Arthur caminó por el largo pasillo, demasiado enojado como para recordar que no tenía idea de donde se encontraba el baño. Una vez que dejó de pisar fuertemente y refunfuñar en voz baja, se detuvo abruptamente y pareció mirar a su alrededor por primera vez.

-¿Dónde está…?

Al mirar alrededor y no saber donde se encontraba, decidió revisar las habitaciones en busca del baño.

Gatorade hervido… ¿A quien se le ocurre semejante idiotez?¿Podría ser que semejante golpe le afectó la cabeza? No... él ya era así desde antes.

Estaba tan ocupado pensando en lo ridículo de todo, que le tomó unos segundos registrar la habitación en la que se encontraba. Se quedó paralizado al reconocer aquel lugar y recorrerlo con la mirada.

Las paredes estaban forradas de posters y dibujos desgastados por el tiempo. Había ropa amontonada en una esquina y sábanas alborotadas encima de la cama. Cerca de la ventana, un escritorio perfectamente ordenado que contrastaba con el resto del lugar.

Arthur dio un paso adelante, todo pensamiento con relación al baño, olvidado.

Se acercó lentamente a la cama, pasando los dedos por las estanterías llenas de videojuegos y muñecos -figuras de acción-. Recordó la voz de Alfred corrigiendo a todo aquel que se equivocara, porque "obviamente es diferente, chicos, las figuras de acción son de awesome heroes". Soltó una pequeña risa al recordar como lo había molestado con eso. Ese pequeño brote de felicidad se convirtió en una sonrisa al notar que estaban libres de polvo. Los ha estado limpiando, pensó.

Fue caminando lentamente hasta llegar al pie de la cama. Sintió como la nostalgia lo invadía y le causaba una opresión en el pecho. Tantas tardes de juego, tantas charlas a media noche… Y Alfred había olvidado todo.

Y ahora que estaba aquí, no podía recordar el momento exacto en que dejó de visitar esta casa, el día en el que dejó de reírse tan abiertamente de las bromas de Alfred. Los dos se habían distanciado, y no era culpa de nadie, simplemente sucedió.

Arthur supuso que había comenzado hace dos años, cuando entraron a preparatoria y les tocó en grupos diferentes.

Alfred comenzó a juntarse con Kiku, un alumno extranjero que estaba en el mundo de todos los videojuegos y cómics que al rubio le interesaban tanto. A su vez, Arthur, por alguna extraña razón, se juntaba cada vez más con Francis. Era cierto que tenían sus diferencias, pero ambos podían hablar de cosas que Alfred consideraba "aburridas" y "de viejitos".

Las tardes de juegos se convirtieron en charlas cortas, las bromas se convirtieron en discusiones. Los deseos y miedos que alguna vez habían compartido se convirtieron en simples recuerdos. Y lentamente dejaron de buscar la presencia del otro. De no ser porque tenían algunas clases juntos, hubieran dejado de hablar hace tiempo.

Arthur estaba perdido en sus pensamientos cuando un objeto en particular llamó su atención. Entrecerró los ojos y se acercó lentamente a la cama.

Podría ser… No, hace años de eso. Arthur titubeó ligeramente antes de extender el brazo hacia el montón de almohadas que cubrían aquel peculiar objeto. Pero tal vez-

Estaba a punto de alcanzarlo, cuando Alfred se asomó por el marco de la puerta.

-Arthur, este no es el baño, si querías- Alfred se interrumpió al percatarse de lo que estaba haciendo su "novio".

Bollocks. Arthur pensó y rápidamente apartó la mano. ¿Qué debería decirle? ¿Esto no es lo que parece? ¿Creí que el baño estaría debajo de este montón de almohadas? ¿Quería ayudarte a recoger como el buen… novio que soy? ¿Yo solo-?

-Ehm….

Arthur se alejó de la cama rápidamente en un intento de controlar sus nervios.

-Yo…- Arthur titubeó un poco antes de recuperar la compostura y hablar con el tono más serio que pudo encontrar.- estaba buscando el baño, y al pasar por tu cuarto me llamó la atención el gran desorden. No puedo creer que duermas en tales condiciones.

Arthur cruzó los brazos y frunció el ceño para sonar más convincente, incluso suprimió el ligero calor que se había comenzado a acumular en su rostro.

Alfred se quedó mirando alternadamente entre su amigo y la cama. Después de unos segundos soltó una risa mal contenida y caminó hacia Arthur.

-¿Y planeabas hacerme la cama?- Alfred colocó su mano encima de la cabeza del inglés. -Que buen novio tengo.- Sonrió con ternura y bajo su mano hasta su cuello.

Esta vez Arthur no pudo controlar el fuerte rubor que se acumuló en sus mejillas.

-Yo….- Cuando Arthur buscó la burla en la cara de Alfred, se encontró con que estaba muy cerca del suyo. Demasiado cerca. ¿Cuando se acercó tanto? La mano en la curvatura de su cuello se sentía como fuego. ¿Qué está haciendo? Como respuesta, sintió la suave respiración de Alfred a instantes de sus labios. ¿Por qué…? Solo cuando escucho su nombre pronunciado en un suave suspiro es que reaccionó.

-¡No!- Arthur cerró los ojos y estiro sus brazos en un rápido reflejo de pánico.

Alfred, al estar tan cerca y con las defensas abajo, tropezó y cayó de sentón dando un bufido.

-¿Qué…? -Desde el piso, procesó lo que acababa de suceder y levantó la cabeza hacia él, cejas entrecerradas.- ¡¿Qué fue eso?!

-Yo… - Arthur se llevó las manos a la boca, el fantasma de los labios de Alfred aún presente. - No quería…. Tu no tienes memoria y yo…- El inglés abrió los ojos ante la realización de lo que estaba a punto de hacer. - Bollocks! - La culpa y el miedo resonaban en sus oídos como los latidos de su corazón. Casi me aprovecho de la situación. Dio un paso hacia atrás, luego otro. El piensa que somos pareja. Le mentí, y ahora- La repentina frialdad y dureza de algo contra su espalda lo hizo tensarse. Tengo que salir de aquí.

Arthur dio un paso hacia adelante, pero no se había percatado de la mano que lo sujetaba firmemente de la muñeca. Levantó el rostro, y a diferencia de hace un momento, el rostro que ahora tenía de frente mostraba unos ojos llenos de miedo y una boca que se torcía en arrepentimiento.

-Arthur! Tranquilo, fue mi culpa, yo-

-¡No lo entiendes!- Arthur intentó zafarse, torciendo la mano de un lado a otro, con movimientos agresivos. -¡Es mi culpa!

Alfred sujetó su otra muñeca y las presionó contra la pared.

Arthur intentaba zafarse, pero Alfred era considerablemente más fuerte que él. Dándose por vencido, bajo la cabeza y se deslizó por la pared.

Al ver que Arthur se había rendido, Alfred aflojó el agarre en sus muñecas y se sentó frente a él.

-¿Ya piensas escucharme?

La única señal de que Arthur lo había escuchado fue el sutil temblor en sus manos.

Alfred suspiró y se mordió el labio antes de buscarle la mirada al inglés.

-Lo que intentaba decir, es que nada de esto es tu culpa. Yo…- Alfred volteó a los lados en busca de una salida fácil, pero conocía las consecuencias de sus actos.- En realidad no tengo amnesia. Todo fue una mentira creada para que no me regañaras. No era mi intención llevarlo tan lejos, pero era tan fácil y solamente me dejé llevar. Yo no pensé que-

Alfred estaba tan concentrado, que cuando Arthur le propinó un cabezazo en el pecho, le soltó las muñecas y perdió el aliento durante unos segundos.

-¡¿Tienes idea por lo que me hiciste pasar?!

Arthur se había levantado en un brusco movimiento, y tenía los puños apretados a sus costados, nudillos blancos del enojo.

-¡¿Sabes lo preocupado que estaba?!

Alfred levantó la vista hacia él. ¡Bueno, tal vez si alguien dejara de exagerar mis errores y no inventara mentiras sobre nuestra relación, nada de esto hubiera pasado! En lugar de gritarle eso, las palabras se quedaron olvidadas en sus labios. Arthur tenía las cejas fruncidas, labios fuertemente apretados y ojos rojos. Aquellos ojos que siempre desbordaban confidencia y superioridad, ahora estaban sumergidos en lágrimas que se negaban a salir, y como si sus murallas hubieran sido derrumbadas, el verde de su mirada expresaba preocupación y debilidad.

Este único gesto fue suficiente para callar a Alfred. Hace años que su amigo no le permitía ver a través de esas murallas.

Recordó la última vez que se había encontrado con esa mirada tan honesta, tan sincera. Instintivamente volteó al montón de sábanas que Arthur estaba "acomodando", y las palabras salieron antes de que su cerebro lo registrará.

-¿Te acuerdas de aquel día?

Como un interruptor, Arthur relajó el ceño antes de volver a fruncirlo.

-What the hell are you talking about now?!

Ah, a Alfred le encantaba el acento británico de su amigo, pero ahora no era el momento de pensar en eso. Se levantó lentamente y señaló hacia el lugar del cual no había apartado la mirada.

-¿Es por eso que estabas tan cerca de mi cama?

Después de un momento de silencio, Alfred volteó a ver a su amigo. Seguía rojo de la cara, pero era un tono menos agresivo. Sus ojos estaban abiertos de par en par, y sus manos ahora estaban firmemente aferradas a su pantalón.

-No sé…- Arthur tartamudeo voz ronca y mirada frenética, evitando los ojos azules de su compañero. Sabía que en cuanto se encontrará con aquella mirada, estaría perdido.- Yo no sé de qué hablas.


¡Y comenzamos con las confesiones! Perdón por la tardanza, pero bueno, mejor tarde que nunca.

Espero les haya gustado este capitulo. Ya casi acabamos con esta pequeña historia.