Título: My soul, your beats
Pairing: Harry/Draco con menciones de Albus/Scorpius.
Warnings: Theodore/Draco
Género: Slash
Clasificación: NC-17 o M
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.

Quizás los personajes estén un poco OOC, aunque intentaré que eso no suceda :)

Autora: Sui Felton (sui_tan)
Beta: Cydalima Faëlivrin (motoko_cydalima)


Cierro los ojos y me relajo ante la suave brisa que acaricia mi rostro; lo giro lentamente hasta que puedo apreciar tu perfil. Sé que tratas de parecer fuerte cuando en realidad no lo eres; sé qué lloras aun cuando jamás lo admitirás. Sé que hay mucho que aún no conozco de ti. Sé que nuestro tiempo está llegando a su final. Y aun cuando sé todo eso, no puedo evitar sonreír.

No tengo remordimientos, sólo lamento que nuestro momento haya durado tan poco. Desearía haber podido tener más tiempo para pasarlo a tu lado. No te derrumbes, por favor. Te amo, y quiero que seas feliz. Vive, no estás solo. Nunca lo has estado.

Éste es mi último regalo.

My Soul, your beats
Capítulo 4

Harry se dejó caer en el respaldo de su sillón mientras daba un fuerte y sonoro suspiro. Se llevó una mano a la frente y la frotó de arriba abajo un par de veces, tratando de aliviar el estrés que estaba sintiendo en ese momento. Bufó al ver la pila de papeles que se amontonaba sobre su escritorio y que aún debía leer y firmar hasta que se le acalambrara la mano. Odiaba los lunes.

Tomó la pluma que descansaba en su escritorio y comenzó a firmar los documentos. Solicitud de nuevos uniformes. Solicitud de nuevas escobas. Solicitud de cooperación con el Departamento de Inefables… ¡Merlín! ¡Cómo odiaba esas solicitudes! Los Inefables únicamente los interrogaban y les hacían hacer cosas sin explicarles absolutamente nada, era desesperante.

La pequeña esferita azul sobre su escritorio comenzó a brillar, frunció el ceño y pasó su varita sobre ella.

―¿Diga?― preguntó cortésmente.

―¿Harry?― dijo la ya conocida voz de su amiga, Hermione Granger.

―Hola Herm, ¿qué tal te va?― preguntó Harry con una sonrisa mientras dejaba la pluma y se acomodaba nuevamente sobre su sillón.

―Muy bien, gracias por preguntar, Harry― contestó su amiga; sonaba bastante divertida―. Sólo llamo para avisarte que Ginny ya llegó, está en mi oficina.

―Ya veo, gracias por avisarme Herm― Harry sonrió―. Dile que me espere unos minutos más, necesito terminar de firmar algunos documentos― añadió con un poco de fastidio.

―Ya… está bien, yo le digo― se escucharon un par de risas femeninas al fondo y se cortó la comunicación.

Harry frunció el ceño nuevamente y suspiró; mujeres, jamás iba a entenderlas. Diez minutos después, con la mano un poco acalambrada, se ponía de pie mientras estiraba sus manos, haciendo tronar las articulaciones de sus brazos y muñecas. Suspiró, al fin había terminado y esperaba no tener que firmar otro maldito pergamino… al menos en lo que restaba del día.

Tomó el abrigo que descansaba junto a la ventana de su oficina, haciendo que una arrugada edición de "El Profeta" cayera justo sobre su zapato. Tomó las hojas con cuidado, aunque éstas crujieron ante su contacto. Sus ojos se posaron en un pequeño recuadro en la esquina de la primera plana y leyó las líneas con el mismo hueco en el estomago que había sentido la primera vez que había leído esa nota.

"LA PÉRDIDA DE UNA ESTRELLA"

Por Rita Skeeter

Paris, Francia, Enero de 2008

Queridos y estimados lectores: redacto esta nota con lágrimas en los ojos desde la hermosa capital de Francia. Como muchos lo saben ya, el día de ayer, poco antes del atardecer, falleció el famoso pianista Theodore Nott, orgullo de nuestra amada Inglaterra, pues él fue uno de los pocos magos ingleses que había sido capaz de convertirse en un músico de elite, siendo incluso comparado con Sir Barón Britten quien había logrado lo mismo en 1925.

Fuentes cercanas a la familia Nott nos han informado que el hoy occiso padecía de un grave y raro malestar en el corazón. "Incurable" es lo que dijeron respetados sanadores de diferentes partes del mundo mágico. "Lo único que nos consuela es que no sufrió, las pociones le ayudaban a contrarrestar el dolor", declaró una amiga cercana.

Así pues, la vida de este afamado pianista llegó a su fin a la edad de 28 años, dejando a su pequeño y talentoso hijo, Scorpius Hyperion Nott como único heredero de su legado. "No sabemos nada sobre el testamento de Theo, pero se trata de una suma millonaria y de gran parte de las propiedades de la familia", afirmó una fuente anónima.

Su servidora ha intentado ponerse en contacto con Draco Malfoy, violinista y mortífago redimido, pero éste se ha negado a hacer cualquier declaración a los medios de comunicación.

(Sigue en la página diez).

Harry cerró los ojos y arrugó el periódico con fuerza, como lo había hecho tantas veces durante los últimos tres meses. La noticia seguía afectándole como el primer día. Lo aceptaba, él y Theodore Nott nunca fueron amigos, ni siquiera después de haberse enviado cartas durante tanto tiempo; pero ese hombre había compartido un fuerte vínculo con él y con Draco. Nunca le deseó ningún mal, al contrario, le estaba agradecido.

Sintió nauseas. Se llevó una mano a la frente para intentar controlar el fuerte dolor de cabeza que comenzaba a sufrir en ese momento.

La puerta de su oficina se abrió, dejando pasar a una hermosa pelirroja que lo miraba con preocupación desde la puerta.

―Harry…― dijo Ginny con suavidad, sacándolo de sus pensamientos y haciéndolo girar hacia ella.

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―Pide lo que quieras por favor, yo invito― dijo Ginny con una sonrisa mientras ambos tomaban asiento en uno de los restaurantes cercanos al Ministerio.

―Ya, te has vuelto muy espléndida― bromeó Harry con tono socarrón mientras sonreía de lado.

―Bueno, no me quejo de cómo me ha ido últimamente― contestó la chica mientras se ruborizaba y escondía parcialmente el rostro detrás del menú.

Harry sonrió ante el gesto. Ginny se veía radiante, no recordaba haberla visto así desde que iban a Hogwarts.

―¿Cómo está Dean? Tengo entendido que le ha pedido permiso a Kingsley para poder llevarte de vacaciones.

―Se encuentra bien, gracias. Regresa de Rumania dentro de un par de días― contestó con una sonrisa―. Queremos aprovechar ahora que James saldrá de campamento con Rose, Hugo y los gemelos de Luna.

―Se lo merecen, ya ha pasado casi un año desde que te casaste con Dean y ni siquiera han podido irse de Luna de Miel― añadió Harry fingiendo fastidio―. Debiste dejar que yo hablara con Kingsley, quizás hubiera podido convencerlo desde antes.

―Claro que no, Harry― dijo Ginny mientras soltaba una pequeña carcajada―. Tú tienes tus propios problemas, no queríamos mortificarte más.

―Claro.

Seguramente Ginny había notado la ironía, pero lo dejó pasar. En ese momento se acercó una de las meseras, quien los miraba con una sonrisa nerviosa pintada en el rostro. Harry bufó, su divorcio ocurrido cuatro años atrás había sido todo un escándalo en el mundo mágico. Los periódicos y revistas de cotilleo no dejaban de sacar notas al respecto, e incluso ahora a veces hacían comentarios esporádicos, especialmente después de que con el matrimonio de Ginny y Dean la mecha se encendiera otra vez, agobiándolos a ambos.

El acoso de los paparazzi y los rumores de que ella le había sido infiel con Dean y que por eso se habían divorciado desde el principio no se dejaron esperar. Aunque claro, también surgieron las versiones de que ella lo había encontrado en la cama con otro hombre. Sonrió ante este último pensamiento; no es como si hubiera hecho mucho para evitarlo, pues en más de una ocasión los medios habían informado sobre sus amoríos con otros hombres, sobre todo cuando algunos de ellos resultaban ser unos completos habladores.

Afortunadamente Ginny había demostrado una gran entereza después de que su matrimonio terminara y no se dejó intimidar por ello. Suponía que lo que sentía por Dean era demasiado fuerte como para prestarle atención a esa clase de cosas. Amor. Ginny amaba a Dean y Harry se alegraba de ello. No porque eso significara que Ginny dejaría de insistir en su supuesto amor, sino porque sabía que ella era feliz ahora, quizá mucho más de lo que lo fue a su lado.

―¿Están listos para ordenar?― preguntó finalmente la mesera.

―Sí, quisiera una ensalada de pollo por favor― dijo Ginny con una sonrisa.

―Para mí igual― dijo Harry.

―Por supuesto, su pedido estará listo en quince minutos.

La chica se retiró y los menús desaparecieron de la mesa.

―¿Y bien?― preguntó Ginny de pronto, apenas dándole tiempo a Harry de voltear a verla.

―¿Qué?― contestó Harry con el ceño fruncido, sin entender la pregunta de su ex mujer.

Ginny bajó la mirada un momento, ruborizada; se mordió el labio inferior y después lo miró directo a los ojos. Ahí estaba, la culpa pintada en su cara, como siempre que trataban de ese tema en particular. Harry cerró los ojos y soltó un leve suspiro, preparándose para lo que venía.

―¿Ya te has puesto en contacto con Malfoy, Harry?― preguntó la pelirroja con nerviosismo, sin dejar de verlo a los ojos.

Harry la observó por unos momentos, sin decir nada, sorprendido por la pregunta tan repentina. Cerró los ojos y suspiró mientras negaba con la cabeza. Ginny jadeó.

―No, no lo he hecho― contestó Harry con tranquilidad.

―Pero…― la preocupación era palpable en el tono de su voz―. ¿Por qué no?

―¿Por qué no?― repitió Harry. Entrecerró los ojos y jadeó, cansado―. Por el amor de Dios, Ginny. Simplemente no puedo ir y aparecerme frente a él como si nada.

―Harry…― esta vez era angustia lo que percibía en la voz de su ex esposa―. Entiendo cómo te sientes, pero deberías de hablar con él, explicarle qué fue lo que sucedió.

Harry colocó ambos codos sobre la mesa y se frotó el rostro con las manos, tratando de contener la creciente frustración que sentía. Maldición, por supuesto que quería verlo, hablar con él, estar con él… pero la situación era demasiado complicada como para hacerlo. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Simplemente ir con él y hacer como si estos últimos diez años no hubieran pasado? Claro, era muy sencillo. "Hola, Draco, ¿cómo has estado? Lamento mucho lo de Nott, pero necesito que sepas que recuperé mis recuerdos y ahora sé que eres tú a quien amo. ¿Lo intentamos otra vez?". Muy sencillo, sí.

¿Cómo podían sus amigos decirle que lo entendían? Nadie podía entender lo que sentía, nadie. Y la razón era muy sencilla: porque ni el mismo lo sabía.

Aprovechó que en ese momento llegó la mesera con la comida para dirigir sus pensamientos a cosas menos dolorosas, realmente necesitaba unos minutos para calmarse. No debía desquitarse con Ginny, ella tenía suficiente con la culpa y los remordimientos que no la dejaban tranquila.

―¿Y Lily?― preguntó después de unos momentos, cuando la comida ya estaba servida sobre su mesa―. Pensé que esta vez la traerías contigo.

Ginny cerró los ojos, Harry podría jurar que estaba a punto de llorar; gracias a Merlín no lo hizo y agradeció que ella pudiera entender el mensaje, simplemente no quería hablar de eso. La pelirroja tomó los cubiertos y jugó con su comida antes de responderle. No se había dado por vencida.

―Se quedó en casa de mamá, estaba dormida y la verdad no quise despertarla― guardó silencio por un par de segundos y después movió ligeramente la cabeza―. ¿Cómo está Albus?― preguntó con voz trémula, de pronto parecía muy cansada, quizá tanto como él.

―Él está bien, Ginny― contestó una ligera sonrisa―. No te preocupes, lo está pasando bien― añadió con tono conciliador. Los ojos de Ginny se enrojecieron y pronto estuvieron llenos de lágrimas que de momento se negaba a derramar.

―Oh, Harry…― suspiró la pelirroja―. Entiendo muy bien lo que siente Albus, créeme que sí, pero la verdad no deja de dolerme y…― tuvo que hacer una pausa antes de que su voz se quebrara más.

Harry la observó un momento sin saber qué decir para poder consolarla; nunca había sido bueno para consolar a los demás. Albus no se había tomado bien la noticia sobre su "nuevo papá". Aun cuando él había crecido viéndolos separados, la sola idea de tener a Dean como padre adicional no le gustó para nada y ello lo demostró con una actitud agresiva e hiriente con su madre y su nuevo padre. Ginny lo había pasado mal los primeros meses después del matrimonio y Harry, sintiéndose culpable por la actitud de su hijo, decidió llevarlo a vivir consigo.

―Ya se le pasará, Ginny― dijo con suavidad―. Es muy pequeño todavía, estoy seguro de que pronto lo entenderá.

―Harry…― gimió la mujer sin poderse contener, derramando un par de lágrimas en el proceso.

―He estado hablando con él, créeme que no odia a Dean y a ti mucho menos― Harry sonrió, intentando tranquilizar a la pelirroja―. Sólo dale un poco de tiempo; nuestro Albus es un buen niño.

Dejó que Ginny se tranquilizara después de derramar unas cuántas lágrimas más.

―Muchas gracias, Harry.

Harry se encogió de hombros restándole importancia al asunto y amplió su sonrisa mientras se llevaba un trozo de ensalada a la boca. Frunció el ceño y miró el plato con escepticismo.

―¡Merlín!― bufó haciendo una mueca de fastidio―. Esto no me gusta.

Ginny soltó una pequeña risa y probó un poco de la comida.

―Vamos, Harry― dijo con tono conciliador―. No está tan mal, sólo le han faltado un poco de especias, pero está bastante bien.

―Vamos, no me digas eso― contestó Harry con una sonrisa mientras movía el tenedor de un lado a otro―. No sabes lo mucho que extraño tu comida, un día de estos te secuestraré a espaldas de Dean y haré que me cocines lo de una semana.

Ginny estalló en una sonora carcajada, haciendo que algunos de los comensales junto a ellos se les quedaran viendo. Harry comenzó a reír también y le guiñó un ojo. Así, entre bromas y comentarios sin sentido, disfrutó de una agradable comida al lado de su ex esposa.

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Draco Malfoy abrió la puerta frente a él sin titubear, aun cuando ese molesto hombre ―el tonto gafete que portaba en el pecho decía que su nombre era Greg. Blaise era un sádico, hacerlo usar un gafete con su nombre como si fuera un preescolar― le estuviera diciendo una y otra vez que no podía entrar sin una cita previa. Por supuesto, seguramente no sabía con quién estaba hablando; o quizás lo que sucedía era que sí lo sabía, y precisamente por eso no lo quería dejar pasar. Bufó, odiaba estar en Inglaterra.

Ahí estaba, de pie frente al escritorio de su amigo, quien estaba completamente sumergido en una pila de documentos que leía sin parpadear.

―Señor, por favor― dijo nuevamente ese tal Greg, con un molesto timbre de voz. Draco se limitó a alzar una ceja y a carraspear con fuerza, llamando la atención de Zabini.

―¿Draco?― preguntó el moreno mientras arqueaba una ceja y se ponía de pie.

―Por favor, Blaise― bufó Draco con diversión mientras se cruzaba de brazos―. ¿A quién esperabas? ¿A la Reina en persona?

Zabini comenzó a reír, para horror de su asistente.

―¡Draco!― exclamó con una gran sonrisa mientras rodeaba su escritorio y alzaba los brazos hacia él.

―Creo que ya me reconociste― sonrió el rubio mientras alzaba los brazos y correspondía el gesto de su amigo―. Joder, creo que has crecido otra vez, Zabini.

―Y tú no has crecido nada― se burló Blaise mientras se encogía de hombros y lo liberaba del abrazo, mirándole apreciativamente de arriba abajo―. Es más, creo que estás un poco delgado, Draco― agregó gruñendo con desaprobación.

Draco rodó los ojos y bufó con fastidio.

―Por supuesto que no.

Blaise sonrió y lo tomó de los hombros, obligándolo a girar en su lugar para poder apreciar su parte posterior. El moreno silbó con aprobación esta vez, haciendo sonrojar a Draco y a su asistente, que seguía de pie en el marco de la puerta. El moreno alzó una ceja hacia él, con molestia, obligándolo a huir de la habitación.

―Bueno, tu trasero me dice que estás bastante bien, Dragón― sonrió mientras observaba a Draco acomodar su cabello.

―Supongo que he de agradecerte el cumplido, Blaise.

―Supones bien― Blaise se acomodó en la orilla de su escritorio, invitando a Draco a sentarse en la silla especialmente colocada para sus invitados―. ¿Cuándo llegaste?

―Hace un par de días― contestó mientras tomaba asiento frente a su amigo―. Quizá debí enviarte una lechuza, pero preferí venir personalmente.

Blaise lo observó en silencio por unos momentos y después asintió.

―Me alegra que vinieras― sonrió―. Pansy y yo estábamos planeando ir a Francia a visitarte. Está muy preocupada por ti, ¿sabes?― dijo mientras lo veía directo a los ojos, haciendo una muda pregunta.

―Claro― Draco asintió levemente mientras cerraba los parpados―. Estoy bien, no pasa nada.

―Draco…― murmuró Zabini con preocupación, haciendo que el rubio se tensara de inmediato, dándole a entender que no tenía la más mínima intención de seguir el rumbo de esa conversación. Blaise suspiró mientras pasaba una mano por su cabello―. Bien, como tú quieras― bufó―. Sólo espero que estés consciente de que Pansy no te dejará ganar tan fácilmente como yo, ¿está claro?

Draco no pudo evitar sonreír. Blaise siempre había actuado sobreprotectoramente con él, consintiéndolo, cuidándolo; era su hermano, aun cuando no compartieran un vínculo de sangre, pues lo que les unía iba mucho más allá de algo tan simple como eso.

―Como tú digas, Blaise― dijo el rubio con una sonrisa.

―Sí, así es― contestó el moreno con arrogancia―. Que no se te olvide que soy el asistente del ministro por una razón, Malfoy.

―Ya, seguro.

―¿Y? ¿Has venido solo?― preguntó Zabini mientras alzaba una ceja.

―Por supuesto que no― respondió Draco, ofendido―. Traje a Scorpius conmigo, después de todo no sé cuánto tiempo me vaya a tomar arreglar todo este desastre.

―Ya veo…― dijo Blaise mientras cerraba los ojos y se perdía un momento en sus pensamientos. Clavó su mirada en la de Draco, tratando de leer algo en ellos.

―Blaise…― la voz de Draco había bajado un grado, llamando la atención del moreno―. ¿Theodore habló contigo? ¿Te dijo por qué…?

―No― interrumpió con voz firme mientras entrecerraba los ojos, molesto―. Ése Theo, aun cuando éramos los mejores amigos nunca me contaba las cosas por completo― bufó―. Ya sabes, era un loco al que le gustaba reírse de la gente.

Draco bajo la mirada y sonrió de manera tan imperceptible, que Blaise no se dio cuenta de ello.

―Sí, él siempre fue así― dijo con suavidad.

―Sea como sea, Draco― Blaise sonrió mientras colocaba una mano en su hombro―. Me alegra que vinieras, en serio― Draco le contestó con una sonrisa―. Dime si puedo hacer algo por ti, ¿de acuerdo?

―Por supuesto, de hecho, por eso estoy aquí― contestó con una sonrisa burlona―. Necesito que me cubras la espalda por unos días, ¿quieres?― le guiñó el ojo a Blaise―. No sé cómo, pero el Ministro se ha enterado de que estoy aquí y quiere que nos reunamos para no-se-qué y la verdad no tengo ganas de ver a ese señor.

―Oh― Blaise se llevó una mano al mentón y pensó por un momento. Súbitamente regreso la mirada hacia el rubio, mientras fruncía el ceño―. ¿Te mandó una nota o algo?

Draco asintió y sacó un elegante sobre color crema de su túnica, el cual le fue arrebatado inmediatamente de las manos.

―La verdad no la he leído completa, después de leer los primeros dos párrafos me dio dolor de cabeza― se encogió de hombros―. Seguro que se trata de lo mismo de siempre, hablar sobre el futuro de la fortuna Nott/Malfoy y todo en lo que podemos beneficiar a la comunidad mágica y bla-bla-bla.

―La verdad es que sí se trata de eso― dijo Blaise mientras dejaba de leer y bajaba la carta para ver a Draco directo a los ojos―. ¿Has tenido problemas con eso? ¿El ministerio Francés te ha hostigado con el tema?

―¿Qué puedo decirte, Blaise? Así ha sido durante las últimas semanas― Draco suspiró con cansancio―. Al parecer, sólo estaban esperando un tiempo prudente, por lo del luto― frunció el ceño―. Por supuesto, no dejaron correr demasiado tiempo, las manos les hierven por poner las manos sobre la fortuna de mi hijo.

―¿Y?― dijo Zabini con arrogancia mientras se cruzaba de brazos―. ¿Qué te hace pensar que yo no haré lo mismo, Draco?

―Por supuesto, sé que lo harás― bufó mientras se ponía de pie, para quedar frente a su amigo―. Pero eres el padrino de Scorpius, Blaise― sonrió cómo todo un sangre pura mientras colocaba un dedo sobre el pecho de su amigo―. Eso hace una gran diferencia, sé que jamás harías algo que lo perjudicara.

―Debo decir que me siento halagado― dijo con una suave sonrisa.

―Por supuesto, no puede ser de otra manera.

―Aun así…― entrecerró los ojos―. Seguro que ya sabes que Potter también trabaja aquí, ¿cierto?

―El pasado es pasado, Blaise― Draco suspiró mientras acomodaba un fino mechón de cabello plateado detrás de su oreja―. Y es ahí donde debe quedarse.

Blaise observó a Draco, quien se acercaba a una de las fotografías que adornaban su oficina. En ella, Draco, Theo, Pansy, Daphne y él mismo reían felices el día de su graduación. Suspiró al ver la pequeña sonrisa que comenzaba a formarse en el rostro de su amigo.

Sí, el pasado siempre iba a ser pasado, eso era cierto. Pero también, a veces, el pasado solía repetirse con frecuencia, sobre todo cuando el destino parecía empeñado en que así sucediera.

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Harry sonrió con ternura al ver el letrero multicolor de "Pasitos Mágicos", la guardería a la que asistía su pequeño Albus. Entró al pequeño local, que en realidad no tenía nada de pequeño. Era cómo un mini Hogwarts, con pequeños tubos de colores que salían de todas partes de la enorme recepción y que llevaban a los pisos superiores en los cuales se impartían los diferentes talleres para los pequeños.

Observó cómo una maestra salía de uno de los ductos, siendo seguida por algunos niños de tres años. Sonrió, su pequeña Lily estaría formando parte de ése grupo si tan solo su abuela, Molly Weasley, no se hubiera negado tan fervientemente: quería educarla ella misma. Y la entendía, después de criar a tantos hombres, era natural que quisiera disfrutar a sus dos nietas.

Se acercó al escritorio dónde una vieja elfina cuidaba de los abrigos de los pequeños y, a su vez, trabajaba como recepcionista.

―Buenos tardes, Lani― saludó Harry con cortesía.

―Harry Potter― jadeó la elfina, haciendo que Harry rodará los ojos; un mes de haber ido ahí todos los días y la criatura no parecía acostumbrarse a su presencia―. Señor, Lani está muy muy…

―Sí, sí, ya lo sé Lani― dijo Harry con una sonrisa mientras movía las manos para tranquilizar a la elfina―. He venido a recoger a mi hijo, ¿podrías avisarle a su maestra, por favor?

―Por supuesto que sí, Señor Harry Potter― contestó dando una pronunciada reverencia, Harry pensó que en cualquier momento escucharía el crujir de la espalda de la elfina pero ésta desapareció con un suave poof.

Pocos minutos después, Albus salía corriendo por uno de los tubos; si no mal recordaba, era aquel que daba a la sala de música de la guardería. Sonrió al ver el rostro ruborizado y los ojos brillantes de su pequeño, desde el matrimonio de Ginny no le había visto tan feliz y contento, y eso le hizo sentir mucho más tranquilo.

―¡Papi!― gritó su pequeña versión en miniatura mientras saltaba para abrazarlo.

―¡Hola, campeón!― sonrió Harry mientras le devolvía el abrazo a su pequeño―. ¿Qué tal te la pasaste el día de hoy? ¿Te has divertido?

―¡Sí!― contestó Albus con una enorme sonrisa―. ¡No vas a creer lo que he visto hoy!

―¿Qué viste?― preguntó Harry sin dejar de sonreír.

―¡Un Ángel, como el de los libros de tía Hermione!― dijo su hijo, casi gritando―. ¡Y es de mi tamaño!

Harry soltó una pequeña carcajada y frotó los cabellos de Albus.

―¿En serio?

―Síp― el pequeño se cruzó de brazos, orgulloso―. Habla un poco raro y sus ojos dan un poco de miedo, pero es muy lindo.

―Ya veo― Harry se puso de pie, y saludó a la maestra de Albus, una castaña de ojos azules―. Buenas tardes, profesora Caldwell.

―Buenas tardes, señor Potter― dijo la joven mujer con cortesía; se giró hacia el niño y le alborotó más el cabello―. Albus, te he dicho que, independientemente de lo que te quiera hacer creer, es sólo un niño como tú, ¿de acuerdo?

Albus se encogió de hombros y bufó, molesto. Harry sonrió en forma de disculpa a la profesora, se despidió de ella y de la elfina y tomó a su hijo de la mano, llevándolo hacia la salida del lugar. Una vez fuera, Harry le dirigió una mirada curiosa a su pequeño.

―¿Albus?

―¿Qué?― preguntó el pequeño, resentido―. Tú tampoco me crees, ¿verdad papá?

Harry negó con la cabeza y sonrió mientras acariciaba el cabello de su hijo, intentando tranquilizarlo; no quería que se cerrara otra vez y volviera a tener esa actitud tan taciturna, así que, por el momento, prefirió darle por su lado.

―Lo único que puedo decirte, Albus, es que hay muchas cosas que te faltan por ver― sonrió, recibiendo una mirada esperanzada de esos pequeños ojos verdes, idénticos a los de él―. ¿Quieres pasar a por un helado antes de ir a la casa de la abuela?― preguntó, dando por terminado con el tema.

―¡Sipi!― contestó su hijo con una sonrisa, mientras se aferraba a su mano.

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Harry suspiró con cansancio mientras se estiraba. Ya sólo le faltaba un documento por firmar ―eso de pasarse todo el día firmando documentos no le gustaba para nada, su vida se estaba volviendo demasiado monótona― y al fin tendría tiempo para recoger a Albus en la Madriguera y podrían ir juntos a casa. Sólo esperaba no tener que quedarse a cenar, realmente no tenia ánimos de estar en medio de toda esa multitud de pelirrojos. Tomó el último pergamino y lo desenrolló, leyéndolo en tiempo record.

―¡Joder!― exclamó.

Masculló con molestia mientras se frotaba el rostro con frustración. El idiota de Greg le había mandado ese documento sin la firma de Zabini, sin ella no podrían autorizarles la compra de los nuevos equipos de protección para los escuadrones. Bufó, seguro que el muy cabrón lo había hecho a propósito. Desde su ruptura había hecho todo lo posible por fastidiarlo, o en el peor de los casos, por seducirlo otra vez.

Con un movimiento de varita enrolló el pergamino nuevamente, tomó su abrigo y salió de su oficina, dando un sonoro portazo. Caminó por el pasillo con grandes zancadas, asustando a los pobres inocentes que se cruzaban por su camino, seguramente por miedo a que les lanzara alguna maldición.

Bufó al dar la vuelta en la esquina, pues pudo observar cómo el imbécil de Greg se limaba las uñas con pereza, obviamente esperando a que el reloj marcara las cinco para poder irse a casa. Gruñó, ganas no le faltaron de lanzarle un crucio al infeliz.

Dio un par de pasos al frente, tratando de controlar su cólera, lo cual no estaba funcionando. Justo antes de abrir la boca y soltar un rugido, la puerta de la oficina de Zabini se abrió. Harry se detuvo y frunció el ceño. Bien, al menos podría pedirle la firma personalmente y no tendría si quiera porqué hablarle a su asistente.

Zabini salió, sonriendo, cosa bastante rara en él, lo cual dejó intrigado a Harry. Cuando abrió la boca para dirigirse a él sintió cómo su cuerpo se paralizaba completamente y que el aire ya no llegaba a sus pulmones. Justo detrás de Blaise un hermoso cabello rubio platinado hacia su aparición; el moreno se hizo a un lado, dejando pasar a su amigo, quien también sonreía, bastante divertido.

Draco Malfoy estaba ahí, justo frente a él, a escasos cinco metros de distancia. Draco alzó la cabeza y sus miradas chocaron en ese momento, y el tiempo se detuvo. El corazón se le fue a los pies, junto con el resto de sus pensamientos y su sentido común. Él estaba ahí, la persona que más anhelaba, la persona que mas amaba sobre la faz de la tierra; y él, Harry Potter salvador del mundo mágico, era incapaz de decir una sola palabra.

Harry sabía que pudo haber dicho muchas cosas en este momento. Cosas que no había podido decir hacia cuatro años, cuando había sido la última vez que había visto en persona, aunque desde la distancia, a Draco Malfoy. Lo observó fijamente. Era sólo un poco más alto de lo que fue durante su último año en Hogwarts, tenía el mismo cabello, hermoso, rubio platinado, como oro liquido enmarcando a la perfección las facciones de su rostro. Su piel lucia mucho más saludable de lo que podía recordar; blanca, cremosa como la leche, y al parecer, increíblemente suave. Estaba delgado, pero eso no era novedad en él, podía comer y comer dulces durante días, pero jamás engordaría.

Pero sobre todo, el cambio más grande que pudo encontrar, estaba en sus ojos. Igual de grises que siempre, pero mucho más profundos que antes, tanto que casi se sentía ahogar en ellos. Sobre todo ahora, que Draco le dirigía una mirada como esa, indescifrable. No podría decir si lo despreciaba, si lo odiaba… o si lo amaba.

Draco parpadeó, liberándolo del trance en el que se encontraba. A su lado, Blaise Zabini carraspeaba, parecía bastante divertido con la situación, lo cual, ofendió profundamente a Harry. Después de todo, el idiota de Zabini estaba plenamente consciente de lo que había pasado entre ellos.

―Potter― le saludó el moreno con una sonrisa, falsa, por supuesto―. ¿En qué puedo ayudarte?

Harry bufó, frunciendo el ceño, fastidiado. Desvió la mirada un momento hacia Draco, quien, para su sorpresa, lo miraba con… curiosidad.

―D-Zabini― saludó con voz firme, esperando que nadie notara el momentáneo titubeo―. Me alegra encontrarte, necesito…― desvió la mirada hacia Greg, quien lucía bastante nervioso en ese momento, aunque en realidad, era lo último que le importaba; sólo quería controlar los latidos de su corazón, y las ganas de llevarse a Draco al fin del mundo, aun contra de su voluntad―, necesito que me firmes esto.

Extendió el pergamino hacia él, desviando la mirada hacia Draco, una y otra vez. Zabini lo tomó y lo leyó con calma, demasiada calma, alargando la agonía de Harry, quien tenía la garganta completamente seca y un enorme hueco en el estómago. Blaise desvió la mirada hacia Greg, furioso; colocó el pergamino con demasiada fuerza sobre el escritorio de su asistente, quien gimió de una manera nada varonil, y tomó una pluma.

Una de las cejas de Draco se arqueó, observando la mirada asesina que su amigo le dirigía a su asistente. Desvió la mirada hacia Harry y le dedicó una leve inclinación antes de alejar a Blaise del escritorio, quien parecía a punto de cometer un asesinato.

―Ya, Blaise― dijo Draco con diversión.

Esa voz. Harry se mordió el labio para tratar de aguantar el grito que comenzaba a formarse en su garganta. No debía, no debía. No estaba bien, no tenía por qué ser así. Afortunadamente, Zabini recuperó la postura y se dirigió a él, distrayéndolo.

―Lo lamento, Potter― dijo el moreno con voz enronquecida, probablemente por el enfado―. Aquí tienes, por favor avísame― a Harry no le pasó inadvertido el siseo en esa última palabra― si llegas a tener otro problema de esta índole, ¿quieres?

Harry asintió, incapaz de decir algo coherente en ese momento.

Blaise giró hacia su asistente una vez más, sus ojos pardos se abrieron, mandándole una mirada asesina a un aterrorizado Greg, quien se veía muy pequeño en su escritorio de nogal. Giró el rostro hacia Harry y, a modo de despedida, inclinó la cabeza y comenzó a caminar, alejándose de su oficina.

Draco lo imitó y comenzó a caminar. Harry alzó una mano, en un instintivo movimiento, queriendo detenerlo.

―Malfoy― dijo Harry finalmente, tomando todo su valor Gryffindor y mandando su sentido común a la mierda. El rubio giró hacia él, con sus ojos grises muy abiertos, completamente sorprendido, incrédulo. Harry dio un paso hacia él, acortando levemente la distancia entre los dos, inclinó la cabeza un poco, sintiendo como su cerebro comenzaba a palpitar―. Ha sido un gusto verte, Malfoy― dijo mientras alzaba su mirada y la clavaba en los ojos grises de Draco.

El rubio se mantuvo quieto durante un segundo, después sonrió levemente y respondió con otro ligero movimiento de cabeza.

―Sí― dijo finalmente―. Gracias, Potter.

Y sin decir más, fue detrás de Zabini, dejando a Harry de pie, incapaz de moverse, con el corazón a punto de estallar de alegría y con un creciente calor abrazando su interior. Él estaba ahí. Draco estaba ahí, en Inglaterra, y Harry no podía evitar sentir que quizá, solo quizá, podrían verse otra vez.


Para leer una versión mas estilizada, con ilustraciones y links a algunas canciones, por favor den click en el siguiente enlace:

h t t p : / / sui-tan . livejournal . com / 14625 . html

¡Hola a todas!

Primero que nada, muchas gracias por seguir leyéndome, el cariño que he recibido es mucho mayor al que esperaba y créanme, soy muy feliz al leer sus comentarios. En verdad, muchas gracias.

Bien, aquí me tienen, no ha pasado ni una semana desde que coloqué el capitulo tres; pero bueno, es mi culpa por no contenerme. Pueden darle las gracias a Cyda, como siempre, por el beteo xD y por animarme a publicar esto de una vez, las dos estábamos muy ansiosas.

No me alargo mucho, porque hoy también toca actualización en el blog orz pero bueno, "My Soul, your beats" es mi prioridad, y así lo será de ahora en adelante, junto con el fic del Big Bang, por supuesto xDDD

Espero poder continuar con este ritmo, para poder actualizar lo más pronto posible con el capitulo cinco, que bueno, estoy segura que a Cyda le va a encantar x3

Mil besos a todas, recuerden que los comentarios son amorsh ❤