The Clow's key

Un mes llegó y se fue. Todo parecía ir normal en la casa de los Kinomoto; las actividades que los ocupantes realizaban eran las mismas que tiempo atrás. Sí, había sido difícil acostumbrarse a la desaparición de Tôya y a la nueva personalidad de Sakura, ahora más callada, seria y distante, pero mientras los días pasaban, esos aspectos iban mezclándose con la vida cotidiana.

No era bueno seguir lamentando las desgracias; Fujitaka siempre había tenido la creencia de que lo acertado era mirar hacia adelante y tratar de ser feliz, por aquellos que se habían quedado atrás: Su esposa, ahora su hijo. Y por el bien de su hija, debía luchar para seguir avanzando. Para que en un futuro cercano, ambos pudieran dejar atrás ese ambiente sombrío que les rodeaba.

-Nadeshiko, ¿estaré haciendo bien las cosas...? Nuestra niña ha cambiado mucho, hay veces que creo que no la reconozco; siento que ya es otra persona. Sé que la ausencia de su hermano ha motivado esos cambios, porque al igual que yo, no quiere creer que no lo volveremos a ver... Es sólo que no entiendo, ¿por qué no acepta la ayuda de nadie? ¿Por qué insiste en separarse de sus amigas? ¿Por qué se ha alejado tanto de mí?- se quitó los lentes y colocó el rostro entre sus manos, su semblante más cansado y triste que nunca- Dime, ¿qué más debo hacer para no perderla a ella también?-

=.=.=.=

-¿Y dices que no ha habido rechazo? ¿Nada? Tal vez un instante estabas en un lugar y después te encontrabas haciendo algo totalmente diferente. O la coloración de la piel es anormal, o hay algún miembro que no responde tus comandos...-

-No. Te dije que era extraño. Como si se tratara del primer día, salvo que soy yo quien mantiene el control, por supuesto-

-De acuerdo. Sólo quería cerciorarme-

Kerberos continuó volando en círculos. Estaba nervioso debido a que no podía explicar lo que estaba ocurriendo. Era como si tuviera la respuesta justo frente a su nariz, pero seguía sin averiguar nada.

Que el cuerpo de esa niña continuara funcionando adecuadamente significaba que su alma aún tenía la fortaleza para seguir viviendo. ¿Por qué no entonces, luchar? ¿Por qué no manifestarse? ¿Acaso era alguna trampa para mantenerlos en suspenso y actuar cuando ya estuvieran relajados, esperando encontrar algún punto débil? De alguna forma, no lo creía. Pero entonces, tampoco se le ocurría otra idea que les ayudara a entender.

Y también estaba la llave...

Llevaba observando por seis semanas el comportamiento extraño del pajarraco ése. No tenía sentido. Un momento era tan cegadora la luz que emitía que parecía que Clow estaba a un lado, y al siguiente no había ninguna reacción. Otra vez, no era lógico.

"Tal vez nos equivocamos de sitio" se dijo. No, no era eso: no podía ser. La llave no se equivocaba, e incluso era probable que eso estuviera relacionado de alguna manera con todo lo que estaba sucediendo, incluyendo su fallida transformación.

Porque además estaban las continuas desapariciones que anunciaban por las noticias. Todas en Tomoeda, todas comenzaron cuando llegaron a la ciudad. Pero no podían ser ellos. Ahora ya no requerían de nuevos «custodios», y de cualquier forma, eran innecesarios tantos humanos para lo que normalmente los utilizaban. Cazaban animales —perros, gatos; diablos, a veces hasta ratones—, no hombres.

La policía sospechaba de un asesino en serie. Sin embargo el único patrón que habían encontrado era que todos pertenecían al sexo masculino y eso no ayudaba en las investigaciones. De cualquier forma, tendrían que tomar más precauciones cuando salieran por los alimentos de Sakura.

-¡Escucha!- salió de su trance al mismo tiempo que caía al suelo. Aquel grito le había tomado por sorpresa. No era común escuchar esa voz elevar el volumen- ¿Qué te sucede que últimamente no prestas atención cuando te hablo?-

-No... No es nada. ¿Ya conseguiste el libro de la historia de esta ciudad?-

-En la biblioteca había un par, aunque todos de hace cincuenta años o más. Y aún no me has dicho para qué lo quieres-

-Sólo una duda que tengo... Espera, ¿no habías mencionado el otro día que tu papá es arqueólogo?-

-¿Cuándo dejarás de decir eso? Ese hombre no es mi «papá»; de hecho, no estamos relacionados de ninguna forma humanamente posible. Pero sí, a eso se dedica, además de ser profesor-

-Por lo tanto es más probable que él tenga algo así... Vamos ahora, mientras aún no regresa de la universidad-

Bajaron las escaleras, discutiendo —una vez más— cómo era posible que una persona pudiera tener más de un empleo. "Yo en su lugar, trataría de evadir todas esas angustias. Imagina vivir con tanta presión cada día... No podría".

-Lo vuelvo a enfatizar. Eso es porque eres un holgazán. Hay a quienes les gusta mantenerse ocupados-

-Yo siempre estoy ocupado. Por ejemplo, después de que hoy te fuiste al colegio, comencé a jugar ese juego que encontré la otra vez en la habitación de al lado. Y déjame decirte que si te hubieras tardado cinco minutos más, lo habría terminado... Es que, ¿qué más se podría esperar de mí? Soy un genio- se encogió de hombros descaradamente mientras hablaba.

-Un cínico, más bien- dijo mientras encendía una lámpara, porque el sótano era un lugar oscuro, y nunca había aprendido a ver bien sin luz. Pero hubo algo que detuvo sus pasos-. ¿Qué es esto? Este lugar es muy extraño. Se siente diferente-

"¿También se percató? Nunca antes había dado muestras de distinguir este tipo de «cambios»" pensó Kerberos, mientras trataba de localizar la fuente que provocaba dicha transmutación en el aire que los rodeaba. Sin embargo, Sakura lo descubrió primero.

Avanzaron por los estrechos espacios que dejaban los diferentes anaqueles, todos llenos de libros de historia de prácticamente cualquier lugar del mundo, acomodados por orden cronológico. Sin embargo, Sakura se dirigía al último pasillo, al rincón donde la luz no alcanzaba a llegar. Kerberos observó medio curioso, medio tenso, el trance en el que parecía estar.

-¿Qué haces?- le preguntó en apenas un susurro.

-No sé. Es ese libro...- dijo señalando un libro de cubierta roja, que a diferencia de los otros, no tenía ni un rastro de polvo o suciedad. Tras unos minutos de permanecer callados, sacó el libro de su lugar y observó las letras doradas del frente: «The Clow», era la inscripción. Inmediatamente se dio cuenta de la cerradura y una súbita idea le llegó-. Kerberos, dame la llave-

-¿Qué...? Oh, sí... Aquí está- en un parpadeo el objeto se encontraba bajo el mismo escrutinio que el libro. ¿Podría ser...? ¿Podrían averiguar el paradero del mago con ese libro? ¿O se trataba de algo más?

Antes de que la llave entrara en contacto con la cerradura, ésta se desbloqueó. Sin titubear, lo abrió por la mitad. Y se decepcionó ante la vista que presenciaba.

Vacío. No había nada, ni una sola palabra o imagen. Páginas y páginas en blanco.

Suprimió un grito de frustración y arrojó ambos objetos con furia antes de voltearse y salir de ahí, dejando atrás a Kerberos incluso más perplejo.

N.A.: Aquí estoy, con un nuevo capítulo, aunque un poco más corto que los anteriores. Y lamento la demora, pero casi no he tenido la oportunidad de escribir, y cuando finalmente pude estar frente a una hoja de papel o la pantalla de la computadora, las ideas simplemente parecían haber desaparecido de mi cabeza.
Además, ver que casi nadie ha leído mi historia, y menos aún dejado un
review, me quita la inspiración. Pero aún así planeo continuar, hasta donde me sea posible, porque cada vez tengo más ocupaciones y seguir con la publicación cuando casi no tengo tiempo resulta estresante.
De cualquier forma, espero que aquellos que sigan leyendo, les guste lo que llevo hasta ahora. Gracias a
Lau, lobalunallena y Maryxula por haber dejado sus comentarios.
A partir del próximo capítulo comienza verdaderamente la trama (hasta donde tengo previsto), pero como apenas estoy empezando a escribirlo, no puedo asegurar nada.
Por ahora me despido,
BP