Gravedad Cero

Track 04. Construyendo dudas

Pensando en lo extraño que era recibir llamadas de su hermano, cuando casi siempre solo pedía hablar con Usagi, Misaki tomó el auricular esperando escuchar alguna buena noticia de Takahiro o que solo fuera una llamada típica para saber de él. Ni siquiera tuvo tiempo suficiente para alegrarse cuando empezó el interrogatorio.

– Entonces, ¿ya has decidido qué harás cuando termines la universidad?

Viviendo tanto tiempo con Usagi, era imposible que Misaki no se olvidara de la figura paterna que su hermano quería ser. Pero por un momento se encontró deseando no haber escuchado esa pregunta de él.

– Aún no lo sé –respondió incómodo, ensombreciendo su mirada. Aunque su hermano no pudiera verlo, Usagi se mantenía cerca demasiado atento a su persona– sé que ya debería haberlo pensado pero…

– Me preocupa que estés tomando tu futuro tan a la ligera –interrumpió su hermano, su voz tan tranquila como siempre era peor que un regaño– imagino que debes estar muy atareado siendo tu último año y que podrías estar exigiéndote de más al vivir con Usagi.

– Ese no es el problema. No estoy siendo una molestia y tampoco estoy… tan atareado –dijo rápidamente dejando que sus palabras murieran hasta convertirse en un susurro que apenas el mismo escuchó.

Aquel asunto sobre no convertirse en una carga para Usagi era un tema que quizá nunca superaría. Aún tenía dudas que siempre se esforzaba en contradecir con palabras. Justo en ese momento no sabía de quien debía cuidar lo que decía, si de su hermano o de Usagi.

Takahiro interpretó su silencio como un intento por no hablar frente a Usagi, que posiblemente estaría cerca y podría ofenderse con cualquier queja que su hermano dijera.

– Sé que nunca harías algo para molestar a Usagi –concedió luego de un momento más sin que Misaki hablara– pero también es posible que te estés dejando llevar por su estilo de vida. Y no quiero que lo hagas.

– Nii-san…

– ¿Qué te parece si vienes a quedarte un par de días a mi casa? –propuso recuperando su tono alegre– podría ser incluso una semana y te serviría para poner tus ideas en claro.

– No creo que sea buena idea… –murmuró incómodo. ¿Por qué no vio venir esa solución? Si era la meta de su hermano desde que Mahiro había nacido. Y desde entonces no le había servido usar de excusa su reciente vida matrimonial, decir la verdadera razón para oponerse tampoco estaba a discusión. Simplemente no podía.

– Al menos inténtalo. Cuando termines la universidad tendrás que buscar un lugar donde quedarte, así que si quieres quedarte en mi casa hasta entonces no habrá problema.

Un nuevo silencio del menor solo aumentó la preocupación de Takahiro, pero no tanto como la de Misaki, cuyo rostro sombrío inclinó hasta que su cabello cubrió sus ojos. Se mordió el labio inferior frenando el repentino impulso por gritar lo que estaba pensando pero de nuevo la voz de su hermano lo detuvo.

– Tal vez sea un poco precipitado pero quiero que lo pienses, ¿de acuerdo?... ¿Misaki?

– Si, está bien, lo pensaré… –apretó con fuerza el auricular hasta que escuchó el sonido repetitivo de la llamada terminada– pero no puedo hacerlo… –sonrió con una mueca triste mientras dejaba la bocina en su lugar.

Ahora no solo tenía que pensar en su futuro sino en como darle una buena excusa a su hermano, o aún peor, cómo explicarle su relación con Usagi. Agitó un poco la cabeza, eso ni siquiera podía pensarlo.

– ¿Qué paso?

Escuchó la voz de Usagi detrás de él congelándose en su sitio mientras forzaba a su cerebro para mentir una vez más, antes de enfrentarlo.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

– No estoy seguro de que sea el mejor momento para un concierto –murmuró Sakano limpiando sus lentes con un pañuelo. Su expresión pesimista era tan típica que no se le podía tomar en serio.

K, sentando a su lado, frente al escritorio vacío de Tohma, asentía con la cabeza a cada palabra escuchada. Ya llevaban en esa rutina cerca de media hora desde que la secretaría del presidente les había permitido esperarlo en la oficina. El rubio solo sonreía con evidente entusiasmo casi ignorando al otro manager. No era mala su intención, solo sabía que la mitad de los miedos de Sakano eran puras palabras y del resto, él mismo se encargaba.

– ¿No crees que afectará el ánimo de Shindou-kun? –continuo– sin mencionar la presencia de Sakuma-san, un concierto como ese…

– Me alegra escuchar de nuevos conciertos –intervino la voz alegre de Tohma, quien recién llegaba con una pequeña carpeta bajo su brazo.

– Entonces te encantará esta idea.

– Antes de eso, he de decir que yo no estoy de acuerdo –intervino Sakano intimidado por la sonrisa de su jefe. Había trabajado a su lado suficiente tiempo como para temer hasta ese gesto tan inofensivo.

– Al menos puedo escuchar la idea de K-san.

– ¡Un concierto en conjunto entre Shuichi y Ryuichi! –canturreo con emoción congelando la expresión de Tohma.

– Realmente no esperaba escuchar eso –comentó divertido.

– Los fans querrán verlos juntos. Solo imagina la publicidad que podremos manejar con semejante espectáculo. Pueden cantar por separado y cerrar el concierto con un dueto. Escuché que te han llegado algunos demos estos días, ¿cierto? Incluso podemos aprovechar el concierto para presentar nuevos talentos.

– Ni siquiera quiero saber de dónde sacaste esa información. Pero se ve que has pensado mucho en esto.

– En realidad fue una idea de un segundo –terminó con una abierta carcajada cruzándose de brazos, restándole importancia al asunto como sino le importara.

– Presidente, no puede considerar esta idea –hablo Sakano lloroso– no solo es descabellada, Shindou-san no esta en su mejor momento y K-san pretende hacer el concierto este verano. Son menos de dos semanas para prepararlo.

– ¿Dos semanas? –miró a K quien asintió sin borrar la enorme sonrisa de su rostro– pues si suena bastante apresurado. Pero Ryuichi puede necesitar esta distracción… –llevó la mano bajo su mentón hablando para si– ¿usted se haría responsable, K-san?

– Por supuesto, no hay problema –respondió sin dudarlo usando una frase en inglés.

– P-Pero, presidente…

– Claro que también necesitaremos de su ayuda, Sakano-san –sonrió con aquella expresión que no admitía negativas– suena arriesgado, pero estoy seguro que podemos preparar todo en dos semanas –continuo abriendo su carpeta para empezar a garabatear en un par de hojas– necesitamos planear hasta el más mínimo detalle.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Shuichi estaba seguro de haber terminado la canción por la que lo habían retenido hacía un rato, pero en cuanto K salió del estudio él mismo abandonó el lugar corriendo con un solo destino en mente.

Daba saltos mezclándose entre la gente tarareando la melodía que acababa de escribir, había puesto un montón de frases sobre lo mucho que amaba a Yuki y lo felices que debían ser aunque el escritor fuera malo con él de vez en cuando. Escribió sobre lo importante que era el permanecer unidos. Si, definitivamente aquella sería una buena canción, en cuanto Hiro y Suguru hicieran su parte sería perfecta.

De momento a él solo le interesaba volver con Yuki y contarle las buenas noticias, seguro que para ese momento lo encontraría de mejor ánimo.

Se cruzó con un grupo de estudiantes a quienes casi derriba al pasar entre ellas pero en medio de las risas se disculpó sin detenerse. Giró en una esquina y llegó al edificio donde compartía departamento con Yuki.

– ¡Yu-uki, he vuelto! –canturreo abriendo y cerrando la puerta de golpe. Se detuvo en medio de la sala con los brazos extendidos pero casi se rió de si mismo. En realidad no esperaba algún tipo de recibimiento.

Al segundo siguiente notó la presencia del rubio, cómodamente instalado en uno de los sofás, con una cerveza en la mano. Por un momento se encontraron la fría indiferencia de Yuki contra la chispeante mirada del pelirosa, antes que éste último saltará sobre el sofá aferrándose al brazo de su pareja en una actitud similar a la de un gato,

– Así que aquí estabas –ronroneo restregando su mejilla sobre la camisa.

– Creí que habías dicho que no ibas a volver –dijo el otro sin darle importancia mirando la televisión tan distraídamente como minutos antes de que llegara Shuichi.

– Olvida eso. Traigo muy buenas noticias.

– ¿Vas a mudarte y no volverás nunca?

– Yuki, eres muy bromista –palmeó su hombro un par de veces mientras se revolvía para acomodarse en su regazo– pero no, ¡voy a tener un concierto!

– ¿Y eso es bueno para mí porque…?

– ¡Un concierto de verano! –continuo ignorando el comentario anterior– ¡en dos semanas! ¡¿No es genial?!

– ¿Dos semanas? ¿A tu manager finalmente se le contagió tu locura?

– ¿Irás, verdad? Tienes que ir, tienes que estar en primera fila –sonrió mirándolo con ese intenso brillo que más de una vez había hecho dudar a Yuki de todo lo que pensaba sobre el menor.

Se suponía que estaba molesto con él. Esa mañana habían tenido otra de sus discusiones violentas pero como siempre, el estado de ánimo de Shuichi iba y venía de un modo tan volátil que Yuki hacía mucho tiempo había renunciado a seguir.

Le sostuvo la mirada con la impasible mueca seria que era su rostro pero Shuichi había convivido tanto tiempo con él que ya se había vuelto inmune. Suspiró con cansancio mientras el noticiero en la televisión comenzaba su sección de espectáculos. El pelirosa automáticamente desvío la mirada cuando escuchó el nombre del escritor de labios de la conductora.

Sin moverse de su cómoda posición sosteniéndose del pecho de Yuki con una mano y con la otra alrededor de su cuello, escuchó la nota donde se hablaba de la próxima novela a publicarse de su pareja. Aquello no era una novedad, aunque Shuichi tampoco sabía demasiado del tema, estaba consciente del trabajo que había absorbido a Yuki durante las últimas noches.

La nota duró apenas unos minutos antes de cambiar el tema al mundo de la moda.

– ¿Usami Akihiko? –repitió aún mirando la pantalla– nunca lo había escuchado.

– No es como si tú leyeras mucho –comentó terminando su cerveza para dejar la lata sobre la mesita.

– Entonces, ¿sabes quién es? –se volteo para mirarlo.

– No tengo ni idea –respondió con evidente indiferencia.

– Pero dijeron que podría ser tu rival –murmuró confundido. Era la primera vez que escuchaba de un autor que estuviera al nivel de Yuki, siempre lo había considerado como el número uno. Aunque el rubio tenía razón, a él no le interesaba lo suficiente la lectura como para saber del tema, y nunca había leído, siquiera, alguna de las novelas de Yuki– ¿cómo va tu novela? –preguntó sintiéndose un poco culpable al considerar ese hecho, cuando Yuki si había asistido a varios de sus conciertos.

– ¿Por qué de pronto te interesa?

– ¿Qué acaso no es normal que me interese por lo que haces? –dijo a modo de puchero, acariciando su pecho con un escurridizo dedo.

– Ahí esta –señaló la mesa de centro donde la baraja de cartas estaba dispersa.

– No sabía que te gustaba jugar –se burló girando un poco para estirar el brazo y tomar algunas cartas, aunque se mantenía sentado en las piernas de Yuki. Era la misma baraja con la que él había matado el tiempo con la intención de quedarse junto a Yuki mientras éste trabajaba en su novela– ¿acaso es una historia sobre una baraja?

Su comentario dicho medio en broma había acertado en la idea que repentinamente había tenido Yuki pero nunca se lo diría. Era posible que el pelirosa empezara albergar ideas absurdas sobre tener los mismos pensamientos y ya bastante hacía en soportar su presencia como para que aumentara sus comentarios melosos.

Shuichi miró las cartas entre sus dedos extendiéndolas de forma que pudo ver el ocho de cada palo y un cinco extra de trébol.

– Póker… –murmuró mirando la serie.

Ese era un buen nombre para un gran concierto.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

– Creo… que deberías pensarlo mejor –dijo Tohma luego de un largo silencio tratando de mantener su expresión neutral.

No le preocupaba que Ryuichi lo viera triste pero le había prometido a Noriko que no intervendría en la decisión de su amigo y eso incluía mostrar lo mucho que le molestaba su próxima decisión.

– ¿Estás bien? –fue todo lo que escuchó luego de otra larga pausa.

Ryuichi, que había estado recostado en el sillón frente a su escritorio con la cabeza casi tocando el suelo se levantó de golpe llevando consigo a su pequeño Kumagoro. Se acomodó en cuclillas frente al productor con el mueble entre ambos, mirándolo con aquella expresión mortificada que podía doblegar el espíritu de Tohma.

– ¿Te duele el estómago? –preguntó bajando el tono de su voz mientras Kumagoro se mostraba lentamente a su lado.

– Estoy bien –sonrió tratando de no reír. Odiaría el momento en que Ryuichi se despidiera de los escenarios, como lo había hecho la última vez, pero tampoco podía contradecirlo. El aura tan grande que irradiaba el cantante era capaz de atraer a las personas como una especie de imán y al mismo tiempo lo volvía inmune a las confrontaciones. Noriko no había podido enfrentarlo, incluso K, en su momento, renunció a intentarlo y él no sería la excepción. Por ahora solo trataría de disfrutar el momento y alargarlo todo lo posible– ¿hace cuánto que no ves a Shindou-san?

Esta vez la presencia de Kumagoro ocupó todo su campo visual mientras Ryuichi desaparecía bajo el escritorio. El pequeño conejo rosa bajó la cabeza logrando que sus orejas acompañaran el gesto.

– No lo sé –respondió la segunda voz de Ryuichi– ha estado tan ocupado que tal vez ya no quiere ser mi amigo.

– Creo que nosotros hemos tenido semanas igual de agitadas –respondió siguiéndole el juego, acostumbrado a la existencia de Kumagoro– ¿qué opinas de un concierto más?

El conejo cruzó sus pequeños brazos a la altura del pecho girando el rostro en un claro gesto de rechazo.

– ¿Con Shindou-san?

– ¿Con Shuichi…? –Kumagoro lo miró pero fue Ryuichi quien alzó la voz, de pronto apareció casi saltando sobre el escritorio– ¿hablas en serio? ¡Eso sería genial! ¡Quiero volver a cantar con Shuichi! –la emoción brillaba en sus ojos y el tono agudo en su voz logró una sonrisa sincera en Tohma, quien silenciosamente pidió disculpas a Noriko por faltar a su palabra.

– K propuso hacer un concierto para Bad Luck pero al final pensamos que sería buena idea un concierto compartido. Solo si estás de acuerdo…

– ¡Por supuesto! ¡Lo haré! ¡Lo haremos!

– ¿Y qué pasará con tu viaje?

– ¡Iré a decírselo a Shuichi! –gritó ignorando la última pregunta, salió corriendo abriendo la puerta de golpe casi estrellándose contra K quien apareció junto a Sakano, pero en el último segundo lo empujó usando su cuerpo como apoyo para girar en el pasillo en medio de un grito constante llamando al cantante pelirosa.

– ¿Qué fue eso? –preguntó K sin poder evitar el cambio de idioma.

– Otra de las ocurrencias de Ryuichi, no se preocupen por él –intervino Tohma invitándolos a pasar con un gesto de mano– ¿consiguieron lo que les pedí? –preguntó mientras los otros dos ocupaban un par de sillas frente al escritorio. El productor tomó su lugar y miró el folder que Sakano le extendía.

– Hay una buena cantidad de revistas que podrían servirnos –comenzó el moreno ajustando sus gafas– pero no tenemos buena relación con la mayoría de ellas, podríamos elegir a las que son seguras y tomar un par de las que no, como prueba.

– ¿Todas estás tendrán una edición a fin de mes? –preguntó leyendo el listado donde se enumeraban decenas de nombres correspondientes a revistas de diferentes temas, entre espectáculos, moda, hogar y editoriales.

– ¿Cuántos boletos piensas regalar? –preguntó K, cruzado de brazos inclinado ligeramente en su silla.

– No muchos –respondió sin dejar de leer– de hecho solo he pensado en cuatro presentaciones, una de ellas será privada y la única de la que no venderemos boletos. Todos serán regalados o ganados por sorteo.

– Si hablas de privacidad imagino que no serán más de cien.

– Doscientos a lo mucho pero eso lo decidiré en cuanto me digan… –detuvo sus palabras al encontrar la lista de los lugares que estarían disponibles para su apresurada fecha– bien, esto puede servirnos –murmuró marcando un par de lugares.

– Encontramos algunos talentos que pueden prepararse para ese día –retomó Sakano esperando a que Tohma cambiara la hoja– pero K-san y yo pensamos que no sería bueno elegir a más de tres.

– Pienso lo mismo, el primer concierto será solo para Bad Luck y Nittle Grasper, los nuevos talentos pueden aparecer en las presentaciones restantes –volvió a callarse para leer un poco mejor la tercera lista pero no pudo evitar sentirse frustrado. Ninguno de los grupos o cantantes en ese listado eran lo suficientemente buenos, sería imposible que no fueran opacados por las bandas principales.

– Tal vez si Shindou-san o Sakuma-san les dieran un poco de participación extra podrían ayudarlos –comentó Sakano al notar la mirada del presidente. Casi podía leer en su rostro la misma queja que K ya había mostrado.

– Mejor haremos audiciones –dijo sin borrar su molestia. Tampoco le agradaba bajar el nivel de dos buenas bandas por la causa sin sentido que había originado tal concierto– supongo que no habrá problemas con la publicidad en radio y televisión –comentó al llegar al final del reporte.

– Esto va a ser grande –dijo K con aquella sonrisa misteriosa que tanto alarmaba a Sakano y que al mismo tiempo aumentaba la confianza de Tohma– esta a un paso de salirse de control.

– No lo hará –sonrió el presidente compartiendo la complicidad, con aquel gesto infantil que acentuaba aún más su evidente juventud.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Miyagi llegó a su departamento un poco más temprano de lo habitual encontrando la puerta principal sin seguro. Suspiró con cansancio cuando encontró un par de zapatos en el recibidor. No era la primera vez que Shinobu invadía su casa y tampoco sería la última en que tuviera que decirle que no dejara la puerta sin seguro.

Entró directamente a la cocina ignorando el sonido de la televisión en la sala dejando su portafolios y los libros que había cargado bajo el brazo en la barra justo al lado de lo que, una vez más, sería la cena: guisado de col.

Por un momento imaginó que sería un buen regalo de cumpleaños un recetario. El solo pensamiento llevó una sonrisa a sus labios, eso definitivamente no le agradaría a su universitario y con un poco de suerte tampoco lo necesitaría, si es que el intento de carne con verduras que acompañaba a la col no era una casualidad. Revisó ambos platillos probando distraídamente la carne.

Por suerte Shinobu se había vuelto un experto en guisar col.

Dejo su cena de nuevo envuelta acercándose silenciosamente a la sala. Desde el umbral de la puerta pudo ver la expresión aburrida en el rostro del castaño mientras buscaba algo que ver en la televisión.

El clima aún no había cambiado lo suficiente como para enfriarse aún a esas horas y la calefacción del lugar ayudaba bastante, por lo que no le pareció extraño verlo con una playera de tirantes a medio acomodar. Parecía que había bajado de peso, quizá sus exámenes habían sido más pesados de lo normal, aunque normalmente no tuviera problemas con sus estudios no sería raro tener algunos momentos malos. Observándolo un poco más pudo notar algunos mechones de su cabello aún mojados.

Y su escrutinio podría seguir y seguir. Ni siquiera se había dado cuenta del momento en que empezó a observar al menor con ese ojo crítico y cuidadoso. Incluso se sorprendió de una ocasión en que pudo notar los primeros síntomas de un resfriado antes de que el mismo Shinobu lo supiera. Quizá sonara como algo excesivo y un poco acosador pero en realidad se sentía como si admirara una pintura muy hermosa. Mantenía su mirada atrapada y no pensaba en nada, solo le bastaba con observar.

Cuando escuchó el suspiró del castaño salió de su estupor recordando que ya llevaba mucho tiempo esperándolo.

– ¿Cuántas veces te he dicho que no dejes la puerta abierta? –preguntó sin más ocupando el espacio libre del sofá.

Shinobu dio un respingo en su lugar mirándolo con un brillo emocionado antes de arrugar el ceño en un puchero.

– ¿Eso es lo único que puedes decirme luego de no vernos por una semana? –murmuró cruzándose de brazos.

Miyagi lo miró de reojo un segundo antes de fingirse interesado por el programa en la televisión. Luego volvió a girarse ante la insistente mirada. Entonces se acercó con cautela notando la tensión en el cuerpo ajeno, pero se limitó a tomar su rostro por la barbilla.

– Hay algo diferente en ti –murmuró esperando que el menor diera alguna reacción exagerada y enseguida el color subió a sus mejillas, casi haciéndolo sonreír.

– ¿D-De qué hablas? No tengo nada –desvío la mirada apretando los labios, cayendo rápidamente en uno de sus acostumbrados dilemas.

Cada vez que Miyagi se acercaba demasiado, se debatía entre alejarlo o aferrarse a él. Sentía su corazón golpeando demasiado rápido, y quizá demasiado fuerte. Estaba casi seguro que el mayor podía escucharlo, y saberlo solo aumentó el color en su rostro. Podía sentir el calor cubriendo sus mejillas y los nervios apoderándose de él. No quería comenzar a gritar lo mucho que lo había extrañado, lo difícil que había sido la última semana obligándose a mantener la distancia.

– Creo que perdiste peso –dijo sin poder evitarlo.

Aquel comentario se llevó todo su nerviosismo para empezar un berrinche. ¡¿Cómo se atrevía a tratarlo como si fuera un niño?! ¡Es que no podía ser serio con nada! Él había estado mortificándose tanto por estar separados pero al parecer Miyagi ni siquiera lo había notado.

El profesor torció una ceja divertido al ver la expresión que intentaba ser fulminante en el rostro del menor. Casi podía leer sus pensamientos porque los estaba gritando en esas extrañas muecas. Hasta eso había extrañado.

Lentamente aprovechando la furia silenciosa del castaño, volvió a tomar su rostro uniendo sus labios en un gesto suave y casi imperceptible. Aún no estaba acostumbrado a ser tan gentil pero sabía que cualquier movimiento excesivo asustaría al menor. Deslizó sus labios sobre los ajenos probando con pequeños toques antes de profundizar un poco más la caricia, sintiendo el cuerpo entre sus brazos tensarse mientras lo recostaba sobre el sillón. Se aseguró de no aplastarlo antes de separarse mirando sus ojos brillantes apenas abiertos y el intenso color de sus mejillas que lo incitaban a ir más allá.

Se limitó a acariciar su cabello con ternura dejando que una agradable sonrisa se instalara en su rostro.

Shinobu parpadeo varias veces embelesado por la imagen que tenía frente a si. Estaba seguro que sus sentimientos por aquel hombre eran enormes, quizá mucho más de lo que era correspondido pero no importaba. Aún si Miyagi no lo había extrañado tanto como él, no importaba.

Rodeo su cuello aferrándolo en un abrazo que casi lo hace llorar. Eso era todo lo que necesitaba, estar cerca de él.

– ¿Qué te parece si salimos a cenar? –preguntó Miyagi respondiendo al incómodo abrazo. Sintió el cabello castaño agitarse contra su mejilla en un asentimiento y tuvo que hacer grandes esfuerzos para levantarse con Shinobu aún pegado a él antes de que pudiera separarse.

Pudo disfrutar de aquel puchero típico que siempre veía en Shinobu cuando estaba avergonzado antes de que una estruendosa canción empezara a sonar en la televisión llamando la atención de ambos.

Miyagi pudo volver a ocupar su lugar en el sillón mientras Shinobu miraba con especial interés a la banda cuyo video estaban promocionando. Era extraño verlo interesado por algún tema acorde a su edad, cuando se pasaba la mitad de su tiempo libre buscando gustos que ambos pudieran compartir, siempre ajustándose a algo "más adulto". Era tan inusual que incluso podría usar esa oportunidad para encontrar el regalo perfecto.

Cuando se decidió a mirar el video pudo reconocer el nombre de la banda, no porque fuera su favorita o por conocerla siquiera, sino porque era uno de los grupos de los que tanto se hablaba en la universidad: Nittle Grasper.

Continuará…


Notas de la autora: ¿Qué les pareció el capítulo =) Es un poco más pequeño de lo normal (¿?) pero… Ya hemos visto un poco más sobre el esperado concierto que ahora ya es una mini-gira. Y por si el detalle no esta muy claro, Shuichi aún no sabe que compartirá créditos XD sip, algo que solo se le podría pasar al pelirosa. Eso y sus "guerras personales" con Yuki .

El asunto entre Misaki y su hermano sobre su futuro es algo que aún se sigue viendo en el manga, pero de momento lo estoy usando como recurso para algo más a largo plazo, así que sean pacientes.

Gracias por sus views, espero que puedan dejar algún review, nunca están de más XP jejjje.

Nos vemos en la próxima actualización.

Besos,

Yui-chan