¡Hola, mis amores! ¿Me extrañaron por aquí? Yo sí los he extrañado. Ya sé que me tardo media vida en actualizar, pero trato de hacer que la espera valga la pena, y siempre les escribo con mucho cariño.

La verdad es que este capítulo no iba a estar listo tan pronto, pero últimamente me topé con la noticia de una escritora que hizo un paro porque no recibía reviews, y me di cuenta de que soy muy afortunada porque ustedes siempre están escribiéndome comentarios al final de cada capítulo. Así que esta es mi forma de agradecerles. Con cariño para todxs ustedes, espero que disfruten el nuevo capítulo de S.O.S.

Disclaimer: los personajes de Free! Pertenecen a su creador, Koji Oji, yo sólo los utilizo con meros fines HaruGou en esta historia (?)


Capítulo 4.

Operación S.O.S.

Lunes, 6:30 a.m. Calles de Japón.

Delfín rosa.

Objetivo: Haru.

La mañana pintaba bastante bien. A pesar de que había tenido que levantarse de la cama una hora antes de lo habitual, Gou estaba determinada a hacer de aquel, un buen día. Para todos. Caminó con paso ligero por la acera, buscando con la mirada hasta encontrar el nombre de la calle que buscaba; dobló a la izquierda y avanzó un par de cuadras más, hasta detenerse frente a la bien conocida casa. Suspiró, tomando valor antes de tocar a la puerta.

—¿Haruka-senpai?

Sin respuesta. Volvió a tocar, pero no hubo resultados. Su corazón dio un pequeño vuelco. ¿Y si algo había pasado?

—¡Haruka-senpai! —insistió, elevando un poco su voz. Nada.

Respiró hondo, tratando de pensar en su siguente paso. Tal vez no había pasado nada, tal vez él simplemente había salido antes de casa y ella estaba sobre reaccionando.

O tal vez no.

Recordó a Makoto entrando por la puerta trasera de la casa aquella vez, cuando Haru estaba desaparecido. Se reprendió apenas pensarlo. ¿Cómo iba a entrar a la casa de alguien más sin permiso? Eso no era correcto. Sobre todo siendo la casa de un chico. Aunque Makoto lo hacía, ¿cierto? Sí, pero él era su mejor amigo desde siempre… Y ella era su novia. Lo ficticio era lo de menos.

Sin pensarlo más, rodeó el lugar hasta dar con la entrada de emergencia.

—Voy a entrar— anunció, como se hace por cortesía. Abrió la puerta con cuidado, mirando en todas direcciones cual policía en una investigación. Nadie a la vista.

Se quitó los zapatos antes de entrar, aún con cautela, deslizando los pies como quien no quiere despertar a sus padres. Entró en todas las habitaciones a su paso, sin éxito alguno. Cuando finalmente llegó al baño, estaba convencida de que no encontraría a nadie, así que entró sin prestar atención; recargó la espalda contra la puerta, cerrándola, y se cubrió los ojos con una mano en señal de cansancio (tal vez decepción).

—Tal vez sólo se marchó antes para poder…—un ruido conocido. Levantó la mirada y no pudo evitar dar un respingo al ver la mirada de Haru sobresalir del agua en la bañera, igual que haría un cocodrilo—. ¿Ha-Haruka-senpai?

La bañera. Por supuesto.

Y ella estaba ahí, como si nada, mientras él se daba un baño. De pronto el color rojo le subió por las mejillas.

—Lo siento, no quería entrar así, yo sólo estaba preocupada y— Haru comenzó a levantarse, con el agua resbalando a chorros por su cuerpo. Gou agitó una mano con desesperación, mientras se cubría los ojos con la otra; luego tuvo que entreabrir un poco los dedos para mirar, sólo porque quería asegurarse de que él no saliera totalmente desnudo, ya saben, ella… ya se reprendería a sí misma luego— ¡Espera un segundo, senpai, no es…!

El bañador. Haru tenía el bañador puesto. El pelinegro se quedó de pie ahí, mirándola con desconcierto. Ella dejó caer ambas manos a los lados, con una expresión indescifrable.

Agua fría.

Sintió la necesidad de sumergir la cabeza en el agua fría de la bañera (o de huir tan rápido como sus temblorosas piernas le permitieran), pero se contuvo para no parecer más rara de lo que seguramente ya parecía.

—Yo… voy a esperar afuera.

Sin decir más, salió a toda prisa. Haruka ladeó el rostro, incapaz de entender. Se secó y vistió como era costumbre, cuando se encontró con Gou en la cocina, llevaba la toalla sobre el cabello húmedo aún e iba completamente vestido con el uniforme.

—¿Gou? —tuvo que llamarla, la chica permanecía con la frente apoyada contra el congelador, murmurando algo ininteligible. Giró lentamente hacia él, con una sonrisa avergonzada; él fijó la vista en su frente, enrojecida por el frío del mueble—. Ayuda— dijo, obviando el resto de la explicación. En efecto, el frío del congelador había ayudado a disminuirle un poco el ardo del rostro.

—Lo siento, senpai, realmente no pensé que estuvieras ahí dentro— tenía la cabeza ligeramente baja, levantando sólo la mirada, lo que hacía parecer sus ojos más grandes y tal vez un poco tiernos.

Haru la miró un momento antes de encogerse de hombros, como si no hubiera pasado nada. Se dirigió a la estufa, donde un sartén con comida lo esperaba.

—¿Caballa? —ofreció. La pelirroja negó con la cabeza, sorprendida de que él no se hubiera molestado. Bueno, era Haru después de todo.

Se sentaron juntos a la mesa, uno frente al otro, mientras él desayunaba tranquilamente. La chica lo admiró; aún cuando estaban clavados en un pedazo de pescado, esos ojos azules eran realmente bonitos, transmitían una libertad que sólo había conocido en él. Por lo menos lo hacían antes de la acosadora. Recordó el abrazo y se encogió de hombros inconscientemente, sabiendo que a pesar de su silencio, su novio ficticio necesitaba confort.

—¿Haruka-senpai? —llamó, lista para darle una buena explicación de su presencia. Él levantó la mirada hacia ella un momento—. Estaba pensando que tal vez podríamos ir juntos a la escuela, sólo para hacerlo más real, ya sabes…

No estaba muy segura de cómo decirlo sin que sonara ridículo, aunque era la verdad. Después de lo sucedido en la campaña de abrazos gratis, la pelirroja creía entender un poco mejor a Haru, al menos en lo referente a sus sentimientos por la acosadora. Y quería ayudarlo. Quería que sus bonitos ojos azules volvieran a brillar con libertad, en lugar de estremecerse de preocupación. Así que esa mañana se había levantado más temprano, sólo para poder ir a la escuela con él, esperando que eso convenciera a quien estuviera atormentándolo.

—¡Haru! —la voz de Makoto en la entrada la sacó del ensimismamiento. El castaño apareció en la entrada de la cocina, con un gesto de preocupación que se relajó inmediatamente. Seguro él también se había preocupado. Miró a Haru, esta vez confundido, pero al hablar se dirigió a la chica—. ¿Gou-chan? ¿Qué haces aquí?

—¿Eh? Bueno, yo… pensé que sería bueno si nos vieran llegar juntos a la escuela— se encogió de hombros. Makoto sonrió suavemente.

—Ya veo. Es una buena idea. En ese caso, voy a adelantarme.

—¿Qué? No, espera, no es necesario— ella se puso de pie rápidamente, tratando de detenerlo. Había pensado que podían ir los tres juntos, para hacer las cosas más sencillas, o eso esperaba.

—Estará bien— dijo el mayor, sonriendo tranquilizadoramente—. Los veré más tarde.

Dicho eso, salió de la casa con toda la tranquilidad que le caracterizaba, dejando a Gou con la boca abierta y las palabras atoradas en la garganta.

La presencia repentina de Haru a su espalda la sobresaltó. ¿En qué momento había terminado con la cocina y había tomado su mochila?

—¿V-vamos? —preguntó, suponiendo que era lo que su mirada trataba de comunicar. Él asintió.

No pasó desapercibido para ella que, al salir de la casa, el chico ni siquiera se molestó en cerrar la puerta. ¿En verdad era tan confiado? Vivía en una zona bastante tranquila, pero aun así… Se preguntó si sería parte del mismo concepto de libertad que lo rodeaba. Lo miró de soslayo; inmutable, con la mirada centrada en algo que probablemente sólo él podía ver. Pensó que n el agua, Haruka era como un delfín pero, fuera de ella, era como una tortuga, puesto que nadie podía saber lo que pensaba.

—Así que… ¿dormiste bien? —a pesar de que sólo trataba de hacer que la conversación fluyera un poco, para hacer menos incómodo el trayecto, la pregunta le hizo pensar en cómo sería la vida de Haru en casa. Los chicos pasaban mucho tiempo ahí, pero todos se marchaban en algún momento del día. ¿Se sentiría solo en casa, sin nadie más? ¿Estaría cómodo así, o se detendría a mirar el techo por las noches, extrañando la compañía de alguien?

"Al final, también es un ser humano", pensó, recordando una serie de pequeños detalles, como la primera vez que nadó en relevo, sólo por sus amigos, y las sonrisas fugaces en su rostro a las que nadie parecía prestar atención cuando estaban reunidos (sí, tal vez también pensó en el abrazo… de nuevo). Debía sentirse solo en casa, más aún con todo el tema de la acosadora rondando por ahí.

—¿Qué hay de ti? —la pregunta sonó distante, casi como un eco.

—¿Qué? ¿Yo? —¿ella? ¿ella qué? De alguna manera sentía que los últimos días habían sido de esa forma: ella distraída, pensando en él, preocupándose por cosas nunca antes presentes en su mente. ¿De qué estaban hablando antes? Dormir, sí—. Ah, mi noche estuvo muy bien.

En realidad, le había costado trabajo dormir pensando en su actual problema.

El silencio volvió a reinar. ¿Cómo hacía Makoto para vivir con eso todos los días? ¿Tal vez todo era menos incómodo entre ellos, porque se conocían de tanto tiempo atrás (o porque no fingían ser novios)?

Anduvieron en silencio hasta llegar al instituto. Haru pareció no notarlos, pero Gou sí pudo ver a Nagisa empujando la cabeza de Rei hasta desaparecer entre los arbustos de la entrada, espiándolos. Dos pares de ojos se asomaron entre los pequeños huecos de las hojas verdes, haciéndola suspirar.

—Haruka-senpai…

El aludido tenía la mirada fija en algo, pero cuando la pelirroja intentó seguirlo, sólo vio estudiantes correr de un lado a otro. Frunció el ceño. ¿Habría visto a alguien sospechoso?

—¿Está todo bien?

—Hmm— fue lo único que recibió por respuesta, antes de que él se marchara.

Comenzaba a sentirse frustrada. No entendía nada; no entendía por qué alguien acosaría al vicepresidente del equipo de natación así, era apuesto y tenía unos increíbles músculos, sí, pero los adolescentes normales se conformarían con enviarle una carta de admiración en lugar de ahogarlo en corazones y fotos espeluznantes; no entendía cómo ella había terminado fingiendo ser su novia para resolver el problema en lugar de llamar a la policía; no entendía ninguna de las locas ideas de Nagisa y, sobre todo, no entendía a Haru. ¿Cómo se suponía que lo ayudara si no lo entendía, si un día parecían acercarse y al minuto siguiente no existía ni rastro de esa comunicación? Le lanzó una mirada furiosa a los chicos tras el arbusto y se dirigió a su clase, sin decir nada.

13:30 horas. Pasillos de la preparatoria Iwatobi.

Delfín rosa.

Objetivo: desaparecer

"Gou-chan, ¿cómo es Haruka-senpai?" "Gou-chan, ¿es cierto que están saliendo?" "Gou-chan, ¿desde cuándo te gusta el senpai?" "Gou-chan, eres realmente afortunada" "Gou-chan, Gou-chan".

De pronto todas sus compañeras se habían vuelto locas, preguntándole por su supuesta relación amorosa. Se suponía que eso la hiciera feliz, significaba que todos se estaban creyendo la mentira, tal vez la acosadora incluida; se suponía que sonriera y respondiera a todo como una chica enamorada, pero lo único que podía hacer era sentirse confundida y asediada por algo que ni siquiera ella misma sabía responder. Necesitaba un respiro.

Se dejó caer en la banca, en los vestidores del club de natación. Sabía que nadie la buscaría ahí, porque los chicos habían acordado no acercarse al lugar hasta que Haru estuviera seguro.

Haru.

Estaba tan preocupada que no dormía bien e incluso rodeaba media ciudad de mañana para acompañarlo a la escuela, y a él parecía no le importaba, o al menos eso parecía; ni siquiera se había dignado a mirarla o decirle algo cuando se encontraron en los pasillos, entre clases.

Haru la tortuga.

Algo la hizo estremecerse. Un ruido. Había alguien más ahí.

—¿Hola? —llamó, sin respuesta-. ¿Chicos?

Se puso en pie despacio, mirando en todas direcciones. Aquello era muy extraño, sólo los miembros del club entraban ahí, y estaba segura de que ninguno de ellos le jugaría una broma así de pesada.

Otro ruido. Alguien caminaba entre los casilleros, produciendo una especie de aterrador susurro metálico.

Con la espalda pegada a la pared, tratando de averiguar de dónde provenía el ruido, la pelirroja se dirigió a la puerta. ¿Quién podía estar haciendo algo así? De pronto, una palabra vino a su mente: FALSO. La imagen de una equis y la fotografía rota. Aceleró el paso hasta alcanzar la puerta de los vestidores.

Cerrada.

No recordaba haberla cerrado cuando llegó. El corazón le latía tan fuerte que podía escucharlo claramente, y las manos, ya sudorosas, le temblaban tanto que no podía asir bien la perilla. El ruido seguía, más cerca, más peligroso. Gou no quería darse la vuelta y dejar su espalda descubierta, pero tenía que hacerlo para abrir la cerradura; respiró hondo, y contó al ritmo de los pasos desconocidos.

Uno.

[Cerca...]

Dos.

[...de...]

Tres.

[...ti.]

Se volvió sobre sus talones, tomó la perilla de la puerta con ambas manos, la giró con determinación y...

Clack.

Le tomó un segundo procesar la información. Al girar el cerrojo, algo la había arrojado de espalda contra el piso. La silueta seguía de pie frente a ella, podía sentirlo, pero sus ojos se mantenían fuertemente cerrados; sintió como se agachaba y la sujetaba de ambos brazos. Llevó ambas manos al frente en señal de protección, y entonces lo escuchó: su nombre. Abrió los ojos lentamente para encontrarle ahí, en cuclillas, sosteniéndola con firmeza, mirándola.

—Haruka-senpai— susurró. Cuando por fin entendió, no pudo evitar aferrarse a él en un abrazo lleno de alivio y agradecimiento.

14:30 horas. Casa de Haruka Nanase.

Equipo S.O.S.

—Gou-chan— Makoto le tendió un vaso con algo que humeaba.

La pelirroja asintió a forma de agradecimiento y lo tomó con ambas manos. Estaba sentada en la sala de Haru, con una manta sobre los hombros todavía tensos; la habían llevado ahí saltándose la última clase, porque estaba demasiado nerviosa. Sopló suavemente y bebió.

—Gou-chan— llamó Makoto de nuevo, con esa mirada de preocupación que le había estado dando desde que la encontraron con Haru, en la entrada de los vestidores. Al parecer, el moreno había corrido hasta ahí sin ningún aviso, y los chicos lo habían seguido. Una vez que estuvieron ahí, recorrieron todo, pero no encontraron a nadie; creían que, quien quiera que hubiera estado con ella, había escapado por la puerta de la piscina al escuchar a Haru. Ella levantó la mirada hacia él, sin pronunciar palabra alguna, y el castaño sonrió—. No tienes que hacer esto por más tiempo.

¿Hacer… qué?

—Lo más lógico es que todo esto fuera cosa de la acosadora— continuó, ante su mirada de interrogación—. Haru ya sospechaba que algo así podía pasar, al parecer, y no quiere seguir con el tema del noviazgo ficticio. No queremos que te arriesgues.

Un relámpago iluminó a Gou. Tal vez por eso Haru actuaba tan extraño, si pensaba que algo podía pasarle a ella, podía haber pensado también que mantenerse a distancia la protegería de alguna manera. Eso parecía más propio de él, de Haru el delfín, que a pesar de no demostrarlo abiertamente era amable con sus amigos. Sonrió por primera vez desde el incidente.

—Está bien— respondió, quitándose la manta de los hombros. El capitán ladeó el rostro, confundido.

La chica se dirigió a la habitación contigua, donde estaban todos los demás, con Makoto detrás

—No voy a apartarme— se sentó al lado de Haruka, que la miraba con desaprobación. Por primera vez comenzaba a sentir que lo entendía, sin necesidad de escuchar sus palabras; Haru no era como una tortuga que no habla, era como un delfín, al que hay que prestar atención para escuchar su voz, su movimiento, su mirada—. Estará bien, seré más precavida de ahora en adelante, hasta que solucionemos esto. Pero no voy a dejarte.

Haru comenzaba a negar con la cabeza, cuando ella puso su mano sobre la de él, delicadamente, discretamente, no como una forma de coqueteo, más bien como una forma de transmitirle su seguridad. Él la miró y asintió una vez.

—¿Estás segura? —preguntó Makoto.

—Lo estoy— asintió—. No volveré a marcharme sola, lo prometo.

—Encontré esto en el piso de los vestidores— intervino Rei, dando por hecho que ya todos habían aceptado la decisión de su manager. Levantó en la mano un pequeño objeto brillante—. Creo que es de la acosadora.

—Entonces estamos cerca— acertó Nagisa, con una sonrisa de triunfo—. Sólo debemos encontrar a la dueña.

Se pasaron el resto de la tarde diseñando un plan para terminar por fin con esa locura.

—Debo irme ahora— dijo Gou, una vez que todo estuvo definido—. Debo preparar las cosas para la visita de Rin este fin de semana.

—Iremos contigo— dijo Nagisa

—De todas formas está de paso— complementó Rei.

La pelirroja los miró con dulzura. Realmente les agradecía por cuidar así de ella, era afortunada de tener a esos amigos que, además de hermosos músculos, tenían grandes corazones.

Mientras se preparaban para salir, Haru alcanzó a Gou en la entrada.

—¿Hm? ¿Pasa algo, senpai?

—Debiste dar un largo recorrido para llegar aquí hoy por la mañana— dijo, como si nada. Bueno, sabía que no era una tortuga, pero todavía estaba trabajando en su capacidad para entenderlo.

—No fue demasiado— sonrió—. Unos 30 minutos, tal vez. Pero no lo haré de nuevo si no quieres.

—¡Gou-chan!

—Ah, Nagisa y los chicos están esperando. Tengo que irme. Nos veremos, senpai.

El moreno asintió, mientras ella corría hacia la puerta. Se despidieron con frases cortas. Luego de dejar a Gou en la puerta de su casa, cada uno partió hacia su propio hogar, para hacerse cargo de las tareas y sus propios asuntos familiares.

Martes, 6:00 a.m. Calles de Japón.

Delfín azul.

Objetivo: Gou.

Cuando el timbre de su casa sonó, Gou esperaba encontrar a cualquier persona, excepto a él.

—¡¿Haruka-senpai?! ¿Q-qué haces aquí?

El moreno llevaba ya el uniforme y su mochila al hombro. La miró con el labio ligeramente fruncido, como si no pudiera organizar las palabras para responder correctamente. Tal vez ni siquiera sabía qué decir. La chica contuvo una sonrisa.

—¿Iremos juntos a la escuela?

Él asintió, una vez, respirando con algo muy parecido al alivio.

—Vamos, entonces— cerró la puerta detrás de sí, y se detuvo a su lado, sonriendo cual chiquilla.

Él la miró confundido, ¿por qué parecía tan feliz? Comenzó a caminar sin darle demasiada importancia, ya lo sabría luego.

—¿Dormiste bien, senpai?

De nuevo asintió

—¿Y tú?

—Sí, muy bien.

No hablaron sin parar, pero ese día el camino a la escuela no resultó silencioso para ninguno de los dos. Ambos sabían que no estaban solos esta vez, sabían que podían apoyarse en el otro. Gou lo miró de soslayo, y apartó la vista justo cuando él la miraba. Sonrieron sutilmente.

Cerca de ti.


En el próximo capítulo:

Haru tiene problemas de sueño. ¿Podrán sus amigos encontrar una forma de ayudarlo?

Rin se entera de lo que está sucediendo, ¿seguirá en pie la amistad con Haru después de esto o simplemente obligará a Gou a retirarse a un convento de monjas (?)?


¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Este fue difícil de escribir, pero como siempre, realmente espero que valiera la pena la lectura para ustedes, y que no se limiten en sus comentarios.

Muchas gracias por leer, buscaré actualizar más seguido este mes (Naranja Morada y una servidora estamos en un reto para escribir una hora diaria, esperando que ayude a las actualizaciones).

Lxs estaré leyendo pronto, bomboncitxs. Hasta entonces cuídense, y difundan el HaruGou por el mundo (?).

¡Besos y abrazos!