Disclaimer: KHR Amano Akira los personajes no son míos y esta historia no tiene mas remuneración que sus comentarios.
~Tu esclavo~
·4·
Tsuna volvió a despertarse y medio dormido buscó su teléfono, había caído junto con su ropa a los pies de la cama y a esa hora - las 10 de la mañana-, si se apuraba podría llegar al desayuno, aunque en realidad no tenía hambre, sabía que la sensación que tenía en el estomago le imposibilitaría comer así que no se apuró en sacarse esa ridícula prenda y vestirse con el uniforme semanal.
Solo se puso la camisa y los pantalones y luego se quedó mirando el cuarto, la cama desarreglada le causaba una impresión dolorosa en la mente que, a su vez, punzaba en su estomago; así que la arregló pulcramente como nunca lo había hecho con la suya propia, cuando terminó se dio cuenta de que la falta de objetos personales del prefecto le daba el aire despersonalizado de una habitación de hotel ¿Qué decía eso de su personalidad? Prefería no analizarlo. Prefería no pensar, sabía que tenía un pasamiento muy peligroso a la vuelta de la esquina.
Tomo su bléiser y salió de allí furtivamente hasta su habitación, agradeciendo cruzarse con alumnos lo suficiente dormidos y/o desentendidos para no notar su ropa y llegó hasta la seguridad de su cuarto que le se antojó hermosa, impenetrable y calidad, hasta podría compararlo con las piernas de su madre.
Se pasó todo el día durmiendo y llenando de nada su mente… juegos, comics, libros basura y más juegos. Todo hasta que decidió ducharse.
Cundo se vio en el espejo de medio cuerpo sobre el lava-manos no pudó contener uno de sus "hiees", que salió con verdadero horror. Sobre su cuello, más bien donde este se unía a los hombros y del lado derecho tenía una resaltante y violácea marca, un chupón a leguas. Para colmo unas marquitas estaban salpicadas alrededor y sobre todo eso dos arañazos. Con sobresalto y parsimonia se pasó los dedos sobre la piel ¿en qué momento Hibari le había atacado tan violentamente que ni lo sintió? Evidentemente algo le sucedía cuando estaba con el prefecto porque cada vez se desconocía más a sí mismo.
Jajajajaja
Tsuna se tensó cuando le pareció escuchar una risa de burla, sacudió la cabeza y se metió en la ducha. Esa noche Yamamoto no pasó, gracias a dios porque no sabía cómo esconder esas marcas, y se durmió tardísimo no volviendo a escuchar nada extraño. Pero sí tuvo pesadillas, unos brazos protectores en la oscuridad se convirtieron en brasas que le surcaban quemándole y el olor a jazmín no le dejaba respirar, tras solo haber dormido tres horas fue el primero que bajó a desayunar -a las seis de la mañana- habiendo encontrado espontáneamente su apetito mientras caminaba de lado a lado de su habitación buscándole sentido, él nunca había tenido esos sueños pero le traían esa sensación de déjà vu imposible de ignorar.
Mientras pensaba volvió a detestar a Hibari echándole toda la culpa, hasta que recordó a su padre y ahora él sí que tuvo toda la culpa, absolutamente toda.
Dejó el comedor ignorando el "Yoh" de Yamamoto que sin duda vio la marca en el cuello del chico, aunque había remitido un poco y estaba medio tapada con el cuello de una camisa. Subió de nuevo a su cuarto con aire ausente y serio, las ansias de venganza asentadas en la mente, sin duda tenía que hacer algo con ambos bastardos o terminaría enloqueciendo. El comentario de "ya estás loco" que le devolvió su mente fue fácilmente ignorado mientras cavilaba, su padre podía esperar, y de cualquier forma Hibari le tomaría su esfuerzo y tiempo por ahora.
El azabache tenía una coraza impenetrable tanto emocional como físicamente, pero él estaba decidido, se sentía como si tuviera petróleo en las venas, más que humano, una maquina con un propósito fijo y determinado: descubrir/utilizar/vengar. Así comenzó una semana de aparente normalidad en la que de nuevo Hibari no apareció más que en comentarios del tipo "Sí, Hibari los hizo mierda con sus tonfas cuando los vio y…". Los primeros días de la semana había llevado una bufanda y aparentado tener enferma la garganta, luego las marcas casi ni se notaron y su silencio de "estoy enfermo cof cof" terminó, ya podía empezar a averiguar sobre el prefecto.
No fue muy decepcionante no encontrar nada porque ya se lo había esperado. El único que supo decirle algo de trascendencia que no fueran increíbles historias sobre como aterrorizaba a los estudiantes y sus épicas peleas fue Byakuran, podía apostar que el albino sabía aún más, pero con lo que le dijo, le había dejado tan impresionando que no pudo hablar, y de poder hacerlo se hubiera reído hasta el cansancio.
—Hibari... no sé mucho. — había dicho cuando Tsuna le preguntó un jueves en las escaleras que iban al primer piso del dormitorio. —Él único que lo conocía bien era su dueño pero se graduó hace cuatro años, desde ese momento el chico hace lo que se le da la gana, ayer…— y de ahí Tsuna no escuchó más, demasiado impresionado de imaginarse a Hibari Kyoya perteneciéndole a alguien.
Imaginárselo haciendo lo que él había hecho fue el pensamiento más traumatizante, escabroso y doloroso que pasó por su mente jamás. Decidió nunca volver a pensar en eso, de cualquier forma carecía de utilidad y supuso que, como la gran mayoría, Hibari había sido tomado de improviso cuando estaba en su primer año y no tenía ni idea de lo que significaba.
Con los días que llevaba en Namimori sabía que la única forma de esclavizar a alguien era conseguir ponerle el anillo de cualquier forma posible. Los novatos eran los incautos de preferencia, uno podía decirle "te lo regalo" se lo ponía y lo demás era historia, sobre un conocedor uno podía usar otras tácticas: la violencia y las apuestas eran las preferidas. Normalmente cuando alguien que ya tenía un anillo era esclavizado, el dueño lo tomaba y guardaba/tiraba/lo que sea ¿no sería raro que un esclavo tuviera un esclavo?
Sobre los anillos que algunos llevaban colgándole de cadenitas en el cuello aún no sabía mucho, poco le importaba, estaba demasiado concentrado en su plan de venganza improvisado y estancado por el momento. Pero sin duda le interesaban los dos anillos que llevaba Sasagawa Riohey, si fuese cualquier otra persona pensaría que salía con dos chicos y lo hubiera dejado, pero eso era difícil en el caso del peligris – hasta se le hacía difícil imaginárselo en una relación normal con una chica-.
Entre su venganza y el tema de los anillos se podía decir que se estaba divirtiendo, por lo menos no se aburría, tenía mucho que ver aquí y allá entre estudiantes y profesores, ignorantes incautos que eran tomados desprevenidamente, el comité impartiendo su anarquía bajo el mando de Hibari que les dejaba hacer lo que querían, algunas manos entrelazadas furtivamente que le dejaban con un sabor agridulce y sobre todo eso, como un bonito papel de regalo que lo disimulaba todo, su amistad con los chicos de su grupo y los buenos ratos que compartían.
Claro que cuando menos se lo esperaba, se encontró en un shock por información que hubiese preferido ignorar.
Toda la semana había pasado con una maraña de nerviosismo, los primeros días gracias a la linda marca que había dejado el prefecto en su cuerpo, y luego a la impresión de la información dada por Byakuran, le costó todo un día lograr que su cabeza no repasase el escabroso pensamiento masoquistamente y convencerse de que no servía para nada. Tal vez sí, pero él no iba caer tan bajo como el de una hipócrita extorsión.
Así había llegado el sábado y pasado de largo sin señas de Hibari, Tsuna había esperado toda la tarde a la mínima pista de Kusakabe – porque no creía que el moreno se dignara a buscarlo –y cuando fue la hora de la cena y no tuvo noticias se sintió eufórico, podía celebrar el tener una semana más o menos normal desde que había llegado. Ese día se quedó todo el tiempo que pudo con los chicos de su dormitorio –Yamamoto, Gokudera, Irie, Sasagawa, Lambo y algunos otros que conocía de vista. Cerca de las once o pasadas, no recordaba, Lambo tuvo la suicida idea de ir a la habitación de alguno y seguir allí de juerga y hasta había ofrecido su reserva de licor con la condición de que luego le pagasen.
Así, Tsuna fue empujado por Yamamoto y Riohey que estaban encantados por la idea mientras él se moría del miedo y los nervios de que Hibari apareciera y les mordiera a todos hasta la muerte y el más allá. Gokudera le había acompañado con su cara de mala leche perpetua y a Irie lo empujaron también, el pobre pelirrojo se veía peor que Tsuna.
La habitación elegida había sido la de Bovino, que parecía tener una mal sana obsesión con los estampados de vacas, porque tenía desde un cuero que hacía de alfombra hasta un cubre camas. Todos se sentaron en el piso y Lambo empezó a sacar botellas de licores blancos escondida de entre caja de zapatos.
—Pobre el día que Hibari te inspeccione. — dijo Yamamoto entre risas.
—Se va a cansar a la mitad, tiene más pares de zapatos que mi madre y mi hermana juntas. — agregó Riohey, y Tsuna no pudo evitar reírse contagiado de la hilaridad de los demás.
La primera botella de vodka pasó boca por boca y cuando el castaño la tuvo en las manos se la quedó mirando, y luego les dio un vistazo a los demás. Nadie le miraba y eso le alivio un poco, todos seguían con lo suyo así que si hacía una estupidez esperaba no llamar mucho la atención.
Efectivamente cuando probó el licor tuvo que aguantarse las ganas de escupirlo, suerte que lo hizo porque enfrente suyo estaba Gokudera nada menos y no quería saber lo que le haría si le escupía a la cara. Se tragó el líquido ardiente que cayó pesado en su estomago y le dio la botella a Irie que estaba a su lado.
La botella fue pasando y después de beber dos veces Tsuna sentía la garganta lo suficientemente adormilada como para tragarse el liquido con más dignidad. A su vez, la conversación pasó de cosas cotidianas a sus anécdotas personales, hasta que media botella mas tarde y cuando el filtro verbal de todos estaba desconectados Lambo dijo.
—¿Qué piensan de los anillos? — el tema tabú tuvo poca impresión y Yamamoto se hincó de hombros.
—Una idiotez, no le veo el propósito.
—Para mí es divertido al extremo. — todos se quedaron mirando al boxeador, más que conocedores de la extraña situación que colgaba de su cuello.
—¿Y por qué tienes dos anillos, cabeza de césped? — medio arrastró las palabras Gokudera, Tsuna supo que aunque no lo parecía estaba tan borracho como ellos. Todos lo amaron por haber preguntado.
—Es porque Kouyou Aoba y yo competimos una vez a la semana, el que gana se queda con los anillos. — explicó animadamente.
— Aoba ¿del dormitorio B? — quiso saber Irie y Riohey asintió.
Así que la extraña relación de boxeador solo era una competición más para él con otro conocido miembro del club de boxeo, el único según sabía que podía hacerle frente a Sasagawa. En su ebriedad Tsuna se puso feliz por su senpai que salía con alguien similar a él.
—Un idiota para otro idiota. — escuchó mascullar a Gokudera que en ese momento tenia la botella y Yamamoto se le tiro rodeándole con un brazo los hombro.
—Oh vamos Gokudera, el amor es el amor. — dijo feliz el peli plateado que en ese momento estaba bebiendo se derramo el transparente pero oloroso liquido sobre el cuello que bajo por la ropa.
—¡Mira lo que me haces hacer friki del beisbol! — gritó tan ruidoso como siempre y el chico de ojos pardos solo se rio, todos estaban pendientes –disimuladamente –de cómo interactuaban esos dos, íntimos e ignorando a los demás.
Tsuna vio como esos dos "discutían", más bien solo lo hacia Gokudera mientras Yamamoto parecía acercarse distraídamente hasta que lo tuvo envuelto y sin posibilidades de que escape. Los ojos verdes le miraron ceñudamente, mientras que la expresión que tenía Yamamoto, el halo de seriedad que desprendían sus ojos hizo que Tsuna prestara suma atención a la escena. El silencio de pronto resonó pero lo ignoraron y Yamamoto y Gokudera tenían los labios pegados, besándose como solo con práctica se logra. Los ojos caramelos no se podía apartar de la escena, bueno, nadie podía, hasta que la risita de Lambo los detuvo haciéndoles recordar de pronto que no estaba solos.
—Vaya, y yo que creía que Gokudera estaba libre. — bromeó mientras el peliplata se dicaba a matarlo con los ojos.
El beisbolista metió una de sus manos por cuello de la camisa del peliplata y saco una cadena con un anillo colgado.
—Es mío. — dijo con una media sonrisa ganándose un codazo de Gokudera y Tsuna al fin salió del trance.
Cuando había visto la intima escena, porque aunque había sido solo un beso él se sentía como… indiscreto viéndola, todo su cuerpo se había tensado y un agradable cosquilleo se instaló en su estomago. Sin duda Yamamoto y Gokudera se veían bien juntos, y un recóndito lugar de su mente se preguntó si él se veía igual con Hibari. Desecho el pensamiento cuando se dio cuenta de que tendría que estar por lo menos impresionado –como mínimo – y para nada lo estaba, solo hipnotizado y lo atribuyo al alcohol.
—Por cierto, Tsuna, ¿ese anillo es de Hibari? — ahora él estaba bajo todas las miradas y de nuevo se puso duro, como esperando un golpe. Su aletargada y sincera mente le obligó a asentir. Por la curva que hicieron los labios de Yamamoto supo que no le agradó la respuesta. —¿Cuándo sucedió? — Tsuna tuvo que reunir a todas sus neuronas para contestar.
—Eh… el día siguiente que llegue aquí. — de alguna manera supo que el chico se estaba lamentando no haberle dicho nada. —No te preocupes. —decidió decir, él estaba más que feliz con ser amigo de Yamamoto y le regalo una sonrisa sincera, en ningún momento culpó al chico, eso solo había sido su mala suerte y el mismo prefecto había dicho que hubiera usado cualquier escusa para tomarlo.
—¡Sawada es un tipo duro! ¡Únete al club de boxeo! — el extraño ambiente se fue y todos comenzaron a reír, hasta Gokudera.
—Y, Bovino ¿De quién es ese anillo? — dijo perspicazmente Yamamoto.
—¡De nadie! — los otros cinco se miraron.
—Para mí que es de Reborn. — dijo Tsuna, completamente seguro de sí mismo.
—¡Al extremo! — apoyó Riohey, y Lambo trató de negarlo de mil formas hasta que una de manos morenas y fuerte de Yamamoto atrapo su muñeca.
Mientras el chico se resistía Takeshi le quito el anillo y busco en su lado interior el nombre del dueño, todos los anillos llevaban gradado un nombre, o mejor dicho un apellido, de ahí que podían heredarlo de sus padres. Como decía Lambo el anillo no tenía ningún nombre, solo la silueta de una lagartija y Yamamoto terminó devolviéndosela.
—Abusador. — le acusó y Yamamoto solo se rió.
—Ya deberíamos volver. — comento Irie que había estado como espectador.
—Ah no. — dijo un convencido Riohey y casi sonaba indignado. — ¿de quién es ese anillo Irie Shoichi?
—Es por las buenas o por las malas. — dijo Gokudera y siguiendo el juego Yamamoto se sonó los dedos preparándolos para el ataque.
Al pelirrojo le costó casi un minuto tomar el valor de decirlo, con resignación y sonrojado dijo:
—De Byakuran-san.
—Creo que él entraría entre los peores diez dueños. — dijo Lambo y cuando todos le miraron curioso continuo. —¿Qué? Fuuta hizo un ranking.
—¿Y quienes serian? — pregunto desinteresadamente Gokudera, como siempre que le hablaba al italiano.
—del 10 al 1 serían: Supervi Squalo, Zakuro, Rasiel, Belphegor, Leoneli Vendice, Mukuro Rokudo, Byakuran Gesso, Hibari Kyoya, Xanxus Vongola y… err, esos.
—¡Hey! Falta uno. — señalo Gokudera.
—Bueno, conté mal.
Tsuna no le prestó mucha atención a esa discusión entre Gokudera y Lambo. Algunos nombrados le habían sonado conocidos, mientras otros en lo absoluto. Aun recordaba a Xanxus y su pelea con Squalo así que reconoció a esos dos, un escalofrío le pasó por la espalda al revivir su encuentro. También con Belphegor, y agradeció no haber visto ni un pelo de él en toda la semana. Cuando dijo "Hibari" simplemente miró hacia otro lado, esperando que su rostro no delatase nada.
Pero había un nombre que le quedo resonando en los oídos y se preguntó donde había escuchado "Leoneli Vendice", pasaron los minutos y no llegó a nada, así que cuando todos se hubieron levantado, deshecho el pensamiento y salió con los demás rumbo a su habitación.
Gokudera e Irie fueron los primeros en doblar y viéndolos caminar de espalda se dio cuenta de lo borracho que estaba el pelirrojo y como Gokudera tuvo que sostenerlo más de una vez, esperaba que llegasen enteros a su habitación. Luego Riohey subió las escaleras con una carrera, y se dio cuenta de que su personalidad era inmodificable y probablemente no se emborracharía ni con acetona. Yamamoto se despidió y él se fue hasta su puerta con el número 27 en la puerta, se quitó la ropa dejándola desparramada por el piso y se acostó, esa noche durmió como un bebe.
Lastima el dolor de cabeza del otro día.
Se levantó, sobre las once, y de ahí hasta la hora del almuerzo vomitó unas dos veces, pero pasó por alto la resaca, ese día almorzó una liviana sopa y juró nunca más volver a beber ¡ni siquiera podía oler alcohol etílico, hacía que le diera vueltas el estomago! Por cierto, no vio a ninguno de los chicos en el comedor, y se dio cuenta de que era por ser muy tarde.
No es recomendable ir a un lugar lleno de gente –y de ruido –cuando tu cabeza quiere estallar. Había comido y salido casi corriendo a su habitación a enclaustrarse y dormir muchas horas en un sueño incomodo dolorido por su malestar general, recién para las seis de la tarde fue capaz de levantarse, y tuvo la espontanea necesidad de hacer algo útil.
Decidió que se encargaría de la tarea de historia de la profesora Luce y se pasó unas cuantas horas preparando el resumen sobre la historia del gobierno de los pasados cincuenta años. Admitía que de vez en cuando era agradable hacer ese tipo de tareas en donde solo debes estar atento y mantenerte escribiendo. Fue una buena distracción para su cabeza, ni se acordó de Hibari, ni del beso de sus amigos, ni de nada problemático.
Pero como era él y la felicidad siempre termina, cerca de las nueve, un par de minutos antes de la cena, unos golpecitos en la puerta le distrajeron de su última revisión antes de terminar sus deberes. La formalidad con la que sonaron descartó a cualquiera de sus amigos.
—Hibari-san te espera. — fue lo que le dijo el chico que vestía un gakuran del comité disciplinario, y luego se fue.
Tsuna se quedó en la puerta, maldiciendo a Hibari por haberle ilusionando al no aparecer en toda la semana, se rascó la nuca cuando comprendió que simplemente tenía que ir, y decidió retrasarlo un poco más dándose una ducha.
Así, un pulcro y limpio Tsuna llegá hasta el cuarto piso pasando a la carrera el trecho que era tercero –ellos sí que le habían traumado –y supuso que por la hora debía ir a la oficina, luego de tocar tímidamente un serio Kusakabe le abrió, y en un murmullo le dijo que se dirigiera al sofá quedándose allí, mirando al serio prefecto detrás del escritorio y a Kusakabe cerca de la cafetera.
Se preguntaba para qué lo quería Hibari, y se encontró menos nervioso que anteriormente, más que nervioso se sentía incomodo en una situación en la que no sabía qué más hacer además de comportarse como un mueble. Así que sin hacer nada más que pasar sus ojos sistemáticamente de un lugar a otro, vio como Kusakabe ponía una taza de café enfrente de él, que luego de un momento decidió tomarlo.
Dejando divagar su mente por un momento sintió el leve click de la puerta, y no necesitó virar el rostro para saber que el vicepresidente se había ido, aunque casi había intercambiado más palabras con Hibari que con Kusakabe, su presencia siempre era una seguridad de que el moreno se comportaría indiferente con él. Mentalmente comenzó una cuenta regresiva hasta que Hibari se dignara hablarle, no sabía si estaba ansioso porque le hablase o nervioso de lo que pudiera suceder.
Ahora que lo pensaba, una parte de él mendigaba por atención de Hibari.
—Quítate lo de arriba. —eso le sacó de sus cavilaciones.
Alzó los ojos para ver al azabache, su mentón estaba sostenido por sus dedos entrelazados y como siempre la expresión era impertérrita. Tsuna despotricó mentalmente por el chico y su jodido carácter indescifrable ¿En qué piensa cuando me mira así?...¿Qué quiere realmente? Supo que debía apurarse, a pesar de la inexpresividad del chico, que solo lo miraba tranquilamente, y sentía como si se estuviese llevando una cuenta regresiva para acatar la orden.
Se incorporó y se quitó la camisa desabrochada que llevaba sobre una remera de mangas largas, supuso que también debía quitarse eso y lo hizo. El golpe del aire directo con su piel le erizo los cabellos de los brazos y mantuvo los ojos lejos del escritorio.
En serio, Hibari-san debe buscarse mejores pasatiempos… pensó con cinismo y luego de quedarse un momento parado se sentó.
Lejos de cohibirle, la desnudez le dio cierto valor, un peso en las extremidades que le hacía no temblar ni querer huir o esconderse, se acomodó como quería, con las piernas cruzadas y un brazo en el respaldo y se puso a inspeccionar alrededor. A diferencia del cuarto de Hibari su oficina sí estaba personalizada, supuso que era porque pasaba más tiempo ahí que en cualquier otro lugar.
Adicto al trabajo. Llegó a la conclusión, su mente mutando en una rama de pensamientos ordenados y fríos.
Miró un poco más y se encontró con algo que le desconcertó ¿había acaso algo mas ilógico que una jaula sin puertas? Estaba medio escondida a un lado del librero y parecía de aquellas que usualmente contendría un pajarito caro y pequeño.
Hubiese seguido con su inspección pero Hibari se había levantado y rodeado el escritorio, acercándose sin apuro al sofá. Tsuna le miró medio inexpresivamente, con sus ojos un cuarto entrecerrados, todo el trayecto hasta que estuvo enfrente del castaño.
El prefecto estaba levemente sorprendido, más bien cautivado, sobre los cambios que siempre tenía el chico. Desde su primer encuentro había pasado de una obediencia irrefutable a, ahora, una frialdad digna de Hibari Kyoya ¿Cómo lo hacía? No tenía idea, pero le divertía, era interesante ver con qué se encontraría cada vez que lo atacaba.
—¿Por qué haces esto? — definir la pregunta fue difícil hasta para Tsuna.
Hibari le miró desde arriba y se encontró con dos grandes ojos caramelos que le miraban sin ningún temor, tuvo la seguridad que si le daba una cacheteaba el chico le sonreiría con suficiencia, deshecho esa extraña imagen mental.
—¿Por qué debería contestarte? — los hombros menudos y estrechos se contrajeron y cayeron.
Tsuna quiso preguntarle sobre el que había sido su dueño, en ese momento en que sus emociones se habían metido en una caja de pandora, solo le quedaba un retazo de curiosidad, pero no preguntó. Ambos quedaron en silencio y Hibari pensó que el castaño no podía sentir la densidad de tal, eso le cabreo un poco ¿desde cuándo él sentía algo que otra persona podía pasar por alto? ¿Más aún cuándo ése era un herbívoro patético que le pertenecía?
Hibari se alejó unos pasos y le ordenó que se levantara, luego de una mirada de ojos caramelos Tsuna lo hizo y allí fue el azabache quien se sentó en otro puesto del sofá, los ojos mercurio miraron a Tsuna que estaba distrayéndose con el escritorio y tomando su brazo al alcance lo guió hasta su regazo, reticente el chico se terminó de sentar sin apoyar todo su peso y echándose hacia atrás, Hibari observó el pecho plano, los pezones rosados y las costillas pegadas a la piel; Sawada Tsunayoshi era casi raquítico y su fragilidad le exalto el corazón. Lejos de la cualquier compasión era una morbosa excitación.
A él le gustaban las cosas frágiles, las cosas rompibles. Empujarlas lentamente hasta un precipicio… y sus manos que estaba paseándose hasta las caderas, se metieron por los túneles que dejaban sus huesos y la delgadez contra la ropa. Vio que su marca había desaparecido de la piel volviendo a ser inmaculada y si no hubiera sido ir demasiado lejos, lo habría marcado permanentemente.
Tsuna tuvo la seguridad de que a Hibari le gustaba como a él, simple y llanamente era algo físico, sofocante y dulce que hacia fácil ignorar cualquier contexto. Sus manos estaban sobre el sillón pero hubieran estado encantadas de pasearse por lo botones blanco perla de la camisa del prefecto. Sus ojos miraban el pecho que subía y bajaba acompasadamente y sin apuro, y trató de mantener el suyo igual, lástima que las manos frías le estaban dificultando eso. Cada roce le hacía tensar los músculos debajo de la piel.
Los labios se apoyaron en los suyos y Tsuna cerrando los ojos también apagó su racionalidad, sin duda no quería su conciencia metida con lo que iba a suceder ahí, ya suficiente tendría con ella luego.
Hibari pasó de poner una distancia controladora entre sus dos cuerpos polarizados, a pegarse contra la piel descubierta del castaño y sus huesos que le parecieron de cristal. Algo entre el temple que mostraba el chico y la fragilidad que veía en todo su cuerpo –como las delgadas muñecas que estaban sobre sus hombros o el cuello que se arqueaba bajo sus labios –le encendida incomparablemente con una necesidad irracional de apoderarse de ese cuerpo antes de que se transforme en cenizas y se escurriera de entre sus manos.
Nunca nada le había parecido tan superfluo y delicado ¿había algo más hermoso para él?
Manejar el cuerpo dulce y aromatizado con jabón de Tsuna había sido como trabajar con pinzas. Sus dedos blancos primero habían recorrido cada rincón de piel cálida mientras volvía a marcar el cuello, todos sus sentidos se llegaban con algún retazo de sensualidad inocente: los jadeos, los saltos, los moretones que salían después de despegar su boca; todo era un despilfarre de sensibilidad y Hibari no podía estar más complacido, cada parte más sensible que la anterior.
Había pasado del cuello a la clavícula, luego a los pezones en besos y mordisco tortuosos que disfrutó sádicamente escuchando protestas incoherentes. Luego lo tumbó sin preámbulos y bajó más hasta el estomago que se alzaba arqueando la espalda entre más abajo iba. Cuando sus manos se tropezaron dedo con dedo buscando abrir el pantalón se dio cuenta de cuánto temblaban y de lo ansioso que estaba. Tuvo que separarse y cerrar los ojos respirando profundamente para después abrirlos y encontrarse con la invitadora escena de un chico sonrojado y dispuesto a su gusto bajo su cuerpo, y a pesar de eso, con una sonrisa suspicaz.
El atropellado pensamiento que tuvo es que Sawada sabía algo y eso le molesto, no era la perfecta muñeca que quería y le estaba mostrando sus deseos, sus debilidades. Tendría que castigarlo… pero eso sería después, ahora estaba siguiendo con pupilas dilatadas y unas manos famélicas y pequeñas bajar desde un roce en sus labios, pasando por su cuello hasta deshacerse de cada botón de su camisa.
Castigaría eso si no estuviera tan ansioso de probar como era la piel con piel. Él no era el único, la espalda arquead, buscando contacto, de Tsuna choco con su pecho y de nuevo besos demasiado salvajes llenaron sus bocas.
El resto fue quitarse la ropa, un enredo de extremidades y sonidos obscenos que a ninguno le importaba y nadie más escucho.
Se corrieron en ese lio de caricias y golpes, apretones y tallados; dejando dos cuerpo inertes, salvo por respiraciones estentóreas que se apagaron en uno minutos con la mortal necesidad de separarse y hacerse indiferentes el uno con el otro. Así, Hibari se levantó y se fue a un extremo tomando su camisa del suelo, Tsuna se sentó y pasó una mano por su cabello, era el más desnudo de los dos y no sabía por dónde comenzar a taparse, sus neuronas estaban demasiado desestabilizadas.
Agradeció que el moreno ni le mirase mientras él se daba tiempo a reaccionar, encontrado su lógica perdida hace tiempo. Se sentía incomodo y sucio después de tanto ejercicio, y con la ropa encima, aunque tapó las evidencias, era aún más molesta.
También con la racionalidad llegaron las preguntas de ¿y ahora qué digo? Y ¿Cómo me voy de aquí? ¿Sin invitación?. Al final decidió actuar como se le dio la gana, de cualquier forma Hibari había vuelto a su estado de "ignoremos a Tsuna" así que se incorporó, caminó hasta la puerta y simplemente se fue.
Caminó tranquilamente, nadie se imaginaria que hace minutos había estado en una tormenta de desenfreno y pasión y la verdad, él ahora no quería pensar en eso. Su mente se mantenía rígidamente en un círculo seguro de pensamientos intrascendentales:
¿Tengo las tareas para mañana?
¿Qué materias eran?
Oh mierda, tengo con Reborn.
Sigo pensando que Lambo tiene algo con … corte…
Debo aprender matemáticas, va ser un presupuesto importante comprarle siempre los resultados a Shoichi.
Y así siempre "cortando" cualquier posible desviación.
¡hey! creo que ha pasado tiempo ¡lo siento muchísimo! pero no me maten, la culpa ya esta haciendo eso. Si escribo, porque no estoy estudiando; si estudio, porque dejo las actualizaciones de lado, equilibrar las actividades se me da muy mal.
Espero que les haya gustado este capitulo.
Sly~
