Capítulo 4
ENDYMION
En un lugar muy cercano a la Luna. Más específicamente en la Tierra.
Un joven enfundado en un traje de guerrero se encontraba observando la Luna. Ése lugar que desde que era niño le habían enseñado a despreciar y entrenado a destruir. Por que eso era una guerra.
Hacía unas pocas horas sus padres le habían notificado la llegada de la Reina de la Luna a su planeta. Y no sólo eso, sino que venía a visitarlo a él.
Querían comprometerlo con la Princesa de la Luna.
El joven golpeó con fuerza el árbol en el que se recargaba. Eso no era justo. ¿Por qué tendría que casarse con una mujer que ni siquiera conocía? ¿A quien toda su familia despreciaba?
-Princesa de la Luna…-murmuró sarcásticamente.- Ni siquiera sé tu nombre…-
-Príncipe Endymion.-
El joven no se molestó en voltear.- ¿Qué pasa Malachite?-
-No tiene que portarse así conmigo, Príncipe.-
-Todo esto es muy repentino…no entiendo por qué después de todo quieren una alianza con esas personas.-dijo Endymion.
-Sus padres quieren la paz.-dijo Malachite.- Y es la única forma en que se puede acabar esta guerra.-
-Tú y yo sabemos que antes se ha intentado forjar compromisos y sin embargo todos se rompen antes de celebrarse la boda. Simplemente los de la Luna y los de la tierra no somos compatibles.-dijo Endymion dirigiendo su mirada hacia Malachite. Uno de sus guardianes.
-Pues esta vez tendrá que ser diferente.-sentenció Malachite captando toda la atención de Endymion.-Cada vez morimos más…y ése último ataque de la Luna fue muy bueno, casi no la contamos.-
Endymion al parecer le encontró gracia ya que rió.-Veo que las scouts te han causado problemas.-
-No le veo la gracia.-dijo Malachite malhumorado.- Precisamente la Reina de la Luna llega con cuatro de ellas.-
-¿Cuándo llega?-
-Hoy en la noche. Al parecer se quiere dar su tiempo en llegar…para atacar usar la tele transportación y sin embargo están viajando en nave.-
Endymion suspiró y volvió a observar la Luna. Que apenas se vislumbraba debido a la luz del sol.
-Tienes que aceptar el compromiso Endymion.-
-¿Qué?- preguntó Endymion sorprendido. Por el tuteo y el contenido del mensaje.
-Lo siento príncipe, pero llevamos mucho tiempo de conocernos…-
-Habla Malachite.-
-Tienes que aceptar el compromiso. Es por el bien de la Tierra. Sus padres están muy preocupados por las muertes y escasez de guerreros.-
-Pero yo no decido eso.-rió Endymion.- tengo que agradarle a esa mujer, así como su hija a mis padres.-
-Pues trata de agradarle.- dijo Malachite.- Y sabes qué es lo que tienes que hacer primero.-
Endymion abrió los ojos con sorpresa.
-Te está esperando.-dijo Malachite y señaló con su cabeza hacia unos arbustos.-Termina con ella. Tu deber como príncipe está primero.- Y tras decir esto se retiró.
-Maldición.- susurró Endymion. Y para su desgracia, Malachite tenía razón. Su deber debía estar antes de todo.
El Príncipe Endymion de la Tierra. Era un joven alto y apuesto poseedor de unos grandes ojos azul noche acompañado por cabellos azabaches de actitud reservada y dura.
Endymion caminó por el pasto hacia unos arbustos rodeados de algunas flores.
Y ahí la vio.
De espaldas a él se encontraba una muchacha de largos cabellos rojos. Por su vestimenta se notaba que era plebeya.
-Juillet- la llamó Endymion a lo que la chica volteó con una sonrisa.
La chica de tez pálida y salpicada de pecas corrió en su encuentro. A pesar de su aspecto descuidado podía verse que era hermosa.
-¡Endymion!- exclamó la chica parándose de puntas y besando los labios del príncipe.
Endymion la tomó de los brazos contestando el beso, para después separarla lo más sutil posible. Su expresión de tornó seria. Juillet lo notó.
-¿Sucede algo Endymion?- preguntó quedamente.
Endymion observó la cara de la chica y con una de sus manos retiró un mechón de su pelo.
-¿Endymion?- preguntó esta vez preocupada.
-Si pasa algo Juillet.-dijo Endymion decidido a decirle la verdad.
-Dímelo Endymion.-dijo Juillet para después tomar las manos de Endymion.- Lo que sea lo podremos superar.-
-Hoy llega la Reina de la Luna llena…La soberana del Milenio de Plata.-
Juillet lo miró con sorpresa pero pronto sonrió felizmente.
-¡Eso es algo muy bueno!- rió contenta.- ¿Habrá paz? ¿Por fin habrá paz?-
Pero a pesar de las risas de la pelirroja los ojos de Endymion distaban de mostrar alegría alguna.
-Posiblemente.-
Juillet saltó de alegría.- Esas son muy buenas noticias Endymion…-
-Pero el precio de esa paz, es mi compromiso con su hija, la Princesa de la Luna.- dijo Endymion esperando la reacción de la chica.
Juillet al instante se tensó y soltó las manos de Endymion.- ¿Aceptarás el compromiso? ¿Lo aceptaste?-
-Yo no he aceptado nada.- dijo Endymion potentemente.- eso no está en mis manos.-
Juillet rió no creyendo lo que escuchaba.- ¿Entonces de quién depende? ¡Tu eres el que se casa!-
-De mis padres…-dijo Endymion tratando de tranquilizar a la joven.- Todo depende de ellos. La Reina de la Luna viene a visitarme a mí, para ver si le agrado para su hija. Lo mismo harán mis padres.-
Juillet pasó sus manos por su cabeza.- No sé qué decir…yo, yo te amo.-
-Yo también Juillet, pero tenía que decírtelo, no quiero que si se confirma el compromiso te tome por sorpresa.-
Juillet lo miró aterrorizada.- Si la aceptan… ¿Te casarás con ella?-
Endymion lo pensó.- Eso es lo que tendría que pasar, pero aún no he hablado con mis padres, te prometo que haré lo posible para que no se selle este compromiso.-
Juillet lo miró con tristeza.- En verdad espero que esa "princesa" sea todo un ogro.-dijo tratando de sonreír.
Endymion rió y la abrazó.- Seguro lo es, Juillet. Seguro lo es.-
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La noche caía en el planeta Tierra y una comitiva se encontraba justo fuera del Castillo de los Reyes.
Al frente de esa comitiva se encontraban el Rey y la Reina de la Tierra que a su lado se encontraban cuatro Generales, los guardianes de Endymion. Y más atrás un grupo de sirvientes ataviados en trajes negros con blanco cargando unas farolas, esperando la llegada de la Soberana del Milenio de Plata.
Después de unos minutos a lo lejos se distinguía un objeto que despedía luz blanca a través de sus faros.
-Prepárense.- dijo un de los Generales, Malachite. Y los demás al igual que él desenfundaron sus espadas en espera del arribo de la nave.
La nave poco a poco se acercó y aterrizó unos cinco metros alejados de la comitiva terrestre. Las luces que cubrían la nave los cegó por unos instantes hasta que se apagaron dejando el lugar a oscuras a excepción de las farolas que cargaban los sirvientes.
Y tras un ruido parecido al viento la puerta de la Nave se abrió y se desenrolló una rampa.
Poco a poco se vieron salir cuatro figuras de la nave una tras otra y se posesionaron en fila a un metro de distancia de los Generales quienes rápidamente habían cubierto a sus gobernantes.
Las figuras como las reconocieron los Generales eran las Outers Senshi y su expresión cambió a una de ferocidad. Una de las cuatro chicas, la rubia, sonrió divertida.
Una de ellas era Sailor Neptune. Quien llevaba un traje aguamarina al igual que su cabello y en su mano llevaba un hermoso espejo decorado con grabados y figuras en su parte posterior.
A su lado, se encontraba Sailor Uranus quien era la chica rubia que sonreía, su traje que consistía en una minifalda al igual que las demás, era de color azul rey y en su mano izquierda llevaba una espada de mango amarillo.
La que seguía era Sailor Saturn. Su traje era color negro al igual que su cabello más sin embargo sus ojos eran de un violeta intenso que reflejaban una gran seguridad e influían temor. Los Generales estaban consientes que era la más peligrosa de todas. En su mano derecha sostenía un báculo más alto que ella y que en su punta de media luna se encontraba una cuchilla filosa lista para usarse.
Y cerrando al escolta se encontraba la mayor de las cuatro. Sailor Plut. Su vestimenta era de un negro igual que Saturn pero su cabello largo era de un color verdoso al igual que sus ojos. En sus manos llevaba un báculo tan alto como ella que hasta arriba tenía forma de corazón con piedras incrustadas, con una gran joya roja justo en la base de este.
Pero después del arribo de las Sailor Scouts una figura descendió.
Esa figura era alta y delicada, a sus lados se veía como dos gruesas coletas se movían con ella y su elegante vestido se movía con el aire. Cuando la luz de las antorchas, reflejaron sin mucha nitidez su rostro, se puso notar en su frente una luna creciente.
La marca de las soberanas del Milenio de Plata.
Las Sailors, al sentir la presencia de su reina, detrás suyo se separaron quedando dos Sailors a cada lado de ella.
Tras esto los Generales bajaron sus espadas y de igual forma se separaron dejando a la vista a sus reyes.
-Se han bienvenidas a la Tierra.-dijo solemnemente el Rey.
Las Outers no hicieron ningún gesto ante la bienvenida, simplemente se dedicaban a observar que no hubiera nada que pusiera en peligro a su Reina.
-Me complace el saber que mi presencia en este lugar pueda significar la paz que tanto hemos buscado.-dijo la Reina Serenity con demasiada seriedad. El ambiente se tensó.
-Por favor, dejen que nuestros sirvientes los atiendan y podremos pasar a degustar la cena.-
En el justo momento en que los sirvientes trataron de acercarse las Sailors se posicionaron alrededor de la reina y alzaron sus instrumentos de combate. Y los sirvientes se detuvieron en seco con exclamaciones de horror.
-Con todo respeto.- habló Haruka.- Preferimos entrar sin ayuda.-
Los reyes solo asintieron y entraron primeros al castillo.
Sailor Uranus se puso en posición de alerta y comenzaron a avanzar protegiendo a la Reina.
Sailor Neptune se llevó hasta el frente de su cara su espejo.
-¿Todo bien Mercury?-
La cara de la peliazul se vio reflejada en el espejo.- Todo parece correcto.-
Y tras esto, Neptune dio la señal e ingresaron al castillo con mayor rapidez.
El castillo era enorme. Atravesaron lo que parecía haber sido en el pasado un hermoso jardín y que sin embargo estaba cubierto de arena y piedras, para lo que los Reyes mandaron a limpiar y a acomodar un trazo que serviría de camino.
Nadie dijo nada hasta que entraron a un espacioso salón.
-Reina Serenity, nos complacería que pasara a degustar la cena junto a sus guardianas.-dijo la Reina mientras la servidumbre se dispersaba por el castillo.
Serenity inclinó la cabeza en señal de respeto.- Lo siento, pero me temo que no será posible. Aún no estamos en paz y no me fío de sus palabras. Así que preferiría si pudiéramos proseguir con el acuerdo.-
La Reina de la Tierra parecía que iba a comentar algo olvidando todo el protocolo pero el Rey se lo impidió al hablar él primero.
-Entonces…nos gustaría hablar primero con usted.-dijo el Rey señalando una enorme puerta de cedro. Serenity intrigada solo asintió con la cabeza.
Los anfitriones entraron primero a petición de las Sailors quienes cerraron la puerta con motivos mágicos y se dispusieron detrás de la Reina, quien se sentó en una elegante silla de madera oscura y cojines de seda blanca. Los Reyes anfitriones se sentaron frente a ella en el mismo tipo de sillas y detrás de ellos se acomodaron los generales.
La habitación estaba iluminada por una enorme lámpara redonda que estaba pegada al techo de la no muy grande habitación.
-¿A qué se debe esta conversación si habíamos acordado que únicamente hablaría con su hijo?- preguntó Serenity, en realidad quería irse lo más pronto de allí. Los terrícolas no eran de su agrado.
-Hay algo que no le hemos dicho.- dijo la Reina tratando de no mirar con cierta repulsión la insignia de la frente de Serenity. Desde que la había visto en la pantalla intercomunicadora, no le había caído bien.
Las Outers y los generales escuchaban atentos la conversación. Presentían que algo importante sería pactado en esa habitación.
Serenity no habló.
-Bien sabemos que nuestras relaciones han sido nefastas, pero queremos cambiar esto…creemos que debe saber que nuestro hijo ya estaba comprometido con otra princesa.- informó el Rey.
Las Outers se tensaron y la Reina parpadeó sin comprender. Los generales se miraban tranquilos.
-Ya estaba comprometido…-dijo Serenity sin creerlo. ¿A qué jugaban los Reyes de la Tierra? Estaba comenzando a pensar que las cosas quedarían igual que antes de ése viaje.
-Si.- prosiguió el Rey.- Pero hemos cancelado el compromiso con la Princesa Beryl para tratar de comprometerlo con su hija… verá, el Reino del que procede la jovencita ha estado de acuerdo con tal de que se persiga la paz.-
-No puedo comprender cómo se les hace tan sencillo romper un compromiso, acaso su hijo…-decía Serenity pero fue interrumpida por al Reina.
-Endymion no lo sabe.-dijo.- Ni siquiera lo de su hija.- aunque claro estaba que eso era mentira.- Serenity, sé que usted no ve con buenos ojos esta unión, yo tampoco lo hago. Me parece inverosímil que una relación como esta llegue a dar resultados.-
-Lo mismo pienso yo.-dijo Serenity.- Sus apreciaciones es lo que me dice me hace dudar en su interés en este compromiso cuando es bien sabido y conocido que a lo largo de toda la historia ningún compromiso entre la Tierra y la Luna se ha podido consumar.-
-Por eso mismo, Serenity.-dijo el Rey.- Es que queremos hacerte una propuesta.-
La Reina de la Tierra suspiró.- Debo admitir que estoy rotundamente en contra, pero si es necesario sacrificar a mi hijo a esto por salvar muchas vidas. Tendré que aceptarlo si usted también lo acepta.-
En este caso, tanto las Outers como los Generales miraban con atención a los Soberanos de la Tierra y la Luna.
Serenity se asustó ante tal confesión. Su hija era lo más importante para ella.
-La pregunta aquí Serenity.-dijo el Rey.- ¿Usted está dispuesta a sacrificarla por la paz de su gente?-
Tras una pausa Serenity respondió.- Me gustaría saber a qué se refieren.-
El ambiente se tensó y de pronto en el espejo de Neptune se vio el movimiento de sombras sin rostros. La Sailor del cabello aguamarina alzó la vista aterrada. Eso no podía significar nada bueno.
-Debo suponer que no es algo que sus guardianas ni nuestros generales deban saber.-dijo el Rey lo que sorprendió a las ambas escoltas.
-¿Me está pidiendo que se retiren?- preguntó Serenity.
La Reina de la Tierra asintió en silencio.
-Sailors, háganme el favor.-dijo Serenity.
-Su Alteza.-se atrevió Neptune.- No creo que sea conveniente.-
Serenity la miró un poco sorprendida al igual que las demás Sailors. No solía hacer esas cosas.
-Estaré bien.-las tranquilizó Serenity.- Recuerden que tengo el cristal. También se defenderme.
Las Outers resignadas salieron del lugar junto con los Generales que se veían igual de confundidos. Se acomodaron a cada lado de la puerta y se miraron con odio.
Y nadie más supo de lo que se habló en esa habitación. Nadie más que los propios Reyes.
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Media hora después…
En ése mismos salón se encontraban ahora solamente la Reina con sus guardianas.
El silencio reinaba en el lugar. Las Senshi se veían muy nerviosas.
-Sailors…en este momento vamos a conocer al príncipe Endymion.- dijo la Reina sin siquiera mirarlas. Las Outers estaban tras ella.
-Mi Reina.- se adelantó Neptune. Y tras una pausa habiendo captado la atención de la Reina prosiguió.- He visto sombras en mi espejo…sombras sin rostros.-
La Reina la miró abruptamente.- ¿Qué has visto Neptune?-
Las demás Sailor se colocaron frente a su Reina. Neptune de pronto se sintió muy presionada.
-Nada mi Reina, solo sombras…pero, discúlpeme el atrevimiento, peor no creo que sea buena idea seguir con esto.-
-No te preocupes Neptune. Las cosas van a salir bien. Primero conozcamos al príncipe y luego tomaré una decisión.-dijo la Reina.
Justo en ése momento, la gran puerta de cedro se abre dejando ver a los cuatro Generales: Malachite, Jedaite, Zoicite, Nephrite. Y justo detrás de ellos ingresó Endymion.
La Reina se puso en pie y las Outers se colocaron detrás de ella observando con atención al príncipe.
Los ojos de Serenity bailaron por la tez del joven príncipe estudiándolo. Era un chico bien parecido.
Las Outers lo miraban seriamente conociendo que tal vez sería el prometido y luego esposo de su princesa. Neptune miró su espejo que esta vez no le mostró nada.
El joven Endymion traía puesto su traje de guerrero con su gran espada enfundada. Cuando entró lo primero que vio fue a las ya familiares Outers Senshi. Y cuando estas tomaron sus puestos vio a la Reina.
Tomaron asiento uno enfrente del otro.
A Endymion le pareció una mujer sumamente hermosa como rodeada de una extraña luz y es que así se le veía a Serenity. No pudo evitar observar con escrutinio la media luna grabada en su frente. E imagino a la Princesa de la Luna muy parecida a ella.
-Buenas noches príncipe Endymion.-saludó Serenity después de observar al chico.- Soy la soberana del Milenio de Plata. Es un placer conocerte.-
Endymion supo que todo eso era más que meras formalidades.
Endymion asintió con la cabeza.- El gusto es mío.
Mientras que la Reina y el Príncipe se miraban, las Outers se situaron a un costado del salón de modo que podía ver a las dos personalidades frente a ellos. Tras esto, los Generales hicieron lo mismo.
-Sabe que estoy aquí por una propuesta de sus padres. Que aún está en consideración.-dijo Serenity pausadamente.- Me gustaría Endymion… ¿Qué piensas de esto?-
Endymion miró seriamente a la Reina.- Me ha tomado por sorpresa.-dijo.- Pero estoy conciente de lo que necesita mi Planeta.- y con eso terminó. No podía decir que le parecía absurdo este compromiso el cual estaba seguro no tenía futuro. Simplemente no encajaban.
-Esto para mi es muy difícil Endymion.- confesó Serenity.- Mi madre jamás me comprometió. Me dio la libertad de enamorarme y decidir por mí misma.- Endymion pudo ver el gran dilema que se alzaba en la mente de la Reina.- Yo quisiera que mi hija pudiera tener esas opciones.-
Y si Serenity esperó a que Endymion dijera algo. Eso hizo, esperar, más sin embargo el Príncipe no habló.
-Endymion, ¿puedes decirme algo sobre usted? ¿Qué cosas le gustan?-
Endymion se removió en su asiento.- Tengo 22 años, señora. Más que guerrero, soy estratega. Mis mejores amigos son mis generales aunque mantenemos el respeto ante el título. No creo poderle decir nada más.-
Serenity observó al chico una vez más. Parecía ser frío y reservado.
-Dígame Endymion… ¿Le gusta algún tipo de flor?-
Endymion se extrañó ante la pregunta.-Si.-
-¿Cuál?-
-Las rosas rojas.- respondió el chico contrariado.
Y el silencio cayó de nuevo. Serenity sentía un gran pesar en su pecho que a cada momento crecía. ¿Culpa? Tal vez…miró a Endymion a los ojos. "Los mismos que su madre".
-Una última cosa Príncipe.-habló Serenity con la esperanza de escuchar una respuesta positiva.- ¿Alguien ocupa su corazón?-
El silencio se volvió pesado. Endymion miró a su lado y vio la cara de advertencia de Malachite.
-No.- respondió Endymion.
La Reina Serenity se limitó a asentir con entendimiento.
La opresión de su pecho creció aún más.
Notas de la autora: Espero les haya gustado, muchas gracias por sus r/r son un amor.
Andry-Chan1: Jaja, grax, la vdd es que ¡me haces sonrojar! Que bueno que pienses así de este fic, me alegra mucho. Bss.
GinnyPotterW
1-agosto-2006
