N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Mi corazoncito Blamer se duele por el capítulo... Pero bueno, es algo que tenía que pasar... Este capítulo... Espero que no sea muy confuso, si es así no dudéis en decírmelo... No estoy muy satisfecha con el resultado...
Manu, muchas gracias. ¡Te eché de menos! Actualizo los martes, al menos, espero no tener que cambiar mucho de día... Lo de Kurt es inevitable, me sale solo... Soy Blainer... Queda mucho para Klaine y coincido contigo en lo de Kurtofsky, no me gustan mucho (prefiero Blainofsky, ellos sí que son tiernos... podrían incluso haber sido un motivo para que viera la sexta temporada...). Aquí sí escribiré Klex, no está narrado en primera persona... Y suelo ser MUY perver, así que... Y Blam siempre presente, los adoro tanto a los dos... Espero que te guste el capitulo... Besos
CAPÍTULO 3: TE ODIO
Blaine caminaba hasta el despacho del director realmente sorprendido, junto a Mr Schue. No sabía por qué Figgins quería verlo, no recordaba haber hecho algo merecedor de que se produjera esa reunión. Cuando entraron al despacho, se sorprendió al ver a Kurt Hummel y la entrenadora Sylvester allí. Todo era realmente extraño. Los recién llegados se sentaron y esperaron que el director hablara.
– Ha llegado a mi conocimiento que esta mañana el señor Hummel, sin motivo aparente, ha lanzado un Slushie a la cara del señor Anderson. Este instituto está siendo vigilado por la cantidad de agresiones impunes que ha habido hasta ahora y vamos a tomar medidas. Por eso no va a quedar impune. Quiero daros la oportunidad de explicaros.
– No hay nada que explicar. Algunos de mis Cheerios llevan años agrediendo a los chicos raros del coro. – Sue informó, aunque no dejaba claro del lado de quienes estaba.
– Debemos poner fin a esto, estoy de acuerdo con lo del castigo. Mis chicos merecen respeto. – Willian intervino.
– Blaine, Kurt. ¿Queréis añadir algo? – Figgins quiso saber y ambos negaron con la cabeza. – En ese caso, será un mes de castigo... Además de que estás obligado a formar parte del Club Glee durante el resto del curso. No podrás faltar a ninguna de las reuniones salvo caso de fuerza mayor. Estoy convencido de que Blaine no te desagradará tanto si llega a conocerlo mejor... Por eso también creo que deben pasar más tiempo juntos... ¿Tal vez debería estar también en las Cheerios?
– ¿Qué? ¡No! – Blaine intentó protestar, totalmente enfadado por lo que decía el director. – ¿Por qué me castigas a mí si soy el agredido, no el agresor?
– Quiero que os conozcáis... Tal vez así os deis cuenta de que no sois tan diferentes. Y ya está decidido, no voy a cambiar mi decisión. – Figgins añadió.
– ¿Por qué no has consultado con nosotros antes? No estoy segura de que el Hobbit pueda ser animador. – Sylvester intentó evitar ese "castigo" para la víctima. Creía que el director se estaba equivocado.
– Estoy seguro de que le encontrarás un sitio. Eres la mejor entrenadora de Cheerios por algo, ¿no? La reunión ha acabado, podéis salir de aquí.
Mr. Schue puso su mano en el hombro de su alumno para intentar consolarlo. El joven incluso juraría que la entrenadora le había dedicado una mirada de compasión. Sin embargo, todo cambió cuando los dos adultos se marcharon dejando a los adolescentes a solas. En ese momento, Kurt agarró al otro de su camisa y lo empujó hasta la pared.
– ¡Eres imbécil! Te has quejado al estúpido director y ahora tengo que estar castigado un mes... ¡Y pasar todo el curso en New Directions! Este curso se suponía que era para disfrutarlo con mi novio pero gracias a ti tendré suerte si puedo verlo. Esto no quedará así, tenlo por seguro. – El castaño lo volvió a empujar contra las taquillas antes de alejarse por el pasillo sin mirarlo ni un sólo segundo.
Hummel estaba muy enfadado y lo único que quería hacer era buscar a su novio para consolarse. Necesitaba sentir sus fuertes brazos rodeándolo y sus suaves labios sobre los suyos. Además, necesitaba que le ayudara a pensar en la venganza, sabía que él estaba siendo "vigilado" por lo que contaría con el apoyo de los jugadores de fútbol y de las animadoras para esa misión.
Por fin lo vio y corrió hacia él para besarlo y abrazarlo con todas sus fuerzas. Sólo así podía sentirse mejor, sólo así podía afrontar las dificultades que seguía sufriendo en Ohio. Estaba deseando llegar a Nueva York y poder ser libre.
Blaine entró en el auditorio, donde encontró a Sam y Tina ensayando una canción que cantarían en el Glee Club. El moreno estaba realmente enfadado y no dudó en interrumpir a sus amigos.
– ¿Cuál de los dos ha sido? – El ojimiel miró a los dos sin ocultar su enojo.
– ¿De qué hablas? – La chica lo miró confundida.
– ¿Quién ha sido el que le ha contado al director lo ocurrido con Hummel? – Anderson repitió la pregunta mientras se acercaba al escenario, bajando las escaleras despacio.
– He sido yo. – El rubio dio un paso al frente. – No podía permitir que este año fuera como los anteriores. No quiero tener que preocuparme cada vez que llegáis dos minutos tarde, no quiero estar siempre preguntándome si estáis bien cada vez que paso más de quince minutos sin veros...
– ¡Son Slushies, Sam! ¡No nos van a matar! – Blaine gritó.
– ¡Aun así! Me importáis demasiado... No quiero que lo paséis mal. – El ojiverde insistió, no iba a dejarse amedrentar.
– ¡Me han castigado! ¡Voy a tener que ser Cheerio por lo que queda de curso! Y por cierto... Vas a tener que aguantar a Hummel durante las reuniones de Glee. – El moreno se sentó en una de las butacas.
– ¡Oh! Blainey-Days. – La asiática bajó del escenario para sentarse junto a su amigo y lo rodeó con sus brazos, pero él se separo.
– ¡Dejadme! Quiero estar solo. Estoy enfadado y... No quiero decir nada de lo que después me arrepienta. Hablamos en otro momento. – El ojimiel se levantó y salió del auditorio, dejando allí a sus dos amigos, más preocupados de lo que lo estaban antes de su llegada.
Por suerte para él, era el momento de irse a casa, por lo que pasó por su taquilla para dejar todo lo que no necesitaba antes de dirigirse al aparcamiento. Estaba a punto de salir cuando chocó con alguien. Su cuerpo comenzó a temblar cuando reconoció el uniforme de las Cheerios.
– ¿Otra vez tú? – Kurt gritó, sorprendido de coincidir de nuevo con el "culpable" de sus males.
– Créeme, quiero perderte de vista tanto como tú a mí. – Blaine respondió.
– No lo parece. No sabes cuanto te odio. – El castaño dijo sin ningún tipo de reparo.
– Tranquilo, su majestad, el sentimiento es mutuo. – El moreno levantó las manos como si quisiera mostrar inocencia, aunque no sabía muy bien por qué.
El ojiazul puso los ojos en blanco y se alejó del otro para seguir por el pasillo. El otro fue detrás ya que sus caminos coincidían. Estaban realmente enfadados con el otro pero sabían que el sentimiento era mutuo.
Cada uno entró en su coche, los dos estaban muy distraídos. Por eso ninguno de los dos prestó atención al velocímetro de su vehículo una vez salieron del aparcamiento, no notaron que iban recorriendo las mismas calles, con Hummel delante. Por eso, ninguno de los dos reaccionó a tiempo para frenar cuando un perro cruzó la calle. El coche de Kurt golpeó al animal, matándolo al instante y haciendo que el conductor perdiera el control, cruzándose en el medio de la calzada. A Blaine no le dio tiempo a frenar y chocó contra él, golpeando el lado del conductor del otro vehículo. El moreno no llevaba puesto el cinturón de seguridad, por lo que salió despedido del coche y se golpeó en la cabeza al chocar contra el suelo. Los dos jóvenes estaban inconscientes mientras varios testigos llamaban a una ambulancia.
