Genderbender: Capítulo especial, se trata de un GB!AtsuLucy que me nació del corazón hacer porque me encantan los GB, y creo que esta pareja tiene potencial para desarrollarse también desde esta forma, fight me (?).

Male!Lucy = Luke M. Montgomery

Fem!Atsushi = Atsuko Nakajima

El día en que nevó

El cuerpo de Atsuko tiembla levemente mientras los copos de nieve bailotean caprichosos a su alrededor. Sin importar lo bien abrigada que está o lo mucho que lleva caminando de regreso a casa, sus músculos a duras penas pueden soportar la inclemencia del temporal. Junto a ella, Luke echa un vistazo "desinteresado" al pequeño cuerpo que lucha por combatir el frío en sepulcral silencio. Y es que, incluso si él se dio cuenta hace ya un tiempo de lo que acontece, la albina no emite una sola palabra al respecto, como si por no mencionarlo el problema dejara de existir.

Sin embargo, hay algo que perturba la mente del americano, obligándolo a fruncir el ceño cada dos por tres. No es el hecho de estar caminando junto a ella y que sus torpes pasos sobre el resbaladizo terreno lo retrasen; tampoco se trata de que su viaje terminará en breve, cuando alcance su destino en el pequeño supermercado que atiende 24/7 y ella continúe el trayecto sola, pues viven en direcciones opuestas. No, no es nada de eso.

La verdad razón tras sus frustraciones y nerviosismo se esconde en la ternura que emana esa adorable silueta femenina la cual, apretando sus labios en un intento por omitir queja alguna, intenta con desesperación soportarlo todo por su cuenta. Para el pelirrojo, es imposible borrar esa sensación que cosquillea dentro de su pecho y mente cada vez que está cerca de Atsuko, que la observa con detenimiento o recibe un par de palabras pronunciadas con aquel tono de voz tan dulce como la miel y melodioso como el trinar de un pajarito.

Pero sacude con fuerza la cabeza, despejando esas ridículamente cursis ideas para enfocarse en su realidad. A penas falta una cuadra para decirle "Adiós" y él continúa idiotizado por pensamientos inoportunos. Gruñe por lo bajo, decidido a hacer algo de lo que tal vez se arrepienta más adelante; pero no reunió todo su valor hasta este instante para desperdiciarlo, ¿o sí?

¡Oye! — Eleva la voz para captar su atención, a lo cual Atsuko se detiene como petrificada y de golpe, quizás asustada por lo repentino.

De pronto, la muchacha es incapaz de comprender qué está sucediendo y por qué el cuerpo del más alto se aproxima peligrosamente hacia ella. ¡¿Y si pretende estirarle la oreja?! ¡¿Qué hizo mal esta vez, si todo el día intentó no molestarlo?! Un poco asustada, cierra los ojos con fuerza, retrocediendo un paso en falso antes de tambalearse ligeramente. Una súbita idea cruzó por su mente y le costó admitir que, de todas las demás, era la que más le agradaba (incluso, quizás hasta le esperanzaba): ¡¿Acaso Luke quería abrazarla?! ¡¿Besarla?!

Pero esa ilusión tan simple se quebró cual cristal estrellándose contra el suelo cuando lo único que sintió diferente fue la calidez de una prenda alrededor de su cuello.

¿Por qué rayos nunca dices nada? ¡Tu nariz está muy roja por el frío, podrías enfermar! — La bufanda azul que decora el cuello de Atsuko le fue entregada por el mayor, quien intenta trasmitirle la reprimenda con una severa mirada que hace temblar otra vez a la albina; aunque no exactamente a causa del frío.

¿E-Eeeeh? ¿L-Lo siento…? — Avergonzada, oculta el rubor de sus mejillas hundiendo la nariz en la tibia lana que le ayuda a recuperar parte del calor perdido. No es de sorprender que, frente a tal encantadora acción, el corazón del pelirrojo comienza a latir con fuerza, delatándolo cuando se ve obligado a desviar sus ojos hacia la izquierda. Por suerte, esa torpe nunca ha sido muy perceptiva al identificar los sentimientos que él alberga por su persona.

Pues deja de lamentarlo y sé más clara la próxima vez. No vas a morir por hablar, ¡sí de congelamiento! — Así, dejándola con la palabra en la boca y una inocente ilusión de romanticismo que se partió en pedacitos, él decide desaparecer dentro del establecimiento al que finalmente pudo llegar. Lo último que ella ve es la nieve derretirse lentamente en el cabello del más alto, como si éste estuviera hecho de fuego y olas de calor.

¡Espe—¡ ¡Te veo mañana, entonces! — Comenta a pesar de todo, siendo consciente de que Luke la escuchará; y vaya que lo hace, pues recibe como respuesta una mano levantada que se despide sin la necesidad de palabras, manteniendo una pequeña e insignificante promesa que ambos conocen lo que significa.

Ahí afuera mientras permanece detenida, los blanquecinos copos se pierden entre las plateadas y lechosas hebras que descienden hasta su cuello. Las manos de la chica se aferran con delicadeza a la suave bufanda, acariciándola superficialmente. Mañana temprano, sin falta alguna, se la devolverá y agradecerá como es debido, tal vez con algunas galletas caseras empacadas en una fundida. Pero lo único que sabe con certeza es que no se atreverá a lavarla; porque desea con fervor que ésta conserve parte de su olor y con un poco de suerte, Luke la recordaría unos segundos la siguiente vez que la use en el transcurso de un día nevado en invierno.