tienen ojos negros y golpes y labios rasgados. Los brutalizaste, Higurashi."

¿No pensaban que era un poco extraño que Kagome hubiese golpeado dos docenas de chicos como un Jackie Chan de cinturón negro? Bueno… todo el cuerpo estudiantil que había atestiguado la pelea no podía estar equivocado. Kagome mordió su labio. "Yo no quise…"

"Sin mencionar que encontramos esto en tu casillero." Su tutor avanzó y colocó una caja de zapatos en el escritorio. Kagome nunca la había visto antes en su vida, estaba segura de eso. El tutor removió la tapa y todos los ocupantes de la oficina se inclinaron para darle un vistazo.

"¿Qué es esto?" preguntó la directora con un perplejo frunce. Kagome repitió su pregunta en silencio.

"Es una bomba casera programada para estallar en cinco minutos." Les dijo el tutor.

Kagome se echó hacia atrás con un jadeo en su silla. Su tutor la miró. "No te preocupes, la desconecté."

"Te importa explicar ¿por qué tienes una bomba en tu casillero, Higurashi?" Preguntó la directora, mirando lo que parecía un cronómetro huevo atado a un pequeño radio.

"Y-yo…" Tartamudeó Kagome mientras miraba de un profesor al otro. "¡No es mía! Yo no lo puse en mi casillero - apesto en la electrónica - ¡¿cómo podría hacer una bomba?!"

Ellos no le creyeron si todas las malas caras observándola sirvieran para juzgar.

"Creo que…" la directora presionó sus dedos mientras descansaba sus codos en la mesa. "Tendré que llamar a tu madre… estás expulsada de esta escuela, Higurashi."

Kagome se hundió en su asiento miserablemente.

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Inuyasha suspiró satisfecho mientras observaba las escasas nubes moverse por el toldo azul sobre su cabeza. Kagome estaría en casa en cualquier momento si esa llamada telefónica había sido alguna indicación. La madre de la chica había respondido el teléfono… y sus treinta segundos de sorprendido silencio fue suficiente confirmación de que el deseo había sido concedido. Su sonrisa se amplió cuando escuchó la amortiguada voz de la madre de Kagome repetir, "¿Expulsada…?"

La mujer estaba afuera recogiendo a su hija, e Inuyasha se recostó una vez más en el tanque de aceite afuera de la ventana de la cocina, su cabeza apoyada en sus brazos y sus piernas cruzadas con un pie botándose gentilmente en el aire. En algún lugar al otro lado de la casa, el abuelo podía ser escuchado barriendo el polvo y la tierra seca de los escalones externos y el pórtico, su cepillo hacía un rítmico sonido que Inuyasha pudo seguir con su pie.

Por supuesto si el anciano se acercaba mucho Inuyasha estaba preparado para desaparecer… no sería atrapado rondando este lugar.

Sus orejas se irguieron mientras escuchaba el distante sonido de un conocido motor acercarse por el camino. Las posibilidades eran, que fuera el auto de Higurashi - no muchos otros vehículos pasaban por este camino. Además, reconoció el tono del motor.

El auto llegó afuera de la casa y el motor se apagó. El sonido de dos puertas siguió e Inuyasha ladeó mejor su cabeza para escuchar las voces del otro lado de la casa.

"… No me importa lo que digan, Kagome, deben ser estúpidos si creen que una estudiante modelo como tú podría ser una buscapleitos…"

La Sra. Higurashi no recibió respuesta vocal de su hija.

"Debe haber un error. Pero de todas formas era una mala escuela… probablemente estás mejor estudiando en casa."

"¿Estudiar… en casa?" Kagome habló finalmente.

"Bueno, no hay otra escuela en millas, no tenemos opción." Le dijo la Sra. Higurashi. "¿No vas a entrar a casa, Kagome?"

"No… creo… que iré a caminar…"

La puerta del frente se cerró e Inuyasha de nuevo giró su cabeza hacia las nubes… aquella de allá parecía una oveja sin piernas o cabeza. Kagome estaba acercándose al tanque, pero ignoró su presencia en favor de ubicar nubes.

Pero sin avisar, una mano sorprendentemente fuerte agarró su manga y tiró. Duro. Estaba totalmente desprevenido para el rudo saludo y se deslizó del tanque con un grito de sorpresa cayendo directo a los pies de Kagome. No desperdició tiempo para insultarlo o mirarlo. Agarró su oreja y comenzó a arrastrarlo lejos - no tuvo elección sino seguirla o arriesgar tener una oreja muy lastimada en la mañana… su agarre era enervantemente fuerte.

"Perra - ¡suéltame!" gritó él mientras lo llevaba por el pastoso jardín hacia los árboles. "¡¿Me escuchaste, vaca sorda?! ¡Dije suelta!"

Ella no respondió o dio alguna indicación de haberlo escuchado mientras lo arrastraba sobre el pequeño puente del río y hacia los árboles del otro lado. No se detuvo hasta que pareció decidir que estaban lo lejos suficiente de la casa. Se preguntó por qué lo había llevado tan lejos… tal vez para asesinarlo horriblemente. Se giró hacia él calmada después de liberar su oreja, retrocedió unos pasos, frotándola enojado. "¿Por qué demonios fue eso?" espetó él.

POR ARRUINAR MI VIDA!"

El grito hizo eco por los árboles circundantes como una especie de muro de Banshee. Inuyasha parpadeó sorprendido mientras una parvada de cuervos tomaba vuelo en algún lugar desde los árboles hasta más allá de su pequeño claro. "No lo hice." Respondió el, pero sin mucha convicción.

"Robaste mi cuerpo y luego golpeaste a dos docenas de chicos - ¡todos lo vimos! ¡¡No sólo lo hiciste para satisfacer tus sobrecargadas necesidades agresivas y violentas sino para METERME en problemas!!" ella se acercó a él y agarró su cabello con ambas manos para bajar su cabeza a su nivel. "¡¿Ahora entiendes por qué estoy tan molesta?!"

Él retiró sus manos no muy gentilmente y se alejó de ella. "Yo no hice nada de-"

"Por qué-"

"Pediste el deseo - ¡Yo te lo concedí!"

"¡¿Desde cuándo?!" gritó Kagome.

"¡Desde anoche cuando estabas llorando y gimoteando y deseaste nunca regresar a la escuela!" gritó él.

Por un momento sólo lo miró, sin entender. Entonces recordó… "Tomaste eso fuera de contexto… no quise decir que nunca quería ir a la escuela de nuevo… ¡debiste saber que no era en serio!"

"NO - ¡no lo hice!" él la miró acalorado. "¿Pero no estás feliz? No tienes que ir más allá - ¡no llorarás otra vez!"

Necesito ir a la escuela!" Le gritó Kagome. "¡Necesito mi educación si se supone que voy a llegar a algún lado en este mundo! ¡Acabaste con eso y sin razón!"

"Un deseo es una razón-"

"¡Ese deseo no significa nada y lo sabes!" Ella golpeó su hombro furiosa. Él no se movió.

"¡Estás tan fuera de control! ¡Eres tan violento y malo! ¡No fue suficiente que rompieras el corazón de Kikyo y robaras su voz y mataras a su padre - sino tenías que matarla también! ¡¿Cuándo planeas matarme?!"

"¡Cállate! ¡No tuve elección! ¡Tengo que cumplir deseos lo quiera o no!" gritó él furioso.

"¡Tienes una opción! Pudiste haberle advertido de lo que eras capaz - ¡pero no lo hiciste! ¡Y tampoco me advertiste a mí! ¡Esta es tu manera de hacerte el gracioso, no!"

"¡No sabes nada!"

"¡No me importa más - sólo dime cómo deshacerme de ti y ambos seremos felices!" Ella tenía lágrimas en sus ojos, apenas lo notó, y una pequeño rastro húmedo bajaba por su mejilla desde el rabillo de su ojos. "Si pido más deseos podría costarme mi vida - ¡así que te ordeno decirme cómo deshacerme de ti!"

Él frunció sus ojos y cruzó sus brazos. "No puedes. La única forma para deshacerte de mi es matarme. O matarte. La única otra forma es completar todos los diez deseos y luego estarás libre de mi… pero posiblemente mueras, ¿no?" Sonrió sarcástico. "¿Ahora estás satisfecha? No es nada sino la verdad."

"¡Te odio!" Gritó Kagome, sus puños apretados a su costado y su cabeza gacha… sus ojos estaban fuertemente cerrados mientras temblaba con rabia contenida o lágrimas… probablemente ambas. "Deseo…"

La cabeza de Inuyasha se levantó sorprendida.

"¡Deseo que me escucharas por una vez - que entendieras mis deseos e hicieras lo que quiero en vez de correr y hacerlo a tu manera! ¡Obedéceme! ¡Sé honesto! ¡Dime lo que quiero saber y haz lo que te digo hacer! ¡Eso es lo que deseo!"

Dos rudas manos agarraron sus brazos fuertemente y la sacudieron hasta que su cabeza se levantó casi temerosa para encontrar su mirada. "¡Retíralo!" le gritó él en su rostro.

"¡NO!"

"¡No sabes lo que estás deseando!"

"Sí - ¡quiero que concedas mis deseos a mi manera!"

"Niñita estúpida - ¡no tienes idea de lo que estás haciendo!" de nuevo la sacudió furioso.

"¡Mi nombre no es niñita estúpida, o vaca, o perra o arpía o alguno otro a Kagome!" Kagome forcejeó furiosa contra su agarre de acero. "¡Ahora concédelo!" gritó ella, rehusándose a encontrar sus ojos.

Él no hizo nada por unos segundos, ambos permanecían tensos y paralizados, rabia recorriéndolos a ambos. "Como… lo… desees…" dijo él peligrosamente, sus ojos frunciéndose más. "Voy a hacer que lo sientas."

Kagome encontró sus ojos y también los frunció. "Bueno, puedes besar mi trasero, idiota."

Con un fuerte golpe ella golpeó el suelo del bosque de frente, medio enroscándose. "¡Bastardo!" gritó ella, e inmediatamente comenzó a levantarse. Sin embargo, una mano callosa y con garras agarró la parte trasera de su chaqueta marrón y la empujó de nuevo. Antes de que pudiera gritar más insultos y amenazas sintió los dedos de su otra mano engancharse en el cinturón de su falda y bajarla. Se paralizó en puro shock y horror cuando sintió la inconfundible sensación de un par de cálidos labios presionarse contra su piel justo al sur de su cadera.

No podía moverse, mucho menos respirar, incluso cuando soltó su camisa y subió de nuevo su falda para alejarse. Ella sólo miraba en mudo shock al suelo enfrente, y sólo lo reconoció cuando Inuyasha habló tras ella.

"Voy a hacer de tu vida una pesadilla viviente… Kagome." Dijo él, veneno goteaba de su tono y de alguna forma hizo que su propio nombre sonara como el peor insulto de todos.

"¡¿Kagome?!" La voz de Souta salió entre los árboles hacia ella y escuchó el crujir de ramas bajo los pies mientras su joven hermano se acercaba. Miró tras ella a tiempo para verlo llegar trotando por los arbustos, su lonchera aún en mano apenas llegando a casa de la escuela.

Inuyasha no estaba en ningún lugar.

"¿Y… qué estás haciendo?" Souta miró su peculiar posición en el suelo del bosque.

Tímidamente Kagome se sentó e intentó sacudir las manchas de tierra de su uniforme… sin mucho caso… nunca lo usaría otra vez.

"Escuché que fuiste expulsada por patear los traseros de los chicos." Dijo Souta, esbozando una amplia sonrisa. "¿Es verdad?"

"Um…" ella mordió su labio antes de asentir levemente.

"¡Genial! ¡Espera hasta que le diga al abuelo!" se giró y comenzó a correr antes de mirar atrás rápidamente. "Oh - pero esto no significa que vayas a ser una de esas hermanas mayores que siempre pelean las batallas de sus hermanos - porque no quiero eso."

"Pero ya lo hice." Respondió ella con un frunce levemente irritado.

"Sí, pero eso fue antes de que todos se dieran cuenta que estabas loca." Sonrió él ampliamente y corrió de nuevo.

Kagome miró alrededor titubeante, medio esperando que Inuyasha estuviera tras ella, pero parecía tan sola como se sentía. Aún temblando de una diatriba tan emocional pasó sus sucias manos por su rostro y secó sus lágrimas.

Se sentía tan débil y ansiosa como un nervioso conejito… y muy vulnerable de repente. Casi podía sentir el calor de sus labios aún quemando contra su piel, y cautelosamente deslizó sus manos bajo su falda para frotar su ofendida cadera.

¿Tal vez hacer ese cuarto deseo no había sido una buena idea…?

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Continuará…

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Nota de la autora: Próximo capítulo - 'La venganza de Inuyasha' *inserten música aquí*