Tres

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Usualmente, a las seis de la mañana Rei estaba despierta. Aunque ya hubieran pasado tres años desde que dejó de atender a sus hijos, no quiso cambiar esa rutina. Una enfermera le llevó una bandeja con té que Rei amablemente le agradeció. El té ese día estaba acompañado con una flor azul que Rei recibía cada mes. Sabía que provenía de Enji y no quería nada que tuviera que ver con él.

Así que la arrojó a la basura como todas las que habían ahí.

Tomó de su té con tranquilidad observando el claro cielo de la mañana que comenzaba a colorearse con el amarillo del sol. Rei extrañaba mucho a su familia, a sus hijos mayores, recordaba cuando los levantaba de besos en las frentes y ellos soltaban risitas.

Y Shoto… Oh, cómo le hacía falta su pequeño. Rei suponía que el niño la debía odiar.

¿Qué clase de madre quema el rostro de su pequeño?

Alguien trastornada y llena de miedo como ella. Miedo y desprecio por un marido que abusaba físicamente de ella. Un héroe falso, que usaba a sus hijos para cumplir sus metas.

No, no… Rei suspiró tratando de calmar sus pensamientos antes de tener una recaída. Pensó en pedirle a su madre, la única que venía a visitarla (que tenía la autorización), que trajera a sus hijos mayores con ella algún día para poder verlos… Así fuese por la puerta.

Fue a colocar la taza de té en el platito cuando escuchó que se quebraba. Rei levantó la taza y miró extrañada la fisura de su taza.

Tal vez ella no era supersticiosa, pero siempre le habían dicho que eso era una mala señal.

Rei trató de calmarse, respirar profundamente y llamar a la enfermera para que viniera a buscar la bandeja, no vayan a pensar que trató de romper la taza para suicidarse.

Estaba harta de las pastillas.

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Natsuo se despertó temprano aunque aún estaba relativamente castigado y no podría ir a la escuela. La marca quemada de su brazo se estaba difuminando ya. Hasta que no desapareciera, Enji no le daría el permiso a su hijo de partir.

Tomó algunas de las ropas de Touya de la habitación junto con sus productos de limpieza, el libro favorito de su hermano y los metió en una mochila. Bajó las escaleras y fue a la cocina para tomar el bento que Fuyumi había dejado hecho para que Natsuo le llevara a Touya antes de partir ella a la escuela.

Tomó el dinero para su transporte que el viejo había dejado en la mesita central, abrió la puerta para irse y la cerró con llave, Shōto estaba en la escuela y la niñera llegará cuando el más pequeño llegase, dado que Natsu no la necesitaba. Enji estaba en el trabajo, e igualmente Natsuo no le diría nada.

Después de todo, a su padre no le importaba su hermano.

El niño tomó un taxi para que se le hiciera más rápido llegar al hospital, estaba seguro que su abuela estaba apresurada por volver a su hogar.

Llegó al hospital, dio su nombre y le dieron la entrada para la habitación de su hermano. Entró con una sonrisa y Touya le recibió de igual forma.

La abuela se levantó del sofá que había en el fondo de la habitación.

—¡Gracias a los dioses! —exclamó la mujer, su cabello, que antes era rojo como el de su padre, era canoso. Natsuo suspiró, no podía culpar a su abuela por querer irse rápido de aquel lugar, considerando lo vieja que ya estaba.

—Gracias por quedarte, abuela —comentó Touya. La mujer le sonrió y le lanzó un beso.

—Espero que te mejores, cariño —la abuela pasó por su lado acarició su cabello, luego salió. Natsuo entró a la habitación y cerró la puerta para sentarse en la silla al lado de la cama de su hermano.

—¿Dormiste bien? —le preguntó.

—Un poco —asintió Touya. Ese día ya le habían quitado la máscara y le habían colocado un cable que le administraba el oxígeno que necesitaba en las vías respiratorias. Natsuo sacó las cosas de la mochila. Touya tomó el libro y suspiró sonriendo—. Ya lo estoy acabando.

—Por tercera vez —se burló Natsuo. Podía escuchar el pitido de la máquina que monitoreaba los latidos del corazón de su hermano. Se escuchaba bien y eso lo hizo tranquilizarse—. Fuyu te manda esto —le comentó sacando el bento.

—Ya desayuné, pero lo comeré más tarde —dijo el niño. Natsuo de quedó mirando a su hermano mientras éste se comenzaba a sumergir en su libro. El mayor sintió la mirada de su hermano y soltó un suspiro para mirarlo— ¿Quieres saber qué pasó?

—Por favor, ayer estaba muy asustado.

—Y apuesto que volviste a enfrentarte a papá ¿No? —Natsuo se sonrojó— por eso tienes un golpe en la mejilla —el niño se llevó la mano a la mejilla. No pensó que todavía que viese.

—Me alteré —Touya le sonrió.

—Como siempre —luego suspiró—. Natsu, no quiero que yo sea la razón por la cual papá te maltrate…

—No eres tú. Solo fue esta vez…

—Sé que tratas de llamar su atención…

—Pfff…

—¡Oye! —le reprendió su hermano mayor jalándole un mechón de cabello. El niño más pequeño se quejó— Deja de desafiarlo. Él es más fuerte que tú, además que el hielo siempre será derretido por el fuego.

—¡Pero tengo que defenderte! —Touya hizo un movimiento con la mano.

—No tienes que hacerlo —Natsuo frunció el ceño.

—¿Por qué lo defiendes? Te llevó al límite de tu poder hasta hacer inútiles tus pulmones —fue a tomar la mano del mayor, pero éste la alejó.

—Calla, Natsu —murmuró—. Yo fui el que me llevé el límite. Le pude decir desde hace mucho que no podía más.

—Y él no te hubiera prestado atención —Touya se encogió de hombros.

—O tal vez sí. Es solo… que yo soy el mayor. Yo debería ser el orgullo de él… no Shōto. Shōto era el consentido de mamá, y yo debía ser el campeón de papá.

—¿Y Fuyu y yo? ¿Los segundones en la familia imaginaria que tienes? —se estaba molestando. Touya tenía los ojos inundados de lágrimas y apretaba los dientes.

—Yo solo necesitaba demostrarle que valía. Que no soy un niño enfermo…

—¡Pero lo estás! Y no tienes que demostrarle nada, Tou… —Natsu tomó los hombros de su hermano y trataba de llamar su atención—. Tampoco tienes que sentirte celoso de Shōto… Touya, él sufre. El hombre al que llamamos padre lo utiliza como una máquina sin sentimientos. ¿Te hubiera gustado que te utilizara de esa forma a ti?

—No —murmuró el niño con voz apagada. Miraba hacia sus manos hechas puños en sus piernas. Su cabello blanco estaba pegado a su frente por el sudor—. Solo que él… quería ser su orgullo. El orgullo del héroe #2.

—Eso ni siquiera es un héroe —dijo Natsuo con irritación cruzándose de brazos— ¿Que es un héroe en sí? ¿Un sujeto fuerte que derrota villanos? ¿Se puede considerar héroe a alguien que trata a su familia como basura? ¿Que llevo a mamá al borde de un colapso que quemó la cara de Shōto? ¿Se le puede llenar héroe a aquel de abandona a sus hijos porque no les sirven? —quiso aguantarse las lágrimas, no quería llorar por cosas que ya sabía desde hace mucho.

—¡Yo solo deseaba ser un niño amado! —gritó Touya alterado. Natsuo se sobresaltó y tomó la mano de su hermano y enseguida se separó de un salto, Touya estaba hirviendo, quemándose al simple tacto.

—Tou, cálmate. Por favor —el chico miró a su hermano menor, al miedo en sus ojos turquesa por su salud y calmó su respiración. Podía sentir su cuerpo arder por dentro pero lo ignoró.

—Lo siento… —comentó y luego tosió.

—No, yo lo siento. No debí alterarte —Natsuo suspiró y volvió a tocar la mano de su hermano. Suspiró cuando sintió que la temperatura disminuía.

Touya se hizo un poco a un lado y me indicó a Natsuo que se subiera a la cama.

—¿Puedo hacerlo? —preguntó y Touya asintió. Natsuo se sentó en la cama y se quitó los zapatos para acostarse al lado de Touya. El chico mayor abrió el libro y comenzó a leer sintiendo la suave respiración de su hermano menor a su lado.

—¿No dormiste bien? —le preguntó.

—No. Estaba preocupado —respondió Natsuo. Touya mordió su labio, estaba tan cansado de preocupar a las personas. Cómo maldecía su enfermedad.

Quiso disculparse, pero conocía a su hermano y lo testarudo que era que iba a gritarle si se disculpaba. No era culpa suya estar enfermo, aunque Touya sí lo creía.

Él tenía la culpa por haber nacido tan débil. Él tenía la culpa por ser tan pequeño con un poder tan fuerte.

Él pudo haber sido ideal para su padre, pero ahí estaba, siendo inútil.

Sintió una palma helada tocar su brazo. Touya no se daba cuenta que estaba aumentando su temperatura corporal y Natsuo estaba intentando volverlo a la normalidad.

Touya cerró los ojos para concentrarse y disminuir su temperatura. Escuchó la risa de su hermano a su lado al volver a la normalidad.

—Te estás alterando —pudo notar que la risa era fingida. Los ojos de Natsuo decían otra cosa. Touya miró bien a su hermano, siempre envidió su contextura y altura.

Natsuo a pesar de tener doce, parecía un niño de quince. Había heredado la altura de su padre con el poder de su madre.

—Te pareces mucho a papá ¿sabías? —le comentó Touya. Natsuo frunció el ceño y apoyó su cabeza contra su almohada.

—Trato de no pensar en eso —respondió. Claro que él sabía que se parecía a su padre. Su madre, los abuelos, todo el mundo se lo decía. Hasta la fotografías de su padre joven las hacían.

—Y Fuyu se parece mucho a mamá —continuó Touya. Natsuo sonrió, era verdad—. Sin embargo, pensar en eso me asusta. Fuyu está terminando de criarnos desde que mamá fue internada, ella tiene mucha presión y ahora que entre al curso de héroes será peor. Que difícil será para ella convertirse en heroína con tres niños a cuestas… y ni siquiera son sus hijos.

—¿Crees que entren? —preguntó Natsu.

—Ella destruyó muchos robots. Yo no tantos hasta que me dio el ataque. Ella entrará, yo no.

—Pero eso es bueno ¿no?

—¿Actualmente? Sí. ¿Cuando has visto un héroe pegado a un respirador?

—¿Y si tienes unos nuevos pulmones?

—¿Algún día iré a tenerlos?

—Yo lo creo —Touya soltó una risita amarga.

—Fuyu no es la única que se llena de esperanzas.

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Se quedaron dormidos luego de leer el libro. Fue como a las diez cuando Natsu comenzó a sentir un calor abrasador.

Se sentía ahogado y cuando abrió los ojos, pudo ver a Touya a su lado gimiendo de dolor y sudando.

—Touya ¿Tou, que pasa? —Tocó a su hermano y quitó la mano ante la piel ardiente del niño. Touya abrió los ojos de repente comenzó a agitarse. Respiraba de forma apresurada por la boca y Natsuo supo enseguida que necesitaba buscar a un doctor—. Traeré al doctor — bajó de la cama tropezandose y salió corriendo.

Touya, por su parte, sentía que se quemaba por dentro. Estaba sudando por el calor que estaba sintiendo, se sentía ahogarse, ya no lograba administrar aire en sus pulmones ya dañados.

No podía, simplemente sentía que inhalaba y expulsaba fuego. Podía escuchar un pitido en sus oídos y no se dio cuenta cuando la puerta se abrió y la enfermera entró.

La mujer le hizo recostarse en la cama, vio a otras personas acercarse y comenzar a monitorear las máquinas. Le colocaron la máscara respiratoria, pero aún así, Touya no podía sentir el oxígeno entrar a su cuerpo.

Podía sentir como iba perdiendo la consciencia poco a poco. Miró hacia la puerta para notar en un hueco entre los cuerpos, a su hermano con su rostro surcado en lágrimas.

Trató de estirar la mano, pero lo evitaron pegandola nuevamente en la cama. Quería recorfortarlo, decirle que las cosas estaban bien, aunque en realidad no lo estaban.

Recordó que normalmente era Natsuo quien lo defendía a él. Y se reprimió el haber discutido con él antes de sumirse en la oscuridad.

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Le habían cerrado la puerta en la cara porque podía estorbar al personal médico. Natsuo solamente se sentó en la sala de espera y se colocó a llorar.

Estaba asustado, aterrado. Luego de la discusión habían estado hablando normal. Touya no tenía que alterarse, que colocarse así.

Miró su teléfono cuando se tranquilizó un poco y buscó el número de Fuyumi, quiso marcar pero sus dedos temblaron y no lo hizo. No quería molestar y asustar a nadie.

Touya estaba bien.

Solo había tenido una recaída.

Estaba bien.

Estaba bien…

Estaba…

La puerta de la habitación se abrió y el personal salió. Natsu estaba perdido de cuánto tiempo había llorado, de cuánto tiempo los doctores llevaban en la habitación de su hermano.

Miró el reloj, una hora.

Las enfermeras se alejaron y el doctor llegó a donde Natsuo y se sentó frente a él. Natsuo lo escucho suspirar.

—¿Tienes en donde llamar a tu padre, pequeño? —Natsuo asintió y le entregó el teléfono al doctor. Éste llamó a una enfermera y le entregó el teléfono—. Llama a Todoroki Enji, dile que es urgente que venga —y eso logró sacar a Natsuo del shock.

—¿Qué pasó con mi hermano, doctor? —preguntó el niño. El doctor miró al pequeño y Natsuo estaba seguro de haber visto lástima en su rostro.

—¿Por qué no esperas a que tu padre esté aquí? —le preguntó al niño. No podía decir aquella noticia solamente al niño.

No podía simplemente hacerlo.

—Pero mi hermano…

—Cuando tu padre esté aquí —dijo el doctor.

Tal vez podía verse algo frío, pero estaba seguro que el niño se alteraría sin una figura paterna que lo reconforte en el lugar.

El niño siguió insistiendo, un enfermero de situó en la puerta de la habitación de Touya para evitar que su hermano le viese.

El doctor agradeció cuando Endeavor llegó a donde él, tan solo veinte minutos después de la llamada que le hicieron. Natsuo le miró con el ceño fruncido, pero a la vez agradeció la llegada de su padre. Por fin le podrían decir qué pasaba.

El doctor le pidió a Enji que se sentara y trató de apartar la mirada de los turquesa fríos del héroe.

—Algo alteró a Touya —comenzó el doctor y Natsu apretó sus dientes—. El niño comenzó a hiperventilar, su quirk se salió de control de forma interna y terminó de quemar sus pulmones… por más que lo intentamos, por más que hicimos todo lo posible… lamentablemente, lo perdimos.

» Touya tuvo un paro respiratorio y falleció.

» Lo siento mucho.

Natsuo estaba en shock. No daba la razón de lo que estuviera escuchando fuera real.

Pero era malditamente real.

En su cabeza solamente había un solo culpable para tal situación: él.

Él, que había ocasionado que Touya se alterara.

Él, que había comenzado una discusión sin sentido.

Él, que nunca era lo suficientemente maduro como para entender las cosas.

Él, que no podía mantener su bocota cerrada ante todo lo que sucedía.

Se levantó, ignoró a su padre reprendiéndolo y corrió hacia la habitación de su hermano. El enfermero lo dejó pasar y Natsu abrió la puerta.

Touya estaba acostado tranquilamente, con los ojos cerrados como si estuviera dormido.

No había cables, no había respirador, no había máquina marcando sus latidos… solo un horripilante silencio sepulcral. El niño tembló mientras se acercaba a su pálido hermano. Su piel se había puesto tan pálida, o tal vez era su pelo blanco…

Touya extrañamente se veía más pequeño ahora.

Natsuo se acercó más para tomar su mano, todavía seguía cálida pero pronto se enfriaría. Esperaba que Touya se levantara y le sonriera.

Que le dijera "¿Por qué lloras ahora, tonto hermano menor?"

O algo.

Pero no, Touya permaneció en silencio, dormido.

No iba a despertar jamás.

Y Natsuo no podía creer que lo último que había hecho con él había sido discutir.

Por su culpa su hermano se había alterado.

Por su culpa su hermano estaba muerto ahora.

El grito desgarrador que salió de sus labios y raspó su garganta lo escuchó hasta su padre en la sala de espera.

Natsuo se lanzó al cuerpo pálido de Touya y lloró.


Nota: LO SIENTOOOOOOOOO. TOUYA DEBÍA MORIR! LO SIENTO, EN VERDAD T_T

Este capítulo me encantó, ha tenido muchos cambios dado que quería hacerlo muy sentimental. La escena de Rei me gusta mucho y bueno, lo de la taza, lo he visto en muchos animes y quise hacerlo aquï, lo siento XD

Espero que les haya gustado, en verdad, yo lo amé T_T

Los quiero. Gracias por leer.