Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a
Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa vv….aclarado esto aquí vamos.
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Myself
Por Mimi chan
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Capitulo 3:
OpentheDoor
La cerradura giró con facilidad a pesar de no haber sido usada en varios meses, la puerta ni siquiera rechinó al abrir, lo que en realidad no le resultó tan extraño, Kikyou era perfeccionista en todos los detalles de su vida, ¡Oh no en su casa no iban a rechinar las puertas!; Kagome casi se sintió culpable de entrar en la casa con pantalones de gimnasia y zapatos deportivos, la casa siempre había tenido la apariencia de que solo podía ser invitado aquel que entrara en esmoquin o en traje de channel.
Al entrar sus pasos se oyeron tenues sobre el fino mármol blanco que había en el piso, la casa estaba oscura las cortinas de las ventanas estaban todas corridas sin dejar entrar la luz, decidió no moverlas hasta poder pasar una aspiradora, pero al ver el tamaño de la casa decidió que una aspiradora no era suficiente. No es la primera vez que entraba en la casa, pero era la primera vez que lo hacía a solas, y la primera vez que la veía en ese estado.
El recibidor estaba en aparente orden a excepción de las flores muertas en una mesa en el centro del recibidor, avanzó por allí y entró en la sala, allí el desastre estaba en su apogeo, la sala constaba de unos mullidos y suaves juego se sillones color perla donde había una mesa de caoba tirada al revés y con una pata rota, había varias botellas de licor arrumbadas por esa habitación, la pintura de la familia estaba tirada en el piso destrozada, Inuyasha y sus dos hijos intactos pero la parte donde había estado Kikyou estaba desprendida, había cenizas en la chimenea que había en esa habitación, Kagome rápido pudo imaginar donde había terminado la figura de su hermana, siguió de largo al comedor, había media botella de güisqui y dos de las finas sillas de madera estaban tiradas en el piso, la sala de televisión y la biblioteca estaban en iguales condiciones, los libros rotos los aparatos destruidos, la cocina de igual modo, toda la cristalería, rota en pedazos en el piso, frascos y demás enceres desparramados por todos lados, el refrigerador abierto y una mancha negra al costado, seguro el motor de había quemado. El gimnasio no había sido afectado solo estaba desordenado, una de las maquinas volteadas pero nada más, afuera solo la alberca sucia y los juegos de los niños intactos, Kagome iba haciendo cuentas mentales de las reparaciones y las cosas que tenían que sustituirse.
Subió a la segunda planta, revisó primero las habitaciones de los niños, estaban intactas a excepción de una pecera en la habitación de Meimi donde un pez dorado flotaba boca arriba muerto, y en la habitación de Daiki solo había una botella más en el piso pero no más desorden que la cama descompuesta.
Fue que decidió entrar a la habitación de su hermana, y ese si que fue un shock apenas había dado un par de pasos en la habitación se llevó una mano a la boca para suprimir un gemido de asombro, la chapa estaba forzada y rota, así que no hubo problema de entrar, y la luz del día se filtraba por las ventanas de las cuales los cristales estaban hechos trizas, y las cortinas hechas jiras flotaban a libertad con la brisa lo que dejaba a la habitación en un tono de semi penumbra, el fino papel tapiz estaba desgarrado de las paredes, en el piso, la alfombra fina que ella misma había enviado desde la india quemada en partes, la cama amplia y elegante destrozada, había un cuchillo aun sobre el colchón que estaba destruido, desgarrado por el filo, había una amplia mancha de sangre en el lecho blanco, los muebles estaban todos fuera de lugar, el espejo de la cómoda roto en pedazos, un secreter con los cajones tirados a los lados, hojas desparramadas a todo su alrededor, todos los cuadros tirados y rotos en el piso. Kagome se llevó de pleno una mano al rostro y suprimió otro gemido, a entrar en el closet del que su hermana estaba completamente orgullosa, cada prenda, cada una de ellas estaba hecha jirones en el piso, Kikyou había invertido miles de yen en esa ropa, cada pieza seleccionada solo por ser la mejor y más exclusiva, era su orgullo, y seguro Inuyasha también lo sabía.
Kagome sabía que su hermana se pondría frenética al ver sus preciadas cosas todas destruidas, pero se sintió estupida por su preocupación en ese momento, lo que había hecho Inuyasha comparado con lo que había hecho Kikyou no tenía comparación, al ir caminando por la casa casi podía ver a Inuyasha produciendo toda es destrucción casi podía verlo ahogado de borracho con el cuchillo destrozando cada una de las pendas, apuñalando el lecho que habían compartido, hurgando entre sus papeles, y destruyendo cada cosa que ella había adquirido como si las reminiscencias de Kikyou estuvieran entre las cosas, verlo cansado dormir en la cama de su hijo, casi podía sentir la ira desparramada por toda la casa, en los objetos rotos en todo el lugar, ni un tornado hubiera podido hacer tanto daño, un solo hombre que había respetado el espacio de sus hijos, que se había refugiado en él y que había destruido todo lo que significara la presencia de Kikyou… eso solo podía hacerlo un hombre desesperado al que le habían destruido el corazón.
Salió de la habitación aturdida y empezó a hacer llamadas desde su teléfono celular, levantar esa casa sería un trabajo arduo.
Ese día Kagome no regresó a su casa hasta la hora de la cena, estaba llena de polvo y sucia de la ropa que vestía desde la mañana, llevaba en cabello sostenido en un desordenado moño.
- Kagome chan, ¿Te ha pasado algo? – le dijo la señora Shyouga en cuanto entró a su casa – que mal aspecto tiene.
- Oh yo también te quiero Shyouga jisan – dijo la chica y puso un beso en su mejilla – solo estaba haciendo algo de limpieza, Dios no me había dado cuenta de que la casa de Kikyou era tan grande, pero si nos damos prisa seguro en un par de días estará lista ¿Cómo están los niños?
- Felices – dijo la anciana con una amplia sonrisa – están afuera con su papá, les ha traído un montón de paquetes y se la han pasado allí no han querido ni comer.
- En serio – dijo muy animada Kagome – Shyouga jisan ¿Qué hizo de comer?
- Oh hice un rico Odem tal y como te gusta.
- ¿Por qué no lo sacas a la mesa del jardín? Con el buen clima que hace, seguro nos vendría bien una cena afuera.
- ¡Me parece una idea excelente niña! – dijo siguiendo el entusiasmo de la joven – ya saco las cosas.
- Está bien, yo le diré a Inuyasha que me ayude con las lámparas de jardín.
La anciana fue rumbo a la cocina mientras que ella iba al jardín, al llegar tuvo que detenerse en la puerta, la escena era hermosa, la tarde caía en tonos naranjas y rojos y se reflejaba en el estanque que había afuera, Inuyasha y sus dos hijos jugaban a la gallina ciega, Meimi corría por todo el jardín vestida con un tutu rosa de valet, mientras Daiki observaba divertido desde el refugio de un árbol sin hacer demasiado esfuerzo, mientras el joven ejecutivo con pantalones finos color negro y camisa blanca arremangada sobre los codos, vendado con lo que parecía ser una corbata de seda correteaba con esfuerzo a la pequeña, la chica avanzó hacía ellos queriendo reír, nunca había visto a su cuñado hacer eso antes y era una escena refrescante, la niña pasó por un lado de ella y Kagome se retiró un par de pasos atrás para darle espacio a su padre de atraparla, no esperó que él de pronto volteara a ella y la atrapara en brazos.
Inuyasha al ver que definitivamente ese no era el cuerpo de un niño la soltó y se quitó la corbata de los ojos y la miró. Kagome se quedó un momento sin saber que decir, ¡Dios el se veía genial! con una leve capa de sudor por el esfuerzo, el cabello alborotado y los ojos sorprendidos, fuera de pose, alejado del Inuyasha serio y algo huraño que ella había visto todo esos días., era como ver de nuevo al joven que había conocido hacía más de 8 años
- ¡Es tu turno Tía, papá te atrapó! – se acercó la niña sacándolos de su concentración a los dos que la voltearon a ver – esa es la regla Tía Kagome, si te atrapan eres la que sigue.
- Lo siento Kagome, yo creí que eras Daiki – empezó a explicar él.
- No hay problema – dijo negándose a mirarlo y se dirigió a su sobrina – Pero ya es hora de la cena chicos, Shyouga jisan ha hecho Odem, les gustara estoy segura lo hace como nadie.
- ¡Que bien! – dijo animada su sobrina.
- Comeremos aquí afuera, así que por que no van a guardar lo que les trajo su papá a su cuarto y salen para cenar, su papá y yo iremos por las lámparas.
- Si, le diré a Daiki
La niña corrió donde su hermano y los dos chicos empezaron a recoger todo mientras ellos dos iba a una bodega atrás de la casa donde estaban guardados todos los enseres que se usaban para el jardín.
- Me alegra que hayas venido a verlos – dijo Kagome apenas se quedaron solos.
- Bueno, quiero recuperar el tiempo perdido – respondió Inuyasha.
- Me parece muy bien – dijo y encontró las lámpara, le pasó dos pedestales de madera que el hombre sostuvo detrás de ella – hoy… hoy estuve en tu casa.
La tensión se formó instantáneamente a su alrededor, ella sacó las lámparas de papel y las bombillas de batería y salio por un lado de él, Inuyasha la siguió enseguida.
- Solo para estar seguros, ¿Fuiste tú quien destruyo toda la casa? sino tienes un serio problema de seguridad – dijo tratando de que la pregunta no sonara tan densa.
- Si, fui yo – dijo seriamente.
- Ya veo – dijo la chica.
Inuyasha sabía muy bien en el estado que había dejado toda su casa, no esperaba que ella se tomara tan rápido la labor de ir a limpiarla, quería por lo menos tener la oportunidad de sacar todo lo que había destruido, quedo esperando que ella le reclamara algo, que hubiera destruido todo lo relacionado con su hermana, si la defendía ahora, tendrían una discusión que no estaba seguro de querer tener.
- Hay muchas cosas que es imposible reparar, así que tendré que compararlas de nuevo – retomó Kagome sin mirarlo – ¿Prefieres que haga todo y después nos hacemos cargo del dinero o tienes alguna cuenta que pueda usar en tu nombre? No digo que va a ser económico pero te aseguro que no tocare más dinero del que se estrictamente necesito, contrate hoy a varios trabajadores para los daños de la casa y casi han terminado hoy e hice un inventario de todo lo que debe comprarse de nuevo y…
- Te abriré una cuenta – la interrumpió de tajo – toma lo que necesites y todo lo que compres ponlo a mi nombre, yo me encargare de pagarlo.
- Está bien – dijo como toda respuesta.
Sin poder decir nada más llegaron al servicio del jardín, la señora Shyouga espantaba a los niños para que no picaran dentro de las cajas del odem.
- Tía – dijo ilusionado Daiki - También ha hecho takayoki, ¡Me fascina el takayoki!
- ¡Y a mi! – dijo la chica intentando picar dentro de las cajas también recibiendo un golpe con los palillos.
- Niña…
- Pero si nos gusta a todos.
- Pues primero que nada nadie se sienta en mi mesa sin lavarse antes las manos, después enciendan las lámparas y comeremos todos en paz entonces.
- Que mandona – dijo Kagome con un puchero – Daiki ve a llamar a Myouga jiji dile que ya esta todo servido.
El niño corrió mientras Inuyasha y Kagome se hacían cargo de las lámparas, una vez todos reunidos cenaron bajo la luz de la luna y las lámparas de color rojo.
Eran ya las 10 de la noche cuando los sirvientes se habían llevado a los niños a la cama dejando a los dos adultos solos en el jardín.
- Bien – dijo Inuyasha rompiendo el silencio – ¿Cuándo vas a hacer la pregunta incomoda?
Kagome lo volteó a ver con una media sonrisa mientras mordía una ciruela roja, se pasó el trozo de fruta y lo miró con consternación.
- ¿Eres gay? – dijo con un tono de alarma.
- ¿Qué? – eso era lo ultimo que esperaba que dijera.
- Bueno… – empezó a explicar la chica - cuando uno de mis amigos me ha dicho...
- No – dijo divertido por la intención de ella de desviar el tema – con respecto a la casa.
- Creí que ya habíamos quedado de acuerdo en que pagaras los daños y…
- Kagome… - la interrumpió
Kagome miro otra ciruela en su mano y fue como si pensara "Te como o le contesto ¿Tú que dices?"
- ¿Qué quieres que te diga? yo hice lo mismo que tú en una ocasión – ella mordió la fruta y la tragó rápido – hace años cuando éramos adolescentes, Kikyou había tomado sin mi permiso uno de mis discos favoritos de música italiana, uno de mis mejores amigos me lo había enviado desde allá, lo peor no fue que lo tomara si no que lo regalo a una de sus conquistas en turno, un tipo que no tenía siquiera el gusto para apreciar mi música, me enoje muchísimo con ella, así que fui a su armario y tome su mejor bufanda, una blanca y prístina bufanda que casi no usaba por miedo a que se arruinara, y la use para lavar a Kirara con ella, me dejó de hablar durante todo un mes. Supiste dar justo donde más le dolería a ella, había formado todo su guardarropa durante años, seleccionando cada prenda con esmero, su vanidad era su flanco más débil.
- Lo se, por eso lo hice – dijo seriamente.
- ¿Quieres saber lo más gracioso? – dijo la chica arrancando la ultima fruta del hueso de la ciruela.
- ¿Qué es? – dijo con el mismo tono.
- Que si mi hermana dejó todas sus cosas aquí lo más probable es que regrese – dijo aventando el hueso en la bandeja donde estaba la fruta – Kikyou es territorial, posesiva si quieres, algo que le había costado tanto trabajo no lo iba a dejar tan fácilmente.
- ¿Quieres decir que ella regresara primero por su ropa que por sus hijos?
- No dije que sería gracioso – dijo como si en realidad lo fuera, pero sabía que no, luego agregó seriamente viendo un punto en el espacio delante de ella para no tener que enfrentarlo a la cara – Yo tampoco la entiendo Inuyasha, pase la mitad de mi vida viviendo bajo el mismo techo que ella y ahora al ver lo que ha hecho de verdad me empiezo a preguntar si alguna vez la conocí.
- Bueno pasamos 6 años casados y yo he empezado pensar que yo tampoco pude conocerla ni un poco – respondió Inuyasha.
- Animo Inuyasha – ella puso una mano sobre su hombro pero cuando él volteó a verla y la miró de lleno con sus dos ojos dorados, ella retiró la mano y miró hacía el cielo – lo único que debe ser importante ahora son tus hijos, lo que pase después ya lo enfrentaras, un paso a la vez.
- Gracias Kagome – dijo él suavemente – creo que has llegado justo en el momento más adecuado.
- No me lo agradezcas, no lo hago pro ti – dijo recobrando su animo – lo hago por Daiki y Meimi.
- Siempre tan dulce – dijo con un tono sarcástico.
- Bueno creo que ya es hora de que vayas a dormir – dijo cambiando el tema – te recomiendo que empieces a empacar las cosas que tengas en tu triste departamento para regresar a tu casa, solo me tomara un día más a lo sumo tenerlo todo en orden.
- Muy bien – dijo levantándose de la silla que estaba a su lado – solo iré a darle las buenas noches a los niños y me marcharé, ¿No vienes?
- Solo me terminare las ciruelas e iré a la cama, ve ten un poco de intimidad con tus hijos.
- Esta bien, en ese caso – se acercó a su cuñada y puso un beso en su mejilla – buenas noches Kagome, que descanses.
- Igualmente Inuyasha.
Inuyasha se alejó dejándola allí sola, Kagome se recargó en la cómoda silla de jardín y comió un par de ciruelas más encerrada en sus pensamientos. Cerró sus ojos un momento y fue como hacer un brincó en el tiempo.
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- Él es Inuyasha Taisho…
Kikyou estaba invitada a una recepción en casa de uno de sus muchos amigos, y le había dicho que Inuyasha iría por ella ese día, durante las dos semanas que había estado en casa ella siempre salía y lo encontraba en algún lugar, sabía que Kikyou era territorial pero que no la dejara siquiera conocerlo le parecía un exceso, al menos eso pensó hasta que lo vio delante de ella.
Su hermana había dicho algunas cosas más que ella ya no alcanzó a registrar, solo pudo ver dentro de los ojos dorados de el joven delante ella, nunca había visto unos ojos tan llenos de fuego, de vida y de energía, fue tan intenso que le corrió un escalofrió por la espina, fue conciente de ella de nuevo en el momento de que su hermana enlazó su brazo con el de su acompañante y él apartó su mirada.
- Quería tanto que lo conocieras entes de que te fueras de viaje de nuevo – agregó su hermana.
El joven se acercó a ella y ella le dedicó una sonrisa amena y cordial.
- Me da mucho gusto conocerte Kagome – Inuyasha extendió su mano - Kikyou habla mucho de ti.
- En serio, yo pensé que su tema preferido era ella misma – dijo y tomó la mano de él, era grande entre sus pequeñas manos – solo bromeo, me da gusto conocerte también, y no creas nada de lo que dice de mi, me considera la hermanastra malvada el cuento.
- No lo he hecho no te preocupes – dijo con una sonrisa cómplice – pero es mejor que irla hablar del Gucci que se compró la semana pasada.
- ¡Hey! no hablen de mí como si no estuviera aquí – dijo la chica molesta a su espalda y los dos se echaron a reír
- Mentira, en realidad Kikyou esta muy orgullosa de su famosa hermana gemela – dijo inuyasha.
- Oh vamos – dijo y apretó el libro que leía contra su pecho, eso debía ser mentira, Kikyou nunca había estado orgullosa de ella.
- Inuyasha llegaremos tarde – lo apuró su hermana detrás del joven, Kagome pudo leer una emoción intensa en los ojos de su hermana ¿celos?
- Está bien – dijo con una sonrisa a su novia – vamos a una recepción en casa de los Yiney, ¿No vienes?
- ¡Oh! ¿Y soportar a Kouga Yiney y su incansable cortejo? No gracias una lobotomía sería mucho más entretenida que eso.
- Está bien – dijo con una sonrisa amena, pero en sus ojos se leía otra cosa, había algo demasiado intenso en su mirada o quizás solo ella era la que lo veía así - entonces nos retiramos, ¿Te vas esta noche no es cierto?
- Si – dijo con cierto pesar, pero al mismo tiempo con entusiasmo - así es.
- Bien, entonces – dijo con un apretón de mano más y una mirada de esos intensos ojos dorados, Kagome se halló a si misma devorando esa mirada para recordarla siempre – hasta la próxima Kagome.
- Si – dijo apretando sus manos, sintiendo esa pequeña especie de caricia - hasta la próxima Inuyasha.
Su hermana y el joven de ojos dorados salieron de la casa y el mismo tiempo de su historia, la próxima vez que viera a Inuyasha Taisho estaría a punto de casarse con su hermana Kikyou.
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Kagome sintió un escalofrió que no tenía nada que ver con el viento frió de la noche e ese momento, casi había olvídalo la fuerte impresión que Inuyasha le había causado desde la primera vez. Paso unos minutos más allí hasta que oyó el motor del auto de su cuñado del otro lado de la casa y subió a darles las buenas noches a sus sobrinos
Paso solo un día más, así que el sábado por la mañana Inuyasha y sus dos hijos acompañados por los ancianos sirvientes de su casa estaban frente a las puertas de la casa. Inuyasha nervioso empuñaba las llaves entre sus manos.
- Abre la puerta Inuyasha.
Dijo su joven cuñada detrás de él, Inuyasha la volteó a ver y en sus ojos fue como leer "ya no hay nada adentro que te amenace". Respiró hondo y metió la llave en la chapa, los niños se escurrieron entre sus piernas para entrar, Inuyasha y Kagome se quedaron atrás dejando entrar a los ancianos. Kagome puso una mano en su espalda y casi lo empujó para entrar. Inuyasha vio a todo su alrededor, la casa seguía siendo la misma, solo algunos cambios evidentes, la pintura de su familia no descansa más sobre la chimenea, había sido remplazada por una copia de Monet y un jardín en puntillismo. La sala tenía en el centro una mesa de color blanco y vidrio labrado, no dudaba que los muebles que había roto en la cocina y el comedor también habían sido remplazados por muebles de la misma calidad. La chimenea estaba limpia, había dos grandes trocos olorosos y viejos dentro, las cenizas habían sido limpiadas. Kagome notó como su cuñado se quedaba viendo la chimenea con insistencia y dijo para romper la tensión.
- Diantre – dijo a su lado, él la volteó a ver de reojo - mi última habitación hubiera cabido solo en el recibidor y hubiera sobrado espacio, ¿Nunca te has perdido en esta casa Inuyasha?
- ¿Pues en que agujero vivías Kagome? – le respondió Inuyasha que solo atinó a reírse de lo que había dicho.
- ¡Oye! era un muy bonito lugar en el pleno corazón de Shangai, a las orillas del rió. Podías asomarte por la ventana y conseguir el mejor ramen que has probado en tu vida – dijo orgullosa – había vida y color solo con abrir las puertas a tu entera disposición, no era para nada un agujero.
Inuyasha solo negó con la cabeza y siguió a su cuñada y sus hijos por la casa.
- Tía Kagome – la llamó la pequeña – ¿Podemos subir a nuestras habitaciones? yo quiero saber si Rubí esta bien.
- Claro pequeña – le respondió a su sobrina - es tu casa puedes ir a donde quieras.
La chiquilla se despegó de ellos y subió corriendo por las escaleras a la segunda planta, su hermano y ellos dos la siguieron con más calma, alcanzadola en su habitación inspeccionando con interés su pecera, un pez dorado nadaba quitado de la pena en ella.
- Lo ves, te lo dije – dijo la niña enfrentando a su hermano - te dije que no moriría, te lo dije.
- Claro que no Meimi – intervino Kagome - tu papá se encargó todos los días de darle alimento a tu pez y cambiar el agua.
- Esta incluso más grande – dijo la pequeña y se colgó de una pierna de su padre – muchas gracias papá.
El otro chico fue a inspeccionar al pez mientras la chica a su lado le hizo una señal de silencio con un dedo en la boca. La chiquilla lo soltó mientras empezaba a inspeccionar sus demás cosas, Kagome se acercó a él.
- Hey no se te ocurra decirle que no es el mismo – dijo dándole un codazo – se su héroe – le dedicó una sonrisa juguetona y se acercó al otro chico – hey Daiki ¿Quieres ver tu habitación también? jamás había visto un equipo de computo como ese, ¿A quien se lo robaron? ¿A la CIA?
- No papá lo fabricó solo para mi – dijo con orgullo mirando de reojo a su padre – tiene la mejor memoria que puede ponérsele a una computadora y toda clase de programas.
- Vamos enséñame – lo animó – soy una novata en las computadoras pero seguro tú eres todo un experto.
El chico se sonrojó y salio de la habitación, bajo la mirada entretenida de su padre. Mientras Kagome y Daiki estaba en su habitación y Meimi se dedicaba a revisar todas sus pertenencias él mismo sintió el deseo de ir a su propio cuarto y ver en que estado estaba.
Para empezar la chapa estaba en su lugar, así que solo giró la perilla y la puerta cedió, entró con cautela al cuarto, nada era lo que solía ser, todo estaba decorado con un muy buen gusto, los colores marrones y oscuros dominaban en el mobiliario, la cama había sido remplazada por completo, y los muebles igual, había solo un escritorio, de madera roja y olorosa, los burros y la luna eran del mismo material, los cristales habían sido remplazados también al igual que las cortinas por un cristal claro que dejaba entrar la luz y cortinas marrón claro, todo era sobrio y elegante en la habitación. Fue al armario y lo halló todo reparado, de la ropa que había destrozado no había nada, y la mayoría de los armarios estaban cerrados a excepción del suyo propio donde toda su ropa estaba acomodada y limpia.
Salió de armario enorme y vio a Kagome en medio de la habitación.
- ¿Qué te parece? – dijo nerviosa.
- Ha quedado muy bien – dijo con calma – siendo tú pensé que colgarías una piel de víbora en la pared.
- ¡Oh no seas exagerado! – dijo divertida – en realidad pedí consejo a una de las dependientas de la tienda donde compre todo, le dije que era para un amargado solteron que quería su propio espacio y esto me recomendó.
Inuyasha sonrió de nuevo, en ese momento se dio cuenta de que hacía mucho que no sonreía como lo hacía con ella.
- Contrate dos muchachas para el servicio y una cocinera –continuo explicándole Kagome – todo me lo recomendó Shyouga jisan, no se si quieras que contrate a una niñera o jardinero o chofer o algo así.
- No eso esta perfecto – dijo con tranquilidad – gracias Kagome
- Llegaran mañana a primera hora, así que estaba pensando que podíamos pedir comida a domicilio o bien podemos ir a mi casa a comer, toda la despensa esta surtida pero creedme soy la peor cocinera del mundo, no quieres probar mi comida, lo único que me sale bien es el desayuno ingles y ya es un poco tarde para panqueques y té.
- Pide pizza y hamburguesas – dijo en un impulso – hace años que no como algo tan bueno como eso.
- Esa voz me agrada – dijo risueña y lo miró un momento en silencio – si quieres los cuartos de visita también están limpios – quiso acercarse y volver a tomarlo del hombro pero no lo hizo – te acostumbraras pronto a esto Inuyasha, solo recuerda que es por el bien de tus hijos.
Dijo eso y salió de la habitación, Inuyasha la siguió y se quedó en la puerta mientras ella bajaba las escaleras, desde allí podía ver a Meimi en su cuarto revisando los cajones de su ropa y a Daiki en su computador, decidió seguir a su hijo.
- ¿Todo en orden? – dijo poniéndose a su espalda
- Si, la Tía Kagome dijo que había llamado a un técnico para revisar la maquina, que como no sabía más que lo básico no se había atrevido a tocarla, esta todo el orden.
- Me alegra – dijo jovial.
- Papá… – dijo el chico con reserva con reserva
- Dime Daiki…
- ¿Crees que la tía Kagome quiera pasar una temporada en la casa? – a Inuyasha le cayó un poco de sorpresa esa petición – La verdad yo creo que… creo que Mei esta muy acostumbrada a ella y la echaría de menos si se va ahora, y las historias que nos cuenta de sus viajes… – se corrigió enseguida para no incluirse – digo que le cuenta la hacen dormir muy tranquila, y ya no extraña tanto a mamá.
Inuyasha vio animado los ojos marrones de su hijo y sonrió, no terminaba de acostumbrarse al efecto que había producido su cuñada en sus hijos.
- Bueno supongo que puedo preguntárselo, no perdemos nada – dijo con calma – ¿A ti te agrada también verdad?
- ¿A quien no? – dijo el pequeño con sinceridad.
- Buen punto niño, - dijo y le revolvió el cabello - buen punto.
- Iré a decirle a Mei.
El niño salio como bólido de la habitación dejando a su padre solo, con un solo pensamiento.
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- Él es Inuyasha Taisho…
Habían pasado ya dos semana desde que su hermana había regresado de viaje, pero por una cosa u otra no habían ido a visitarla. Él lo había respetado por que sabía que Kikyou y Kagome no estaban por algún motivo en el mejor de los términos, constantemente Kikyou se refería a ella como una trotamundos sin oficio, pero él sabía que de hecho era una artista que era requerida para cine y teatro en Europa a menudo, su hermana era toda su familia y quería conocerla. Pero la joven mujer que habían encontrado en la sala le había causado un gran impacto.
Eran en algunos aspectos exactas, los intensos ojos marrones y sus facciones eran idénticas, pero cosas como el color de cabello eran de una forma extraña parecidas pero completamente diferentes, mientras el de Kikyou era de un brillante negro, brillante y lacio Kagome tenía un tono azulado y con rulos en las puntas que lo hacían lucir más corto, y su color de piel era dorada como la miel mientras Kikyou era alabastro puro, pero eran sus ojos, la profundidad de su ojos lo que de verdad lo habían conmovido, allí la chica que vestía de jeans y un jersey blanco había vida y energía en esa mirada, sus ojos marrones parecían miel oscura y grumosa, había un alma completamente diferente dentro de aquella muchacha, reaccionó hasta que Kikyou lo haló de un brazo.
- Quería tanto que lo conocieras entes de que te fueras de viaje de nuevo – dijo su novia dedicándole una dulce mirada que no supo como responder.
Inuyasha se apartó de la joven que lo sostenía del brazo y fue a su hermana, si no hubiera sabido disimular sus emociones toda su vida estaba seguro que hubiera ido a ella con pies temblorosos.
- Me da mucho gusto conocerte Kagome – Inuyasha extendió su mano, la tomó entre las suyas y la pareció tan pequeña y frágil dentro de sus manos – Kikyou habla mucho de ti.
- En serio, yo pensé que su tema preferido era ella misma –la chica sonrió y él respondió con otra sonrisa, su sentido del humor lo fascinó – solo bromeo, me da gusto conocerte también, y no creas nada de lo que dice de mi, me considera la hermanastra malvada el cuento.
Intercambiaron un par de palabras más él se encargó de llenarse del color de sus ojos chocolate, del castaño de su piel y del aroma a viejo que desprendía el libro que había sostenido en brazos, una extraña combinación con esa chica de mirada tan amena.
- ¿Te vas esta noche cierto? – dijo preguntándose por que eso le causaba cierto pesar.
- Así es – respondió ella, sus ojos destellando en una emoción que hubiera querido reconocer, quizás su anticipación por la aventura.
- Bien, entonces –dijo y volvió a sostener sus manos, y a devorarla con la mirada sin notarlo siquiera – hasta la próxima Kagome.
- Si, hasta la próxima – dijo casi tímidamente - Inuyasha.
Después de eso no la volvió a ver hasta que los preparativos de su boda con Kikyou ya se estaban llevando a cabo.
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En ese momento se preguntó si la sensación que había sentido en ese momento había sido algún tipo de advertencia, al verla la primera vez había sentido una atracción extraña por ella, pero la distancia había hecho que decreciera y la que sentía por la hermana creciera, se empezaba a preguntar que pasaría ahora que la tenía cerca de nuevo.
Pasaron todo el día en la casa, apenas terminaron de comer se enceraron un momento en la sala de TV a ver las series de animación que su Tía había conseguido, después antes de que el sol cayera fueron a la alberca y los niños nadaron un muy buen rato, pasaron todo el día en actividad así que cuando llegó la hora de dormir los niños estaban rendidos, los subieron al segundo piso y en el hall Kagome les contó una historia, que oyeron solo a la mitad antes de quedar profundamente dormidos, cada uno tomó a un niño y lo metió en su habitación, una vez terminado el ritual la casa se lleno de silencio.
- Ya es hora de irme – dijo cuando los dos estuvieron en el recibidor, ha sido un día largo y creo que todos nos merecemos un descanso.
- Kagome… – la detuvo.
- Dime… – dijo por su tono curioso.
- Quiero pedirte un gran favor muy grande – dijo seriamente.
- Si puedo hacerlo lo haré encantada.
- Veras… Daiki me pidió el día de hoy que te pidiera que… que pasaras una temporada con nosotros, los niños se han acostumbrado muchísimo a ti y creo que eres la única manera en que ellos no pregunten tanto por su madre.
- Sabes que debes decirles algo hasta que ella regrese – dijo con pesar – puede que por un tiempo la excusa del viaje les convenza pero después querrán saber por que ella tarda tanto, en especial Meimi.
- Lo se… – dijo con el mismo tono – pero la verdad es que no se que decirles quizás Daiki entienda, es un niño muy inteligente pero Meimi.
- Lo se.
La casa se llenó de silencio de nuevo, Kagome pensó por un momento en la serie de cosas que la gente empezaría a decir si iba a vivir a la casa de su hermana, pero después pensó "¿Y desde cuando me importa lo que dice la gente?"
- Está bien, pero solo será por una temporada corta esta bien – dijo sin mirarlo directamente – me hicieron una propuesta de trabajo en Egipto dentro de 6 meses y quizás la acepte.
- Está bien – se apuró a responder.
- Creo que por hoy debo irme, solo recogeré algunas cosas y mañana regreso.
- Si – volvió a responder.
- Además aun debo ir a recoger a Kirara de tu departamento, crees que puedas prestarme las llaves de tu garaje.
- Si claro – dijo el y empezó a rebuscar en las bolsas de sus pantalones, las sacó y se las extendió, ella extendió la mano debajo de él y dejó caer las llaves.
- Bien – dijo apretando el juego de llaves tintineantes en su mano - entonces hasta mañana Inuyasha.
- Hasta mañana Kagome.
La chica salio de la casa como si la estuvieran persiguiendo, cuando se vio caminando sola en la vera supo que eso de vivir en bajo el mismo techo le causaría un sin fin de problemas.
Y lo peor de todo, no tenía ni idea de cómo iba a salir de ellos al final.
Fin de capitulo 3
Miércoles 16 de Mayo de 2007
10: 23 PM
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NOTA DE AUTORA: hey como vamos, ya vamos uniendo los hilos de la madeja en la relacion de los dos, pero realomente ser tan simple... yo creo que tendran que quedarse para averiguarlo.
gracias por todos los reviews que me han mandado de verdad me dan muchisima alegria, y gracias por las felicutaciones de mi cumple. en espeial a: andreita12 (gracias por tu comentario) Ilove-mylove, MIICAA, yelitza, Shakka DV, kariko-12 que me han dejado un review espero sus respuestas ya hayan llegado
Bueno son mas me despido
Shian shen
Mimi chan
