Arrepticio

Capitulo III.

Los aplausos comenzaban a hacer su aparición, retumbando en el teatro. Mis actores salían y agradecían a su público.

Mi pecho estaba lleno de alegría y orgullo, pero aun así no podía evitar dirigir una mirada a todos los ahí reunidos para cerciorarme que esos ojos no se encontraban, observándonos con su característica frialdad y amenaza constante.

Después de unos momentos más las personas comenzaron a abandonar el recinto. Cass me dirigió una mirada alegre y me acerqué a ella.

—Pues me parece bien, ¿tú que opinas? —ella le echó un vistazo a la gente que se retiraba.

—¿Bromeas? —Alcé una ceja—. Es perfecto —dije con autosuficiencia.

Realmente era perfecto, las personas poco a poco parecían perder el recelo hacia el teatro y cada vez éste parecía un más lleno que la noche anterior.

—¿Será suficiente? —me cuestionó dudosa.

Y aquella era una pregunta que yo me hacía en silencio.

—Eso espero —suspiré intentando detener el rumbo que tomaban mis pensamientos. No quería pensar en el dinero, no ahora—. Vayamos atrás —le dije a mi amiga que pronto me siguió hacia el escenario.

Todo el mundo parecía más tranquilo después de la representación. Mi vista se perdió unos segundos en Erick que iba de un lado a otro, él seguía pareciendo muy ajetreado. Me dedicó una sonrisa pequeña y yo lo saludé con la mano, después sólo se alejó.

Cass se aseguraba que ningún contratiempo hubiera sucedido, como alguna lesión menor o el desgaste de la escenografía. Pero todo parecía ir en orden, de pronto hasta mi vida parecía ir en orden.

—¡hey! —escuché como alguien me llamaba.

Me giré para verlo, era Patrick.

—No deberías de estar en la entrada —lo reprendí juguetona.

—No pasará nada —me dijo él intentando calmarme.

—Bien, si alguien se lastima te lo descontare de tu paga –lo señale con el dedo índice.

—Entendido jefa —habló con una amplia sonrisa.

—Bien, ¿y para que me necesitas? —me interesé.

—Es sobre el tema de la otra noche —me informó.

—¿De verdad? —abrí los ojos como platos.

—Todo es posible cuando conoces a las personas correctas —aclaro sin dejar de parecer orgulloso de si mismo.

—Pero aun así, Los Ángeles es enorme, ¿Cómo has podido? —continuaba sin poder creérmelo.

—Ya lo dije Jane, he trabajado en muchos lugares.

—Ya lo creo que si, pero en fin, cuéntame —le pedí curiosa.

—Ese sujeto se llama Daniel Camilleri, vino de visita para ver la posibilidad de comprar unas obras de arte de un tal Fiorelo Marchi, sepa usted que clase de tipo sea ese, pasó dos semanas aquí y hace una se marchó de nuevo a Italia.

Un suspiro de alivio se me escapó. Él ya no estaba.

—Así que puede estar tranquila —concluyó Patrick.

—Gracias —me lancé hacia sus brazos y lo abracé completamente agradecida.

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—Mamá, ya llegue —avisé entrando en la casa.

Colgué mis llaves y me disponía a subir a mi habitación cuando "la inquisidora Strasser" hizo su aparición, mejor conocida como mi madre.

—¿Hija, eres tú? —apareció en el marco de la puerta limpiando un plato con un trapo color beige.

—Sí, soy yo —repetí en tono cansino y automáticamente lo que yo denominaba conciencia me hizo rectificar de mi actitud—, ¿Cómo estas? —intenté mostrarme más cordial con ella.

—Bien, hija ¿y tu?, ¿Cómo ha ido la obra? —me miró tiernamente con sus ojos grises tan idénticos a los míos.

—Estoy bien —me acerqué un poco más a ella—. Y la obra, pues el teatro cada vez se llena más —no pude evitar una nota de alegría en la voz. Tuve que ahogar la frase "Estuvo perfecta" muy dentro de mi.

—Me alegro tanto —sus ojos seguían mirándome, ahora con un toque de melancolía en ellos. Yo sabía a quien estaba recordando en esos momentos—. ¿Tienes hambre? —me cuestionó como si estuviera saliendo de una ensoñación. Yo asentí lentamente—. Ya te preparo algo —se acomodó su corto cabello castaño detrás de las orejas con una mano mientras con la otra aun sostenía el plato.

Yo sonreí para mis adentros, mi mamá jamás dejaría de ser una despistada. Me alegraba que al menos eso no hubiera cambiado.

Fui tras ella hasta la cocina donde la ayudé con algunas verduras que debía lavar y picar, nunca había sido buena en la cocina pero me gustaba ser de ayuda, al menos un poco. Conseguí preparar una especie de ensalada y mi madre preparó unas pechugas de pollo agridulces. Ella me había dicho que no tenía apetito, pero al ver lo que estaba sobre la mesa no dudo en sentarse a mi lado y devorar la cena.

Entre nosotras se abría paso un silencio que sólo se rompía con el ocasional sonido de los cubiertos sobre los platos.

—Derek vino esta tarde —me informó mi madre sin apartar la vista de su plato.

¿Cómo rayos esperaba que tomara eso?

—El teatro no está a la venta —le respondí tajante y mi tenedor voló del plato a mi boca en un acto reflejo de mantener mi boca cerrada.

—Se lo dije —respondió ella escuetamente.

Creo que ninguna de las dos podíamos evitar pensar en aquel episodio.

Cuando mi hermana falleció el teatro quedo completamente abandonado así que Derek apareció en nuestra vida. Un trajeado de gobierno, ni más, ni menos. Estuvimos a punto de venderle pero un arranque de valentía, tal vez, me insto a rechazar la oferta, por suerte aquel teatro estaba a nombre de mi hermana y mio. Mi madre y yo tuvimos una fuerte y acalorada discusión por ese motivo. Ella estaba en su etapa de querer deshacerse de todo lo que le recordara a su hija fallecida.

El resto de la cena fue en silencio. Al finalizar me ofrecí a lavar los platos y mi madre subió a su cuarto. Lavar los platos era de las pocas actividades de limpieza que me gustaba realizar, el contacto con el agua me gustaba. También seque y acomodé todo en su lugar, realmente no tenia ganas de dormir. Al terminar simplemente realice la tarea que tenia pendiente y sin muchas ganas subí a mi habitación. Pero aun seguía con aquel sentimiento de recelo, algo me decía que mi madre no me había contado todo lo referente a la visita de Derek.

Antes de entrar a mi recamara le eché un vistazo a la habitación continua a la mía. Con su puerta de madera blanca que aparecía siempre cerrada. Miré de reojo la puerta de la recamara de mi madre. Cerrada.

Sin más giré la perilla de la habitación de mi hermana. Estaba oscuro así que encendí la luz. Paseé mi mirada por todo el lugar, por sus paredes de color verde manzana completamente desnudas, sin mucho que admirar sólo muebles blanquecinos totalmente vacíos y un colchón solitario sobre el mueble de una cama. Caminé hacia éste y me senté. Seguía repasando aquel espacio recordando con exactitud el lugar que ocupaba cada uno de esos muebles, al cerrar los ojos podía contemplarlo todo. Los perfumes que descansaban sobre el tocador de mi hermana, algo de maquillaje y muchos, muchos sombreros colgados por aquí y por allá. Todo eso había sido vendido y el dinero donado. En el armario antes se podían encontrar los vestidos que ella solía utilizar, que igualmente habían sido vendidos. La maquina de coser que descansaba en una esquina la había llevado al teatro para confeccionar la vestimenta. Las múltiples fotografías que antes colgaban de la pared habían sido movidas de lugar, algunas las tenia yo, otras mi mamá y también Anthony había conservado las fotos que tenia con Zoé.

Realmente al mirar atrás me daba cuenta que habíamos tomado todo naturalmente, quiero decir nunca estas preparado para perder una hija, una hermana o una novia, pero realmente lo habíamos llevado como se suponía que debíamos. Aunque seguía doliendo, y mucho. Me recosté lentamente sobre el colchón pensando en que jamás podría llenar ese vacío, ese hueco que estaba instalado en mi pecho. Me lo habían dicho los múltiples psicólogos y hasta algunos maestros, apreciaba su preocupación pero al mismo tiempo de decía:

«¿Y ellos que saben?».

Sentí el escozor de las lágrimas en mis ojos. La extrañaba y ellos sólo decían que todo estaría mejor, pues no, quizá el tiempo siga avanzando y yo creciendo, pero jamás va a pasar, nunca me va a dejar de doler, ella era mi hermana. Era en ese momento cuando la palabra "Hubiera" hace su aparición. Yo intento no pensar en eso pero me resulta imposible. Al final sólo vuelvo a pensar en lo sucedido y en lo que yo hubiese podido hacer, todo para terminar aborreciéndome por mi actitud y para después pasar al rencor, ella era una chica con sueños, con una voz hermosa y gran actriz, podría haber llegado a Broadway, esa era su meta. Recordaba su sonrisa cuando me hablaba de ello. Ella era de esas personas que tú denominas como "un sol". Zoé era la típica chica alegre, sonriente, que siempre te motivaba a dar todo de ti, que nunca te dejaría caer, si es que tenia alguna dificultad la solucionaba y su amor era el teatro. Debía de reconocer que algunas veces podía sentir celos de ella, pero era normal, o al menos eso me dijeron los psicólogos. Ella había heredado la actitud jocosa de mi madre y yo era taciturna como mi padre, la genética podía ser muy cruel. Pero justo en esos momentos ya no sentía celos al recordar sus triunfos que sin duda opacaban los míos, lo único que yo quería era poder ser tan fuerte como ella lo era, al menos para defender lo único que nos unía a ella y a mí que era nuestro teatro.

Poco a poco fui perdiendo la conciencia y finalmente cedi ante el cansancio no sin antes recordar la estremecedora visión de unos ojos ámbar que resultaban de lo más amenazadores.

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Miré hacia las tarimas, más asientos ocupados que la noche anterior. Un ligero cosquilleo de felicidad me recorrió por dentro. Alejé mi vista y la fijé detrás del telón todos corrían de un lado a otro para tomar su posición.

—Cada vez parecen más lentos —se quejó Cass a mi lado.

—Son los nervios —los defendí yo.

—¡Vaya! —Me miró alzando las cejas sorprendida—, la señorita perfección abogando por alguien más, debes de estar muy feliz —me golpeo ligeramente con su nudillo en el hombro. Yo sólo le dedique una mirada avergonzada.

Pero antes de que pudiéramos decir algo más Miranda una de las chicas del reparto llamo a Cass.

—Ahora vengo —dijo a modo de queja—. ¡¿Y ahora qué?! —ella parecía exasperada.

Pues si yo era la señorita perfección, ella era la chica desesperada.

A lo lejos pude ver como ella y Miranda discutían, Cass parecía reprenderla y la pobre chica sólo se ocultaba de su mirada. Extrañamente aquello no me parecía muy normal. Después de unos minutos de discusión noté como Cass detenía a ciertos actores que pasaban a su lado ocasionalmente y ellos negaban rotundamente. Los latidos de mi corazón empezaban a acelerarse. Finalmente Cass me dirigió una mirada y alzó la palma de su mano abierta. Sabía lo que esa señal significaba, me estaba pidiendo cinco minutos para empezar. Asentí con la cabeza y ella se alejó entre las personas que la rodeaban. Miré a Anthony que parecía estar pensativo, me acerque a él en busca de respuestas.

—Kate no sale de su camerino —me informó como si pudiera leer mis pensamientos.

—¿Se siente enferma? —pregunte pero él sólo se encogió de hombros.

—Nervios, tal vez —me dijo.

Miré hacia afuera por un lado de la amplia cortina que cubría el escenario, algo no estaba bien.

—No debe de ser nada —Anthony colocó sus brazos en mis hombros—, no te angusties, iré para animarla —me dijo con una sonrisa.

Suspiré aliviada, él tenía ese poder analgésico. Siempre calmaba a Zoé.

Anthony desapareció y yo volví a repasar el teatro. Detrás de la cortina todo el mundo se movía de un lado para otro, ahora que lo pensaba no había visto a Erick en mucho tiempo. Pero fuera de ésta era todo lo contrario; todo el mundo charlaba alegremente. Había jóvenes, ancianos y parejas enamoradas. Algunos con caras de aburrimiento por el retraso pero nada fuera de lo común. No fue hasta que me tope con esa extraña mirada que mi corazón pareció detenerse. Era él, sentado plácidamente en una butaca, con sus piernas cruzadas y su traje formal perfectamente planchado, llevaba una corbata gris y sus ojos eran amenazadores pero tenían un brillo distinto ésta vez. Con un ligero ademán de sus manos enguantadas tocó dos veces con su dedo índice lo que parecía ser un reloj imaginario de su muñeca izquierda. Algo malo ocurrió, él no debería de estar aquí, se suponía que se había ido hacía unas semanas. Un ataque de pánico se apodero de mí. Retire mi mano temblorosa de la cortina y eche a correr hacia los camerinos. Todas las señales de alarma de mi cuerpo estaban encendidas.

«Por favor no, por favor». Rogaba en mi interior.

Como pude me hice espacio entre la gente que se encontraba alrededor de aquella puerta.

—¡Katherine abre la puerta! —aporreaba la puerta pero ningún sonido salía detrás de ella. La poca paciencia se me agotaba—. ¡Katherine por favor! —los ojos comenzaron a escocerme, éste horrible presentimiento no me dejaba—. ¡Abre la puerta por favor! —notaba que alguien intentaba tomarme de los hombros sin conseguirlo—. ¡Katherine! —Repetí hasta el cansancio su nombre, pero fue entonces que la voz de Erick me llamó, Patrick venia con él—. Patrick ella no responde —mi voz temblaba.

—Tranquila —me dijo con voz cariñosa para después aporrear la puerta con su pie que no tardo en ceder.

Me apresuré susurrando el nombre de Katherine pero sin respuesta, cuando una silenciosa imagen se presentó ante mis ojos. Caí de rodillas al suelo con las lágrimas congeladas, Katherine descansaba sobre un sillón con la sangre brotando de su cuello. Estaba muerta. El chillido de las chicas del elenco a mis espaldas me sacó de mi ensoñación. Cass ordenaba a Patrick que sacara a todo el mundo del teatro. Erick intentaba calmar a los actores pero todos huían de la escena gritando que una maldición reinaba en aquel lugar. Yo no podía nada más que ver sus esfuerzos sin articular palabra, sin apartar mis ojos de aquel cadáver. Todo comenzaba a darme vueltas viejos recuerdos venían a acecharme, hubiera sido mejor que el techo se hubiese venido abajo. Estaba a punto de desmayarme cuando unos brazos me sujetaron y apartaron mi mirada de aquella mujer sin vida.

—Todo está bien —era la voz calmada de Anthony.

«¡No, no nada está bien!, ¿Qué acaso estas ciego?, ¡Está muerta!». Gritaba mi interior pero yo, yo no podía decir nada, hasta que recordé algo.

—Esos ojos —dije en voz baja.

—¿Qué? —me miró Anthony perplejo.

De pronto lo sabía. ¡Había sido él!

Me removí en el abrazo de Anthony para salir hacia el teatro donde el caos reinaba. Todos corrían de un lado a otro y al salir frente al escenario las cosas no cambiaban mucho. Luché contra las docenas de personas para llegar a las puertas donde Patrick intentaba mantener el control, lo cual no era posible.

—Es él —le dije con un hilo de voz.

—Jane, ¿que haces? —me miró sorprendido y yo no sabía que más hacer.

—Era él, no se fue, sigue aquí, asesino a Katherine, ¡Esta aquí! —Comencé a explicarme como una loca—. ¡Ayúdame a detenerlo! —miró hacia las personas que siguen saliendo—. ¡Tiene que seguir aquí! —miró hacia un lado y otro pero él no está—. ¡Ayúdame!, ¡Patrick ayúdame! —le exijo mientras siento como las frías lagrimas descienden por mi rostro, pero todo a mi alrededor comienza a dar vueltas, gritos, caras asustadas y ojos ámbar inundan mi visión, y antes que pueda exigirle algo más me desmaye.

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-Señor Kaulitz le informo que la ropa fue enviada a incinerar –Roger hablaba detrás de la puerta de mi cuarto.

-Perfecto –le dije en un susurro que seguramente él había escuchado.

Escuchaba las voces de mis vecinos a través de las delgadas paredes descarapeladas de aquel motel. Incluso el sonido de pequeñas patitas deslizándose por el suelo me alerta. Aquel lugar me provoca asco, pero tenia que mantener un perfil bajo ahora que Daniel se ha ido. Con cuidado me retiro los pupilentes de color verde los coloco a un lado de los guantes de cuero negro y la peluca oscura, ya me desharía de ellas en el cubo de basura de la calle, donde nadie nunca revisaba su contenido. Me dirigí hacia el pequeño lavabo en medio del cuartucho. Al menos corría agua, con un poco de desesperación borro los rastros de mi piel morena. Me miré en el espejo un segundo más, satisfecho de mi aspecto, volvía a ser yo. Volvía a ser Bill Kaulitz.

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Continuara...

chan chan chaaaaannnn! okno ._.

Pero supongo que ya entendieron algunas cosas de la historia, o aclararon mas dudas :B

Mi gemela no estaba asi que les doy las gracias por ambas :)

Y sobre todo gracias a las nuevas lectoras! eso nos hace inmensamente felices porque tenemos muchas esperanzas y planes para ésta historia que apenas inicia :D espero les agrade :)

muchos besos y abrazos aplastantes!

Siempre suyas May y Deka.