Hola hola jeje se que me tarde pero esq stoy en examenes jeje pero aki sta el capi jeje

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 4

La había visto antes, por supuesto. En la pantalla parecía más grande que en la vida, indomable, intocable. La cara, casi místicamente perfecta, podría dominar las fantasías de un hombre. Era una fachada. Emmett entendía de fachadas, cómo se podían formar, alterar o desterrar según lo requirieran las circunstancias. Mientras con mirada indiferente asimilaba todo el entorno, se preguntó cuánta sustancia habría bajo ese exterior de satén y seda.

-Rosalie, te presento a Emmett McCarthy -intervino Matt.

Ella cruzó las piernas. Con una especie de gracilidad perezosa, le ofreció la mano.

-Encantada -murmuró, poniéndose rígida cuando los dedos de él se cerraron con firmeza sobre los suyos. No le estrechó la mano ni se la llevó a los labios en el gesto europeo que de pronto supo que él sería capaz de expresar. Simplemente la sostuvo mientras sus pálidos ojos verdes la estudiaban.

La piel de ella era como el satén que vestía, suave, fragante y fría-mente femenina. La de él era dura, inflexible y oscurecida por el sol. Se paralizaron un momento, ella en el sofá, él de pie, con las manos aún unidas. Rosalie ya había librado combates con hombres, y solo una vez había perdido. Entendía que le habían tirado el guante y aceptó el desafío.

-¿Sigue siendo vodka con hielo? -preguntó Matt mientras se dirigía al bar.

-Sí -con una ligera inclinación de cabeza, Emmett indicó que sabía que el juego estaba en marcha. Relajó los dedos despacio para dejar que la mano de ella se soltara-. Matt me ha contado que tiene un problema.

-Al parecer así es -extrajo un cigarrillo de una pitillera de porcelana de la mesa, luego enarcó una ceja. Cuando Emmett sacó un mechero del bolsillo y lo encendió, sonrió y se acercó un poco más-. Me temo que no sé si usted es el hombre para enfrentarse a él... -alzó la vista y sostuvo su mirada antes de reclinarse otra vez-.., señor McCarthy.

-Me siento inclinado a estar de acuerdo con usted... señorita Cullen -por segunda vez sus miradas se enfrentaron, y algo no del todo placentero vibró entre los dos-. Pero como estoy aquí, ¿por qué no me lo cuenta? -aceptó la copa que le ofreció Matt, luego le lanzó una mirada antes de que el otro pudiera hablar-. ¿Por qué no dejamos que la señorita Cullen me ponga al corriente, ya que se trata de su problema?

Como agente, Matt sabía cuándo negociar y cuándo retroceder.

-Perfecto, yo llenaré mi boca con algunos de esos canapés -se sentó.

-He estado recibiendo algunas llamadas de teléfono molestas -lo expuso de forma casual, pero la tensión se manifestó fugazmente en el modo en que cerraba y abría los dedos.

Emmett estaba acostumbrado a registrar los detalles pequeños. En ese momento notó que las manos de ella eran bastante pequeñas y finas, con dedos largos, las uñas redondeadas pintadas con laca transparente. En ningún momento los dedos llegaban a quedarse quietos del todo.

-¿Llamadas telefónicas?

-Y cartas -se encogió de hombros y el satén susurró-. Empezó hace unas seis semanas.

-¿Llamadas de teléfono obscenas?

Rosalie alzó el mentón, incapaz de resistir el impulso de mirarlo con altanería.

-Supongo que eso dependería de su definición de obsceno. La suya puede diferir mucho de la mía.

El humor danzó en los ojos de él y los hizo extrañamente atractivos. Ella se preguntó fugazmente cuántas mujeres habían entrado en la guarida del león para ser devoradas por él.

-No me cabe ninguna duda: Continúe.

-Al principio... se podría decir que al principio me divirtieron. Parecían inofensivas, aunque molestas. Luego... -se humedeció los labios y fumó-. Luego se hicieron más atrevidas, más explícitas. Me provocaron inquietud.

-Debería cambiar de número de teléfono.

-Lo he hecho. Las llamadas pararon durante aproximadamente una semana. Empezaron otra vez hoy.

Cuando Rosalie se recostó en el sofá, Emmett probó el vodka. Igual que ella, era de primera calidad.

-¿Reconoce la voz?

-No, susurra.

-Podría volver a cambiar de número -el hielo sonó en el vaso mientras se encogía de hombros-. O conseguir que la policía pinche su línea.

-Estoy cansada de cambiar de número -con impaciencia, apagó el cigarrillo-. Y no quiero a la policía. Preferiría que reinara la discreción. Matt parece pensar que usted es la respuesta.

Emmett volvió a beber. La habitación estaba decorada con diferentes tonalidades de blanco, pero no era virginal. La misma ausencia de color, con ella en el centro, resultaba tentadora. Tenía la certeza de que ella lo sabía. En todos los papeles de sus películas había interpretado el papel de una mujer que jugaba con las necesidades de un hombre, con sus debilidades y sus sueños más íntimos. Podía provocar poca simpatía hacia una mujer que a propósito proyectaba una imagen diseñada para excitar a los hombres y que luego se quejaba por unas pocas e inofensivas llamadas telefónicas.

-Señorita Cullen, probablemente ya sabe que los hombres que realizan este tipo de llamadas no hacen otra cosa más que hablar. Le sugeriría que volviera a cambiar de número, luego que durante un tiempo contestara el teléfono alguna de sus empleadas, hasta que el tipo se canse.

-Emmett -Matt removió el contenido de su copa. Tenía la costumbre de mantenerse en movimiento cuando se hallaba bajo presión... las manos, los pies. En ese momento carraspeó y trató de aquietarse-. Eso no es mucha ayuda.

-Puede contratar a un guardaespaldas si eso hace que se sienta mejor. Desde luego, se podría reforzar la seguridad de la casa.

-Puede que necesite alambre de púas y perros guardianes feroces -intervino Rosalie, poniéndose de pie.

-Es el precio que paga por ser lo que es -manifestó Emmett con frialdad.

-¿Lo que soy? -ella agudizó la expresión-. Oh, comprendo. Salgo en la pantalla, no me pongo trapos baratos ni me cubro la cara con un velo, lo que significa que yo me he buscado lo que tengo. Y además me lo merezco.

Su belleza distante resultaba atrayente, pero su exabrupto apasionado era como ver fuego en el hielo. Emmett soslayó el nudo que sintió en las entrañas y se encogió de hombros.

-Se acerca bastante.

-Gracias por su tiempo -se volvió, pero antes de poder evitarlo, lo encaró otra vez-. ¿Por qué no da un paseo por el siglo veinte? El hecho de que una mujer sea atractiva y no lo oculte, no significa que merezca verse sometida a abusos, ya sean verbales, físicos o emocionales.

-No creo haber dicho que una mujer atractiva, o cualquier mujer, merezca recibir abusos -comentó él.

El tono indiferente que empleó solo ayudó a encenderla más.

-Por el simple hecho de ser actriz y de que la sexualidad forme parte de mi profesión no significa que sea una presa fácil para cualquier hombre que desee llevarse una parte de mí. Si interpreto el papel de asesina, no significa que deba ir a juicio.

-Despierta las fantasías más primitivas de un hombre, señorita Cullen, y lo hace en Tecnicolor. Tiene que haber alguna consecuencia.

-Así que debería recibir mi medicina -murmuró-. Es usted un idiota. Es el tipo de hombre que cree que si una mujer acepta salir a cenar con él debería pagar por ello con un revolcón entre las sábanas. Bueno, pues yo puedo pagar mi propia cena, señor McCarthy, y manejar mis propios problemas. Estoy segura de que sabrá encontrar la salida.


Uuuuy las cosas se stan poniendo interesantes jeje creo q Rosalie no se va a dejar de nuestro Emmett jeje

espero reviews jeje