Muchas gracias por sus comentarios, sugerencias por chat y el apoyo que me han dado. ¡Un saludo a mis nuevos/as lectores que han comentado! ¡Espero que sigan la historia! Hice un pequeño dibujo que pueden ver en la portada del fic, no se ve muy bien pero lo hice con mucho cariño. Es en cierta forma un adelanto del siguiente capítulo, así que lo he titulado "Fantasía", en alusión a lo que ellos imaginan.

Oficialmente hemos llegado a la mitad del fic, y abarcamos el 40% del Acto II. Éste capítulo 3 en particular es uno de transición y consolidación para los acontecimientos que se desencadenarán en el clímax de la historia, en la cual nuestros protagonistas (y únicos espectadores ahora), se dejarán arrastrar. No por ello es menos importante, pero sí hay bastante mixtura de acontecimientos a los cuales se hace referencia, tanto en la partitura como en lo representado, por tanto, las emociones de nuestro dúo van consolidándose a medida que se dan los movimientos de la obra. Me tomé una ligera libertad para modificar un poco la canción de El Fantasma uniendo dos piezas en una, como en la película, así como también explayarme más con el significado del personaje de Edgar Allan Poe del cual va ataviado el antagonista en la gran mascarada, dejando entrever su perverso y filoso sentido del humor. Una referencia que Nick conoce, recordándole momentos oscuros de su infancia, junto con el revelador pasado del Fantasma, lo cual amenazará con lograr que nuestro héroe sienta una identificación completa con el villano.

Como dato curioso: Yo imagino la voz del Fantasma como la del barítono Anthony Warlow. Su voz es poderosa, pero sumamente encantadora. A mi ver, la voz ideal para el rol (él lo interpretó)

En vista de lo que significa ésta historia para mí, he comenzado a estructurar una secuela, que si bien ya no retoma el elemento musical, sí partirá de lo que suceda entre Nick y Judy al finalizar la historia, habiendo un mayor peso de la trama policial. El título provisorio (aunque es posible que mantenga el mismo) es "Zootopia: Eclipse".

Sin hacerles perder más tiempo, he aquí el siguiente capítulo.

Capítulo 3: Mascarada/ ¿Por qué el silencio?

Judy le sonreía a Nick. Se sentía sumamente orgullosa de lo que había hecho por la compañía de teatro. Si bien había posibilidad de que hubieran dicho que no seguir con la función solamente por dos espectadores, el sentirse reconocidos valía mucho para ellos, el suficiente para querer concluir la obra. Él la miró y, como si estuviera adivinando sus pensamientos, le dijo regalándole una sonrisa y una mirada sencilla:

-También lo hice por ti.

Ella se sonrojó ligeramente, desviando la mirada pero sin dejar de sonreír. Nick se sintió feliz a causa de ello, y mentalmente se dijo a sí mismo: Wilde: uno, Raoul: cero. El pensamiento le pareció divertido, así que hizo un esfuerzo por no reírse para no hacer sentir más incómoda a Judy.

Las luces se apagaron: según el programa, la historia se retomaba seis meses después de la caída del candelabro, seis meses sin tener noticias del Fantasma. La compañía teatral había comprado uno nuevo y preparado una gran fiesta de máscaras en celebración. Además había en escena una gran escalera central.

Firmín y André entraron en escena, cada uno mirando al lado contrario de su compañero, vestidos en forma muy curiosa, mientras caminaban con pasos cautelosos. El primero llevaba unos cuernos de búfalo, mientras que el segundo una máscara con forma de pollo. Judy no pudo evitar pensar en el Jefe Bogo cuando vio a Firmín. E imaginárselo cantando era una imagen demasiado extraña y graciosa en sí misma, por lo que tuvo que contener una risa.

La música acompañaba cada pasado de los dos gatos, hasta que éstos chocaron de espaldas. Con cautela, se dieron vuelta, reconociéndose el uno al otro. Ambos comenzaron a cantar al ritmo de las flautas, dando a la melodía un aire pícaro y casi cómplice entre ambos, turnándose en cada oración.

Oh, André que divina fiesta

Preludio de un gran año aquí

Noche ideal, que impresión

¡Soy buen anfitrión!

Ambos:

¡Por los dos!

Ambos brindaron con sus copas, y siguieron cantando, repitiendo el esquema. Nick tenía que admitir que esos dos tenían una muy buena química y carisma en escena.

No debo dejar de lamentar

¡Que el tal "fantasma" no está aquí!

El órgano tocó con el registro de los tubos de madera. La diferencia de sonido al metal era notable, sin tanto cuerpo y algo más apagado, pero compensaba con un color muy lindo al oído. Judy paró las orejas al escuchar la melodía, creía reconocerla, hallándola también el zorro conocida. Los instrumentos de cuerda marcaron el cambio de ritmo, mientras un tambor marcaba el pulso, uniéndose luego el sonido de platillos.

¡Dulces galletas con queso! ¡Platillos!, pensó Judy. La melodía era la misma de la caja de música del Fantasma. El descubrimiento hizo que su pequeño corazón casi saltara de su pecho por la alegría. Por alguna razón, amaba esa melodía.

El coro completo del teatro hizo su triunfal aparición, todos vestidos con pomposos disfraces y llevando máscaras de diferentes animales.

¡Festival! ¡Mascara en carnaval!

¡Festival! ¡Y tu rostro del mundo has ocultado!

En la orquesta predominaban instrumentos de percusión y trompetas, que creaban el ambiente festivo de la pieza. Algunas de las conejitas del ballet, identificables por sus tamaños, pero con máscaras también, cantaban mientras sacaban a bailar a alguno de los actores.

¡Festival! ¡Cada cara sombra irreal!

¡Festival! ¡Y al voltear antifaces te han rodeado!

El ritmo cambió, acompañando las frases cortas del texto. Como tamborilear el pie en forma constante y con una duración de un segundo. Un ritmo de corcheas, concretamente. El texto describía aquél extraño desfile de atuendos y festejos desenfrenados, donde no importara quien fueses en la vida real, ¡allí podías ser quien quisieras! Nick sintió nostalgia. Ser lo que quisieras ser.

Malva ver, luz marrón,

Tonto y rey, Bermellón,

Faz bestial, Verde tez,

Ganso hay, Reina es;

¡Caras!

Súbete, y a girar

¡En el cruel carrusel

Con su insano andar!

Malla azul, un vaivén

Falso es, ¿quién es quién?

Un bufón, mueca en faz

Aureo ver, Naipe y As

¡Caras!

¡Bebe así, bebe más

Hasta caer, en ruido

Y la luz!

Christine y Raoul:

¡Y nadie ve quién es!

La pareja de conejos iban enmascarados, ella vestía un colorido vestido color violeta, mientras que él un uniforme militar.

¡Festival! Ocre y rojo cardenal

¡Festival! ¡Únete, la función te ha sorprendido!

Judy tenía ganas de saltar sobre el escenario y unirse a tan alegre fiesta. Se sentía muy tentada a tomar la mano de Nick para que lo acompañara. Disfrutaba del espectáculo como una niña pequeña: como la primera vez que había llegado a Zootopia. Podía decirse que era la magia de sorprenderse, que alimentaba al espíritu. Esa era su gran característica, un espíritu siempre dispuesto a sorprenderse.

¡Festival! Un desdén, mirar mortal

¡Festival! ¡Para y ve, las sonrisas te han seguido!

Nick pensó que sería una buena idea organizar una fiesta de máscaras con los compañeros de la Estación de Policía, mientras movía la cabeza al ritmo de la melodía. Por supuesto, omitiría el tema de cantar, porque Garraza era muy capaz de hacer que todos hicieran una coreografía de Gazelle. El alegre coro bajó la intensidad del canto y el tono del mismo, sonando ahora como si contaran un pícaro secreto a su particular público.

¡Festival!

Sombra hirviente, falsa real,

¡Festival!

¡Y engañar a quién te haya conocido!

¡Festival!

Con lujuria escudriñar

¡Festival!

¡Te hallarán aunque te hayas escondido!

Judy se sonrojó, pero sonrió con complicidad ante la sugerente letra. Nick mantenía su sonrisa típica, pero disimulaba sus mejillas coloradas, agradeciendo tener el pelaje rojizo. Cada uno de los personajes principales cantó una línea, agradeciendo la noche de fiesta y los meses de tranquilidad.

Carlotta

¡El Fantas..!

Cerdini

¡..ma calló!

Madame Giry

¡Brindo así!

André

¡Brindo yo,

Por la prosperidad!

Firmín y André

¡Qué alivio llegó!

André

¡Y qué gran festival!

La orquesta cambió inmediatamente el ritmo por el de Tan sólo hazlo tú, el tema personal de Christine y Raoul, mientras él le daba un collar con un anillo de compromiso. Ella cantó primero, denotando esperanza y temor en su voz.

Piénsalo, promesa secreta

Tu esposa voy a ser

Medítalo

Raoul contestó el canto, con un tono impaciente pero sin dejar de ser dulce.

¿Y por qué en secreto?

¡Nada hay que esconder!

Christine replicó, intentando calmara su efusivo novio.

No hay que pelear,

El tiempo ha de llegar

Raoul contraatacó, sin entender muy bien el porqué de la preocupación de la coneja.

¡Libre eres ya!

¿Cuándo será?

No es crimen el formalizar

Christine, ¿a qué tienes miedo?

Ambos tuvieron un breve dueto donde acordaron mantener en secreto su compromiso. Para Nick era muy obvio: en ningún momento se habían deshecho del Fantasma, sólo llevaba unos meses sin dar noticias. Conejo torpe, pensó. Pensaba esto mientras la orquesta tenía un largo sólo sin canto, predominando los instrumentos de cuerda y, a medida que avanzaba la misma, se unían las trompetas, anunciando el canto del coro completo. Todos estaban en posición, cubriendo sus caras con abanicos. Muchas de las conejitas del ballet estaban arriba de la escalera, mientras sonreían coquetamente a su reducido público. Judy podía jurar que se estaban esforzando el doble de lo que harían en una función normal, como si estuvieran dejando en ello el corazón. El tono seguía siendo alegre, pero ésta vez adquirió un aire de solemnidad que les hizo erizar los pelos.

¡Festival! ¡Mascarada en carnaval!

¡Festival! ¡Y tu rostro del mundo has ocultado!

Festival! ¡Cada cara sombra irreal!

¡Festival! ¡Y al voltear antifaces te han rodeado!

¡Festival! Un desdén, mirar mortal

¡Festival! ¡Para y ve, las sonrisas te han seguido!

¡Festival! Ocre y rojo cardenal

¡Festival! ¡Únete, la función te ha sorprendido!

Mientras cantaban ésa última línea, la orquesta tocó la tétrica melodía del Fantasma, mientras todos parecían congelarse producto del miedo, eso no anunciaba nada bueno. Judy contuvo la respiración mientras todos volteaban a ver la cima de la gran escalera, gritando con horror al darse cuenta de quién estaba allí..

La orquesta usó los violonchelos para acompañar el ritmo del monstruo, un paso a la vez, mientras la multitud se movía, dejándole el paso, presas del miedo. El Fantasma iba vestido con un traje lujoso de cuerpo completo, una capa que le llevaba a los pies, una espada con una calavera en el mando y un sombrero con unas finas plumas de avestruz, todo de color rojo. Un rojo sangre. Pero el detalle que más impresionaba era la excesivamente realista cabeza de conejo muerto que usaba por máscara, simulando un rostro en descomposición. Judy no conocía al personaje, pero la visión le estaba resultando demasiado escalofriante, dado que a fin de cuentas, era un conejo cadáver el que estaba allí.

Nick tragó saliva. Reconocía perfectamente el disfraz que estaba usando el Fantasma. Recordaba haber leído ese libro muchas veces en su infancia, cuando tenía doce años. Casi podría decirse que se había obsesionado con él. Era la Muerte Roja. Representaba una cruel enfermedad que había asolado un país ficticio lleno de presas. Las víctimas mayoritarias habían sido conejos, por representar la mayor parte de la población. Allí, un cruel príncipe oveja, junto con mil nobles que integraban toda clase de presas se encerraron en su castillo para protegerse de la enfermedad, dejando desamparados a sus súbditos. Tras meses de fiestas, derroches y orgías, una noche, un invitado se presentó vestido como una víctima de la muerte roja, un conejo, concretamente: un cadáver que había teñido de rojo con su sangre la sábana funeraria. Esto causó la indignación del príncipe, quien una vez repuesto de su susto y presa de la vergüenza, intentó asesinar al invitado, para caer muerto. Cuando fue desenmascarado, los nobles se dieron cuenta que la misma Muerte Roja se había hecho presente, y uno a uno, todas las presas fueron muriendo.

Y la muerte, la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo, pensó Nick, repitiendo mentalmente la última oración del libro. Esto no podía ser una coincidencia. Saliendo de su trance, el zorro oyó al Fantasma cantar: había cambiado su dulce tono por uno sumamente burlón y solemne.

¿Por qué el silencio, mis monsieurs?

¿Creyeron que me había ido de aquí?

¿Me extrañaron los monsieurs?

¡He compuesto una ópera!

El hurón levantó un cuaderno forrado en cuero negro, con el título de su obra grabado en letras doradas. Antes de arrojárselo a Firmín, cantó con orgullo.

Esta es mi gran creación,

¡Don Juan Triunfante!

La máscara tenía una tétrica sonrisa, una sonrisa cadavérica, lo que daba la impresión de que el monstruo disfrutaba con el terror que estaba causando allí, superado en número, y sin embargo ninguna de las presas se atrevía a acercársele, congeladas por el miedo. Y no había motivo para dudar que no fuera realmente así, que él no disfrutara de ello. El miedo era poder, a fin de cuentas. Tal y como en el libro, pensó Nick.

Mis instrucciones antes de actuar

Carlotta tiene que actuar

No exhibirse como un pavo real

La cerda se mostró escandalizada ante el comentario, y Cerdini intentó encararlo por haber ofendido a su esposa, más sin embargo un rápido desenvaine del Fantasma lo hizo reconsiderarlo.

Don Juan debe adelgazar,

No es sano para alguien de su edad

Mis gerentes ya sabrán,

Que en la oficina y no en la escena

Han de estar

-Y en cuanto a...-dijo en un tétrico susurro, mirando a la coneja- Miss Christine Daeé.

Podrá alcanzar su plenitud

Hay buena voz, y hay actitud

Aún tiene ante sí,

Mucho más que aprender

Si humilde ella volver a mí,

Se digna…se digna…

Christine tuvo el valor que ninguno de los presentes exhibió. Ni siquiera Raoul. Se acercó al Fantasma, aún ataviado como la Muerte Roja. La orquesta tocó una melodía con los violines y los violonchelos, creando un aura íntima entre ambos. Aunque el pequeño animal se exhibiera aterrorizante para cualquier otro mamífero, la coneja no se inmutó. Judy la observaba, en los ojos de ella se reflejaba piedad y no temor, la hacía sentir inspirada. El Fantasma pareció aligerar su semblante, caminando hasta Christine, quedando frente a frente. Casi podía jurar que el momento era como el que la oficial había compartido con su compañero, ambos perdidos en la mirada del otro, buscando comprensión. Este encanto se rompió cuando el monstruo notó el colgante con el anillo en el cuello de su amada, arrancándoselo de golpe

¡Tú destino es cantar para mí!

Dicho esto, se alejó corriendo hacia la cima de la escalera y fue envuelto en humo rojo, mientras desaparecía, causando pánico entre todos, quienes corrían de un lado a otro del escenario. Raoul llamó a gritos Madame Giry, haciendo que la coneja se volteara a verlo, negando dar cualquier tipo de ayuda, asustada.

-Usted vio algo, ¿no es así? –Inquirió él, sujetándola por los hombros.

-No sé lo que he visto, Monsieur. Por favor, ¡no insista! –suplicó.

-¡Es por el bien de todos, Madame!- dijo, dándole un ligero sacudón que pareció hacerla entrar en razón.

-Muy bien –dijo ella, mientras en escena todos se alejaban-. Fue hace muchos años, yo era muy joven, había una feria ambulante: acróbatas, magos, rarezas animales…y ahí estaba –dijo ella, como en trance-, nunca voy a poder olvidarlo. Un cachorro en una jaula…

Las luces dejaron de iluminarlos, mientras en escena entraban una jaula en un carro con alguien dentro, así como otros animales que exageraban sus rasgos para parecer deformes. Entre todos los animales que entraban a presenciar, destacaba una conejita joven. La música era la que relataba la historia, porque ninguno de los actores en escena hablaba. Incluido el presentador, señalaba el cartel que colgaba de la jaula anunciando al niño muerto viviente. Allí, a la luz del día, los monstruos dejaban de ser aterradores. El pequeño cachorro de hurón albino, portando una máscara de conejo hecha con telas, muy rudimentarias, jugaba con un pequeño muñeco con forma de mono, haciendo sonar sus pequeños platillos. El grotesco presentador, un mapache (el mismo actor que hizo de Joseph Buquet, cabe decir) entró en la jaula, golpeando salvajemente al cachorro, tirando su juguete y luego quitándole la máscara, para reemplazarla por un bozal. Nick y Judy no podían verle la cara porque éste daba la espalda a los espectadores, pero sí podían ver las risas silenciosas de los visitantes de la feria. La única que no reía era la joven coneja, quien luego sería Madame Giry.

"Si creíste que confiaríamos en un zorro sin bozal, ¡eres más tonto de lo que pareces!"..."Ay, quiere llorar" Los recuerdos llegaban a Nick como horrendas puntadas de un cuchillo.

El mapache recogía las monedas que la degenerada turba le había dejado, mientras la conejita se retiraba dolida, pero lo suficientemente lenta para notar que el hurón había tomado un trozo de cuerda que estaba atado a los barrotes de la jaula, para enredarlo en el cuello del mapache y ahorcarlo. "Aprendí dos cosas ése día. Una, no volvería a dejar que vieran que lograron herirme", pensó mientras veía al cachorro tomar su juguete. La orquesta cambió su ritmo, tocando notas con trompeta similares al tema principal del Fantasma, en el momento en que la conejita jalaba al pequeño hurón (ya con su rudimentaria máscara puesta y su monito en sus patitas) fuera de la jaula, al tiempo en que unos policías de la época entraban.

"¿Y…dos?", le había preguntado Judy, con la orejas caídas, y una mirada de infinita tristeza durante ese amanecer. Nick observaba a los dos niños correr a esconderse dentro de la Ópera. "Si el mundo cree un zorro sólo puede ser falso y deshonesto, de nada sirve tratar de ser otra cosa."

La luz volvió a iluminar a Madame Giry junto con Raoul, quien lloraba.

-Lo escondí de la crueldad del mundo –confesó-, en un lugar donde no pudiera ser dañado otra vez. Con el tiempo el creció…ahora, ¡es un prodigio, Monsieur! –dijo, sin mirar a Raoul, quien no parecía dar crédito de lo que escuchaba- Erudito, arquitecto, músico…

-Un compositor- musitó el conejo, uniendo las piezas.

-Y un inventor también, monseiur. Es un genio, ¡un genio!

-Claramente, Madame Giry…su genialidad se ha convertido en locura.

Judy sentía que tenía un conflicto interno muy grande, uno que le oprimía el corazón como nunca antes. Ahora, podía decir que comprendía más a la figura del Fantasma, aún y cuando no pudiese perdonar el hecho de que fuera un asesino.

El sonido ahogado la hizo voltear a ver a Nick. Él miraba para otro lado, pero Judy podía alcanzar a ver que las lágrimas brotaban de sus ojos esmeralda, aun cuando luchaba porque se detuvieran.

-Nick… ¿Estás llorando? – Preguntó, con las orejas caídas, sintiendo una punzada en el pecho.


Nota del autor: Recuerdo cuando vi todo éste pasaje en la obra original. Me pregunté "¿A qué rayos viene esto?" Leroux dedica un capítulo entero a la gran mascarada y marca el punto de quiebre para el Fantasma, quien se siente traicionado por Christine, como vimos en el capítulo anterior. La obra teatral hace otro giro de tuerca dividiendo ésta situación en lo que abarcan los capítulos 2 y 3. Sucedió entonces el gran final, y fue allí cuando comprendí el significado de la mascarada, completamente alejado de esa alegría risueña que representa la pieza. Espero poder ser capaz de que ustedes puedan experimentar algo como lo que yo sentí con la obra, dado que le agregué una mayor importancia al capítulo per se con el paralelismo con Nick.

Por otro lado, se me hizo irresistible usar el recuerdo de Madame Giry tomando de inspiración lo que sucede en la película. En la novela, lo que sabemos del pasado del Fantasma es explicado por un personaje cercano a él, y es mucho más elaborado (y atroz) tal vez que el trauma que se presenta aquí, en la obra teatral esto se menciona muy por encima, por eso preferí dejar de lado ese factor que quedaba a la imaginación del espectador sobre qué fue del pasado del monstruo, en favor de lograr mayor paralelismo con Nick, convirtiendo al Fantasma en una figura un poco más humana, si es que cabe el término.