Declaración: Los personajes de Naruto no me pertenecen, lo único mío aquí es la historia. –

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Genie II

Capítulo 4: Una nueva asistente.

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Había pasado por la oficina de su amigo a buscarlo como siempre. Comieron en un lugar especial y Naruto decidió comprar y guardar unos rollos de canela. Sasuke preguntó el porqué de ello, pero Naruto respondió con un sonrojo "Porque a ella le gustan…"

Sasuke se rió un momento. – Realmente estás enamorado… – Comentó sincero.

Naruto, como respuesta simplemente sonrió feliz.

La tarde trajo consigo mucho papeleo, había despedido a su última asistente por su ineficiencia. La gente había comentado que él era demasiado exigente con las muchachas, pero ¿qué tiene de exigente pedirle que haga cinco informes de la situación piso por piso de la empresa? Necesitaba esa información con urgencia para saber qué cosas fallaban y aunque tenía el carácter de "urgente" la mujer solicitó entregarlo en un plazo de dos meses.

"Suficiente" había dicho. Y en dos minutos la mujer se llevaba sus cosas consigo mientras todos temblaban al saberse candidatos a ser el nuevo o nueva asistente del gran ogro Uchiha. Frotó su sien con lentitud al tiempo en que exhalaba algo de aire, derrotado y cansado. No podía hacerlo todo solo e iba a necesitar de ayuda, concluyó luego de pensarlo bien.

Aquel jueves, lo único que le mantenía con la paciencia al uno por ciento todavía era el hecho de que pronto saldría y no tendría que volver a ver la cara de ninguno de sus empleados por lo menos por tres días, se permitió otorgarse el viernes para que su cuerpo descanse de la rutina por fin.

El sonido de la puerta al ser abierta no fue escuchado por ninguna de las criaturas mágicas que vivían ahí. Es más, si no fuera porque Sasuke le tocó el hombro a la mujer, ni esta, ni el animal mágico lo habrían notado. Sakura se sobresaltó tanto que hasta dejó caer el libro que tenía entre las piernas.

– ¡Sasuke-kun, qué susto! – Exclamó tratando de calmarse por el estado de alerta que dominaba su cuerpo aún. – Bienvenido. – Sonrió.

Él por su parte, solo podía mirarla. Aquella sonrisa era únicamente para él. Ella simplemente lo había saludado a modo de bienvenida, pero el sentimiento cálido que se formó fue tan poderoso que se tuvo que obligar a sí mismo a dejar de mirarla y dirigir esta hacia el libro que ahora estaba en el suelo.

– ¿Qué leías?

Los ojos color jade miraron hacia el objeto en cuestión y al reconocerlo contestó: – Es un libro sobre medicina humana.

– ¿Te es interesante?

– ¡Sí! – Contestó con alegría. – ¿Acaso Sasuke-kun no los ha leído? – Ante la negativa del moreno se vio forzada a preguntar. – ¿Entonces por qué los tienes?

Sasuke al parecer ignoró la pregunta y se dirigió hasta la cocina para servirse un vaso con agua.

– Eran de mi hermano. – Contestó luego de casi dos minutos.

Como había tardado tanto es responder, Sakura comprendió que ese tema no era uno de los favoritos de Sasuke para hablar y aun así, sentía curiosidad por ello, así que preguntó:

– ¿Dónde está él? – Sasuke simplemente la miró y en sus ojos Sakura pudo ver soledad y mucha tristeza. – ¿Hay algo que pueda hacer para-? – Fue interrumpida, pues el moreno chasqueó su lengua diciendo:

– Tráelo de vuelta.

Sorprendida por lo ácido de sus palabras, concluyó que su hermano podría estar muerto, por lo que prefirió dejar el asunto cerrado y continuó leyendo en el sillón acompañada de su babosa. La preocupación por el tema no la dejó seguir concentrada en el libro y Katsuyu también lo notó.

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– ¡Demonios!

La columna de humo se esparció por todo el lugar al tiempo en que Sakura muy asustada miraba para todos lados tratando de encontrar algún motivo de alarma.

– Sasuke-kun, ¿estás bien? – Preguntó cuando no pudo encontrar nada anómalo en el recinto.

El moreno por su parte suspiró cansado. Era viernes, un día de descanso para él y la actividad que estaba predominando ese día de relajo era más trabajo. Sí, estaba trabajando en su notebook personal en un día que no le correspondía hacerlo. ¿Y por qué? se preguntarán, pues por el simple hecho de que ya no contaba con asistente y los documentos que tenían que estar listos para ayer recién los estaba leyendo ahora.

– Necesito a una asistente, no puedo seguir así. – Comentó más para sí mismo.

– ¡Yo puedo ayudar a Sasuke-kun! – Levantó la mano con eufórico ánimo.

La mirada atónita del Uchiha habló por él. ¡Por supuesto! Tener a su genio de asistente podría mejorar significativamente las cosas… ¿Cómo no se le ocurrió antes? Se preguntó al tiempo que miraba a la sonriente pelirrosa.

– Deberás cambiar tus ropas, quiero que te vistas formal. – Ante la incomprensión de tal definición, Sakura chasqueó los dedos y en un segundo un vestido tipo victoriano de chillones colores apareció en el cuerpo de la genio. Sasuke negó unas cuantas veces y buscó en internet una fotografía de una mujer con ropas de oficina. – Algo así. – Le informó mientras se la mostró a Sakura.

– Ya veo… – Con otro chasquido de dedos la vestimenta de la mujer en la fotografía apareció en su cuerpo. – ¿Ahora sí, Sasuke-kun?

–… – El Uchiha se tomó un momento para responder. – Perfecto.

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Había querido ser de ayuda a Sasuke, por lo que ahora se encontraba camino a la empresa del moreno con el jarrón de plata entre las manos para que Katsuyu no estuviese demasiado lejos suyo, los tacones que usaba en esos momentos parecían estar martirizando sus pies, se preguntó entonces si habría fallado en copiar la vestimenta que Sasuke le mostró en el aparato con pantalla mágica que tanto utiliza.

– Te quedarás aquí, si te necesito te llamaré. – Una vez el moreno desapareció por la puerta a su lado, suspiró.

– Katsuyu-sama, esa chica de la foto se veía tan contenta… ¡Y mis pies me duelen demasiado, shannaro!

– Solo aguanta un poco más Sakura-san. – Le apoyó su babosa cuando se sintieron solas en la habitación.

El día en ese puesto le estaba aburriendo. No sabía cómo utilizar ese aparato con pantalla mágica y botones con letras… Se había dedicado a esperar paciente el llamado de Sasuke. Se prometió que para el siguiente día pediría ayuda con ese aparato y traería algún libro de esos de medicina que tanto le habían gustado. Apoyó su mentón en la mano derecha, la que estaba apoyada sobre la mesa… Katsuyu había comenzado a recorrer la mesa de un lado a otro, estaban demasiado aburridas. Si aquel era el trabajo que todos los humanos debían hacer era sumamente aburrido, de cierta manera ahora comprendía la cara de Sasuke cuando llegaba al departamento.

El sonido de tacones caminando hacia ella la alertó.

– ¿Así que tú eres la nueva asistente de Sasuke-sama?

Una pelirroja acompañada de una castaña se encontraban frente a su escritorio y mirándola con cierto aire de superioridad.

– ¿Quiénes son ustedes? – Cuestionó intuyendo malas intenciones de las dos féminas.

– No durarás demasiado aquí, lindura. – Respondió la castaña ignorando por completo su pregunta. – Nos encargaremos de hacer tu vida un infierno. – Aseguró sonriendo con sorna.

La pelirroja tomó unos papeles que estaban ordenados en su escritorio y los botó al suelo junto con los lápices que estaban a su lado sin pizca de arrepentimiento por el desorden ocasionado. Cuando decidieron que era momento de retirarse, se perdieron por un pasillo que hasta el momento Sakura desconocía.

Sin salir de la sorpresa inicial se levantó y decidió ordenar, prefirió no utilizar magia pues Sasuke le advirtió que nadie podía enterarse de alguna manera que ella era una criatura mágica. Llevaba unos cuántos segundos haciéndolo y su mano se encontró con la de otra persona al momento de estirarla para coger un lápiz a lo lejos. Sus ojos miraron a la persona en cuestión y el pelirrojo le sonrió con encanto.

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