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Que emoción ver que tanto ha gustado este fic. QwQ Por eso he aprovechado el rato libre de hoy para escribir la actu aunque debía de ser para fin de mes. Espero lo disfruten. *w*/

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Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima.


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración.

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Cuatro ―

Lo que ocultes siempre se sabrá.

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Nunca se había sentido más incómodo en su vida.

Y eso era mucho que decir.

Y es que la incomodidad no venía solo del hecho de haber sido un gato y haber vivido con la mujer de la que estaba enamorado.

No.

Eso era embarazoso pero manejable.

La incomodidad mayor venía del hecho de estar solo cubierto por una bata de baño en medio de la mujer de la cual estaba enamorado y la madre de ésta, quien además de observarlo como si fuese un criminal, también lo había visto desnudo hacía un rato. Y eso si estaba entra las peores cosas que le habían pasado en su vida.

¿Pero había algo peor que todo lo anterior?

Pues, sí.

El hecho que Erza, desde que salió de su habitación con la bata de baño para él ―además de sabanas y una almohada― no le hubiese dirigido la palabra ni lo hubiese mirado ni una sola vez.

Aunque bueno, ella también le vio desnudo.

«Nací con mala estrella…» se quejó internamente.

Entonces… ―la mujer mayor se miró las uñas procesando todo lo que él le acababa de contar―. Eres Jellal Siegrain, lider de la Orden de recuperación de magia oscura y prohibida del Reino Mágico de Altair.

Así es ―contestó el azulado, con el rabillo del ojo observó a Erza que no mostraba ninguna emoción en su rostro, tan diferente a la mujer adorablemente expresiva que había conocido y con la que había vivido, lo peor es que ni siquiera mostraba enojo al enterarse de todas las mentiras que él le había dicho.

Ni de las tantas cosas que le ocultó.

Buscabas los tomos de libros que fueron robados de la biblioteca real por un anterior maestro de magia, ―recalcó con ironía la mujer― antiguo instructor.

Brain fue instructor de muchos magos en Altair, su traición fue una sorpresa para todo el Reino ―Jellal carraspeó―. Si bien es cierto fallé en no darme cuenta antes de sus planes ―la culpa por ese error no lo dejaba y por eso asumió el cargo de lider de esa orden―. Crime Sorcière fue formada por sus alumnos más destacados para recuperar todo el conocimiento mágico que robó y escondió en este mundo.

Y siendo el lider de los alumnos destacados de Brain terminaste convertido en gato ―la ironía burlesca de la mujer fue como un cuchillo afilado―. ¿Entiendes lo poco creíble que es tu historia?

Lo sé ―Jellal de manera inconciente cerró un poco más su bata, la mirada de la madre de Erza era penetrante y lo hacia sentir expuesto ―no que ella pudiese más de lo que ya había visto―, pero aún así era una mirada intimidante―. Pero es la verdad. Brain ocultó los tomos mágicos con un hechizo que los combina con libros humanos normales, yo… ―nervioso observó a Erza y continuó―, ese día en la biblioteca me distraje y fui descuidado al tratar de encontrar un tomo nivel cuatro que se suponía estaba allí junto a otros tantas libros de nivel uno.

Niños… ―soltó en un suspiró la mujer mayor y observó a su hija quien desvió la mirada de ella sabiendo lo que estaba por decir―. Solo a los niños les ocurren esas cosas, pero de todas maneras no creo aún nada de lo que has dicho.

Yo sí le creo ―Erza finalmente habló pero no lo miró, su confianza en él y su negativa a observarlo logró aliviarlo y desconsolarlo al mismo tiempo―. Los libros que me pedía eran tan diversos que explica su trabajo.

Tal vez explica que buscaba los tomos, pero no que de verdad sea parte de una Orden secreta del Reino Mágico de Altair ―Erza iba a hablar y la mujer la detuvo con un gesto lleno de autoridad de su mano―. Erza, ¿cómo puede explicar que nadie lo haya encontrado aún? Si fuese parte de una orden aparentemente tan importante ya habrían mandado a sus compañeros o a una cuadrilla mágica para buscarlo. ¿O me equivoco, chico de la bata?

Eso también me extraña a mí, me lo he preguntado durante todo este tiempo ―admitió él―, sin embargo lo que digo es cierto. Podemos contactar ahora mismo a mis compañeros para verificar mis palabras.

Oh, ni lo pienses ―se negó por completo la mujer mayor.

¿Por qué no? ―Erza frunció el ceño y Jellal sintió una burbuja de felicidad al ver por fin una expresión en su hermoso rostro―. Es la mejor opción.

Simple ―lo señaló―. Nadie nos puede confirmar que él no sea parte de los aliados de Brain y que en realidad buscaba los tomos mágicos escondidos para él. De ser ese el caso y contactar al Reino de Altair podemos tener problemas, y además, si él dice la verdad y no hay cuadrillas mágicas buscándolo debe de haber una razón ―entrecerró la mirada de manera amenazante―. Alguien tal vez quiera deshacerse de él. ¿Acaso no has notado que aún no tienes magia, mocoso?

Jellal le miró sorprendido.

Ella tenía razón.

Llevaba meses desaparecido y ni rastro de alguien buscándolo.

Todo era muy extraño.

No, no tengo… ―se miró las manos contrariado, siempre pensó que su mayor problema sería conseguir el libro pero ahora se daba cuenta de lo ingenuo que fue―, pensé que al estar transformado en gato mi magia se había anulado ya que gran parte de ella se me selló antes de entrar al mundo humano como suele pasar como medida de seguridad impuesta por el mundo mágico, pero ahora que he vuelto a mi forma normal es extraño que no tenga nada de magia…

¿Entonces qué podemos hacer? No voy a permitir que lo dañen… ―Erza por fin lo observó, aunque fue por un segundo y luego desvió su mirada hacia su madre, pero gracias a ese ínfimo momento, el azulado pudo observar que su rostro estaba lleno de genuina preocupación por su bienestar, y Jellal reprimió las ganas de lanzarse a ella y frotar su mejilla con la de Erza.

Así como solía hacer de manera instintiva cuando era Jellyberry.

Sin embargo si hacía algo así ahora, Erza jamás se lo perdonaría y la madre de ella lo asesinaría.

«¡Contrólate, no eres un gato!» se regañó una y otra y vez.

Lo que pase con este hombre gato me da igual ―lo observó de arriba abajo―. No estoy siendo precavida por él, lo estoy siendo por ti, Erza. Recuerda tu situación y ponte antes que los demás por primera vez en tu vida ―Jellal notó la tensión que se generó entre ellas―. Si descubren que un posible criminal estaba viviendo contigo ―las mejillas de su hija se encendieron y la mujer apretó los puños pero se dejó para si su pensamiento mientras continuaba hablando―, o que estuviste en contacto con magia y un misterioso hombre de una Orden secreta de otro reino, puedes tener problemas muy graves.

Pero mamá…

La señora Scarlet tiene razón. Lo que más nos debe de importar es que no salgas perjudicada de esto ―la interrumpió Jellal y Erza le observó sorprendida, sin poder evitarlo le sonrió para tranquilizarla y las mejillas de ella se llenaron de un carmín tan adorable que Jellal tuvo que morderse el interno de una de sus mejillas para controlar los instintos de gato.

¿Señora Scarlet? ―subió la mujer una ceja.

Oh, yo… ¿No es ese su apellido?

La mujer negó indignada.

Mi nombre es Irene Belserion ―Jellal no disimuló su sorpresa simplemente porque fue incapaz―. Segunda al trono del Reino de Dragnof, si vas a dirigirte a mi hazlo bajo el título de Lady Belserion.

¿Belserion? ―dijo incrédulo, su mirada pasó de Irene a Erza, ese apellido era reconocido en todo el mundo mágico; mas, como toda familia real, la identidad de sus miembros era desconocida fuera de las esferas de la realeza mágica, aparte, el actual Rey Belserion no se parecía en nada a esas dos mujeres―. Eso quiere decir qué…

Así es, el nombre real de mi hija es Erzäery Belserion, tercera al trono y…

Mi nombre es Erza Scarlet ―interrumpió la joven―. Y desde hace años no estoy en la línea de sucesión al trono, eso tú y yo lo sabemos muy bien ―cruzada de brazos Erza se levantó del sillón―. Y eso no importa ahora, lo importante es averiguar sobre la situación de Jellal en el mundo mágico. ¿Podría contar con tu ayuda, mamá?

Jellal observó cómo Lady Belserion suprimió su réplica ante la mirada casi de súplica de Erza, era obvio que para una de esas dos mujeres ese tema no estaba cerrado, pero era aún más obvio lo mucho que Irene se preocupaba por su hija.

Haré lo que esté a mi alcance ―Erza sonrió agradecida e Irene soltó un bufido―, pero si lo mejor para ti es meter en un saco a un criminal ―observó a Jellal con malicia―, y entregarlo a las autoridades de su Reino, ten por seguro que lo haré, Erza Scarlet… ―dijo con una sonrisita de medio lado y su hija le devolvió una igual.

Espero que no lleguemos a esas instancias, Lady Belserion…

Esperemos ―reafirmó ella―, y antes de irme ―chasqueó sus dedos―. Esto es por lo que vine le extendió una carta y una bolsita con el escudo de su reino―. Léela rápido y podré llevar tu respuesta de vuelta. Esos insoportables han hecho mucho escándalo para que sepas lo que dice ahí ―los ojos de Erza brillaron en emoción y Jellal no pudo evitar sonreír al verla así.

Seré rápida ―dijo con emoción contenida mientras tomaba la carta y se perdía en el pasillo hacia su habitación.

Y en cuanto a ti… ―Irene se volteó a Jellal, de nuevo su aura era una amenaza―, te tendrás que quedar con mi hija por un tiempo más, pero ni se te ocurra aprovecharte de ella, sé que debes saber porque los Belserion son reconocidos en el mundo mágico, así que debes de entender muy bien con quien te estás metiendo.

Jellal tragó grueso y trató de controlar sus nervios lo mejor que pudo.

Lady Belserion, mi intención nunca fue aprovecharme de Erza. Nos conocimos por casualidad, y si hubiese sabido de su identidad jamás le habría mentido sobre la mía, mas usted sabe que nos es prohibido revelar nuestra identidad mágica a los humanos.

Irene asintió y ambos permanecieron varios minutos en silencio, a la mujer no le preocupaba las cosas que le había revelado al joven, sabía que con un par de palabras de ella, Jellal sería incapaz de recordar todo lo hablado en ese lugar.

Sin embargo, algo sí le preocupaba.

Te enamoraste de ella ¿verdad? ―la pregunta tan repentina, directa y certera hizo a Jellal asentir incapaz de esconder esa verdad―. No sé si eso habrá pasado antes o después de vivir con ella convertido en gato, pero te diré algo ―le miró con seriedad absoluta―, la situación de Erza es muy complicada, no me importa que tan puros y sinceros sean tus sentimientos. Mantente alejado de mi hija y no compliques su vida más, mucho menos ahora que hay opciones para…

¡Terminé! ―la llegada de Erza a la sala cortó a Irene quien cambió su aura amenazante a una de autoridad maternal―. Gracias por esperar.

No es nada, hija. El chico gato es un excelente conversador ―sonrió falsamente al hombre y este asintió, no conocía de las razones de las que hablaba Irene, pero él jamás haría algo que perjudicara a Erza.

No amenaces a mis invitados ―le advirtió Erza con seriedad total, era obvio que ambas tenían un temperamento peligroso―. No sé qué te habrá dicho mi mamá, Jellal ―le habló al azulado sin dejar de mirar a su madre―, pero te aseguro que te ayudaré en todo lo que pueda ―Irene iba a objetar pero Erza levantó la mano y la detuvo de la misma manera autoritaria en que su madre lo hiciese con ella hacía un rato―. Y no, no me importa mi situación, ni mi falta de poder mágico.

«¿Falta de poder mágico?» La duda quedó impregnada en la mente de Jellal, no era posible que algo así fuese cierto en una miembro de la familia real Belserion «A menos qué…» Su mirada preocupada se centró en Erza quien ya hablaba de otro tema con su madre.

En fin ―Irene guardó la carta de Erza―, vendré cuando averigüe algo, al ser información de una Orden Secreta no esperen que sea pronto. El secretismo entre reinos mágicos es milenario, y ambos lo saben.

Los dos jóvenes asintieron.

Sin más palabras, Irene chasqueó los dedos y desapareció de la misma manera en que apareció, para Jellal fue obvio el poderío de esa mujer, ―incluyendo a la madre de Erza― no habían más de cuatro magos que podrían ir y venir al mundo humano de una manera tan simple.

Era magia demasiado poderosa.

El silencio repentino aceleró su corazón porque ahora estaba a solas con la mujer a la que le debía una gran disculpa.

Debía de hacerlo antes de que ella le odiase más.

Erza… ―Jellal comenzó, su voz una súplica, pero la joven negó con la cabeza.

Hablemos de todo esto después.

Erza, yo, de verdad lo siento…

Después, por favor… ―dijo ella en un susurro―. Descansa, Jellal…

Descansa, Erza… ―susurró a la habitación vacía, ella ya se había encerrado de nuevo en su cuarto.

Pero, a diferencia de su pensar, la joven de cabello escarlata no estaba enojada o molesta con él.

No.

Erza Scarlet en ese momento estaba bajo las cobijas, en posición fetal abrazando sus rodillas recordando las cosas vergonzosas que hizo y dijo en presencia de Jellyberry.

Las veces que salía semi desnuda o desnuda del baño.

Las veces que dejaba la puerta del baño abierta.

Los días libres en que a veces ni se bañaba.

Sus canto a todo galillo desafinado.

Sus bailes improvisados.

Incluso el miércoles me depilé las piernas en la sala… ―recordó mientras su cara ardía al pensar en eso y en muchas otras cosas más.

Erza cerró los ojos e intentó dormir, pero el recuerdo de todas esas cosas la atormentaban demasiado.

Ahora él sabe quién soy yo… y además, se lo dije… ―susurró―, le dije lo que sentía por él…

Suspiró hondo y trató de evitar las lágrimas.

Pero su almohada igual amaneció húmeda…

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[ J & E ]

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Cuando salió de su habitación todo el apartamento estaba en silencio.

La joven se pasó uno de los mechones húmedos de su cabello tras la oreja y metió las manos en su abrigo, la mañana de otoño había amanecido muy fría y esperaba que eso sirviese de excusa para sus ojos y nariz roja, sin embargo no podía atrasar más la plática con Jellal.

Él no había hecho eso a propósito.

Era obvio por la manera en que las primeras semanas quiso escaparse, eso sin hablar de su buena fe al siempre esconderse bajo la cama cuando ella andaba con poca o nada de ropa, o cubrirse con sus patitas, o esconderse de ella y escapar cuando lo trataba de bañar; inclusive, su caballerosidad al comer la comida enlatada y no usar la arena de gato.

Erza rió.

Ahora entendía muchas extrañezas de Jellyberry y sentía pena por todo lo que Jellal tuvo que pasar.

Jellal… ―dijo en voz baja, eran las ocho de la mañana y ella había atrasado su salida de la habitación lo más que pudo, pero luego de bañarse y arreglar la cama ya no había nada más que hacer para evitar lo inevitable―. ¿Jellal? ―llamó de nuevo al llegar a la sala y se sorprendió al ver el sillón vacío y la cobija y la almohada perfectamente arregladas―. ¿Jellal? ―llamó de nuevo aún intuyendo lo que había sucedido―. Se fue… ―susurró para sí sintiendo una punzada en su pecho.

De nuevo Jellal desaparecía de su vida.

Intentando no soltar lágrimas respiró hondo y se dirigió a la cocina, allí se sorprendió al ver una taza de café recién servido y un papel perfectamente doblado, sin importarle la manera de actuar un tanto desesperada se apresuró a la nota y la leyó:

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"Sé que hay muchas cosas de las que debemos hablar, y principalmente, cosas por las que debo agradecerte y pedirte perdón, pero tu madre está en lo correcto, puede que corras gran peligro mientras estoy a tu lado, especialmente ahora que Lady Belserion usó magia para eliminar el hechizo en mí, y eso no lo puedo permitir. Jamás me perdonaría que algo te sucediese a ti, Erza. Todo lo que tú y tu madre me contaron no saldrá de mí, puedes contar con eso; y, te prometo que apenas arregle mi situación volveré para pedirte perdón y tomar esa taza de chocolate caliente que está pendiente entre ambos.

Más que agradecido, JF.

PD: Tomé ropa prestada de la que se vendería en la beneficencia. Perdón por eso también."

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Erza releyó la carta un par de veces más y se secó las lágrimas con la manga de su abrigo, no debía llorar, si él decía claramente que volvería a hablar con ella, lo haría; y, aunque no mencionase nada de sentimientos recíprocos no podía ponerse así de triste, Jellal no estaba obligado a sentir lo mismo que ella solo por haber escuchado su confesión.

¿Aún hay café? ―La repentina voz de su madre la hizo brincar del susto.

¡No te he dicho que uses la puerta! ―casi gritó mientras escondía la carta.

Aparecer fuera de tu apartamento requeriría pedir permisos al Consejo Real para visitar el mundo humano y yo no nací para pedir permisos ―replicó con aire de majestuosidad mientras tomaba la taza de café que Jellal le había dejado servido a Erza―. Iack… esto está muy dulce y tiene mucha crema…

¡Porque es mi café! ―se la quitó de las manos y para disimular su tristeza tomó de la bebida aún caliente, para su sorpresa estaba como a ella le gustaba.

Sonrió.

Jellyberry siempre la acompañaba a desayunar y por eso esa taza de café estaba perfecta.

En serio, hija. A veces me preocupa esa obsesión por lo dulce…

Y a mí todo el tiempo me preocupa la manera tan despreocupada y campante de actuar de la futura Reina de Dragnof. El abuelo Belserion de seguro no sabe de esta visita ni de la de ayer ¿Cierto, mamá?

No nací para pedir permisos ―repitió con otra taza de café recién hecho en las manos―. Pero debo volver rápido, solo vine a decirte que el chico gato no debe salir de aquí ―bebió la humeante taza con avidez asombrosa―. El hechizo lo pude anular porque tu apartamento está protegido por uno de mis hechizos de protección, pero fuera de acá puede que el hechizo vuelva a tener efecto, además ―agregó, dejando la taza vacía sobre el desayunador―, fuera de aquí podrían detectar la esencia mágica de tu amigo, si es que su magia re aparece repentinamente y aún no sabemos quién o quienes podrían aprovecharse de eso.

Erza no esperó a que su madre chasquease los dedos y desapareciese, sino que de inmediato corrió a la puerta luego de tomar su bolsa de tela para las compras, su cartera, sus llaves, su bufanda y salió de su apartamento, si esa perfecta taza de café aún estaba caliente, significaba que Jellal había salido hacía poco.

Debía encontrarlo.

Esto es peor de lo que pensé… ―susurró Irene al ver la desesperación de su hija y recordar sus ojos tristes al leer la nota que escondió de ella―. Y pensé que todo podría volver a ser como antes… ―Irene tomó ambas tazas y las lavó antes de chasquear los dedos e irse.

Ella sentía lo mismo que él.

Y su hija nunca se pondría así misma antes que a los demás…

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¿Comentarios?

Sus comentarios animan la escritura.

NwN

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Rincón De La Escritora En Proceso:

Chan chan… Pues así, es… ambos vienen del mundo mágico. xD Por eso Jellal no parecía tan admirado de la magia de su transformación y solo se preocupaba por el libro, además de no referirse así mismo como humano.

Por si no lo recuerden, el Reino Dragnof es el reino de origen de Irene, y por tanto también debió de ser el reino de origen de Erza.

¿Qué creen qué pasará ahora?

¿Lo encontrará Erza o lo encontrará… alguien más? D:

Gracias mil por leer. NwN/


Agradecimientos:

Vosotras/os amables reviewistas con cuenta os contesto por PM:

Sakom Raiya

Artemisa Neko Chan

Alicia Melo ANgel 29

Lady Werempire

Stormy Night Of Rain92

Akane Scarlet

Bluewater14

Indigoooo

Kissa Yunna

JBadilloDavila

Minsul6011

Ponyminiu

Vosotras/os amables reviewistas sin cuenta os contesto por acá:

Hoshi: Sí. Jellal volvió a transformarse… y en qué momento. xDDD Pobre trio de gatos son una ternura *w* Y sip, Irene es la madre de Erza. :D Yo la amo a ella. xD Espero te siga gustando, gracias mil por leer. Besos. =3=/

Sarabi: Oh, yes. She is… Irene is the perfect witch xD and Y truly love her. Hope you like the chapter and the explanations. Thank you so much for Reading. NwN/

Guest 1: xD Los gatos son famosos por solo interesarse en su propio bien, por suerte para Erza, Jellyberry tiene la conciencia de Jellal. :D Es emocionante que la petición que me dieron les guste. *w* Me hacen muy feliz. Gracias mil por leer. Saludos. NwN/

Guest 2: xD Es que un poquito de drama hace bien, y poner a Jellal en una situación penosa era demasiado tentador como para no hacerlo 7w7)r Me alegra que te guste. *w* Un besazo. Gracias mil por leer.

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Gracias de corazón por leer.

Gracias mil por comentar.

¡Adieu!

NwN/

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