Saludos (:. Bueno, la inspiración llegó, y también el momento adecuado como para escribir, así que aquí les traigo este nuevo capítulo. Espero que les guste, tanto como a mí me agradó hacerlo.
Disclaimer: 'Hora de Aventura' NO me pertenece a mí, sino que a Pendleton Ward, Cartoon Nertwork y sus asociados.
Chicle sin azúcar
Capítulo IV
Por E. Waters
En lo que menos esperó la muchacha de cabellos color negro azabache, la persona y figura de Bonnibel Bubblegum comenzó a ser gran parte en su cabeza, de su inconsciente, en sus acciones… al fin y al cabo parte de su vida.
Ella no lo había querido de esa forma.
Ella había querido lo contrario; ella había querido arruinar la vida de la otra, destrozarla, humillarla, perjudicarla, difamarla, al fin y al cabo, todo para que su vida se estropease, y con ello lograr que su padre dejase de tenerle en ese maldito pedestal.
Un maldito pedestal el cual el señor Abaader había tenido a Bonnibel prácticamente, desde el momento en el cual ella y Marceline se conocieron.
—Bonnie…
Cuando la chica escuchó el nombre de ella, rápidamente sus ojos rojizos se posaron en Finn, quien era el cual justamente había nombrado a la joven de cabellos rosados.
La muchacha conocía a Finn prácticamente desde siempre, por lo cual ella podía darse cuenta fácilmente que el joven estaba, tal vez no precisamente enamorado, pero sí al menos atraído por la muchacha.
Entonces, un extraño sentimiento surgió en la joven.
Dolía, molestaba, dañaba, afectaba…
Por lo general, era ella quien provocaba esas emociones en las otras personas, mas ahora mismo ahora a ella le sucedía eso.
Casi, casi, casi si fuesen…
—¿Celos? —se dijo Marceline a sí misma, como no pudiendo creer lo que su poco acertada cabeza, y ese duro corazón, le estaba diciendo a gritos en aquel preciso instante.
—¡Oh, hola, Finn! —saludó Bonnibel de lo más sonriente, mirando con un genuino cariño al muchacho, un cariño que la verdad de las cosas a pocos se los dedicaba, tal vez porque la joven era más bien era introvertida y poco certera en cuanto a razones sociales se refería.
¿Y qué había acerca de Marceline…?
Cierto, desde hace alrededor un mes más o menos que ella y la otra chica habían comenzado a frecuentarse, mas la estudiante de ojos azules no sabía muy bien cómo actuar, cómo reaccionar.
Después de todo, Bonnibel nunca había tenido amigas, sólo amigos, por lo cual esta experiencia con Marceline era totalmente nueva para ella.
—Hey, Bonnie… —y Finn se sonrojó un poco, fijando sus ojos celestes, siempre bajo la crítica mirada de la chica de pálida piel, en el rostro de la joven de piel más bien rosácea —, ¿te gustaría…?
Pero antes de que el muchacho pudiese seguir emitiendo palabra alguna, la muchacha de ojos rojos sujetó a Bonnibel del brazo, y poco menos se la llevó a rastras hacia el baño de chicas, ante la sorpresa de todos los presentes.
—¿Marceline…? — la chica miró sorprendida a su compañera de año y clase —, ¿qué sucede?
Y no, ella no sabía que qué rayos le estaba sucediendo.
Siendo así, la aludida soltó una grosería en su cabeza, como no pudiendo creer lo que recién había hecho… ahora, debía de encontrar algo rápido para usarlo como excusa, antes de que la otra joven comenzase a sospechar.
A sospechar que, tal vez, ella estaba algo celosa de… ¿Finn?
La mirada de Marceline se ensanchó mucho al pensar eso, cómo no pudiendo aceptar lo que le estaba sucediendo. ¿Desde cuándo que los mejores amigos, sientes celos de los mejores amigos?
Además, para nadie era un secreto que a Finn le gustaba Bonnibel más que como una simple amiga…
Y claro, ellas eran solo eso, amigas… ¿no? ¿O era que…?
—¡Calla, Marcie! —se dijo la muchacha a sí misma, negando lo que sus revolucionarias hormonas y neuronas adolescentes estaban justamente provocando en su ahora confusa cabeza.
—¿Marceline…? —repitió una vez más Bonnibel, mirando algo preocupada a la otra muchacha, y es que simplemente no entendía que por qué de pronto ella comenzaba a actuar de forma tan extraña.
—Es el proyecto de ciencias —dijo finalmente, recordando de pronto su enfoque inicial acerca de todo eso.
—¿El proyecto de ciencias? —Bonnibel alzó curiosa una ceja.
—Eso —y ahora la chica miró a la otra directo a los ojos, y cuando lo hizo de una forma la cual no pudo controlar, su corazón dio un brinco, un angustioso y doloroso brinco —, quería pedirte que hiciéramos equipo, antes de que Finn te lo pidiese.
La expresión en el rostro de la muchacha de ojos azules se alivió de forma evidente, y seguidamente sonrió, mostrando en el acto su blanca dentadura.
—¿Sólo era eso? —ella rió un poco —, pensé que era algo mucho más grave… y claro, podríamos hacer equipo.
Y fue cuando Marceline Abaader se sintió más cínica que nunca, pero ¿no era ese acaso el objetivo de todo ese peculiar acercamiento, entre ella y la otra joven? ¿No que era el plan? ¿No que era lo esperable, viniendo de ella?
Pero claro, no fue para nada esperable, el descubrir que quién era Bonnibel Bubblegum detrás de esa especie de perfecta fachada.
—¿Vamos a clases? —Bonnible sonrió de esa forma, de esa forma de la cual sólo ella podía hacer —, no quiero llegar tarde.
—Oh, claro —y otra vez ese amargo sabor en el paladar de la otra chica.
¿Qué estaba pasando…?
—¡Pero, Bonnie…! —fue lo que dijo Finn, haciendo un pequeño puchero en el acto —, ¡siempre hemos hecho el proyecto de ciencias juntos, desde primer grado!
—¡Lo sé! —la chica suspiró —, es sólo que pensé que si aceptaba lo que Marceline me pedía, nuestro grupo de amigos podría consolidarse más, ya sabes, ella es muy amiga de ti y de Jake.
—Cierto —y él también suspiró —, es sólo que extrañaré ese tiempo que pasábamos planeando el proyecto…
—Tranquilo —la joven sonrió otra vez de esa forma, sólo que esta vez esa sonrisa no iba dirigida a Marceline, sino que a Finn —, te prometo que todos los jueves iremos al cine, ya sabes a ver los estrenos de aventura de esa semana.
—¿ Lo prometes?
—¡Claro! —y dicho esto los dos muchachos quedaron tan amigos como antes.
Aquella tarde, después que las clases terminaron, Marceline no pudo evitar seguir con la mirada cada paso que Bonnibel daba, fijándose muy bien que tomaba el bus escolar para seguramente dirigirse a casa.
—¿Espías a Bubblegum?
—¡Ash! —exclamó la joven, asustándose de pronto por la intromisión del chico —. ¡Claro que no!
—¿En serio? —el muchacho sonrió de forma afectada, de forma irónica —, yo creo haber visto lo contrario.
—¿Y para qué yo espiaría a Bo… Bubblegum? —dijo rápidamente la joven, maldiciéndose a sí misma de forma interna.
—Cierto —Ash entonces rió de una forma un tanto desagradable —, Bubblegum no está a nuestra altura, después de todo es sólo una simple empollona, que lame las botas de tu padre, ¿no, Marcie?
Sin embargo, por alguna razón, a Marceline no le hizo ni un poco de gracia aquel comentario, como si de pronto la opinión que tenía de Bonnibel hace algunas semanas atrás, ahora fuese totalmente diferente.
Aún así, y a pesar de todo eso, una especie de rara sonrisa se formó en sus pálidos labios.
—Lo estoy logrando, lo estoy logrando, lo estoy logrando —era lo que ella se repetía de forma constante en su cabeza, cuando llegó a su casa aquel día, después de su habitual práctica con su banda de música.
Pero… ¿en serio estaba logrando lo que ella tanto quería?
—Papá, Marceline, papá —continuó ella hablándose a sí misma, recordando con exactitud el origen de todo eso.
Cuando estuvo a punto de quedarse dormida, pensando y divagando acerca de su relación con Bonnibel precisamente, su celular emitió un sonido, el cual indicaba que le había llegado un mensaje.
Al ver de quién se trataba, no pudo eludir que una especie de sonrisa apareciese en su rostro.
—Bonnie… —dijo ella, llamando por primera vez a la chica por su apodo, y no por su apellido o nombre de pila.
El mensaje, aunque no era nada del otro mundo, fue lo suficiente como para que a la chica se le formase una gran sonrisa en la cara, sonrisa que incluso duró a la hora de cenar y encontrarse en el gran comedor con su padre.
—¿Ha pasado algo bueno, Marcie? —preguntó él, al ver la gran sonrisa en la que era su única hija.
—Oh, nada —respondió la joven, optando por no decirle a él no del proyecto, o al menos no aún.
De esta manera, los días comenzaron a avanzar, y según el tiempo pasaba la relación entre ambas chicas se afianzaba cada vez más y más, al punto de ocupar mucho tiempo juntas con la gran excusa de ser compañeras, en ese proyecto de ciencias.
Pero internamente, Marceline sabía que no era así, o al menos no para ella.
—Vaya, Marcie, sí que has tomado tu papel en serio —le dijo un día Ash, cuando la muchacha se disculpó ante el grupo al llegar algo tarde, debido a una junta previa con la misma Bonninbel.
—Calla, Ash —respondió ella, mirando algo molesta al que supuestamente era su mejor amigo.
—Mientras que no olvides el plan….
—¡No lo hago! —aclaró de inmediato Marceline, sintiendo de repente mucho calor en el rostro —. Comencemos a tocar, ¿quieres? —añadió, estando un poco hastiada de esa situación.
En vista que aquel día era jueves, y tal y como Bonnibel lo prometió, ella después de haber trabajado con Marceline, se dirigió al cine con su amigo Finn, para justamente ver esas películas de aventura, que tanto a ambos le gustaban.
Aún así, la muchacha, muy ocupada viendo como se desenvolvía la trama en aquella cinta, no notó que Finn le miraba de forma mucho más intensa que otras veces.
No había que olvidar, que aunque ella era sumamente inteligente, por no decir que directamente brillante, la muchacha poseía poca capacidad como para comprender ciertos códigos sociales, como por ejemplo saber cuando tu mejor amigo… gusta de ti.
—¿Te divertiste hoy, Bonnie?
—Oh, claro —la muchacha sonrió de forma abierta —, me gustó mucho sobre todo cuando el héroe…
—Me refiero —y Finn aclaró un poco su garganta —, si te has divertido conmigo.
—¿Ah? —la muchacha miró algo extrañada a su mejor amigo, como no comprendiendo muy bien el sentido de su pregunta —¸no sé a lo que te…
Pero antes que ella pudiese decir o hacer algo, el muchacho sacó valor de quién sabe dónde, y más decidido y valiente que nunca, tomó a la chica por los hombros y le plantó un torpe beso en los labios.
Ciertamente, antes de eso, Bonnibel Bubblegum jamás había tenido un acercamiento de ese tipo con nadie, tal vez porque siempre estuvo demasiado ocupada en sus proyectos, en lo académico, con la ciencia.
Y a pesar de que ella encontraba a Finn guapo, genial y todo, aquel beso estuvo muy lejos a ser uno deseado, uno disfrutado.
Con una extraña sensación, la chica rápidamente desprendió sus labios de los de su amigo, quien tenía una esperanzadora expresión en el rostro.
—Bonnie, yo…
—¡Tengo que irme! —dijo ella de inmediato, y al momento siguiente partió corriendo lo más veloz que pudo hacia su casa, lejos de Finn, lejos de ese incómodo beso, lejos de todo lo que tenía que ver con lo romántico.
Finn, entonces, soltó una grosería y se reprendió a sí mismo por ser tan osado al respecto.
Cuando al día siguiente, Bonnibel Bubblegum ingresó al instituto superior de Ooo, aquella mañana de día viernes, debajo de esos ojos de intenso azul, habían dos grandes y marcadas ojeras.
—¿Pasó algo, Bonnibel? —le preguntó Marceline, apenas se toparon en la zona de los casilleros, siempre la chica de cabello rosa eludiendo cuanto podía a Finn, quien se sentía más avergonzado que nunca.
La joven se quedó mirando a la otra muchacha, como no sabiendo muy bien que qué decirle, en vista que consideraba a ella más amiga de Finn de que de sí misma.
—Nada importante, Marceline.
Sin embargo, la muchacha no se quedó satisfecha con esa respuesta.
—Vamos, puedes decírmelo — y la chica comenzó a seguir a Bonnibel por el pasillo, poniéndose más curiosa a cada momento que pasaba.
Y ella insistió tanto, tanto, que finalmente la chica tuvo que detenerse, fijar la vista al suelo y ponerse algo cabizbaja .—Finn me besó —soltó así nada más, en un tono de voz de lo más bajo.
—¿Ah?
—¡Qué Finn me besó! —exclamó ahora la muchacha, desprendiendo su mirada de suelo, y fijándola ahora en la silueta de Marceline, la cual al oír esto la expresión de su rostro se desencajó casi por completo.
Sus ojos rojizos se abrieron más que nunca, y otra vez ese amargo sabor invadiendo a su paladar por completo.
—¿Es… en serio? —dijo la chica, cómo no pudiendo creer que el Finn que conocía, hubiese tenido el coraje como para hacer eso.
—Sí… —y por alguna razón, los ojos de Bonnibel comenzaron a humedecerse, clara señal de llanto.
—Hey, tranquila —Marceline, olvidando de pronto todo, rodeó a la chica de los hombros, y la atrajo hacia sí —, no tienes por qué llorar —y de pronto, la duda asaltó en su cabeza —. ¿Te gustó?
—No —respondió enseguida la muchacha, la cual ahora en su rostro corrían saladas lágrimas—, y creo que es lo peor de todo, lo de no poder corresponderle.
Y aunque tal vez lo que estaba haciendo en esa situación era de lo menos correcto, Marceline Abaader sonrió mucho, mucho.
Porque al fin y al cabo, esta era su oportunidad perfecta, su oportunidad perfecta como para tal vez hacer algo que si bien no estaba en un principio en sus planes, sí ahora que se encontraba junto a ella, aspirando ese dulce, dulce aroma, estaba ahora presente en su cabeza.
Porque ella sería suya.
Espero que me dejen reviews, saben muy bien que ellos me apoyan y me dan ganas para seguir con la historia ^-^
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