Capítulo 3.

Habían dejado el cuarto del pequeño Artie intacto o casi. Aún conservaba los banderines de la universidad de Brooklyn colgados en su ropero. Había pósters y recortes de diario que ya no estaban. Supondría que con el paso del tiempo se habrían arruinado y su madre había decidido quitarlos. Pero básicamente su cuarto estaba casi igual. Aún persistía el azul marino y la guarda un poco infantil que dividía la pared en dos. Entró suavemente, como si no quisiera hacer ruido. Notó que su madre había quitado la dichosa alfombra color beige que cubría todo el suelo y había puesto parquet. Por fin se había hecho la voluntad de su madre. Recordaba que esa dichosa alfombra había sido motivo de muchas, muchísimas, discusiones en su familia. Rió ante tal tontería, ahora en su reemplazo había una alfombra persa junto a la cama.

Dejó sus valijas allí y se sentó en su vieja cama. También habían cambiado el colchón. El moreno asintió satisfecho mientras lo probaba dando pequeños saltitos en él. Pequeñas cosas habían cambiado desde su partida. Pequeñas y no tan pequeñas.

Recordaba que ese día se encontraba totalmente entusiasmado y nervioso. Había revisado más de 50 veces la lista que había hecho los días anteriores. Cepillo de dientes, sí; ropa interior, sí; sus camisas favoritas, sí; aquellos tejanos que tanto le gustaban, sí; el Rolex que su tía Ruth le había regalado para su cumpleaños, sí claro, lo llevaba puesto; colonia, sí; el pasaporte, sí, etc., etc., etc. Lo tenía todo. Estaba completo para su viaje, un viaje que sería de ida y de vuelta dudosa, aunque eso no lo supo hasta años más tarde.

-No quiero que te vayas Art. –Así lo llamaba Laura en la intimidad.

-Tranquila –Dijo cerrando finalmente su valija para luego mirarla con una sonrisa que surcaba su rostro. –Volveré dentro de unos meses, sólo será un viaje de intercambio.

-Eso es mentira y tú lo sabes, ni tú te tragas eso –Le espetó la morena.

-Pero mamá y papá sí, eso es lo que importa, ¿no? –Dijo tomando su bolso y la chaqueta que llevaría consigo en el avión.

-Sabes que no me gusta nada eso de que vayas a Inglaterra con ese tal profesor tuyo…

Arthur dejó el bolso en su cama y se sentó enfrente de su hermana, la tomó por los hombros, esta vez muy serio.

-Oye, tú sabes que yo no hago las cosas sin pensarlas mil veces antes… Si me voy es porque sé a donde me dirijo.

Laura sabía que Arthur tenía razón, pero toda esa payasada de los sueños no se la tragaba y realmente le sorprendía que a su hermano lo hubieran logrado convencer con eso. Tan escéptico que era…

-Lo sé… -masculló la adolescente agachando la cabeza.

-Tranquila, te enviaré postales y estaré de vuelta en menos de lo que papá dice "¡Béisbol!"

La morena se rió y abrazó a su hermano.

-Te extrañaré

.Yo también –Afirmó el muchacho abrazando con más fuerza a su hermana.

Arthur suspiró. Esa escena había ocurrido allí, con su vieja alfombra beige y sus banderines de Brooklyn College como testigos.

-Noc, noc. –Dijo la morena abriendo la puerta y simulando tocarla. Los años sí que habían hecho maravillas en ella: su cabello estaba más largo, le llegaba hasta la mitad de sus pechos, ahora mucho más redondos y turgentes que antes. En esa época la recordaba con el cabello corto hasta la barbilla y casi sin forma. Recordaba que en la escuela la molestaban diciéndole "tabla de lavar la ropa" o "chico-chica" y que había vuelto a casa llorando por eso. Ahora era toda una mujer, preciosa por donde se la mirara y con dos hijas y un marido estupendos. El moreno volvió a suspirar. El hecho de haberse ido, le había arrebatado muchas cosas al igual que a Dom. Por eso, en ese aspecto comprendía cómo se sentía con Mal y sus niños.

-Qué aire de nostalgia tienes…

-He recordado muchas cosas en poco tiempo, debo procesarlo todo.

-Ya veo… ¿Vienes a comer? Ya sabes, mamá hizo tu comida favorita y no quiere que se enfríe… ya la conoces.

Arthur sonrió. –Sí claro, vamos.

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Planeaba quedarse al menos una semana más en Brooklyn. Necesitaba despejarse, ahora realmente lo notaba. Al sentarse a la mesa no pudo evitar observarlo todo. Por suerte, Arthur no era hijo del repollo, por lo que se dio cuenta enseguida que su madre era casi tan detallista como él. Todo estaba en orden desde la manera en que estaban acomodados los cubiertos hasta los pequeños posavasos bordados con tanto esmero. Sonrió complacido. No había hogar como el hogar.

-Lista la comida, vamos, coman que se enfría.

Laura y Arthur se miraron cómplices con una sonrisa discreta en los labios.

-¿Y Rose? ¿No se ha quedado?

-No, hoy su niña actuaba en el teatrillo de la calle principal, ¿recuerdas? Ese que ibas siempre...

-Claro, cómo no recordarlo… -Dijo el moreno.

Desde que era un adolescente a Arthur le gustaba mucho el teatro. Era algo extraño para un chico de su edad pues todos en su barrio se pasaban las tardes jugando al Basket Ball o al Béisbol, sin embargo él era uno de los pocos muchachitos que se acercaba a sacar un ticket para la siguiente obra, luego de ver la anterior. Su madre siempre lo animó a que viera cuántas quisiera, puesto que ella había actuado allí cuando era pequeña y le tenía cierta nostalgia y cariño a ese teatro en particular. Así que Arthur se pasaba las tardes y noches de verano allí.

Había conocido a Alison, una muchachita pelirroja y que al igual que él salir a las discotecas o ir a las fiestas no le llamaban demasiado la atención. Prefería el teatro y las tardes de té. Luego de varios encuentros en el teatro habían acordado verse por el parque para tomar un helado y hablar del tiempo. Ese había sido el primer amor de Arthur desde la secundaria.

Tomó un trago de jugo de naranja y reflexionó sobre el leve parecido que Ariadne tenía con Alison. Tal vez eso explicaba esa atracción del principio.

-¿Y tu hija, que harás? Te quedarás aquí o…

-Sí, ya he acordado con Scott que el tiempo que se quede Arthur aquí yo me la pasaré molestándolos. Ha pasado mucho tiempo y no quiero perder contacto con este tonto. –Y al decir eso la morena le dio un pequeño tirón de orejas como solía hacer cuando eran más jóvenes.

-Bien, bien ¡Así me gusta! Supongo que Irán a pasear por el centro, hay unas tiendas nuevas muy bonitas…

-Es verdad, Brooklyn ha cambiado desde que te has ido Arthur, pasearemos por la tarde ¿Qué dices?

-Me parece perfecto. –Afirmó Arthur dando el último bocado a su tarta de atún.

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-Me lo he pensado bien… y creo que no soy gay. –Dijo el moreno mientras observaba a los niños jugar en los columpios, a la vez que su hermana arrojaba migas de pan a las palomas.

-¿Ah no? –Preguntó distraída.

-No…

-Y dime, ¿de donde has sacado todo el asunto de "gay o no gay, esa es la cuestión"?

-Ja-ja qué graciosa. –Replicó Arthur también arrojándoles pan a las palomas.

Los minutos transcurrieron sin que el mayor abriera la boca.

-¿Y bien…? –Apresuró su hermana, algo ansiosa por saber.

-Veras… -Logró escupir, puesto que como pocas veces le había pasado, Arthur no podía acomodar sus ideas.

-Veo, sí… veo que estas nervioso… -dijo socarronamente la menor.

-No es fácil, ¿sabes?

-Ahh vamos, no hay gran ciencia en eso. Es fácil, ¿te gustan los hombres?

-No.

-Entonces… te gusta uno. –Dijo resaltando la última palabra.

-…

-No me digas que es Dom…

-¡No!

-Ah… porque ese no es para ti…

-¡Ya deja de bromear! –Le espetó el moreno ahora arrojándole a ella las migas de pan.

-¡Jajajaja! ¡Entonces dime de quién se trata!

Arthur gruño.

-No lo conoces…

-¡Uy, uy, uy! Cuéntame entonces.

El moreno resopló y de nuevo se cubrió el rostro. Se sentía estúpido hablando de todo aquello. De nuevo la colegiala enamorada que había en él volvía, esta vez para ponerse roja de vergüenza, callar y mirar a sus pies sin decir palabra.

-No importa… el asunto es… que…

-Ajá…

-He soñado algo.

-Oh Dios… ¿sueños eróticos?

-¡Qué no!

-Ok, ok, dime qué has soñado.

-Nada en particular…

-Si sigues siendo tan misterioso no lograré captar qué me quieres decir. O qué es lo que te tiene así…

-Es que… nunca he sentido algo así.

-Bueno, siempre hay una primera vez.

-Pero… ¿Con un hombre…?

-Es normal.

-¿Con él?

-Eso lo evaluarás tú. Algo debe tener él que te tiene así.

-¿Así cómo?

-Así, Arthur, así. Mírate. Ni me puedes mirar a la cara hablando de él.

El moreno se quitó las manos del rostro, con el ceño fruncido y rojo hasta la coronilla.

-Así me gusta más –Le animó la menor.

-A mi no…

-Vamos Arthur, ¿sabes qué es lo que te pasa? Es que, primero, tu orgullo te tiene por la garganta. Siempre has sido así… Siempre quieres negar que alguien te gusta y eso no tiene nada de malo.

-Sí que lo tiene…

-A ver, dime.

-Que te rechacen.

Laura resopló.

-¿Y qué? A todos nos rechazaron alguna vez y nadie se ha muerto de amor por eso. Ni de amor, ni de orgullo.

Arthur suspiró algo entrecortado. Eso lo ponía de los pelos.

-Pero… con un hombre es más difícil. No sé… no podría, no podría manejar la situación. ¡Ni siquiera sé lo que se debe hacer con un hombre!

-¿Hablas en serio…?

-No en ese sentido… -De nuevo Arthur se llevaba la mano al rostro.

-¡Jajaja! Bromeaba. Mira Arthur, en realidad no hay manuales para el amor…

-Sí, pero al menos sé que a una chica podría invitarla al cine…

-¿Y a un hombre no? ¡Estas diciendo tonterías!

-Ya ni sé qué es lo que digo…

-Oh pobre criatura, ven aquí. –Y dicho esto la menor abrazó con fuerza a su hermano. Éste suspiró algo acongojado por la situación.

-Mira –Comenzó a hablar entre susurros. –Sé que es difícil porque no estás acostumbrado a esto. Es algo tan natural que naturalizar estos sentimientos, esta atracción, se nos hace difícil. Y mucho. Pero tampoco es tan grave. Intenta acercarte.

-Lo intentaré… -Suspiró resignado, respondiendo a su abrazo.

Su hermana siempre había sido una gran compañía para él. Había hecho bien en haberlos visitado.

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Esa noche tuvo otro sueño.

Ambos iban caminando por el puente de Brooklyn, cabizbajos, como si hubieran estado hablando por horas. El vaho escapaba de sus bocas. La nieve a su alrededor era espesa y caía en ligeros copos de nieve. Ambos iban vestidos con largos y gruesos tapados y guantes en las manos. En el puente no había ni un alma, la nieve lo cubría todo y parecía que lo habían cerrado desde hace horas. Pero aún así ellos estaban allí, en la inmensidad de aquel puente solitario y con el inconmensurable mar que teñía de negro la noche. Eames se detuvo haciendo que Arthur hiciera lo mismo. Lo miró extrañado, de nuevo aquel palpitar resonaba como un tambor en su pecho, apenas había sonido. Todo estaba muy tranquilo. Eames se acercó dos pasos hasta el moreno. La distancia entre ellos dos era casi nula. El castaño con expresión seria se quitó un guante y lentamente la dirigió hacia el rostro de Arthur, acariciándolo suavemente. Cerró los ojos sintiendo sus dedos rozarle con suavidad. Al abrirlos observó que Eames se le había acercado entreabriendo su boca y respirando encima de él. Arthur temblaba de pies a cabeza y cuando sus labios estaban a punto de rozarse…

-Ah… -Gimió suavemente abriendo de golpe sus ojos. Vio en el techo de su cuarto que aún seguía pegado aquel recorte de una actriz a la que a Arthur, de adolescente, le robaba el aliento. Cerró los ojos con fuerza.

Estaba tan cerca… y tan lejos…


¡Alo gente ^^! Gracias por tomarse la molestia de comentar~

Para Youweon: Muchas gracias por comentar desde el principio! (: Me gusta leer tus reviews ^^ Y tengo que aclararte que lo de 'moreno' va por su color de cabello, no por su color de piel xD no creo que quede bien si digo algo como 'el pálido pensó que...' jajajaja xDD y tampoco me gusta lo de 'pelinegro' :/ me choca mucho esa expresión xD Asi que lo más normal (o eso creo) es moreno xD muchas gracias por tus ánimos!

Para Elghin debo responder: que el detalle hace a la obra :P Si me dedicara a escribir todo rápido no tendría la misma gracia XP Además de que yo escribo así, me gusta desarrollar bien la trama, cargada de detalles insignificantes y no tanto ;P Así que lamento por tus ansias xD pero así escribo yo :B! Y me dio mucha gracia que te hayas bajado la peli por las voces jajajajaj xD qué genial jaajaj

Amanda Julliani: ¡Sos terrible! XD

P-Valeria y xXxIGxXx: ¡Gracias por los ánimos! n.n