«Capítulo 3»

—Sigo sin entender por qué Miranda la trata así —dijo cruzándose de brazos.

—Miranda es de esas personas que no debería seguir respirando, todo lo que toca lo pudre, lo mata —dijo Mérida abrazándose a si misma.

—Sabes muy bien que Astrid puede venirse a vivir con nosotros —sonrió.

—Gracias James —le dio un pequeño beso en los labios.

James Fitzgerald de veinticuatro años, alto, delgado, el cabello negro azabache cortado en capas pequeñas hasta los hombros, ojos extremadamente azules era el novio de Mérida. Llevaban juntos dos años, vivían en el mismo departamento que James pagaba con su sueldo de asistente de su ex profesor de la universidad, un historiador-investigador que lo había aceptado como su asistente ya que nadie quería emplearlo… era portador del Sida. Por esta razón Mérida tuvo que salirse de su casa debido a que Miranda con su afán de tener la atención de su padre biológico en ella, les conto que James tenia Sida. Sus padres adoptivos eran conservadores, demasiado tradicionales y no aceptaban que su hija menor anduviera con alguien que podía morir o peor aun, infectarla de ese virus mortal.

Las únicas personas que los apoyaban eran la familia de James, el jefe de éste y Astrid…

Astrid había llegado a la casa de Mérida y James con sus maletas, sin ninguna expresión en el rostro. La dejo entrar y la llevo a su habitación, duraron solo treinta minutos hablando en voz baja mientras James hacia un té relajante para Astrid. Mérida salió disparada de la habitación con el rostro rojo del coraje.

—La voy a matar, la voy a matar —repetía con furia, caminaba en círculos dando en cada paso una patada a lo que se le pusiera enfrente.

—Primero cálmate —dijo James levantando las manos como defensa—. ¿Qué te dijo?

—Miranda…—contesto.

—Ya veo —James conocía muy bien la historia de Miranda y Astrid, madre e hija nunca se llevaban bien y la primera siempre le decía a Astrid todo tipo de insultos y criticas hirientes.

Mérida le contó todo lo que le platico Astrid. Como cada sábado Astrid se encerraba en su recamara, escuchando música, platicando por el teléfono con Rapunzel o Jack, escribiendo en su diario o cualquier cosa que no requiriera salir de su fortaleza. Ese día Tailyn su media hermana de tan solo doce años no tuvo clases de ballet así que tenia que quedarse en casa mientras Miranda y Henry dejaban a Cassidy a sus clases de piano. Tailyn al igual que sus otras dos hermanas gustaba de molestar a Astrid con tal de que su madre la regañara e insultara. Ese día no seria la excepción, a escondidas, cuando Astrid no estaba en su recamara debido a que tuvo que ir al baño, entró a la habitación y se llevo el diario de ella.

Cuando Astrid regreso y al darse cuenta que su diario había desaparecido corrió a la habitación de Tailyn para reclamarle su osadía, porque ella la vio cuando salió de su recamara, de tomar si diario. La susodicha se hizo la inocente, Astrid encolerizada por su atrevimiento de mentir, agarro de los hombros a Tailyn y la sacudió con fuerza.

—SUELTAME IDIOTA —gritó con fuerza.

—¿DÓNDE ESTÁ? —pregunto gritando con tanta intensidad que Tailyn se quedo helada, nunca en su corta vida y en todas las veces que molestaba a Astrid la escuchó gritarle de esa forma.

Unos pasos apresurados se escucharon en las escaleras, Miranda llego como de rayo ala habitación y al ver a una de sus hijas preferidas ser zarandeada con fuerza por su… la cosa esa que era su hija. De un empujón hizo que Astrid soltara a Tailyn cayendo de bruces por la acción, abrazo a su hija protegiéndola.

—¿Cómo te atreves a lastimar a Tailyn? —gritó y el rostro de Tailyn se ilumino con una gran sonrisa de satisfacción.

—Pues dile a tu hija que me devuelva mi diario.

—Yo no sé de que habla mamá —dijo entre falsos sollozos—. Ella vino gritándome y me pego.

—Yo no te pegue —dijo calmada.

—Astrid, deberías dejar de estar molestando a tus hermanas, ellas no te hacen nada… ¿Por qué siempre tienes que molestarlas? ¿Por qué siempre tienes que molestarme? Estoy cansada de tener que regañarte, ¿Lo haces para obtener atención?

Tailyn que desapareció por unos minutos llego con el diario en una mano y en la otra un encendedor. Astrid y Miranda la vieron.

—¿Lo quieres? —pregunto sonriendo y prendiendo el encendedor acercándolo al cuadernillo.

—Sí, dámelo —le ordeno con calma.

—No quiero —dijo a la vez que acercaba la llama incendiando el cuadernillo y tirándolo al cesto de basura.

—No —grito con fuerzas mirando su diario consumirse entre las llamas.

Miranda rió al mirar a Astrid desesperada pero su semblante cambio cuando ésta abofeteo a Tailyn. Enfurecida por que ella se atreviera a golpear a su hija frente a ella, la agarro de los brazos, la volteo y la abofeteo tan fuerte que la tiro al suelo.

—Maldita idiota, no vuelvas a tocar a mi hija —dijo fulminándola con la mirada.

—Ella empezó —las lagrimas amenazaban por salirse pero se aguanto.

—Siempre tienes que arruinar nuestras vidas —dijo Tailyn abrazando a su madre—. Como ella no es feliz quiere que los demás seamos infelices.

—¿Quieres que seamos infelices cómo tu? Por eso nos molestas con cualquier tontería—escupió Miranda—. Atentas contra nuestra felicidad... eres malvada Astrid.

—Nada de lo que hago te hace FELIZ… Te ayudo a cuidar a estas mocosas que hacen cualquier cosa para fastidiarme y así decirte que yo las molesto… ¿Qué hago para que me quieras? —gritó aun en el suelo.

—Morirte... sí aunque me mires así… la nunca forma para que esta familia sea feliz es que te mueras y aunque lo hagas yo no te querré.

Astrid sintió que algo se quebraba en su interior, algo que ya había sido triturado por diez largos años. Se levanto con dificultad, salió de la habitación alterada, enojada y triste topándose de frente con Henry, solo la miró, movió la cabeza con negativa y bajo las escaleras.

—¿No hizo nada? —pregunto sorprendido por la actitud del padrastro de Astrid—. ¿Qué tenia ese diario para que reaccionara así?

—Primero así es él, nunca le ha importado las discusiones entre Astrid y Miranda y dos, ese diario era su fuente de escape escribía todo lo que sentía —dijo cabizbaja—. Además era su boleto de salida de la casa de Miranda.

—¿Cómo?

—El día que tuvo la entrevista con la editora de New Post, llevaba el diario y s ele olvido en la oficina de la editorial, Clarence la editora lo encontró y lo leyó —tomo aire—, le envió el diario por paquetería junto a una carta diciéndole que quería publicarlo como un libro pero que tenia que pulirlo y transcribirlo a computadora —continuo—, le iban a pagas bien cómo para pagarse un departamento y salir de las garras de Miranda.

—Pobre chica —abrazo a su novia con fuerza—. Lo reafirmo, puede quedarse con nosotros cuanto quiera.

—Gracias amor.

—¿Cuándo se van? No las estoy corriendo —rió sin dejar de abrazarla.

—Pasado mañana y serás libre —rió.

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Fecha: 10 de XXX de 20XX

Como todos los días me siento invisible para mi madre, la quiero pero ella a mi no.

Hoy como todos los días, me ha dicho por décima vez que me muera, que seria feliz si yo no existiera.

Ahora como todos los días, deseo la muerte...

Ayer y como todos los días soy fuerte pero a la vez débil.

Siempre y como todos los días….lo pienso dos veces…

Algún día ya no será como todos los días….

Perdonen la tardanza pero he tenido y tendré mucha tarea, por eso este pequeño capitulo, lo sé esperaban que Hiccup y Astrid se encontraran pero eso pasara en el próximo capítulo. AVISO: tratare de subir cada semana debido a que estoy trabajando y estudiando en la universidad y siempre encargan tarea y mi horario es horrible. GRACIAS POR LOS COMENTARIOS!

Nos vemos en el siguiente capítulo. :)