Disclaimer: Está demás decir que ningún personaje de Percy Jackson me pertenece. Sólo una historia para entretenimiento, sin fines de lucro.

Summary: Una misión simple hace surgir asuntos complicados. Quizá Percy no sea el héroe invencible que el creyó. Los dioses están más metidos en su vida de lo que él cree.

Cronología: Después de "La batalla del Laberinto" y antes de "El último héroe del Olimpo" (Percy Jackson y los dioses del Olimpo).


IV

Criaturas infernales, bebidas celestiales y Las Vegas.

El ambiente era embriagador.

Las luces parpadeaban intermitentes en una cascada de colores neón, como si todo a su alrededor se reprodujera con una secuencia de fotografías que apenas insinuaban movimiento. Nunca había estado en un club nocturno por placer, pero pensó que así debería de sentirse. Las tonadas de un rock grunge sonaban erráticas y repetitivas combinadas con enlaces de electrónica. El lugar estaba diseñado, en definitiva, para perder a cualquiera en una especie de trance. Las personas a su alrededor vestían perdidos entre la sofisticación de un coctel y harapos de street style*.

Definitivamente, nunca se sintió tan fuera de lugar, lo cual era decir demasiado, siendo él un chico semidiós hijo del Inframundo. Aún sentía nauseas de estar en un casino, lleno de placeres sin sentido. Le recordaba los más de 50 años que pasó en uno. Tuvo que esforzarse por concentrarse para volver dentro de sí. Las personas comenzaron a gritar y aullar, pero no presos de la euforia, sino del terror.

NICO

Mis piernas tambalearon un par de veces cuando comencé a avanzar. Acababa de tener una gran fuga de energía hace unos minutos. Un brazo me levantó y cargo. Opondría resistencia, sí, pero era inútil estando tan débil. El rostro de Thalía, la chica punk-hija-de-Zeus, apareció junto a mí.

– Corre– dijo, murmuró, o gritó. Yo que sé. No escuchaba nada más allá de aquella psicodélica música. Avanzamos y salimos de la cueva de luces parpadeantes. Cruzamos el área de tragamonedas y evadimos la fuente del vestíbulo.

– ¿Annabeth y Percy?

– Vienen tras nosotros, despistan a los licántropos – Thalía era más fuerte de lo que parecía. Me orillaba a caminar más rápido de lo que podía. No entendía, ella también debía estar exhausta. Tomamos el ascensor más cercano, y por dos minutos el mundo se detuvo. Dentro de la cabina, ambos caímos de frente. Thalía se portaba extraña cuando yo estaba cerca, recordé. Toda gente lo hacía, encogerse y sentirse incómodo conmigo, pero con ella era diferente. Se incomodaba también, pero por alguna razón distinta. Aún fatigados hasta la médula, intercambiamos miradas cargadas de mensajes extraños.

Ding.

Las puertas doradas del elevador se abrieron suavemente y salimos disparados hacía el acceso. Se detuvo un minuto fuera. Sentí el aire caliente y seco en mi piel, pero seguía agonizando de frío.

– Me gustaba ese auto –dijo ella, antes de regresar conmigo y cargarnos a correr. Licántropos, pensé y funcionó como nitro. Giré unas cuantas veces hacia atrás buscando señales de Annabeth, y Percy.

Corrimos lejos de la avenida principal y nos adentramos en algunas intersecciones que parecían de barrios bajos. Siendo un semidiós, un par de matones mortales era un problema mínimo. No sé si Thalía pretendía encontrar la calle con peor pinta, pero lo logró cuando llego a un callejón que apestaba a esencia del inframundo. Ambos nos tumbamos unos segundos sin hablar, respirando a bocanadas. Al fondo del zumbido de mis oídos escuché algunos pasos desesperados. Percy se derrumbó junto a mí. Su rostro y sus labios estaban tan pálidos que me recordaban a los espíritus de los Campos Asfódelos. Annabeth aún en pie repasó nuestros rostros.

– La bóveda de seguridad explotó con los licántropos dentro. Creo que los perdimos –asentí aliviado, no supe si por saber que los licántropos desaparecieron o por escuchar su voz. –¿Están todos bien? –preguntó Annabeth. Lucía más enérgica que cualquiera de los tres.

Thalía bufó cansada –Sólo necesitaré un litro de néctar, pero todo bien.

Busqué dentro de mi chaqueta mi dosis de néctar. Se la mostré a Annabeth. Ella asintió y se volvió con Percy. Lo sentía temblar a mi lado y lo observé con cautela. Su mirada estaba perdida en algún punto de la oscuridad.

– Percy, ¿en verdad olvidaste traer tu néctar? –Annabeth preguntó cautelosamente. Desde que salimos del campamento, sabíamos que Percy cargaba con su mochila casi vacía. Quirón lo mandó a buscar algo de equipaje aquella mañana cuando él llegó con las manos vacías. Al volver de su cabaña, cargaba solo con una mochila pequeña, cuyo contenido descubrimos luego, era solo una soga, linterna y unas frituras a medio comer, como si no le importara siquiera su sobrevivencia.

Él no respondió, así que Annabeth lo consideró como un . Me volví, molesto. Ella siempre tenía que terminar solucionando los berrinches inmaduros de Percy: controlarlo antes de que se liara a una pelea, explicarle la historia griega que él parecía no importarle aprender, y cargar con suministros personales, todo para él. No terminé siquiera de formarme la imagen del héroe consentido, cuando recordé la conversación con Percy hace un par de noches.

¿Lo has pensando? –una voz en la gradería tras de Percy inquirió. Si no fuese porque sabía de antemano que él tenía el hábito de aparecer de esa forma, lo hubiese asustado.

Yo no… -Percy apretó su mandíbula cuando accedió a esa información en su cerebro –Debe existir otra forma…

Nico descendió lentamente por las gradas, como si le pesara cada paso. Se le veía unos centímetros más alto que unos meses atrás, pero más pálido y flaco. Se detuvo a unos pasos de él.

De otra forma, te matarán. –sentenció. Fijo su mirada en su brazo herido por Beckendorf –serás muy frágil así –terminó Nico aludiendo a su herida. Percy tragó saliva mientras ocultaba tras de sí su brazo vendado.

Necesito analizar mis posibilidades…

¿Aún no te das cuenta que no tienes posibilidades si no haces esto? –Nico pareció alterarse por un momento. Percy bajo la cabeza, como si la sola idea de creerse tener opciones ante su destino, le avergonzara.

De cualquier forma, Aquiles también fue derrotado –soltó con amargura Percy.

Aumentará tus posibilidades a favor –el hijo de Hades hablaba astutamente, como buscando venderle a Percy la idea.

Si es que siquiera existen… farfulló Percy.

Me maldije a mí mismo al recordarlo. Quizá estaba siendo injusto. Cerré los ojos unos momentos y se recordé que éramos los tres, hijos de los dioses mayores, sometidos de nacimiento a un destino inevitable. A su manera, cada uno cargaba sus demonios personales.

Si.

Es irritante ser hijo de Hades, un poco más de lo que es estar confundido todo el tiempo.

Observé a Percy unos instantes, tumbado con la cabeza escondida entre sus piernas. Entendía sus razones para aislarse, y yo contribuía con una. No me gustaría estar en su lugar. Se enfrentaba a una encrucijada mortal, donde su mejor opción era tan horrible que le quitaba el sueño. Pero era lo único que tenía para ofrecerle. Cuando eres hijo de Hades y tus dones provienen del Inframundo, la ayuda que puedes dar quizá no es la más alentadora.

La escena me parecía algo graciosa: cuatro chavales echados en un callejón peligroso, muertos del cansancio e ingiriendo bebidas de dudosa procedencia. Thalía, que parecía ser la menos afectada –seguramente gracias a la bendición de Artemisa- bebía lentamente su dotación de néctar extraído de su bolso de viaje de cazadora. Giraba de vez en cuando y me preguntaba cómo se sentía. Estar cerca de ella era contradictorio: parecía ser la única persona que no huía de mí, pero me ponía extrañamente incómodo. Yo por mi parte, helado a punto de hipotermia, bebía néctar a borbotones. Percy, bebía ayudado de Annabeth mientras luchaba controlar sus violentos temblores.

Cuando se aseguró que estaba mejorando, Annabeth se apartó y sacó de su mochila el cilindro de plata que extrajimos del Hard Rock Casino. Lo examinó minuciosamente un momento.

– Eso estuvo increíble, podríamos hacerlo de nuevo –sugirió Percy castañeando sus dientes.

– Y seguramente morirías en el intento –Annabeth lo veía con una mirada de desaprobación.

– Dame un par de horas y podría intentarlo –desafió Percy. Thalía y yo no necesitábamos haber pasado las últimas semanas en el campamento para notar la extraña actitud de Percy. Annabeth lo ignoró, girando sobre su mano el cilindro.

– Esto era una trampa –pronunció con cuidado. Thalía frunció el ceño sin entender.

– ¿Qué?

– Para los dioses. El hecho de que se necesitara la combinación del manejo de los elementos de los Tres Grandes para obtenerlo –Annabeth parecía comenzar a hablar para sí misma, como si estuviese comprendiendo una gran incógnita que no lograba resolver en años. No debía estar emparentado con Atenea para entender. Era bueno sacando mis propias conclusiones, y ya lo había hecho desde antes de comenzar la misión.

–…y que el sello del cilindro solo pueda ser abierto por un dios –atinó Thalía.

– Algo tan deseado como esto, pero solo al alcance de las tres divinidades más poderosas… es por ello que no tuvimos ningún inconveniente en llegar hasta aquí. Era una trampa y el Olimpo lo sabía –Annabeth parecía fuera de sí.

Ellos querían atraer a los dioses hasta aquí, alejarlos del Olimpo y capturarlos. Prefirieron enviarnos a nosotros, aunque íbamos a necesitar poner nuestros poderes al límite para obtenerlo –coincidí con ella.

– Típico del Olimpo –murmuró Percy. Thalía observaba sus manos, incrédula.

– El Olimpo ni siquiera sabía si funcionaría, pudimos haber muerto intentándolo –soltó indignada.

Annabeth asintió, apesadumbrada. Percy se abstuvo de comentarios y comenzó a alejarse dando tumbos mientras murmuraba algo de irse cuanto antes. Suspiré, cansado. Ocurrió tal como pensaba, quizá un poco mejor para mis expectativas.

Thalía se levantó, nerviosa.

– Si la trampa falló y se supone que no deberíamos tener eso con nosotros…–comenzó a deducir la chica-punk. Annabeth y yo intercambiamos una mirada. Ambos sabíamos que sucedería, pero yo me aventuré a decirlo:

Ellos ya vienen, y no nos dejarán ir.


*Street style: La moda de la calle. Representa la cultura de los jóvenes, de las diferentes preferencias de moda.

Actualizar me ha sido todo un calvario. A las fallas del servidor, agregar que Nico es un personaje difícil. Ahora que me leí la Casa de Hades, y con la naturaleza de Nico revelada, fue de gran ayuda/aprieto para los planes del fic. Así que concluí en un Nico muy dual. Los que ya leyeron HoH me entenderán. Cero spoilers.

Y sí. Lo sé, ¿qué pasará con Percy? Ya viene. Ya está el terreno listo.

¡Gracias por sus reviews!