Notas de la Autora: Ningún personaje me pertenece, todos son de Masashi Kishimoto.
Advertencia: Ninguna a tener en cuenta.
Dedicación: A mi misma, pues me identifico con Sakura y me lo merezco.
Primavera.
Mustia flor que deja caer sus pétalos en cualquier lugar, capaz de atraer hasta a los más sucios y ajados corazones.
Dulce y sádica. Rota y abandonada, marchita. Primavera donde las flores rezuman ese hipnótico aroma que desestabiliza a cualquiera.
Flor con nombres y apellidos, con ojos verdes y cabello rosa. Hambre de príncipe y cordura.
Haruno Sakura para aquellos la desean y que la odian.
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Muy pequeña fue abandonada por sus padres en un frío y caótico siquiátrico, pues los médicos la diagnosticaron esquizofrenia, pero ella sabía que no estaba loca. Lo sabía, aunque todo el mundo jurara lo contrario ya que Sakura no daba muestras de cordura, nunca.
Con cinco años dejó de ver la luz del sol y una camisa de fuerza ató sus débiles brazos. Las paredes, recubiertas de algo mullido, eran su cárcel pero ella, ajena al encierro, continuaba sonriendo y cantando cosas ilegibles ("Mi príncipe vendrá") Daba pasitos hacia delante y hacia atrás en una extraña danza que solamente ella conocía. Todos sentían pena por aquella pequeña que tan solo había cometido el pecado de creer ser una princesa.
Había veces en las que perdía el control, como cualquier desquiciado mental, y entonces se lanzaba contra las paredes una y otra vez, sin dejar de sonreír, agitando su cabello corto, (rosa, rosa, como las princesas) y solo paraba cuando el enfermero clavaba con precisión la aguja que tenía el poder de calmarla. Entonces dejaba de gritar. De golpear. De llorar.
De soñar.
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Con diez años todos comenzaron a adorarla y a tratarla de manera dulce y delicada, pues no querían que ella perdiera el control y se hiciera daño, como hacía siempre.
-Sakura, es hora de tomar tus medicinas- dijo un enfermero mientras se acercaba a la chica, quién sumida en su propio mundo continuó balanceando las piernas que sobresalían de la cama. Su mirada, perdida, sin embargo, siguió todos y cada uno de los movimientos de aquel hombre, que a sus delirantes ojos, se dibujó como un hombre malvado que venía a hacerla daño, a despojarla de la poca dignidad que tenía. Se relamió los labios resecos mientras el hombre se acercaba más y más a ella.
Y entonces perdió el control y gritando, totalmente sumergida en la locura, se abalanzó sobre él, tirando la bandeja de las medicinas al suelo. El hombre, asustado, no supo reaccionar al principio, pero al ver como ella corría hacia la puerta la agarró por los brazos, presos en la camisa de fuerza, y la tumbó en la cama. Sakura se retorció mientras rompía a llorar y el enfermero, enternecido, salió de la habitación dejándola sola, sin darle su medicación.
Cuando oyó el suave clic de la puerta al ser cerrada Sakura dejó de llorar y mostró una sonrisa fría en su rostro, que no dejaba lugar a dudas sobre su estado mental. Se levantó de la cama y pateó las pastillas, alejándolas de ella ("He vencido al malvado brujo" pensó) Una risa infantil, cantarina, se escapó de sus labios y sus ojos verdes brillaron con malicia mientras comenzaba a dar vueltas sobre sí misma. Inspiró un par de veces antes de romper a reír como una maniática, dejándose caer en el suelo en el proceso.
Se balanceó una y otra vez, dejando de reír poco a poco y se sumergió de nuevo en un aparente letargo. Sin embargo su mente bullía, intentando buscar un plan lo suficientemente inteligente, para poder escapar de aquel frío lugar. Oh, en ese momento recordó que años atrás sus padres habían muerto. Entonces, ¿cómo demonios iba a salir de allí?
Resopló por lo bajo, echándole la culpa a sus padres por haberla dejado allí, y se alegró internamente por su muerte. ("El karma ha obrado con justicia" pensó) Cruzó las piernas mientras ladeaba la cabeza, clavando sus ojos en la puerta de hierro que la alejaba de la ansiada libertad, esa que dudaba conseguir algún día.
-Ven pronto- susurró antes de sonreír como una niña pequeña, sin embargo, sin darse cuenta, Sakura había comenzado a llorar, en silencio. Absorta en su mundo de fantasía. Donde se alejaba de todo, de los enfermeros. De ella misma. De la locura que la poseía.
Tenía diez años y un largo camino por delante, pero ya comenzaba a dejar de soñar.
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Diecisiete años y la misma sonrisa, el mismo lugar y la misma canción de hace siete años. Era primavera, pero eso ella no podía saberlo, pues dentro de su jaula no podía si quiera ver la luz del sol y tenía que conformarse con esos fríos alógenos que la recordaban día y noche que su libertad estaba tan lejos de ser tocada como su cordura, bueno, quizás algo más, pues conforme habían pasado los años había cambiado. O quizás no y ella resultaba ser una mejor actriz de lo que se esperaba de una esquizofrénica.
Un hombre trajeado entró en la habitación siendo al instante recibido con una sonrisa dulce y tierna que hacía ver a Sakura como una niña pequeña que se negaba a crecer. Se sintió inquieto, como si esa dulzura que Sakura destilaba solo fuera la advertencia de que algo más corrosivo corría por sus venas, envenenándola.
-Sakura, ¿verdad? Vengo a sacarte de aquí- dijo, con tranquilidad mientras el enfermero de turno se acercaba a Sakura y a regañadientes la despojaba de la camisa de fuerza. Ella solo atinó a parpadear un par de veces, asimilando sus palabras.- Vamos, date prisa.- Kakashi la miró nuevamente y se encontró con la mirada apabulladora de Sakura ("Soy…libre" parecían decir sus ojos) Ella dio unos pasos, insegura, hacia él. Uno. Dos. Tres. Pronto le tuvo delante y se sintió pequeñita y asustada, pero sonrió.
Y se lanzó sobre él, rodeando su cintura con sus escuálidos brazos enterrando su cabeza en el pecho de aquel hombre, el cuál, en su delirio, se había erguido sobre ella como el soberano de la corte, y ella princesa, solo había atinado a bajar la cabeza en señal de sumisión. Era libre, podía saborear la palabra, podía masticarla y engullirla una y otra vez. Era libre, libre. Su mente no se cansaba de pronunciarlo. Kakashi la dejó hacer, acariciando su sedoso cabello una y otra vez.
Más etérea que mortal Sakura esperaba a su príncipe.
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Su nuevo tutor la sacó rápidamente de aquel siquiátrico y Sakura con una sonrisa radiante se dejó guiar por la cálida mano de aquel hombre. Pronto tuvo sobre su cabeza el cielo azul, olió la fragancia de las flores y el melódico canto de los pájaros llegó a sus oídos. Y se permitió reír y gritar ("Soy libre") mientras Kakashi la observaba, con una media sonrisa en su rostro.
-¿Ellos son los príncipes?-inquirió con un tono de voz dulce y tierno mientras sus verdes ojos se clavaban en los azules de Naruto y en los negros de Sasuke. Estos solo la contemplaron, uno con asombro, el otro con un mudo interés.
-Son Naruto y Sasuke, forman parte de nuestra familia- dijo Kakashi mientras se cruzaba de brazos, contemplando como sus chicos se estudiaban con la mirada. Ella de manera soñadora, Naruto inquieto y Sasuke receloso. Sakura se acercó más a ellos, hasta quedar frente a los dos y con la yema del dedo índice se dio una serie de golpecitos en el labio inferior.
-¡Los quiero a los dos!- gritó con alegría mientras daba una vuelta sobre sí misma para después quedar cara a cara, otra vez, con ellos.
Y ante la atónita mirada de Kakashi se deslizó hacia Naruto, para depositar un cálido y tierno beso en sus labios, apenas un roce. Después, con toda la tranquilidad del mundo, se posó delante de Sasuke y besó sus labios con fervor, de manera febril. Satisfecha con sus actos se dio el lujo de abrazarlos a los dos, quiénes encajaron perfectamente en su cuerpo y quienes recibieron el gesto de buen agrado, como si no les resultara extraño. Kakashi solo sonrió complaciente.
Sakura descubrió cuán dulce era la primavera en los labios de los dos.
Nota de la Autora: Pues este es el cuarto capítulo, ya sólo queda el epílogo, aunque no sé si lo haré. Ya lo pensaré. Muchas gracias por haber leído, aunque hayáis sido pocos, por primera vez me siento orgullosa de mi obra, bueno, solo un poco.
Besos, Sighs.
Reviews, I'll be happy.
