bueno aqui llega el capitulo 4, no se si el siguiente sea el ultimo, aunque digamos que me estoy pensando en hacer algo asi como una especie de segunda temporada, donde no solo haya un nanofate, sino un subarutiana... ia que veo que esta pareja no tiene ningun fic, y creo que son potencialmente buenas... bueno sin mas

ni Mahou Shoujo Lyrical Nanoha ni sus personajes me pertenecen.


Capitulo 4. Descanso.

Una chica rubia de bata blanca, entraba a una habitación.

-Nanoha-San...- la pelirroja volteó al ver a la rubia.

- Shamal...¿querías algo?- preguntaba la chica sentada al lado de una cama donde descansaba Fate.

- Necesito que vengas conmigo un momento.- contesto la chica de bata blanca.

La pelirroja la siguió por varios pasillos hasta entrar a su despacho. Donde vio a una castaña con cara de preocupación.

- Hayate...- saludo la ojiazul.

- Nanoha-Chan...- miro mientras la pelirroja tomaba asiento.

- ¿Ocurre algo?- pregunto con tono intranquilo.

- Veras... Shamal y yo, tenemos algo que contarte.- dijo la castaña mientras la rubia tomaba asiento tras una mesa.

- ¿Algo que tiene que ver con Fate-Chan verdad?- bajo la cabeza.

- Bueno... no es nada grave... es solo que hemos estado haciéndole pruebas.- comento la rubia, mientras la pelirroja la miraba atentamente.- hemos descubierto algo en su sangre...es una especie de veneno.

- ¡¿Veneno?!- exclamo la ojiazul nerviosa.

- Sí... pero no debes preocuparte. Las cantidades no son mortales, pero...- callo un momento para coger aire.- le están produciendo mareos y fiebres altas que no conseguimos aplacar.

- Pero... ¿de dónde salio ese veneno?- pregunto desconcertada la pelirroja.

- Nanoha-Chan...- hablo la castaña.- Realmente no sabemos lo que paso en aquella misión, solo sabemos en las condiciones en las que llego.- la castaña miró fijamente a la ojiazul.- su cuerpo ha sido maltratado de una manera que nadie pudo imaginar.- entristeció la mirada.- es posible, que ese veneno se lo inyectaran las personas que le hicieron eso.- se levantó y se sentó al lado de la pelirroja .

- Ayer me enseño sus heridas y realmente me quede impactada.- decía la chica mientras pasaba la mano por su cara.

- ¿Te contó algo?- preguntaba la castaña mientras acariciaba su espalda.

- No... solo me dijo que mirara... se quitó la parte de arriba y...- comenzó a llorar.

- Tranquila... yo no la he visto aun. Solo los médicos de la administración la han visto. Ellos nos dijeron lo del veneno.- decía la castaña mientras agarraba una mano de la pelirroja.

- Hayate-Chan... ¿de que iba la misión?- se secaba las lagrimas para mirar a la castaña.

- Pues... ella tenia que infiltrarse y conseguir pruebas de un experimento que estaban haciendo, para potenciar la magia, hasta niveles incalculables.- seguía acariciando la espalda de la pelirroja.- pero cuando entro en el edificio, descubrimos que el campo AMF de aquel lugar era inestable.- dijo mirando fijamente a los ojos de la ojiazul.- y repentinamente se expandió, perdiendo toda comunicación con ella. Eso fue lo ultimo que supimos de ella.- dijo con la mirada triste.

- ¿Que paso después?- miro a la castaña aun con algunas lagrimas que volvía a secar.

- Pues luego aunque intentamos buscarla por todos lados, no supimos más de ella.- bajo la cabeza.- pensé que la habíamos perdido.- dio un suspiro.

- ¿Y luego como apareció?- pregunto de nuevo la ojiazul.

- Pues en una misión en una zona totalmente deshabitada, encontramos partes de un campo AMF igual al del laboratorio.- dijo volviendo a mirar a la chica.- aunque no sabíamos que Fate-Chan se encontraba ahí.- puso una mano en su cara con preocupación.- así que atacamos la zona arrasándola.

- ...- la pelirroja quedó sorprendida porque aquello y se tensó.

- A los pocos días, mandamos algunas unidades de la TSAB para hacer un reconocimiento. Y ella apareció de la nada.

- ¿Quién la encontró? - preguntaba nerviosa.

- Tiana.- suspiro.- la llevamos inmediatamente a la Agencia de Administración. Y allí estuvo ingresada hasta hace poco.

- ¿C-Cuanto tiempo estuvo desaparecida? - pregunto asombrada.

- Pues... ocho meses.- contesto la castaña.

- ¡¡OCHO MESES?? - exclamo la pelirroja levantándose de golpe del sofá.- ¿por qué no me dijiste nada Hayate-Chan?

- Lo siento Nanoha-Chan... lo tenia prohibido.- decía la castaña apenada.

- ¿Y si hubiera muerto y no hubierais encontrado su cuerpo?- pregunto muy nerviosa.

- Y-yo... tenia la esperanza de que aparecería.- juntaba sus manos.- un mes más, y hubiera tenido que darte la mala noticia.- La pelirroja se dejó caer de nuevo sobre el sofá, intentando organizar sus pensamientos.

- No me extraña que se comporte así.- bajaba la cabeza.

- Lo daños físicos no son el problema... lo peor son los mentales.- la castaña se levantó del sofá.- es posible... no... seguramente Fate-Chan, este pasando un verdadero trauma ante todo esto.

- ¿qué...quieres decir? - levanto la cabeza la pelirroja para mirarla.

- Creo que a causa de lo sucedido ella no vuelva a ser la que era Nanoha-Chan.- caminaba despacio por la habitación, dando vueltas.- hay que ser muy pacientes con ella.-suspiro.

- Lo peor serán sus cambios de humor... Nanoha-San... ¿has notado eso en ella?- preguntaba la rubia que no había hablado en toda la conversación.

- Ciertamente se ha estado comportando de un modo extraño.- contesto la pelirroja algo abrumada.

- Bueno, estamos intentando extraer ese veneno de su cuerpo, a ver si así conseguimos que se estabilice.- comentaba la chica de bata blanca.

- ¿Cuánto tiempo pasara ingresada?- miraba a la rubia con desconcierto.

- Pues, esperamos que despierte a lo largo del día.- contesto la rubia aun sentada detrás de la mesa.- así que creo que en unos días pueda salir.- dijo esta levantándose.


Abrió los ojos suavemente, sentía un dolor de cabeza insoportable, y el estómago revuelto, miro a su alrededor, estaba en una habitación, con algunas maquinas conectadas a ella. Paso su mano por la cara. Noto algo de peso en sus piernas y levanto su cabeza para mirar. Ahí estaba, una pelirroja recostada encima de la cama con los ojos cerrados. Se incorporó en la cama y extendió su mano para acariciar la cabeza de la instructora. Poco a poco recordó lo ultimo que había pasado.- otra vez estos malditos mareos y este dolor de cabeza.- pensó mientras pasaba su mano dulcemente por la cara de la chica, que al sentir el calor, se despertó.

- Lo siento, ¿te he despertado?- pregunto la rubia.

- La calidez de Fate-Chan es el mejor despertar que se pueda tener.- contesto la pelirroja frotándose los ojos.

- Nanoha...- sorprendida por lo que había dicho la ojiazul sus mejillas tomaron color.

- Fate-Chan... ¿cómo te encuentras?- murmuro la chica mientras se levantaba de la silla, para sentarse en el borde de la cama.

- Estoy...mejor.- miraba los ojos de la pelirroja muy cerca de ella.

- Fate-Chan...- dijo esta cogiendo la mano de la rubia y poniéndola en su cara.- siento mucho lo que paso ayer.- bajo la cabeza.

- Perdóname tu Nanoha, no debí comportarme así.- con la mano aun en la mejilla de la pelirroja levanto su cabeza para que la mirara.- los ojos de Nanoha lograron que yo no muriera allí...-suspiro.

- Fa-Fate-Chan...- miraba fijamente a la rubia que le regalaba una de sus sonrisas. Se ruborizó por completo y agacho la cabeza con una pequeña sonrisa.

- Nanoha... yo...- guardo silencio.

- ¿Por qué callas?- pregunto la pelirroja levantando de nuevo la cabeza.

- Porque... hay cosas que no son fáciles de decir Nanoha...- apretó la mano de la pelirroja bajándola de su mejilla.

- No tienes de que preocuparte. Yo estaré siempre contigo.- le dijo la ojiazul con una sonrisa.

- Na-Nanoha...- susurro.


Días después...

- Bien chicos hasta aquí el entrenamiento de hoy, podéis ir a comer y descansar. - decía la instructora a unos reclutas sentados en el suelo, con notable cansancio. Todos se levantaban para irse. La pelirroja terminaba de meter datos en las pantallas que tenia abiertas. Cuando recibió la llamada de la comandante para que fuera a su despacho.

Se dirigió inmediatamente. Toco la puerta, y alguien del otro lado le dijo que pasara.

- Hayate-Chan...- saludo la instructora.

- Nanoha-Chan- respondió la castaña.- tengo una pequeña misión para ti.- dijo con una pequeña sonrisa.

- ¿mh?¿de qué se trata?- pregunto sorprendida.

- Pues veras, he estado hablando con algunos de los médicos que han estado tratando a Fate-Chan.- dijo la castaña mientras se sentaba tras su mesa.- y me han recomendado que le demos unas vacaciones.

- Ya... pero...¿qué tengo yo que ver con eso?- pregunto bajando un poco la cabeza.

- Pues mucho.- contesto de nuevo con una sonrisa.- tu estarás a su cargo.

- ¿Cómo?- la miraba asombrada.

- Pues que, vamos a enviar a Fate-Chan a algún lugar, para que se despeje y se relaje, y tu seras su acompañante.- miraba alegre a la pelirroja que aún no salia de su asombro.

- Pero ¿y Vivio? No puede faltar a clases.- pregunto la pelirroja

- Por eso no debes preocuparte, su abuela, Lindy-San, esta encantada de cuidarla.- respondió la castaña.- y no hay más que hablar, es una orden Nanoha-Chan.

- Mooouuu Hayate-Chan, ¿siempre tienes que ponerme las cosas como una orden?- pregunto la pelirroja con el ceño fruncido.

- Es que sino, no me haces caso...- rió tapándose la boca con la mano.- así que ve a preparar tus cosas, salís esta tarde.

- ¿Esta tarde?¿ pero Fate-Chan lo sabe?- pregunto acercándose a la mesa.

- Sí, hace un rato la hice venir, y se lo dije.- se levantó de la silla.

- ¿Y que dijo?- puso sus manos en la espalda mientras un pequeño rubor llegó a sus mejillas.

- Pues... se puso como tu...hizo las mismas preguntas.- sonrió mientras salia de detrás de su mesa.- ahora vete de aquí tengo trabajo, y tu una misión.- decía mientras ponía las manos en la espalda de la pelirroja enseñándole el camino de salida.

Llegue a mi casa, me encontré a Fate-Chan, a su madre y a mi hija, que miraban como entraba, para saludarme. Fate-Chan, tenia a Vivio cargada en sus brazos, y parecían felices sonriendo. Al final creo que le gusto la idea del viaje. Despedimos a su madre y a Vivio, y nos pusimos a preparar las cosas para partir esa misma tarde. No entiendo lo que se le pasa a Hayate-Chan por la cabeza a veces, pero mirando a Fate-Chan, puedo asegurar que igual era buena idea. No sabíamos donde íbamos a ir, no nos lo dijeron, solo debíamos ir.

Al llegar, lo primero que vieron fue una enorme playa de arena blanca. Hacia una suave tarde, con una brisa fresca. Las chicas asombradas miraron aquel paisaje totalmente de ensueño. Caminaron un rato por la arena para avistar una pequeña casa al final. Imaginaron que seria el lugar donde dormirían, así que se dirigieron allí sin pensarlo. Abrieron la puerta y se encontraron un gran salón, con una barra que separaba la cocina y unas escaleras. Las dos muchachas estaban sorprendidas al ver aquel lugar tan tranquilo y apacible. Algo que sin duda la rubia necesitaba después de haber pasado por tantas cosas desagradables. Subieron al segundo piso y entraron en la habitación principal donde había una cama parecida a la de su casa. Dejaron sus cosas allí, y Nanoha decidió curiosear un poco, mientras Fate iba a darse un baño.

La pelirroja llegó a la cocina y abrió el frigorífico para encontrarlo lleno.- bueno está claro que hambre no vamos a pasar.- pensó la chica. Salio fuera para ver la hermosa vista de la playa con un cielo totalmente rojo. Se quedó allí un momento mirando el ocaso, mientras apoyaba sus brazos en el pasamano.

- Nanoha.- llegaba la chica con el pelo mojado

- Fate-Chan... esto es realmente precioso.- dijo mientras miraba de reojo a la rubia que se puso a su lado.

- si... es muy bonito.- miraba al cielo para ver aparecer las primeras estrellas.

- Hayate-Chan tiene buenas ideas a veces, ¿no crees?- dijo sonriéndola

- mhm...- afirmo con la cabeza.

- Fate-Chan...¿cómo te encuentras?- pregunto la ojiazul algo preocupada, al ver lo seria que permanecía la rubia.

- Bien...- contesto mientras entraba de nuevo a la casa.

No lo entiendo...aun estando en un sitio así, sigue siendo tan fría.- pensó la pelirroja.- ¿y si es cierto, eso de que, no volverá a ser la misma? No puede ser... Fate-Chan, siempre fue amable y cariñosa, nunca ha sido así, y menos conmigo.- bajaba la cabeza.- Fate-Chan...si tú supieras lo que sufro... si tú supieras que yo...- fue sacada de sus pensamientos con la llamada de la rubia. Entro en la casa y la vio en la cocina sacando cosas de la nevera.

- Deberíamos preparar algo para cenar.- comento la rubia.

- si... Fate-Chan ¿que te apetece comer?- pregunto con una sonrisa.

- Me da lo mismo.- contesto secamente.

- Fate-Chan...- hizo una pausa.- ¿acaso no sabes lo preocupada que estoy por ti?

- Sabes... la verdad es que se me ha quitado el hambre.- respondió la rubia para ir hasta la puerta principal y salir.

- Fate...Chan...- agacho la cabeza con los ojos vidriosos.

Maldita sea, estas malditas náuseas, no me dejan vivir. Encima he dejado más preocupada a Nanoha... - caminaba por la arena descalza.- pero no quiero que me vea fatigada y preocuparla más... No sé que me pasa que cada vez que me siento mal, detesto que me vean débil. Aprendí a esconder tantos sentimientos durante ese tiempo que sacarlos ahora me parece imposible.- el aire fresco le daba en la cara, dejándose caer sobre la arena para sentarse.- ¿qué debo hacer?¿porque Hayate nos trajo aquí?¿en qué estaba pensando? este sitio es demasiado romántico... demasiado solitario... demasiado pacífico... no puedo soportarlo...

Pasaba su mano por la cara mientras sentía un pequeño mareo.- ojalá me hubieran podido extraer todo ese maldito veneno, pero al parecer no se pudo y ahora tengo que estar encima medicándome.- una rabia incontrolable estaba naciendo dentro de ella. - no lo puedo soportar, es que no puedo.- decía con lagrimas en los ojos, mientras se dejaba caer hacia atrás.- cada vez que sienta esto debo alejarme de ella, dejándola preocupada...porque tengo miedo.- sus lagrimas amargas bajaban por su rostro.- Nanoha... si supieras lo importante que eres para mí... y el miedo que tengo a lastimarte...no quiero volverme como mi madre... -¡NO!- grito al aire, mientras comenzaba a respirar agitadamente, y sus pulsaciones se iban acelerando. Notaba ansiedad y ganas de escapar de todo lo que sentía.- ¿que puedo hacer Nanoha?- puso sus manos sobre su cara, mientras no paraba de llorar.

- Fate-Chan...- hablo la pelirroja mirando a la rubia tumbada en el suelo y con las manos en la cara.- - Fate-Chan...- volvió a llamarla, y se arrodilló cerca de su cabeza, con una mano acaricio su pelo, mientras la miraba con cariño.- sé que estás llorando, te conozco.- puso su mano encima de las manos de la enforcer y se recostó a su lado.- yo... no puedo adivinar como te sientes sino me lo explicas.- apoyo su cabeza en el hombro de la rubia.- Fate-Chan siempre fue obstinada... pero nunca fue así conmigo.- puso una mano sobre su estomago.- déjate ayudar Fate-Chan, por favor.- bajo la cabeza un poco.- no eres débil por llorar delante de mí.- aquel comentario hizo que la rubia retirara sus manos de la cara y abriera los ojos todo lo que pudo.- si Fate-Chan quiere llorar, yo lo hare con ella, para eso están las amigas.- la rubia agachó su brazo pasándolo por detrás de la espalda de la ojiazul. La abrazó fuertemente mientras su dolor se expresaba en lagrimas y lamentos, que partían el corazón de la pelirroja, cerrando sus ojos fuertemente mientras sus lagrimas empapaban la camisa de la enforcer. Estuvieron durante horas allí tumbadas, mientras la pelirroja escuchaba el llanto de la persona que tanto le importaba.

Poco a poco los sollozos de la rubia dejaron de sonar, ya no había espasmos, y su abrazo fue aflojándose pausadamente. La instructora levantó un poco la cabeza, para comprobar que se había quedado dormida. Rompiendo su abrazo con cuidado, se acercó a su cara, y beso su frente, para volver a abrazarla. Mientras la enforcer se acurrucaba en su pecho. La pelirroja miraba la oscuridad de la noche. Miles de estrellas había en aquel cielo. Y se podía ver varias lunas. Realmente algo espectacular, pero lo más maravilloso para ella en ese momento, era sentir la calidez del cuerpo de su amiga.

El frío de la madrugada despertó a la enforcer, que se vio acurrucada por la pelirroja, que ahora también dormía. Noto el cuerpo de esta frío, y abriendo sus brazos con cuidado de no despertarla, la levanto del suelo. La pelirroja automáticamente se abrazó a ella y susurro su nombre. Testarossa cargo con ella hasta la casa, y la recostó en la cama, arropándola. Se quedó un instante mirando su cara mientras su respiración era pausada y profunda.- eres tan hermosa... tanto...- le acariciaba la mejilla, mientras un pequeño sonrojo subía a sus mejillas.- Nanoha...- susurro muy bajito. Fue a la planta baja y no pudo evitar mirar fuera, el sol estaba comenzando a salir, y el cielo se iba tiñendo de mil colores. Se preparó un té y volvió a salir fuera. Se sentó en una silla mientras miraba el amanecer y bebía su té caliente. Algo que no hacia desde hacia mucho tiempo. Recordó como había llorado en brazos de la instructora, que no la soltó ni un solo minuto. Un deseo incontrolable dentro de ella se clavó en su pecho.- Nanoha...¿volverás a conseguir salvarme esta vez?- se preguntaba para sí.

La luz del día nacía en todo su esplendor. Los rayos del sol entraban en la habitación, para despertar a Takamachi. Abrió los ojos lentamente y al palpar a su lado no encontró a nadie.- ¿Are? Yo estaba con Fate-Chan en la playa... ¿como amanecí aquí?¿ y donde esta ella?- se preguntaba, mientras se levantaba y frotaba sus ojos, para despejarse. Bajo las escaleras y vio en la barra un bonito desayuno. Sintió unos brazos atraparla desde atrás, y una suave y dulce voz, deseándole buenos días. Aquello hizo que un sonrojo apareciera en su rostro, junto con una sonrisa. Dejo caer su cabeza hacia atrás. Mientras la rubia apoyaba la suya en ella. Y deseo que aquel momento no se rompiera jamas.

- Nanoha...Gracias.- susurro al oído de la pelirroja.

- Fate-Chan.- murmuro sorprendida.- ¿por qué me das las gracias?

- Porque después de tanto tiempo.- apreto más el abrazo.- sigues a mi lado.- dijo esta sin poder evitar darle un dulce beso en su cuello. Que hizo reaccionar a una instructora poniéndose totalmente roja.

- ¿Fa-Fate-Chan? - pregunto agachando la cabeza totalmente avergonzada.

La enforcer rompió el abrazo, para sentarse en una butaca.- por dios, no se de donde saque fuerzas para no seguir besándola...- pensaba con la cabeza agachada mientras disimulaba poniendo mantequilla a una tostada. La ojiazul desconcertada por lo que acababa de hacer la rubia, se sentó aun sonrojada.- por un momento... creí que se me pararía el corazón...- las dos desayunaban en silencio. Un silencio incómodo, pero la rubia al notar aquello, sé levando con una tostada en la mano y camino para apoyarse en el pasamano de la terraza. La instructora no sabia que hacer. Se tocaba las mejillas notando aun el calor en ellas.- Fate-Chan cada vez que se acerca a mí consigue que se me pare hasta la sangre.- pensaba la chica aun un poco acalorada por la situación de aquel momento. Mientras la rubia miraba sus manos como le temblaban ligeramente.- ¿que fue eso Fate?- se preguntaba nerviosa, terminando de comer su tostada.

El día fue pasando. Decidieron después de aquel momento de tensión, irse a dar un baño a la playa. La instructora no le quitaba el ojo de encima a la enforcer que estaba de pie cerca de la orilla, dando pequeñas patadas al agua que llegaba en forma de insignificantes olas. La rubia miraba hacia atrás de vez en cuando disimuladamente, para ver a una Takamachi en bikini.- diablos, al menos podría no provocarme de ese modo.- se acercó donde estaba la instructora para quitarse la camisa que llevaba. Pero al recordar todas las cicatrices de su cuerpo, paro un momento. Miro para la pelirroja que la miraba con cara triste.

- Fate-Chan...- susurro Takamachi.- no te preocupes por eso, nadie más lo va a ver, estamos solo nosotras dos.

. Lo se...- bajo la cabeza.- pero es que...no puedo evitar verme y...- guardo silencio.

- Sé que no es por mí... sino por ti...pero cuanto antes te hagas a la idea, antes lo podrás superar.- dijo la instructora poniéndose de pie.- además existe la magia, y aunque aún no podamos hacer nada, en unos meses, lograran solucionar lo de las cicatrices.- dijo está desabrochando los botones de la camisa. La rubia miraba los hermosos ojos de la pelirroja, que con el reflejo del sol eran aun más brillantes. Termino de desabrochar su camisa y despacio se la fue retirando, mientras la pelirroja no pudo evitar, sentir una punzada en el pecho al ver todas aquellas marcas. Sentía deseos de abrazarla y no soltarla nunca, para que nadie le volviera a hacer daño. La enforcer la miraba con los ojos tristes.

Pero sintió como la ojiazul pasaba los brazos por su cuello y la abrazaba, abrazo que era correspondido por Testarossa. Así que se dieron un baño y pasaron allí el resto de la tarde. Mientras el crepúsculo daba paso un cielo intensamente rojo, las dos chicas permanecían sentadas observando como el sol moría dentro del mar. La pelirroja no pudo evitar mirar la espalda de la enforcer, y sin que la viera puso la mirada triste. Se fijó que estaba algo temblorosa, y la cubrió con la toalla.

- Gracias.- decía la rubia mirando para atrás a la instructora, que al ver sus hermosos ojos color carmesí, aun más rojos por el atardecer, no puedo evitar ruborizarse.-¿ocurre algo Nanoha?

- N-No...- dijo evitando la mirada de esta.- ¿por qué me pongo así?¿por qué no puedo evitar sentir esto por ella? Ella... no creo que comprenda nunca mis sentimientos, ya que yo por mucho que lo he intentado siempre, no puedo evitar verla más que como una amiga.- pensaba bajando la cabeza. Pero la rubia se giró hacia ella y con su mano levanto su cara.

- Nanoha...- al mirarla, con aquellos enormes ojos azules y aquel hermoso sonrojo en sus mejillas, quedo paralizada.

- ¿Fa-Fate-Chan? - con su mano toco la de la enforcer, haciendo que esta también se ruborizara.- yo...

- Na...no...ha..yo...- por mucho que lo intentaba no podía hacer que su boca dejara las palabras. Pero estaba cansada de guardar todo dentro.- Nanoha.- dijo decidida.- puede que tu... no apruebes lo que tengo que decirte... p-pero sé, que sino te lo digo ahora, jamas podre hacerlo.- la pelirroja miraba los ojos de la rubia fijamente, creyó meterse en ellos. La calidez de la mano de la enforcer aun sostenía la barbilla de la pelirroja.- Nanoha...tengo que decirte algo importante.

- Fa-Fate-Chan...- pronuncio la instructora curiosa, al querer saber que era eso que le tenia que decir, pensando que tendría que ver con lo que le ocurrió y aquella misión tan desafortunada.

- Hace mucho tiempo... mucho... que yo no puedo evitar sentir esto que estoy sintiendo...y es que me está volviendo loca.- retiraba la mano de la cara de la pelirroja y se giró de frente.- fue el principal motivo de haber cogido aquella misión, y parece que pague por callarlo.- bajo la cabeza.- pero... ahora no voy a hacerlo, ¡ya no más!- exclamo cerrando una de sus manos agarrando arena.

La pelirroja solo escuchaba atentamente.- Nanoha... yo... yo te amo.- agacho más su cabeza. Un silencio quedó en el aire... la brisa jugaba con el pelo de las chicas. Y la instructora se había quedado con los ojos totalmente abiertos y clavada en el suelo. Su corazón se había parado, y no había aire suficiente para llegar a sus pulmones. Simplemente se quedó sin palabras, intentando que le saliera algo. Pero fue imposible. La enforcer al no recibir ninguna respuesta, creyó ser rechazada, se levantó rápidamente y comenzó a caminar por la arena. Sin ningún destino, solo quería desaparecer, dejar de existir por lo que había dicho.

Sumergida en sus pensamientos, unas manos aparecieron de detrás, convirtiéndose en un abrazo, haciendo que parara su camino. La pelirroja apreto contra ella a la enforcer, sintiendo su cálido cuerpo, sin dejarla escapar, esta vez no la dejaría ir. No dejaría que se volviera a alejar nunca más. La rubia soltó sus manos suavemente, y se giró asombrada.

- ¿Na-Nanoha...?- pregunto sin entender nada.

- Fate-Chan... no te vuelvas a alejar de mí.- decía mientras levantaba la cabeza para mirarla a los ojos, un sonrojo apareció en los rostros de las dos chicas, que se miraban fijamente. La pelirroja puso sus manos en el pecho de la enforcer y acerco su cabeza para escuchar su corazón. La rubia rodeó con sus brazos a la pelirroja. Separándose luego ligeramente y volverse a perder en la mirada de la otra. Allí las dos mirándose, parecía que el mundo se había parado, y que el ocaso nunca llegaba a su fin, la suave brisa, las olas del mar, realmente aquello parecía el paraíso,

fin del capítulo 4


bueno este capitulo explica cosas sobre la mision, y tambien es mas relajado que el anterior, que creo que afecto bastante, o eso pienso. un saludo y hasta el proximo capitulo.