De nuevo aquí... en una pequeña carrerita contra el tiempo, especialmente si tomamos en cuenta que queda poco para que el 2007 expire, así que los dejo con un capítulo más de esta mini serie, por favor, no olviden dejar sus comentarios.

Saludos para todos.


All I want for Christmas is you

Puertas abiertas y una que otra bienvenida (parte 2)

Tenía los ojos abiertos como platos y la boca se le resecó por un segundo, su sagrado capuchino de cada mañana cayó irremediablemente al piso y ni siquiera tuvo el buen tino de enfadarse porque la espuma de leche le había manchado los zapatos negros. Se perdió en aquella estampa, en los rizos castaños de una Hermione de 19 años, que metida en aquellos viejos vaqueros flojos y un suéter de lana, esperaba acuclillada la llegada de su hijo, que daba pasos titubeantes acercándose a ella.

Su hijo… sonaba tan bien la idea en su cabeza, sonaba como algo para gritar a los cuatro vientos, sonaba como una canción para recordar cada día de su vida. El niño sonreía febrilmente y estiraba los pequeños brazos hacia su madre, le pareció que el tiempo estaba detenido cuando miró al pequeño fijamente, tenía los labios finos y los ojos grises, pero sonreía como ella, con esa misma expresión franca y feliz que él anhelaba desde la última vez que la vio.

–Vamos Mark, sólo un poquito más, mi amor— dijo Hermione completamente ajena a aquel sorprendido espectador que lloraba emocionado a un par de metros de ellos; finalmente, el niño llegó hasta Hermione, riendo con cansada satisfacción por el objetivo logrado, se abrazó al cuello de su madre y luego levantó la cabeza, señalando con un minúsculo dedito un punto hacia otra dirección –mamá ia… ia mamá!!!—, dijo el pequeño al notar a un hombre alto que caminaba con paso apresurado hacia ellos.

Poco fue el tiempo que tuvo Hermione para reaccionar, mientras se levantaba tratando de mirar lo que señalaba Mark, fue en vano su intento por correr en cuanto vio a Draco acercarse, trató de girar dando un paso largo, dando como resultado que casi se cayera al tropezar con la carreola en que había sacado a Mark de su casa por la mañana. Draco la sostuvo por reflejo y el niño comenzó a reír con estridencia, para él, era como escuchar un ángel, lo vio de cerca y no le quedó resquicio de duda: era su hijo, Mark era su hijo.

–Suéltame… ahora o grito— siseó amenazante Hermione, Draco no le hizo caso y la enderezó haciéndola recuperar el equilibrio, –seguro, así te caes y ambos se lastiman— respondió Draco, liberándola del abrazo en cuanto la sintió segura. Sus miradas se cruzaron y algo similar a una corriente eléctrica les recorrió la médula, ella con los rizos desordenados y su suéter de lana blanco, sosteniendo a Mark que miraba curioso al hombre que les había evitado la caída; él, con su clásica camisa de cuello de tortuga y pantalones negros, un saco de pana color camello y los zapatos negros, salpicados de espuma de leche.

Hermione desvió la mirada, volviéndose a la carreola para acomodar al niño, la cabeza le decía "corre, aléjate, hay que desaparecer" y el corazón la hacía sentirse extrañamente segura; Draco les miraba embelezado –son… he esperado tanto tiempo por esto, no puedo dejarla ir… no debo dejarla ir…—, pensaba mientras ella trataba de emprender la huída de nuevo. Sin pensarlo la tomó de un brazo, ella se giró bruscamente soltando la mano del brazo sujeto a la guía de la carreola –¿qué quieres aquí? no sé cómo diste con nosotros, pero si vienes por él, primero tendrás que matarme— dijo Hermione con voz ronca, tratando de aparentar una tranquilidad que no sentía.

–Yo… es… algo largo de explicar¿podríamos…?— Draco ni siquiera había terminado la pregunta, cuando sintió una súbita bofetada en el rostro, por reflejo le soltó el brazo y la miró fijamente; ella respiraba con rapidez, pero las piernas no le ayudaban a correr –¿podríamos qué?—, le desafió. Él la miró conteniendo la ira y confusión que le habían provocado aquel golpe –sólo quiero hablarte, Mía, es largo de explicar y no sé por donde empezar—, respondió finalmente con aire cansado; ella tenía los ojos desmesuradamente abiertos, hacía tiempo que nadie la llamaba Mía, con precisión, desde la noche de la última batalla de Hogwarts.

Puso nuevamente ambas manos en la carreola y se preparó para comenzar a andar; antes de dar el primer paso, le dirigió una mirada a Draco, estudiándolo rápidamente, para finalmente mover la cabeza indicándole que la acompañara. Él se acercó hasta emparejarla tras agacharse a levantar su periódico, puso ambas manos detrás de su espalda sosteniendo aquel diario y bajó el rostro, conservando la mirada en Mark, que comenzaba a dormitar.


Karyta, gracias por seguir la historia, espero que este capítulo te haya gustado.

J. Saiph Lestrange-Black