4. Presagio de amor

-No sabía si era el sofocante calor que comenzaba a calentar la avanzada mañana de ése preciso día de mayo, pero de pronto sintió que ya eran muchas las personas en la habitación que ocupaban, debía haber una explicación al calor interno que por dentro sintió cuando lo vio; era él su amigo. El amigo que había esperado durante muchos meses, el amigo que había prometido volver y lo había olvidado. De pie, junto a ella mirándola con una hermosa y por qué no? deliciosa sonrisa; de ésas que te dejaban sin aliento queriendo grabarla en tu memoria por la eternidad.

-A mí no me saludas? No hay un saludo para este pésimo amigo tuyo pequeña cumpleañera?

-La chica en mención dio un salto de alegría; estática como odiaba estar no hizo más que reaccionar a fiel reflejo de sus impulsos; sus ojos se cristalizaron y no pudo reprimir el deseo de correr a sus brazos ya extendidos para recibirla con regocijo.

-Albert lucía realmente cansado, había volado para verla y cumplirle al menos en su cumpleaños. Pasaría unas horas con todos los chicos del hogar y trataría que tuviesen una velada feliz. Candy aún no lo soltaba, estaba abrazada a ése cuerpo duro y firme que le transmitía calor y amor, al menos eso era lo que fraguaba su mente.

-Todos observaban la escena como un acto de impulso y entrega de una niña linda hacia su benefactor más querido; en especial siendo este el único hombre que les visitaba. Pero, una dama mayor le daba otra connotación al momento, sin ánimos que su sobrino pasase otra vergüenza como la última vez donde apareció todo mojado sin duda alguna por obra de esta chica; Elroy Ardlay decidió romper el momento.

-Candy, hemos venido a saludarte en este día tan especial. En realidad le hemos traído regalos a todos pero lógicamente William quiso lucirse contigo por ser tu cumpleaños. –Candy se apartó a regañadientes de William, caminó hasta la señora Elroy permitiendo que esta le abrazara y besara, afecto que había mejorado entre ellas desde hacía unos meses por muy extraño que pareciese. Detrás de Elroy la silueta de una chica de aspecto citadino se dejaba ver, vestida con unos muy ajustados jeans, hermosa blusa de seda verde trébol y tacones ? Candy no podía dejar de ver su hermosa cabellera roja muy cuidada y reluciente; pero, quién era esta chica? -William se acercó a ella nuevamente, la tomo por los hombros e hizo las presentaciones pertinentes,

-Candy ella es Eliza Donovan, mi asistente personal

-asistente personal? No… no sé que es eso señor William,

-Bueno, ella se encarga de administrar mi tiempo, planear eventos importantes relacionados con mi trabajo

-Hola Candy , Eliza se presentó. Debo admitir que tenía mucho interés en conocerte, William me ha hablado mucho de tí. -A Candy no le pasó desapercibido que empleara un tono tan confiado hacia su "jefe".

-Hola, fue su sucinta respuesta. –Eliza la observaba con curiosidad, no mentía al decir que William le había hablado de aquella chica sin contar nada a fondo solo que le gustaría ayudarla más de ser posible. Era realmente hermosa, rubia de intensos ojos verdes esmeraldas, desprendía un candor y sencillez que enamorarían sin duda a más de un hombre; pero claro, esto sería cuando estuviese adulta. Por ahora, no era más que una niña, una risueña niña y ella se sentía de momentos tan estúpida por sentir…celos? Sonrió tontamente regañándose internamente y le extendió a Candy su mano gesto acompañado de un beso en su mejilla. –Me agrada conocerte, finalmente.

-Bien, una vez dadas las presentaciones de rigor, pasemos a comer y degustar. El tiempo de nuestros invitados es oro

-Señora Pony, le aseguro que dispongo hoy de tiempo, estaré con los chicos un rato más. -Se apuró a interrumpir William.

-En ese caso señor Ardlay, le deseo toda la energía del mundo. –Rieron, comieron, Candy abrió algunos regalos entre ellos perfumes, ropa nueva, carteras de marca, zapatos cómodos y modernos, joyería y seguramente encontraría más cosas por descubrir tras preciosos envoltorios. Cantaron el cumpleaños feliz hasta que decidieron partir al río. Eliza aunque hubiese querido le fue imposible por los zapatos que cargaba, cosa que a Candy le dio mucha alegría. La chica terminó despidiéndose del grupo de mujeres mayores aduciendo tener compromisos en la ciudad. Se despidió de William con un intenso beso marcado de labial en la mejilla de este sin importar la presencia de los que allí estaban. Su presencia sobraba, pudo susurrarle a William que le esperaba a su regreso cosa que le fastidió a Elroy Ardlay; no tenía ni cuatro horas de haber llegado y ya planeaba secuestrarlo.

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-para qué regresar? No quiero regresar entiendes! Quieres volver a verle?

-deja de decir tonterías Priscilla. Este tiempo los hemos pasado muy bien , no veo la necesidad de dudar. Quiero, confirmar rumores que me han llegado, no pensé que algo así ocurriera jamás, pero parece ser inminente tener que intervenir

-qué quieres decir? acaso William…

-sí, tengo informes que nuestro hijo sale con ella; de hecho llevan varios meses en una ya no muy secreta relación

-sabes una cosa me siento asqueada; esto es demasiado para mí. –Priscilla Ardlay se levantó furiosa de su cómoda silla de mimbre de su terraza de campo. Una discusión más por lo mismo no era lo que había experimentado desde hace meses. Estaba molesta y renuente a tener que volver a Chicago. Por ahora, el espléndido y refrescante clima de la céntrica y acogedora Italia le había asentado muy bien. Sabía que no podía vivir apartada de su familia para siempre, sus hijos lo eran todo para ella, estaba siendo injusta con ellos sobre todo con Will quién se había esmerado en dar lo mejor de sí en su trabajo, los negocios florecían cada día más, su padre y ella misma estaban orgullosos de él. Sintió un escalofrió cuando vio a su esposo tomar sus maletas y comenzar a empacar, se iría con o sin ella. Habían tenido momentos difíciles de entera reflexión y aunque ahora la relación estaba sólida, se sentía de cierta forma avergonzada por haber huido cuando debió encarar la situación meses atrás y ella, prefirió poner su mejor rostro sorpresa inventándose un viaje de la nada, tenía que sacarlo de Chicago a como diera lugar y él le había complacido en todo hasta ése momento. Acaso estaba siendo tan irracional? Renegando una vez más, abrazó a su esposo suplicándole un tiempo más, este se giró hasta tenerla de frente, de pie allí parada le dio un beso en su frente –Tú, eres lo más hermoso que la vida me ha podido dar, pero no lo más importante. Mi hijo, me necesita ahora; no mañana cuando no haya nada que hacer más que lamentar

-te odiará!

-Prefiero que sea así, a tener que ocultarle esto toda una eternidad. No vayas si no quieres, pero yo lo haré es mi deber.

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-innumerables flores de diferentes colores y olores adornaban su andar, la primavera había iniciado pese al fresco clima que aún se percibía mientras platicaban de todo y de nada al transcurrir de las horas viendo a los chicos bañarse aún con las aguas no tan cálidas ni tan frías. William le comentaba a Candy, -has crecido unos cuantos centímetros, estas sin duda más alta

-Señor William, por qué no volvió hasta ahora? Puede decirme la verdad

-Bueno, la verdad es que… me convertí en un hombre lobo, no podía venir porque te comería a ti y a tus amigos,

-Candy le miraba de manera inexpresiva, -Ya no tengo 5 años señor William,

-jajajajaja lo siento, solo bromeaba. En realidad, estaba ocupado haciendo nuevas inversiones, viajando, concertando citas,

-la ama? -William detuvo su explicación cuando aquella rubia niña le sacó de su enfoque

-a…Eliza? Bueno, ella y yo mantenemos sí una relación de amistad sincera Candy,

-Amistad? -Candy lucia seria, lo indagaba como quien indaga a un marido, no daba pie a titubear en sus respuestas, finalmente resuelto a no darle importancia al asunto le dijo ,

-Me interesa como mujer, ha sido mi compañera sentimental por unos meses. Nos estamos conociendo y si me vas a preguntar si me casaré con ella, te diré que es muy prematuro para decirlo.

-Candy avanzó unos pasos más adelante que William mientras regresaban a la casona, no había querido bañarse con los demás aunque William insistió. Conversar con él era lo que más había anhelado desde que lo había conocido. No sabía cómo llamar a lo que sentía, no sabía cómo manejar sus prematuras emociones, apenas cumplía 12 años pero su corazón por alguna razón, latía con fuerza por ése hombre que caminaba junto a ella; sabía que estaba mal, sabía que era un pecado que reprimía en su joven e inexperto corazón. De modo que tratando de ahogar y callar lo que por él sabía, le dijo

-espero que algún día logren ser felices. Es muy hermosa.

-lo hermoso, no lo es todo en una mujer Candy. Apenas nos conocemos ella y yo

-me parece que se conocen demasiado bien; se tienen mucha confianza. –William arqueo las cejas sorprendido y prácticamente enmudecido,

-ella percibió su reacción, aligeró el momento -Invíteme a la boda si se da

-boda? Ja,ja,ja es un buen chiste, bueno para cerrar el día eso aún no está en mis planes pequeña; pero no digo que no ocurrirá algún día. Cuando decida hacerlo, serás la primera en saberlo, te lo aseguro. Vamos, parece que Elroy Ardlay se acostó a dormir o debe estar inmersa en plática de adulto mayor cuando aún no sale a recibirnos. No puedo tardar más, tenemos que irnos ya oscurece. Deseo que pases un hermosa velada Candy, cuídate mucho quieres? -William la abrazó suave y con respeto mientras besó su dorada cabellera.

-A Candy sus palabras le sonaron a despedida; a William le parecieron la justa medida para poner fin a las ilusiones de una niña enamorada, tonto no era. Pero, a alguien que observaba desde la venta, con el rostro inmerso en lágrimas mientras les observaba a los dos, intuía lo que sin duda sería un presagio de amor

ACTUALICÉ CONTRA TODO PRONÓSTICO

CAROLINA CUMPLÍ MI NIÑA LINDA

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