Los personajes no me pertenecen, salvo algunas excepciones. Doy gracias a la genial Stephenie por crear esta historia.


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Bella, como todas las mañanas, acudió a sus clases universitarias.
La mañana pasó igual que las demás, como pura rutina. Sin embargo, esa mañana hubo un detalle que a Bella no se le pasó en absoluto y que cambió su rutina por completo.
Ella estaba comiendo con Angela, en una mesa alejada del patio. Al instante de sentarse en la mesa y observar a lo lejos unos cabellos broncíneos despeinados, sintió una sacudida en el estómago.
Él no la había visto, y la muchacha se debatía internamente entre acercarse a saludar o ignorar que lo hubiese visto. Lógicamente, para ella, la mejor opción era la segunda, por lo que se limitó a contemplar a Edward desde la distancia, sin prestar atención a lo que su amiga le decía.

-Bella, ¿Has escuchado algo de lo que te he dicho?- preguntó Angela un poco irritada, al ver a su amiga distraída.

-Sí, lo siento, es que... estaba pensando

-¿Pensando en qué?- volvió a preguntar su amiga, curiosa, y siguiendo la dirección de la mirada de Bella- Mmhh… un chico- se autocontestó con una sonrisita-¿Lo conoces?

-Es Edward Cullen- dijo Bella sin pensar.

-Cullen... por lo que veo hermano de Alice y Emmett... no está nada mal.

Bella asintió con la cabeza, y decidió cambiar de tema y dejar de observar al joven con el fin de no obsesionarse con un recién conocido.
Las horas restantes pasaron como todas las demás, para desgracia de Bella. Al terminar su última hora de clase, se apresuró al aparcamiento, donde se encontraba estacionado su viejo monovolumen.
Condujo de forma un tanto apresurada hacia la cafetería, temiendo llegar tarde. Finalmente, aparcó su viejo chevy a la entrada del local. Al entrar a la cafetería, un torbellino la abrazó, chillando en su oído de alegría.

-¡Bella! ¡Por fin te veo!- exclamó la persona que la abrazaba. La aludida, paralizada por la sorpresa, estaba casi segura de que era Alice, pero temía equivocarse, por lo que esperó a separarse para comprobarlo.

Un rostro de nariz pequeña y grandes ojos le dedicaba una sonrisa sincera, y Bella no pudo reprimir devolvérsela.

-Hola Alice- saludó la joven.- Lo siento mucho, pero tengo que trabajar y no sé si...

-No, yo ya me iba, tranquila- interrumpió la pequeña- solo venía a decirte que el sábado te vienes a cenar a mi casa, es el cumpleaños de Edward.- comentó con una risita- Ya te llamaré para quedar, me tengo que ir ya. ¡Hasta luego!

Alice se marchó sin esperar respuesta de su amiga, a una velocidad increíble, dejando a Bella plantada en su sitio.

-Hasta luego- musitó Bella para sí.

Lentamente, se dirigió a la barra y se preparó mentalmente para una larga jornada de trabajo.
Aquel día no recibió vista de los Cullen, pero la tarde se le hizo más amena al tener la compañía de Angela otra vez, por lo que no tenía de qué quejarse.

Los días pasaron, como de costumbre. No volvió a ver a los Cullen por la cafetería, y menos por la universidad. Aquella era la última semana de clases, ya que la siguiente empezaban las vacaciones de verano, aunque los alumnos debían acudir a la universidad a realizar exámenes de recuperación.
Bella, que había aprobado todos los exámenes, no tendría que presentarse, y eso resultó un alivio para ella. Ahora, sólo le quitaría tiempo el trabajo, y tendría tiempo libre para descansar y poner un poco en orden el apartamento. Aprovechando que no iría a clases por las mañanas, cambió el turno de tarde por el de la mañana, para así tener toda la tarde libre.
El sábado llegó, y con ello la cena en casa de los Cullen. La pequeña Cullen se lo recordó a Bella con una llamada a primera hora de la mañana.

-¡Bells! ¡Soy Alice!-exclamó alegremente con su vocecilla desde el otro lado de la línea.

-¡Alice! ¿Qué pasa? ¿Por qué llamas tan pronto? ¡son las 8 y media de la mañana!- resopló Bella, dejando a un lado el desayuno que se estaba tomando.

-Lo siento, es que no quería pillarte trabajando. Te llamaba para recordarte lo de la cena... ya sabes, en mi casa, esta noche.

-Ah, ya. Pero no sé cómo llegar, tienes que indicarme el camino porque...

-Tranquila, te recogeré a las 7 y media en tu casa, ¿vale?

-Bueno... está bien- asintió Bella, adormilada.- entonces nos vemos esta noche.- añadió con una sonrisita.

-¡Hasta esta noche! ¡Y ponte el vestido que te he comprado!- exclamó, antes de cortar la línea.

Bella, confusa, se dirigió a su trabajo, y al terminar la mañana, volvió a su casa para comer. De camino a casa le compró un regalo a Edward, un libro, ya que no había encontrado algo mejor. Una vez hubo acabado con su almuerzo, comenzó a poner en orden el apartamento, aprovechando la ausencia de Angela, que se encontraba en la biblioteca estudiando.
Al acabar su tarea de poner en orden su apartamento, y satisfecha con el resultado, se encaminó a la ducha y comenzó a prepararse. Se puso el vestido, y se contempló en el reflejo que le devolvía el espejo. Aquel vestido parecía hecho exclusivamente para su figura, y aquel color favorecía su imagen. Bella temía ir demasiado arreglada para una simple cena, pero si Alice le había dicho que se lo pusiera era porque estaría bien ¿no? Además, Rosalie le haría sombra aunque no se arreglara, por lo tanto, no había de qué preocuparse.
Miró la hora en el reloj de la pared, inquieta. Ya casi era la hora. Rápidamente se recogió el pelo en un peinado improvisado y se maquilló lo justo y necesario. Tras aprobar su aspecto, tomó su bolso y salió del apartamento.
Al salir del edificio, buscó con la mirada el coche amarillo chillón de su amiga, pero no lo localizó. En lugar de eso, divisó la figura de un perfecto y atractivo muchacho apoyado en la puerta del copiloto de un flamante volvo plateado. Él iba vestido elegantemente. Ella se sentía increíblemente ridícula contemplándolo desde la puerta del edificio. Poco a poco, y avanzando torpemente a causa de los zapatos de tacón que calzaba, se acercó a Edward.
Éste levantó la mirada de la revista que se encontraba leyendo, y la examinó de arriba a abajo.

-Wow, Bella, estás increíble- comentó el muchacho, provocando que ella se sonrojara.- Alice no ha podido venir y me pidió que te recogiera, no te importa, ¿verdad?- finalizó, con una sonrisa torcida.

Bella, nerviosa y sin aliento, negó con la cabeza, sin poder apartar la mirada de aquellos profundos ojos verdes. ¡Cómo le iba a importar!
Él abrió la puerta del copiloto para que Bella subiera y, una vez la muchacha se encontraba dentro, la cerró suavemente.
Ella, enfundada en aquel vestido azul, y sonrojada como lo estaba, no podía evitar mirar de vez en cuando al conductor, el cual conducía de forma un tanto rápida. Eso la incomodaba, ya que no le gustaba la velocidad, ni nada que se relacionara con el peligro, y, aunque se podía comprobar que Edward era un excelente conductor, ella no se sentía cómoda con su conducción.
Respiró hondo y carraspeó para disimular el nerviosismo que impregnaba su voz.

-Edward, ¿podrías bajar un poco la velocidad? Es que...

-Lo siento- murmuró el muchacho, disminuyendo, al instante, la velocidad a una razonable- es la costumbre.- añadió, mirándola y dirigiéndole una sonrisa.

Ella se la devolvió.

Minutos después, bajó del coche y le abrió la puerta para que Bella bajara.

-Gracias- musitó ella, nerviosa.

Juntos, se encaminaron hacia la puerta de la entrada de la casa, Bella trastabillando y él con andares elegantes.

-¿Necesitas ayuda?- preguntó con una risita, tomando su brazo y rodeándolo con el suyo- Para que no te caigas.- añadió al ver el ceño fruncido de Bella.

-No te rías, Edward, estos zapatos me están matando- se quejó ella, sujetándose fuertemente al brazo del chico.

Ambos ingresaron a la casa. La gran casa, de amplios ventanales y decoración moderna y perfecta, se encontraba decorada con globos y una gran pancarta que rezaba:

FELIZ CUMPLEAÑOS

Inconscientemente, se sujetó al brazo de Edward con más fuerza, le depositó un beso en la mejilla y le susurró un "felicidades" antes de soltarse del agarre para escabullirse de la multitud que se acercaba. Él no dejaba de observar cómo se alejaba, hasta que las felicitaciones lo sacaron de su ensimismamiento.

-¡¡¡Felicidades!!!- exclamó a coro una gran cantidad de personas, por lo que pudo calcular Bella, unas cuarenta. Bella, incrédula, miró a Edward desde lo lejos, el cual lucía una radiante sonrisa en su rostro.

-¡Bella, estás fantástica!- exclamó Alice a su espalda.

-Gracias Alice, tú también estás genial- replicó Bella con una sonrisa. Alice iba vestida con un precioso vestido color verde que la hacía parecer un duendecillo, pero aún así, estaba increíblemente guapa.- ¿Esa es Rose?- inquirió Bella, sorprendida. Rose llevaba su radiante cabello rubio suelto, y vestía el vestido negro que le había regalado Alice. Efectivamente, como había pensado Bella, estaría estupenda. A su lado, abrazándola cariñosamente, se encontraba Emmet, enfundado en un traje que le daba un matiz de seriedad y madurez que realmente no poseía.

-¿Qué ven mis ojos? ¡Pero si es Bella!- exclamó Emmet.

-Y tú que no querías el vestido- comentó Rose con una gran sonrisa- ¡te queda perfecto!

-Gracias- replicó Bella- ¿Y Jasper?- inquirió al percatarse de que no se encontraba allí.

-Ayudando en la cocina, ahora vendrá.- contestó Alice.

Bella asintió con la cabeza. De pronto localizó a Edward charlando animadamente con unos chicos que a ella le resultaban conocidos, seguramente de la universidad. Antes no se había fijado, pero Edward estaba increíblemente... perfecto. Su traje, su peinado "desenfadado", aquella sonrisa, aquellos verdes ojos que la miraban...
Sus miradas se cruzaron por un instante, antes de que Bella rompiera el contacto.
Intentó participar en la conversación de sus amigos, apartando la vista de aquél increíble muchacho. Sonrojada y un poco avergonzada, vió por el rabillo del ojo a Edward sonriendo y, finalmente, volvía a hablar con sus amigos.

-...Y entonces Rose le gritó y el niño, llorando, salió corriendo a buscar a su mamá- contaba Emmett a carcajadas. A su lado, su novia esbozaba una sonrisa, y, malamente, reprimía la risa, mirando con cara de reproche a su novio.

-No es gracioso, yo no doy miedo- masculló Rose, dándole un golpe en el hombro a Emmett. Él la abrazó por la espalda y le dió un suave beso en la mejilla.

-Eso es lo que me enamoró de tí- le dijo al oído- intimidas. Incluso a mí me das miedo a veces.

Rose resopló, aunque aceptó de buena gana otro beso de su novio. Alice y Bella reían, ante la situación. Era verdad que Rose intimidaba, tenía algo que hacía que te pensaras dos veces lo que ibas a decir.

-¿Queréis algo de beber?- preguntó Alice a la pareja.-Nosotras vamos a buscar bebidas- dijo, tomando de la mano a Bella.

Ambos negaron con la cabeza, antes de besarse apasionadamente. Era realmente incómodo, pensó Bella, menos mal que Alice sabía lo que se avecinaba.
Ya en la barra, ambas pidieron sus bebidas, y comenzaron a charlar animadamente.

-Esos dos no aguantan ni 5 minutos separados- comentó Alice, de manera ausente.

Bella soltó una risita.

-¿Sabes? Esto era una fiesta sorpresa, por eso mandé a Edward a por ti. Digamos que fuiste la distracción.- Alice miró a Bella con una sonrisa- Él se esperaba una cena familiar, y sabía que tú vendrías, pero no se esperaba todo esto.

-¿Y todo esto lo has montado tú sola?- preguntó Bella, tras beber un poco de su vaso, incrédula.

-Oh, por supuesto, esto no es nada en comparación a lo que puedo hacer- contestó ella, con una sonrisa.
A Bella, en esos momentos, Alice le daba verdadero miedo. Conociéndola, en su cumpleaños le montaría una gran fiesta, aunque ella se negara. Y lo peor es que a Bella no le gustaban las fiestas...
Esbozó una sonrisa, y, antes de darse cuenta, tenía la atención fija en Edward, otra vez. Esta vez se encontraba hablando con una chica de cabellos rubios, bastante guapa. Ella no paraba de hablar, por lo que Bella observaba, y él asentía con una sonrisa cordial, aunque desanimadamente.

-Es Tanya. Edward y ella están... medio saliendo- contestó Alice, sin que Bella le preguntara. De alguna manera siguió la mirada su amiga, y sabría lo que se estaría preguntando.

-¿Medio saliendo?- preguntó Bella, confundida.

-Ella está enamorada de Edward, pero él no sabe aún lo que siente, y no quiere seguir con ella.

Tanya se precipitó al rostro de Edward para besarlo, pero Edward, tras devolverle el beso, lo cortó con la excusa de que le estaba sonando el móvil. Al sacarlo, colgó inmediatamente y miró hacia donde nos encontrábamos nostras, fulminando a su hermana con la mirada. Alice, en esos instantes, guardó su móvil en su bolso, con una sonrisita traviesa.

-Una maniobra de distracción- soltó la pequeña, con una risita.

-Pues no veo que funcione- contestó Bella.

Edward y Tanya, esta vez, se besaban apasionadamente. El muchacho le dedicó una rápida mirada de reproche a su hermana y, tomando de la mano a la chica rubia, se la llevó de allí, al parecer a un sitio más tranquilo. Algo se removió en el estómago de Bella, haciéndola sentirse mal. Dejó a un lado el vaso pensando que había bebido demasiado ponche.

-¡Bella!- exclamó una grave voz bastante conocida para ella. Ella localizó al propietario de aquella voz, unos metros más allá, aproximándose hacia la barra.

-Jake, hola- saludó Bella con una sonrisa

-Hola Alice- saludó, animadamente, a la pequeña Cullen- ¡Qué alegría volver a verte!

-¡Hola Jake! La verdad es que hace mucho que no te veo por aquí.- observó la joven Cullen- ¿De qué os conocéis?- inquirió, señalando a Bella y luego a él.

-De la universidad, coincidimos en algunas clases- contestó él.

-Bueno, yo me voy que mi chico me espera en la cocina- explicó Alice, guiñando pícaramente el ojo, antes de perderse entre la multitud.

Jacob pidió algo para tomar, y, mientras esperaba a que sirvieran, Bella decidió aclarar sus dudas.

-¿Conoces a Edward?

Él la miró, con una gran sonrisa, como si hubiese contado un chiste malo.

-¿Bromeas? Es mi mejor amigo.

Soltó una carcajada y comenzó a beber de su bebida.
Ambos mantuvieron una animada charla. Jacob le contó a Bella que le había ido perfectamente en la universidad y que estaba ansioso por la llegada de Renesmée, que iría a visitarlo durante unas semanas. Renesmée, o más conocida como Nessie, era amiga de Bella del colegio, pero hacía años que no se veían. Ante esa noticia, Bella le pidió a su amigo que le avisara en cuanto llegara a la ciudad, ya que tenía unas inmensas ganas de verla.
Pasaron las horas, Bella pasó toda la noche con sus amigos, los Cullen, aunque no había vuelto a ver a Edward desde su desaparición con Tanya. La gente ya comenzaba a marcharse y se notaba en la fiesta como el ambiente decaía. Ellos, en el salón, sentados en el sofá, charlaban animadamente.

-¡El cumpleañero se digna a aparecer!- exclamó Emmett, mientras Edward se sentaba a su lado. Su aspecto desaliñado, no como al principio de la fiesta, daba en qué pensar.- Te montamos una fiesta y no estás presente...

-¿Es que no lo ves? Se ha enfrentado a una manada de lobos- comentó Alice, con el mismo tono burlón que su hermano. Todos reían, menos Edward, que sonreía.- Espera, tienes marcas de pintalabios por toda la cara- mintió, llevando un dedo a su lengua y limpiándole con él las inexistentes manchas de pintalabios.

Edward apartó la mano de su hermana de su rostro y se acomodó en el sofá.

-Lo siento- musitó - pero ya estoy aquí, ¿no? Se supone que es una fiesta y estáis todos sentados...- soltó una carcajada. Realmente se lo veía de muy buen humor.

-Es que si no estás tú, corazoncito mío, no hay fiesta- Emmett sonrió bobaliconamente

-Y ahora estoy aquí, vamos chicos, ¡animaos!

Todos resoplaron, removiendose en su sitio. Ya nadie tenía ganas de fiesta, o al menos eso parecía.

-Alice, ¿bailas?- preguntó Jasper con una sonrisa, tendiéndole la mano a su novia. Ésta, con una gran sonrisa, asintió, tomó la mano de su novio, y desaparecieron por la pista de baile. Sin decir nada, Emmett y Rose los imitaron. Sin embargo, Edward y Bella permanecieron sentados, él mirándola a ella, y ella rehusando su mirada.

-No hace falta que te quedes, de verdad. Sal con Tanya, yo os espero- dijo Bella, mirando por fin a Edward, al ver que él tenía su vista fija en ella.

Él esbozó una sonrisa torcida y se puso de pie, tendiéndole la mano a Bella.

-Se ha ido. Vamos Bella, sal a bailar conmigo.- le rogó.

Ella se removió incómoda en el sofá, y negó, avergonzada, con la cabeza.

-Yo no bailo...-musitó ella, desviando por fin, la mirada de aquellos profundos ojos verdes.

Él se arrodilló frente a ella y, con una de sus manos, elevó el mentón de la chica para que lo mirara.

-Es mi cumpleaños- dijo él, con una sonrisa en su rostro.

Bella, rendida al fin, resopló.

-Vale- aceptó.- pero si te piso o si me caigo, habrá sido culpa tuya por insistir.- finalizó.

Él, con una gran sonrisa, se puso de pie y le tendió la mano, otra vez, a la muchacha. Ella, devolviéndole una tímida sonrisa, y un poco sonrojada, la tomó, y ambos se dirigieron a la pista de baile.
Ella notó que la piel del muchacho era extremadamente suave, y un poco fría.
Comenzaron a bailar una canción un tanto rápida, pero justo acabó, y comenzó una lenta.

-Maldita sea- se quejó Bella en bajo. Odiaba bailar canciones lentas.

Edward, delicadamente, la tomó entre sus brazos, acercando su cuerpo al suyo, y comenzó a guiarla. Sin embargo, ella no dejaba de mirarse los pies y los de su acompañante.

-Queda muy feo eso de mirarse los pies todo el tiempo.

Oyó la voz de Edward más cerca de lo habitual, y se sobresaltó. Al devolverle la mirada, se sintió un tanto cohibida.

-Te voy a pisar- soltó ella, de modo nervioso, y volvió a mirar sus pies. Él, por el contrario, soltó una carcajada, y colocó la mano bajo su mentón para elevarle el rostro.

-No me dolerá- dijo, encogiéndose de hombros. Ella, un poco intimidada también por la cercanía, negó con la cabeza.

-Me voy a caer. Soy muy patosa y estos zapatos no ayudan- se quejó, sonrojada por la insistente mirada de Edward.

-Yo no te dejaría caer, nunca.- finalizó él, acercando su cuerpo más al suyo y reforzando su agarre. Ella, más nerviosa de lo que estaba, y con una rara sensación en la tripa, respiró hondo, y se dejó llevar, asombrada de lo buen bailarín que era Edward y de su magnífica coordinación.

Nunca se hubiese imaginado bailando de esa manera, tan relajada, tan natural, y lo más increíble, con un chico como Edward, al que Bella consideraba el típico chico inaccesible. Sin embargo, mientras bailaba, se deleitaba con la fragancia de su perfume y con su cercanía, sin desprender los ojos de aquellos hipnotizantes verdes suyos. Apenas lo conocía, pero se había fijado muchas veces en él, y no era de extrañar. Muchas veces se sorprendía observándolo más de lo necesario, aunque era verdad que él también la observaba demasiado a ella.
Y mientras se balanceaban al son de la suave música, ella pensaba en todo aquello.

-Gracias por el regalo- susurró él, torciendo su boca en una perfecta sonrisa que dejó a la joven sin aliento.- Me ha encantado.

Ella sólo se limitó a sonreír, y, a continuación, apoyó la cabeza en uno de los hombros del muchacho, dejándose llevar y aprovechando el momento que sabía que no se repetiría nunca.
Al terminar la pieza, ambos se separaron, pero él, rápidamente, tomó la mano de la muchacha y depositó en ella un suave beso, haciendo que ella se sonrojara.

-Gracias.-susurró- ¿Ves? No ha sido tan malo- comentó con una sonrisa inocente, soltando su mano. Ella alzó una ceja, fingiendo una mueca de sarcasmo, e intentando disimular lo que sentía en aquellos momentos.

-Para mí, no. Pero seguramente te habré pisado más de una vez, y mira que te lo advertí.

-No, no me has pisado, y lo sabes- replicó él, con una sonrisa jugueteando en sus labios.

-Tenlo presente, será la última vez que me veas bailar. Esto ha sido como un... regalo de cumpleaños.

Ella sonreía ampliamente, y él la imitaba, pero, al instante, aquella sonrisa cambió, formándose una de esas sonrisas torcidas y seductoras.

-Ha sido un buen regalo, el mejor de todos, sin lugar a dudas. Deberíamos repetir.

Bella, a la que le había quedado perfectamente claro que ella no había sido la única que se había sentido "diferente" durante aquel baile, borró rápidamente la sonrisa de su cara.

-Edward...- comenzó, pero no pudo acabar lo que pretendía decir, ya que una mano sobre su hombro la interrumpió.

-Ey chicos, ¿cómo ha ido el baile?- preguntó Alice con voz chillona. Detrás de ella se acercaban su hermano y los mellizos Hale.

-Muy bien, Bella no se ha caído, así que ya ves...- bromeó Edward. La aludida lo fulminó con la mirada y esbozó una pequeña sonrisa. Por dentro, agradecía la llegada de los demás, ya que el ambiente se estaba poniendo incómodo.

-Parece que la gente se marcha- observó Bella. Sólo quedaban unas pocas personas en el gran salón de la mansión Cullen- Creo que es hora de que me vaya a casa, si no queréis que me quede a ayudar a ordenar, claro.- añadió, rápidamente.

Alice soltó una carcajada y negó con la cabeza.

-Lo de recoger es tarea nuestra. Quédate un rato más, venga Bells. Luego te llevaré a casa, ¿vale?

La joven Swan asintió y se sentó en un sillón. Los demás la imitaron, sentándose en el gran sofá.
Todos formaban parte de la conversación de forma activa, a excepción de Jasper, que siempre permanecía callado. Bella lo atribuía a la timidez, y le costaba creer que dos polos tan opuestos como Alice y Jasper fueran pareja.
El resto de la noche la pasaron riendo las bromas de Emmett y de Alice.

-¡Felicidades cariño!- exclamó una mujer, besando la mejilla de Edward- ¿Te quedas a dormir hoy?

-No, mamá, Jake me espera en casa así que debería irme ya.- comentó el joven- pero gracias, y saluda a papá de mi parte.

Su madre, una mujer delgada, joven y muy guapa, con un largo cabello castaño claro, asintió, y, seguidamente, centro su atención en Bella.

-Tú eres Bella, ¿verdad?- preguntó con una cálida sonrisa- es que los maleducados de mis hijos no me presentan a sus amigos.- bromeó.

La joven asintió con la cabeza, esbozó una sonrisa, y se puso de pie para saludar a la madre de sus amigos.

-Yo soy Esme. ¿Te quedas a dormir? Lo digo por ir preparando la habitación.

-No- negó Bella, rápidamente.- gracias, debo irme a mi casa, me están esperando.

-Bueno, pues cuando quieras ya sabes, tienes aquí tu habitación. Encantada, Bella.-dijo Esme, depositándole a la muchacha un beso en la mejilla.

-Igualmente. Y gracias.- contestó ella, con una gran sonrisa. Le había caído realmente bien la madre de sus amigos, y aquella actitud que Alice poseía se podía ver claramente de quién la había heredado.

-Bella, si quieres te llevo, me pilla de camino. Así Alice no tiene que salir de casa.- comentó, encogiéndose de hombros.

-A mi me da igual, lo que quiera Bella- expuso Alice, como si fuese una sirviente o algo así. Cerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza. Lo extraño de aquella expresión era la sonrisa que asomaba por sus labios, pero que ella intentaba evitar a toda costa.

-Es verdad. Tu hermano tiene razón.- concluyó Bella. Sabía que sería incómodo aquel viaje en coche a solas con Edward, pero no iba a hacer salir a su amiga de casa para luego volver, era absurdo.

Todos se despidieron, y Edward y Bella se marcharon directos a aquel flamante volvo plateado que se encontraba aparcado en el garaje. Al igual que en la ida, Edward le abrió la puerta de forma caballerosa a Bella, pero ésta, lejos de sentir incomodidad, se acomodó rápidamente en el asiento del copiloto y se dejó vencer por el sueño.


Oh, éste capítulo me gustó. No sé, Bella ya se empieza a fijar en Edward :)
Espero sus opiniones y que me dejen lindos reviews. ¡Mil gracias!