No pasó mucho tiempo desde que los chicos cortaron la comunicación, para que llegara la patrulla salvavidas, Duo seguía dormido. Heero miró al muchacho que tenía en brazos, abrió la cabina del piloto y miró al exterior. Había una rampa que unía la salida de la cabina con la popa del barco salvavidas. Llevó en brazos a Duo y se dirigió hacia el barco, ahí se encontró con alguien que parecía ser el capitán del navío que lo saludaba con la mano sobre la sien. Extrañamente todos los miraban sonriendo como niños que hubiesen visto a su súper héroe favorito.
'Señor… Es un honor tenerlos en nuestra nave. Soy el capitán Barbosa y ésta es mi tripulación.' Dijo el hombre señalando a un grupo no muy numeroso de personas que se encontraban tras de él. El capitán no era muy mayor, habrá tenido sus 50 años. Tenía el pelo marrón-castaño claro hasta los hombros, bigote y barba del mismo color aunque un poco ralos. La piel clara y ojos de un penetrante color verde claro. Claro que Heero ni se inmutó, lo miró directamente a los ojos y devolvió el saludo con un asentimiento.
'Joven… tenemos preparada una habitación para ustedes… juntos. Espero que no sea molestia…' dijo un poco inseguro el capitán. Se les veía tan jóvenes, apenas unos niños. No debían tener más de 14 o 15 años, pero la mirada dura y fría del joven de ojos azul cobalto denotaba que habían pasado por cosas que cualquier otro tipo de soldado nunca hubiese vivido. Estos niños fueron entrenados desde pequeños para ser armas perfectas en la batalla… pobres… pensó el capitán con nostalgia.
Uno de los marineros guió a Heero hasta el cuarto que les tenían separado. No era muy grande, había dos camas de una plaza separadas por una mesita de noche con una lamparita. Heero colocó a Duo en la segunda cama que se encontraba pegada hacia la ventana, mientras que él se sentaba a su costado para evitar que le pasara algo. Duo empezó a moverse y hablar en sueños…
Era el mismo sueño de siempre…
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Se encontraba parado en medio de un mar de color rojo… 'Sangre…' pensó Duo amargamente 'siempre estaré rodeado de esto, ¿no?… Para nosotros la paz no es algo más que un sentimiento efímero…' esbozó una amarga sonrisa. Sí, ellos nunca volverían a ser normales… La guerra había dejado una marca muy profunda en ellos. 'Mientras nosotros, los soldados, sigamos existiendo… la guerra nunca va a acabar…' pensó macabramente, pero esta vez no era Duo el que pensaba eso… era Shinigami. De pronto todo se volvió negro y un torrente de imágenes pasó frente a sus ojos, mientras ese doloroso recuerdo se hacía presente en su mente…
'Duo… cariño, necesito… que me prometas algo…' dijo la voz de una mujer, entrecortadamente. Antes de encontrar a su verdadera familia, Duo vivía en una parroquia en la colonia L2. En ella vivía con el padre Bernard y la hermana Teresa, además de otros niños que tampoco tenían hogar ni familia. Un día las fuerzas de la Alianza irrumpieron en la capilla matando al padre y dejando moribunda a la hermana. Los niños habían sido ocultados en las catacumbas de la capilla, pero Duo se escondió en lo alto y vio todo lo que pasó. }
'Duo… tienes que ir a la Tierra… y…… buscar a… a… a tu familia allá…' dijo entrecortadamente la Hermana. 'No llores… hijo mío. El… el padre Bernard… murió… con la conciencia… limpia… y tranquila por haberlos… por haberlos dejado a salvo…' dijo la hermana al ver que el pequeño de unos 5 o 6 años la miraba con los ojos acuosos, como avisando que se avecinaba un tormenta. Pero lo que más le sorprendió al pequeño fue lo que la hermana le dijo sobre su familia justo antes de morir…
'Duo, mi niño… ttus… padres… y hermana… todavía siguen… vivos. Cuando… te enencontramos ese día… en la calle… llevabas esto…' le mostró lo que parecía ser una cadena con una cruz de plata. Duo levantó temblorosamente una mano para tomar el collar. 'Anda… búscalos… según lo úl último que… me… han informado se encuentran… en la… Tierra…. Sé feliz… mi niño… tú más que nadie… Te quiero mucho… Duo…'dijo la Hermana en un hilo de voz. Sus ojos se cerraron lentamente, su corazón empezó a latir más despacio y el tiempo entre bombeada y bombeada se hizo cada vez mayor hasta que se detuvo por completo. Duo no podía creer lo que había pasado… una de las personas que más quería en su vida, se encontraba ahí, sin vida.
'NO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!' gritó Duo a todo pulmón entre sollozos. Estuvo largo rato sollozando, solo, en la capilla que lo acogió durante un corto tiempo de su vida…
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Sudaba frío, se había levantado agitado… Las lágrimas se mezclaban con el sudor salado que emanaba de su piel.
Heero había estado viendo como el trenzado se movía incesantemente encima de la cama. Esto lo preocupó un poco, el trenzado no paraba de negar entre sueños, su voz sonaba cada vez más temerosa, triste, dolida… hasta que de un momento a otro se sentó como alma a la que se la lleva el diablo. Estaba sudando… Heero no pudo evitar ver caer lágrimas por el rostro de su amigo, mezclándose con el sudor. Era muy perceptivo, hasta de lo mínimos detalles se enteraba, y más si se trataba de cierto trenzado loco…
El trenzado miró hacia ambos lados y se dio con la sorpresa de que lo habían estado observando. Heero estaba sentado, ahí, en la cama que se encontraba al costado. Había visto detenidamente, dado que cuando abrió los ojos, se dio con la sorpresa de que ya no se encontraba en la cabina del Wing Zero.
Heero, al ver a su 'amigo' en esa condición… sip, el sabía que algo molestaba profundamente al ojiamatista y…. por puro instinto se paró y se dirigió hacia su amigo, quedando frente a frente con el pelilargo.
Duo vio, asombrado como el otro se acercaba a su cama mirándolo a los ojos con un extraño sentimiento de preocupación………. ¿preocupación? Bueno, no le importaba, con tenerlo cerca era suficiente. Inconcientemente se abrazó a Heero por la cintura y sollozó con la cara escondida en el bien formad abdomen del soldadito de plomo…. //// XD
Heero se sorprendió por la reacción de su 'amigo'. Lo abrazó con un brazo por los hombros y con el otro acarició dulcemente la cabeza del pelilargo.
'Ya……. Ya pasó, todo fue un sueño……. Sólo un sueño…'dijo el ojicobalto en voz extrañamente suave, sin dejar de ser dulce y encantadora…. Demasiado raro para ser el soldadito estoico… XD
Duo se aferró al cuerpo de Heero, la calidez del cuerpo del otro le resultaba tan acogedora y protectora. Ese olor, a naturaleza, fresco y salvaje al mismo tiempo.
No supieron por cuanto tiempo estuvieron así, pero Duo ya se había quedado dormido, más que al instante. De pronto alguien llamó a la puerta, llamando la atención del morocho de pelo rebelde.
'Adelante…'dijo Heero en voz neutra.
'Sr. en breves minutos estaremos pisando tierra.' Dijo el soldado de manera formal y cordial sin abrir la puerta.
Minutos después habían llegado a tierra. Duo seguía durmiendo en el regazo de Heero.
'Duo…'llamó Heero en voz suave. 'Duo levántate, ya llegamos…'. Duo emitió un leve gruñido para alertar al que lo estuviera despertando que lo dejara seguir durmiendo. Es que de verdad era bien flojo para levantarse…
'Dormilón…'pensó divertido Heero. Esbozó una frágil sonrisa que nadie llegó a ver.
'Despiértate, baka!' dijo ya un poco impaciente el ojicobalto. Duo empezó a removerse tratando de apartar el sueño. Lentamente abrió sus ojos mientras levantaba su cabeza. Su mirada chocó con la azul cobalto, perdiéndose inmediatamente en ese mar que representaba las orbes azules de Heero. Esbozó una sincera sonrisa…
'Gomen ne, Heechan…' dijo Duo levantándose y desperezándose como un gato. 'Parece un gatito…'pensó Heero divertido y se le ocurrió algo…
'Baka, neko…' dijo en un susurro, pero suficientemente audible para que el trenzado lo escuchara. El aludido dejó de desperezarse y miró curioso a Heero con una sonrisa divertida.
'¿Cómo me llamaste?' dijo Duo acercándose lentamente a Heero. Había un rastro de picardía en aquellos enormes ojos amatistas. Al ver esta reacción, a Heero le había entrado un poco de miedo porque sabía de lo que era capaz de hacer su 'amigo'. Pero, por otro lado, se sentía ansioso por ver lo que haría, era tan impredecible a veces…
'Nada......' dijo Heero 'eres un neko......' mirando directamente a los ojos de Duo. Duo sonrió aún más y se abalanzó contra Heero..... Lo estaba abrazando por el cuello mientras restregaba su cachete con el del morocho que se encontraba entre sorprendido e irritado.
'¡¿QUÉ MIERDA CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!' bramó Heero sin hacer algún ademán para que el trenzado lo soltase. Duo se separó al instante resentido. Miró al de ojos azules cobalto haciendo un lindo pucherito. Sip, ya estaba acostumbrado a que Heero reaccionara así con cada locura que hacía.
'Sólo estoy interpretando mi papel como debe ser……' dijo encogiéndose de hombros y mirando directamente a los ojos de Heero con una pícara sonrisa en la cara. Heero levantó una ceja, escéptico, ese ser sí que sabía sacarlo de quicio, pero eso era una de las cosas que más le atraían del trenzado. Así, sin pensarlo dos veces, cogió con una mano la barbilla y con la otra la cintura del ojivioleta acercando su rostro peligrosamente. El rostro de Duo estaba de un color rojo intenso, no pensó que Heero reaccionaría así. Pudieron sentir el aliento de cada uno chocando suavemente sus labios. Se miraban directamente a los ojos
'Baka, neko…'dijo Heero en un susurro, sin perder contacto de los ojos del trenzado, antes de depositar un suave beso en los dulces labios de Duo y cerrar los ojos automáticamente. Éste último, sorprendido por la acción del ojicobalto, solo se dejó llevar. Cerró los ojos lentamente y correspondió a ese dulce beso.
Extrañaba ese dulce sabor de la boca del trenzado. Lo que sentía era algo indescriptible. Nunca se iba a cansar de probar esos labios, esa boca…
Después de un rato, se separaron por falta de aire, sus ojos al abrirse no perdieron contacto, las mejillas de ambos estaban de un color rojo suave. Se separaron completamente para poder ponerse en marcha.
Cuando Duo intentó ponerse de pie, un terrible dolor le aquejó en el tobillo, haciendo que volviera a sentarse en la cama. Heero al ver que Duo se volvía a sentar en al cama, se dirigió hacia él y se puso en cuclillas para revisar el lugar afectado.
'Baka…' susurró Heero al ver el tobillo. Tenía un esguince en el tobillo derecho que no le permitía apoyar el pie. Lentamente el morocho de cabellos revueltos retiró el zapato y la media del pie lastimado con mucha delicadeza… no quería lastimar aquella frágil figura con alguno de sus bruscos movimientos. Duo sólo atinó a cerrar fuertemente los ojos en el momento en el que el zapato y media fueron completamente retirados. Heero se paró y fue en busca del botiquín que siempre llevaba consigo. De ahí sacó un par de vendas y una crema para los golpes y esas cosas XD. Se dirigió hacia Duo, puso el pie dañado del otro sobre una de las rodillas mientras que le colocaba y sobaba suavemente la crema sobre la parte herida.
Se sentía bien… esa tibia sensación sobre su piel. El dolor iba aminorándose… pudo sentir que Heero le ponía las vendas alrededor del pie. Ya se sentía mucho mejor… pero no solo por el hecho de que su pie ya estaba mejor, sino por otra cosa. Duo se puso de pie con la ayuda de Heero. Éste último mientras pasaba uno de los brazos de Duo por su cuello, sintió el dulce aroma del trenzado… era tan irresistible, adictivo…. Sacudió ligeramente la cabeza para no dejarse llevar por el aroma del trenzado. Salieron del cuarto y se dirigieron hacia la proa del barco por donde se había colocado una rampa para permitir el descenso de los tripulantes.
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Duo y Heero caminaron en silencio, bajaron por la rampa y levantaron la mirada. Allá, no muy lejos de donde ellos se encontraban, estaban sus amigos con sus respectivas familias. Una mujer de cabellos castaños largos y ojos violetas se acercaba corriendo hacia ellos… No tendría más de 40 años, aunque no los aparentaba…. Tenía la piel clara y llevaba puesto un vestido de verano color violeta con flores de cerezo como estampado. A su lado se veía a una hermosa jovencita de ojos azul eléctrico, una larga cabellera castaña clara y piel blanca… era casi igual a Duo, sólo que la chica no poseía el mismo misterioso atractivo de Duo. Un poco más atrás venía caminando un hombre alto, de piel clara aunque un poco bronceada. Tenía unos ojos azul-eléctrico iguales a los de la jovencita y esbozaba una dulce sonrisa, como aquellas que solía dar Duo para aquellos que más quería. Debía ser su padre. Una vez que llegaron a ellos, el padre de Duo toma el lugar que antes estaba Heero y los cuatro le agradecen.
Por su parte, el trenzado mira angustiado a Heero. No quería que se vaya. Heero vio la cara de Duo y vio que hacia un disimulado pucherito, al cual Heero solo sonrió tiernamente. En esa sonrisa solo se hacía notar una cosa… amor. Pero ninguno de los presentes se dio cuenta, salvo el trenzado que le respondía con una sonrisa igual de expresiva. Sin siquiera decírselo, ellos sabían lo que sentía el uno por el otro. Los otros tres que se habían quedado impactados por la belleza del chico de ojos azul cobalto, se sorprendieron aún más al verlo sonreír de esa manera… era la escena más bella que habían visto desde que llegaron. Cuando voltearon, una vez que el morocho se había dado la vuelta para irse, vieron otra escena que también los dejó perplejos. La sonrisa que llevaba Duo en la cara nunca la había visto; irradiaba un inmenso cariño, tranquilidad… Pero no se dieron cuenta del enorme sentimiento que se escondía tras esa sonrisa. Sólo iba dedicada a una persona en especial, y esa persona era Heero.
Al voltearse, Heero se dio con la sorpresa de que un par de personas lo habían estado mirando. Una señora que no pasaba de los 40, alta, delgada, de tez bronceada, de cabellos cortos color chocolate y unos ojos azul cobalto que resaltaban a lo lejos. Iba acompañada por un señor de unos 42 años, alto, de tez blanca, ojos de un verde intenso, pelo negro azabache y revuelto, completamente rebelde. La mujer tenía una enorme y sincera sonrisa en sus labios… Heero, recobrándose de la sorpresa, se acercó con paso tranquilo hacia la pareja.
'Tada ima…' dijo en voz neutral. La mujer había extrañado a horrores a su 'hijo'.
Ella era la hermana gemela de la mamá de Heero. Los padres de éste habían muerto en un accidente de tránsito cuando él, Heero, era aún muy pero muy pequeño. Desde entonces, su tía Ann y su esposo, se encargaron de cuidarlo como si fuera un hijo. La tía Ann no podía tener hijos debido a una extraña enfermedad; su esposo, James, la había apoyado en todo desde que se casaron. Heero se detuvo a unos pasos de ellos, los miró directamente a los ojos y esbozó una débil pero sincera sonrisa. Muy pocas veces lo había visto sonreír desde que empezó a entrenar para ser soldado. Ann se acercó a su hijo y lo abrazó con la ternura que solo una madre podría dar. Heero correspondió, hundiendo su cara en el tibio cuello de su madre. Su padre, también se acercó a ellos, abrazándolos a ambos. Heero sentía un gran respeto y cariño por aquel hombre, desde que él recuerda, James siempre lo había tratado como a un hijo. Además se encontraban felices de que su hijo haya encontrado a tan admirables amigos y a aquella persona que llenaba por completo el corazón del de cabellos revueltos. Si, se habían dado cuenta de cómo Heero le había sonreído al muchachito de increíble belleza; y cómo éste último le había correspondido. No pudieron, en un comienzo, evitar pensar que aquel joven de exquisita mirada violeta era en realidad una bella jovencita.
'Bienvenido, hijo…' dijeron al mismo tiempo los padres del muchacho estoico…
Fin del Flash Back…
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Heero se encontraba, todavía, parado con los ojos cerrados frente al ramillete de orquídeas color amatista. Fue abriendo lentamente los ojos, mientras que una traviesa lágrima rodaba por su mejilla. Ni siquiera se molestó en limpiar la gota de agua salada que salía de sus ojos azul cobalto. Hacía años que no sabía de su trenzado, estaba confundido, dado que nunca hablaron claramente sobre la relación que tenían. Sin saberlo, en el otro lado del mundo, un muy confundido trenzado le daba vueltas al mismo tema…
'Duo…' dijo en un susurro Heero mirando una de las orquídeas amatistas, una que sobresalía del montón… mientras que la imagen de un sonriente Duo aparecía en su mente. Necesitaba expresar todos esos sentimientos que lo embargaban, necesitaba desahogarse y su única manera de hacerlo era tocando el piano que tantos recuerdos le traía.
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Se encontraba sentada en su estudio revisando unos papeles, cuando escuchó una hermosa melodía que provenía de la sala. La canción emanaba una tristeza muy profunda, cualquiera que la escuchara rompería en llanto, pero además, pasando casi imperceptible, denotaba un amor puro… aquel amor que solo los mismísimos dioses podían dar. Se levantó lentamente, procurando no hacer ningún ruido y se dirigió a la sala. La puerta se encontraba abierta… ahí sentado frente al piano, se encontraba Heero quien tocaba habilidosamente las teclas del piano con los ojos cerrados. El muchacho llevaba un pantalón blanco de drill, una camisa beige de hilo y unas sandalias de cuero marrón. Estaban en verano y ésa era la ropa más fresca que se podía usar en aquella época. Heero sintió que había alguien ahí, pero no le dio mucha importancia. Terminó de tocar la pieza, levantó lentamente la cabeza y dirigió la mirada hacia la persona que se encontraba recostada en la puerta. Su madre había estado escuchando atentamente la música con los ojos cerrados. Cuando la pieza terminó, levantó la vista hacia su hijo que ahora la miraba tranquilo, pero en el fondo de esos hermosos ojos azul cobalto pudo ver una enorme tristeza.
'Lo extrañas mucho, ¿verdad, Heero?' ella sabía que a su hijo le era difícil hablar sobre sentimientos, en especial de los suyos…. También sabía que a su hijo le gustaba un chico, ese chico de ojos amatistas y sonrisa resplandeciente. Ni ella ni su esposo se mostraron reacios por la… este… decisión de su hijo. Al contrario, como eso era nuevo para ellos y con lo curiosos que eran, bombardearon a su hijo con un montón de preguntas sobre el tema… ¿Cómo se sentía? ¿Si ya eran novios? ¿Cómo se llamaba el susodicho? Y cosas por el estilo, incluso unas demasiado personales que solo hicieron que Heero perdiera la poca paciencia que tenía y empezó a jugar con ellos una guerra de cojines y almohadones.
Tenía tiempo que no se divertía así con sus padres. Solo con cierto trenzado que le ponía el mundo de cabeza. Ciertamente, estaba locamente enamorado de ese baka trenzado, al principio no lo supo, dado que nunca había sentido algo similar y eso lo confundía, pero una vez que habló con sus padres estos le dijeron que estaba irremediablemente enamorado… ¿Amor? Nunca pensó en eso, porque no sabía como se sentía.
El joven de cabellos cafés completamente rebeldes asintió con la cabeza mientras devolvía su mirada al piano. Sus ojos empezaron a aguarse, los cerró y trató de clamarse, mientras tanto su madre se iba acercando a él. Lo abrazó por la espalda haciendo que Heero diera un respingo del susto. Colocó una mano sobre los brazos de su madre que ahora lo rodeaban por los hombros.
'Heero, hijo mío… No te preocupes, yo creo que pronto se van a volver a ver.' mientras decía esto se separaba un poco de su hijo para poder darle la vuelta y mirarlo a los ojos. La expresión que llevaba este en la cara hizo que el corazón de Ann se rompiera en mil pedazos. Su hijo la miraba entre esperanzado y triste, pero lo que más se notaba era el dolor… dolor por no tener a la persona que quieres cerca de ti; por no saber si, después de tanto tiempo, esa persona todavía corresponde a tus sentimientos, preocupación…
Al ver la cara de su madre se sorprendió de que lo miraba con una radiante sonrisa, algo se traía entre manos… eso estaba más que seguro. Frunció un poco el ceño. Al parecer Ann se dio cuenta e hizo un leve pucherito en tono de reproche. Heero suspiró, en ciertas cosas su madre se parecía tanto al trenzado, pero había algo más en éste último que nadie más tenía. Algo que lo hacía único y especial.
'Madre… ¿qué tramas?' dijo sin rodeos Heero, como es su costumbre. Su madre lo miró sorprendida, que bien se conocían, pero cambió su rostro por uno que fingía sentir dolor e indignación frente a las palabras de su hijo.
'Pero… Heero es que ¿no confías en tu madre?…' dijo haciendo un puchero. Era una teatrera excelente, eso ella lo sabía y se sentía muy orgullosa de ello. Heero suspiró y miró a su madre.
'¿Hay algo que quieras decirme?…'preguntó tranquilo el de cabello revuelto.
'A decir verdad, si…' dijo su madre poniendo el rostro serio y sentándose a su costado, en la banquita.
'Hijo…. Ayer tuve una reunión con los padres de tus amigos… los pilotos' dijo su madre en voz tranquila. 'Y estuvimos hablando un buen rato, hasta que uno de ellos propuso algo…'terminó de hablar para mirar a su hijo. 'El que lo propuso fue el padre de tu amigo, el trenzado… creo que se llama Duo. Bueno, él dijo que ya no podía soportar que su hijo se encontrara en el estado que estaba, más no nos detalló cuál era éste.' dijo Ann al ver la cara de preocupación de Heero.
'¡¿Qué?!¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que propuso?' dijo Heero un poco desesperado y preocupado. Ya no se preocupaba en esconder sus sentimientos, por lo menos no tanto como antes. Temía la respuesta que le daría su madre. Más la respuesta que ésta le dio, lo sacó de sus casillas. Su madre sonrió por la reacción de Heero, ya se lo esperaba.
'Él propuso que… los cinco… deberían…'dijo despacio para disfrutar de las reacciones de su hijo, ¡qué mala era! Heero se estaba exasperando, ya no podía aguantar la intriga…
'¡¿Qué dijo?!' dijo ya irritado Heero y… eso SI era de temer.
'Ay, pero que carácter! T.T y yo que te tengo que soportar… Bueno, bueno. El dijo que los cinco deberían estudiar este último año todos juntos, en una misma universidad. Dijo que eso sería lo mejor para ustedes.' Dijo su madre con una gran sonrisa al ver la cara de sorpresa de Heero que inmediatamente fue reemplazada por una de inmensa felicidad. Abrazó a su madre, quien al principio se sorprendió un poco, pero, luego, correspondió al abrazo.
Había una sonrisa radiante en la cara del muchacho generalmente estoico.
'Madre,… ¿En dónde vamos a estudiar?' preguntó un tanto curioso, pero no lo hizo notar.
'Ah!… Bueno, la verdad… es que… ¡No tengo la más mínima idea!' dijo un tanto sorprendida Ann. Se había emocionado tanto que se olvidó de preguntar sobre el lugar donde los chicos iban a estar. Heero negó resignado moviendo la cabeza de un lado a otro, pero eso no evitó sentir como ese vacío que hacía años se apoderaba de su corazón se iba llenando lentamente.
'Y…. ¿Cuándo partimos, madre?' preguntó Heero serio, nuevamente. Ya nada le sorprendía de su madre, era tan despistada como Duo. ¿Habrá sido por eso de que me enamoré de él?... No, no lo creo, hay algo más… hay algo más en Duo que me hace sentir así… que hace que me enamore cada vez más y más de él… seee… ya lo acepté, estoy idiotamente enamorado de ese baka trenzado… ¡Dios! ¡¿Por qué me torturas de esta deliciosa manera?!... ¡Demonios! pensaba Heero mientras que su madre le respondía la pregunta, o sea, no estaba escuchando absolutamente nada…
'Heero… Heero… ¡HEERO!' dijo su madre gritando al ver que no le estaba poniendo la más mínima atención.
'¿Uh?' dijo Heero cuando el grito de su madre lo sacó de su ensimismamiento.
'Heero, hijo, ¿me estabas escuchando?' preguntó la madre tranquilamente. Sabía que su hijo siempre anda pensando en esa persona que ocupó su corazón, no lo podía culpar, a ella también le pasó lo mismo con el que ahora es su marido. Suspiró.
'Perdón, madre… ¿decías?' dijo Heero en un tono tranquilo. Debía dejar de pensar en el trenzado bonito, ya lo iba a ver después.
'Bueno… Te decía que mañana está saliendo el jet, que preventers nos prestó muy amablemente, hacia la universidad y…' pero fue interrumpida por Heero.
'¿¡MAÑANA!?' gritó Heero. '¡¿Cómo que mañana?! ¿Preventers? ¿Qué tiene que ver Preventers en todo esto?... Yo ya no trabajo para ellos…' preguntó Heero un poco alterado e incrédulo. ¡Era muy poco tiempo! ¿Para qué?... Pues para tragarse todavía la situación y saber como iría a reaccionar cuando lo viera… ¡Dios! Por que todo le pasaba a él… y… POR QUÉ MIERDA SE HACÍA ESOS CUSTIONAMIENTOS EN ESE MOMENTO, ya vería después como se las arreglaba.
'Sí, MAÑANA. Así que anda preparándote y haciendo tu maleta, porque mañana te vas. Y, con respecto a Preventers, pues, pregúntale a tu amigo chino de eso.' Dijo su madre con una sonrisa, le daba mucha gracia ver a su hijo en ese estado, tan indefenso, tan confundido… tan enamorado.
'¿Wufei? ¿Qué tiene que ver Wufei en esto? Madre hay algo que no me estás diciendo… ¬¬' dijo Heero en tono de advertencia.
Su madre lo miró 'inocentemente', dándole a entender que no le diría nada más del asunto, por que no quería o por que no sabía… Creo que es lo segundo… pensó con una gotita resbalándole por la sien.
'Pero, Pero… esta bien… Solo una pregunta más, ¿Cómo que 'te vas'? ¿Acaso no vienes conmigo?' preguntó Heero terriblemente serio, tanto que su madre dio un respingo, ya no había confusión, ni ningún otro sentimiento en su rostro, sólo determinación y sus ojos irradiaban ráfagas heladas.
'Pos… eso mismo. Y, no, no voy a ir contigo, ¡ya tas muy viejote además!' dijo su madre divertida y recuperada del susto por el radical cambio de actitud de su hijo. Heero dejó su máscara de determinación y frialdad, para dejar paso a una tierna y pequeña sonrisa que sólo su madre y Duo podían sacar con sus alocadas ocurrencias. Al ver esa sonrisa, su madre también sonrió… ese chico sí que ha hecho un gran cambio contigo, Heero. Me alegra mucho que haya una persona que te haga feliz… pensó su madre mientras admiraba la hermosa sonrisa de su hijo, una lágrima de felicidad se atrevió a salir de sus orbes azul-cobalto. Se paró al instante, haciendo que Heero diera un respingo, esta vez. 'Bueno, hijo, será mejor que vayamos a hacer las maletas de una buena vez… Ah! De paso tenemos que alistar las cosas de Kiba…' dijo sonriendo dulcemente.
'¿Kiba? ¿Kiba también vendrá con nosotros? o.o??' preguntó asombrado Heero.
'Sip, tienes que llevarlo… Según el abuelo de tu amigo…. Trowa… si mal no recuerdo, dice que se les tiene permitido llevar una mascota por alumno… y como uds. van a vivir juntos a los alrededores del complejo universitario. ^^' dijo Ann
'Esta bien, madre…' dijo Heero sin dejar de sonreír, estaba muy feliz porque iba a volver a ver a Duo, su Duo. Aunque se dio cuenta que su madre le dijo 'vayamos a hacer las maletas', así que decidió preguntarle.
'Un momento… ¿no que no ibas a ir conmigo?' preguntó Heero un poco suspicaz. Su madre lo miró un momento y sonrió divertidamente.
'Sí, es que tu que tanto me insistes… pues me decidí en ir, solo un tiempito. ¡Además! ¡Cómo voy a perderme la oportunidad de ver a mi yerno! Eso sería ser una mala madre, y yo ¡no lo soy!' dijo su madre antes que Heero pudiese decir algo.
Por su lado, Heero al escuchar a su madre decir 'yerno' los colores se le subieron al rostro. Hasta ese momento, no se había puesto a pensar en eso, pero en caso de que el trenzado sintiera todavía lo mismo que él, de hecho que no lo pensaría dos veces y se lo propondría. Dio un largo suspiro, se levantaron y ambos salieron lentamente de la sala de música para dirigirse al cuarto de Heero para prepararse para el día siguiente…
Notas del autor
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